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Tiki-Caca

6 de julio de 2018


En un partido de fútbol, muchos pases pueden ser mucha mierda. El mejor ejemplo de esto fue la selección española, en el partido en que se apeó del mundial.

En ese partido contra Rusia, Sergio Ramos impuso un récord, que a la vez fue un síntoma. Dio 141 pases, como nunca nadie en la historia de los mundiales lo había hecho, desde que se miden estas cosas (1966). Y fue un síntoma, según José Sámano:

“Síntoma absoluto de para qué la utilizó la selección española, como artefacto para ganar minutos más que metros, para hacer creer que era lo que fue y hoy tanto le cuesta siquiera plagiar. El balón como objeto ambulante, de aquí para allá de forma previsible, en horizontal”.

Este récord de Ramos funciona como una explicación de porqué perdió España. Un récord de mierda.

Uruguay nomá

5 de julio de 2018


¿Qué es Uruguay? La broma geopolítica dice que son 3 millones de argentinos viviendo en territorio brasileño. Pero es mucho más que eso: es una prueba casi poética de que el artificio de la Patria convoca y produce héroes.

El juego de Uruguay es el triunfo de los valores de la escuela pública*. No en vano su DT es un profesor: el Maestro Tabárez (que lo ha sido por 4 mundiales seguidos). Los yoruguas han logrado construir un país tranquilo y laico, sin taras conservadoras, donde el aborto es seguro y gratuito, donde se legalizó el matrimonio homosexual y el consumo recreativo del cannabis. Increíblemente, tratándose de un país sudamericano, en Uruguay el dilema del prisionero se resuelve en lo colectivo.

Y siempre es de temer la selección de un país que juega así, como su goleador Edinson Cavani tal como descrito por un uruguayo vocacional, Antoine Griezmann: “Juegan todos juntos y lo dan todo por sus compañeros, es algo que vivo cada día en el Atlético y me encanta. El estilo de Cavani, que defiende y trabaja por el equipo, y es lo que adoro”.

Si pones a 11 así, no falta nada. ¡Uruguay nomá!

* ¿Cuáles son estos valores? Pues: “Lo colectivo por sobre lo individual... justipreciar las propias fuerzas y las fuerzas de los adversarios... asumir los propios errores y no poner la culpa afuera... ser autocríticos sin utilizar la autocrítica como masoquismo destructivo... no comprometer la propia conducta a cambio de un resultado obtenido de mala fe”. Es decir, masomenos la antítesis de un ecuatoriano promedio.

Corrupción

17 de junio de 2018


Para un ecuatoriano, creo yo como uno de la tribu, mirar el partido de Perú en el Mundial de Rusia es pensar también que la selección del Ecuador pudo estar allí. Cuando terminó la cuarta fecha de las Eliminatorias Sudamericanas, la diferencia de puntos entre Ecuador y Perú era de nueve. Ecuador había ganado todo (incluso a Argentina en Buenos Aires), Perú apenas contaba tres puntos.

Después de esas cuatro fechas, la selección del Ecuador se fue al carajo. En los restantes catorce partidos, acumuló menos puntos que en esas cuatro primeras fechas: apenas ocho. Perdió los últimos seis partidos y pasó del tope de la tabla a su fondo, en compañía de Bolivia y Venezuela.

¿Qué pasó entre esas primeras cuatro fechas y las catorce siguientes? La intervención de la Justicia de los Estados Unidos: el caso FIFAGATE, a raíz del cual se redujo a prisión al presidente de la Federación Ecuatoriana de Fútbol, Luis Chiriboga, sentenciado por lavado de activos.

Es decir, la selección de nuestro país estuvo aceitada y fina mientras presidió la Federación de Fútbol un pillo probado. Cuando orillado por las circunstancias fue obligado a dimitir Chiriboga, a partir de la quinta fecha asumió un reemplazo que no satisfizo las expectativas de los seleccionados, se armó la trinca, se pudrió todo.

Cuando no existía Correa (ahora, el chivo expiatorio de moda), el expresidente Osvaldo Hurtado decía que “el problema de la deshonestidad, el problema de la carencia de ética, el problema de la corrupción, son problemas de los que formamos parte directa o indirectamente todos los ecuatorianos”*. La cruel paradoja de una selección de fútbol que funcionaba mejor cuando la corrupción campeaba en su Federación, parece probarlo en lo cierto.

* Osvaldo Hurtado, ‘Una Constitución para el futuro’, Fundación Ecuatoriana de Estudios Sociales, Quito, 1998, p. 215.

Conducir por la izquierda

15 de junio de 2018


Soy un firme convencido de que el cumplimiento generalizado de dos simples reglas cambiarían de manera radical la circulación de los vehículos a motor en Guayaquil:

Regla # 1: Toma un carril y mantente en él.
Regla # 2: Si tomas el carril izquierdo, vas rápido.

Hoy salí temprano de mi casa para ver el primer partido de este día de Mundial que empezaba a las 7 am. Subía en mi carro por Avenida del Ejército, por el carril izquierdo. Sobre ese mismo carril rodaba una moto, e iba lento. Le pité. Obvio, fue un esfuerzo inútil. Le pité una vez más, y recién allí el de la moto encendió una direccional. Iba a virar a la izquierda en Alejo Lascano, como también iba a hacerlo yo.

