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Olmedo al exilio

9 de febrero de 2024

             Publicado en diario Expreso el viernes 9 de febrero de 2023.

“Yo no he nacido para este puesto: el retiro, la soledad y la comunicación con las musas eran convenientes a mi genio y carácter; mandar, regir, moderar un pueblo y en revolución no es para mis fuerzas intelectuales y físicas”. En una carta fechada el 18 de octubre de 1821, siendo José Joaquín Olmedo el presidente de la Junta de Gobierno de Guayaquil, él le dirigió estas palabras al general Antonio José de Sucre. Son un testimonio de que Olmedo era, ante todo, un poeta.

Pero a este poeta le tocaron los tiempos revolucionarios de octubre de 1820 y, siendo Olmedo la personalidad que era en una pequeña Guayaquil de 20.000 habitantes (persona culta y leída, de 40 años, único residente que había sido diputado en las Cortes de Cádiz -el otro guayaquileño que fue diputado en Cádiz, Vicente Rocafuerte, estaba fuera del país) a él se le impuso la obligación de conducir a la patria “en revolución”: fue el primer Jefe Político de la ciudad, nombrado por el Cabildo el 9 de octubre mismo.

Olmedo renunció a los seis días, por los abusos que cometía el peruano Gregorio Escobedo, quien había sido nombrado por el Cabildo Jefe Militar de la ciudad el mismo 9 de octubre. Pero Olmedo jugó vivo: logró que el 8 de noviembre de 1820 se organice en Guayaquil un Colegio Electoral con 57 representantes de 27 territorios de la provincia de Guayaquil. Este órgano destituyó a Escobedo por su amplio catálogo de abusos, lo volvió a nombrar a Olmedo Jefe Político de la ciudad y adoptó el 11 de noviembre de 1820 la primera Constitución (el “Reglamento Provisorio de Gobierno”) para un territorio independiente de aquellos que compondrían, en 1830, el Estado del Ecuador.   

Para la Junta de Gobierno presidida por Olmedo, e integrada también por Francisco Roca y Rafael Ximena, aquel 8 de noviembre de 1820 en que se reunió el Colegio Electoral significó el día de la libertad para los pueblos de la provincia de Guayaquil, pues allí se había reunido su representación, “que es el más precioso de los derechos sociales, y el privilegio más noble de los pueblos libres”, a fin de aprobar las normas para su convivencia y para sus relaciones con los demás Estados. 

La Junta de Gobierno había convocado para el 28 de julio de 1822 a un nuevo Colegio Electoral a fin de decidir acerca del futuro de la provincia como parte de Perú o Colombia, o mantenerse como un territorio independiente. Pero el general Simón Bolívar tenía otras ideas: llegó a Guayaquil el 11 de julio, acompañado de 1.300 “bravos colombianos”, para disolver nuestra Junta de Gobierno y decidir (por el bien de la ciudad, o al menos para no hacerle daño) que Guayaquil empezaba a ser parte de Colombia. Todos los integrantes de la Junta de Gobierno partieron al exilio en Lima. Roca y Ximena jamás volvieron. 

En carta dirigida a Bolívar, fechada el 29 de julio de 1822, Olmedo le expuso a Bolívar la razón para su exilio: “Yo me separo, pues, atravesado de pesar, de una familia honrada que amo con la mayor ternura, y que quizás queda expuesta al odio y a la persecución por mi causa. Pero así lo exige mi honor. Además, para vivir, necesito de reposo más que del aire: mi Patria no me necesita; yo no hago más que abandonarme a mi destino”.

El primer exilio de Bucaram

14 de junio de 2017


Abdalá Bucaram (n. 1952) vuelve este sábado 17 de junio.

Su vida política empezó como Intendente de la provincia del Guayas durante la administración de su cuñado Jaime Roldós, en 1979. Y su primer cargo de elección popular fue la Alcaldía de Guayaquil. Ganó las elecciones de enero de 1984 y empezó a ejercer el cargo el 15 de abril, cuando todavía gobernaba Osvaldo Hurtado, a cuya administración le organizó dos huelgas (el 28 de mayo y el 7 de junio) (1).

Lo que la revista "La Tuya" conocía como "Guasmoville". Fuente.


En ese entonces, para la derecha socialcristiana sacarlo a Bucaram de la Alcaldía de Guayaquil fue un procedimiento simple. Se tomaron unas declaraciones de Bucaram sobre las Fuerzas Armadas, se las inflamó de ese patriotismo bobalicón tan común en el patriotero y en el político interesado en hacer daño, y se procedió penalmente contra Bucaram por el delito de injurias. Orillado por el gobierno central (Febres-Cordero era presidente, Nebot gobernador) so pena de cárcel, Bucaram se vio obligado a su primer exilio en Panamá, en septiembre de 1985 (2).

Las declaraciones de Bucaram fueron que las Fuerzas Armadas “solo sirven para desfilar en octubre y se llevan la mitad del presupuesto nacional”. Unas declaraciones con las que, visto lo visto en la historia de este país, es difícil estar en desacuerdo. Abdalá Bucaram estuvo sarcásticamente acertado, en la que fue la “razón” para su primer exilio.

(1) ‘Alcaldía de Abdalá Bucaram, una administración que terminó en Panamá’, Diario El Universo, 13 de junio de 2017.
(2) Si bien la práctica del destierro estaba en desuso en nuestra política, bien podría caracterizarse a las acciones impetradas desde el gobierno central para sacarlo a Bucaram del juego político como una forma sui géneris de destierro, ejercido contra un personaje particularmente incómodo. Abdalá Bucaram fue mantenido fuera del país hasta que se le permitió su retorno para participar en las elecciones presidenciales de 1988. Volvió el 1 de agosto de 1987, en helicóptero.