Desalojos y diario El universo

23 de mayo de 2017


Me han hecho notar en un red social que diario El universo sí ha publicado una noticia sobre el desalojo de las familias en Cerro Colorado, planificado para el día de hoy. Es la siguiente:

Fuente    

Si el diario El universo se jacta (por su nonagésimo quinto aniversario) de respetar “a la fidelidad de los hechos, a la dignidad de las personas y a los derechos humanos” [sic], entonces no se entiende el porqué esta nota es tan pobre de contenido. El respeto a todo aquello que diario El universo dice respetar, implica necesariamente una redacción de las noticias comprometida con los ciudadanos a quienes informa y, en particular, con los ciudadanos sobre los que escribe (porque como diría Kapuscinski, un buen periodista intenta “comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias”. Pero Kapuscinski, para el periodismo de Guayaquil, es hablar en mandarín).

Porque nada de eso se intenta en esta noticia. Como lector, uno apenas se informa de un problema entre unas personas pobres y necias que viven sobre la vía pública y el Municipio de Guayaquil, que impone su autoridad.

Los pobres involucrados ni siquiera viven en un asentamiento propio, pues se los ubica en referencia a otro sitio (son personas que viven “frente a Bastión Popular”, según el titular). El Municipio “visita” a estos habitantes pobres y “con combos tumbaron paredes que correspondían a cercas y el techado sobresalido”. Vale anotarlo: ni una sola preocupación frente a la destrucción de viviendas particulares hecha por una autoridad estatal, para un diario dizque comprometido con “los derechos humanos”.  

En la última línea de la noticia, diario El universo presenta la justificación de los hechos, de boca de la autoridad a cargo:

“Xavier Narváez, director municipal de Justicia y Vigilancia, dijo que las familias ya han sido notificadas del desalojo y que se niegan a ir al sitio que el Cabildo propone”.

No hay ninguna preocupación del diario sobre el “sitio que el Cabildo propone”, ni de las circunstancias de la notificación que le hicieron a quienes van a desalojar, ni del proceso que dio lugar a esa notificación (si lo hubo). Para diario El universo, estas cosas simplemente le suceden a los pobres. Que se jodan.

Porque de los pobres, casi nada se sabe. En diario Expreso, se informó de una peculiaridad de las siete familias afectadas: todas tienen un familiar discapacitado. Este hecho no le ha impresionado a diario El Universo, pues se ha limitado a informar que “una de las moradoras del sector”, de nombre Clara Macías, “clamaba […] que no la desalojen” y que, por ello, “tuvo una crisis de salud”, por lo que su hija, Karina Carrillo, “sacó un tanque de oxígeno de su vivienda y le suministró la sustancia hasta calmarla”. Carrillo “contó” que las siete familias “esperan ser reubicadas”.

En esta redacción no se puede estar más lejos de intentar “comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias”. Allí se cuentan cosas que simplemente le suceden a los pobres, esa gente necia de la que apenas se sabe que desea ser reubicada, pero que se niega a ir al sitio que el Municipio les propone. Un sitio, por cierto, del que nada se sabe.

Esta redacción, que parece más de RR.PP. del Municipio de Guayaquil que de un periódico comprometido con “los derechos humanos”, se confirma con la ausencia de seguimiento a esta noticia. Hoy es martes 23, día del desalojo, pero ninguna noticia se ha publicado desde esta noticia turra del viernes 19. Es como si la “angustia” (así está en el titular, al menos) de aquellos a quienes se va a desalojar ya se hubiera disipado.

¿Presión municipal? ¿Piloto automático? ¡Quién sabe?

Pero lo que sí: esta forma de “informar” no es ninguna novedad para la prensa turra de Guayaquil, siempre situada tan lejos de Kapuscinski y tan cerca de la Alcaldía de su ciudad.

El útimo dictador civil

21 de mayo de 2017


El quiteño José María Velasco Ibarra (1893-1979) ha sido el último dictador civil de la República del Ecuador. El 22 de junio de 1970, el Registro Oficial No 1 publicó el Decreto Supremo No 1 en el que Velasco Ibarra justificó su decisión de declararse dictador (durante el quinto y último velasquismo), en los siguientes términos:


Qué cortés, este demagogo (1). Por cierto, Velasco Ibarra no terminó su período presidencial el 31 de agosto de 1972, como decía el Decreto Supremo. Se lo impidió el Carnavalazo de febrero de 1972, por el que subió al poder el general Guillermo 'Bombita' Rodríguez Lara.

(1) Esta cortesía explicativa no la tuvieron los militares en los golpes de Estado de 1963 y de 1972, en los que únicamente declararon, a efectos de iniciar su dictadura: “En ejercicio de las Facultades de que se halla investida…”, v. Elecciones y Democracia en el Ecuador, p. 22.

