Goin' south

31 de marzo de 2010



You pick. I'm off.

Ciudadano regenerado, bis


Un perfecto complemento académico para la definición de “ciudadano regenerado” que acuñó José M. León:

“… por una parte, la creencia ciega en la autoridad y la obediencia celosa a los superiores y, por otra, el desprecio a los inferiores y la disposición a atacar a las personas que se consideran débiles y que se pueden aceptar socialmente como víctimas. Otros rasgos relevantes son la aguda sensibilidad por el poder, la rigidez y el conformismo. La personalidad autoritaria tiende a pensar en términos de poder, a reaccionar con gran intensidad ante todos los aspectos de la realidad que afectan (efectiva o imaginariamente) las relaciones de dominio; es intolerante frente a la ambigüedad, se refugia en un orden estructurado de manera elemental e inflexible, hace un uso marcado de estereotipos en su forma de pensar y de comportarse; es particularmente sensible al influjo de las fuerzas externas y tiende a aceptar supinamente todos los valores del grupo social al que pertenece”.

Esta es breve reseña del libro La personalidad autoritaria de Theodor W. Adorno et al.

P.S.- Y ya que estamos, agréguese: desprecian aquello que no entienden (llámese, en la coyuntura actual Fito Páez, por ejemplo) y encuentran poesía en “jalarle el pelo a una botella” de la Peste Guatemalteca. Sigh, vomito.

Palacio vs. de Bonald


En esta esquina, con una anteposición de odio que pretende justificar a posteriori con falacias baratas, el retador, Emilio “Canadá” Palacio. En esta otra esquina, con un pensamiento contrarrevolucionario, jerárquico y atrasapueblo, Louis “Vizconde” de Bonald. Suena la campana y empieza la pelea. Palacio le tira un gancho al hígado (quiere darle a de Bonald en un lugar que Palacio ha perdido debido a sus campañas de odio); éste se alcanza a proteger y le lanza un jab al mentón que manda a Palacio a la lona. El referee le cuenta al retador, no hasta diez, sino que su estúpida idea de que no exista ley de comunicación no se compadece ni con el propio lema del diario donde éste publica su recurrente ostentación de odio, escrito por el propio de Bonald. Leído que le fuera el lema aquel y ante la obnubilación de Palacio, el referee declara su derrota por K.O. y lo envía de vuelta a Canadá, donde según cuentan, se lo espera siempre con los brazos abiertos. (Fin del match.)

P.S.- Palacio, que según dicen ha actuado de manera similar a Ricky Martin, continúa un curso de terapia por correspondencia para superar el estercolero verbal que lo caracteriza.

El vizconde de Bonald

30 de marzo de 2010

En la voz autoritario del diccionario de Bobbio, Matteucci y Pasquino, me encontré esta perlita:


“El orden del pensamiento contrarrevolucionario es rigurosamente jerárquico. Como escribe el vizconde de Bonald (1754-1840), el poder del rey, absoluto e independiente de los hombres, es la causa; sus miembros (la nobleza), que ejecutan su voluntad, son el medio; la sociedad de los súbditos, que obedecen, el efecto”.


Mutatis mutandis (no hay que forzar demasiado la imaginación) todo un ideario para el diario aquel que tiene la cita del vizconde como lema.


P.S.- Un vizconde de Bonald con look que anticipa el punk (es como un Violencio Rivas decimonónico) se muestra satisfecho de las zanguangadas que se ejecutan en su nombre.

¿Qué es ser autoritario?


Carlos Vera se lo pregunta y ensaya, de inmediato y ante la prensa internacional, su vehemente respuesta: “¿Autoritario? Los Gobiernos autoritarios son firmes, verticales, duros y rígidos, pero dentro de la ley”. Ups, Wrong answer, Charlie. Ya la mera definición del diccionario de la RAE contradice al ex periodista, porque sostiene en la acepción correspondiente: “Dicho de un régimen o de una organización política: Que ejerce el poder sin limitaciones”, lo que, por supuesto, excluye cualquier sujeción a la ley. Más todavía, cualquier diccionario de teoría política desmiente semejante sandez (hágase random pick al respecto); tómese, por ejemplo, el de Borja, que sostiene en la voz correspondiente que esa palabra “denota la tendencia a imponer un poder abusivo e ilimitado en la sociedad” y lo asocia “con la arbitrariedad, la ilegitimidad y la antidemocracia”; o tómese el clásico diccionario de Bobbio, Matteuci y Pasquino, en cuya voz puede leerse lo siguiente: “… se habla de regímenes autoritarios para indicar toda la clase de regímenes antidemocráticos […] La oposición política es suprimida o invalidada; el pluralismo de los partidos, prohibido o reducido a un simulacro sin incidencia real; la autonomía de los demás grupos políticamente relevantes, destruida o tolerada mientras no perturbe la posición del jefe o de la élite gobernante”. Así, lo que para Carlos Vera está “dentro de la ley” debería asustar a cualquier mínimo demócrata.

