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Diálogo cannábico entre Mahuad y Hurtado

9 de junio de 2018


I. Seguridad

- “Mind if I do a J?”

La pregunta de Jamil era retórica. Nadie le discute su capacidad para armar los porros: es la tecnología alemana hecha manualidades. “Mi lado Witt”, decía a veces, “a J is for Jamil”, decía en otras. Esta vez usó un blunt sabor babana split y extra-large, el muy goloso. Además, era retórica porque Hurtado no entiende inglés.

- “Si tu habilidad para introducir la marihuana en un receptáculo para su consumo hubiera sido equivalente a tu capacidad para gobernar el país”, apuntó un Osvaldo Hurtado a quien le estaba empezando a patear un happy brownie que se había comido de postre al almuerzo, “este país sería distinto”.
- “Pero si yo habría salvado al país, no hubiera podido ser nunca de la DP, pues Osvaldito. Una cosa es incompatible con la otra. Simplemente no fuimos ese partido.”
- “¿Qué dices, ve?”
- “Te digo que una tarde de lluvia en Harvard, ni me preguntes cómo, terminé viendo The Big Lebowski. Y no sé cómo explicarlo, pero simplemente la película caló en mí a un punto que… it really tied the room together, ¿cachas? A partir de entonces, veo mi paso por la DP de una manera distinta, no como datos, justificaciones o argumentos, pero como una cuestión de sensibilidades. Es decir, siento (acentuó esta palabra) que si prometimos gobernar a favor de la gente, le fallamos de manera horrible.”*
- … [Osvaldo estaba en un unicornio. Brownie kicked in]
- “¡Osvaldo!”
- “¿Ah?” [Osvaldo se descolgó gentilmente de su unicornio]
- “¿Cómo llegaste a la marihuana?”
- “Una vez, por error, me comí un happy brownie en una primera comunión y dije: ‘se me quitó lo idiota, ¿qué pasó?’. Ahí supe: ‘Estuviste drogado’, me dijeron, ‘y muy feliz’. Desde entonces tengo afición por los happy brownies. Porque, bueno, cumplen lo que prometen. Dicen happy y te ponen happy.”
- “Entonces nosotros como partido fuimos menos que un happy brownie.”
- “Objetivamente hablando, si la DP fue una droga, fuimos un Valium.”

Hurtado esperó haber sido gracioso. Pero ni drogado le pasó.

- “En materia de drogas, Osvaldito”, lo reconvino Mahuad, “más que un Valium, fuimos activos represores. Durante mi gobierno estaba en vigor la represiva Ley 108, que metió a decenas de miles de personas a la cárcel con graves violaciones a su derecho al debido proceso y un abuso sistemático de la prisión preventiva.”
- “Lo recuerdo. Esa ley fue adoptada durante el gobierno de Borja, en 1990. Desde ahí se dispararon todos los abusos, judiciales y policiales.”
- “El problema real eran los incentivos para cometer esos abusos. Con el paso del tiempo, se convirtió en beneficioso para los cuerpos de seguridad y de justicia la captura de un mayor número de personas por temas de drogas. El Estado llegó incluso a firmar un convenio con los Estados Unidos para financiar a la Policía Nacional, a condición de que se incremente el número de personas detenidas y la cantidad de droga incautada. Así, el incentivo ya no era hacer justicia, era sumar presos. Esto, lógicamente, terminó por provocar la perversión del sistema y el hacinamiento en las cárceles, pero ninguna solución real, porque los que ganaron, ganan y siempre ganarán en estos sistemas represivos son los que comercian las drogas en el mercado negro, pues la prohibición eleva de una manera artificial los precios. Este sistema termina por perjudicar a los débiles que no pueden enfrentar este sistema represivo y por beneficiar a los poderosos en las sombras, que pueden corromper el sistema a su favor. Todo este desastre, lleno de violencia y de corrupción, auspiciado a nombre de la seguridad.”
- “Y esos abusos en nombre de la seguridad hoy le cuestan al Estado millones de dólares en sentencias condenatorias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.”.
- “A mí, Osvaldo, realmente me produce más angustia la situación de los presos. Es escalofriante la cantidad de gente que durante tu gobierno y el mío estuvieron en la cárcel por años, por tener en sus manos menos de la mitad de la marihuana que yo me he fumado esta tarde escuchando el Mediterráneo de Serrat.”
- “Chucha. Piensa, Jamil: ¿Cómo una estrategia de comunicación puede cambiar las ideas de una sociedad sobre la marihuana?”
- “¿Te lo digo en una palabra?”
- “Dale.”
- “Pérate…”