Desalojos y silencio (retrato del Guayaquil 2017)

20 de mayo de 2017


En un sector de la ciudad, la Alcaldía de Guayaquil pretende desalojar a varias familias, que tienen un detalle en común: todas son pobres y tienen a cargo un familiar discapacitado.

A estas familias, ubicadas en la cooperativa Luz del Guayas (frente al bloque 5 de Bastión Popular) y ocupantes de sus viviendas desde hace más de 25 años, se les notificó el año 2015 que estaban asentados en la vía pública. Este 11 de mayo, a estas familias les llegó un oficio de la Comisaria Sexta de la Alcaldía de Guayaquil, donde se dispone lo siguiente: “La Comisaría Sexta dispone que se proceda a retirar la vivienda, de manera inmediata, caso contrario, se oficiará a la Dirección de Obras Públicas para la respectiva ejecución de la demolición” (1).

Sin embargo, los moradores estaban indignados: “nos prometieron que no habría demolición sin que antes nos reubicaran. Esto es una burla” (2). La Alcaldía de Guayaquil envió el miércoles 17 “más de diez volquetas y dos maquinarias”, pero uno de los habitantes “sufrió un quebranto”, razón por la cual “las maquinarias y funcionarios de Justicia y Vigilancia se retiraron del lugar” (3).

*

La situación se mantiene en suspenso. La Alcaldía de Guayaquil les notificó a las familias al borde del desalojo “que tienen plazo hasta el próximo martes para desalojar” (4).

Esta situación permite hacer un retrato de los involucrados:

1) Alcaldía de Guayaquil: Primero hizo una promesa a las familias de la cooperativa Luz del Guayas que luego no les cumplió. Amenaza con usar la fuerza (“Mañana les bajamos las casas”) y está a punto de ejecutarla (el martes que viene). Esta es su peor cara.

2) El periodismo de Guayaquil: Salvo por dos artículos de diario Expreso (uno firmado por Blanca Moncada y otro por su redacción), ningún otro medio de comunicación escrita se ha preocupado de esta amenaza de desalojo. Ni privados, ni públicos: una vergüenza.

3) La sociedad civil de Guayaquil: En parte, porque no son informados por la prensa de Guayaquil, en parte, por sus conceptos vacíos, su indignación resulta sesgada y manipulada. A algunos en Guayaquil, si en este desalojo tendría parte el Gobierno central, los movería la indignación (al menos en sus redes sociales); a esos mismos, como en este desalojo tiene parte el Gobierno seccional de Guayaquil, los inmoviliza el silencio. Nuestra sociedad civil, en general, es vergonzosa. 

4) Los guayaquileños pobres: “Es como si de los [pobres] no se acordase nadie, como si a nadie le interesase lo que pasa aquí, como si sus habitantes fueses seres anónimos, escondidos en la gran ciudad, por los que nadie ha de preocuparse”. Esta frase proveniente de un video de YouTube (referida a los Guasmos) es la descripción perfecta de cómo NO representamos a los más pobres de entre nosotros, de cómo la extrema y persistente desigualdad en Guayaquil los mantiene en el olvido (5).

(1) Blanca Moncada, ‘Sus casas serán una calle’, Diario Expreso, 18 de mayo de 2017.
(2) Ibíd.
(3) El desalojo en Cerro Colorado se pospone por cuatro días’, Diario Expreso, 19 de mayo de 2017.
(4) Ibíd.
(5) Sin embargo, el periodismo de Guayaquil vive la fantasía de su defensa de su “respeto a la fidelidad de los hechos, a la dignidad de las personas y a los derechos humanos”, v., para el caso de diario El Universo, ‘Cinismo de aniversario’, 16 de septiembre de 2016.

Xavier Alvarado Roca (Naipe Centralista)

19 de mayo de 2017



De nuevo, como en el caso de Bonil, los autores del Naipe Centralista histeriquean acerca del rol centralista del periodismo guayaquileño. En este naipe se menciona a la “editora quiteña Patricia Estupiñán” de la revista Vistazo, quien “se convirtió en azote de las personalidades de la región” (?). Cuando, en realidad, se ha comido todos los amagues.

En todo caso, como sucede con otros dueños de medios de comunicación (piénsese en Fidel Egas, quien también figura en esta baraja), los autores del Naipe Centralista son conscientes del rol manipulador de Alvarado Roca, en términos meridianamente claros: “Ordena fustigar o asesinar periodísticamente a quien no le da el reconocimiento como para satisfacer sus complejos de grandeza”.

Es decir, uno más en la historia de nuestro patético periodismo.

La lentitud (segunda parte)

18 de mayo de 2017


“El primero que, retratándonos, dijo que los ecuatorianos parecemos ‘bolivianos con Valium’, se refería seguramente a los de la Sierra, en alusión a la lentitud de sus reacciones, a su desgano de vivir, o sea a su tristeza” (1).

