1979

21 de junio de 2021

El año 1979 es un claro parteaguas en la historia política ecuatoriana. 1979 fue el año del retorno a la democracia después del período dictatorial más extenso en la casi bicentenaria historia de este maltratado país. 1979 es el año en que la República del Ecuador volvió a empezar: tenía cosas nuevas, como una nueva Constitución y un Presidente joven y progresista, el abogado guayaquileño Jaime Roldós.

 

En la política ecuatoriana anterior a 1979 y sus cosas nuevas, la expresión democrática fue escasa e inestable. Escasa, porque en los 20 años anteriores a 1979 y su nueva Constitución y su joven Roldós, apenas hubo dos elecciones presidenciales con un mismo ganador. Las elecciones de 1960 y 1968 dieron como ganador a quien ya había triunfado en las elecciones presidenciales de 1952 y de un lejano 1934, el quiteño José María Velasco Ibarra.

 

E inestable, porque Velasco Ibarra no pudo culminar ninguno de sus períodos de gobierno. El de 1960-1964 lo interrumpió un golpe de Estado en 1961 y el de 1968-1972 lo interrumpió otro golpe de Estado en 1972. En el primer caso, hubo la sucesión del vicepresidente (hasta que un nuevo golpe de Estado encumbró a cuatro milicos en 1963), mientras que en el segundo, un militar tomó para sí el poder, nuestro capocómico Bombita Rodríguez (a Bombita, a su vez, le hicieron un intra-golpe de Estado, que encumbró a otros tres milicos en 1976).

 

A su vez, el propio Velasco Ibarra se declaró dictador en 1970. Nuestro máximo ícono de la libertad de sufragio, el ostentador del récord de Presidente más veces votado en las urnas*, el hombre que inauguró la política de masas y que dominó la política electoral del Ecuador por casi cuatro décadas, era un aficionado incurable a la dictadura. Se puede leer su carrera como que en su última Presidencia, Velasco Ibarra concretó lo que le había sido vedado en su primera Presidencia, cuando se precipitó sobre las bayonetas. En esa ocasión, su intento de convertirse en dictador triunfó y gobernó el país por espacio de 603 días sin contrapesos políticos oficiales. Fue nuestro último dictador civil (hasta que llegó el receptor post-mórtem de la orden de San Lorenzo, Julio César Trujillo, or the Notorious NCP).

 

En total, en los 20 años precedentes a la organización de los procesos que desembocaron en nuestra décimo séptima Constitución y en el Presidente joven y progresista, el Ecuador había tenido dos golpes de Estado contra un único Presidente, una Asamblea Constituyente y una nueva Constitución (nuestra décimo sexta), dos Presidentes de apellido Arosemena y alrededor de doce años de dictadura (v. Tabla I), casi dos de ellos por un dictador civil que ocurre que es nuestra gran figura democrática del siglo XX y el resto del tiempo por militares compuestos en variada forma (junta militar, triunvirato, o en plan Solitario George, como el caso del capocómico Bombita).

 

Previo a los tiempos de esperanza de 1979 fueron años de derrotas de la democracia, en los que ningún período presidencial concluyó, el líder demócrata resultó un traidor y la dictadura campeó.

 

Tabla I. Años de dictadura entre 1959 y 1979

Autoridad(es)

Carácter

Duración

Ramón Castro Jijón [presidente], Marcos Gándara Enríquez, Luis Cabrera Sevilla y Guillermo Freile Posso

Militar

11 de julio de 1963-29 de marzo de 1966 [992 días -2 años, 8 meses y 18 días]

José María Velasco Ibarra

Civil

22 de junio de 1970-15 de febrero de 1972 [603 días -1 año, 7 meses y 22 días]

Bombita Rodríguez

Militar

15 de febrero de 1972-11 de enero de 1976 [1426 días -3 años, 10 meses y 25 días]

Alfredo Poveda Burbano [presidente], Guillermo Durán Arcentales, Luis Leoro Franco

Militar

11 de enero de 1976-10 de agosto de 1979 [1307 días -3 años, 6 meses y 28 días]

 

 

Por eso fue 1979 una época de esperanza para el pueblo ecuatoriano, con su nueva Constitución votada por el pueblo y por su joven Presidente comprometido con su pueblo. La política ecuatoriana, por supuesto, no tardó en arruinarlo todo.

