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¿Por qué el martes?

6 de noviembre de 2016


En los Estados Unidos de América se vota los martes, una rareza. ¿La razón? Para que “granjeros que llevan más de cien años muertos no tengan una excusa para faltar a la iglesia”, según se explica en este ilustrativo video de John Oliver:

 
Lo que en el s. XIX representó algún beneficio concreto para la sociedad rural norteamericana, hoy es perjudicial para la sociedad como un todo. Pero se lo mantiene por pura inercia, en uno de los sistemas electorales más disparatados del mundo.

"Pennies from heaven"

5 de noviembre de 2016

En varios pueblos pequeños de los Estados Unidos de América, la policía te roba y la práctica se llama “confiscación civil” [civil forfeiture]. Así es: la policía te roba, plenamente amparada en la ley: detiene tu vehículo en la carretera y confisca cosas (usualmente, dinero en efectivo) sobre la base de que se encuentran asociadas al tráfico de drogas, pero no tienen que probar su acusación. Sólo lo confiscan y ya está (esta legislación es cortesía de la paranoia ochentera durante la presidencia de Ronald Reagan). Como un policía “beneficiario” lo definió, esto es “pennies from heaven”.

John Oliver muestra el absurdo de esta regulación: los Estados Unidos de América demandan a objetos random. O no tan random: apetecidos por la policía corrupta, al menos. 
 
Este asunto extraordinario y abusivo ha sido tratado por John Oliver en TV y por Sarah Stillman en las páginas de The New Yorker (1). Dos muestras de periodismo de excelencia.  
 
(1) ‘Civil forfeiture: Last week tonight with John Oliver (HBO)’, LastWeekTonigh, YouTube [5 de octubre, 2014]; Sarah Stillman, ‘Taken’, The New Yorker [Edición del 12 & 19 de agosto].

Una misión difícil

16 de marzo de 2016


El senador republicano por Kentucky Mitch McConnell es un fulano con una misión difícil. Cuando su partido se opuso a la aplicación de una regla procedimental (la informal ‘Thurmond rule’) él salió a decir (el año 2005) que dicha regla era inaplicable por “inexistente”; ahora que su partido necesita aplicar esa misma regla para evitar que Obama nomine a un juez liberal en la Corte Suprema (1) él debe salir a decir que la inexistente regla existe y que debe aplicarse (2). 

El mejor argumento de McConnell, según John Oliver (3)
  
(1) El indio Sri Srinivasan ha sonado como candidato. Se cambiaría así un primer ítalo-americano por un primer indio-americano, v. David Smith, ‘Sri Srinivasan: potential supreme court nominee could break GOP blockade’, The guardian, 24 de febrero de 2016. 
(2) Jay Michaelson, ‘GOP cynicism on the Supreme Court reaches a new low’, The Daily Beast, 15 de febrero de 2016. En el marco jurídico internacional, alegar una regla que se había previamente rechazado no es posible por el principio procesal del estoppel del que tanto ha hablado la Corte Interamericana de Derechos Humanos, afincado en la frase latina venire contra propium factum non valet (atribuida en su formulación actual al jurista italiano Filippo Decius [1451-c.1535], aunque de larga raigambre romana): “De acuerdo con lo establecido en su jurisprudencia, ésta [sic] Corte considera que un Estado que ha adoptado una posición, la cual produce efectos jurídicos, no puede luego, en virtud del principio del estoppel, asumir otra conducta que sea contradictoria con la primera y que cambie el estado de cosas en base al cual se guió la otra parte. El principio del estoppel ha sido reconocido y aplicado tanto en el derecho internacional general como en el derecho internacional de los derechos humanos”, v. Corte IDH, Caso Argüelles y otros vs. Argentina, Sentencia de 20 de noviembre de 2014 (Excepciones preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas), Serie C, No 288, párr. 59, nota 48. Eso sí, el estoppel aplica en el mundo de los jueces y de los alegatos. Esta acción que se comenta sucederá es en el campo de la política, so you never can tell. 
(3) ‘John Oliver to GOP: ‘Honor Scalia by swiftly and efficiently replacing him’, YouTube, 14 de febrero de 2016.

Hitler & Drumpf

2 de marzo de 2016


Adolf Hitler y Donald Drumpf tienen un parecido fundamental: el ser la alternativa política preferida por una amplia mayoría de humillados hombres blancos. Cambian el tiempo y el lugar, e incluso el objetivo de su desprecio (donde decía ‘judío’ ahora dice ‘mexicano’) pero la sustancia común a ambos es un enojo que se traduce en votos para un fulano con una promesa agresiva de grandeza. Este video muestra el parecido de sus promesas en el imaginario de sus votantes (1)
  
Y ahora Drumpf ha dejado de ser simplemente un payaso millonario para convertirse en un payaso millonario con posibilidades de alcanzar la presidencia del país más poderoso del mundo. Ayer en el Super Tuesday, Drumpf barrió en las primarias del Partido Republicano.