He escuchado también referirse a los ecuatorianos como “bolivianos con opio”, dicho por colombianos a raíz de sus tratos con ecuatorianos en la frontera de la sierra norte. Que sea el serrano Jorge Enrique Adoum (Ambato, 1926-Quito, 2009) el que haya hecho alusión a que esta lentitud es una principal característica del Interande, confirma que no hay forma más precisa para definir su comportamiento que el título de la novela de Milan Kundera.

(1) Adoum, Jorge Enrique, ‘Ecuador: señas particulares’, Eskeletra Editorial, Quito, 2000, [Sexta edición], p. 225 (en el capítulo titulado “La tristeza de la alegría popular”).

No hay calle para Emelec

16 de mayo de 2017

Está vigente una disposición municipal por la cual la calle San Martín, en el tramo entre la calle Quito (el límite oeste del Capwell) y la ría, debe cambiar su nombre a “Club Sport Emelec”. Esta disposición se la ha cumplido a medias (1).

En un recorrido de las 52 esquinas cuya señalética debería ostentar el nombre del Club Sport Emelec, se observa que solamente 27 tienen esta denominación. Y en un lugar donde no parece posible que vaya a cambiarse el nombre es en la intersección de San Martín y Eloy Alfaro, donde se encuentra la “Asociación Barcelona Astillero”. Allí sí no hay chance para Emelec (2).

Calle equivocada

(1) Como se ha anotado antes en esta bitácora (v. ‘Cosas de equipo chico’), los propios directivos emelecistas querían evitar el cambio de nombre de la calle San Martín por el de su equipo porque “decían que podía haber una polémica”.
(2) Pues ni modo que la dirección de la “Asociación Barcelona Astillero” sea Eloy Alfaro, entre Club Sport Emelec y Letamendi.

Patrimonio ruinoso

15 de mayo de 2017


Una muestra más de la notoria incompetencia de la Alcaldía de Guayaquil en el mantenimiento del patrimonio arquitectónico de la ciudad es la promesa fallida de convertir el castillo José Martínez de Espronceda en “la biblioteca Carlos A. Rolando y el Archivo de la Ciudad con obras de autores nacionales”.

La página oficial para la promoción turística de Guayaquil lista este edificio como patrimonial y ofrece pronto una biblioteca:

Fuente: http://www.guayaquilesmidestino.com/
 
La noticia de que este edificio se convertiría en una biblioteca municipal surgió a partir de la expropiación del inmueble por parte de la Alcaldía de Guayaquil el año 2010. Pero eso no pasó.

Como evidencia de ello, este es el estado actual de este bien municipal. Claramente, esto no es una biblioteca.

El deterioro visible en la esquina noreste de las calles Eloy Alfaro y Venezuela

Conventillos del lado de la calle Venezuela
 
El abandono
 
El deterioro desde la calle Eloy Alfaro



Grafitis

En este descuido no hay excusa: el bien es de propiedad de la Alcaldía de Guayaquil. Es una muestra punzante de cuán poca importancia le dan desde la alcaldía de la ciudad a la conservación de nuestro patrimonio arquitectónico. En esencia, mientras no dé $$$, ni hablar.

Las fantasías de Valverde sobre Nebot

11 de mayo de 2017


Ayer me encontré con este artículo de Pedro Valverde titulado “Jaime Nebot”. Rara vez lo leo, pero me pregunté qué podría decir Valverde sobre Nebot. “Seguro, nada inteligente”, pensé. Y me dispuse a leerlo.

Por supuesto, Valverde fue consistente con el postulado de nula inteligencia (consistente, además, con su propia historia como columnista). Su artículo es bastante olvidable, pero su último párrafo se lo puede aprovechar para un par de precisiones. Dice Valverde:

“En el caso de Nebot, considero que hay una virtuosa combinación de conocimiento y experiencia al servicio de Guayaquil y el país, pero especialmente al servicio de las clases más necesitadas. Solo así se explica que mantenga altos niveles de aceptación de su gestión, popularidad e intención de voto a pesar de tantos años en la Alcaldía”.

1) “Pero especialmente al servicio de las clases más necesitadas”.- Las clases medias tienen la fantasía (obviamente, porque rara vez conocen la realidad de las clases populares) de que la alcaldía de Jaime Nebot sirve a las “clases más necesitadas”. Esto es falso, porque en realidad, la Alcaldía de Guayaquil se preocupa del “capitalismo de amigos”, en especial, de aquellos vinculados al negocio de la construcción (de cuyas filas proviene el propio alcalde).

2) “Solo así se explica que mantenga altos niveles de aceptación de su gestión”.- Las clases medias tienen la fantasía de que la aceptación del alcalde Jaime Nebot se debe a su gestión. En realidad, se debe a su manejo de un tinglado de medios de comunicación de comprobada servilidad a la Alcaldía de Guayaquil y a las políticas clientelares que mantiene en los sectores populares.