La respuesta que ensayó Vera es útil para demostrarnos un par de cosas, ligadas entre sí: la primera, que tiene un escaso conocimiento de teoría política; la segunda, evidente consecuencia de lo primero, que el uso alegre de términos como “totalitarismo” o “dictadura” en sus discursos es producto de este escaso conocimiento de teoría política y de (acaso) una no menor cuota de endeble oportunismo retórico.

¿Totalitarismo? Pffff. Hannah Arendt, sacúdete en tu cripta.

Imagen: Hannah piensa: "Poor Charlie, you're in the oven"

Lo social en la comunicación

28 de marzo de 2010

La Constitución, en particular en sus artículos 16, 17, 18, 19 y 384 consagra los derechos a la comunicación, los que involucran el derecho a la libertad de expresión, el derecho a la información, el acceso universal a las tecnologías de información y comunicación y la democratización de los medios de comunicación social. En el necesario desarrollo de esos derechos constitucionales se contienen las dos dimensiones del derecho a la libertad de expresión, las que deben desarrollárselas en la Ley de Comunicación que se debate en la Asamblea Nacional.


Me interesa referirme, en este artículo, a la dimensión social de la libertad de expresión, que es un concepto de radical importancia para otorgar contenido al desarrollo de esos derechos a los que hice referencia en el párrafo anterior. La dimensión social de la libertad de expresión implica el derecho de toda persona de recibir informaciones e ideas de toda índole. La Corte Interamericana de Derechos Humanos, en su Opinión Consultiva OC/5 declaró que esta dimensión social de la libertad de expresión implica “un derecho colectivo a recibir cualquier información y a conocer la expresión del pensamiento ajeno [y que] es, en fin, condición para que la comunidad, a la hora de ejercer sus opciones, esté suficientemente informada. Por ende, es posible afirmar que una sociedad que no está bien informada no es finalmente libre”.


Así, el objeto de la dimensión social de la libertad de expresión en una sociedad democrática es garantizarle a toda persona el derecho de informarse y de otorgarle las herramientas para participar en el debate de asuntos de interés público. Detrás de esta idea subyace el reconocimiento de que la libertad de expresión no debe circunscribirse al “libre mercado de ideas” (con lo cual se suelen privilegiar algunas voces y silenciar otras por razones propias del mercado –o sea, por razones de dinero e influencia- y ajenas, en consecuencia, al ejercicio de un derecho que, por sus propias características, es universal) sino que debe promover el “debate público robusto”, lo que implica la promoción de una amplia pluralidad de voces y de un debate crítico entre ellas. Para cumplir con este propósito de debate crítico, se requiere el desarrollo normativo de lo establecido en la Constitución, esto es, de los artículos 16, 17, 18, 19 y 384, lo que implica, entre otras cosas, la regulación administrativa del acceso universal a las tecnologías de la información y la comunicación, la creación y facilitación de los medios de comunicación, el acceso y el uso del espacio radioeléctrico, el acceso a bandas libres para la explotación de redes inalámbricas, el funcionamiento de las instituciones de regulación y de aplicación de las políticas de comunicación y la participación ciudadana en la comunicación.


En definitiva, el Estado debe intervenir con regulaciones específicas que promuevan el pluralismo y la diversidad, que son, como ha reconocido la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, deberes del Estado “de particular importancia para el ejercicio pleno y universal del derecho a la libertad de expresión”. Tarea pendiente.

El discurso ofensivo

21 de marzo de 2010

Los periodistas suelen amparar sus dichos que pueden resultar hirientes u ofensivos a los funcionarios públicos en su derecho a la libertad de expresión y, valga precisar, tienen esos periodistas el pleno derecho de hacerlo y reivindicarlo. Pero al mismo tiempo, de acuerdo con ese mismísimo derecho a la libertad de expresión, cuando los funcionarios públicos critican desde el poder político a los periodistas en términos hirientes u ofensivos, éstos deberían ser tolerantes a la crítica y admitir, asimismo, el pleno derecho de los funcionarios públicos a criticarlos en esos términos hirientes u ofensivos. Procedo a desarrollar algunas ideas a este respecto.

Como marco general, el derecho a la libertad de expresión encuentra límites, en el orden internacional y constitucional, en la protección del derecho a la honra. Como marco específico, la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha sostenido que para el caso de “los funcionarios públicos, de los políticos e inclusive de los particulares que desarrollan actividades sometidas al escrutinio público”, tales personas “se ven sometidas a un mayor riesgo de sufrir críticas” que puedan herirlos u ofenderlos, lo que implica necesariamente que el umbral de protección del derecho a la honra de esas personas es mucho menor que el que tiene un ciudadano cualquiera.

