Guayaquil y la crítica

26 de julio de 2017


Cuando viví en Canberra, capital de Australia, la OCDE (algo así como la Liga de los Países Desarrollados –a Ecuador no le dan ni a oler allí) consideró a Canberra la mejor ciudad para vivir en el mundo. Me tocó leerlo entonces a Jack Waterford, editor de “The Canberra Times”, en un artículo híper-crítico sobre el reconocimiento hecho por la OCDE, titulado “Canberrans do not deserve the great city title”.

En mi opinión, Guayaquil y Canberra se encuentran en las antípodas. En Canberra se vive en una de las mejores ciudades del mundo, en Guayaquil se tiene la delusión de vivir en una de las mejores ciudades del mundo. Lo primero es real, lo segundo es meramente imaginario. Es una sensación que se puede producir porque el guayaquileño tiene anestesiado el sentido crítico sobre su propia ciudad (1). De resultas, parecería que quien no habla bien de Guayaquil, se convierte en su enemigo. La crítica es escasa y usualmente mal vista. Es un caso de provincianismo extremo.  

Y nada lo refleja mejor que las opiniones publicadas en los dos principales diarios privados de la ciudad, Expreso y El Universo, por las fiestas julianas.

1) Diario Expreso: Francisco Huerta Montalvo

En el diario Expreso escribe el único de los alcaldes de Guayaquil de los tiempos pre-dictadura que aún vive: Francisco Huerta Montalvo (2). Su artículo reciente sobre Guayaquil es francamente malo. Empieza con la cita de un poeta del siglo XVIII y cierra con un divague muy de Huerta; pero en el medio, aguardan dos perlas:

“Sigue siendo hermosa esta querida urbe donde nacimos. La naturaleza la privilegió dotándola de un río como el Guayas, unos altivos cerros cubiertos con “verde de todos los colores” y unos cuantos brazos de mar que llamamos esteros, siendo el Salado el más importante de ellos” (3).

Ni una palabra de los daños que a la naturaleza le ha prodigado el crecimiento de la ciudad. Ni una palabra sobre la destrucción de las canteras o la contaminación de los ríos y de los esteros. Son cosas podridas, pero admirables (así es la delusión, amigos).

Luego, por supuesto, Huerta exalta el progreso de la urbe. Es de rigor:

“Sin embargo Guayaquil es bella, sobre todo, por su indestructible vocación por las libertades y el afán permanente de progreso”.

Ni una palabra de parte del exalcalde Francisco Huerta Montalvo para las insuficiencias del progreso: las notorias deficiencias en la transportación pública (la Metrovía, por Jebús), las falencias graves en los servicios de alcantarillado, de agua potable y de recolección de basuras, o los riesgos inminentes de la ciudad en materia de terremotos e inundaciones. Ni una palabra de parte del periodista Huerta tampoco para la represión de las libertades por la Policía Metropolitana (sus detenidos nunca tienen historia), para las restricciones en los espacios públicos o para la implementación inconsulta de un modelo de desarrollo sin planificación y orientado a beneficiar a grupos de poder económico (en especial, de los sector inmobiliario y de la construcción). Para Huerta, todo OK.

Ya luego su último párrafo es apenas un “oh, look at me, I’m rambling again”. Así, lo de Huerta resulta canónico. Sus recursos básicos para construir párrafos son compartidos por (casi) toda la tropa de columnistas de opinión.

2) Diario El Universo: Editorial.

Esto es hermoso. Lo copio entero:

Fuente.

A diario El Universo no se le cae una crítica. Está dispuesto a bañar, sobar y perfumar a la Alcaldía de Guayaquil. En la escala de dependencia de un medio de comunicación del poder político, este diario tiene el estatus “fan enamorada”. Nunca le encuentra un error a su héroe, todo se lo perdona, vive para él.

Y es así de patético.

Conclusión.

“No criticar, no criticar, no criticar” y “Elogiar, elogiar, elogiar”: tales parecerían ser los mantras que repiten los columnistas de opinión de los diarios privados guayaquileños cuando piensan en Guayaquil. Si estas distorsiones del pensamiento las metes en una jaibolera con una provisión suficiente de lugares comunes, voilá: ahí tienes casi todos los artículos de opinión que sobre la ciudad se han publicado en los diarios guayaquileños (en los tiempos de la Pax Socialcristiana).

Son como cromos intercambiables de actores cómicos que siempre te van a garantizar una sonrisa. Porque escriben bonito sobre su ciudad.

Nunca, jamás, una crítica. Eso solo lo hacen los malvados. Buh.

*

Lo peor: a este conformismo insulso, osan llamarlo ciudadanía (4).

(1) ¿La explicación? Sencilla: la omertá, por la que los medios de comunicación “callan, o dicen pendejadas”.
(2) Huerta fue elegido Alcalde de Guayaquil en 1970 por votación popular y destituido apenas unos meses después en ese mismo año por la dictadura civil de Velasco Ibarra.
(4) Santiago de Guayaquil, durante el socialcristianismo, debe cambiar el lema de su escudo de “Por Guayaquil Independiente” a “Esto es lo que hay”. Eso graficaría mejor el mediocre conformismo impulsado por la Alcaldía de Guayaquil, sostenido por los medios de comunicación locales y hecho carne en una ciudadanía abúlica.

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