Conclusión: No puede esperarse ningún análisis profundo de la Alcaldía de Guayaquil por parte de uno de sus cheerleaders, uno de los tantos en Guayaquil que critica el autoritarismo en el gobierno central pero que mira a otra parte cuando del autoritarismo del gobierno seccional de Guayaquil se trata. Así, de Valverde quedan apenas un par de ideas fantasiosas, expuestas con su habitual torpeza.

Mal paga el diablo a sus devotos


Guillermo Lasso debe sentirse muy mal. No solo perdió las elecciones, también ha perdido un amigo.

Un poderoso amigo: Jaime Nebot. Él ha dicho en una entrevista reciente que a Lasso no le daría la mano, además de tratarlo de calumniador, ruin y pendejo (1).


Guillermo Lasso creyó, en su rentrée a la política nacional después de su paso por el gobierno de Mahuad, que su amigo Jaime Nebot lo apoyaría. Supongo que dos elecciones a la presidencia perdidas después, se ha dado cuenta (lo asumo, pues es puro sentido común) que Nebot jamás lo apoyó. En estos cinco años de relaciones políticas, Nebot siempre jaló agua para su molino y terminó por abandonarlo a Lasso a su suerte (cuando Lasso más lo necesitó). No era forma esta de tratar a un amigo (2).

Por ello sostengo que a Lasso le hubiera convenido disputarle al PSC y a Nebot el espacio de la oposición de derechas, desde el vamos. Debió presentarse como una renovación de la derecha ecuatoriana caduca (tenía las herramientas para construir este discurso), pero confió y le clavaron su puñal (3). Por no asumir este riesgo, Lasso se quedó sin pan ni pedazo: sin presidencia y sin amigo (4).

*

De este tardío cisma de la derecha quedará, sin embargo, algo positivo: la posibilidad de persuadir a un sector del electorado de clase media de Guayaquil para que tome conciencia de la situación de Guayaquil.

El lector atento habrá advertido que he hablado de lo mal que le pagó Nebot a Lasso por haber creído en él, pero que en el título utilicé el plural: “devotos”. El uso de este plural se justifica por dos razones: 1) Nebot tiene miles de devotos; 2) A todos les va a pagar mal.

¿Por qué digo esto? Pues por su “modelo de desarrollo”: el crecimiento de Guayaquil se ha hecho sin planificación, en beneficio no de los ciudadanos sino de grandes grupos de poder económico, en particular, vinculados al sector de la construcción. Esta forma de administrar una ciudad es nefasta para su futuro.

Guayaquil es un ejemplo tropical de irresponsabilidad en algunos controles básicos. Así, las deficiencias en el control de las construcciones (el 70% de la ciudad se ha construido sin planos, el 30% restante los presentó pero no los cumplió) han convertido a Guayaquil en una ciudad vulnerable a los terremotos (5), mientras que la falta de controles ambientales y de obras de prevención de las inundaciones, además de un crecimiento urbano volcado al cemento y a los adoquines, sin áreas verdes (es decir, volcado al $$ para constructores), ha provocado que Guayaquil sea la cuarta ciudad costera a nivel mundial que sufrirá mayor cantidad de pérdidas económicas a consecuencia de las inundaciones (6). Hoy no sentimos los efectos de estas irresponsabilidades municipales, pero en el futuro (de no mediar vitales cambios) terminarán por arruinar la ciudad.

Lo interesante de este sector de clase media desencantado de Nebot es que tienen muchas más herramientas para la crítica a la gestión de la alcaldía. Por su extracción social poseen herramientas conceptuales y de acceso a la difusión de sus opiniones, que pueden empezar a derrocar con críticas certeras el edificio de falacias que ha construido la Alcaldía de Guayaquil en torno a su gestión.

Por ahora (gracias a la complicidad de una prensa servil), estas críticas son aisladas. Pero esto podría empezar a cambiar, cuando estos desencantados de la clase media guayaquileña (exdevotos de Nebot) tomen conciencia de cómo nuestro alcalde administra la ciudad y de cómo esta forma de administrarla perjudica nuestro futuro.

Si esta toma de conciencia se torna masiva, no tengo ninguna duda, el diablo y sus secuaces se marcharán el 2019 (7).

*

(1) Porque, parafraseando al subnormal favorito de América, Forrest Gump: pendejo es, el que pendejadas hace.
(2) Bien se sabe que en política no hay amigos, hay intereses.
(3) En algún momento, pareció intentarlo a medias. Nebot no le perdonó ni esta tibieza.
(4) El riesgo a asumir por Lasso era alto, pero si no se toma riesgos en política, mejor que no se participe en ella.
(5) Esas cifras atroces las dio Guillermo Argüello, Director de Ordenamiento Territorial de la Alcaldía de Guayaquil, v. ‘Guayaquil es un enorme riesgo’. De resultas, un terremoto como el que tuvo epicentro en Pedernales (7.8 en la escala de Richter), si tuviera epicentro en Guayaquil, provocaría aproximadamente 22.000 muertos, 90.000 heridos y más de 1.000 millones de dólares en pérdidas económicas. Guayaquil es la décima tercera ciudad en el mundo más vulnerable a los terremotos, v. ‘Guayaquil: el terremoto de 1942 y nuestra situación actual’.
(7) Pues precisamente por ser el discurso del PSC tan rígido y sin fisuras, resulta fácilmente deleznable. Es como un boquete en una presa: al principio, la fuga de agua es diminuta, pero una vez abierta la estructura, el desfogue de agua se lo llevará todo.

