Los pérfidos aires

28 de julio de 2020


Por una especie de fatalidad hasta los hombres buenos y mejor intencionados, cuando venían a Quito investidos de autoridad, se dañaban’, reconoce el historiador quiteño Federico González Suárez. Y luego señala una de las razones para que esto haya ocurrido: ‘la enorme distancia a que se encontraban de la Corte y la tardía administración de justicia por parte del soberano, cuyas resoluciones se dictaban al cabo de años de cometido el delito, les daban cierta impunidad, muy perjudicial para la moral y las buenas costumbres’. Y la impunidad sigue siendo.

Insaciable en su crítica, la ácida pluma de González Suárez demuele a sus propios paisanos: ‘la adulación servil, la rastrera lisonja y el disimulo interesado no tardaban en hacer comprender a los Presidentes que vivían en un país, donde, sin obstáculo alguno, podían dar rienda suelta a sus malas pasiones’*.

González Suárez hablaba del Quito del Presidente Morga, quien gobernó a principios del siglo XVII, pero resulta tan actual en su descripción de la ciudad y sus modos burocráticos, que es muestra de que Quito ha cambiado muy poco desde el 1.600. Si acaso, para peor.

* Todas las citas corresponden a ‘Escritos de González Suarez, Vol. IV’, pp. 214-5, publicado por el Banco Central del Ecuador en la Colección de Autores Ecuatorianos el año 1.995, en Quito, y cuya introducción y selección de textos fue hecha por Carlos de la Torre Reyes. Hago constar que esta idea de ‘hombres buenos’, dañados por los pérfidos aires, incluye a María Paula Romo.

Despedida de Guayaquil

23 de julio de 2020


Yo solía decir que, como a Borges con Buenos Aires, a mí con Guayaquil no me unía ‘el amor, sino el espanto / será por eso que la quiero tanto’. Y era cierto: a pesar de tantos espantos, todavía podía vislumbrar un futuro brillante para la ciudad en que nací.

Ahora creo que ese futuro no es posible. Cuando empezó la pandemia, pensé que Guayaquil podría dar una respuesta crítica y creativa a lo que le ocurrió. Pero me equivoqué: se ha optado por creer que estamos viviendo una nueva variante del éxito que empezó después de marzo y abril, para no discutir ni pensar el abandono, los muertos y la corrupción que asolaron a esta ciudad en esos meses. Guayaquil está ahíta de imbéciles pasivos, que aceptan cualquier cosa… Aceptan este nuevo ‘éxito’, como un mendigo un mendrugo de pan.

Por mi parte, sé que los esfuerzos inútiles conducen a la melancolía y que lo correcto es dejar que Guayaquil siga su curso al carajo, ya sin mí. Guayaquil está condenada, y va a morir por las inundaciones a consecuencia del cambio climático, es una cuestión de tiempo… Y lo más inteligente es, precisamente, huir a tiempo.  

Esa es mi conclusión, toda vez que los espantos consumieron todo el amor que yo sentía por mi ciudad natal. Ahora la siento ajena, incluso despreciable. Vendré de vez en cuando a visitar a algunas personas que quiero, pero como si fuera otra ciudad, digamos Messina o Vientiane. Y serán unas visitas breves, porque me iré tan pronto como pueda… Es de rigor huir de estos espantos.

Tengo claro que en esta decisión de abandonar Guayaquil a su suerte, yo gano. Me ahorro el esfuerzo inútil y dejo que Guayaquil siga el rumbo que ha emprendido a su futura muerte, auspiciada por la rapiña de esos que pueden rapiñar y por la imbecilidad pasiva del resto.   

Adiós, Guayaquil: me vencieron tus espantos.

María Paula Presidenta

15 de julio de 2020

El contexto de esta breve obra es que el Presidente Lenin Moreno ha entrado de lleno en la fase estorbosa de su gobierno. Tanta gente desea que él se vaya, que su mejor movida será salir antes.

 

María Paula Romo es la Ministra de Gobierno, y Roldán es su altivo escudero y amanuense. Entre ambos, y el Granda dorima de la Romo, urden los destinos de la Patria, atribuyéndole su conducción a un tipo que no puede desplazarse por sí mismo, ni mucho menos podría dirigir los destinos de una Patria, pero cuya presencia había sido rentable, hasta ahora, para direccionar las puteadas y aguantar el desgobierno. En política, generalmente ocurre que un fusible (un Ministro, un Secretario) se debe quemar para salvarlo al Presidente. Este caso es raro, porque se trata de quemar al propio Presidente para (supuestamente) salvar al Presidente. Y quienes deberían ser sus fusibles, la Ministra Romo y el Secretario Roldán, son quienes lo tienen que convencer al Presidente de ello. Valga esto como introducción.

 

La obra es como sigue:

 

La Ministra Romo y el Secretario Roldán entran a un cuarto en Carondelet en el que se encuentra Lenin Moreno, cuasi-drogado. Se entabla el siguiente diálogo, falso, pero dadas las circunstancias, posible.

 

ROMO:Presidente, es necesario que dé un paso al costado”.

Roldán: (en voz baja) “Qué hija de puta”.

MORENO:Pero es que no puedo, mijita”.

ROMO:Simbólicamente, Presidente. Mire, Otto renuncia y usted me pone primera en una terna y segundo lo pone al Roldán y después a cualquiera. Retardo, como su nombre lo indica, demorará el trámite en la Asamblea Nacional lo suficiente para que por el paso del tiempo y el ministerio de la ley yo sea vicepresidenta. Después…

MORENO:¿En la terna?

ROMO:Si, en la terna. Usted tiene que poner a tres personas, Presidente. Una soy yo, la otra es el Roldán, y la tercera…”

 

Por cosas de la vida, pasaba por allí la Directora de Aduanas, María Alejandra Muñoz, caminando rápido.

