
“Contar para acercar” es el propósito del libro Ciudad Anónima. Crónicas del Guayaquil del siglo XXI afirma uno de sus autores, Fernando Astudillo (el otro es Tali Santos; ambos son periodistas de diario El Universo). En cumplimiento de ese propósito, los autores nos cuentan historias de líderes barriales, de voluntariado discreto, de homosexuales discriminados, porque (de nuevo, en palabras de Astudillo) “hay otra ciudad dentro de esta ciudad que los periodistas deben contar”.
Yo suscribo la afirmación de Astudillo salvo por un detalle: no observo ninguna razón válida para que los únicos que puedan o que deban contar esa “ciudad dentro de esta ciudad” sean periodistas (salvo que Astudillo utilice el término periodista no en el sentido de quien ejerce la profesión de tal, sino como un oficio cuyo ejercicio está al alcance de cualquiera, tenga o no el título de periodista). Antes, el ejercicio del periodismo suponía una tecnología que era casi imprescindible para la difusión de información y de opiniones (una tecnología que suponía jerarquías y patrocinio, herramientas útiles para el ejercicio de sutiles –en ocasiones, burdas- censuras porque la libertad de prensa –para quienes financian esa tecnología- suele ser la máscara de su libertad de empresa). Al día de hoy, el ejercicio del periodismo todavía supone esa tecnología de jerarquía y patrocinio que defiende la agenda de la empresa que la financia pero, a diferencia de antes, hoy también y cada vez más, se puede ejercer el periodismo (entendido en su definición amplia) desde los márgenes y contarnos esas historias, en palabras de Astudillo y Santos , “del anonimato dentro de la ciudad” y de “lo ajeno a lo convencional” y contarlas “a través de colectivos a los que a veces la sociedad les voltea la cara”: historias que no entran en la agenda de la empresa de comunicación. (Tanto es cierto que no entran en esa agenda que precisamente el libro al que hago referencia, según sus autores, fue escrito con el trabajo de reportería que hicieron “en sus tiempos libres, en las tardes de los fines de semana, en feriados y vacaciones. Incluso en las horas antes de entrar al trabajo”: “Todo fuera de las horas laborables en El Universo”. Así, ese libro no es una recopilación: es un rebusque).