La coherencia anti-emprendimiento de la Alcaldía de Guayaquil

10 de mayo de 2017


La Alcaldía de Guayaquil actúa de una manera firme para impedir los emprendimientos de los comerciantes autónomos y de las pequeñas y medianas empresas en las calles de la ciudad (1). Empezó con los food trucks, los que fueron impedidos de operar por trabas burocráticas, pues “no están homologados para su revisión técnica vehicular y matriculación respectiva” (2). Así, un emprendimiento que funciona alrededor del mundo, impedido de operar en Guayaquil.

Después le tocó el turno al servicio que presta Uber. Según el alcalde Nebot: “Conozco el servicio [de Uber]. Sé que es bueno; pero hay que tener en cuenta a las miles de familias que viven de una actividad lícita como para ponerles una competencia de esa naturaleza” (3). Esta era una disposición extraña, pues al tiempo de prohibir a Uber, la alcaldía permitía que en Guayaquil opere una plataforma similar a Uber, como lo es Cabify (4).

El día de ayer la Alcaldía de Guayaquil enmendó esta situación (para mal) y actúo de forma consistente con su política anti-emprendimiento: prohibió también el servicio de Cabify. Lo hizo con estos argumentos:

 
Si la Alcaldía de Guayaquil fuera una entidad favorable a los emprendimientos de pequeñas y medianas empresas, establecería reglas claras e incentivos para implementar los food trucks, Uber y Cabify.  Pero como es contraria a dichos emprendimientos, los prohíbe y que todos se jodan. Tanto los emprendedores como los usuarios de los productos y servicios que ellos ofertarían, de no existir las trabas que impone la alcaldía.

Cabify presta un buen servicio: más económico, con taxímetro y seguro. La Alcaldía de Guayaquil debería preocuparse de garantizar que los habitantes de Guayaquil tengan acceso a servicios así, pero su preocupación no es por el servicio que reciban los guayaquileños, sino por proteger el negocio de los taxistas formales, quienes prestan un servicio más caro que el que prestaba Cabify (o que el que prestaría Uber), sin taxímetro, e inseguro.

En resumidas cuentas: la Alcaldía de Guayaquil protege el mal servicio del gremio de los taxistas formales, es contrario a los emprendimientos de quienes podrían prestar un mejor servicio y perjudica, con ello, a los guayaquileños a los que dice servir (5).

N.B.: Esta seguidilla de prohibiciones se ha dado desde septiembre del año pasado, cuando la Alcaldía de Guayaquil prohibió los food trucks. Casi ninguno de los “liberales guayaquileños” que reclaman por las regulaciones del gobierno central sobre los emprendimientos dicen ni pío sobre las regulaciones de igual tipo del gobierno seccional de Guayaquil. No lo hacen ni los gremios de comerciantes o emprendedores, ni mucho menos lo hace este periodismo servil al poder político que es moneda común en Guayaquil. No hay columnista de opinión de la prensa guayaquileña que haya opinado en contra de ninguna de estas regulaciones.

Algún día pensaremos del periodismo y de la sociedad guayaquileña, durante el gobierno socialcristiano de Guayaquil: “Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez”.

(1) Los comerciantes autónomos (llamados también “informales”) son usualmente demonizados por la Alcaldía de Guayaquil y su prensa servil, v. ‘Extrema y persistente desigualdad en Guayaquil’.
(2) Los food trucks están prohibidos en Guayaquil’, Diario El universo, 19 de septiembre de 2016. Además, v. ‘Informales a motor’.
(3) Blanca Moncada, ‘Nebot no quiere a Uber en Guayaquil’, Diario Expreso, 22 de septiembre de 2016.
(5) Esto es normal en un institución como la Alcaldía de Guayaquil orientada a satisfacer, no tanto las necesidades de sus habitantes, como el negocio de los amigotes. Un ejemplo redondo de “capitalismo de amigos”. Ojalá que algún día, como ciudad, nos levantemos la venda.

Un anticipo del futuro

6 de mayo de 2017


Prólogo a "El libro de Litro x Mate", de autoría de Daniel Adum Gilbert.

*

Este libro sobre Litro x Mate es, en realidad, un libro sobre Guayaquil. Litro x Mate es una iniciativa ciudadana orientada a plantar cara a un aspecto de la administración municipal presidida por el alcalde Jaime Nebot: su desprecio por el ornato de la ciudad.

