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Catorce días de furia

7 de julio de 2023

            Publicado en diario Expreso el viernes 07 de julio de 2023.

Fueron catorce días de furia, entre el 25 de noviembre y el 8 de diciembre del 2004. Catorce días que costaron 13.021.144,90 millones de dólares, pagados a un total de treinta y seis autoridades destituidas en aquellos días de harta demencia estatal.

Quien ordenó el pago fue un órgano del derecho internacional porque a la harta demencia del Estado le da por pensar que las estupideces, absurdos y abusos que comete son jugadas magistrales que exige el momento. Este órgano (la Corte Interamericana de Derechos Humanos) es uno que el Estado del Ecuador le ha reconocido (en un rapto de lucidez y de autoflagelación) la competencia para conocer las violaciones a los derechos humanos que se cometan en su territorio. Y allí entran estos catorce días de furia, vía tres casos resueltos por la Corte Interamericana.  

El primero de ellos (Quintana Coello y otros) fue resuelto el 23 de agosto de 2013 y trató sobre la destitución de veintisiete jueces de la Corte Suprema de Justicia; el segundo (Camba Campos y otros) fue resuelto el 28 de agosto de 2013 y trató sobre la destitución de ocho vocales del Tribunal Constitucional; el tercer caso (Aguinaga Aillón) fue resuelto el 30 de enero de 2023 y trató sobre la destitución de un juez del Tribunal Supremo Electoral. En todos ellos, el denominador común fue la violación de los derechos al debido proceso y a la protección judicial.

Ocurrió que esos días finales del 2004 el Congreso Nacional (así se llamaba entonces la hoy Asamblea Nacional) tenía un gran plan político y no iba a permitir que nadie le impida su concreción. El gobierno de la época, presidido por Lucio Gutiérrez, para salvarse de un inminente juicio político pactó con el PRE, cuyo líder máximo (el exPresidente Abdalá Bucaram) se encontraba exiliado en Panamá. El gran plan político era el retorno de Bucaram, que ocurrió el 2 de abril de 2005. Unos días después, los militares le retiraron su apoyo al Presidente Gutiérrez. Cayó el 20 de abril. El gran plan le explotó en la cara. 

La parte de que nadie le iba a impedir al Congreso Nacional la concreción de su gran plan es la que lo convirtió a este órgano del Estado en el furioso agente de las violaciones a los derechos humanos de las treinta y seis autoridades que destituyó. El 25 de noviembre de 2004, el Congreso destituyó en una sola resolución (No. R-25-160) a los vocales del Tribunal Constitucional y a los jueces del Tribunal Supremo Electoral. Acto seguido, nombró a sus reemplazos. El nuevo Tribunal Constitucional dictó una resolución por la cual impidió que se presenten recursos contra la Resolución No. R-25-160, blindando así lo actuado por el Congreso Nacional. 

Unos días después, el 8 de diciembre de 2004, el Congreso destituyó a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y nombró a sus reemplazos (la recordada “Pichicorte”), que iban a allanar el camino judicial (vía anulación de juicios) para el retorno de Bucaram. 

Parecía una jugada magistral y resultó una furiosa estupidez. En el foro internacional, el Estado del Ecuador es un hazmerreír.  

La harta demencia del Estado cuesta millones. Y vuelve cada cierto tiempo (es recurrente) para tropezar con esta misma piedra de los abusos sin cuento.

A Guayaquil la democracia le sienta mal

23 de octubre de 2021


El fenómeno más importante de los últimos años en el Ecuador es su acelerada urbanización y, como consecuencia, el crecimiento del rol de las ciudades para articular y dar sentido a la vida de las personas. Desde la década del cuarenta (después de perder la guerra con el Perú, después de la Segunda Guerra Mundial, en el año de N. S. de 1947) se empezó a elegir a los presidentes de las municipalidades por el voto de la población de su jurisdicción. Para el caso del cantón Guayaquil esto implicó, entre 1947 y la actualidad (es decir, sus buenos 74 años), la elección popular de un total de trece autoridades, once hombres (Guerrero por dos veces, Guevara, Estrada, Robles, Menéndez, Assad Bucaram por dos veces, Huerta, Hanna, Abdalá Bucaram, Febres-Cordero por dos veces y Nebot por cuatro veces) y dos mujeres (E. Bucaram y C. Viteri).

