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Enemigo de la libertad

21 de agosto de 2026

            Publicado en diario Expreso el viernes 21 de agosto de 2026.

El Padre de la Patria ecuatoriana, José Joaquín Olmedo, escribió acerca de la importancia de las elecciones: “Una representación nacional imperfecta no es sino un instrumento más para la tiranía. La primera condición, para que un gobierno representativo marche, es que las elecciones sean libres. […] La corrupción y los vicios en las elecciones son los mayores enemigos de la libertad”. 

Olmedo sabía de esto, en la teoría y en la práctica: él fue el primer Jefe Político de un jirón independiente del Reino de España en el territorio actual del Ecuador y la primera máxima autoridad de gobierno elegida de manera representativa, a través de la votación de un Colegio Electoral compuesto por 57 diputados que se reunió en esta ciudad. Su gobierno administró el vasto territorio de la Provincia Libre de Guayaquil (toda la Costa, menos Esmeraldas) entre noviembre de 1820 y julio de 1822. 

De acuerdo con nuestro Padre de la Patria las elecciones deben ser libres, pero la realidad en el Ecuador del 2026 es contraria a este deber ser. De hecho, la realidad del Ecuador es similar a la realidad venezolana del 2024, como ha sido descrita en el informe de la Comisión Interamericana titulado “Venezuela: Graves violaciones a los derechos humanos en el contexto electoral”, en el apartado “Persecución política en el período preelectoral”. 

Los abusos que registra este informe que ocurrieron en Venezuela el 2024, en particular, los obstáculos para la inscripción de las candidaturas opositoras y las detenciones arbitrarias y amedrentamientos a las personas opositoras o percibidas como tales, son abusos que se están observando en estas elecciones ecuatorianas del 2026.

Es notorio que existe un trato discriminatorio para la inscripción de las candidaturas en este período preelectoral. Mientras al movimiento del gobierno no se le pone jamás una traba, la situación es muy diferente para los movimientos y partidos de oposición, a los que se ha llegado a inhabilitar con informes “reservados” de la Fiscalía, vía una interpretación grotesca de un artículo del Código de la Democracia hecha por un juez electoral, para ningunear las garantías del debido proceso a los afectados. En este campo, ni la Venezuela de Maduro se atrevió a tanto. 

Todavía más notorio ha sido el uso instrumental de la Fiscalía General del Estado (un órgano que debería ser independiente pero que está sometido de manera obscena a los deseos de la Función Ejecutiva) para la persecución de los opositores, sea en este período preelectoral o fuera de él. Si un caso involucra al gobierno, la Fiscalía es cuidadosa de no incomodarlo; si involucra a algún opositor al gobierno, la Fiscalía asume como una misión encomendada su encarcelamiento y la máxima sanción. En los procesos que involucran al gobierno, la Fiscalía se demora y pasa silbando, mientras que en los otros se acelera y tiene un timing increíble para hacer lo conveniente para el gobierno. Es una gran discípula de la Fiscalía venezolana, con la que comparte los últimos puestos en el ranquin del World Justice Project. 

El presidente Noboa ha dicho (en esto, al menos, no miente) que es un pésimo enemigo. Y si algo ha demostrado es serlo, también de la libertad. 

Una capital diferencia

7 de agosto de 2026

            Publicado en diario Expreso el viernes 7 de agosto de 2026.

Quiero destacar una capital diferencia entre dos fechas muy importantes para la historia del Ecuador: el 10 de agosto de 1809 y el 9 de octubre de 1820.

La diferencia: a partir del 10 de agosto en Quito se luchó contra las demás provincias de la Audiencia de Quito, mientras que a partir del 9 de octubre en Guayaquil se luchó a favor de las demás provincias de la Audiencia de Quito. Es justo lo opuesto.