Mahuad se aplicó unos segundos a concluir el porro y hacerle unos retoques. El resultado, magnífico, calificaba para artesanía cannábica.

- “Ahora sí”, dijo Mahuad, sosteniendo el magnífico porro entre los dedos de su mano derecha. “Esa palabra es: Seguridad.”
- “Pero si en nombre de…”
- “Por seguridad”, interrumpió Mahuad a Hurtado, “se debe debatir un marco legal que favorezca un negocio, en vez de estigmatizar a sus clientes, a partir de hacer notar que este negocio es lucrativo, que aquí hay billete en serio. Esto no es ciencia ficción, Osvaldito, hay modelos exitosos. En Colorado, el primer estado de los Estados Unidos en legalizar el consumo recreativo de la marihuana, es decir, en darle seguridad jurídica a su tráfico y a su consumo, la medida ha sido exitosa en términos económicos y sociales. El resultado en cuatro años de experiencia de legalizar la marihuana en Colorado es un mercado de 4.5 mil millones de dólares que genera más de 200 millones anuales en impuestos y la creación de miles de nuevos empleos. Además, en Colorado, el consumo de marihuana ha disminuido en los adolescentes.”
- “Asombroso.”
- “Más asombroso aún: ¿Sabes cuál fue la clave de la campaña para llegar a legalizar la marihuana en Colorado, Oswaldo? Por increíble que te parezca, promocionar que la marihuana es una sustancia más segura que el alcohol. Marijuana is safer. ¿Puedes creerlo? Ganaron apelando a la seguridad. No apelaron a la libertad de drogarse, apelaron a la seguridad. Y tenían razón, porque la marihuana es mucho más segura: está demostrado que la marihuana es 114 veces menos peligrosa que el alcohol. Ahora tú y yo sabemos eso por experiencia, que lo peor que nos puede pasar es una siesta demasiado larga. Pero el alcohol sí que te pone muy bruto. ¿Te acuerdas de esa vez que tomamos 101 botellas de Zhumir en una Convención de la DP en Pimampiro?”
- “Lo recuerdo. Se rompieron como cuatro vajillas, hubo veintidós contusos y siete carros estrellados contra el portal, incluido un Trooper que luego terminó en la piscina. El pelado Rivera vomitó en cuatro maceteros y un mesero. La delegación de Cotopaxi usó de orinal a un representante de El Oro. La cosa se descontroló.”
- “Fue un desastre. Realmente el consumo de alcohol sí es un problema social y de salud en todas partes, no se diga en este país. Pero por otra parte, la legalización de la marihuana en Colorado, ahora en California, que por sí misma es una economía más grande que todo el Reino Unido, en nuestro sudamericano Uruguay, es evidencia de que esto es una tendencia que crece y que es irreversible. Lo que se necesita es que cambiemos de chip mental, con información y debate, para entender que la prohibición de la marihuana es un costo muy alto a pagar por no obtener nada a cambio, como no sea violencia, miedo e inseguridad, así como para entender que su legalización es una gran oportunidad para construir una sociedad más segura y más productiva, menos prejuiciada y más creativa. Y es la propia sociedad, los que defendemos el libre mercado y los emprendedores, los que debemos exigir este cambio en el enfoque de la seguridad y pasar de una seguridad represiva e ineficaz, a una seguridad jurídica para el emprendimiento y el consumo, e incluso a una mayor seguridad asociada al menor consumo de alcohol reemplazado por otra sustancia recreativa, menos dañina. Mucho menos dañina.”
- “Puta, brillante.”
- “People forget the brain is the biggest erogenous zone.”
- “¿Qué?”
- “Jackie Treehorn.”
- “¡Ah!”