Dicho en limpio, el discurso hiriente u ofensivo tienen obligación de tolerarlo tanto los funcionarios públicos como los periodistas. A mayor detalle, en el Caso Perozo y otros vs. Venezuela, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (la que para muchos de esos periodistas está muy bien para opinar en contra de Venezuela, valga precisarlo) sostuvo que “la importancia de los medios de comunicación y particularmente la labor de los periodistas, no implica una inmunidad con relación a las posibles críticas de la sociedad en general, incluyendo a los funcionarios públicos. Por el contrario, como vehículos de la comunicación social deben estar abiertos y mantener un margen de tolerancia frente al escrutinio público y crítica de los receptores de la información que difunden […] por ello, las críticas y calificaciones realizadas en este marco [de debate público] por funcionarios o por particulares deben ser toleradas en cuanto no conduzcan directamente a la violencia”, con base en lo cual, la Comisión consideró que declaraciones “chocantes, fuertes, ofensivas o carentes de prudencia” de funcionarios públicos hallaban amparo en la propia libertad de expresión que los periodistas invocan permanentemente para el desarrollo de su actividad.

Que en el debate público debería imperar la prudencia y el razonamiento ponderado es deseable y cierto, pero es cierto para ambos, tanto funcionarios como periodistas. Porque puestos a producir un discurso hiriente u ofensivo (un discurso, valga precisarlo, legítimo de acuerdo con los estándares de libertad de expresión) debe rechazarse el que uno (sea funcionario o periodista) pueda hacerlo pero que resienta el recibirlo. Eso es vulgar hipocresía. En el debate público, quienes formulan discursos hirientes u ofensivos se exponen a recibir lo mismo: no sean entonces cobardes y acepten el duro debate en los términos que lo proponen.

Actualización de una crítica

14 de marzo de 2010

En 1967, en su primer libro, Entre la ira y la esperanza, Agustín Cueva escribió sobre los periodistas de este país, bajo el título “Prensa y colonización”, lo siguiente:

“Para ellos, el mundo sigue siendo un cuadro en blanco y negro, con ‘buenos’ aquí, ‘malos’ allá, sin motivo, como en las películas de chullas y bandidos. Por demás está decir que los tales periodistas, están del lado del Bien, y que su ‘misión’ consiste entonces en redactar consejos píos […] la regla es que lo que ‘comentará’ nuestra prensa de cualquier suceso nacional o internacional, no sólo es previsible en cuanto al fondo se refiere (esto sería normal tratándose de una prensa de una orientación definida), sino también literalmente […] así reza el evangelio del día, que hay que defender nuestro sistema de vida… Le pagan para que escriba, para que sea fiel defensor del orden establecido”.

El miércoles pasado, mi colega de página, tocayo y amigo, Xavier Lasso, escribió, bajo el título, “A los insultos”, lo siguiente:

“No debaten, después de haber perdido casi toda perspectiva, están a la caza de palabras, de adjetivos. Lo único que quieren compartir es su vaciamiento. Así se han vuelto de derecha, de extrema derecha. (…) Da pena, vergüenza y hasta cierto malestar. Prevalidos de su posición, el privilegio de las columnas de opinión, han decidido no respetar nada. Se meten con todo, hasta con las cuestiones más íntimas, pero escasas las ideas. (…) Desde donde ahora opinan, percibiendo por lo menos los olores de la individual riqueza material, nos quieren convencer de que el Ecuador de ayer era mejor. Estábamos bien, dicen, hasta que llegó este y su manía de contestar. (…) Hoy con sus insultos hacen poco por la democracia que también se nutre de ideas. Los prejuicios crean ruido y en ese barullo mejor pesca el que todavía cuenta con ventajas materiales. Desde algunos medios asistimos a la defensa de esos privilegios”.

Podría decirse que lo que en Agustín Cueva era una crítica general al periodismo nacional, en Xavier Lasso es una crítica coyuntural al periodismo de opinión. Se percibe, sin embargo, que en este tránsito de lo general a lo particular existe un denominador común referido a lo maniqueo, prejuicioso y conservador que ha sido el periodismo que usualmente el Ecuador ha padecido, en el que los análisis políticos han solido reducirse a la ostentación de la desconfianza entre unos y otros proyectada hacia un futuro descrito en términos tan escépticos como sesgados. A esta crítica general que Cueva formuló, Lasso la actualizó y especificó, con su precisa descripción de la vehemencia que hurga adjetivos y pretende el insulto, al tiempo que carece de argumentos y de asomo de propuesta. Pero es que no pueden pedírsele argumentos y propuesta a esa exaltación continua de lo maniqueo, de lo prejuicioso y de lo conservador: es como pedirle peras al olmo. Y así lo seguirá siendo mientras muchos en el periodismo local sigan con la sonsa cantilena de culpar siempre a otros sin nunca hacerse cargo de sus miserias.