Esta pieza de periodismo investigativo de John Oliver (de su programa del 28 de febrero) explica las razones por las cuales no debería elegirse como presidente de los Estados Unidos de América a Donald Drumpf:


La paradoja de Scalia

25 de febrero de 2016

La muerte del juez Antonin Scalia el 13 de febrero provocó una paradoja en la política estadounidense. Esto, porque si si se respeta el ‘originalismo’ que propugnó Scalia durante su período como juez de la Corte Suprema de su país (1986-2016), su reemplazo debería ser un juez de orientación liberal (nombrado por Barack Obama) (1); si se irrespeta su criterio interpretativo, el reemplazo del conservador Scalia podría ser (en función del resultado de las elecciones presidenciales del 8 de noviembre) un juez afín a sus ideas.

Sobre esta situación se explaya John Oliver en un fragmento de su programa del domingo 14 de febrero (2).

 
(1) Constitución de los Estados Unidos de América, Artículo II, Sección 2, parágrafo segundo: “[The President] shall nominate, and by and with the Advice and Consent of the Senate, shall appoint […] Judges of the Supreme Court”.
(2) Marlow Stern, ‘John Oliver slams Republicans for attempting to block Obama’s SCOTUS choice’, The daily beast, 14 de febrero de 2016. 

Notas sobre el programa de John Oliver

14 de febrero de 2015

Como muchos en el mundo, conocí el programa de John Oliver por su memorable diatriba contra la FIFA. Ese trabajo se difundió el 8 de junio del 2014, a escasos días (cuatro, para ser preciso) del inicio del mundial de Brasil, durante la emisión del sexto episodio de la primera temporada de su programa Last week tonight with John Oliver, transmitido por HBO.

Poco tiempo después, en clases de mi maestría, estudiamos las restricciones a la venta y posesión de armas implementada en Australia durante el gobierno del primer ministro John Howard (quien gobernó Australia desde 1996 durante 11 años, por cuatro períodos consecutivos) por contraste a la imposibilidad del presidente Barack Obama para aplicar similares restricciones en los Estados Unidos de América. (La comparación entre lo sucedido en los Estados Unidos de América y en Australia motivó este artículo de mi autoría). En clases, analizamos la pieza periodística que John Oliver realizó sobre este tema (titulada ‘Australia’s gun control’s aftermath’ [Repercusiones del control de armas en Australia]) cuando se desempeñaba como reportero del programa The daily show, conducido por Jon Stewart. Es un trabajo de investigación extraordinario, incisivo y gracioso, que obtuvo incluso un premio Emmy. Se presentó en tres partes (las tres se las encuentra en el enlace anterior) y es altamente recomendable.

El año pasado, John Oliver se independizó de The daily show, e inició su propio programa Last week tonight with John Oliver en abril. La primera temporada tuvo 24 episodios; la segunda, en cuyo primer y hasta ahora único episodio ha sido figura estelar el presidente Correa, tiene planeados 35. En los 25 episodios que hasta ahora se han difundido, el programa de John Oliver se ha ocupado, por diversas razones, de la situación de muchos países del mundo mundial, entre otros, Australia (por Tony Abbott), Argentina (por el tuit de Cristina Fernández), Brasil (por las elecciones), Hungría (por el impuesto al Internet), India (por las elecciones), Nueva Zelanda (por el referéndum sobre el cambio de su bandera), Singapur (por los problemas con las apuestas), Suecia (por la caza de un submarino ruso), Tailandia (por la hipersensibilidad de su monarquía), Uganda (por las leyes represivas de la homosexualidad)… Son países de todos los continentes habitados, a los que de manera reciente se sumó Ecuador, gracias a la so-called taint-sensibility del presidente Rafael Correa. Por cierto, Correa es una más de las altas autoridades políticas que han merecido la atención del programa de Oliver. Se une a un selecto grupo conformado por el presidente indio Narendra Modi, la canciller alemana Angela Merkel, el primer ministro australiano Tony Abbott, el presidente francés François Hollande, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, la reina Beatriz de Holanda, el presidente zimbabuense Robert Mugabe, el emir Sabah Al-Sabah de Kuwait, el príncipe Enrique de Dinamarca, el presidente ruso Vladimir Putin, el sultán Hassanal Bolkiah de Brunéi… Entre otros tantos que no son políticos, desde Jérôme Valcke, secretario general de la FIFA (en el segmento Fuck that guy) hasta la filósofa de los ‘selfish assholes’ Ayn Rand (en el segmento How is she still a thing?).