Obviamente, Hurtado no tenía idea de quién era Jackie Treehorn.

- “¿Qué piensas, Osvaldito? ¿Crees que una estrategia así funcionaría?”.
- “Creo que apunta a un objetivo idóneo para abrir una conversación en una sociedad conservadora como la nuestra: la seguridad. Es en nombre de la seguridad que cometimos tantos errores en el pasado, es por la seguridad por la que debemos enmendar las políticas sobre la marihuana de cara al futuro. Por la seguridad de emprender, de cuidar de uno, de consumir en libertad. Porque si seguimos insistiendo en políticas represivas, costosas e inútiles, que únicamente han fracasado, ¿qué chucha, somos masoquistas? Es un buen momento para pensar por fuera de la caja… creo que tus argumentos me hubieran persuadido aunque yo no hubiera consumido jamás marihuana. Porque… es de puro sentido común, ¿no? Pero claro, eso es fácil decirlo ahora que estoy drogado… ¿Y?”

Este último “¿Y?” incluía un gesto con la jeta que aludía a la pieza de artesanía cannábica que Mahuad ostentaba en su mano derecha.

- “Es de banana split”, dijo orgulloso.
- “Solo una caladita, que más temprano me comí un brownie.”

Osvaldo Hurtado aspiró como si de menospreciar a Correa se tratara, y casi se rompe los pulmones.

- “Solo una caladita, qué hijopu…”, y se desató un torrente de risas entre ambos. Mahuad había fumado la tarde escuchando a Serrat y a Hurtado le pegó ahora sí el brownie como un zurdazo de Jimmy Izquierdo. Cualquiera que haya estado en circunstancias como esas (a mí me pasó una vez en el Bolocentro), sabe que uno simplemente no para de reírse hasta el dolor de panza, y que sigue.

Y así estaban, agarrándose las barrigas, partidos de la risa, los dos presidentes que la DP le dio al Ecuador.

*

P.S.- Esta versión alternativa de la DP drogada me gusta 795.684 veces más que su versión original. Que es, tristemente, la verdadera.

* Sobre The Big Lebowski y el sentido zen de la vida, v. ‘The Dude and the Zen Master’. Los enlaces asociados a las palabras del expresidente Mahuad constantes en este escrito conducen a elementos para sostener (a efectos de que este sea informado y razonable) un debate acerca de la legalización del uso recreativo de una… planta.

Mazúrquica modérnica

22 de julio de 2009

Me han preguntádico varias persónicas

si peligrósicas para las másicas

son las canciónicas agitadóricas.

¡ay que pregúntica más infantílica!

Sólo un piñúflico la formulárica,

p'a mis adéntricos yo comentárica.


Le he contestádico yo al preguntónico:

"Cuando la guática pide comídica,

pone al cristiánico firme y guerrérico

por sus poróticos y sus cebóllicas.

No hay regimiéntico que los deténguica

si tienen hámbrica los populáricos".


Preguntadónicos partidirísticos

disimuládicos y muy malúdicos

son peligrósicos más que los vérsicos,

más que las huélguicas y los desfílicos.

Bajito cuérdica firman papélicos,

lavan sus mánicos como Piláticos.


Caballeríticos almidonádicos,

almibarádicos, miniminimini...

le echan carbónico al inocéntico

arrellenádicos en los sillónicos.

Cuentan los muérticos de los encuéntricos

como frivólicos y bataclánicos.


Varias matáncicas tiene la histórica

en sus pagínicas bien imprentádicas.

Para montárlicas no hicieron fáltica

las refalósicas revoluciónicas.

El juraméntico jamás cumplídico

es el causántico del desconténtico.


