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Borrero, condenado

1 de mayo de 2026

            Publicado en diario Expreso el viernes 1 de mayo de 2026.

Hubo un hombre que sostuvo con ardor una Constitución, cueste lo que cueste. No cualquier Constitución: una de las más populares/impopulares de la historia del Ecuador. Popular por su aprobación en referéndum con el 96.36%. Impopular por sus consecuencias: su afán de orden teológico coartaba libertades y el resultado de esta opresión fue el asesinato de su creador. 

La “Carta Negra” (así pasó a la historia) duró un período de gobierno entre 1869 y 1875, año de la muerte de su creador. El hombre que lo reemplazó, tras las elecciones en 1875, fue el cuencano Antonio Borrero. Él sostuvo con ardor la Constitución de 1869. 

Borrero llegó a Presidente en una de las dos elecciones que, hasta la creación en 1945 de un órgano electoral independiente (o debo decir: “independiente”), ha sido reputada como honesta. (Antes de 1945 las elecciones las organizaba el gobierno y se podrán imaginar cómo nos iba: casi invariablemente ganaba el organizador. Después de 1945, sigue pasando.) Esta elección fue la inmediata tras el asesinato de García Moreno, creador de la Constitución de 1869, que obligaba al ecuatoriano a ser católico para gozar de sus derechos como ciudadano. 

Los liberales detestaban esta Constitución, con razón. Y habían apoyado a Borrero porque él se había manifestado en contra de la Constitución (la había llamado “monstruosa”). Pero cuando ganó, Borrero se hizo el loco y decidió que iba a seguir gobernando con la Constitución de 1869. 

Los liberales le imputaron el ser inconsecuente. Él temía, tal vez, que su poder iba a pasar a otras manos si organizaba una asamblea constitucional. El quería terminar su período, gobernar hasta 1881.

El cuencano Borrero no podía saberlo, pero el poder iba a pasar a otras manos si no organizaba una asamblea constitucional. El cabildo de Guayaquil, presidido por el alcalde José Vélez (el mismo de la calle del centro), apoyó el levantamiento del Comandante General de la Plaza de Guayaquil, el general quiteño Ignacio de Veintemilla, nombrado por el propio Borrero. 

Empezó una guerra por el poder: los revolucionarios comandados por Veintemilla en lucha contra el ejército del gobierno. Esto se llamó “revolución septembrina”, por la fecha en que el cabildo de Guayaquil declaró Jefe Supremo a Veintemilla, el 8 de septiembre de 1876. Su motivación: la consideración de Borrero como inconsecuente a los principios liberales y la necesidad de convocar a una asamblea constitucional para reemplazar la “Carta Negra”. 

El Jefe Supremo Veintemilla, frente a la asamblea guayaquileña que lo había nombrado como tal, prometió “reorganizar la República bajo los verdaderos principios de la causa liberal”. Luego desvarió.

Pero en aquel entonces se trabó una guerra. Después de triunfar en las batallas de Galte y Los Molinos, Veintemilla entró en Quito a fines de diciembre para ocupar la Presidencia. Se había consumado un golpe de Estado y Borrero terminó su gobierno en un año y monedas. 

Pobre Borrero: si convocaba la asamblea se perdía, por no convocarla se perdió. Este hombre estaba condenado: con la asamblea o sin ella, su suerte era caer.

Tras consumarse el golpe de Estado, Borrero fue encarcelado y, posteriormente, fue desterrado al Perú. 

182 varones

27 de septiembre de 2024

            Publicado en diario Expreso el viernes 27 de septiembre de 2024.

Rocafuerte, García Moreno y Alfaro: tres héroes políticos del siglo diecinueve (en el caso de Alfaro, hasta entrado el siglo veinte). El dato curioso: ninguno llegó a la presidencia por la voluntad popular.

Rocafuerte ocupó la presidencia por un único período, entre 1835 y 1839. Su período de gobierno fue consecuencia de haber triunfado su ejército en la batalla de Miñarica, el 19 de enero de 1835. El triunfo en esta primera guerra civil entre ecuatorianos produjo la reunión de una Asamblea Constitucional, la primera que estableció en la Constitución que el Ecuador era una república y ya no parte de una tan deseada como extraviada confederación. Esa Asamblea, el 8 de agosto de 1835 y por 25 votos (de 39 posibles) lo designó a él Presidente de la República.

García Moreno ocupó la presidencia en dos períodos no consecutivos, primero entre 1861 y 1865, después entre 1869 y 1875. Su primera presidencia surgió como fruto de la guerra civil de 1859-1860 y tras la organización de una Asamblea Constitucional, que dictó la sexta Constitución de la República del Ecuador y que lo designó a él, el 2 de abril de 1861 y por 37 votos (todos los diputados, menos uno) Presidente de la República.

La segunda presidencia de García Moreno ocurrió por un golpe de Estado. Para evitar que en las elecciones a celebrarse en mayo de 1869 triunfe la opción liberal que Francisco Xavier Aguirre representaba, García Moreno produjo un Golpe de Estado el 17 de enero de 1869. Convocó una nueva Asamblea Constitucional, que dictó una nueva Constitución (la séptima). Esta Asamblea lo designó Presidente de la República, el 9 de agosto de 1869 y por 28 votos (de 30 posibles). El magnicidio del 6 de agosto de 1875 concluyó con su período presidencial, cuatro días antes de terminar el período.

Alfaro también ocupó la presidencia en dos períodos no consecutivos, primero entre 1897 y 1901, y después entre 1906 y 1911. La primera presidencia de Alfaro surgió como fruto de una guerra civil en la que triunfó la revolución liberal y se convocó a una Asamblea Constitucional, que elaboró la décima Constitución de la República del Ecuador y lo designó a Alfaro Presidente de la República el 17 de enero de 1897, por 51 votos (de 63 posibles). 