A manera de muestra de la calidad del trabajo de John Oliver, pongo a consideración mi top 5 de su programa:  

5) Su retrato de Tony “dumb, dumb” Abbott. Hilarante. Juzguen por ustedes mismos el personaje que Abbott es:


4) Su burla a la reina de Reino Unido, etc., cuando visitó el set de Game of Thrones. La llamó “una reina con poderes falsos, visitando un reino falso, el que probablemente tiene un mayor impacto en la vida de su país que el que ella misma tiene”. Parece, después de todo, que Oliver y Correa comparten un común desprecio por las monarquías:


3) Su ataque a la desigualdad de ingresos en los Estados Unidos de América y al optimismo que se dispara al pie:


2) Su crítica del sistema penitenciario de los Estados Unidos de América. El humor y la investigación profunda, unidos de manera inteligente para formular un contundente alegato en contra de un sistema injusto. Extraordinario (feat. a sort of Sesame Street puppets):


1) Su diatriba contra esa organización mafiosa llamada FIFA. El video que me introdujo a Last week with tonight with John Oliver y el (hasta ahora) más visto de todo su trabajo, con cerca de 10 millones de visitas en YouTube:


P.S.- Por cierto que en comparación con el trato que le ha dispensado a otros líderes, Oliver lo trató bastante bien a Correa: le da incluso un estatus de posible líder mundial. Por contraste y como se puede apreciar en el video, al primer ministro australiano Tony Abbott lo retrata como un perfecto idiota (aunque, a decir verdad, Abbott tampoco es que se ayuda).

Correa en Vietnam

11 de febrero de 2015

Este es el precio que tienes que pagar por no entender las reglas del juego en Twitter:


El comediante inglés John Oliver se ha burlado del presidente Rafael Correa en la primera emisión de la segunda temporada de su programa Last week tonight with John Oliver. La razón de su burla es porque Correa ha emprendido una batalla contra las opiniones ofensivas hacia su gobierno en las redes sociales. En mi opinión, Oliver tiene razón.

Pero antes de señalar el porqué considero que John Oliver tiene razón, creo necesario analizar dos cosas. Primero, la defensa que se ha hecho de Rafael Correa por la opinión que Oliver emitió sobre él. Segundo, el contexto de la red social Twitter en el Ecuador.

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Sobre lo primero, la defensa más desafortunada de Rafael Correa ha sido la que él mismo ha ensayado. En respuesta a John Oliver, Correa publicó el siguiente tuit:


Esta es una respuesta pésima, por la sencilla razón de que alguien debería referirle a Correa de la nacionalidad de Charles Chaplin, Peter Sellers y Ricky Gervais, o facilitarle un DVD con el Life of Bryan de Monty Python. Además que, sobra decirlo, una respuesta a partir de generalizar sobre los "comediantes ingleses" es, de por sí, inapropiada.

Una defensa más razonable que la ensayada por el presidente la ha hecho una canadiense, de nombre Shannon Rohan. En una carta abierta a John Oliver, ha expuesto con mucho respeto la razón de su disenso con Oliver. El núcleo de su argumento es que Correa es un líder que se toma “su trabajo personalmente”: por lo tanto, así como ordena resolver cosas en sus interacciones en Twitter (por ejemplo, con el muy conocido, [institución pública X]: favor atender) también se toma personalmente las ofensas que se le puedan hacer a través de ese medio. El problema con este argumento es que es un falso dilema: una cosa no implica necesariamente a la otra. Es perfectamente posible que el presidente Correa se tome en serio sus compromisos y su rol como presidente de la república, al tiempo que ignore a quienes intentan ofenderlo.

Una tercera línea de defensa se ha ensayado en la red social Twitter con el hashtag #JohnYouAreInvited, a través del cual se han difundido obras y servicios que el gobierno de Rafael Correa ha implementado en el Ecuador. A diferencia de las anteriores, ésta es una manera inteligente de enfocar el debate en lo positivo que el gobierno de Correa ha hecho por el país en materia de obras y de servicios (que es, en definitiva, para lo que se elige a un gobierno).

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Sobre lo segundo, según un estudio divulgado por el Wall Street Journal y citado en la prensa nacional, un 44% de usuarios de Twitter jamás ha tuiteado y tan solo un 13% ha enviado más de 100 tuits. De aquellos usuarios que sí son activos, muchos no se muestran interesados por cuestiones de índole política. El número de tuiteros que de manera activa se ocupa de temas políticos es, en realidad, muy menor en comparación al número total de usuarios de esta red social en el país. Y es, en mi opinión, un grupo bastante auto-referencial. El caso de los tuiteros que se convocaron a una marcha para protestar por el caso de la narcovalija fue, en este sentido, muy elocuente: del entusiasmo inicial que hubo en la red social, al final se presentaron tan solo unas cincuenta personas. ¿Los efectos prácticos de dicha marcha? Pues además de demostrar la pobreza de su convocatoria, ninguno en particular.