Viramos. Nos detuvimos uno al lado del otro en la luz roja de la intersección de Lascano y Mascote. Yo estaba del lado izquierdo, él a mi derecha. El tipo tenía un casco que le cubría la boca y yo tenía mi ventana del pasajero cerrada, por lo que cuando empezó a increparme no le entendí ni verga, pero era obvio que el motoquero ensayaba un reclamo por haberle pitado dos veces.

Bajé la ventana del pasajero. Le empecé a hablar en un tono suficientemente alto como para que no se pierda ni una de mis palabras: “La izquierda es para ir rápido, si vas por la izquierda, debes ir rápido”. Acompañaba mis dichos con gestos visibles y aspaventosos: con la mano derecha hacía las señas correspondientes a “rapidez” y con la mano izquierda señalaba el carril izquierdo. Estaba consciente, por el tono y los gestos, de que lo estaba tratando como a un perfecto subnormal, pero es que en el fondo sospechaba que de eso se trataba este combo de hombre y moto. 

Yo supongo que él quiso decirme que iba lento por la izquierda porque pensaba virar a la izquierda, pero eso era una estupidez, porque este pelmazo motorizado ya iba lento dos cuadras antes de la intersección en la cual iba a hacer eso. De todas maneras, no me enteré jamás: mi voz y su propio casco corcharon todo intento de expresión de su parte. “No te escucho, pana”, le dije, “tu casco no te deja hablar. Lo importante es: Izquierda, Rápido. Izquierda, Rápido. Apréndelo”.

Mi monólogo fue interrumpido porque giré por Mascote, mientras él continuó de largo por Lascano. Eran las 7:05. El partido iba 0 a 0*.

* Partido entre Uruguay y Egipto, que ganó Uruguay por 1 a 0 con un clásico trinomio yorugua: córner, cabezazo y gol de último minuto.

Los testigos de Jehová y el ateo

14 de junio de 2018


Salí de mi casa para ir a ver el primer partido del Mundial de Fútbol que empezó esta mañana. Cuando me iba a subir al carro, me interceptan un par de testigos de Jehová para hablarme de Dios. No me puedo imaginar un peor momento para ser interceptado por unos testigos de Jehová. Neta.

Aún así, acopié paciencia por unos segundos para escuchar un fragmento de su letanía. Apenas una aspiración admitió una interrupción no grosera, intervine para precisar que mucho se los agradecía, pero que era ateo. “Rigurosamente ateo”, remarqué. “Creo que cuando morimos es como irse a dormir, pero de una manera definitiva. Solo quedan nuestros recuerdos en la memoria de los otros”.

Se quedaron extrañados, creo que por no muy acostumbrados a escuchar respuestas así. Uno, para defender a Dios, me empezó a hablar de que existen cosas que no vemos, como la ley de la gravedad. Lo atajé: “Pero el atributo de invisibilidad no supone el de omnipotencia. Además, esa omnipotencia de Dios es sospechosa. Porque, ¿por qué Dios no ayuda a los amputados? Si es todopoderoso, ¿qué le cuesta hacer crecer una mano o una pierna? ¿O ustedes conocen algún caso en que Dios haya obrado así?”

Ambos negaron con la cabeza. Uno (siempre el mismo) me dijo que otro cuestionamiento a Dios era porqué siendo tan poderoso permitía que haya maldad en el mundo. Coincidí, no podía menos. Me preguntó entonces que cómo así era ateo. Le dije que por dudas como éstas, sobre la ineficacia de la omnipotencia de un ser invisible, que me empezaron a hacer dudar en mi adolescencia. Coincidimos en que el que ellos tengan una religión y yo ninguna no debe ser obstáculo para el respeto mutuo: todo lo contrario, debía ser “una celebración de la diversidad”.

Me excusé de seguir la conversación: el partido empezaba en minutos. Intercambiamos nombres, nos dimos un apretón de manos y quedamos para conversar en (una improbable) otra ocasión, lo que no pensé jamás que diría después de un encuentro con unos testigos de Jehová, mucho menos a minutos de jugarse el primer partido de un Mundial de Fútbol*. Dios, dirán ellos, “trabaja de maneras misteriosas”. Meh.

* Ganó Rusia 5 a 0 a un equipo de Arabia Saudita que parecía la Capira, por color y calidad.

El descalabro de la Tricolor

28 de marzo de 2017


La frase que grafica el desempeño de la selección nacional de fútbol:

“Carrera de caballo, parada de burro” (1).

Las cuatro primeras fechas de las eliminatorias para el Mundial de Rusia fueron gloria de titanes: doce puntos de doce. Éramos la selección envidia de la Sudamérica futbolera. Se armaron tertulias televisivas para analizar si Ecuador, tras cuatro partidos jugados entre el 8 de octubre y el 17 de noviembre de 2015, ya estaba en el Mundial; muchos se decidieron por la afirmativa. Con esa velocidad y esa potencia, Ecuador parecía imparable. Si así llovía, ojalá que no escampara nunca.

