9 de enero de 2026

Hijos de la violencia

            Publicado en diario Expreso el viernes 9 de enero de 2025.

El proceso de la independencia americana de España es también el de su militarización. Los años de la guerra por la independencia y los posteriores a ella fueron, casi invariablemente, años de gobiernos militares. En especial durante la guerra por la independencia, esos fueron tiempos violentos, con la vida en vilo. 

El primer jirón del actual Estado del Ecuador en independizarse de España fue la ciudad de Guayaquil, el 9 de octubre de 1820. Entre 1820 y 1822, la provincia de Guayaquil tuvo un gobierno civil. Pero desde 1822 hasta 1830 en que, en conjunto con las provincias de Quito y Cuenca, fueron agregadas a la República de Colombia para conformar el Distrito del Sur, aquel distrito fue gobernado como una dependencia militar. 

Simón Bolívar, en una carta de diciembre de 1830 en la que autorizó a Juan José Flores para que administre el novísimo Estado del Ecuador, consideraba a los ecuatorianos como sometidos a los otros: “Desde aquí estoy oyendo a esos ciudadanos que todavía son colonos y pupilos de los forasteros: unos son venezolanos, otros granadinos, otros ingleses, otros peruanos, y quién sabe de qué otras tierras los habrá también”. Y Bolívar le advirtió a Flores: “Esté V. cierto, mi querido General, que V. y esos Jefes del Norte van a ser echados de ese país”.

Desde 1830 que se fundó un Estado del Ecuador “confederado” a la República de Colombia, hasta 1845 que ocurrió la revolución marcista en Guayaquil (con un atenuado paréntesis civilista durante el gobierno de Rocafuerte), el estamento militar, compuesto principalmente por extranjeros, gobernó y se aprovechó de este pobre país. Hasta que se cumplió la profecía de Bolívar y fueron echados. 

Entre 1822 y 1845, es evidente que la militarización de la sociedad ecuatoriana contribuyó, como en el resto de países de América latina, “a definir culturas políticas impregnadas de violencia, pocas veces mutadas en culturas de negociación”, según la caracterización de Waldo Ansaldi y Verónica Giordano en el libro “América latina. La construcción del orden”. 

El Estado del Ecuador, contrario a ese tópico bobalicón de “la isla de paz”, tiene una cultura política muy violenta, donde siempre los otros son vistos no como cooperantes sino como contradictores (i.e., no ha mutado a una “cultura de negociación”). Y esta realidad ha atravesado la política ecuatoriana desde sus albores hasta la actualidad, en algunos ratos, con graves picos de violencia.

En los últimos años, por una acelerada y profunda desinstitucionalización del Estado so pretexto de una vendetta política, esta violencia ha registrado un grave pico que se ha traducido en un ambiente de polarización extrema y en el máximo registrado de homicidios por cada 100.000 habitantes en la historia reciente del país (que convirtió al Ecuador el año 2025 en el sexto país más violento del mundo). 

Como en tiempos de la independencia, hoy se viven tiempos violentos, con la vida en vilo. Pero sucede que ahora no luchamos contra España y por la independencia; luchamos contra el narco y por la supervivencia.   

Tantos años han pasado desde que se fundó el Ecuador, para caer en lo mismo (o se podría argumentar: todavía peor). Este pobre país es un loop triste. 

2 de enero de 2026

El real de Santiago

            Publicado en diario Expreso el viernes 2 de enero de 2025.

Eran los tiempos de la conquista española de América y entonces el propósito de la acción era afianzar el control del territorio, frente a otros españoles y frente a los indígenas. En esos tiempos, la fundación de las ciudades españolas atendía este propósito. Diego de Almagro y sus hombres fundaron Santiago, para afianzar el territorio frente a otros españoles, y San Francisco, para afianzar el territorio frente a los indígenas. Ambas fundaciones tienen en común el real de Santiago.

Pedro de Alvarado era uno de los grandes nombres de la conquista americana. Avecindado en América en 1510, conquistador en México y Centroamérica, Alvarado quería más y en 1532 firmo una capitulación (digamos, un contrato de conquista) con la Corona española, que lo autorizó a conquistar territorios que no estén siendo conquistados por otros. Y emprendió un viaje con 500 soldados españoles y 2.000 indígenas. 

Por eso el chasco debió ser enorme cuando, después de haber armado una flota gigante de doce navíos, surcado los mares, desembarcado en Caráquez, trepado la montaña con penurias indecibles y pérdida de vidas humanas y animales, Alvarado y sus tropas llegaron a una llanura en el callejón interandino donde pudieron avistar pisadas de caballos.

Un real, en la tercera acepción del diccionario de la RAE, es un campamento militar. Cuando Almagro y sus hombres supieron de la llegada de las tropas de Alvarado, cumplieron todas las formalidades a fin de que aquel real donde estaban asentados en la llanura de Cicalpa sea una ciudad española, en el marco de la conquista de la provincia de Quito. Esto, a efectos de afianzar la conquista del territorio frente a los otros españoles, por tener a su favor un acto jurídico formal que implicaba el dominio del territorio. 

Como eran tiempos de conquista, esta ciudad española tenía inscrito en su acta de fundación que se la podría mudar a otra parte, según convenga. Y así ocurrió: a esta ciudad de Santiago de Quito, fundada en la Sierra, se la trasladó a la Costa. Perdió el topónimo Quito cuando abandonó los confines de la provincia y, andando los años, se convirtió en la portuaria Santiago de Guayaquil.

Pero en el breve período en que estuvo en la montaña y se apellidó de Quito, la ciudad de Santiago nunca dejó de ser un campamento militar. Eso sí, uno donde ocurrieron hechos importantes. Primero, en Santiago se reunieron Alvarado y Almagro el 26 de agosto de 1534 cuando se acordó que Alvarado iba a desistir de su propósito de conquista. 

Segundo, dos días después, en esta misma Santiago, Almagro fundó la villa de San Francisco de Quito, segunda población española fundada durante la conquista de la provincia del mismo nombre, a efectos de afianzar la conquista frente a los indígenas. Esto, porque esta villa se la destinó a asentarse sobre las ruinas de una arrasada ciudad indígena, “que estará treinta leguas, poco más o menos, de esta ciudad de Santiago”, según se lee en su acta de fundación.

La villa de San Francisco se trasladó 30 leguas al norte de Santiago y conservó su topónimo (“de Quito”) porque su traslado se lo hizo dentro de los confines de la provincia que los españoles estaban conquistando. Se convirtió en ciudad en 1541.