La segunda presidencia de Alfaro se originó por un golpe de Estado. El 31 de diciembre de 1905, el presidente Lizardo García recibió un telegrama en el que se le deseaba un feliz año y se le informaba de una insurrección que proclamaba Jefe Supremo a Alfaro. En cosa de veinte días, el golpe de Estado estaba consolidado. Luego, lo típico: una Asamblea Constitucional, que dictó una nueva Constitución (la décimo primera de la república) y que lo designó Presidente de la República a Alfaro el 23 de diciembre de 1906, con 41 votos (de 60 posibles). Lo que empezó con un golpe de Estado, concluyó con otro, consumado el 11 de agosto de 1911, que lo sacó a Alfaro al exilio veinte días antes de que concluya su período.  

En resumen, tres presidentes relevantes de nuestra historia y un total de cinco períodos de gobierno, pero en ninguno de ellos se llegó a ocupar el cargo por la voluntad popular directa (en cinco asambleas de representantes, los votaron 182 varones).

1979

8 de diciembre de 2023

             Publicado en diario Expreso el 8 de diciembre de 2023.

El 10 de agosto de 1979 el Ecuador regresó a la democracia después del período dictatorial más extenso de su historia. Aquel año entró en vigor una nueva Constitución y se posesionó a un Presidente joven y progresista, el abogado guayaquileño Jaime Roldós Aguilera, elegido tras su triunfo en una segunda vuelta disputada contra Sixto Durán-Ballén en abril de 1979.  

En los veinte años anteriores a 1979 apenas se realizaron dos elecciones presidenciales, que tuvieron a un mismo vencedor. En las elecciones de 1960 y de 1968 triunfó el mismo que ya había ganado en las elecciones presidenciales de 1952 y de un lejano 1933, el quiteño José María Velasco Ibarra. Ninguno de estos dos períodos presidenciales (1960-1964 y 1968-1972) los pudo Velasco Ibarra concluir. 

El de 1960-1964 lo interrumpió un golpe de Estado militar en 1961 y el de 1968-1972 lo interrumpió el propio Velasco Ibarra cuando se declaró dictador en 1970. Nuestro Presidente más veces vencedor en las urnas (un total de cuatro) también fue un contumaz entusiasta de la dictadura. La intentó sin éxito en 1935 (tiempos de su célebre: “Me precipité sobre las bayonetas”) y la intentó con éxito en 1946. En su último período presidencial la volvió a intentar y terminó por gobernar el país por espacio de 603 días sin contrapesos políticos oficiales, hasta que un golpe de Estado en 1972 (conocido como “El carnavalazo”) acabó con su gobierno.

Tras el golpe de Estado militar de 1961, a Velasco Ibarra lo sucedió su vicepresidente, Carlos Julio Arosemena Monroy (a quien, por cierto, lo destituyó otro golpe de Estado militar en 1963), mientras que tras el golpe de Estado militar de 1972 a Velasco Ibarra lo reemplazó el general Guillermo Rodríguez Lara. 

Al general “Bombita” Rodríguez, a su vez, en 1976 le hicieron un nuevo golpe de Estado, por el que se encumbró a la dictadura un triunvirato militar que se comprometió a devolver al Ecuador al orden constitucional. Prometieron, cuando asumieron, que la democracia volvería el año siguiente, a fines de 1977.

Por supuesto, no lo cumplieron. Ni tampoco confiaron en la democracia y en los partidos políticos, y por eso nombraron a dos comisiones para que elaboren sendos proyectos de Constitución que serían puestos a consideración del pueblo: un proyecto fue la Constitución de 1945 reformada y el otro fue una Constitución nueva. En el referéndum que se celebró en enero de 1978 ganó la nueva. (Fue la primera vez que una Constitución no la redactó una Asamblea Constitucional).

En total, en los veinte años precedentes a esta nueva Constitución y a un Roldós tan joven y progresista, el Ecuador había tenido dos golpes de Estado contra un único Presidente elegido en sendas elecciones (Velasco Ibarra), una Asamblea Constituyente y una nueva Constitución de la República (en 1967), dos Presidentes de apellido Arosemena, al bueno y barcelonés de Clemente Yerovi y alrededor de doce años de dictadura. Y casi dos años de dictadura le corresponden a un dictador civil, que ocurre que es nuestra gran figura democrática del siglo XX.

Por eso, agosto de 1979 fue un gran momento de esperanza para el pueblo ecuatoriano. La política ecuatoriana, por supuesto, no tardó nada en arruinarlo todo.

El ensueño breve de García Moreno

20 de enero de 2023

            Publicado en diario Expreso el 20 de enero de 2023.

La séptima Constitución del Estado del Ecuador, adoptada en 1861, prescribía un período presidencial de cuatro años y prohibía la reelección consecutiva del presidente, habilitándola después de un período (Art. 62). La octava Constitución, adoptada en 1869, prescribía un período presidencial de seis años y autorizaba la reelección consecutiva del presidente, prohibiendo una siguiente reelección (Art. 56). Bajo el imperio de la primera Constitución, Gabriel García Moreno gobernó un período completo de gobierno. Bajo el imperio de la segunda, murió en el intento.

La Constitución de 1861 fue el fruto de una guerra civil que casi despedaza al Ecuador. El bando triunfador convocó a la reunión de una Asamblea Constitucional que produjo esa Constitución y que eligió Presidente Constitucional a Gabriel García Moreno. Pero la Constitución de 1861 le pareció a él insuficiente para gobernar y le impuso una pausa forzosa a su gobierno. García Moreno concluyó su período en 1865 y recién podría volver a gobernar en 1869.