Ni los obréricos

ni los paquíticos

tienen la cúlpita, señor fiscálico.


Lo que yo cántico es una respuéstica

a una pregúntica de unos graciósicos,

y más no cántico porque no quiérico;

tengo flojérica en los zapáticos,

en los cabéllicos, en la camísica,

en los riñónicos y en el bolsíllico.


Acá, a Violeta Parra la canta el primo de todos, el maestro Serrat:

El gusto será nuestro

17 de noviembre de 2007

Les sucedió a Ana Belén y Víctor Manuel: con ocasión de un recital que la pareja ofreció en Quito, se les acercó un señor de bigote y les preguntó si tenían amistad con Joan Manuel Serrat; ellos asintieron. El señor de bigote les contó entonces que era fanático ultra de Serrat.

(La prueba: viajó de luna de miel a Barcelona para conocer la calle Poeta Cabanyes, en el Poble Sec, donde Serrat nació.) Les contó que en un recital de Serrat en Quito, él fue quien compró el primer boleto y estuvo, literal, “con las narices prácticamente pegadas al escenario”. El señor de bigote le solicitó con febril insistencia a Serrat que cantara Elegía y Serrat no hizo caso; cuando Serrat presentó a sus músicos, omitió a su compañero de piano de siempre, Ricard Miralles (porque no estaba presente en la gira); ante esta omisión, el señor de bigote le grito a Serrat: ¿Y Miralles? El buen Serrat perdió su natural calma, lo miró furioso, lo aleccionó y lo echó del recital. En palabras textuales del señor de bigote: “Yo me volví hacia mi asiento como un perro apaleado, le hice un gesto a mi esposa y salimos a la calle, les juro que iba llorando”. (La historia se narra en Diario de Ruta. El gusto es nuestro, pág. 48-50).

Estaremos, precisamente, en sus antípodas: esta columna se publica el sábado 17, el mismo día en que un perito agrícola (tal es su oficio), este primo de todos, El Nano Joan Manuel Serrat, y su íntimo cofrade, aquel que iba para profesor de literatura en provincias, de nombre Joaquín Ramón Martínez, pero más conocido por su segundo apellido, Sabina, brindan un recital del cual tengo la muy irrefutable convicción de que encandilará aquello que algunos llaman alma pero que puede reducirse, sin ningún perjuicio, a aquello que es lo más íntimo de todos nosotros. Es imposible abarcar lo que Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina significan para muchos, lo que significan para mí; sería barroco el inventario de cuántas ocasiones ellos han auxiliado la (mi) existencia: el universal primo El Nano ha sido la educación sentimental de tres generaciones de españoles e hispanoamericanos que cultivaban o cultivan su espíritu; el exquisito y bohemio Joaquín ha sido el compañero irrefutable de las descorazonadas noches de bares y borracheras con las chicas sorprendidas (que no lo conocen) o las cómplices (la inversa) de su carnal verbo. Tantas canciones, tantas, que nos han marcado y yo aprovecho y proclamo mis favoritas: las de Sabina (Y sin embargo, Contigo, A la orilla de la chimenea, y podría seguir y sumar) y las de Serrat (De vez en cuando la vida, Mediterráneo, Donde quiera que estés, y podría, también, por supuesto, seguir y sumar), y si las cantan esta noche, contribuirán estos excelsos canallas cantaescritores a mi sencilla y poética felicidad. Yo he disfrutado recitales de Serrat y de Sabina, aquí y en el extranjero, pero nunca los he visto juntos: hoy será, sin duda, para todos los que asistamos, un día especial e irrepetible. Ojalá que esté presente el señor de bigote que abre esta historia, para que vindique el placer de escuchar a Serrat, en conjunto con este ubetense maestro. Yo estoy seguro que, apropiándome del título del libro que reseñó la gira de cuatro amigos para los que Sabina compuso un soneto (que dice: “gracias por perfumar con emociones / el sueño de una noche de verano”, y es tan oportuno), el gusto será nuestro, muy y deliciosamente nuestro.