Morales y la no discriminación

7 de marzo de 2010


En el libro Derecho de Admisión. La igualdad y el principio de no-discriminación como reglas de interpretación para su ejercicio razonable, de autoría del argentino Pablo Slonimsqui, éste define el derecho de admisión como “la facultad que tienen tanto el Estado como los particulares para limitar o restringir el acceso o la permanencia de las personas a un determinado lugar, servicio, prestación, actividad o status jurídico”. Esta facultad de limitar o restringir el derecho de admisión encuentra lógicos límites, nos explica Slonimsqui, porque para que dicha limitación o restricción se la considere legítima “deberá cumplirse un estándar probatorio más elevado que el de la mera racionalidad, acreditando que el mismo es estrictamente necesario para el cumplimiento de un fin legítimo”.

Con este antecedente, la decisión que adoptó el directorio de Barcelona Sporting Club de limitar al periodista Carlos Víctor Morales su derecho de acceso al lugar de trabajo debe considerársela ilegítima y, en consecuencia, inconstitucional. Debe considerársela así, porque no se observa la poderosa racionalidad que fundamenta esta decisión (porque a ese estándar no asciende el que Morales haya hecho “continuos comentarios sin base y ofensivos a directivos y jugadores del club”) así como tampoco se observa que la decisión sea estrictamente necesaria, ni mucho menos, que la decisión cumpla un fin legítimo. Sobre esto último, porque es evidente que no puede considerarse como cumplidora de un fin legítimo a una decisión cuyo propósito más notorio es lesionar los derechos de Carlos Víctor Morales a expresarse y a trabajar.

El caso de Morales es interesante porque favorece la necesaria discusión sobre la obligación de respetar los derechos fundamentales en las relaciones entre particulares. Mucho se ha dicho sobre el que Barcelona es una institución privada que goza de la facultad, de acuerdo con sus propios estatutos, de tomar este tipo de decisiones y que no cabe objetarle nada al club si decide ejercer esta facultad. Esta idea de que no cabe formular objeción alguna es, sin embargo, falsa. Lo es, porque el respeto a los derechos fundamentales (un respeto que se traduce, en esencia, en la prohibición de discriminación) vincula también a “las personas privadas en sus relaciones con los demás individuos (efecto frente a terceros o Drittwirkung de los derechos fundamentales), en virtud de la configuración de la Constitución como norma suprema del ordenamiento”.

El directorio del Barcelona goza de la facultad de tomar un amplísimo elenco de decisiones administrativas, pero ese amplísimo elenco encuentra límites en la prohibición constitucional de discriminación. En el caso concreto, la decisión del club de concederle a Carlos Víctor Morales un trato diferenciado que carece de justificación en términos de racionalidad, necesidad y persecución de un fin legítimo convierten a esta decisión en un acto de discriminación y, en consecuencia, violatorio de la Constitución. Tiene Morales el derecho de reclamar al club la reparación económica y simbólica por el daño padecido; Barcelona Sporting Club, la posibilidad de reflexionar sobre sus actos.

Imagen: Tal parece que algo similar al ámbito eclesiástico sucede en los clubes deportivos.

Venezuela

28 de febrero de 2010

Este 24 de febrero, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) publicó el informe Democracia y Derechos Humanos en Venezuela. El informe es, en resumen, crítico con la situación venezolana porque “identifica aspectos que restringen el pleno goce de los derechos humanos”. La CIDH, entre otros aspectos, reseña “cómo se ha impedido el goce efectivo de los derechos políticos en Venezuela” mediante, p. ej., “resoluciones administrativas de la Contraloría General del Estado”; señala “una preocupante tendencia a castigar, intimidar y agredir a personas a manera de represalia por haber hecho público su disenso”, mediante “actos de acoso y violencia provenientes de personas civiles que actúan al margen de la ley como grupos de choque” y mediante el sometimiento de más de 2200 personas “a procesos penales por hechos relacionados con su participación en las manifestaciones públicas”; advierte que en el ejercicio de la protesta pacífica “se producen con frecuencia violaciones a vida y a la integridad personal, que en muchos casos son consecuencia del uso excesivo de la fuerza estatal”; critica, en materia de libertad de expresión, “la suspensión de la transmisión de 32 radioemisoras”, la “existencia de casos de censura previa”, la existencia de las “figuras de desacato y vilipendio” que inhiben el ejercicio de este derecho. El informe de 326 páginas detalla éstas y otras graves violaciones a la democracia y los derechos humanos en ese país.


Pero de otro lado, en materia de derechos económicos, sociales y culturales, la CIDH reconoce “los logros del Estado” en términos de haber “alcanzado la alfabetización de la mayoría de la sociedad, la reducción de la pobreza y de la pobreza extrema, la ampliación de la cobertura en la salud a favor de los sectores más vulnerables, la disminución del desempleo, la reducción de la tasa de mortalidad infantil y el incremento en el acceso de los venezolanos a los servicios públicos básicos”. Venezuela registra “el coeficiente de Gini más bajo de América Latina” [este coeficiente mide la desigualdad] y “pasó de integrar el grupo de países con desarrollo humano medio en el 2008 a integrar el grupo de países con desarrollo humano alto en el 2009”, según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. Eso no justifica, ni mucho menos (yo suscribo esta crítica) que por “la realización de los derechos económicos, sociales y culturales […] se sacrifique la vigencia de otros derechos fundamentales”.