La lucha de Quito en contra de las demás provincias era para que se reconozca su primacía administrativa en el ámbito de la Audiencia de Quito, es decir, que las autoridades de Popayán, Cuenca y Guayaquil se sujeten a las decisiones de las autoridades quiteñas. Quiso dejar de ser una audiencia subordinada: este movimiento fue de corte autonomista, a fin de romper la sujeción de Quito a una audiencia superior situada en la capital de un virreinato y empezar a comportarse como una capitanía general del Reino de España, a la manera de Guatemala, Venezuela y Chile.

La lucha de Quito se hizo contra los franceses, en defensa del rey español Fernando VII, cautivo en Valençay. Para los quiteños, la lucha contra el “Tirano de Europa” (así llamaban a Napoleón) debía tener un carácter continental, orientado “al individuo objeto de morir por Dios, por el Rey y la patria. Esta es nuestra divisa, esta será también la gloriosa herencia que dejemos a nuestra posterioridad”, como se puede leer en la proclama firmada en Quito y dirigida a los pueblos de América, del 16 de agosto de 1809. La posterioridad recuerda el 10 de agosto de 1809 como una lucha contra los españoles, que no lo fue.  

La lucha de Quito para imponer su primacía dentro de una porción del Reino de España terminó en un rotundo fracaso. Ni Popayán, ni Cuenca, ni Guayaquil, consintieron su idea. Todo lo contrario: resistieron, rechazando a sus emisarios y haciéndole la guerra. Pronto (fueron 76 días de un gobierno presidido por una “Alteza Serenísima” en defensa de su rey y “señor natural”), el 24 de octubre de 1809, Quito claudicó. 

El 9 de octubre de 1820 es diferente, porque fue una lucha por la independencia y por el cambio a un régimen republicano y electivo, que marcó el inicio de la lucha de Guayaquil por independizar a sus provincias vecinas del yugo de los españoles. A raíz de su independencia, Guayaquil constituyó una milicia para luchar por la libertad de otros. Su lucha sí fue contra los españoles, sin nombres rimbombantes y con el apoyo de un pueblo reunido en el cabildo abierto que se convocó la mañana del 9 de octubre (el 10 de agosto se hizo prescindiendo del cabildo quiteño). 

La lucha que emprendió Guayaquil por la libertad de sus provincias vecinas se fundió en un gran empeño colectivo, con fuerzas del Norte y del Sur, que fue coronado por el éxito en 1824, año que marcó la expulsión de los españoles de sus dominios conquistados el siglo XVI. El gran cantor de esta gesta fue un guayaquileño, José Joaquín Olmedo.

Unos años antes, en 1822, se había independizado a Quito de España. En Guayaquil, apenas se conoció la noticia del triunfo en Pichincha, se mandó a publicar un bando que avisaba del magno hecho a la población: “Guayaquileños: Quito es ya libre: vuestros votos están cumplidos”.

Guayaquil, pionera de dos independencias

24 de julio de 2026

            Publicado en diario Expreso el viernes 24 de julio de 2026.

En el proceso de independencia de los territorios de la Audiencia de Quito, la situación de la provincia de Guayaquil es singular. Su capital, Santiago de Guayaquil, fue la primera ciudad en independizarse del Reino de España el 9 de octubre de 1820 y se mantuvo independiente hasta que fue agregada por la fuerza a la República de Colombia. Durante casi dos años, desde esta capital se administró un territorio de alrededor de 53.000 kilómetros cuadrados (toda la Costa, menos Esmeraldas) por un gobierno elegido por representantes de los pueblos de la provincia y compuesto por tres guayaquileños, Olmedo, Ximena y Roca, reunidos en una Junta presidida por un poeta.

A diferencia del resto de los otros territorios de la Audiencia de Quito, que fueron libertados por el ejército patriota en lucha con los españoles, la ciudad de Guayaquil se independizó a sí misma en una sola jornada, con un certero golpe de Estado y la reducción a prisión del Gobernador español de la provincia, Pascual Vivero. Un cabildo popular reunido la mañana del lunes 9 de octubre en la Casa Consistorial (en el mismo sitio donde hoy se levanta el Palacio Municipal) refrendó la independencia. Se firmó un acta aquel día, que reconoce a ese 9 de octubre de 1820 como el día “primero de su independencia”. 