 

ROMO: (Gritando) “¡María Alejandra!”

Muñoz: “Eu” (al ver al Presidente, se acerca al grupo).

ROMO:El Presidente quiere hacer una terna para la próxima vicepresidenta y necesitamos una tercera persona, para efectos decorativos. ¿Te sumas?

Muñoz:Yo realmente estoy buscando un…

MORENO: (Interrumpiendo a la Directora) “¿Pero no que participa el Roldan?”

ROMO: “Pero es decorativo, Presidente. Ya quedamos la otra noche que era rotativa la Vicepresidencia: primero fue un hombre, luego una mujer, luego un hombre… (En tono condescendiente) ¿Ahora a quien le toca…?”

MORENO: (Piensa un poco) “A una mujer. ¿Pero ya quedamos en eso? Yo no me acuerdo.”

ROMO: “Quedamos el Granda, el Roldán y yo. Usted no estaba.” (Dirigiéndose a María Alejandra) “¿Entonces te sumas?”

           

Muñoz se encoge de hombros, y sale disparada rumbo al baño.

 

MORENO: “¡Qué alivio que hagan cosas por el bien de la Patria!”

ROMO:De eso le hablaba, justito. Después de elegida Vicepresidenta, usted debe renunciar. Y yo paso a ser la Presidenta.

MORENO:¿Ah, si? ¿Y por qué?

ROMO:Porque las elecciones serán claves para determinar el futuro del país, y usted no está en capacidad de garantizar la continuidad de su gobierno. Su gobierno debe continuar, pero ya sin usted. Porque, a usted, Presidente, hay que protegerlo. No puede usted andar corriendo de un lado para otro…

ROLDÁN: (en voz baja, riéndose) “Qué hija de puta”.

ROMO: “… apagando incendios. Usted está para una salida digna y a tiempo. Porque ya después no podremos responder por su seguridad.”

MORENO: “¡Ah, carambas! ¡Qué complicada que es la política! ¡Qué bueno que estás tú, mijita, para trabajar por la Patria!”

ROMO: “Así es, Presidente. El destino le ha puesto a usted unas vallas muy altas, imposibles de saltar…

ROLDÁN: (en voz baja, pero riéndose ya a mandíbula batiente) “Qué hija de puta”

MORENO: “Imposibles…”

ROMO: “… por lo que yo tomaré su relevo en esta parte final. Y así, todos contentos. Yo, Presidenta. Los que sostienen al gobierno y apoyan esta medida, contentos de la continuidad de su gobierno. Retardo, y otros serviles en la Asamblea, alineados. Y a usted ya le corresponde descansar, con su familia…”

MORENO: “¿Y entonces, qué debo hacer?” (Suspira, y musita) “Ya ni recuerdo la última vez que vi el sol.”

ROLDÁN: (Mostrándole un decreto recién redactado) “Por lo pronto, firmar aquí.”

 

Moreno lo firma gustoso. Al fondo se observa pasar a la Directora Muñoz que vuelve del baño, ya aliviada. Romo la mira, y piensa que qué buena memoria tiene Roldán para haber puesto su nombre en la terna que acaba de firmar el Presidente, porque ella ni se acordaba del apellido. Y le sonríe, pero no porque le caiga bien, sino porque su misión está cumplida y se ha ganado cien dólares. Y se dirige, entonces, por última vez al Presidente.

 

ROMO: “Presidente, le avisaré los siguientes pasos a dar. Hasta pronto”.

MORENO: “Gracias, mijita”.

 

Mientras salen de la habitación, Roldán se saca un billete de cien dólares del bolsillo de su leva, y se lo pasa a Romo como pago de una apuesta. Antes de entrar a la habitación, Romo le había apostado a Roldán que lo convencería a Moreno con metáforas de movilidad imposibles para él. Le ofreció trapearle por la cara tres, y Romo cumplió.

 

Te lo mereces”, le dijo Roldán: “dar un paso al costado, correr de un lado para otro, saltar vallas… y te lo termina agradeciendo”. Romo tomó el billete y se lo guardó en un bolsillo de su pantalón, para luego responderle con sonrisa socarrona: “Lo de avisarle de los siguientes pasos a dar, eso fue de yapa. Pero no te lo creas, no hay tanto mérito. Este tipo es un cojudo, y ni sabe lo que le espera”.

 

Roldán se enserió. “Si no hay mérito”, le dijo a Romo, “entonces, devuélveme la plata”.

 

Cojudo serás vos”, le respondió ella, muerta de la risa.

 

La obra se titula “María Paula Presidenta”.


Todo lo hicieron sus enemigos

9 de julio de 2020

El Gran Elector de esta época en el Ecuador es, sin duda, Rafael Correa. Es por esto que el arco político anti-correísta (el Gobierno y otros incompetentes) se esfuerzan en torcer las leyes para impedir su participación en las elecciones.


El caso es que durante el Gobierno de Lenin Moreno se ha buscado eliminar a Correa y su movimiento con tan mala suerte que el tiro les ha salido por la culata. Crearon un Consejo ad-hoc, pusieron a una Fiscal y a un Contralor persecutorios y la Justicia sirve a sus propósitos perversos… pero todo hecho a la maldita sea. El Consejo ad-hoc resultó una dictadura y los procesos iniciados por ella y por las autoridades de control y de justicia en contra de los correístas están repletos de arbitrariedades y de abusos. En derecho, esto demorará en caer, pero caerá (no en el Ecuador, por supuesto, tierra perdida para el Estado de Derecho) pero en la política y en lo inmediato, por todo ello Correa está más vigente que nunca.


