Mostrando entradas con la etiqueta Revolución Juliana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Revolución Juliana. Mostrar todas las entradas

El banquero Arosemena

16 de septiembre de 2022

 

            Publicado en diario Expreso el 16 de septiembre de 2022.



La revolución Juliana la hicieron en 1925 oficiales jóvenes del Ejército ecuatoriano para derrocar el régimen político que defendió los intereses de la banca guayaquileña por encima de los intereses colectivos. El producto jurídico de la revolución, la Constitución de 1929, cambió el sistema de gobierno de presidencialista a semiparlamentario. Bajo su imperio, ningún Presidente pudo concluir su período de cuatro años.

 

El rol del Congreso ecuatoriano fue clave para la inestabilidad política. A Neptalí Bonífaz, elegido Presidente en las elecciones de octubre de 1931, el Congreso lo descalificó por peruano. A Juan de Dios Martínez Mera, elegido Presidente en las elecciones de octubre de 1932, el Congreso le impidió gobernar, pues le destituyó varias veces su gabinete de gobierno y, finalmente, el Congreso lo destituyó. Velasco Ibarra, elegido Presidente en diciembre de 1933, quiso declararse dictador para desconocer la Constitución y evitar así los controles del Congreso, pero las tropas no lo apoyaron y fue orillado a renunciar.

 

A partir de este momento, fines de 1935, el Ecuador empezó a ser gobernado por dictaduras (el ingeniero Páez, el general Enríquez) y breves gobiernos civiles de encargo (Pons, Borrero, Mosquera, Arroyo del Río, Córdova, Moreno). La Constitución de 1929 ya no rigió. Se reunió una Convención Constitucional en 1938, pero la Constitución que produjo no entró en vigor. El Ecuador volvió a realizar una elección popular en enero de 1940. Triunfó Arroyo del Río, quien tampoco concluyó su período de gobierno por la irrupción de la revolución Gloriosa.

 

Volvió entonces Velasco y, por aclamación popular, empezó un gobierno de facto el 31 de mayo de 1944. La Asamblea Constitucional que se reunió tras el triunfo de la Gloriosa lo declaró Presidente el 10 de agosto de 1944 y elaboró una nueva Constitución, de cuño liberal. Velasco se negó a gobernar con esta Constitución y se declaró dictador y organizó una nueva Asamblea Constitucional, que lo eligió Presidente el 10 de agosto de 1946 y que elaboró otra Constitución, de cuño conservador y a gusto suyo. Velasco tampoco terminó su período, pues lo destituyó un golpe militar.

 

El golpe militar resultó un “blooper”, pues duró pocos días. Asumió la Presidencia el Vicepresidente de Velasco y se reunió en seguida un Congreso Extraordinario para nombrar un nuevo Vicepresidente de la República, designación que recayó en el banquero guayaquileño Carlos Julio Arosemena Tola. Entonces el Presidente renunció para que el Vicepresidente Arosemena asuma la Presidencia, con el propósito de reestructurar las finanzas del agobiado país y organizar unas elecciones libres.

 

Justo es decir que en su casi año de gobierno (16 de septiembre de 1947-31 de agosto de 1948) el Presidente Arosemena cumplió dignamente su encargo. Las elecciones que en su gobierno se organizaron, inauguraron desde 1948 un nuevo período de estabilidad política en el Ecuador.

 

La revolución Juliana abrió una etapa de inestabilidad política que duró 23 años y se hizo para derrocar un sistema que beneficiaba a la banca guayaquileña. Paradójicamente, este período de inestabilidad política por ella abierto, un banquero guayaquileño lo clausuró.     

 

~*~

 

Fuentes:

* Para una perspectiva de la revolución juliana y su lucha contra la “bancocracia”, v. Paz y Miño, Juan, “La revolución juliana. Nación, ejército y bancocracia” (2002), en especial, pp. 7-11 (“Introducción”).

* El cambio de presidencialismo a semiparlamentarismo en la Constitución de 1929 recibió numerosas críticas, como ésta, hecha por el político e historiador Alfredo Pareja Diezcanseco: “Esta nueva Constitución resultó un curioso y fracasado ensayo de régimen seudoparlamentario, inoperante en nuestro país. Según la Constitución de 1929, aunque no consagraba el régimen parlamentario, el poder legislativo prácticamente era omnímodo (…). Un país como el nuestro, con otros problemas, sin cultura política esencial entre el pueblo, con otra tradición en su estructura administrativa, no podía ser gobernado con la Constitución de 1929. El Poder Ejecutivo, independiente de la influencia del legislativo y bastante fuerte, es la tradición americana, proveniente de la Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica…”, en: “Los gobiernos de la plutocracia y las nuevas ideas” (pp. 66 y 68), artículo publicado en el tomo VII de la “Historia del Ecuador” impresa por Salvat en 1982 (Juan Salvat y Hernán Crespo Toral, editores).