La Junta presidida por Olmedo duró hasta un siguiente golpe de Estado, que vino en forma de la ocupación militar de la ciudad por unas tropas lideradas por el Presidente de Colombia (no actuante, por su permiso para ir a guerrear por el Sur). El jefe de esta ocupación militar, Bolívar, por el peso que le daba la compañía de 1.300 soldados, el 13 de julio de 1822 decidió que la Junta presidida por el poeta debía cesar en funciones. 

La agregación por la fuerza de la provincia de Guayaquil a Colombia en 1822 se acompañó de la agregación de las provincias de Cuenca y Quito para conformar un territorio colombiano con una administración común. Desde 1822, la administración de estos tres territorios recayó de manera principal en extranjeros, tanto en los años de pertenencia a Colombia (1822-1830) como en los primeros años de vida independente del Ecuador (1830-1845). 

En 1830, año de su muerte, Bolívar le escribió una carta a Flores, en tanto primer presidente del Ecuador, en la que describió a los ecuatorianos como “colonos y pupilos de los forasteros: unos son venezolanos, otros granadinos, otros ingleses, otros peruanos, y quién sabe de qué otras tierras los habrá también”, y le advirtió a su amigo venezolano: “Esté V. cierto, mi querido General, que V. y esos Jefes del Norte van a ser echados de ese país”.

Bolívar tuvo razón y los “Jefes del Norte” finalmente fueron expulsados. Ocurrió en 1845, y nuevamente Guayaquil fue la ciudad pionera, la que encendió la llama de la independencia del territorio, en esta ocasión para tener “un Gobierno propio y una representación verdaderamente ecuatoriana”, como se puede leer en una proclama de la Junta de Gobierno, compuesta por tres guayaquileños (Roca, Noboa y Olmedo) y presidida por el mismo poeta: José Joaquín Olmedo.

Así, Guayaquil ha sido la ciudad pionera de las dos independencias: de los jefes españoles en 1820 y de los jefes del Norte en 1845.

Del poema a la Constitución

3 de julio de 2026

            Publicado en diario Expreso el viernes 3 de julio de 2025.

En 1825, el guayaquileño José Joaquín Olmedo escribió un poema que exaltaba como héroe a un Simón Bolívar guerrero, con recomendaciones para el Simón Bolívar político. Tras el triunfo en Ayacucho (diciembre de 1824) menguó el Bolívar de la guerra y emergió el grave momento de administrar el fruto de sus tantos años de lucha por separar a los españoles del gobierno del Sur de América. 

El poema de Olmedo se llamó “La victoria de Junín. Canto a Bolívar” y se escribió en diálogo con su héroe. Olmedo le hizo saber a su héroe que los dominios de la poesía le eran ajenos: “¿Qué, le ha parecido a usted que, porque ha sido dictador dos o tres veces de los pueblos, puede igualmente dictar leyes a las Musas? No, señor.”

La principal crítica de Bolívar al poema de Olmedo fue su uso del inca Huayna-Cápac; según él, un inca, “a la verdad, no sabría cantar más que yaravís”. Para Olmedo, en cambio, la aparición en el cielo de un inca que habita en el empíreo (en “las regiones de luz y verdad”) era un recurso útil para hacer un juicio profundo y de largo alcance, que engloba el pasado de la conquista y que se proyecta a un futuro sin los vencidos.  