 

Hasta la llegada del socialcristiano al poder en Guayaquil, la ciudad vivió una época de honda inestabilidad. Entre los 45 años que van desde 1947 hasta 1992, únicamente los alcaldes Rafael Guerrero Valenzuela en 1947, Luis Robles Plaza en 1957 y Assad Bucaram Elmhalin en 1967 lograron terminar sus períodos. En ese mismo tiempo, un total de nueve autoridades (ocho hombres y una mujer) no terminaron sus períodos en la Alcaldía: el mismo Rafael Guerrero Valenzuela tras su reelección en 1949, Carlos Guevara Moreno en 1951, Emilio Estrada Icaza en 1955, Pedro Menéndez Gilbert en 1959, Assad Bucaram Elmhalin en su primera elección en 1962, Francisco Huerta Montalvo en 1970, Antonio Hanna Musse en 1978, Abdalá Bucaram Ortiz en 1984 y Elsa Bucaram Ortiz en 1988. Tres períodos concluidos vs. nueve períodos que no. Un récord lamentable.

 

Desde 1992, la Alcaldía de Guayaquil ha vivido un período de estabilidad, en claro contraste a los 45 años precedentes. En estos últimos 29 años todos los Alcaldes han terminado su período: el Alcalde Febres-Cordero entre 1992 y 2000 y el Alcalde Nebot entre 2000 y 2019. Ahora está en el Sillón de Olmedo, desde el 2019, la Alcaldesa Cynthia Viteri, auténtica Jocelyn Mieles de la administración pública que ha sobrevivido a tantos actos absurdos en su período que es seguro que lo terminará (la prensa de Guayaquil es generosa con –o debo decir: perra de- la derecha local).

 

Esta estabilidad se debe al dominio absoluto en Guayaquil de una tienda política, el Partido Social Cristiano. Su invariable triunfo ha sido el triunfo de la perversión (v. ‘El lado perverso del socialcristianismo’ y ‘Guayaquil y el modelo que tocó fin’) y, por ende, un derrotero seguro a la auto-destrucción por inundaciones. Es cuestión de tiempo.

 

Pobre Guayaquil: en tres generaciones ha pasado de una honda inestabilidad a una estabilidad perversa, en decidido rumbo a ser una ciudad estúpida y sub-acuática.

El revival de Fabián Alarcón

20 de mayo de 2021

Cuando empezó su Presidencia, el 10 de agosto de 1996, Abdalá Bucaram estaba contento de que el experimentado político quiteño Fabián Alarcón sea el Presidente del Congreso Nacional. Ni seis meses después, Bucaram se iba del país (‘vuelvo el martes’) y Fabián Alarcón era el nuevo Presidente del Ecuador. Ocurrió un pateo, con bendición socialcristiana (v. ‘La ingenuidad y las farsas’).

 

Como ahora, al Presidente lo apoyaron PK y los independientes

A por el récord [v. 'El Fabiolo']

 

La genialidad está en la parte superior izquierda

 

La primera movida de Lasso tiene un aroma a pito futuro con PK y los demás. En términos prácticos, Lasso cuenta con 12 de 137 votos. Los otros 125 votos en la Asamblea son, en estricto rigor, sus posibles enemigos. Y su primera movida fue costosa, pues se enemistó con 65 votos (49 de UNES, 16 del PSC). A cambio, Lasso se alió con PK y otros para obtener un éxito coyuntural en la elección de autoridades en la Asamblea Nacional, pero esta es una alianza sin mucha perspectiva de futuro.