¿Por qué? Pues porque el periodo post-correísta ha sido muy pre-correísta. Volvió (y sentimos asquito) ese Ecuador del 2005, desmenuzado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en su Informe Anual de dicho año:


“El año 2005 ha sido testigo de un débil estado de derecho y consecuente frágil protección de los derechos humanos en el Ecuador. La seguridad del sistema democrático se ha visto afectada por una inestabilidad política [que] ha puesto en evidencia las falencias de una estructura de poderes que ha sido endeble al momento de dar respuestas en sus políticas públicas, a los intereses de la mayoría de la población; ó que, en ocasiones, se ha visto imposibilitada de desarrollar programas de trabajo eficaces debido a la temporalidad de sus funciones. Esta erosión se ha visto reflejada, también, en la incapacidad del sistema político de dar respuesta a problemas sociales, lo cual contribuye a perpetuar falencias estructurales de derechos humanos".


Por este contexto de honda mediocridad y de aleve persecución del Gobierno, un Correa que se había retirado desgastado el 2017 ahora aparece fortalecido de cara el 2021. Su fórmula ha sido la de Perón, a quien una vez le preguntaron qué pensaba hacer él para volver al poder, a lo que el argento respondió: “Yo no haré nada. Todo lo harán mis enemigos”. Y es que ha sido eso: en tres años, un Gobierno de taimados e incompetentes (que apesta a burocracia serrana) se ha encargado de asegurarle a Correa su condición de Gran Elector para el 2021. 


Y lo peor para sus enemigos, es que ya están en ese triste momento en que mientras más se esfuerzan por debilitarlo a Correa, más lo fortalecen. Es el alto precio que les toca pagar por su trienio de incompetencia y abusos.

Monte Sinaí y su cementerio

7 de julio de 2020

Publicado originalmente en Revista Común.

 

1. Monte Sinaí

 

En el desarrollo urbano del Ecuador, Guayaquil ha sido la ciudad distinta. Desde un lejano 1992 ha sido administrada por la misma organización política, el Partido Social Cristiano (PSC), con un dominio férreo de su territorio sin paralelo en otra ciudad grande del país. Este largo dominio de casi 30 años, en la ciudad más poblada del Ecuador, también tiene la particularidad de que su crecimiento urbano ha sido postulado como un modelo “exitoso” de desarrollo por las autoridades del PSC. Y en el Ecuador mucha gente se ha comido este cuento sobre Guayaquil.

 

Pero en esa ciudad existe un asentamiento humano llamado Monte Sinaí y por su existencia se desbarata el supuesto “éxito” que el PSC ha querido vincular al desarrollo urbano que ha impuesto en la ciudad. Monte Sinaí es uno de los tantos sectores paupérrimos y olvidados que están ubicados en la periferia de Guayaquil (sus “cinturones de miseria” o “suburbios”, en la jerga local), sobre los que un alcalde del PSC declaró, en Sesión del Concejo Cantonal del 07 de Octubre de 2010, lo siguiente:

 

Yo he tomado la decisión de que aquí no vamos a legalizar un terreno ni vamos a poner una volqueta de cascajo ni un metro cuadrado de asfalto ni un metro de tubería de alcantarillado de agua potable más allá de lo que he expresado en el límite oeste, el límite de Flor de Bastión y el límite de la Sergio Toral”  [p. 12]

 

Más allá de estos límites están Monte Sinaí y muchas otras poblaciones, todas carenciadas, que suman alrededor de 200 000 habitantes. Los límites marcados por la Alcaldía son Flor de Bastión y Sergio Toral porque son “los últimos asentamientos consolidados”, según dijo el Alcalde [p. 11]. Su modelo de “éxito” no incluye a los sectores “no consolidados” de Guayaquil.

 

La razón de esta exclusión es económica y así la explicó el Alcalde del PSC: “no cabe que la ciudad, es decir los ciudadanos, tengan que seguir extendiendo la obra pública a un costo extremadamente caro, no solamente porque las obras cuestan sino porque no se recuperan” [pp. 11-12]. Y precisó:

 

… si la densidad debe ser de cien para optimizar el costo de la obra, si ahí hay una densidad de 33%, de 20%, de 25% de la real, entonces la obra por beneficiar a menos gente acaba costando tres veces, cuatro veces, cinco veces más de lo que tiene que costar para que se beneficien 4 o 5 sinvergüenzas que trafican con la gente pobre…” [p. 12]

 

Todos estos pobres del oeste (que suman alrededor del 10% de la población de Guayaquil) son primero estafados por traficantes de tierra (“porque les cobran y caro por pedazos de tierra”, según dijo el Alcalde), para luego ser abandonados a su triste suerte por la administración de su ciudad. En Monte Sinaí, y en otras zonas pobres y periféricas de Guayaquil, es tras cuernos, palos.

 

La alternativa para los pobres a quienes se excluyó de la provisión de servicios básicos era, según dijo el Alcalde, que ese pobre “vaya compre una vivienda, vaya compre un terreno urbanizado del Gobierno, vaya compre un terreno en un lote o en una casa urbanizada por el Municipio” [p. 12]. Así, si una persona pobre de Monte Sinaí no podía comprar en el mercado formal de vivienda, si no podía librarse de la maldición de los traficantes de tierra, estaba atrapado y era por su culpa. Culpable por ser pobre.

 

En el informe ‘Estado de las ciudades de América latina y el Caribe’, publicado por el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-Habitat) el mismo año (2010) de las declaraciones hechas por el Alcalde del PSC sobre la negación de los servicios básicos a los asentamientos humanos no consolidados al oeste, su capítulo dedicado a la pobreza y las condiciones de vivienda empezaba así: En América Latina el acceso a la vivienda de calidad, concebida según los atributos de la vivienda adecuada, está restringido para una proporción importante de la población, la cual se encuentra marginada del mercado habitacional comercial debido principalmente a las limitaciones de la demanda [p. 117]. Es decir, excluida por su pobreza, como ocurre en Monte Sinaí. Lo raro es que en Guayaquil, a este sostenido proceso de marginación social se lo ha llamado “exitoso”. Y muchos creen que realmente lo ha sido.