Ahora, una lectura honesta de este informe nos revela (a pesar del discurso alarmista de la oposición) muchas más diferencias que semejanzas con la situación política actual del Ecuador. Es curioso detalle, pero quienes mejor replican en Ecuador un aspecto de Venezuela son quienes hacen oposición, porque ambas han sido reactivas, dispersas, sin identidad ni proyecto a largo plazo, de pobre discurso y usualmente asociadas con rémoras de oprobioso pasado: han sido, sin duda, las mejores aliadas de sus Gobiernos centrales. Para peor, algunos en la oposición local promueven las mismas estrategias de revocatoria que fracasaron en Venezuela. Curioso detalle, mala tos.


P.S.- Ultrafunken un rato the venezuelan gozadera:


Una geografía del tiempo

26 de febrero de 2010


“O cómo cada cultura percibe el tiempo de manera un poquito diferente”. Tales el título y subtítulo del libro del psicólogo social Robert Levine que terminé de leer en tiempos de un dolor de muelas (en ese momento, no) aliviado. El libro es ilustrativo (mediante la presentación de diversos estudios empíricos para sustentar sus hipótesis) e interesante. Podría intentar un resumen del libro, pero me da mucha fiaca, mejor les copio la contratapa:

“¿Qué es el tiempo? ¿Cómo se mide y se percibe? ¿Es el mismo para los habitantes de distintas ciudades?
Como ocurre con otras creencias culturales, el tiempo que vivimos nos resulta tan natural como el aire que respiramos. Pocas veces nos detenemos a reflexionar sobre cuánto demoran en darnos el vuelto en el banco, si los relojes de las oficinas públicas tienden a estar en hora o cuánto se tarda en cruzar la calle. Será acaso porque, en todo el mundo, los niños adquieren los conceptos básicos de su propia sociedad sobre las nociones de temprano y tarde; la espera y el apuro; el pasado, el presente y el porvenir.
En este libro, Robert Levine nos zambulle en esa dimensión de la experiencia diaria que habitualmente damos por sentada: nuestra percepción del tiempo. El autor, que ha dedicado su carrera al estudio de ese precioso objeto, nos invita a un encantador paseo por el tiempo a través de las épocas y alrededor del mundo. Con él viajamos a Brasil, donde llegar tres horas tarde es algo perfectamente aceptable, y al Japón, donde se nos revela un sentido del largo plazo inaudito en Occidente. En algunas comunidades de los Estados Unidos descubrimos que el crecimiento demográfico afecta el transcurso de la vida, e incluso el de una caminata. Recorremos la Antigua Grecia para examinar los primeros instrumentos de medición y los relojes de sol, y luego nos desplazamos a través de los siglos hasta el inicio del ‘tiempo reloj’ creado durante la revolución industrial.
UNA GEOGRAFÍA DEL TIEMPO muestra que el modo en que la gente interpreta el tiempo de su vida abarca un mundo de diversidad: de cultura a cultura, de ciudad a ciudad y de vecino a vecino. Dado que el tiempo es una construcción humana que define y marca culturas, que influye sobre la vida social y hasta sobre la salud de las personas, deberíamos aprender a funcionar en medio de una sociedad multitemporal, donde cada individuo sea el portador de su propia geografía del tiempo”.

Como bonus track, una breve reseña del libro y la ciberpágina de Levine en la Universidad de Fresno.

P.S.- En la foto, con esa cara de gringo buena onda que ha viajado el mundo para investigarlo. Tipo chido.

¿Jesús es tu amigo? ¿Él te usa?

25 de febrero de 2010















Don’t you know that you can count me out? (Más portadas bizarras, por acá.) Gracias a Dios*, no soy cristiano.

* El término Dios es un recurso retórico para referirme al sentido común.

Adoquín

23 de febrero de 2010


Definición en Puto el que lee:

“Adoquín. (del árabe ‘addukkin’, banco de madera o de piedra) m. Persona torpe e ignorante, idiota. ‘Hay que ser muy adoquín para limpiarse el orto con la mano, eh’

Para el caso de Guayaquil, sinónimo de “ciudadano regenerado” (u otra variante conceptual que defina ese adefesio emocional).

JFA en GYE

22 de febrero de 2010

… para presentar HD. Lo haré simple, copy n’ paste del mail remitido por jfa:


"queridísimo personal guayaco,

a través de la presente

los invito, formalmente

al lanzamiento d HD en Gkill

03/03/10

Diva Nicotina

20h00

con la actuación estelar de:

Francisco Santana

les adjunto la invitación

pa q acoliten haciendo la bomba d rigor

nos veremos pronto

abrazos a todos

salud

jfa"


Aquí tons, el acolite. HD está de pelos, muy recomendable (debo una breve crónica al respecto). A ustedes, que les vaya bien, que les pise un auto, que les mate el tren (con fondo musical de Chancho en piedra).