Al inca Huayna-Cápac, Simón Bolívar lo criticó por considerarlo “un poco hablador y embrollón” y porque parecería que él “es el asunto del poema: él es el genio, él la sabiduría, él es el héroe en fin”. También le debe haber incomodado algunas recomendaciones del inca para el gobierno de los nuevos países, en especial, las que contrariaban su ideal centralista: “Será perpetua, ¡oh pueblos! esta gloria / y vuestra libertad incontrastable / contra el poder y liga detestable / de todos los tiranos conjurados / si en lazo federal, de polo a polo / en la guerra y la paz vivís unidos; / vuestra fuerza es la unión. Unión, ¡oh pueblos! / para ser libres y jamás vencidos.” (vv. 707-714)

Esta idea de un “lazo federal” inscrita en el poema la pudo convertir Olmedo en propuesta constitucional. Cinco años después, en 1830, Olmedo integró el Congreso Constituyente de Riobamba, fue parte de su Comisión de Redacción y escribió de su puño y letra el texto de la Constitución, que fue aprobado el 11 de septiembre. En sus artículos iniciales, la primera Constitución ecuatoriana le proponía a otros Estados sudamericanos que se acuerde la unión de una confederación que lleve por nombre República de Colombia: la concreción del “lazo federal” de unión “para vivir libres y jamás vencidos”.  

Los primeros artículos de la Constitución ecuatoriana de 1830 proponían una reunión “con igual representación” de un Colegio de Plenipotenciarios de todos los Estados, “cuyo objeto sea establecer el Gobierno general de la Nación y sus atribuciones, y fijar por una ley fundamental los límites, mutuas obligaciones, derechos y relaciones nacionales de todos los Estados de la unión” (Art. 3). 

Ninguno de los Estados a los que el Ecuador dirigió su propuesta (Colombia y Venezuela) hizo caso a esta idea de unión y confederación. La siguiente Constitución ecuatoriana, aprobada en Ambato el 13 de agosto de 1835, se olvidó del tema y nunca se ha vuelto a ensayar. Quedó como una rareza: la inspiración de un poeta convertida en prosa constitucional, que no funcionó. 

Olmedo y su récord constitucional

26 de junio de 2026

            Publicado en diario Expreso el viernes 26 de junio de 2025.

El guayaquileño José Joaquín Olmedo (1780-1847) participó en un total de seis asambleas constitucionales, en cuatro Estados, en dos continentes. Estos cuatro Estados fueron, en orden cronológico: España, Guayaquil, Perú y Ecuador. A excepción del efímero Estado de Guayaquil (1820-1822), que el propio Olmedo presidió como cabeza de la Junta de Gobierno designada por el Colegio Electoral que se reunió en esta ciudad entre el 8 y el 11 de noviembre de 1820, los otros tres Estados que José Joaquín Olmedo contribuyó a forjar siguen en funciones.  

Este hecho extraordinario de participar de la constitución de tantos Estados fue posible por los cambios en la administración de la provincia de Guayaquil durante la vida de Olmedo. En 1810, la provincia era española y el Cabildo de Guayaquil (por 10 de 11 votos) designó a Olmedo como su representante en las Cortes de Cádiz, donde fue parte de la redacción de la Constitución que se aprobó en marzo de 1812. 

En 1820, la provincia de Guayaquil declaró su independencia de España y un Colegio Electoral, compuesto por 57 representantes de 27 pueblos, designó a Olmedo como la máxima autoridad del Ejecutivo (la cabeza de un triunvirato compuesto, además, por Francisco María Roca y Rafael María Ximena) y aprobó una Constitución (denominada “Reglamento Provisorio de Gobierno”) que, es fama, la escribió el propio José Joaquín Olmedo. 

Después de un período de pertenencia a Colombia (1822-1830) por la ocupación militar de Guayaquil en julio de 1822 y la anexión de la provincia a Colombia hecha por el Libertador (o en este caso, debo decir: el Opresor) Simón Bolívar, la antigua provincia española de Guayaquil (ahora denominada Departamento de Guayaquil) pasó a integrar el Estado del Ecuador. Olmedo fue uno de los cuatro representantes por Guayaquil (los otros tres: Francisco de Marcos, Vicente Ramón Roca y León de Febres-Cordero) que participaron en el Congreso Constituyente que se reunió en Riobamba entre agosto y septiembre de 1830 para aprobar la Constitución que originó el Estado del Ecuador. Olmedo fue parte de su comisión de redacción y está documentado que redactó esta Constitución de su puño y letra.   