 

2. El cementerio

 

En un informe sobre las inundaciones en Guayaquil, solicitado por la Alcaldía y elaborado el año 2013 por unos expertos internacionales de la Corporación Andina de Fomento (CAF), se identificaron los dos tipos de desarrollo urbano que han ocurrido en la ciudad: un “crecimiento ordenado” para sus sectores consolidados, pero también…

 

… un fuerte proceso de ocupación irregular en áreas de expansión donde no necesariamente se siguen las normas de ocupación del suelo establecidas en ordenanzas municipales. Paradójicamente, como en otras ciudades de la región, la expansión de la ciudad irregular ocurre en forma cuasi organizada, generalmente por emprendedores que invaden propiedades privadas —con o sin acuerdo del propietario de la tierra— y con ello activan un mercado sumergido de la tierra urbana que se inicia con la ocupación ilegal de lotes sin servicios básicos de aguas, alcantarillado y drenaje.” [p. 13]

 

En este informe de la CAF se advirtió que el “crecimiento ordenado” de Guayaquil se ha hecho “con lotes pequeños para las viviendas, aceras y accesos estrechos, limitadas áreas verdes, y en general una clara tendencia hacia la impermeabilización del suelo urbano” [p. 24]. Esta impermeabilización del suelo de Guayaquil resulta muy costosa, frente a una estrategia que privilegie “áreas verdes, pavimentos permeables, reservorios y otras medidas que ayudan a integrar la gestión del drenaje pluvial, el alcantarillado sanitario y la recolección y disposición de residuos sólidos” [p. 25]. Esta estrategia que decidió la Alcaldía, indica el informe de la CAF, “puede llegar a aumentar en seis (6) veces los costos” [p. 25] y sus efectos “no son sustentables” a largo plazo [p. 31].

 

Entonces, según este reporte, en la parte “ordenada” de Guayaquil se decidió que la ciudad crezca como una mancha gris, con limitadas áreas verdes y un desarrollo no sustentable y exageradamente costoso. En los sectores de “crecimiento no ordenado” se tiene, en principio, una negación de los servicios básicos, para después pasar a un crecimiento demorado y costoso: “Se observa que el abastecimiento de agua es el primer servicio que se atiende, seguido de alcantarillado sanitario y, finalmente, siguiendo un enfoque tradicional ligado a la instalación exclusivamente de obras de conducción, se atiende el drenaje pluvial” [p. 13].

 

Así, una ciudad tan mal hecha y desigual en su desarrollo urbano, cuando fue golpeada por la pandemia del COVID-19 en marzo y abril de este 2020 tan aciago, quedó reducida a muertos en las calles, a cadáveres perdidos en los hospitales, a una podrida corrupción para buscar esos cuerpos y no hallarlos. Por varios días, la pandemia del COVID-19 hizo y deshizo en Guayaquil, se enseñoreó y ensañó con ella. Su actual Alcaldesa, Cynthia Viteri, utilizó una metáfora bélica para explicar lo que ocurrió: “Este pueblo pacífico recibió una bomba desde el aire, como Hiroshima”.   

 

Pero la metáfora utilizada por la alcaldesa es equivocada, porque la caída de una bomba sugiere un episodio singular y lo ocurrido en Guayaquil se explica por el modelo impuesto por el PSC durante casi 30 años (más sobre esto, en “Guayaquil y el modelo que tocó fin”, publicado en esta revista). Por la forma de su crecimiento urbano, excluyente y sometido a las fuerzas del mercado, en Guayaquil la pandemia afectó a unos mucho más que a otros.

 

Porque a las personas que viven en hacinamiento y con necesidades básicas insatisfechas, como le ocurre a cientos de miles de personas que viven en los sectores no consolidados de Guayaquil, la pandemia del COVID-19 los golpeó con mucha más fuerza. Así, es lógico y cruel que haya sido Monte Sinaí “la zona con más contagios de COVID-19 en Guayaquil”.  

 

Tomando en consideración el desarrollo urbano de Guayaquil y los años de negación de los servicios básicos a los que se ha condenado a una población como Monte Sinaí por la Alcaldía de la ciudad, se comprende que la atención de ésta a la población de Monte Sinaí, a raíz de la pandemia, haya sido la dotación de agua gratuita por tanqueros y la promesa de construir… un cementerio.

 

Porque, bien pensado, he aquí una obra adecuada para representar el abandono al que son sistemáticamente sometidos los sectores periféricos y no consolidados de Guayaquil. Lejos de las metáforas, ya en la realidad, la obra de un cementerio es apenas el lógico corolario del modelo de desarrollo que ha impuesto la Alcaldía a los pobres de la ciudad.

 

Y la triste realidad es que las personas que habitan en Monte Sinaí jamás han realmente importado a la Alcaldía pues el interés real de sus autoridades siempre ha sido otro: el favorecimiento a unos pocos, la ciudad como una oportunidad de negocio para los sectores inmobiliario y de la construcción. Así, es el maquillaje de la realidad de los pobres lo que constituye la base sobre la que se erige este supuesto “éxito” del modelo de desarrollo de Guayaquil, al que muchas otras autoridades urbanas del Ecuador envidian. Pero la realidad es que dicho “éxito” no existe, y Monte Sinaí y su cementerio son un símbolo diáfano de que jamás existió.


76 años para el pluralismo religioso en la Constitución

8 de junio de 2020


El pluralismo de religiones en una sociedad previene el dominio legal de una única religión en dicha sociedad. Ese fue el caso de los Estados Unidos de América.

Los países de América latina no contaron con la fortuna del pluralismo religioso de la Yoni. En ellos, el pluralismo se obtuvo a las bravas, en unas guerras civiles que costaron miles de vidas y que demostraron que las tradiciones no son derrotadas fácilmente. Mucho menos las tradiciones católicas, siendo los católicos los más necios entre los cristianos.