Esta parece una idea contra-intuitiva, pues se supone que el Municipio de Guayaquil cuida el ornato de la ciudad. Pero la propuesta de Litro x Mate parte de una observación sencilla, que prueba lo contrario: los trazos de los grafiteros son cubiertos por los empleados del Municipio de Guayaquil con manchas grises. Esta estrategia del Municipio no cuida el ornato: es apenas el reemplazo de un daño por otro. Con la diferencia que este segundo daño lo pagamos todos (vía nuestros impuestos).

Así, la propuesta de Litro x Mate es simple: consiste en pintar por sobre los grafitis y las manchas (que las hemos pagado todos) unos bloques de colores. Hacerlo, a su vez, de una manera colaborativa y auto-gestionada, con cada uno de los participantes en la jornada de pintada colectiva contribuyendo con (al menos) un litro de pintura. A esta iniciativa confluyó mucha energía de jóvenes de Guayaquil, con el sincero propósito de embellecer su ciudad. Era, realmente, una oportunidad de oro para una administración municipal inteligente (1).

Pero el liderazgo autoritario del Municipio de Guayaquil le jugó en su contra. Lejos de aprovechar esta energía juvenil en su propio beneficio, el Municipio de Guayaquil se cebó en el ataque contra Daniel Adum Gilbert, principal “cabecilla” de esta iniciativa ciudadana. Utilizó sus cuantiosos recursos (que los pagamos todos) al punto de movilizar a más de 30 empleados para pintar de gris los exteriores de la casa de Daniel (obviamente, en contra de su voluntad). Miles de dólares invertidos en ejecutar una venganza que estaba por fuera de la ley, en una ciudad en la que su alcalde ha afirmado, en el colmo del autoritarismo, que para pintar una casa en Guayaquil, “aunque sea mi casa, tengo que pedir permiso” (¡?) (2).

Muy al estilo ochentero clásico en el socialcristianismo, este episodio tuvo su incidente de agresión física y un juicio penal. Fui el abogado defensor de Daniel en la acusación que le hizo el Municipio de Guayaquil, la que demostré que era inconstitucional por violatoria de elementales normas del debido proceso. En conclusión, el Municipio perdió y Daniel se salvó de la cárcel (3). Y como pago por mis servicios de abogado recibí, enmarcada, una plantilla original del chanchito, herramienta clave para encender la paranoia guayaquileña a inicios del mes de diciembre del año 2004, y que hoy adorna mi estudio.

Durante este arbitrario proceso penal contra Daniel aconteció un hecho significativo. Durante su intervención, el abogado del Municipio atinó a afirmar que “lo que sí es objetivo es la ley y su cumplimiento” (4). El resto de su intervención fue olvidable, pero este fragmento de su discurso merece destacarse: es una evidencia del “legalismo ético”, consustancial tanto al fascismo como a las prácticas socialcristianas. Esto es así, pues el fascismo incorpora el “legalismo ético” y, en su vertiente conservadora, sirve para describir la orientación de la gestión municipal del alcalde Jaime Nebot. Lo que estuvo en el origen de la fallida persecución penal emprendida por el Municipio de Guayaquil en contra de Daniel Adum Gilbert era precisamente este “legalismo ético”, según el cual “es justo aquello que es ordenado por el solo hecho de ser ordenado” (5).

Nuevamente, esta atribución de un “fascismo conservador” a la gestión de Jaime Nebot en la Alcaldía de Guayaquil parecería contra-intuitiva: ¿cómo una administración municipal de esta naturaleza podría sostenerse en el poder, con tan altos niveles de aceptación? Porque es realmente asombroso: a pesar de la putrefacción del estero Salado, de las deficiencias en el sistema de transportación pública, de las falencias en los servicios de alcantarillado, agua potable y recolección de basura; a pesar de sus abusos contra las libertades civiles y de la implementación inconsulta de un modelo de desarrollo carente de planificación y orientado al beneficio de grupos de poder económico (especialmente, los ligados al sector de la construcción); y, a pesar de haber convertido a Guayaquil en una ciudad inequitativa, estancada en su economía, atascada en su tráfico, sin espacios públicos ni áreas verdes y expuesta a los riesgos asociados a los terremotos e inundaciones, el Municipio de Guayaquil mantiene una alta aceptación en los habitantes de la ciudad.

Una primera explicación que podría darse para ello es que los habitantes de Guayaquil, en relación con la administración política de su ciudad, sufren del síndrome de Dunning-Kruger: “un sesgo cognitivo por el cual individuos incompetentes sufren de una ilusoria superioridad” (6).