Primero, porque más allá de su primer chispazo hasta ahora la alianza no ha sido funcional (a fecha de este escrito, ni siquiera ha podido elegir secretario para la Asamblea Nacional y se instaló el viernes pasado) y, segundo, porque estos aliados de Lasso empezarán a jugar a la política ecuadorian style (un do ut des muy primario) con un país que está exangüe en su economía (v. ‘La ecuatorianidad al palo (it aint’t good)’). Cuando el gobierno de Lasso no pueda satisfacerlos, o cuando los haga cabrear a estos panas, ellos se le van a voltear como lo hizo Alarcón con Bucaram. Hoy, Alarcón es legión.

Estas son las matemáticas: 65 + 26 votos (sólo de PK) es igual a 91. El número mágico. Es, por ejemplo, el número con el que la Asamblea Nacional puede aprobar una muerte cruzada.

Sólo uniendo fuerzas entre Correa, Nebot y Fabián Alarcón es legión, Lasso estaría fuera en poco más de un año.

 

Por supuesto, las cosas pueden variar y puede que sean muchos más, o puede que Lasso los contente a todos en sus costosos caprichos y llegue siempre a los 70 votos para gobernar con viento en popa. Pero en esta política del Ecuador hay muchos canallas, gobernar con viento en popa es una fantasía, y defenderse con 12 asambleístas del acecho de los colegas-canallas es como pretender defenderse de una explosión abriendo un paraguas.

 

Lasso es un gran candidato para el estreno de la muerte cruzada. Con bendición socialcristiana.

La revancha popular

29 de agosto de 2020

El Gobierno de Lenin Moreno ha traicionado a la voluntad popular.

Voy a explicar la frase anterior: hubo un tiempo que el pueblo confió en el Presidente Lenin Moreno, en los albores de su Gran Traición período de Gobierno. Trepado en esa popularidad, el Presidente Moreno convocó en noviembre de 2017 a una consulta popular para aprobar siete reformas. Más allá de cosas de relleno, el propósito era doble: impedir la reelección del exPresidente Rafael Correa y crear un órgano transitorio que se encargue de destituir a las altas autoridades nombradas durante el Gobierno de Correa. El pueblo ecuatoriano confió en el Gobierno de Moreno y le concedió ambas cosas. Eran los tiempos dulces.

Ya luego todo se pudrió. Para empezar, el Consejo Transitorio devino en dictatorial (v., sobre esto, ‘La dictadura inadvertida’) y, en nombre del pueblo, decidió atribuirse unas ‘facultades extraordinarias’ y nombrar a dedo a las autoridades de reemplazo para las autoridades que ellos destituyeron. Esto daba motivo para la sospecha, pero pasó casi inadvertido.

Más motivos para sospechar lo dieron ciertas designaciones que hizo el Consejo Transitorio: hubo una fabulosa y otra en la que cojudeó al pueblo. La fabulosa fue la de Fiscal General del Estado (v., sobre esto, ‘Lo de la futura Fiscal Salazar hiede a corrupción’) y en la que se aplicó el arte del cojudeo fue en la del Contralor General del Estado. Sobre esto: por su singular ‘mandato’, adoptado el 8 de mayo de 2019, el Consejo Transitorio decidió no designar a la autoridad que reemplace al Contralor General destituido (Carlos Pólit), puesto que era necesaria una ‘reestructuración de la Contraloría General’ e instaba a los poderes del Estado a ‘viabilizar en el menor tiempo posible la creación de un Tribunal de Cuentas que reemplace a la Contraloría General del Estado’. Y mientras esto ocurría, debía asumir el Contralor subrogante, Pablo Celi, un ser dúctil y conveniente a los intereses persecutorios del Gobierno del Presidente Moreno. Esto fue un ‘se queda éste, mientras se hace esto otro, que jamás se hará’, es decir, una de las variantes más comunes en la que se conjuga el verbo cojudear.  

Ahora, el motivo de haberse creado el Consejo Transitorio fue para conducir una transición cuyo objetivo era traspasar el poder a un nuevo Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, originado en la voluntad popular. A este efecto se organizaron las elecciones del 24 de marzo de 2019, pero el pueblo ya no apoyó al Gobierno de Moreno, pues a cuatro de los siete integrantes del nuevo Consejo elegidos por la voluntad popular, se los reputó ‘correístas’. Esta fue una voz de alerta de que el pueblo ya le había dado la espalda al Gobierno de Moreno, pero igual el Gobierno no se dio por vencido y buscó la destitución de los elegidos por la voluntad popular, vía un juicio político en la Asamblea Nacional.