El caso de su participación en la redacción de la primera Constitución del Perú, aprobada en noviembre de 1823, fue diferente. Tras la ocupación de Guayaquil por las tropas de Bolívar, Olmedo salió al exilio en Lima. Estando allí, fue invitado a formar parte del Congreso Constituyente reunido en dicha ciudad, como un reconocimiento a su enorme valía y a su experiencia previa como diputado en España y gobernante en Guayaquil. Fue nombrado diputado por el Departamento de Puno, territorio que todavía estaba en manos de los españoles, e integró la comisión que redactó las bases de la primera Constitución peruana. 

Además del Congreso Constituyente de Riobamba en 1830, Olmedo participó en otros dos procesos constitucionales del Ecuador: en Ambato, en 1835, y en Cuenca, en 1845. Pero el hecho sin paralelo en la historia de la humanidad (e irrepetible, dadas las circunstancias) fue su participación en la redacción de las constituciones que forjaron cuatro Estados, en dos continentes: todo un testimonio de su genialidad. 

Por el miedo

29 de mayo de 2026

            Publicado en diario Expreso el viernes 29 de mayo de 2026.

Dijo el verdadero Padre de la Patria ecuatoriana, José Joaquín Olmedo: “Los hombres hábiles ambicionan convencer, los hombres mediocres o sin talento no aspiran sino mandar”.

Es decir, se puede gobernar por la razón, o se puede gobernar por la fuerza. Si se escoge este segundo camino, es claro que no se trata de inspirar confianza. Se trata de inspirar miedo. Se trata de ser temido para que obedezcan, o mejor dicho, para que se sometan.

Eso ha ocurrido en el Ecuador de los últimos años. Se ha instalado el miedo. Primero, por la inseguridad que campea en el territorio, aún después de 28 meses de la declaratoria por el gobierno de Noboa de un conflicto armado interno y una guerra contra el crimen organizado (mucho ruido, pocas nueces; mucho blablá, casi nula efectividad). Segundo, por el modus operandi del gobierno de Noboa, por cómo se decidió desde la cabeza que se aspira a mandar en el Ecuador.

Su modus operandi es claro: se ha orientado a instalar el miedo. Por el control y el uso instrumental de la Fiscalía General del Estado para perseguir a sus rivales políticos; por el control y el uso instrumental del sistema electoral para la eliminación de las organizaciones políticas opositoras; por el ataque a GRANASA, casa editorial de los diarios Expreso y Extra; por la destrucción sistemática de la autonomía de los gobiernos seccionales para reestablecer antiguos controles centralistas; por el uso continuo (sin mayor efectividad) de los toques de queda y el discurso beligerante de ministros de pocas luces; por la expulsión de extranjeros (A. Santiago y F. Casado) a través de informes reservados; por la entrada por la ventana a la Prefectura del Guayas; por la falta de escrúpulos que exhiben (con altas dosis de desparpajo y sinvergüencería) los órganos subordinados al gobierno central para satisfacer los intereses de la Presidencia de la República (son sus mascotas: la Contraloría General del Estado, el Ministerio del Trabajo, la Superintendencia de Compañías, el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, el Consejo de la Judicatura, sumo y sigo); por la acumulación desmedida del poder en uno que quisiera gobernar sin oposición, por sí mismo (es decir: un autócrata), por la impredecibilidad del comportamiento presidencial y por la saña con la que desde el Poder Ejecutivo se trata a quienes percibe como sus enemigos… Por todos estos antecedentes, es claro que se aspira a mandar por el miedo. Se trata de eso.

Por iguales o menores cosas antes se alzaba la voz; pero muchos de los valientes empresarios y activistas de otra época, hoy son destacados cobardes de esta etapa de mansedumbre. Tienen miedo: el Ejecutivo lo logró, les decretó un silencio que ellos han interiorizado.