Resultan preferibles, sin embargo, dos explicaciones que interpretan las relaciones de poder en la administración de Guayaquil. La primera: el periodismo de Guayaquil ha sostenido un indisimulado apoyo a la gestión de la Alcaldía. No existe el periodismo de investigación en relación con la gestión municipal, ni el periodismo de opinión se ha mostrado crítico con ella. En la redacción de las noticias, el sesgo a favor del Municipio es muy evidente. De allí que el poder político en Guayaquil se mantenga incólume, por este “control” sobre la opinión y la información, el que se da en doble vía: por todo lo que se dice a favor del Municipio (esto es, por el indisimulado apoyo de medios escritos, radiales y televisivos) y por lo que no se dice, por aquello que se calla.   

La segunda explicación es la docilidad y la falta de articulación de la sociedad civil en Guayaquil. La forma desordenada en la que hemos permitido que crezca la ciudad refleja esto; también lo hace la manera en que toleramos el trato abusivo y discriminatorio a los más pobres de entre nosotros (7). Por esto, una iniciativa como la de Litro x Mate resulta tan importante: porque implica un acto de ruptura con la pasividad de la sociedad guayaquileña, un ejercicio de reapropiación del espacio público y una contribución a su embellecimiento.   

Si el lector ha llegado hasta aquí, de seguro (salvo que realmente sufra el síndrome de Dunning-Kruger) ha comprendido que tiene en sus manos un libro que contiene un fragmento de la historia de Guayaquil. Un libro que le va a contar una historia de enfrentamiento entre los ciudadanos y la autoridad, los colores contra el gris, la creatividad versus el autoritarismo. Pero mucho más importante: es una historia que anticipa el cambio que vendrá.

Porque la auténtica diferencia entre lo testimoniado por este libro de Daniel Adum Gilbert y la administración de Jaime Nebot no es ni de orientación ideológica, de izquierdas o derechas: la auténtica diferencia es generacional. El alcalde Jaime Nebot representa una forma de administración conservadora y autoritaria, hija de los tiempos en que se incorporó a la política nacional. Mientras que este libro de Daniel Adum Gilbert es todo lo contrario: es el testimonio de una iniciativa libertaria y colaborativa, de una actividad desinteresada y generosa que hizo saltar la pus del Municipio local.

Conforme se trueque el gris por los colores, el autoritarismo por la libertad y el beneficio de unos pocos por una planificación orientada al bien común, Guayaquil cambiará para bien. Esto va a depender de que las nuevas generaciones desplacemos a esta Vieja Guardia enquistada en el poder y asumamos el reto de convertir a Guayaquil en una ciudad verde, inclusiva y sustentable (8).

Este libro es un anticipo del futuro.

A colores.