En este punto, el Gobierno de Moreno ya no contaba con el pueblo, pero todavía podía contar con el apoyo de varios partidos y movimientos políticos en la Asamblea Nacional (a este apoyo lo galvanizaba el ‘anti-correísmo’). Y el Gobierno contó con estos mamarrachos que se dicen representantes del pueblo (es de suponer que hospitales mediante), y triunfó: logró la destitución de los cuatro ‘correístas’ vía juicio político.

Con las elecciones del 2021 cada vez más cerca, la actuación del aparato estatal frente a los ‘correístas’ adquirió una pestilencia a persecución política imposible de soslayar. La actuación de las autoridades puestas de forma arbitraria, como la Fiscal Salazar y el Contralor Celi, de las autoridades electorales, de las autoridades de ese basural có(s)mico que es nuestro sistema de justicia… Todo está hecho tan a la maldita sea, tan sin un mínimo respeto a las garantías judiciales, que únicamente en este pobre país perdido para el Estado de Derecho, estas cosas, como son parte de la cotidianidad, no nos parecen ridículas; pero cuando se la contrasta con los estándares interamericanos de protección de derechos humanos, el que sabe se caga de la risa las advierte muy ridículas. Nuestro nivel es haitiano (pero sin ese buen ron).

Y aún ante todo esto, el pueblo más o menos se había hecho al dolor. Hasta que llegó la pandemia y explotó la corrupción, los amarres y las componendas (solo digo un apellido: Bucaram). Y aquí es cuando ya todo se pudrió, de forma irreversible y definitiva. El pueblo se apercibió de la corrupción, del cojudeo, de la persecución política. Le ha retirado su apoyo al Gobierno de una forma jamás antes vista: el Gobierno de Moreno malvive con un increíble y absurdo 8% de aprobación de su gestión*. Ya no tiene ni el apoyo de esos mercachifles de la política en la Asamblea Nacional, pues hace unos días, 123 de los 137 asambleístas que componen dicho órgano, le pidieron al Presidente que remueva a esa campeona del cinismo que ejerce la cartera de Gobierno, la otrora carta progresista devenida en bulldog de la derecha, María Paula Romo. Por supuesto, ella se va a quedar, pero eso no cambia que a su Gobierno ya no lo quiere nadie. Tiene el desprecio del pueblo y el de la Asamblea Nacional: ya es un cabal APESTADO.

Y a todo esto, la derecha ecuatoriana, en su laberinto.

Y es que ya estamos en la recta final rumbo a las elecciones del 2021, cuando se debe admitir que el propósito del Gobierno de crear un escenario de superación del ‘correísmo’ únicamente está produciendo el regreso del ‘correísmo’. Son tan imbéciles en el Gobierno, que no solo no produjeron el resultado que buscaban, sino que están produciendo el resultado contrario a lo que buscaban. (Y sumado a esto, como ya fue dicho, la derecha en su laberinto.) Así, la alternativa que le está quedando al ‘anti-correísmo’ para evitar el triunfo de sus rivales es vieja: la corrupción varia, las leguleyadas, o ya de plano, la alteración de los resultados el día de la elección presidencial (tengo para mí, que así llegó a la Presidencia el lisiado mental de Mahuad; dadas las circunstancias, no me extrañaría que vuelva a ocurrir). Pero ni eso: cuando la diferencia llega a ser muy grande (Nebot lo comprobó en 1996), ya nada se puede hacer.

Visto en esta perspectiva, lo que se está viviendo es el origen de una reacción frente a una traición. No la traición de Moreno a Correa, pero la traición del Gobierno de Moreno a la voluntad popular a la que apeló en noviembre de 2017. Cuando el pueblo ecuatoriano todavía le creía, el Gobierno de Moreno le pidió el voto para luchar contra la corrupción… pero el Gobierno de Moreno terminó siendo mucho peor en corrupción y en cinismo (¡la Romo!). Y también en incompetencia, que en este des-Gobierno es brutal.