 

* El récord electoral en la carrera a la Presidencia de la República del candidato Velasco Ibarra es 4-1. Ganó en 1934, 1952, 1960 y 1968, pero sólo concluyó el período presidencial 1952-1956. Perdió en la elección de 1940 frente al abogado guayaquileño Carlos Alberto Arroyo del Río. Velasco fue cinco veces Presidente, porque en 1944 fue designado como tal por una Asamblea Constituyente fruto de la llamada ‘Revolución Gloriosa’ que sacó a Arroyo del Río del poder (la venganza de Velasco). En esta oportunidad ocurrió el segundo intento dictatorial de Velasco Ibarra y su primero exitoso, pues desconoció la Constitución de 1945 que había sido el fruto de la Asamblea Constituyente que lo había designado a él como Presidente y gobernó como dictador entre el 30 de marzo y el 31 de diciembre de 1946 hasta que una nueva Asamblea Constituyente, compuesta por conmilitones suyos, dictó una nueva Constitución a su gusto, nuestra décimo quinta. Velasco Ibarra fue dictador por 276 días, pero en su quinta presidencia venció con largueza este guarismo, pues gobernó por un total de 603 días, días que fueron el culmen dictatorial (cruel paradoja) de nuestra más insigne figura democrática del siglo XX.  

Guayaquil sin liderazgo nacional (1960)

20 de junio de 2021

En la papeleta de las elecciones para Presidente de la República del año 1960 había cuatro binomios y un total de 16 testículos:

 

José María Velasco Ibarra y Carlos Julio Arosemena Monroy

Galo Plaza Lasso y Nicolás Castro Benítez

Gonzalo Cordero Crespo y Héctor Romero Menéndez

Antonio Parra Velasco y Benjamín Carrión Mora

 

Nótese que en las elecciones del año 1960 había más guayaquileños como candidatos a vicepresidente (C. J. Arosemena y H. Romero)* que a presidente (A. Parra). Y que este último candidato, quedó último entre los cuatro en liza, pues obtuvo apenas el 5.97% (45.822 votos). Por encima de él, un cuencano (obvio, Cordero Crespo) y dos quiteños (Velasco Ibarra y Plaza Lasso**).

 

En la tradicional división regional tripartita del Ecuador, Guayaquil en 1960 tenía una clara carencia de líderes de alcance nacional. El ídolo de los guayaquileños, a quien votaron para que acceda a la Presidencia en esta elección, era un político serrano, un quiteño divagante y melancólico, el mí[s]tico Velasco Ibarra.  

 

* A esta lista de segundones en la papeleta, debe sumarse el orense afincado en Guayaquil desde teenager, Nicolás Castro Benítez.

** Aunque nacido en Nueva York, Patrón Galito es, a todos los efectos, quiteño.

A Constitucional Western: el auge y el ocaso del ‘dedazo’ civil (1929-1935)

19 de junio de 2021

La Constitución del Ecuador del año 1929 buscó poner un alto al presidencialismo de las doce constituciones anteriores (siendo con la de 1929 trece constituciones en menos de 100 años, desde nuestra primera de 1830). Para este propósito, la Constitución de 1929 fortaleció a la Función Legislativa en sus controles a aquel ciudadano que ostentara el ‘título de Presidente de la República’ (Art. 72) y al resto del Poder Ejecutivo. Para el historiador Alfredo Pareja Diezcanseco, esta Constitución de 1929 resultaba ‘un curioso y fracasado ensayo de régimen seudoparlamentario, inoperante en nuestro país(1)

 

A pesar de todos los controles del Poder Legislativo por sobre el Poder Ejecutivo, la Constitución de 1929 le reservó al Presidente un súper-poder. Él podía designar a piacere al Ministro de lo Interior, quien, y esto es lo importante, de acuerdo con los artículos 79 al 81 de la Constitución era quien debía reemplazarlo al Presidente en caso de su renuncia. En la práctica, el Presidente (también el Encargado del Poder) podía nombrar a discreción a su sucesor. Así, auspiciada por esta Constitución, se hizo efectiva la práctica del ‘dedazo(2).

 

En este escrito se tratará exclusivamente el período del ‘dedazo’ civil. Esta especie de ‘dedazo’ ocurrió cinco veces entre 1929 y 1935. El primero en utilizar esta potestad fue Isidro Ayora (1879-1978), durante cuyo gobierno, específicamente el 26 de marzo de 1929, la Asamblea Constituyente aprobó esta décimo tercera y seudo-parlamentaria Constitución. El lojano Ayora, primer médico en ocupar la Presidencia de la República (v. ‘Médicos en la Presidencia’), había llegado a la Presidencia interina en 1926 por decisión de los militares, triunfantes en la Revolución Juliana de 1925 que había acabado con la perversión oligárquica y bancaria del liberalismo. Esa misma Asamblea del año 1929 designó Presidente Constitucional a Isidro Ayora el 17 de abril de 1929.