La conquista de la América hispana se justificó en la decisión de un Papa (Rodrigo Borja, no kidding) y se practicó al amparo de la cruz. Cuando la mayoría de los países de América latina se independizaron entre 1810 y 1830, la religión católica se convirtió en la religión oficial de todos y cada uno de estos países. En materia de religión, todos sus inicios fueron conservadores, de cuño discriminador y excluyente.

En el Ecuador, ese catolicismo conservador latinoamericano tuvo a una de sus expresiones más extremas durante el gobierno del guayaquileño Gabriel García Moreno. En su segundo período presidencial, en 1869, el Ecuador adoptó una Constitución que convirtió a la religión católica en un requisito para la ciudadanía. Esta Constitución (nuestra octava) fue la primera aprobada vía referéndum: un país de miserables y analfabetos le otorgó un triunfo arrollador. 

Pero este catolicismo conservador a ultranza tenía que ceder ante una era de globalización de corte inglés. Los países de Latinoamérica tenían que dejar de ser tan palurdos y ultramontanos como se podía serlo cuando se era un rincón perdido de un reino europeo y tenían que ponerse a tono con las libertades ciudadanas. En el caso del Ecuador, esto se hizo con montoneras y a los balazos, tomó muchos años, pero al final del siglo XIX el Ecuador era un país ganado para el liberalismo.

Y para que el liberalismo triunfe en la república, como en 1822 con el republicanismo, hubo que entrar a ocupar Quito. Esto ocurrió el año 1895, esquivando balas y oraciones del bando conservador y entrando el indio Alfaro a la capital ese 4 de septiembre (años después –enero de 1912-, en esa misma ciudad lo quemaron). Se hizo una Asamblea Constitucional para aprobar nuestra décimo primera Constitución y, en ella finalmente, triunfó el pluralismo religioso. 

Como la primera en el “Título IV. De las garantías”, su artículo 13 disponía la siguiente: “El Estado respeta las creencias religiosas de los habitantes del Ecuador y hará respetar las manifestaciones de aquéllas.” Pero el artículo precedente establecía que la religión católica seguía siendo la oficial en la República:  “Artículo 12.- La Religión de la República es la católica, apostólica, romana, con exclusión de todo culto contrario a la moral. Los Poderes públicos están obligados a protegerla y hacerla respetar.”

En la siguiente Constitución de 1906, por vez primera, el Ecuador desistió de ser el Estado confesional que había declarado ser en sus diez anteriores Constituciones. Al menos en la norma, la garantía del respeto a la libertad de religión y la supresión de la religión católica como la oficial del Estado consolidaron el triunfo del pluralismo religioso, a 76 años de fundada la república ecuatoriana.

76 años entonces les tomó a los católicos, por estos pagos, aceptar en la Constitución que ya no son ni únicos ni excluyentes, ni tampoco primus inter pares, sino apenas una religión entre muchas y que todas las otras creencias merecen el mismo respeto que a ella se le dispensa. Pero, por supuesto, siendo el catolicismo la variante más necia del cristianismo, en la práctica ese respeto a las creencias de los otros es una lección que (manque Francisco) los católicos en el Ecuador todavía no han aprendido.  

Tres rarezas de la Constitución del '79

7 de junio de 2020


Una primera rareza de la Constitución que entró en vigor en 1979 (nuestra decimoséptima) fue que, salvo por nuestra primera Constitución de 1830, cuando aún nos proyectábamos al mundo como un Estado que se administraba a sí mismo pero que se entendía confederado en la “República de Colombia”, y por nuestra quinta Constitución, que la diseñó el ilustre Pedro Carbo y en vigencia por unos meses de 1851 y 1852 durante el efímero gobierno de su tío, Diego Noboa, el Ecuador había sido, siempre y en todo rato, un Estado con dos cámaras de representantes en su órgano legislativo, un Estado bicameral. Ahora, sumadas las constituciones de 1998 y 2008, el saldo en 190 años son cinco unicamerales vs. catorce bicamerales. La unicameralidad ha persistido por más de cuarenta años.

Otra rareza del ’79: es una de las tres constituciones adoptada vía referéndum, como lo he destacado en un artículo anterior.

Finalmente, como tercera rareza de la Constitución de 1979 está que el órgano legislativo adoptó el nombre de “Cámara Nacional de Representantes”. Era la primera vez que ocurría en la historia ecuatoriana, pero esto duró muy poco, pues en las reformas de 1983 se lo suprimió y se adoptó el nombre de “Congreso Nacional” (que duró hasta el 2008).

¿La tercera?

5 de junio de 2020


Corrían los primeros días de 1992 cuando en el diario El Universo se “pudo comprobar que la decisión está tomada y es definitiva”: Fabián Alarcón Rivera, de las filas del Frente Radical Alfarista (FRA), iba a acompañar “como binomio al abogado Jaime Nebot (PSC)”. Según el autor de la nota, este acuerdo se había alcanzado el jueves 2 de enero, “tras un diálogo que duró cerca de una hora entre Nebot Saadi y Alarcón Rivera, quien vino a Guayaquil con ese propósito” (‘Alarcón será binomio de Nebot’, 5 de enero de 1992).

Pero la noticia resultó falsa. En vez de Fabián Alarcón, Nebot lo escogió al ambateño Galo Vela Álvarez como su binomio en el primer fracaso en su ambición de ser el Presidente del Ecuador. Ese año 1992, al binomio Nebot-Vela lo venció una cuña de su mismo palo, compuesta por Sixto Durán-Ballén y Alberto Dahik. En su segundo fracaso, en 1996, a Jaime Nebot lo venció su archienemigo, Abdalá Bucaram. Y a él lo tumbó... Fabián Alarcón.

