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Del poema a la Constitución

3 de julio de 2026

            Publicado en diario Expreso el viernes 3 de julio de 2025.

En 1825, el guayaquileño José Joaquín Olmedo escribió un poema que exaltaba como héroe a un Simón Bolívar guerrero, con recomendaciones para el Simón Bolívar político. Tras el triunfo en Ayacucho (diciembre de 1824) menguó el Bolívar de la guerra y emergió el grave momento de administrar el fruto de sus tantos años de lucha por separar a los españoles del gobierno del Sur de América. 

El poema de Olmedo se llamó “La victoria de Junín. Canto a Bolívar” y se escribió en diálogo con su héroe. Olmedo le hizo saber a su héroe que los dominios de la poesía le eran ajenos: “¿Qué, le ha parecido a usted que, porque ha sido dictador dos o tres veces de los pueblos, puede igualmente dictar leyes a las Musas? No, señor.”

La principal crítica de Bolívar al poema de Olmedo fue su uso del inca Huayna-Cápac; según él, un inca, “a la verdad, no sabría cantar más que yaravís”. Para Olmedo, en cambio, la aparición en el cielo de un inca que habita en el empíreo (en “las regiones de luz y verdad”) era un recurso útil para hacer un juicio profundo y de largo alcance, que engloba el pasado de la conquista y que se proyecta a un futuro sin los vencidos.  

Al inca Huayna-Cápac, Simón Bolívar lo criticó por considerarlo “un poco hablador y embrollón” y porque parecería que él “es el asunto del poema: él es el genio, él la sabiduría, él es el héroe en fin”. También le debe haber incomodado algunas recomendaciones del inca para el gobierno de los nuevos países, en especial, las que contrariaban su ideal centralista: “Será perpetua, ¡oh pueblos! esta gloria / y vuestra libertad incontrastable / contra el poder y liga detestable / de todos los tiranos conjurados / si en lazo federal, de polo a polo / en la guerra y la paz vivís unidos; / vuestra fuerza es la unión. Unión, ¡oh pueblos! / para ser libres y jamás vencidos.” (vv. 707-714)

Esta idea de un “lazo federal” inscrita en el poema la pudo convertir Olmedo en propuesta constitucional. Cinco años después, en 1830, Olmedo integró el Congreso Constituyente de Riobamba, fue parte de su Comisión de Redacción y escribió de su puño y letra el texto de la Constitución, que fue aprobado el 11 de septiembre. En sus artículos iniciales, la primera Constitución ecuatoriana le proponía a otros Estados sudamericanos que se acuerde la unión de una confederación que lleve por nombre República de Colombia: la concreción del “lazo federal” de unión “para vivir libres y jamás vencidos”.  

Los primeros artículos de la Constitución ecuatoriana de 1830 proponían una reunión “con igual representación” de un Colegio de Plenipotenciarios de todos los Estados, “cuyo objeto sea establecer el Gobierno general de la Nación y sus atribuciones, y fijar por una ley fundamental los límites, mutuas obligaciones, derechos y relaciones nacionales de todos los Estados de la unión” (Art. 3). 

Ninguno de los Estados a los que el Ecuador dirigió su propuesta (Colombia y Venezuela) hizo caso a esta idea de unión y confederación. La siguiente Constitución ecuatoriana, aprobada en Ambato el 13 de agosto de 1835, se olvidó del tema y nunca se ha vuelto a ensayar. Quedó como una rareza: la inspiración de un poeta convertida en prosa constitucional, que no funcionó. 

El prefecto Olmedo y sus cosas extraordarias

24 de abril de 2026

Publicado en diario Expreso el viernes 24 de abril de 2026.

Un caso curioso de los tiempos de la gestación de los Estados en la América: José Joaquín Olmedo ocupó el mismo cargo, prefecto de un Departamento, en dos países distintos. Esto es, en sí mismo, un hecho extraordinario. Y en cada Estado en que José Joaquín Olmedo ejerció la Prefectura, pasaron cosas extraordinarias.

Olmedo fue el prefecto de un Departamento tanto en Colombia como en el Ecuador. Por supuesto, el diseño institucional era distinto: Colombia, bajo la Constitución de 1821, dividía su territorio en doce departamentos y tenía una autoridad superior a estos prefectos: el Prefecto del Distrito (había tres distritos). Y aún, había alguien superior a ellos: el Presidente de Colombia. Olmedo fue el prefecto del Departamento de Guayaquil.

En cambio el Ecuador, más modesto, bajo la Constitución de 1830 dividía su territorio en tres departamentos (los tres del Distrito del Sur de Colombia: su desmembración es el origen del Ecuador), pero únicamente debajo del Presidente del Estado del Ecuador. En este Ecuador, Olmedo fue el prefecto del Departamento del Guayas. 