 

Llegó el año 1931, e Isidro Ayora, entre otras cosas, resintió que a su gobierno constitucional se le haya aplicado uno de los controles a la Función Ejecutiva previstos en la Constitución (la destitución de su Ministro de lo Interior, Julio E. Moreno), por lo que presentó su renuncia ante el Congreso el 24 de agosto. Pero antes de renunciar, estrenó el ‘dedazo’ y dispuso que sea el militar guayaquileño Luis Larrea Alba (1894-1979) quien ocupe el Ministerio de lo Interior, y así, una vez aceptada la renuncia del Presidente, pase él a ocupar la Presidencia en calidad de ‘Encargado del Poder’.

 

Larrea Alba duró apenas 52 días, entre el 24 de agosto y el 15 de octubre de 1931. Quiso obtener de la Asamblea unas facultades extraordinarias, pero no le fueron concedidas. Quiso disolver la Asamblea, pero no le fue permitido por el ejército. Finalmente renunció, no sin antes aplicar el ‘dedazo’: lo nombró a Alfredo Baquerizo Moreno (1859-1951) como Ministro de lo Interior.

 

El guayaquileño Alfredo Baquerizo Moreno había sido Presidente entre 1916 y 1920 y era el Presidente de la Cámara del Senado en los tiempos del efímero gobierno de Larrea Alba. Nombrado Ministro de lo Interior por él, Baquerizo Moreno volvió a ocupar la máxima autoridad de la república, esta vez de manera interina, como Encargado del Poder. Dicho cargo lo ejerció por 318 días, entre el 15 de octubre de 1931 y el 28 de agosto de 1932.

 

En el gobierno de Baquerizo Moreno se organizaron las elecciones a la Presidencia en las que triunfó el candidato conservador Neptalí Bonifaz. Cuando el Congreso lo descalificó a Bonifaz por ser peruano y la violencia iba a arreciar en las calles de la capital, Baquerizo Moreno buscó refugio en la legación argentina. Una vez más, el Encargado del Poder renunció a su cargo, aplicando el ‘dedazo’: antes de renunciar lo designó Ministro de lo Interior al quiteño Carlos Freile Larrea (1876-1942), quien era el Presidente de la Unión Patriótica Nacional. Él pasó a ser el nuevo Encargado del Poder.

 

La historia de Carlos Freile Larrea como máxima autoridad del Poder Ejecutivo es brevísima y trágica. Duró cuatro días y fueron los mismos cuatro días de la llamada ‘Guerra de los cuatro días’. Freile Larrea fue hijo de otro Presidente interino (por dos ocasiones), Carlos Freile Zaldumbide (1856-1928), a quien se lo podrá recordar de la ocasión en que le cortaron los huevos al general Eloy Alfaro [v. ‘Quito gore’]. Esos cuatro días con el segundo Freile corrió en Quito sangre a raudales, calculándose los muertos en miles. Las fuerzas de Bonifaz tomaron la capital, pero fueron vencidas por las tropas venidas de otras partes de la república, comandadas por el Ministro de Defensa, Leonardo Sotomayor y Luna. Freile Larrea entregó el poder el 1 de septiembre de 1932.

 

Pero antes de entregar el poder, ocurrió el ‘dedazo’. A Freile Larrea lo sucedió su Ministro de lo Interior, el quiteño Alberto Guerrero Martínez (1884-1941). A él le cupo organizar las elecciones que se realizaron el 30 y 31 de octubre, en las que triunfó el candidato oficial, el guayaquileño Juan de Dios Martínez Mera (1875-1955) (3). Guerrero Martínez gobernó desde el 2 de septiembre hasta el 5 de diciembre de 1932, por 95 días. Ese 5 de diciembre de 1932 le entregó el poder a Martínez Mera.

 

Hasta la ascensión de Martínez Mera, el ‘dedazo’ había operado en la designación de cuatro Encargados del Poder Ejecutivo (Larrea, Baquerizo, Freile, Guerrero), que mediaron entre las dos personas que ostentaron el ‘título de Presidente de la República’: Ayora, nombrado por una Asamblea Constituyente, y Martínez Mera, elegido por el voto popular. A este último, el Poder Legislativo, en un hecho inédito hasta ese entonces, lo destituyó de su cargo el 17 de octubre de 1933, con una intervención enjundiosa del entonces novel político José María Velasco Ibarra. El régimen seudo-parlamentario iba a tope.