Hace tiempo que me salí de Twitter y considero que ha sido una decisión muy acertada. En unas pocas ocasiones me he metido para revisar opiniones sobre temas específicos (no es necesario tener una cuenta para ello) y lo que por lo general he encontrado son razones para confirmar la opinión del escritor colombiano Fernando Vallejo sobre esa red social: “una red de alcantarillas donde la chusma paridora y vándala excreta sus insultos”. Vallejo exagera, pero no está desencaminado: al menos en materia de debate político, lo que suele existir (con excepciones, por supuesto) es un maniqueísmo ramplón de buenos y malos, sin espacio para matices, donde quien no está alineado en el bando de uno se merece por ello agravios y descalificaciones. Y la inteligencia, como supo bien advertirlo Nietzsche, está en los matices. Es muy difícil encontrarlos expresados en 140 caracteres.

Hace mucho tiempo la experiencia me enseñó, a través de este blog principalmente, que hay gente que es simplemente inmune a todo razonamiento. Cuando lo abrí, pensé ingenuamente en publicar y en responder todos los comentarios que me hicieran, por ofensivos que estos fueran. Y actúe en consecuencia, solo para darme cuenta con el paso del tiempo que estaba en un error. En muchos casos, yo me esforzaba en razonar pero el otro, aquel “inmune a todo razonamiento”, solo quería ofender. A esos, se los conoce como “trolls”. Los hay por montones en Twitter (hace escasos días, el CEO de Twitter admitió “vergüenza” por su fracaso para erradicarlos de dicha plataforma) y su único propósito es hacer daño (sea amparados en un supuesto sentido del humor, o totalmente carentes de él). Es esa su personal victoria. Si son psicópatas o son pagados por intereses políticos, eso no es lo relevante. Lo relevante es que hacerles frente es, en cualquier caso, empezar a perder.

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En esencia, creo que John Oliver tiene razón, porque iniciar una “batalla” contra los tuiteros es inútil y desgastante. Como él lo dice, ganar en Twitter “es imposible”. Las reglas del juego son claras: puedes abrir una cuenta de manera que tu identidad no sea descubierta y tienes una amplia libertad para decir casi cualquier cosa en la medida en que cumplas con el requisito de utilizar 140 caracteres. Cuando digo “casi” es porque ciertas cosas no deben ser toleradas. Una amenaza de muerte es uno de esos casos. Hace poco un fulano amenazó de muerte al presidente Obama a través del Twitter: ahora cumple seis meses de prisión. Otro ejemplo es la apología del terrorismo. Por estos días, en España se detuvo a 19 personas por dicha causa en razón de sus opiniones vertidas en Twitter y en Facebook. Pero de estas personas no se debe ocupar la máxima autoridad de un Estado: se deben encargar sus organismos de seguridad y de justicia, como sucedió en los Estados Unidos de América y en España.

Considero, además, que se puede utilizar de una mejor manera las redes sociales. Como lo ha sugerido un experto en este tema como Christian Espinoza, la iniciativa de la página Somos Más se podría transformar “en una página de desmentidos de rumores, alertar de falsificación de cuentas, bulos, oaxes que circulan como ciertos, cómo defenderte de amenazas que te hagan en redes, destinadas a educar a la población, a verificar información, tips para no caer en trampas de este tipo”. O también, se podría continuar con iniciativas análogas a la impulsada con #JohnYouAreInvited, propuestas con tono positivo.

Pero el que un gobierno se ponga a desenmascarar a particulares que lo “ofenden” no es solo inútil sino contraproducente (valga aquí como ejemplo el que a CrudoEcuador le crecieron por miles los seguidores inmediatamente después de que el presidente Correa lo hizo famoso en una sabatina: esto se conoce como el “efecto Streisand”). Por mucho poder que tenga un Estado, tal vez logre “acabar” con algunos tuiteros pero siempre habrán muchos más. Escondidos en su anonimato (alcantarillas, las llamó Vallejo) y con el propósito de desgastar la imagen del presidente y de su gobierno, cada respuesta que Correa les formule, solo los alimenta a ellos al tiempo que lo perjudica a él. Porque no necesitan siquiera tener la razón: les basta, en el mejor de los casos, con hacer notar que el otro no la tiene; en el peor de ellos, en procurar que la pierda, a través del sencillo expediente del agravio y la descalificación. Y podrán pasar muchos años, y un grupo con poder (el poder de un Estado) encabezado por el presidente Correa y su equipo de comunicación, seguirá perdiendo y desgastándose, en una batalla sin sentido porque nunca lo tuvo desde su mismo principio.

¿Vietnam, anyone?