Una primera cosa extraordinaria: en su condición de prefecto departamental colombiano, Olmedo firmó la secesión del Departamento de Guayaquil de la República de Colombia. A Olmedo lo habían destituido de la presidencia del triunvirato de gobierno de la provincia de Guayaquil para anexarla a Colombia en julio de 1822 y fue él mismo quien firmó su segregación de Colombia para independizar el territorio y decidir, en conjunto con otros departamentos que también se segregaron de Colombia en mayo de 1830 y por la vía de la asamblea constituyente, la fundación de un nuevo Estado sudamericano. 

En septiembre de 1830, la reunión de los representantes de los departamentos aprobó una Constitución que concretó un Estado. Olmedo fue su redactor principal. 

Olmedo, como prefecto departamental ecuatoriano, fue parte de otro hecho extraordinario: la única anexión territorial del Estado del Ecuador en toda su historia (un pobrecito Estado que ha perdido territorio por todos los puntos cardinales y ha quedado reducido a casi exclusivamente su porción habitada). El 20 de enero de 1832, el prefecto ecuatoriano Olmedo firmó una instrucción al coronel Ignacio Hernández “para que dirija una compañía colonizadora y tome posesión de las Islas Galápagos en nombre del Estado ecuatoriano”. 

El 12 de febrero de 1832 el coronel Hernández izó la bandera ecuatoriana en la isla Charles (hoy, Floreana) del archipiélago de Galápagos. Esta carta del 20 de enero y otra del 14 de abril de 1832, también dirigida al coronel Hernández, en la que Olmedo le agradece “por haber tomado posesión de las Islas Galápagos en nombre del Ecuador”, fueron incorporadas por la Cancillería del Ecuador a la Memoria del Mundo que conserva la UNESCO. Una notoria manifestación de cuán extraordinario fue este hecho.

(También forma parte de la Memoria de la UNESCO, postulada por el Municipio de Guayaquil en 2025, para conmemorar su bicentenario, el poema de José Joaquín Olmedo “La victoria de Junín. Canto a Bolívar”.)

El guayaquileño Olmedo: un autor de cosas extraordinarias, de poemas a constituciones, pasando por la anexión de las islas encantadas.

La Memoria del Mundo

21 de noviembre de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 21 de noviembre de 2025. 

Desde 1992, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés) mantiene el programa Memoria del Mundo, para cumplir con los objetivos de facilitar la preservación del patrimonio documental, incluyendo el formato digital, así como de permitir el acceso universal al patrimonio documental y aumentar la conciencia sobre su importancia en el público en general.

Para concretar el cumplimiento de estos objetivos, el año 2000 la UNESCO creó el comité regional del programa Memoria del Mundo para América Latina y el Caribe a fin de promover la conservación del patrimonio documental en los países de la región (existe, desde 1998, otro comité regional para los países de Asia y el Pacífico). Desde el año 2000 se han realizado un total de 263 inscripciones de patrimonio documental, conservado en archivos, bibliotecas o museos, al registro Memoria del Mundo de América latina y el Caribe. Por “patrimonio documental” se entiende desde tablillas de arcilla hasta publicaciones digitales. 

Y también, el manuscrito de un poema de José Joaquín Olmedo. Hasta el año 2024, el Ecuador tenía ocho registros en la Memoria del Mundo de América latina y el Caribe: dos en asocio con otros países (la Carta de Jamaica de Simón Bolívar en asocio con Colombia y la documentación sobre las expediciones científicas en Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú, siglos XVIII-XIX, en asocio con estos países más España) y seis por cuenta propia (la Mediateca de la CIESPAL, el patrimonio documental del Vicariato Apostólico Salesiano en el Ecuador amazónico entre 1890 y 1930, el fondo documental Monseñor Leonidas Proaño, los protocolos notariales de la Notaría Tercera del cantón Cuenca de 1563 a 1950, los expedientes de naturalizaciones entre 1899 y 1968, la posesión oficial de las Islas Galápagos por el Ecuador en 1832). El año 2025 se añadió una inscripción a esta lista selecta: un manuscrito del poema “La Victoria de Junín. Canto a Bolívar”, de autoría del político y poeta guayaquileño José Joaquín Olmedo, rareza que se conserva en poder de la Biblioteca Municipal de Guayaquil. 

Cada año, el programa Memoria del Mundo abre un período de postulaciones. Este año 2025 se presentaron 71 postulaciones provenientes de quince países de América latina y el Caribe. En la XXV reunión del comité regional para América latina y el Caribe del programa Memoria del Mundo, que se celebró del 10 al 13 de noviembre en Lima y Cusco, se evaluaron estas 71 postulaciones y se aprobaron 29 nuevas inscripciones al programa.

De estas 71 postulaciones, tres fueron hechas por instituciones ecuatorianas. De estas tres, la única postulación que el comité aprobó fue la relativa al manuscrito del poema de Olmedo que fue presentada por el Municipio de Guayaquil, siendo la primera vez que un gobierno seccional ecuatoriano consigue una inscripción en este registro para la conservación del patrimonio documental. Por este hecho, la Biblioteca Municipal de Guayaquil se convirtió en una de las 265 “instituciones encargadas de la memoria” que reconoce la UNESCO en el marco de este programa.    

Olmedo en la Memoria del Mundo: bien se puede decir que se ha hecho justicia.