Para la elección de 1869, una alianza interregional de Guayaquil y Cuenca había postulado la candidatura a la Presidencia de Francisco Xavier Aguirre, “un guayaquileño muy poderoso y enraizado en la sociedad costeña, capaz de arrastrar tras su figura el voto mayoritario”, como lo definió Ana Buriano. Frente a la posibilidad de perder la elección, subido en una ola de popularidad por su gestión exitosa en Imbabura tras el terremoto de agosto de 1868, García Moreno sublevó el 16 de enero de 1869 a la guarnición de Quito y obtuvo el apoyo de un acta firmada por los notables quiteños. Elegido por ellos Presidente “provisional”, también eligieron Vicepresidente a su cuñado, el quiteño Manuel Ascázubi. 

En su nuevo cargo, García Moreno organizó las elecciones para una Asamblea Constitucional a la que pobló de adictos suyos. Ella produjo la Constitución de 1869, la que daría forma a su proyecto católico, aquel que la Constitución de 1861 le impedía concretar porque según él decía, “las leyes que tenemos son insuficientes para impedir el mal y hacer el bien”. García Moreno sometió la Constitución de 1869 a referéndum (volvería a ocurrir en 1978 y 2008) y ganó con una aplastante mayoría del 96.36% (de un universo de 14.154 votantes).

La Asamblea Constitucional de 1869 lo eligió Presidente Constitucional a García Moreno. En esos casi seis años gobierno, García Moreno llevó a cabo su ambicioso proyecto conservador para “hacer el bien”. Y ahora que podía, buscó la reelección. 

Del 3 al 5 de mayo de 1875 se celebraron elecciones para la Presidencia (período 1875-1881). El aplastante triunfador fue García Moreno con el 99.1% de los votos (de un universo de 22.726 votantes). Él debía empezar su nuevo período el 10 de agosto pero machetazos y balazos acabaron con su vida, el 6 de agosto, al pie del Palacio de Carondelet. 

En 1875, ya estando a toque, Gabriel García Moreno no pudo concretar la reelección. Nuevamente, el héroe conservador no pudo continuar su obra. En 1865 se lo impidió la ley, en 1875 se lo impidieron manos asesinas. 

Y su obra fue efímera. Una nueva Constitución, la novena, adoptada en 1878 tras un nuevo golpe de Estado, desmontó su sistema conservador.  

Brutal diatriba contra Veintemilla

26 de junio de 2017


La segunda catilinaria de Juan Montalvo es brutal. En ella, el ambateño se dio gusto insultando al Presidente de la República, al punto de atribuirle los siete pecados capitales:

“Ignacio Veintemilla no ha sido ni será jamás tirano: la mengua de su cerebro es tal, que no va gran trecho de él à un bruto. Su corazón no bate; se revuelca en un montón de cieno. Sus pasiones son las bajas, las insanas; sus ímpetus, los de la materia corrompida, é impulsada por el demonio. El primero soberbia, el segundo avaricia, el tercero lujuria, el cuarto ira, el quinto gula, el sexto envidia, el sétimo pereza; esa es la caparazón de esa carne que se llama Ignacio Veintemilla” (1).

Montalvo describió a continuación, por varias páginas, los siete pecados capitales que atribuyó a Veintemilla (2). Y concluyó que éste “no se contenta con la bolsa; le quita a la camisa á al República, la deja en cueros, y allá se lo haya con su desnudez la pobre tonta […] la santa Hermandad tiene el deber de colgar á los ladrones en dondequiera que les echa mano al coleto. Los ojos para las gallinazas, la asadura para los perros, hé aquí tu merecido, Ignacio de Veintemilla” (3).

Acerada saña, la del zambo.

(1) Juan Montalvo, ‘Segunda Catilinaria’, Imprenta de ‘La estrella de Panamá’, Ciudad de Panamá, 5 de abril de 1880, pp. 3-4.
(2) Ignacio Veintemilla (1828-1908) es el gobernante ecuatoriano que más tiempo ha ejercido de continuo el poder, después de Rafael Correa. Pero a diferencia de Correa, Veintemilla llegó al poder por un golpe de Estado el 8 de septiembre de 1876 y, a su vez, fue depuesto por otro golpe de Estado que se consolidó en el territorio nacional el 9 de julio de 1883. Ese día, Ignacio Veintemilla zarpó desde Guayaquil al exilio. Volvió al país en 1907, se radicó en Quito y murió al año siguiente.
(3) Ibíd, p. 15. “Echar mano al coleto” equivale a “aprehenderlo” (el “coleto” es un chaleco). La “Santa Hermandad” es la corporación que castigaba a los malhechores en el campo.

Bucaram vs. Nebot: La Pelea del Siglo (pasado)

24 de junio de 2017


Un desubicado

Abdalá Bucaram Ortiz (n. 1952) es un político que regresa después de un largo exilio (1). En la memoria colectiva de Guayaquil, Bucaram representa una época de nuestra ciudad: el desorden, la vocinglería y la corrupción de los años ochenta (2). Bucaram ha vuelto, pero en su conducta no ha superado la retórica y la actitud de esa época, que marca su estilo político (3). Bucaram ha vuelto, pero con los ochentas todavía insertos. Los Iracundos lo testimonian.

Abdalá Bucaram ya no electriza a su público como lo hizo en sus buenas épocas (hasta la segunda vuelta de la elección presidencial de 1996). Hoy apenas lo entretiene. No es un líder de masas, es folklore. Su rol político es marginal, pero puede resultar importante en la historia de Guayaquil como un removedor de caca.