Guayaquil, 5 de diciembre de 2016

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(1) Edi Rama, quien fue alcalde de Tirana (la capital albanesa), hoy Primer Ministro de Albania, implementó durante su mandato en la Alcaldía (2000-2011) políticas públicas orientadas a inculcar “el orgullo a los ciudadanos mediante la transformación de los espacios públicos con diseños coloridos”, v. ‘Edi Rama Recupere su ciudad con pintura’, TEDxThessaloniki [Mayo, 2012].
(2)Nebot: el gran Guayaquil abarca a Durán, Daule y Samborondón’, Diario El universo, 9 de octubre de 2011. Es obvio, sin embargo, que a nadie en Guayaquil se le ocurre ir a “pedir” un permiso para pintar su casa. Esta falta de efectividad de una disposición es una práctica común en el Municipio de Guayaquil (administrada, por cierto, a conveniencia) y hay dos temas en los que resulta especialmente peligrosa: en la prevención de los riesgos asociados a los terremotos y en la prevención de los riesgos asociados a las inundaciones. El primero de estos riesgos deriva de la ineficacia de la Alcaldía de Guayaquil para controlar las construcciones en la ciudad, como lo ha señalado el Presidente de la Cámara de la Construcción de Guayaquil, ingeniero Enrique Pita: “El Municipio, lamentablemente, no teniendo el personal suficiente, no realiza los controles de los procesos constructivos, más allá de al final de la obra establecer si los metros cuadrados que se reportaron son los correctos”. Esta inefectividad contribuye a la vulnerabilidad de Guayaquil frente a los terremotos (se estima que en Guayaquil un terremoto con la intensidad del que tuvo epicentro en Pedernales ocasionaría más de 20.000 muertos y alrededor de 1.500.000.000 USD en daños).
Para las declaraciones del ingeniero Pita, v. ‘Guayaquil vulnerable / Bloque 3 Visión 360 III Temporada’, Visión 360, YouTube (min. 11:06-11:22).
El segundo es un escenario igualmente catastrófico, porque en razón del cambio climático, Guayaquil es la cuarta ciudad costera en el mundo de más de un millón de habitantes (de un total de 136 ciudades estudiadas) que proyecta una mayor estimación de pérdidas económicas anuales (dependiendo de los cálculos, estas pérdidas oscilarían entre 2.183.000.000 USD y 3.189.000.000 USD) por las inundaciones que se producirán por el aumento del nivel del mar, dentro de los próximos treintaicinco años. Un informe publicado en la revista Nature Climate Change el año 2013 (titulado ‘Future flood losses in major coastal cities’ –‘futuras pérdidas por inundación en las grandes ciudades costeras’) alertó de la necesidad para las ciudades costeras de adaptarse al cambio climático, “porque la inacción resultaría en pérdidas inaceptablemente altas”. 
Sobre estos riesgos asociados a las inundaciones, hay varios artículos en mi blog bajo la etiqueta “Inundaciones” (https://xaflag.blogspot.com/search/label/Inundaciones), v. en particular, las entradas “Inundaciones en Guayaquil: asumir las responsabilidades ciudadanas para enfrentar los riesgos inminentes” (12 de enero de 2016), “La posibilidad de una ciudad verde” (18 de enero de 2016) y “Guayaquil a la deriva” (28 de febrero de 2016).
(3) En una charla TED, Daniel me llamó “el Messi de las leyes”, un desmedido elogio. ¡Gracias, Puyol! , v. ‘Atrevimiento a la no-idea’, TedQuito [Septiembre, 2014]
(4) ‘Municipio de Guayaquil vs. Artista Urbano (Daniel Adum) (3era Parte)’, Guayaquil Progresista, YouTube (min. 5:59-6:04).
(5) Bobbio, Norberto, ‘Ensayos sobre el fascismo’, Prometeo Libros, Buenos Aires, 2008 [Primera edición: 2006], p. 120. Una demostración de este “legalismo ético” está en que al Municipio de Guayaquil nunca le interesó entrar a discutir los efectos de las intervenciones de Litro x Mate. Una de las evidencias aportadas en mi defensa de Daniel fue que la opinión de los vecinos de los barrios en los que intervino Litro x Mate estaba de acuerdo con el cambio hecho por la intervención: v. ‘Escrito presentado ante el Juez de Contravenciones en el caso Municipio de Guayaquil vs. Daniel Adum Gilbert’, pp. 2-3.
¿Por qué la Alcaldía de Nebot es fascista? V. ‘El fascismo municipal’, Xavier Flores Aguirre [blog], 13 de enero de 2012.
(6) Dossey, Larry, ‘The Lemon Juice Syndrome and the Hunger Games’, Explore, Vol. 10, No. 3, pp. 137-145.
(7) En Guayaquil, según un informe técnico presentado por expertos de la CAF solicitado por el propio Municipio de Guayaquil, el crecimiento de Guayaquil “ha privilegiado la densidad en términos de áreas impermeables, con lotes pequeños para las viviendas, aceras y accesos estrechos, limitadas áreas verdes, y en general una clara tendencia hacia la impermeabilidad del suelo urbano –inclusive en las divisorias y laterales de calles y avenidas construidas en fechas recientes. Este tipo de ocupación aumenta notablemente la temperatura en la ciudad, incrementa significativamente los picos y la velocidad del escurrimiento durante las crecidas de la escorrentía superficial, produce erosión y aumenta la contaminación de las aguas pluviales”, v. Mejía Betancourt, Abel, Morelli Tucci, Carlos Eduardo, Bertoni, Juan Carlos & Gabriel Cabezas Vélez, ‘La inundación de Guayaquil en marzo 2013’, Opinión de expertos internacionales. Cooperación Técnica de la CAF, Informe Gerencial [17 de junio de 2013], p. 24.
La exclusión a los pobres se evidencia de manera brutal en las palabras del propio alcalde Nebot dichas durante una sesión oficial del Concejo Cantonal, en la que muy suelto de huesos afirmó: “Yo he tomado la decisión de que aquí no vamos a legalizar un terreno ni vamos a poner una volqueta de cascajo ni un metro cuadrado de asfalto ni un metro de tubería de alcantarillado o de agua potable más allá de lo que he expresado en el límite oeste, el límite de Flor de Bastión y el límite de la Sergio Toral” (Acta de la sesión del 7 de octubre del 2010, p. 12). Esta declaración suya evidencia el habitual modus operandi del Municipio de Guayaquil de castigar a los pobres, por el sólo hecho de serlo… Y eso que ni siquiera hablamos de los abusos cotidianos perpetrados en contra de los comerciantes informales.
(8) Según el informe de expertos solicitado por el Municipio de Guayaquil a raíz de la inundación del 2 y 3 de marzo de 2013, Guayaquil “ofrece condiciones inmejorables para desarrollar soluciones integradas en el diseño urbano que combine programas de vivienda, transporte, agua potable, alcantarillado, drenaje, residuos sólidos y medio ambiente. Para ello se requiere que las intervenciones urbanas se integren a nivel operacional para proponer y diseñar soluciones que sean sustentables a largo plazo”, v. ‘La inundación de Guayaquil en marzo 2013’, Ibíd., p. 31. A pesar de estas “condiciones inmejorables”, el Municipio de Guayaquil ha insistido en recorrer durante este casi cuarto de siglo de dominio socialcristiano (en continuidad de una inveterada tradición) la dirección contraria.