Lavagna, la política y el rock

21 de febrero de 2010

Algunos de ustedes recordarán a Roberto Lavagna como el economista argentino que negoció con los organismos internacionales en los tiempos más crudos de la crisis, como el Ministro de Economía de Argentina durante el período 2002-2005 o como el tercer candidato más votado (detrás de Cristina K. y Elisa Carrió) en las elecciones de 2007. Lo que acaso no sepan es su filiación al rock y sus posturas polémicas respecto a la relación entre temas políticos y el rock. Opiniones que se refieren, por ejemplo, a su afición por el rock (“el rock es eso, fiesta loca, reloca y descontrol y darle toda la noche hasta terminar hecho mierda”), su gusto por Motorhead (música que “da ganas de fifar, de fifar”), su crítica a Sabina y Serrat (“si traen a Sabina o a Serrat yo me pego, yo me pego un corchazo, yo me pego un corchazo”), su manera de disfrutar los recitales (“cuando uno va a un recital se fuma un zeppelín, todo le da lo mismo”), su crítica al clientelismo de música por votos (aunque atenúa, porque “ya que les dan música por votos que les den rock que les dé ganas de fifar, de fifar”), su conocimiento de las necesidades de la población (“rock, cerveza y ponerla, fifar”), su crítica a la participación de la mujer en el rock (“el rock es tomarse una pepa, ponerse un disco de Zappa y bailar desnudo con los huevos al aire en un balcón y eso, una mujer no lo logra”) y de la mujer en general (“la mujer, para mí, es nada más que un tajo”) y que son todas parte de la polémica de los siguientes videos, en los que se debaten temas polémicos de manera coral y Lavagna es una voz importante en ese profundo debate. Lavagna es un hombre contradictorio (una contradicción propia de quien se debate entre el careta de corbata y el rockero que se fuma un zeppelín) que critica los recitales de cantantes homosexuales (“acá el tema es subvencionar a George Michael, que se la come, se la come, se la come, se la come doblada, se la come”) pero que no se impide experiencias de ese tipo (“¿Quién alguna vez en medio de una fiesta no le ha dado un sorbo a un morocho, yo me he comido algún amigo y me han comido más de una vez”). En fin, sin más preámbulo, tres videos sobre las relaciones tensas entre la política y el rock, con Lavagna como actor principal:



Preso y dictadura


El Alcalde Nebot es un preso político. No lo es, por supuesto, en el sentido estricto del término (digamos, en el sentido, p. ej., de Amnistía Internacional) pero sí que lo es en un sentido figurado. Nebot es preso de sus propias limitaciones políticas: es un personaje, como bien lo apuntó Simón Pachano el lunes pasado en diario El Universo, “territorialmente limitado, sin propuestas nacionales y sin horizonte político”. Nebot está consciente de esas limitaciones: su discurso de la marcha del 11 de febrero se encargó de confirmarlas todas. Más relevante todavía es el hecho cierto de que Nebot no es, ni de lejos, el conductor idóneo para la incipiente oposición al Gobierno central. No lo es, no sólo porque su pasado político lo deslegitima (arrastra el pesado lastre de la partidocracia) y porque sus prácticas políticas carecen de credenciales democráticas (en razón de las sistemáticas violaciones a las libertades individuales en el espacio público y la negación persistente de cualquier asomo de democracia participativa en su administración, p. ej.) sino porque él mismo no quiere asumir ese rol. No lo quiere asumir, porque Nebot es un político acostumbrado a no arriesgarse, a jugar con las cartas marcadas (resultó Nebot un delfín infradotado de León Febres-Cordero): si en un escenario X percibe posibilidad de perder, Nebot no jugará. Él sabe que su negocio está en el tinglado local y que Guayaquil es un concepto retórico útil para defender su negocio. Y no es tanto que Nebot sea cobarde sino que, como el Chapulín, lo tiene todo “fríamente calculado”. Así, quienes esperan que Nebot asuma un rol político nacional, podrán esperar sentados. Mucho, mucho tiempo: ad kalendas Graecas.

Jaime Nebot, entonces, es un preso político de sus propias limitaciones y por su propia voluntad y no lo es por ninguna dictadura. No lo es, y sin embargo, es lo que Nebot sostuvo en el pobre discurso del 11 que marcó sus límites y lo que sostienen también algunos otros de la oposición. Ellos se han llenado la boca con ese duro término, sin conocerlo, sin entender que la dictadura como concepto político implica la usurpación del poder y su ejercicio al margen de la ley y con irrespeto a los derechos humanos. Un escenario que no sucede en este país (sin desconocer cierta intolerancia, exabruptos indeseables y algunas violaciones a las libertades individuales, en particular, en materia de libertad de expresión). No resulta extraño, en todo caso, que los de la oposición se llenen la boca con la repetición abusiva de lo que ignoran o de lo que les convenga repetir para la obtención de réditos políticos (o sea, que lo repitan de mala fe). El problema, en realidad, no es que lo digan, el problema es que se lo crean. Lo primero, podría interpretarse como un acto (acaso) de momentánea estrategia política, lo segundo, simple y llanamente, sería una estupidez. No sólo una estupidez conceptual (que lo es) sino de estrategia a largo plazo porque consolida la misma pobre retórica reactiva y sin propuesta que caracteriza al que es y será el líder fallido de la incipiente oposición. Me refiero, por supuesto, a Jaime Nebot, preso político.