Porque Abdalá Bucaram es el Loco que ama… que ama odiar. Y el odio requiere siempre de un enemigo.

Otro desubicado

Jaime Nebot Saadi (n. 1946) ha consolidado su dominio hegemónico de la ciudad de Guayaquil. En esta ciudad, desde 1992 los alcaldes socialcristianos (Febres-Cordero y Nebot) han capitalizado la superación del roldosismo y se han erigido como sus salvadores.

El modelo de desarrollo socialcristiano, ni supera el roldosismo, ni significa una alternativa viable para Guayaquil. El liderazgo autoritario, el capitalismo de amigos, el crecimiento urbano que privilegia el bien privado por encima del bien público, sin planificación ni cuidado ambiental: toda la orquestación del PSC es típicamente ochentera.

Por lo anterior, Jaime Nebot registra muchos aspectos vulnerables en su administración de la ciudad. La vocinglería de Bucaram podría ocuparse de ellos.

El escenario

En 1985, el alcalde de Guayaquil Abdalá Bucaram Ortiz tenía unos pocos años en política (empezó como Intendente de la provincia del Guayas durante la administración de su cuñado Jaime Roldós en 1979) y el gobernador de la provincia del Guayas Jaime Nebot Saadi tenía aún menos (se inició en política con ese cargo, durante la administración de su mentor León Febres-Cordero, en 1984). Esas dos autoridades con asiento en Guayaquil se enfrentaron los años 1984 y 1985, y hubo detenidos, heridos y muertos en ambos bandos. En junio de 1985, Bucaram opinó que las Fuerzas Armadas “solo sirven para desfilar en octubre y se llevan la mitad del presupuesto nacional” y Nebot lo demandó por injurias calumniosas para meterlo en cana. Todo orquestado, Vieja Guardia style. Ante la inminencia de la prisión y lo que en ella le podría suceder, Abdalá Bucaram se avocó a su primer exilio en Panamá.

En 1996, Bucaram y Nebot se enfrentaron en la segunda vuelta para elegir Presidente de la República del Ecuador. Triunfó Bucaram, pero no duró mucho. En 1997, a instancias de una orquestación del PSC et al. (con el PSC capo di tutti capi) se orilló a Bucaram a un nuevo exilio en Panamá (su tercero).

En 2017, Nebot es el alcalde de Guayaquil y Bucaram ha vuelto. Bucaram es un político que necesita un enemigo para existir. Nebot tiene algunos aspectos débiles que pueden ser aprovechados por Bucaram. Nebot, conceptualmente, representa el ethos ochentero, el greed is good de Gordon Gekko; en la práctica, es un representante del “capitalismo de amigos”, de un crecimiento urbano perverso y de las mañas de la Vieja Guardia política; como pieza de un juego estratégico, es un antiguo enemigo y alguien a quien ya Bucaram ha vencido en lo que más les importaba a ambos. Es, por ende, un candidato ideal para renovar su enemistad.

Fight!

Es prematuro saber cómo se desenvolverán las cosas, pero el hecho cierto es que grosso modo se enfrentarán dos estilos políticos en Guayaquil: el caos corrupto bucaramista versus el orden tramposo socialcristiano. Dos estilos esencialmente ochenteros, vuelven entonces a enfrentarse. Guayaquil es una ciudad atrapada en el pasado (4).

Abdalá Bucaram buscará remover la caca y salpicar con ello a la administración del PSC, en especial, al alcalde Nebot. Payback time. Y puede que su época haya ya pasado, pero Bucaram todavía puede ser útil para la superación de su viejo enemigo.

En una sociedad tan homogénea como la guayaquileña, Bucaram puede jugar el papel de un disruptor. El Loco no tiene nada que perder. Y no importa tanto el emisor, porque lo importante es nombrar las cosas, que de a poco a poco estas empezarán a discutirse (5).

Así, Abdalá Bucaram vs. Jaime Nebot en el trienio 2017-2019 es la pelea del siglo. Pero del siglo que ya pasó. Y eso significa dos cosas.

Primero: el que una pelea del siglo pasado sea la modernidad política de Guayaquil, habla horrores de la debilidad cívica de nuestra ciudad.

Segundo, que lo que quede de esta pelea, debe ser un punto de partida para pensar de manera distinta a Guayaquil. Principalmente, para pensarla a la contra de este par de políticos desubicados y caducos.

(1) En rigor, son cuatro “exilios”. El primero, en 1985, con retorno en 1987; el segundo, en 1988, con retorno en 1990; el tercero, en 1997, con breve retorno el 2005; el cuarto, en 2005 hasta su retorno definitivo el 2017. En un lapso que abarca 32 años, Bucaram ha pasado un 25% (alrededor de ocho años) en el Ecuador. El resto, en sus sucesivos asilos en Panamá.
(4) En Guayaquil, uno puede tener la sensación de que una canción de Vilma Palma podría ser un hit del verano: una ciudad carcomida por su pasado.
(5) Esta intuición la abrigó un diputado ecuatoriano a la Asamblea Constituyente del año 1883 la primera vez que se discutieron los derechos de la mujer al voto (en los primeros 53 años del Estado ecuatoriano el tema no se había hablado jamás: era a fact of life). El diputado expresó una honda preocupación por lo acontecido en la Asamblea: “[n]osotros no debíamos haber discutido este punto porque hay el peligro que las mujeres abran los ojos y crean que pueden ser ciudadanas”. (‘El sufragio femenino en el Ecuador’). Ese es el riesgo que corre la Alcaldía de Guayaquil: que el nombrar y discutir nuestros problemas urbanos termine por empoderar a una ciudadanía, hoy dormida.