Dígase lo que se quiera de nuestro pueblo**, pero se termina por dar cuenta y recuerda otros tiempos, previos a esta época de traiciones y miseria generalizada (moral y económica). Y entonces no es difícil intuir que su reacción, ya será una revancha. Y tampoco es difícil saber quién la podrá capitalizar: aquel candidato asociado con ese pasado reciente, a quien para singularizarlo, basta con ver a quien todos los demás le hacen cargamontón.

Y será una revancha, pero expresada en votos: una revancha popular.

*

* Dice mucho de nuestra clase política que a Gutiérrez el 2005 se lo bajaron con el 33% de aprobación de su gestión, mientras que a Moreno, ahora, se lo sostiene con el 8%.  Gutiérrez pactó con Bucaram y cayó;  Moreno pactó con Bucaram y sigue. La diferencia estriba en que Gutiérrez no era un mojón en la marea de los intereses de las élites, mientras que Moreno sí. Y es por eso que se lo sostiene.
** Tengo la convicción de que nuestros políticos desprecian a sus electores. Los consideran más como un ganado al que arrear, que como seres pensantes a los que respetar, lo que se observa muy claramente en los débiles argumentos que utiliza nuestra clase política para sostener la obligatoriedad del voto.

¿La tercera?

5 de junio de 2020


Corrían los primeros días de 1992 cuando en el diario El Universo se “pudo comprobar que la decisión está tomada y es definitiva”: Fabián Alarcón Rivera, de las filas del Frente Radical Alfarista (FRA), iba a acompañar “como binomio al abogado Jaime Nebot (PSC)”. Según el autor de la nota, este acuerdo se había alcanzado el jueves 2 de enero, “tras un diálogo que duró cerca de una hora entre Nebot Saadi y Alarcón Rivera, quien vino a Guayaquil con ese propósito” (‘Alarcón será binomio de Nebot’, 5 de enero de 1992).

Pero la noticia resultó falsa. En vez de Fabián Alarcón, Nebot lo escogió al ambateño Galo Vela Álvarez como su binomio en el primer fracaso en su ambición de ser el Presidente del Ecuador. Ese año 1992, al binomio Nebot-Vela lo venció una cuña de su mismo palo, compuesta por Sixto Durán-Ballén y Alberto Dahik. En su segundo fracaso, en 1996, a Jaime Nebot lo venció su archienemigo, Abdalá Bucaram. Y a él lo tumbó... Fabián Alarcón.

La lucha de titanes ochenteros... ¡todavía continúa!
Y el pueblo dijo: '¡Destruye! ¡Destruye!'

Desde 1996, Nebot quedó curado de espanto y nunca ha vuelto a intentarlo. Será finalmente en este junio, que despejará la duda de si se anima o no a una tercera carrera presidencial.

Mi pronóstico es que no. Es más digno un sosegado retiro.

El Fabiolo

18 de diciembre de 2019


Extra, 'informa primero y mejor', 2 de agosto de 1996.

Fue el 1 de agosto del año 1996 cuando Fabián Alarcón alcanzó un récord: es una de las escasas ocasiones en que un político ecuatoriano conseguía dirigir a la Función Legislativa por tres períodos. Lo había logrado, por ejemplo, Manuel Bustamante del Mazo, Presidente del Senado en los años 1853, 1855 y 1857. Alarcón empató a este prohombre serrano del siglo XIX, con sus tres períodos al mando del Congreso Nacional: uno en 1991-1992 y dos consecutivos en 1995-1996 y en 1996-1997. A diferencia de Bustamante, Alarcón no terminó su último período, pues fue interrumpido por la caída de Bucaram.

Ese mismo día 1 de agosto fue también el momento en que la Presidencia de la República se le jodió al PRE, incluso antes de haber empezado su ejercicio. El PRE pudo poner en el Congreso a alguien de probada fidelidad a su causa (whatever it is), pero optaron por apoyar la reelección del ladino Alarcón en la Presidencia, con 18 musculosos votos de los 44 que él obtuvo.