* Sobre la descalificación de Bonifaz y la destitución de Martínez Mera, v. Raúl Martínez Torres y Héctor Martínez Torres, “Martínez Mera. Las verdades que no quiso decir” (dos tomos, 1983). Para la descalificación de Bonifaz, pp. 66-80 (tomo I, “I, El origen”), para la destitución de Martínez Mera, pp. 216-226 (tomo I, “IX. El congreso de 1933”). Los autores también criticaron a la Constitución de 1929, llamándola “nefasta Constitución Política que tantos males hizo al país; producto híbrido del régimen presidencial y parlamentarismo incompleto, que trajo tantas y tan graves consecuencias para la normal marcha administrativa; que ataba indefenso al Poder Ejecutivo para entregarlo maniatado a la demagogia y ambición política” (tomo I, p. 54).

* Sobre la caída de Velasco Ibarra en 1935 y sus dos Presidencias nombrado por una Asamblea Constitucional en 1944 y 1946, v. Norris, Robert, “El gran ausente” (2004), pp. 227-245 del primer tomo, para su caída en 1935, y pp. 9-109 del segundo tomo, para sus dos Presidencias entre 1944 y 1947 (i.e., el Capítulo VI “El gobierno revolucionario, 1944-1947”).

* Sobre la Constitución de 1938 y su falta de eficacia, v. Gómez López, David, “La Constitución perdida. Una aproximación al proyecto constituyente de 1938 y su derogatoria” (2012), pp. 158-159. De acuerdo con el autor del artículo: “El problema es que el texto constituyente no estaba redactado del todo, y no se publicó en el Registro Oficial” (p. 159). En la práctica, nadie se sintió obligado a respetar lo ordenado por la Constitución. El propio Mosquera diría que “él juró como Presidente en base a la Constitución, vigente según él, de 1906, y no de 1938” (p. 158).

* Un buen resumen del “Manchenazo” y su gobierno inane, disponible en línea: “Carlos Mancheno”, publicada por Ecured.

* Para una semblanza biográfica del Presidente Arosemena disponible en línea, v. “Carlos Julio Arosemena Tola”, escrita por Rodolfo Pérez Pimentel. Agradezco a Guillermo Arosemena por el envío de varias notas de prensa de época para la redacción de esta columna.

Entre revoluciones

17 de junio de 2022

 

Publicado el 17 de junio de 2022 en diario Expreso.

 

La revolución Juliana produjo un gran cambio institucional y originó el mayor período de inestabilidad política en la historia de un país siempre convulsionado por guerras civiles, revoluciones y golpes de Estado. Hasta la llegada de la Juliana en 1925, el Ecuador había conocido el período más largo de estabilidad en sus 95 años de historia como Estado independiente, con la sucesión de tres gobiernos que entre 1912 y 1924 concluyeron sus períodos de cuatro años (los del general Leonidas Plaza, Alfredo Baquerizo y José Luis Tamayo). Tras la revolución Juliana, el Ecuador no volvió a tener un Presidente que concluyó su período de gobierno hasta Galo Plaza (1948-1952, hijo del general Leonidas).

 

El gran cambio que se instituyó en la Constitución de 1929 fue romper con la tradición presidencialista constante en las doce Constituciones precedentes y crear un gobierno semi-parlamentario en el Ecuador. Por esta Constitución, al Poder Legislativo se le otorgaron facultades que el historiador Pareja Diezcanseco calificó de omnímodas y que describió así: ‘cualquier legislador podía individualmente interpelar a los ministros de Estado […] y pedir su censura y el voto de desconfianza, que podía ser extendido, en la misma sesión, a todo el gabinete. Esto equivalía a obligar al presidente a la designación de ministros que merecieran la simpatía de la legislatura’.

 

El saldo de esta novedad fue que ninguno de los tres Presidentes del Ecuador elegidos por el pueblo durante la vigencia de la Constitución de 1929 (Bonifaz, Martínez, Velasco) concluyeron su período. Neptalí Bonifaz ni siquiera pudo iniciarlo, pues en agosto de 1932 el Legislativo lo descalificó por peruano, hecho que ocasionó una guerra civil que se recuerda como ‘la guerra de los cuatro días’ y que costó alrededor de 2.000 muertos. Juan de Dios Martínez Mera sintió la potencia del régimen semi-parlamentario: destituyeron a su gabinete de Ministros hasta por vicio. (Una figura descollante emergió de esta arremetida de los diputados contra el Presidente y su gabinete: el intelectual quiteño José María Velasco Ibarra.) Finalmente, el Legislativo decidió la destitución del Presidente Martínez en octubre de 1933.

 

Velasco Ibarra aprovechó su popularidad por la demolición de Martínez para candidatizarse a Presidente e inaugurar la política de masas en el atribulado Ecuador. Él triunfó en las elecciones de diciembre de 1933 y empezó a gobernar el 1 de septiembre de 1934 en la que fue la primera de sus cinco Presidencias. No duró ni un año en el ejercicio del poder y cayó el 20 de agosto de 1935 precisamente por querer escapar del imperio de la Constitución de 1929: quiso declararse dictador y las tropas no lo apoyaron. De este fracaso surgió su célebre frase: ‘Me precipité sobre las bayonetas’.

 

Después el país cayó en manos de dictaduras y breves gobiernos civiles de encargo. En este período fue desconocida la Constitución de 1929. La siguiente elección popular en 1940 se rigió por la Constitución de 1906 y el Presidente elegido, Arroyo del Río, tampoco concluyó su período. Lo interrumpió el 28 de mayo de 1944 otra revolución, que inició un nuevo momento de la historia política del Ecuador y a la que se recuerda como ‘Gloriosa’.