La lucha de titanes ochenteros... ¡todavía continúa!
Y el pueblo dijo: '¡Destruye! ¡Destruye!'

Desde 1996, Nebot quedó curado de espanto y nunca ha vuelto a intentarlo. Será finalmente en este junio, que despejará la duda de si se anima o no a una tercera carrera presidencial.

Mi pronóstico es que no. Es más digno un sosegado retiro.

La dictadura por venir

24 de mayo de 2020


Publicado originalmente en tres partes (p. 1, p. 2 y p. 3) en elestado.net

El triunfo arrollador de la dictadura inadvertida (a quien varios incautos, o rapaces, todavía celebran), descrita en el artículo anterior, ayuda a comprender la dictadura por venir. Para una mejor comprensión de ésta, es necesario profundizar en una explicación de carácter político.

La elección de Lenín Moreno como Presidente, en la segunda vuelta celebrada el 2 de abril de 2017, fue el cuarto triunfo consecutivo del movimiento Alianza País en las elecciones para la Presidencia de la República. Alianza País fue fundada el año 2006 y desde entonces triunfó en todas las elecciones presidenciales en las que participó: Rafael Correa triunfó en las tres primeras (2006, 2009, 2013), y en los gobiernos del 2006 y 2009, Lenín Moreno fue su Vicepresidente. Fue Rafael Correa quien lo ungió a Lenín Moreno como su sucesor (los números lo respaldaban: era el posible sucesor de Correa menos odiado, en unos tiempos de anti-correísmo feroz). El día que Lenín Moreno aceptó la candidatura, en un estadio del sur de Quito, él se comprometió a sostener los ideales y programas del movimiento por el que aceptó participar en la elección: “La deslealtad no es el camino”, afirmó entonces. Ocurrió el 1 de octubre de 2016.

Desde octubre de 2016 a mayo de 2020 mucho ha pasado, pero la historia debe empezar a contarse con que la deslealtad sí fue el camino tomado por Lenín Moreno una vez que ocupó la Presidencia, en mayo de 2017. A menos de cumplirse un año de su aceptación de la candidatura, el movimiento Alianza País ya se había fracturado y existía una facción “morenista” que había desplazado a una facción “correísta” de su dirección y del movimiento mismo, para acto seguido impedir su participación política en las futuras elecciones seccionales del 2019 mediante argucias legales perpetradas por los organismos electorales. Así, la facción morenista se apropió del exitoso movimiento para convertirlo en una organización tan impopular, que al 2020 casi no hay ni un gil que quiera lanzarse como candidato por Alianza País. En menos de tres años, se convirtió a la organización cuatro veces triunfadora de las elecciones presidenciales en una apestada de la política.

Pero es mayo de 2017 y trepado en esa ola de anti-correísmo que existió a principios de su gobierno, el Presidente Moreno convocó y logró que se celebre el referéndum del 4 de febrero de 2018. Obtuvo la aceptación de sus siete propuestas en el referéndum (el famoso “sí, siete veces sí”), y entre ellas, como se ha visto en La dictadura inadvertida, la creación de aquel desfachatado y devenido en dictatorial Consejo “en Transición”, que se convirtió en el órgano ad-hoc al uso del feroz anti-correísmo para eliminar (29 destituciones mediante -27 tras evaluaciones, 2 por fuera de ellas) a autoridades públicas de relevancia que habían sido nombradas durante el precedente gobierno de Rafael Correa, así como para nombrar a dedo a sus sucesores.

La razón de ser de este órgano transitorio, según el decreto ejecutivo del 29 de noviembre de 2017 por el que se convocó al referéndum y se justificaron las reformas constitucionales propuestas, era cumplir con unas “funciones transitorias que viabilicen los cambios que han sido exigidos”. Esos cambios exigidos fueron, principalmente, el paso de elegir a los siete integrantes del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social por otras autoridades del Estado, a ser elegidas por la voluntad popular. Y esto fue presentado como un gran avance para este órgano de rango constitucional, pues la reforma implicaba una “aplicación del principio constitucional de progresividad de derechos”, según el citado decreto.

Sin embargo, cumplidas las “funciones transitorias” por el Consejo “en Transición”, esta razón de ser de “viabilizar” unos cambios para progresar en derechos se ha revelado como una total farsa. Si aquel habría sido el propósito, las autoridades del gobierno nacional y del Consejo “en Transición” habrían respetado la conformación del nuevo Consejo de Participación Ciudadana y Control Social elegido por la voluntad popular, mismo que resultó de las elecciones seccionales celebradas el 24 de marzo de 2019. Pero ocurrió que el feroz anti-correísmo que existía el 2017 y a principios del 2018 ya había menguado considerablemente su fuerza para inicios del 2019 y el gobierno nacional fue incapaz de evitar que, en las primeras elecciones celebradas post-referéndum, la voluntad popular lo abofetee decidiendo que la mayoría de los consejeros sean los que se identificaron como correístas (a la facción correísta se le proscribió la participación directa en la elección). 

Esta derrota popular, el gobierno de Lenín Moreno no la podía encajar. Que después del exterminio masivo de correístas hecho por el Consejo “en Transición” el 2018 en nombre del pueblo, sea el propio pueblo el que decida el 2019 que vuelvan los correístas a ocupar espacios de poder y, para peor, en el mismísimo órgano que había sido el motor del feroz anti-correísmo y cuya reforma constitucional había sido el objeto mismo de este período llamado “de transición”, era demasiado como para que lo encaje este gobierno compuesto casi exclusivamente de traidores, advenedizos y oportunistas.

Un gobierno democrático habría encajado esta derrota, aceptado lo que el pueblo decidió. No así el gobierno de Moreno. Primero, a sabiendas de que el pueblo podría elegir a los correístas para integrar el nuevo Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, autoridades electorales y del Consejo “en Transición” buscaron que se vote nulo en esta elección, pero su idea no prosperó. En este video, en una actividad que realizó el Consejo Nacional Electoral para buscar apoyo a la idea de algunos de sus integrantes de incentivar el voto nulo, explico las razones para considerar a esa idea como descabellada:


Pero, finalmente, el gobierno de Lenín Moreno se salió con la suya. Actuaron sus entonces aliados en la Asamblea Nacional, los que apenas posesionado el nuevo Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (con retraso, el 13 de junio de 2019) buscaron la destitución de los cuatro consejeros asociados con el correísmo y, en menos de dos meses, la Asamblea Nacional ya les había iniciado un juicio político y los había destituido.

El principal argumento de la Asamblea Nacional fue que estos consejeros habían querido impulsar una revisión de la designación de la nueva Corte Constitucional y que este amago (pues la resolución nunca fue aprobada) ya violaba el dictamen parcializado de la Corte Constitucional del 7 de mayo de 2019. En el Ecuador, es brutal la facilidad con la que unos cuantos deciden torcer y alterar lo que la voluntad popular (millones de personas) había decidido escasos meses atrás. Irresponsabilidades como ésta, convierten a nuestras autoridades políticas en pasto para demandas internacionales.

Por ejemplo, esta destitución de autoridades elegidas por la voluntad popular es contraria a la trascendencia que, a los derechos políticos, le ha concedido la Comisión Interamericana:

“En un caso como el presente, de una persona elegida a un cargo de elección popular, debe tomarse en cuenta que una restricción al derecho al sufragio activo mediante destitución o inhabilitación, puede afectar no solamente a la persona en cuestión sino también la libre expresión de la voluntad de los electores a través del sufragio universal. De esta manera, una restricción arbitraria de los derechos políticos que impacte en el derecho de una persona a ser elegida popularmente y a completar su mandato, no afecta únicamente los derechos políticos de la persona en cuestión, sino que implica una afectación en la dimensión colectiva de dichos derechos y, en suma, tiene la virtualidad de incidir significativamente en el juego democrático.” (Caso Petro, Párr. 117)

Por esta trascendencia, se ha deducido por la Comisión IDH que las restricciones a los derechos políticos “deben estar encaminadas a proteger bienes jurídicos fundamentales, por lo que deben ser analizadas cuidadosamente y bajo un escrutinio riguroso” (Ibíd.). Pero para nuestra zafia Asamblea Nacional, unas consideraciones de esta naturaleza, sobre la trascendencia de los derechos políticos y el tipo de análisis y escrutinio requeridos para validar sus posibles restricciones, es cosa de ciencia ficción… Porque nuestra democracia es cosa de ciencia ficción.

El gobierno de Lenín Moreno se asentó en la voluntad popular (el “sí, siete veces sí” del referéndum) para supuestamente servir mejor a las masas a través de las reformas constitucionales que se aprobaron. Pero ocurrió que el efecto de estas reformas fue que se votó para componer una mayoría “correísta” en la institución reformada y, entonces, el gobierno de Moreno demostró que la voluntad del pueblo le parecía muy loable y muy respetable, pero siempre que sirva a sus intereses de eliminación del correísmo. Si contrariaba esto, era el anti-correísmo el que debía prevalecer. Nunca se trató de servir a la gente, sino de que un grupo prevalezca por sobre otro. Por eso, nuestra democracia es ciencia ficción.

Y aquí reside la parte toral de mi argumento: este desprecio a la voluntad popular y esta eliminación de un grupo político por otro es la continuación de una inveterada tradición de la política ecuatoriana desde su malhadada fundación en 1830, el “canibalismo”, tan propio y característico de nuestros (cada vez más zafios) políticos. En este país, son muy raras las ocasiones en las que los políticos han confiado unos en otros; lo suyo, según una antigua sentencia de Jorge Luis Borges sobre los políticos sudamericanos, es “conspirar, mentir, e imponerse” (en el siglo XIX ocurría con pistolas, en el siglo XXI con trolls, pero siempre imponerse). Esta práctica caníbal explica los misérrimos niveles de aprobación ciudadana de los partidos políticos (sólo un 3% de los ecuatorianos confía en estas instituciones) y los altísimos niveles de corrupción que se registran en nuestra administración pública.

En el gobierno de Lenín Moreno, este canibalismo político ha tomado la forma de buscar empecinadamente la eliminación de Rafael Correa y de los políticos asociados a él (que no quiere decir, los políticos que hayan estado en su administración: la gran mayoría de las autoridades del gobierno actual fueron parte de ella, empezando por el Presidente Moreno). Y se ha utilizado en contra de ellos, como se estila en estos casos, todo el poder del Estado: juicios por un tribunal ad-hoc (el llamado Consejo “en Transición”), destituciones por la Asamblea Nacional, persecuciones administrativas y penales… Siendo todo tan arbitrario como lo fue lo actuado por el Consejo “en Transición” el 2018, todos estos procesos apestan a violación de garantías judiciales, pero el canibalismo no para mientes (y por ello, es pasto para demandas internacionales).

Al 2020, esta práctica de canibalismo ha debilitado mucho al gobierno de Lenín Moreno. Cuatro de cada cinco ecuatorianos ya no le cree a su Presidente. Su gobierno se ha definido por su oposición al “correísmo”, pero ha fracasado en eliminarlo; todo lo contrario, bien se podría decir que lo ha terminado por fortalecer y que en unas próximas elecciones la persecución sufrida podría rendirle dividendos. En este experimento de tres años de abusos contra el “correísmo”, el tiro les ha salido por la culata.

Ahora, el detalle es que Lenín Moreno nunca fue un Presidente en serio, siempre fue una marioneta. Primero, como su sucesor designado, iba a ser una marioneta de Rafael Correa; después, pasó a ser una marioneta de los grupos de poder detrás del anti-correísmo (que, en realidad, están en pro de sus propios bolsillos, hay cero ideología). Moreno, un tipo fundamentalmente débil, decidió pasarse al grupo que en los cuatro años de su Presidencia le ofrecía mayores seguridades, porque eso de aguantar cuatro años las embestidas contra el “correísmo” que se veían venir fuertes por el vínculo entre los anti-correístas y los grandes medios de comunicación, no era lo suyo. Es así apenas lógico que un tipo débil y sin ideales haya optado por el escenario que le brindaba mayores garantías, aunque ello implique la traición al grupo político del que él emergió y con el que compartió gobierno por diez años. Moreno es un tipo débil, sin ideales y taimado.

Y el costo social de que el Presidente Moreno haya sido capturado por el anti-correísmo, ha sido muy alto para el país. Su gobierno es uno que se ha empeñado en favorecer a sus élites económicas, teniendo como contracara el perjuicio a los más desfavorecidos, puesto de manifiesto en una reducción constante, en su período, de los presupuestos asignados a la salud y la educación.

Y durante este gobierno, ha ocurrido lo que me orienta a pensar que una nueva dictadura podría suceder: la pandemia del COVID-19. Ni bien empezada, la pandemia certificó de manera dolorosa que este gobierno es una marioneta de las élites: prefirió el pago a los tenedores de bonos de más de 320 millones de dólares, en vez de conservar ese dinero para enfrentar la pandemia que ya amenazaba extenderse por el país.

El desmantelamiento del sistema de salud y la política gubernamental de favorecer a las élites, además de la inveterada ineficacia y corrupción de nuestra administración pública, hicieron su parte en esta crisis que ha causado el COVID-19. La pequeña y usualmente ignorada República del Ecuador se convirtió en noticia a nivel internacional, en particular, por la situación de su ciudad más poblada, Guayaquil. En este puerto tropical, todo los males nacionales descritos, más las miserias de su propio modelo “exitoso” de desarrollo, confluyeron para un abandono del Estado (nacional y seccional) que condujo a muertos en las calles, pérdida de los cadáveres, corrupción generalizada y diseminación del contagio del COVID-19 sin control, causando con ello una espantosa cantidad de muertos que una administración que merezca llamarse “exitosa” habría podido evitar.

Esta excepcionalidad de Guayaquil no ocurrió, como dice ese epítome de la ineficacia que ha resultado ser su Alcaldesa, porque de repente nos ha caído una bomba… Es por años de hacer las cosas mal, que se pinchó la burbuja de nuestra malsana y estúpida idea de desarrollo de ciudad (más sobre esto en: “Guayaquil y el modelo que tocó fin”)

En los 190 años de vida republicana del Ecuador, iniciados en 1830 con la unión de las tres antiguas provincias españolas de Guayaquil, Quito y Cuenca, tal vez nunca el país haya estado tan mal. Su gobierno malvive, empeñado a las élites económicas y sin capacidad de acción… ¿Para qué sirve un Presidente que, en más de seis meses, de Octubre a la fecha, no puede concretar casi nada de lo que se propone? ¿A quién puede dirigir alguien a quien ya casi nadie le cree? ¿De qué vale alguien que está mucho, pero mucho más cerca de inspirar lástima o asco, que algún tipo de entusiasmo?

Por todos estos antecedentes, esto es lo que creo: hay una dictadura por venir. Moreno está inerte y las élites económicas rapaces para las que él gobierna no pueden permitir que se descalabre el sistema viciado que se ha creado desde el 2018. La Corte Constitucional es un objeto decorativo y la sociedad ecuatoriana admitiría sin chistar una dictadura, pues como se ha visto con el caso de La dictadura inadvertida descrito en el artículo anterior, ni se entera. Y si se entera, poco cambiaría, pues mientras le sirva mejor que Moreno, a una gran mayoría no le importa. La del Ecuador es una democracia de membrete, sin reales demócratas, ni entre los políticos ni en la mayoría que participa del circo que los elige. Tal es nuestra siniestra realidad. Y es por eso que estamos en el fango en el que nos hallamos, a mayo del 2020.

Ahora, lo que propicia el advenimiento dictatorial es que se cuenta con una coartada y con un apoyo esencial. La pandemia del COVID-19 ofrece una coartada ideal para una salida dictatorial, en cualquiera de sus dos formatos: el legal o el militar. Para el primer caso, ese objeto decorativo llamado Corte Constitucional podría redactar un documento de apoyo, a la usanza de su dictamen de mayo de 2019 y se seguiría algún tipo de interpretación y praxis constitucional que se ajuste a los intereses de quienes triunfen en la disputa interna que se tiene entre los traidores, advenedizos y oportunistas que integran el gobierno actual. Esta sería una salida con un barniz legal, “a la trujillana”.

Pero también está el formato militar, “a la boliviana”, es decir, un golpe de fuerza de los milicos y que se coloque a un civil de fachada. En este caso, resulta irrelevante lo que diga (o no) la Corte Constitucional. En ambos casos el apoyo de los Estados Unidos de América, esencial para cualquier experimento local, se lo tiene asegurado, porque para la administración de Donald Trump ninguna de estas decisiones representaría un problema: se toma nota de lo ocurrido y se pasa enseguida a otra cosa (la insignificancia del Ecuador es proverbial). Y por supuesto, nadie lo va a extrañar al monumental inútil de Moreno.

Sea con el formato “a la trujillana” o “a la boliviana”, el panorama del Ecuador resulta sombrío. ¿Mi pronóstico? Cuando la gente, por hambre, empiece a salir a las calles a buscar comida por las buenas o por las malas, triunfará el formato “a la boliviana”, porque así se reprime mejor.

Tenemos una dictadura al caer. Y realmente quisiera tener esperanzas de algo distinto, pero el Ecuador no me deja.