Pero en el PRE no contaban con la astucia del Fabiolo, que ya le había tomado el gustito al poder. Su siguiente paso fue eliminar a quien lo había ayudado a sostenerse: el Congreso que él presidía declaró “loco” a Bucaram en febrero de 1997, para luego declararlo a él como Presidente en reemplazo de Bucaram. Y desde entonces, Bucaram quedó fuera de juego, exiliado en Panamá.

Política, que le dicen.

El conspi-casete

8 de diciembre de 2019


A finales de los noventa, todavía era posible hablar de los cassettes, cuyo auge había sido en los años ochenta (más posible era en el Ecuador, un país fundamentalmente retrasado). Por ello, tras la caída de Abdalá Bucaram de la Presidencia de la República en febrero de 1997, él denunció en Buenos Aires que su hermana (es de suponer que fue Jelsita) había conseguido una “prueba plena de conspiración”, que era prueba “contundente sobre el reparto de poder, la tramoya, la búsqueda de utilización el poder judicial, el reparto legislativo que tienen para liquidar a Bucaram como candidato”. A esta prueba, el diario Extra lo conoció como “el conspi-casete”. Era esto:    


En Bogotá, Bucaram advirtió que lo que se buscaba era “joder a Bucaram” y “reformar la Constitución para que nunca más pueda ser Presidente, para que nunca más pueda ser candidato”.

Diario Extra, 19 de febrero de 1997

Veintipoco años después, se puede decir que aquellos que planearon sacarlo del juego a Bucaram, vaya que lo lograron. Hoy ya Bucaram no es candidato a nada: oscila entre ser un cadáver político y una broma de mal gusto.

En ese entonces, Bucaram bramaba que a este cassette: “El mundo lo conocerá.”

Y el mundo, fundamentalmente pillo, sonrió como Nebot en la foto.

Guayaquil, bastión de la derecha autoritaria

8 de octubre de 2019


Es 8 de octubre de 2019, víspera de las fiestas de independencia de la ciudad, y Guayaquil es la capital de un país dividido y el bastión de un gobierno impopular.

Con el Decreto Ejecutivo No. 888 del día 8 de octubre, el Presidente Lenin Moreno decretó el traslado de la “Sede de Gobierno a la ciudad de Guayaquil”. Así, Guayaquil se ha convertido en la capital administrativa del Ecuador mientras dure el estado de excepción (o visto desde otro ángulo: Quito se convirtió transitoriamente en Machachi in the parlance of la Guadalupe). El Presidente Lenin Moreno y su Gabinete sesionan desde el Gobierno Zonal en Guayaquil, en el opulento edificio que perteneció al Banco del Progreso y que Ricardo Patiño adecuó para el servicio público. Allí se reúnen las principales autoridades de las cinco Funciones del Estado ecuatoriano.

La historia es larga pero para hacerla corta, desde que los guayaquileños empezamos a elegir por voto popular al alcalde de nuestra ciudad (es decir, desde 1947), Guayaquil ha sufrido de tres populismos: el del CFP, el del PRE y el del PSC. Este último populismo es de carácter autoritario y de derechas, y está enquistado en la Alcaldía desde 1992.

Como a Guayaquil la democracia no le ha sentado bien, a fines de los ochenta y principios de los noventa la ciudad se hallaba en la mala: llena de basura, por fuera y por dentro del Palacio Municipal. El PSC se hizo fuerte frente al notorio fracaso del populismo del PRE, pues se erigió como la facción que “recuperó” a Guayaquil de esa etapa mala, con un caudillo autoritario y carismático como León Febres-Cordero a la cabeza.

