Ayer. Hoy son sesenta años y un día de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de saldo ambiguo. Al amparo de Cioran y de los gnósticos tiendo a considerar sin tomármelo muy en serio (obvio porque no soy creyente; si lo fuera, sí que tendría que pensármelo) que dios es, ora omnipotente y malvado, ora bondadoso pero chapucero: sólo esas patéticas alternativas divinas podrían explicar, desde la metafísica, este desastre de mundo en el que vivimos y del que la DUDH no ha podido salvarnos. Pero la DUDH mérito sí que tiene: fue, hace sesenta años y un día, el punto de partida de la comunidad internacional para codificar el derecho internacional de los derechos humanos, para reivindicar un discurso y orientar una práctica que, a pesar de sus notorias deficiencias e insuficiencias, no poco ha contribuido para evitar y corregir muchas injusticias. La DUDH es, me gusta pensármelo con estas palabras de Nadime Gordimer, “el documento esencial, la piedra fundamental, el credo de la humanidad que recoge todos los otros credos que orientan el comportamiento humano”.
El artículo 1 de la DUDH no parece difícil de comprender y practicar. Dice: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. Sin embargo uno mira alrededor… Pero bue, no cabe que dejemos de imaginarnos un posible mundo mejor: lo digo al amparo de Lennon (otro aniversario reciente, just three days ago) quien soñaba con un mundo sin codicia, ni países, ni religión, malas ideas que tanto han contribuido para que nos dañemos los unos a los otros. Libertad, igualdad, fraternidad: todavía mucho por hacer. A seguirla, para que como sugería Camus, al menos abandonemos el mundo un poco mejor de cómo lo encontramos.
El artículo 1 de la DUDH no parece difícil de comprender y practicar. Dice: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. Sin embargo uno mira alrededor… Pero bue, no cabe que dejemos de imaginarnos un posible mundo mejor: lo digo al amparo de Lennon (otro aniversario reciente, just three days ago) quien soñaba con un mundo sin codicia, ni países, ni religión, malas ideas que tanto han contribuido para que nos dañemos los unos a los otros. Libertad, igualdad, fraternidad: todavía mucho por hacer. A seguirla, para que como sugería Camus, al menos abandonemos el mundo un poco mejor de cómo lo encontramos.