Jueguito: En la imagen, ¿cuál es Jaime Nebot, cuál Gustavo Zúñiga? El ganador se hará acreedor a una visita a la iglesia del Opus Dei guiado por el arcángel del Cioppo y el perdedor recibirá (cual informal) garrotiza pretoriana.

Me temo que declararé el concurso desierto.

La bitácora de Enrique

20 de febrero de 2010


Enrique Avilés es mi brother, aquel del problema y la solución de Enrique. Pues nada, esta nota es sólo para informales que this brother o’mine ha creado una bitácora en la que confluyen dos de sus pasiones, el viaje y la fotografía. La bitácora está muy bien y tiene el exclusivo detalle de ser la primera en la que me suscribo. Enrique, al día de hoy, está en Ucrania, se fue allá por una mujer, ha viajado de manera reciente por varios países de Europa, por Turquía y por Egipto, tiene planeado hacerse un trip por África (algo que yo también pienso hacer en algún momento). Él sabe que many a good man have been put under the bridge by a woman, así como sabe que ese no es su caso, he knows how to handle. Y sabe tomar fotos y sabe divertirse. Es mi brother y le deseo la mejor de las suertes, ya nos veremos por allí.

P.S.- Digamos que en la pequeña foto que adjunto, tomada de su página de facebook, de su álbum ""Escalando Hoverla" o "Cómo no curarse de un resfriado" o "Fall? Wondering how's the winter?" o "Hubiera tomado más fotos de haber podido mover los dedos", o...", Enrique saluda al personal…

Encuentre las siete diferencias










Solución:
1) El terno
2) La sonrisa (la del Saddam original es más creíble)
3) El micrófono
4) La bandera
5) Las flores
6) La corbata
7) El micrófono en la corbata

Foto en alza

19 de febrero de 2010



Joaquín Sabina le escribió una serie de poemas a su bandera. A Antonio García de Diego le dedicó el siguiente:

Armoniquero sutil,
guitarrista con metralla,
teclista que en la batalla
me devuelve el mes de abril.

Más que alérgico a las fotos
y a los desmanes del ego.
Voy de paquete en la moto
de Antonio García de Diego.

Lo destacado en cursiva, por supuesto y que me conmueve, hace que la foto consignada se cotice al alza en intangible.

Preso político

18 de febrero de 2010

Jaime Nebot es el Alcalde de un cantón importante (muy, muy importante) pero no es, mal que les pese a algunos de mis conciudadanos, sino el Alcalde de un territorio de 344,5 Kms². Las prácticas políticas de este Alcalde no pueden considerarse, sin falacia ni mentira, como democráticas: las sistemáticas violaciones a las libertades individuales en el espacio público y la nula participación que permite en la gestión municipal y en la discusión de políticas y obras públicas (últimamente, para mayor inri, permite el ingreso de simpatizantes con el propósito de estorbar la participación de la oposición en el Concejo Municipal –no podía esperarse menos, ya se tardaba este sujeto demasiado) son síntomas de sus faltas democráticas. En realidad, como fue dicho en una entrada anterior, sus prácticas políticas se parecen mucho más a las de Don Corleone que a las de cualquier mínimo demócrata. En adición, Nebot es un sujeto criado al calor de las bolsas del animal político (no hago juicios de valor aquí, el término es simplemente descriptivo de la trascendencia del personaje en la vida política reciente del país) que fue León Febres-Cordero, pero de quien no supo heredar su “hambre” ni su “calle” políticas. Nebot no le da la talla a su mentor, acostumbrado como está al área chica de los conciliábulos y las cartas marcadas de quien juega cuando sabe que las chances de perder son escasas y nunca se arriesga. Los de Vivos saben exhibirlo con humor: cuando se requiere de él que haga algo que no le gusta, lo manda a otro. Póngase en donde dice “algo que no le gusta” la frase “algo en lo que puede salir perdiendo” y la consecuencia será la misma o, en todo caso, análoga: o mandará a otro a que se juegue el pellejo, o no hará nada. Un líder, Nebot, para el que Guayaquil es un concepto retórico para su resistencia. Tres lecturas abonan ideas a este respecto.