Pero escampó. Desde la fecha siguiente hasta la catorce que se ha jugado hoy, la Tricolor solo ha obtenido dos triunfos, frente a Chile y Venezuela (a la que le hemos ganado de ida y vuelta). En diez partidos, la Tricolor ha obtenido 8 puntos... ¡de 30 en disputa! Del 100% de efectividad en las cuatro primeras fechas, hemos descendido a un magro 26.66% en las diez siguientes (hemos perdido 6 de los últimos 9 partidos).

En mi opinión, si Brasil y Colombia te pintan la cara en Quito, son ellos los que tienen que ir al Mundial, no Ecuador (2). Argentina, que esta fecha catorce perdió en Bolivia y tiene 22 puntos (dos por encima nuestro), se ha convertido en nuestro rival directo. Podría suceder (tres fechas mediante) que Argentina tenga que venir a disputar la clasificación contra Ecuador, en la fecha 18 (3).

No parece que la selección del Ecuador tenga los arrestos suficientes para recomponerse de su descalabro de los últimos diez partidos. Empezó como un caballo pura sangre, ahora está como un borrico arisco. De esos que no tienen capacidad de épica, ni pasaje a Rusia. Ojalá me equivoque.

(1) La asociación de un burro con el Ecuador es vieja, v. “El burro por dentro” [1941], de Ludwig Bemelmans.
(2) Brasil ya está en el mundial. Y Colombia ya mero.
(3) Si la Argentina de Messi le pinta la cara a la Tricolor en Quito en la última fecha, esta sería una manera horripilante de apearse del sueño de llegar al Mundial de Rusia. Sería (lo es ya) momento para preguntarse cuál es la ventaja que reporta el jugar en Quito, con tantos jugadores de nuestra selección que ya no juegan de manera regular en la altura. En esta eliminatoria, en nuestro “bastión” de Quito se han ganado 4 partidos, empatado 1 (contra Paraguay) y perdido 2 (contra Brasil y Colombia). Unas cifras mediocres, y aún nos falta Argentina. 

Volvió el fútbol

6 de octubre de 2016

El equipo que vio el fútbol: Wladi, "Alegría", mi viejo y yo. Con la amarilla (soy del BSC; aliento a la selección).

Las boleterías del Atahualpa se cerraron a las 14h30, pero el estadio estaba todavía vacío en algunos sectores. Cuando mucha gente se acercó al Atahualpa para conseguir una entrada pasadas las 14h30, lo único que encontramos fue revendedores que volvieron a inflar los precios. El estadio no se llenó.

En fin, nada que no resuelva unas cervezas.

Dio gusto ver a este Ecuador. Le vinieron bien los cambios. Quinteros fue lento para procesarlos, pero finalmente lo hizo antes de que fuera (para él, tal vez para la selección) demasiado tarde: sacó a esa defensa turra y puso al personal forjado en la cantera del Independiente del Valle: Ramírez (hoy en el Ferencvárosi T.C. de Hungría), Mina (hoy en el C.A. River Plate de Argentina) Caicedo y Orejuela. Pudo bien haberlo puesto a Azcona en lugar de Dreer, e igual hubiera salido la valla invicta (1). El sector defensivo debe ser la cantera del Independiente del Valle + la ‘Hormiga’ + el capitán Noboa. Y pare de contar.

En el ataque, realmente fue un alivio no contar con Montero (2). Hay chance para variantes, pues los únicos fijos son Antonio Valencia y Felipao Caicedo. En mi opinión, deberían entrar Cazares y Miller Bolaños, en vez de Martínez y Enner Valencia. Si no hay trinca, esa ofensiva debería ser un tren bala.

Reacomodadas las piezas (fuera Domínguez, fuera Achilier, fuera Montero), la selección se reincorporó al grupo que clasifica sin repechaje y se enrumba al Mundial, una vez más. A nuestro próximo rival, Bolivia, en los últimos cuatro enfrentamientos en La Paz, le hemos ganado tres (2001, 2005, 2009) y empatado uno (2013) (3). Tenemos que mantener nuestra racha de ganar puntos en el Hernando Siles y sumarlos de a tres, como ha sido la mayoría de las veces: una victoria nos pondría apenas a ocho puntos de la clasificación al mundial de Rusia, con ocho partidos todavía por disputar.

Россия здесь мы приходим

(1) El único que no cabe utilizar nuevamente en esa posición es el colombiano.
(2) Es un jugador desesperante: de endemoniado drible para ganar la raya de fondo, pero de probada ineficacia para lanzar un buen centro. 
(3) Estuve presente en la victoria del 2005. Como dato curioso, sentado muy cerca de mí en la tribuna del Hernando Siles estaba el expresidente Carlos Mesa Gisbert, destituido apenas tres meses atrás (el partido se celebró el 3 de septiembre; Mesa renunció el 9 de junio). Estaba íngrimo y pensativo: tal vez en la presidencia que lo orillaron a renunciar, o en su querida selección de Bolivia, que no atinaba una (Mesa tiene un blog sobre fútbol boliviano).