El stand-up de Bucaram [2017]

22 de junio de 2017


El primer discurso de Abdalá Bucaram (n. 1952) en Ecuador, después de su fallido retorno en abril del 2005, se llevó a cabo en las calles Francisco Segura y la 24 de esta ciudad de Guayaquil, el sábado que pasó. Su manantial de guatdefoquismos se puede ejemplificar con los siguientes 10 puntos, en un creciente “WTF?”

Bucaram en tarima. Fuente

10) “Yo necesito que nadie se mueva. Estoy hablando con mi pueblo, pues”. Esta frase fue un síntoma porque, en general, Bucaram estuvo incómodo en la tarima. Y como es un incontinente verbal, lo hizo notar [25:55-26:10].

9) Le envió un mensaje “cifrado” a Jaime Nebot: le va a extender la mano “aunque se me lleve las huellas digitales” [46:49-46:55] (1).

8) “Yo tuve varios traidores, y deben saber la verdad. La primera, una señora [Rosalía Arteaga], que fatigaba su cuerpo con mis enemigos, para dar un golpe de Estado. Un traidor, testaferro, llamado Fabián Alarcón. Y unas Fuerzas Armadas oligárquicas, que se entregaron a un general que me traicionó [Paco Moncayo]”. Su “confesión” sobre el golpe de Estado es de una simpleza conmovedora [23:29-24:00] (2).

7) Su cuento sobre el político argentino Juan Domingo Perón, “ladrón, cabrón y maricón”: un larguísimo divague para llegar a la conclusión de que “el pueblo quiere a Abdalá” [20:18-22:32].

6) “El Loco no es de esos políticos que cuando bailan, bailan para atrás. Yo bailo para adelante” (gesto lascivo incluido). Bucaram es un adulto mayor, que piensa y vive como un adolescente perpetuo [19:58-20:07].

5) Se atrevió a sugerir que había sido un excelente alcalde de Guayaquil (“Alcalde insuperable”) [43:30-43:40].

4) “Este partido se llama pueblo contra oligarquías ecuatorianas, compatriotas”. This is good ol’ populism [36:38-36:48]

3) Abdalá está en una misión divina: “Porque Dios, Dios, a sus elegidos, les deja tinta en el tintero. Y acá llego yo, lleno de tinta, por arriba, por abajo y por todos lados, pura tinta, para cobrármelas a las oligarquías nacionales. Un aplauso para El Loco” [41:17-41-40].

2) “Cuando nos limpiamos el trasero, nos limpiamos con papel blanco, compatriotas”. Una exaltación anal de la lucha contra el racismo, al servicio de la ultra-demagogia [28:55-29:55].

1) “Yo he visto llorar a Dios, yo he sentido llorar a Dios”: en su delirio de ser un Elegido de Dios (v. punto 3), Bucaram no es que le haya visto las nalgas en la zarza como Moisés... es que lo ha visto a Dios mismo, y además, ¡lo ha visto llorar, lo ha “sentido” llorar! [26:38-27:50]

Troesma.

La verdad de la milanesa: Abdalá Bucaram ya no electriza a su público, apenas lo entretiene. En este país, ya distinto al país que había 20 años atrás y que lo eligió presidente en vez de elegir a su enemigo Jaime Nebot, Bucaram está condenado a desempeñar un rol más o menos marginal.

Pero una cosa es cierta: Bucaram buscará recuperar su espacio en Guayaquil, a costa de su viejo enemigo. Y tiene un ventilador y un montón de mierda para tirarle.

(1) Es moneda común que El Loco lo raye a Nebot de ladrón con este chiste, v., ‘Usted escucha a Correa y es una mala copia de Bucaram’. En general, como le ganó en la elección más importante de su vida política, Bucaram lo tiene a Nebot para el chuleteo, pues “Nebot jamás superó su derrota electoral”, en razón de lo cual Bucaram afirma que “él vive lleno de odio y yo lo entiendo, porque la gente le hacía bromas, desde el día antes de la elección (segunda vuelta electoral). La gente decía en las calles que Nebot le había dicho a su mujer: “Mijita, desde mañana te acostarás con el Presidente de la República”, y la mujer había dicho: “¡No, por favor, con Abdalá no!”, Ibíd.
(2) El cuento de El Loco es que Rosalía Arteaga vacilaba con Paco Moncayo y su hermana, Claudia, con el embajador de la Yoni, Leslie Alexander, v. Ángel Beccassino, ‘¿Quién le teme a Abdalá Bucaram?’, Editorial Nuevamerica, Bogotá, D.C., 2006, p. 125.

Presidentes constitucionales con menos de un año en funciones

21 de junio de 2017


Esta lista corresponde a una oncena de fulanos que en la República del Ecuador fueron elegidos (por distintas vías, pero todas ellas arregladas a la Constitución vigente en el momento de su elección) Presidentes Constitucionales y duraron menos de un año en funciones. Por distintas razones:

1) Diego Noboa Arteta (1789-1870).- Noboa fue elegido por una Asamblea Constitucional el 25 de febrero de 1851. Gobernó desde el 26 de febrero de 1851 hasta el 13 de septiembre de ese mismo año, cuando fue destituido por el golpe de Estado de José María Urbina.
2) Javier Espinosa Espinosa (1815-1870).- Espinosa fue elegido por el Congreso Nacional. Gobernó desde el 20 de enero de 1868 hasta el 19 de enero de 1869, cuando fue destituido por el golpe de Estado de Gabriel García Moreno.
3) Antonio Borrero Cortázar (1827-1911).- Borrero fue elegido por voluntad popular. Gobernó desde el 9 de diciembre de 1875 hasta el 8 de septiembre de 1876, cuando fue destituido por el golpe de Estado de Ignacio de Veintimilla.
4) Lizardo García Sorroza (1844-1927).- García fue elegido por voluntad popular. Gobernó desde el 1 de septiembre de 1905 hasta el 15 de enero de 1906, cuando fue destituido por el golpe de Estado de Eloy Alfaro.
5) Emilio Estrada Carmona (1855-1911).- Estrada fue elegido por voluntad popular. Gobernó desde el 1 de septiembre de 1911 hasta el 21 de diciembre de 1911. Falleció de muerte natural.
6) Gonzalo Córdova Rivera (1863-1928).- Córdova fue elegido por voluntad popular. Gobernó desde 1 de septiembre de 1924 hasta el 9 de julio de 1925, cuando fue destituido por la Revolución Juliana.
7) Juan de Dios Martínez Mera (1875-1955).- Martínez fue elegido por voluntad popular. Gobernó desde el 5 de diciembre de 1932 hasta el 19 de octubre de 1933, cuando fue destituido por el Congreso Nacional.
8) José María Velasco Ibarra (1893-1979). Velasco fue elegido por voluntad popular en cuatro de sus cinco presidencias. Así fue en su primera, en la que gobernó desde el 1 de septiembre de 1934 hasta el 21 de agosto de 1935, cuando fue destituido por el Ejército.
9) Mariano Suárez Veintimilla (1897-1980).- Suárez sucedió al coronel Carlos Mancheno Cajas, un fugaz golpista que destituyó a José María Velasco Ibarra en su segunda presidencia. Gobernó desde el 3 de septiembre hasta el 16 de septiembre de 1947, cuando renunció ante una Asamblea Constitucional.
10) Carlos Julio Arosemena Tola (1888-1952).- Arosemena fue elegido por la Asamblea Constitucional, tras la renuncia de Suárez. Gobernó desde el 16 de septiembre de 1947 hasta el 31 de agosto de 1948. Lo sucedió Galo Plazo Lasso, elegido por voluntad popular.
11) Abdalá Bucaram Ortiz (1952).- Bucaram fue elegido por voluntad popular. Gobernó desde el 10 de agosto de 1996 hasta el 7 de febrero de 1997, cuando salió del país con rumbo a Ciudad de Panamá. Lo reemplazó el presidente del Congreso Nacional, Fabián Alarcón Rivera.

En total: Una gestión cumplida (Carlos Julio Arosemena Tola), una renuncia voluntaria (Mariano Suárez Veintimilla), una destitución por el Congreso Nacional (Juan de Dios Martínez Mera), una muerte natural (Emilio Estrada Carmona) y siete golpes de Estado (Diego Noboa, Javier Espinosa, Antonio Borrero, Lizardo García, Gonzalo Córdova, Velasco Ibarra y Abdalá Bucaram).

Benjamín Ortiz (Naipe Centralista)

15 de junio de 2017



Con ustedes, el “Jefe mayor de los sociólogos vagos” que colmaron las columnas del extinto diario Hoy. Se lo acusa de ser, junto a Jamil Mahuad (que en ese entonces era alcalde de Quito) uno de los que manejó la caída de Bucaram en 1997.

Y también de tener una trabazón mental: tener una visión del país “encerrada en el callejón interandino”.

El historiador se escribe

1 de mayo de 2017

Francisco Xavier Aguirre Abad (1808-1882) fue político e historiador. En esta última calidad escribió un libro de historia del Ecuador (“Bosquejo histórico de la República del Ecuador”) en el que Aguirre figuraba como político.

A inicios de 1850 el Presidente de la República designado por el Congreso Nacional era el Dr. Manuel de Ascázubi y Matheu (1804-1876), primer quiteño en ocupar la presidencia y vicepresidente de Vicente Ramón Roca, que gobernó entre 1845 y 1849. Ascázubi llegó de chiripa a la Presidencia: ante la imposibilidad de decidir a un sucesor de Roca entre los guayaquileños Antonio Elizalde y Diego Noboa, el Congreso Nacional de 1849 decidió designarlo a Ascázubi, como una alternativa frente a esta indecisión.

Pero Ascázubi no iba a durar. Empezó a gobernar el 16 de octubre de 1849 y, desde el vamos, en Guayaquil se concertaron planes para deponerlo. Es sobre una de esas tratativas, por las que Aguirre se escribe:

“Con este objeto se volvió a pensar en un Gobierno Provisorio y para componerlo llamó Urvina a su concuñado, el Dr. Aguirre, que había sido uno de los más opuestos a la revolución. Díjole, que consumada la revolución, los buenos patriotas debían interesarse en dirigirla; que un Gobierno compuesto del General Elizalde, del Sr. Novoa [sic] y del mismo Aguirre, inspiraría confianza a toda la población, con lo cual la República marcharía en el mejor orden, y para persuadir a su concuñado, quiso halagarle diciéndole que en el Gobierno podía contar con la amistosa deferencia del General Elizalde, lo que le daría siempre la mayoría en las deliberaciones. Aguirre se negó rotundamente, con lo cual quedó frustrado el proyecto del Gobierno Trino” (1).

Fuente: Bosquejo histórico de la República del Ecuador



Aguirre Abad se negó rotundamente, pero la “revolución” finalmente se hizo el 20 de febrero de 1850 y proclamó a Diego Noboa como Jefe Supremo. Esto, al historiador Aguirre no le extrañaba, pues era “cosa que debía esperarse de un hombre [Noboa] que siempre había aspirado a Gobernar la República, o al menos Guayaquil, y que no reparaba en la inmoralidad de semejante revolución” (2).