Por este relato “heroico” del PSC es que creo que la facción de la derecha autoritaria (AKA “el fascismo”) en Guayaquil pudo emerger tan victoriosa frente al descalabro de los hermanos Bucaram, elegidos para el Sillón de Olmedo en 1984 (Abdalá) y 1988 (Elsa), pero incapaces de completar sus períodos. En la siguiente elección para la Alcaldía, en 1992, le llegó su turno al PSC, cuando ocurrió lo que según el filósofo italiano Norberto Bobbio justificó la emergencia del fascismo en la Italia de los años treinta: “la conquista del poder por parte del fascismo fue el resultado de una fecunda alianza entre precisos intereses de clase y turbios ideales, favorecidos por la crisis moral, social y económica que atravesaba un [cantón] como el nuestro, por larga tradición más acostumbrado a la opresión que a la libertad”. Donde se lee cantón, se leía (en el texto original de Bobbio) “país”… pero este reemplazo no altera un ápice el sentido de la frase, tan real en un caso como en el otro. En Guayaquil, fue la crisis de la ciudad por el gobierno del PRE lo que favoreció al emergente PSC, el partido de la derecha autoritaria de Guayaquil.

Ahora, ¿por qué digo que el PSC es de derechas? Porque el negocio de la Alcaldía del PSC, en la planificación y en la ejecución de las políticas públicas, es satisfacer a los intereses de las empresas constructoras. El crecimiento de Guayaquil, horizontal y de cemento, cuesta seis veces más que un crecimiento vertical y ambientalmente sostenible: es decir, el llamado “modelo exitoso” del PSC despilfarra una fortuna en hacer las cosas mal, siendo Guayaquil una de las ciudades más vulnerable a las inundaciones que hay en el mundo.

En otras palabras, el crecimiento de Guayaquil es económicamente estúpido… salvo que seas parte del negocio de la construcción (de cuyas filas emergió el Alcalde Nebot, boca abierta). Pero lo peor no es el despilfarro de los recursos (que te embuten como éxito para todos, cuando lo es para pocos), lo peor es el riesgo real que corre Guayaquil debido a las inundaciones en un futuro no muy lejano (una o dos generaciones más), sobre lo que nada efectivo se ha hecho.

Y luego, ¿por qué el PSC es autoritario? Pues por la forma vertical de su administración, en la que se ejecuta lo que ha decidido la cúpula. La concreción legal de esta verticalidad ocurrió en la “Ordenanza que regula el sistema de participación ciudadana del cantón Guayaquil”, que es una burla a la idea de gobierno democrático pues habilita a participar en la Asamblea Cantonal de Guayaquil únicamente a los 117 “representantes de la sociedad” que están mencionados en la Ordenanza. Pero si con acotar el número era insuficiente, la Alcaldía le ha repartido dinero de forma generosa a varios (acaso la mayoría) de estos 117 privilegiados en una ciudad de casi 3 millones de habitantes.

Y por si no quedaba claro quién mandaba, la Ordenanza en cuestión le reservó al Alcalde y un concejal un voto calificado en la Asamblea Cantonal del 51%. Como que esta norma se la hizo durante la Alcaldía de Jaime Nebot, sólo podía aspirarse con ella a que se haga su voluntad. O como lo advirtió quien entonces era Secretario del Municipio, Vicente Taiano, la norma debía diseñarse “para evitar intromisiones en las gestiones del Alcalde”.

Entonces, en estos días la Guayaquil del PSC ha llegado a una cúspide: se ha erigido como la capital administrativa del Ecuador. Como Guayaquil es la casa de la derecha autoritaria desde 1992, es natural que sea la sede de un gobierno nacional que ha adoptado unas medidas tan favorables a las empresas y tan perjudiciales para el ciudadano común.

Y, por supuesto, a la derecha autoritaria de Guayaquil le sienta muy bien el racismo que se pone en evidencia en un país dividido, así que es apenas natural que se adopte su tono para la marcha de mañana (pues su telón de fondo es, no nos engañemos: “aquí no pasarán estos indios brutos” –con palabras un poco más elegantes, claro).

Es por eso, conciudadanos de Guayaquil, que la marcha de mañana 9 de octubre más que una resistencia, es una celebración. Es la celebración de la derecha autoritaria y de los áulicos del Presidente más impopular e infradotado de los últimos tiempos. Y un triste papel, siendo ya el 2019.