 

Martínez Mera, en previsión a su destitución, continuó con la tradición del ‘dedazo’ al nombrar  como Ministro del Interior al guayaquileño Abelardo Montalvo (1876-1950). Él asumió como Encargado del Poder Ejecutivo el 19 de octubre de 1933 y ocupó el cargo hasta el 31 de agosto de 1934, período en el que organizó las elecciones para elegir al Presidente Constitucional de la República, celebradas el 14 y 15 de diciembre de 1933. En estas elecciones se escogió, la primera de cuatro ocasiones, al enjundioso Velasco Ibarra (1893-1979). El 1 de septiembre de 1934, él asumió la Presidencia. En menos de un año, el 20 de agosto de 1935, se había precipitado sobre las bayonetas. Velasco Ibarra se pretendió declarar dictador, pero el Ejército le negó su chance dictatorial.

 

Tras esta primera caída de Velasco Ibarra (Presidente por cinco ocasiones, pero que sólo una vez completó su período), concluyó el período del ‘dedazo’ civil. Desde entonces, surgió un período de claro dominio militar, con algunas derivas filo-fascistas. El ‘dedazo’ continuó, pero la discrecionalidad pasó del campo civil al militar.

 

La siguiente tabla describe la situación de precariedad institucional del Poder Ejecutivo durante el período del ‘dedazo’ civil auspiciado por la Constitución de 1929.

 

Tabla. Máximas autoridades del Poder Ejecutivo entre 1929 y 1935

Presidente

Cargo

Designado por

Duración

Isidro Ayora Cueva [1929-1931]

Presidente Constitucional

Asamblea Constituyente

859 días

Luis Larrea Alba [1931]

Encargado del Poder Ejecutivo

Dedazo del antecesor

52 días

Alfredo Baquerizo Moreno [1931-1932]

Encargado del Poder Ejecutivo

Dedazo del antecesor

318 días

Carlos Freile Larrea [1932]

Encargado del Poder Ejecutivo

Dedazo del antecesor

4 bloody days

Alberto Guerrero Martínez [1932]

Encargado del Poder Ejecutivo

Dedazo del antecesor

95 días

Juan de Dios Martínez Mera [1932-1933]

Presidente Constitucional

Voto popular

316 días

Abelardo Montalvo [1933-1934]

Encargado del Poder Ejecutivo

Dedazo del antecesor

316 días

Velasco Ibarra [1934-1935]

Presidente Constitucional

Voto popular

353 días

 

 [continuará…]

 

(1) Y añade el historiador Pareja Diezcanseco: ‘Según la Constitución de 1929, aunque no consagraba el régimen parlamentario, el poder legislativo prácticamente era omnímodo: cualquier legislador podía individualmente interpelar a los ministros de Estado –nombrados por el presidente de la República- y pedir su censura y el voto de desconfianza, que podía ser extendido, en la misma sesión, a todo el gabinete. Esto equivalía a obligar al presidente a la designación de ministros que merecieran la simpatía de la legislatura. Un país como el nuestro, con otros problemas, con otra tradición en su estructura administrativa, no podía ser gobernado con la Constitución de 1929’ (‘Los gobiernos de la plutocracia y las nuevas ideas’, en: ‘Historia del Ecuador’, Vol. VII, Salvat Editores, S.A., Barcelona, 1980, pp. 39-94).

(2) Nótese que si la Constitución actual tuviera esta cláusula, el Presidente ‘Mojón’ Moreno habría designado Encargada del Poder a la tenebrosa Romo.

(3) La elección de Martínez Mera estuvo manchada por el habitual fraude gubernamental. Como lo describe Robert Norris, en su biografía de Velasco Ibarra: ‘El número de votantes sobrepasó en unos 20.000 al de las elecciones anteriores y un hombre impopular entre las masas había ganado con una mayoría enorme. No quedaba duda de que había fraude.’ (Norris, Robert, ‘El gran ausente. Biografía de Velasco Ibarra’, Tomo I, Ediciones Libri Mundi, 2004, Quito, p. 147). La mayoría enorme era de 40.000 votos: 56.872 para Martínez Mera versus 16.211 a favor del candidato conservador.