A Noboa se le puede aplicar el dicho “Quien a hierro mata, a hierro muere”, porque él a su vez fue depuesto por José María Urbina al año siguiente. El 17 de julio de 1851, cuando pretendía desembarcar en Guayaquil, lo recibieron…

“…dos esquifes armados a los comandantes Cornejo y Torres, para que lo aprendiesen [al Presidente Noboa] en el río y lo depositasen en el barquito de Guerra, que estaba frente a la ciudad. Los comisionados ejecutaron estas órdenes con toda puntualidad. Seguidamente le hicieron partir a Centro América en el mismo buque, en vez de recibirle con los arcos triunfales que su sobrino el Gobernador Carvo [sic] le tenía preparados” (3).
 
De la narrativa de estos hechos, de los que Aguirre fue parte, extrae como historiador una moraleja en relación con el triunfo fugaz de Noboa:

“La Historia no debe omitir la relación de hechos, que pasados en la oscuridad de la familia, sirven para hacer conocer la verdad y para formar un juicioso concepto del carácter y conducta de los hombres que por medios tortuosos y mezquinos logran elevarse al poder” (4).

(1) Aguirre Abad, Francisco Xavier, Bosquejo histórico de la República del Ecuador, Corporación de Estudios y Publicaciones, Guayaquil, 1972, p. 366. En el libro se coloca una nota al pie después de la primera mención del apellido en la que explica: “Es el autor mismo”.
(2) Ibíd., p. 363.
(3) Ibíd., p. 375. El problema de la estrategia de Noboa era su congénita debilidad: “Buen vecino, inmejorable padre de familia, habría sido verdaderamente feliz si su invencible ambición no le hubiese descarriado. La pretensión de mandar era en él una especie de monomanía. Hombre mediano, se creía grande sin tener para serlo ni malas ni buenas cualidades. Impelido por su manía nunca reparaba en los medios de satisfacerla. Se ligó con jóvenes militares calaveras, para subir a la Presidencia, no comprendiendo, que sólo les servía de biombo, pues mal podía pensar que esos jóvenes le guardaban lealtad, como a Presidente de la República, cuando habían sido desleales al Vicepresidente constitucional Ascázuvi [sic] elevado legítimamente a ese puesto, por la voluntad nacional y no como él por revoluciones de cuarteles. No debía pues extrañar, que esos mismos cuarteles lo destituyesen, puesto que él mismo había dado a los Caudillos militares el derecho de hacer y deshacer Presidentes”. Tras su destitución, Noboa se retiró de la vida política de manera definitiva. Murió en Guayaquil en 1870.
(4) Ibíd., p. 373.

Guillermo Lasso frustró una revolución

22 de julio de 2016

No se trata, por supuesto, del banquero candidato al que una encuesta de CEDATOS coloca por encima de Rafael Correa (1) sino de una persona cuyo mote era Lolo y cuya historia la narra Rodrigo Borja en su libro de memorias ‘Recovecos de la historia’.

El 28 de mayo de 1942 (el “primer 28 de mayo”, aclara Borja) hubo un intento de tomarse el Palacio Presidencial que ocupaba Carlos Alberto Arroyo del Río, que falló porque los fusiles con los que pretendía hacérselo nunca llegaron. De todas maneras, “con las pocas armas cortas” que tenían a la mano los complotados acometieron la empresa, la que resultó desafortunada pues “tuvieron que retroceder ante el fuego cruzado de la carabinería” (2). Algunos de los complotados cayeron presos y otros huyeron a pedir asilo político en el Perú (3).

El presidente al que querían botar. Tiene la pinta del Tremendo Juez de la Tremenda Corte antes de que haya tal interpretación televisiva del cubano Aníbal de Mar (1966-1969).

Las armas nunca llegaron por culpa de Guillermo Lasso:  

“Los fusiles que debían llegar no llegaron porque la camioneta que los transportaba, conducida por Guillermo Lasso –mejor conocido como Lolo Lasso, líder de la federación de estudiantes universitarios-, se dañó en la subida de la Royal, a seis cuadras de la Plaza Grande” (4).
Hubo que esperar a otro 28 de mayo para sacarlo al representante de la banca en el poder. A Arroyo del Río, involuntariamente, lo ayudó Guillermo Lasso.

(1) Dicha empresa debería rebautizarse como Money Talks.
(2) De manera previsible, todas las citas corresponden al libro de Borja: ‘Recovecos de la historia’, Editorial Planeta del Ecuador, Quito, 2004, Segunda Edición [Primera edición, 2003], pp. 14- 21 [El relato se titula “Tras las rejas”]. Esta cita en concreto, sin embargo, proviene de un artículo publicado en diario El comercio el 17 de septiembre de 1981 por José María Ponce Yépez, en el que con ocasión de la muerte del padre de Rodrigo Borja (quien fuera uno de los principales complotados en esta fallida escaramuza) rememoró este episodio en el que él también participó. La cita completa del artículo periodístico, tal como recogida por Borja, es la siguiente: “Borja, Plaza y López en forma temeraria llegaron combatiendo hasta las gradas interiores del Palacio de donde tuvieron que retroceder ante el fuego cruzado de la carabinería”.
(3) Uno de los asilados en territorio peruano fue el padre de Rodrigo Borja, Luis Felipe Borja, razón por lo cual Rodrigo tuvo que trasladarse a Lima a estudiar en un colegio en el que fue víctima del bullying mucho antes de que se acuñara la palabra: “Y fue tanta la hostilidad, que tenía que trompearme todos los días, y a veces más de una vez diaria, en ese ambiente hostil. Recuerdo cómo me cayeron a golpes mis compañeros durante un partido de fútbol contra el equipo de otra escuela cuando tuve la mala fortuna de hacer un autogol. Me rescataron mi padre, que estaba en la tribuna, y los profesores”. Las imágenes sucesivas del infortunado autogol y los golpes propinados a un paisanito por una horda de feroces niños peruanos: una postal del bullying antes del bullying.
(4) ‘Recovecos de la historia’, p. 17.