La primera de esas lecturas, la de Simón Pachano, publicada el 15 de febrero en diario El Universo y titulada El opositor ideal. Para Pachano, las reivindicaciones de naturaleza local “nunca han podido estructurar propuestas y tendencias de alcance nacional. Las reivindicaciones de esta naturaleza están condenadas no solamente a mantenerse en sus espacios restringidos, sino también dentro de objetivos acotados”. Más adelante, afirma que Nebot se resistió a dar “un mínimo paso fuera de los límites de Guayaquil. Al parecer, él está más consciente que sus seguidores de la armadura en la que está encerrado, que lo protege de los embates pero que le impide caminar. Está también consciente el Presidente, que hábilmente mantuvo al Alcalde en ese espacio. Al final, la revolución ciudadana tiene el opositor ideal: territorialmente limitado, sin propuestas nacionales y sin horizonte político”. Corolario: Nebot está encerrado en un cajón con vista al Guayas (un cajón, al que se le colocarán en algún momento cirios para que sea lo que está destinado a ser: el ataúd para el último dinosaurio de la llamada partidocracia). Corolario2: la oposición (no me refiero, en este punto, necesariamente al Alcalde Nebot, sino a los políticos –o políticos wanna be- que depositan en él sus expectativas) es la mejor aliada del Gobierno central.

Otra lectura interesante es la de Xavier Zavala Egas en la edición de diario Expreso del 16 de febrero, titulada Mucho ruido y pocas nueces. Para Zavala, en la marcha hubo “menos gente y más insultos o mucha bulla y ninguna idea”; recalca que a la marcha “convocada por nuestro Burgomaestre fueron menos personas que a la última convocatoria que realizó”, lo que podría explicarse por “lo difuso, intangible o tenue del pretexto mostrado, el desgaste de un líder al que no se le perciben propósitos claros, el incremento de la obra del gobierno en Guayaquil o las omisiones que el invierno descubre en la obra municipal”; destaca “el mismo tono de siempre en el discurso, eufórico, agresivo, intimidante” y que “la movilización popular sin proyecto que la cobije es ruido sin nueces, nuestro Alcalde sabe que está solo a pesar de sus fieles guayaquileños, pero totalmente aislado del resto del país”: pensado en clave de oposición, Nebot “no es el aglutinante idóneo para estructurarla y conducirla”. Es así, porque de acuerdo con Zavala “el Alcalde se atrincheró en Guayaquil, sus expresiones son de un líder local y el país así lo observa. Además, el pasado político lo deslegitima, pesa mucho la carga de la oprobiosa partidocracia que trae consigo. En el evento que tuviera que vender algo trascendente y de importancia nacional, no puede aspirar a ganarse la confianza del país en estos tiempos”. Corolario: ídem. Pachano hablaba de “armadura”, Zavala habla de “trinchera”: yo digo “cajón”. En todo caso, un tipo aislado sin otras posibilidades que defenderse y dilatar lo inminente.

La tercera lectura interesante es la de Xavier Andrade publicada en diario El Telégrafo el 17 de febrero, titulada Al día siguiente (nótese que hemos seguido un estricto orden cronológico y que esta entrada lo continúa: no sé que quiere significar eso –bue, obvio, no significa nada- pero tiene onda). En su artículo, Andrade destaca que “esta última marcha –embebida de una larga tradición socialcristiana que ha politizado, exitosamente y desde los 80, temas tales como la seguridad […] sirve en la presente coyuntura como un teatro político en el que Nebot intenta, otra vez fallidamente –estoy seguro que a la larga- afianzar sus intenciones de proyectarse nacionalmente”. Al efecto, refiere Xavier Andrade que el que Nebot “use el manido discurso de la ‘guayaquileñidad’, el de la dignidad, o el que reconforte a su propia aritmética según ciegas conveniencias, son solamente parte de una estrategia de oposición que sigue sin cuajar del todo”, precisamente por tratarse Nebot de un “eterno delfín”, de un “pseudolíder de la oposición solamente porque cuenta con el apoyo mayoritario mediático y ciudadano en una sola ciudad sin lograr nunca trascender al panorama nacional”. Corolario: ídem. Nebot es, metafóricamente, un preso político, preso en su cajón, claro está, para seguir con la idea de los párrafos anteriores. (Aunque nótese que las miradas de Pachano y Andrade parecen divergir: mientras para el primero la presencia de Nebot como político es deseada por el Gobierno –no en vano lo llama “el opositor ideal”-, para el segundo, el cadáver político que era Nebot revive por una conducción inapropiada del Gobierno. Aunque hay una tercera opción en la que ambas miradas confluyen, si es que cada una de ellas se refiere a un momento político diferente.)

La rola que sigue casi comparte el título y no tiene mucha relación con la entrada (salvo, acaso, la torpe y mentirosa referencia de Nebot a la detención en firme, cuando señaló que “la Asamblea Nacional –con mayoría gobiernista- derogó la detención en firme”: valga precisarle al bigotón fenicio-franquista que la detención en firme la derogó el Tribunal Constitucional el 23 de octubre de 2006 –Correa no era ni Presidente, ni electo siquiera. No rebuzne, pa’ la próxima). Pero bue, la rola me pinta (era la cortina para nuestra entrada de Juguete Rabioso, el programa de radio que teníamos con el Curro y donde muchas veces la dejamos sonar para cantar un fragmento a dúo con PR) y ahí les va: