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No Pelé, pero el austro-húngaro

11 de julio de 2019


Que lo diga el grande e inmortal Diego Lucero:

“Sin ánimo de afanarle ni un cachito así chiquitito de gloria a Pelé, el más grande jugador de fútbol de la historia del balompié, el más hábil, fino, diestro y alegre artista de la pelota, corresponde también batir el justo que entre los mil de Pelé hay mucho gol en partido amistoso, y mucho golcito de esos que ni valen la pena contarlos, porque le han sumado los que marcó hasta en esos partidos contra el equipo del colegio de los curas o contra aquel otro jugado contra los cadetes de ‘os fuzileiros navales’.”*

Aquel que debutó con un pibe anotó una cifra no menor, contados los partidos que valen: 767 goles (pero 517 menos que su fantasía animada de goles hasta en el Ejército) y es el tercer máximo goleador de la historia del fútbol, detrás de Romario que anotó 772 pepas y de Josef “Pepi” Bican, que hizo 805. “Pepi” fue un vienés, nacido en 1913 (antes de la “Gran Guerra”, cuando Viena todavía era capital del Imperio Austro-Húngaro), que anotó la mayor parte de sus goles (534) para el Slavia Praga, club en el que jugó por 11 años entre 1937 y 1948.

Y si le preguntaban a “Pepi” (falleció el 2001, a los 88 años), ni qué Pelé sumando hasta los goles de los picaditos en la playa: él había anotado 5.000 goles: “En toda mi carrera marqué, efectivamente, cinco mil goles. Tengo entendido que Pelé, contándole los de los entrenamientos, mil quinientos. Eso me lleva a pensar que entre Pelé y yo no hay color. Y eso que la Segunda Guerra Mundial me robó siete años buenos, cuando estaba en mi mejor forma. ¿Qué cuántos goles habría marcado en estos siete años? Pues seguramente una cifra respetable.”

* Lucero, Diego, ‘Siento ruido de pelota… Crónicas de medio siglo’, Editorial Freeland, Buenos Aires, 1975, p. 96.

El vasquito Cea

9 de junio de 2017


Hubo un tiempo en que se estilaban los amuletos en el arco.

Evidencia gráfica de un arquero y su amuleto: el portero de las Indias Orientales Neerlandesas (desde 1945, Indonesia) con su muñequito. Mundial de 1938.

Sucedió lo que tenía que suceder y un día la globa mandó a volar uno de esos. Le cupo ese alto honor al vasquito Cea:

“En la semifinal de París, 1924, Uruguay jugó contra Holanda. Y los holandeses madrugaron, sacaron ventaja colocándose 1 a 0 y dale que dale, el ataque celeste no podía quebrar la resistencia de los súbditos de la entonces reina Guillermina. El arquero se llamaba Van der Moulen. Y como era el tiempo cuando se usaban las mascotas, había colgado un conejo de trapo en la red. Era su amuleto. En la hora desesperada, el vasquito Cea se fue abriendo camino a pata y pulmón y cuando estuvo en posición de tiro, empalmó a toda capellada la globa a la que le dio con la pata y con el alma. La redonda pasó la línea fatal y pegó en el conejo que fue a parar a los yuyos. Se había quebrado el embrujo. Cea había empatado. Fue un 6 de junio. Uruguay ganó y pasó a la final. Fue campeón olímpico” (1).

Esa final se jugó un día como hoy, 9 de junio. Ese día, en 1924, Uruguay venció a Suiza por marcador de 3 a 0 y obtuvo su primer campeonato mundial. Venció Uruguay también en el campeonato olímpico siguiente, celebrado en Ámsterdam en 1928, así como en el campeonato mundial de fútbol de 1930 (el primero con tal denominación), celebrado íntegramente en el estadio Centenario de Montevideo. Y como lo anota Diego Lucero, “José Pedro Cea fue un gran jugador. El único jugador del mundo que triunfante en tres títulos de carácter mundial, no faltó a un solo partido. Cinco en París, Cinco en Ámsterdam, cinco en Montevideo…” (2).

Porque Uruguay ha sido cuatro veces campeón del mundo, y en tres de esas ocasiones fue figura descollante el vasquito José Pedro Cea (1900-1970), aquel que le tumbó el conejito de trapo a Van der Moulen para abrir el camino al primero de los campeonatos mundiales de la escuadra yourugua.

(1) Lucero, Diego, ‘Siento ruido de pelota… Crónicas de medio siglo’, Editorial Freeland, Buenos Aires, 1975, pp. 106-107, artículo ‘Pedro Cea, un crack de la era romántica’. El resaltado no es del original.
(2) Ibíd., p. 107.

Más que un gol

4 de junio de 2017


El mítico Diego Lucero (né Luis Alfredo Sciutto, 1901-1995) escribió lo siguiente:

“Y fue… más que gol, un himno, una plegaria, una elegía, un romance, un canto épico, una hazaña, una divina locura, un rapto heroico, un chispazo genial, el que paró el reloj, el que apretó el tomate en la kermese, el que se acabó el jabón. Fue un gol como para el poema: “Alcanzame la lira, la de fierro, la más pesada y negra…”. Fue como la “Sinfonía Inconclusa”, pero concluida; fue como la marcha de “Aída” con todos sus forzudos cantando “Il ritorna vincitore”: fue como si Claudita Cardinali te dijera: “Sí”; fue como Onassis firmando un cheque; fue como el asalto al Banco de Boedo, bello y perfecto; fue como si a la hora cuando sentís que estás lo que se dice cocinando pedís el milagro y el milagro se produce; fue como Leguí definiendo sobre el disco y por la mitá de un hocico, un mano a mano; fue como Gardel cantando “Siga el corso”; fue Espaguetti De Vicenzo, haciendo el hoyo entre golfos y golfas y apuntando bien en la libreta; fue como cuando le ponés el último sope moneda nacional a un pleno y se te da el numeracho salvador que te saca de la zanja; fue el monumento a la bandera; el triunfo de lo que siempre dice la Ciriaca: “mientray vida, hay esperanza”; fue… la victoria del hombre en sí mismo; el arrebato del héroe que pide para sí la ocasión de intentar salvar lo que parece perdido; es el soldado de Maratón llevando el parte de la victoria, es Chichilo cuando te viene a anunciar que acertaste a la quiniela: es… fue… lo más grande que hizo Dios después del arroz con leche. Ese fue el gol de Verón” (1).

Es su descripción del gol de empate de ‘La bruja’ Verón, en la final de la Copa Libertadores de 1968, que enfrentó a Estudiantes de la Plata con Palmeiras de Brasil. El partido terminó 2 a 1, anotó ‘Bocha’ Flores a falta de tres minutos para la victoria Pincha. Estudiantes terminó por ser campeón de la Libertadores y después de la copa Intercontinental, disputada al Manchester United.

De esta jugada no hay registro en video. Apenas fotos y crónicas.

Guía del gol. Fuente  .
El artículo del yorugua se tituló “Verón, Verón, qué grande sos” (JAJA). Me lo imagino a Diego Lucero a las carcajadas, mientras lo escribía.

(1) Lucero, Diego, ‘Siento ruido de pelota… Crónicas de medio siglo’, Editorial Freeland, Buenos Aires, 1975, pp. 77-78.