La súpergolpista

10 de julio de 2016

Si Cynthia Viteri puede llamar ‘golpista’ a uno (que ahora es presidente) que participó en las marchas en contra del gobierno de Gutiérrez, ¿cómo llamarla entonces a ella, que es quien aparece tomándole juramento al sucesor de Gutiérrez, en el acto que consolidó su caída? (1)

Colegiala en excursión
(1) El relato de una participante de la jornada de la CIESPAL el 20 de abril de 2005: “Y la Cynthia Viteri [diputada que presidió la sesión y posesionó a Palacio] con una corbata, super [sic] seria, y leía la resolución. Y Palacio levantaba la mano como saludando así, como que estuviera en el estadio. Y los guardaespaldas. Era como decirle ‘bueno, aquí está, te posesionamos, todo listo, borra y va de nuevo”, v.: Hurtado Arroba, Edison 2005, “‘Lo que pasó en Ciespal’ Apuntes etnográficos sobre el poder, los medios y los sin-sentidos de la violencia”, en: Íconos, Vol. 9, No 3, Quito (Septiembre 2005), p. 70. Ese día, a C. Viteri casi le pegan (p. 76).

Los "44 psiquiatras"

26 de junio de 2016


“Dedico este libro”, escribió Abdalá Bucaram, “a los cuarenta y cuatro diputados que cumpliendo consignas golpistas nacidas de ambiciones revanchistas, traicionaron la voluntad del pueblo ecuatoriano al destituirme del cargo de Presidente Constitucional de la República, la noche del viernes 6 de febrero de 1997” (1). Con cuánta suerte contaron los diputados del Congreso Nacional de 1997 (en menos de un año se cumplirán dos decenios) que no hubo redes sociales para difundir los videos de sus intervenciones y tener ocasión para avergonzarnos de su inconstitucional decisión. Hay que empezar, al menos, por recordarlos (2):

1) César Acosta Vásquez (PSC).
2) Walter Andrade Fajardo (PSC).
3) Fabián Alarcón Rivera (FRA).
4) Gabriel Alegría Calero, diputado alterno de Ermel Campana (DP).
5) Raúl Baca Carbo (ID).
6) Guillermo Borja Farah (PSC).
7) Simón Bustamante Vera (PSC).
8) José Cordero Acosta (DP).
9) Pío Osvaldo Cueva (PSC).
10) Rafael Cuesta Caputi (PSC).
11) Luis Chiriboga Acosta (PSC).
12) Hoover Encalada Erraez (PSC).
13) Marco Flores Troncoso (PSC).
14) Heinert Gonzabay Pérez (PSC).
15) Susana González de Vega (PSC).
16) Richard Guillén Zambrano (DP).
17) Odette Haboud de Salcedo (PSC).
18) Estuardo Hidalgo Bifarini (DP).
19) Leonidas Isa Quinatoa (Pachakutik).
20) Marco Landázuri Romo (ID).
21) Miguel López Moreno (Pachakutik).
22) Miguel Lluco Tigze (Pachakutik).
23) Luis Macas Ambuludi (Pachakutik).
24) Ferado Madera Erazo (PSC).
25) Tito Nilton Mendoza (PSC).
26) Wilson Merino Machado (FRA).
27) Heinz Moeller Freile (PSC).
28) Milton Ordóñez Gárate (PSC).
29) Marcelino Ordóñez Pesantes, alterno del diputado Rosendo Rojas (Pachakutik).
30) Álvaro Pérez Intriago (PSC).
31) Enrique Ponce Luque (PSC).
32) Fernando Rodríguez Paredes (DP).
33) Isidro Romero Carbo (PSC).
34) Napoleón Saltos Galarza (Pachakutik).
35) Mauricio Salem Mendoza (PSC).
36) Carlos Saud Saud (PSC).
37) Alfredo Serrano Valladares (PSC).
38) Raúl Tello Benalcázar (MPD).
39) Gustavo Terán Acosta (MPD).
40) Gilberto Vaca García (PSC).
41) Carlos Vallejo López (DP).
42) Alexandra Vela Puga (DP).
43) César Verduga Vélez (DP).
44) Franklin Verduga Vélez (PSC).

Para este primer golpe de Estado desde la vuelta a la democracia, así participaron los partidos políticos: PSC (24), DP (8), Pachakutik (6), FRA (2), ID (2), MPD (2). Votaron dos alternos y tres mujeres.

De esta manera inicia Abdalá Bucaram el relato del inconstitucional despojo que le hicieron: “La noche del 6 de febrero de 1997 se pisoteó la Constitución en el Congreso Nacional. Cual jauría de galgos frenéticos, cuarenta y cuatro jadeantes de sumisión al pasado me despojaron de las funciones de Presidente de la República” (3). Bucaram bien puedo haber dicho como José Luis Torrente, en ‘Torrente 2’: “unos facinerosos me despojaron de mi fortuna de manera fraudulenta”. Y haría mucho sentido, porque Bucaram es nuestro político más torrentiano (4).

(1) Bucaram Ortiz, Abdalá, ‘Golpe de Estado’, PREdiciones, Quito, 1998, dedicatoria.
(2) Ibíd., p. 271-272.
(3) Ibíd., p. 23.
(4) 'TORRENTE LOS MEJORES MOMENTOS', YouTube, 29 de febrero de 2016.