Los “hombres mediocres o sin talento”, que decía Olmedo, suelen ser unos improvisados, sin capacidad de guiar a una comunidad en un claro curso de acción. Con razón, un consultor político (L. Lasso) dijo que el gobierno actual es un “gobierno de novatos”. Sus novatadas traslucen la segunda parte de la sentencia del Padre de la Patria, que abre esta columna de opinión. 

Es un gobierno de novatos que aspiran a mandar por el miedo. Simplemente, porque no sabrían hacer otra cosa.

El prefecto Olmedo y sus cosas extraordarias

24 de abril de 2026

Publicado en diario Expreso el viernes 24 de abril de 2026.

Un caso curioso de los tiempos de la gestación de los Estados en la América: José Joaquín Olmedo ocupó el mismo cargo, prefecto de un Departamento, en dos países distintos. Esto es, en sí mismo, un hecho extraordinario. Y en cada Estado en que José Joaquín Olmedo ejerció la Prefectura, pasaron cosas extraordinarias.

Olmedo fue el prefecto de un Departamento tanto en Colombia como en el Ecuador. Por supuesto, el diseño institucional era distinto: Colombia, bajo la Constitución de 1821, dividía su territorio en doce departamentos y tenía una autoridad superior a estos prefectos: el Prefecto del Distrito (había tres distritos). Y aún, había alguien superior a ellos: el Presidente de Colombia. Olmedo fue el prefecto del Departamento de Guayaquil.

En cambio el Ecuador, más modesto, bajo la Constitución de 1830 dividía su territorio en tres departamentos (los tres del Distrito del Sur de Colombia: su desmembración es el origen del Ecuador), pero únicamente debajo del Presidente del Estado del Ecuador. En este Ecuador, Olmedo fue el prefecto del Departamento del Guayas. 

Una primera cosa extraordinaria: en su condición de prefecto departamental colombiano, Olmedo firmó la secesión del Departamento de Guayaquil de la República de Colombia. A Olmedo lo habían destituido de la presidencia del triunvirato de gobierno de la provincia de Guayaquil para anexarla a Colombia en julio de 1822 y fue él mismo quien firmó su segregación de Colombia para independizar el territorio y decidir, en conjunto con otros departamentos que también se segregaron de Colombia en mayo de 1830 y por la vía de la asamblea constituyente, la fundación de un nuevo Estado sudamericano. 

En septiembre de 1830, la reunión de los representantes de los departamentos aprobó una Constitución que concretó un Estado. Olmedo fue su redactor principal. 

Olmedo, como prefecto departamental ecuatoriano, fue parte de otro hecho extraordinario: la única anexión territorial del Estado del Ecuador en toda su historia (un pobrecito Estado que ha perdido territorio por todos los puntos cardinales y ha quedado reducido a casi exclusivamente su porción habitada). El 20 de enero de 1832, el prefecto ecuatoriano Olmedo firmó una instrucción al coronel Ignacio Hernández “para que dirija una compañía colonizadora y tome posesión de las Islas Galápagos en nombre del Estado ecuatoriano”. 

El 12 de febrero de 1832 el coronel Hernández izó la bandera ecuatoriana en la isla Charles (hoy, Floreana) del archipiélago de Galápagos. Esta carta del 20 de enero y otra del 14 de abril de 1832, también dirigida al coronel Hernández, en la que Olmedo le agradece “por haber tomado posesión de las Islas Galápagos en nombre del Ecuador”, fueron incorporadas por la Cancillería del Ecuador a la Memoria del Mundo que conserva la UNESCO. Una notoria manifestación de cuán extraordinario fue este hecho.

(También forma parte de la Memoria de la UNESCO, postulada por el Municipio de Guayaquil en 2025, para conmemorar su bicentenario, el poema de José Joaquín Olmedo “La victoria de Junín. Canto a Bolívar”.)

El guayaquileño Olmedo: un autor de cosas extraordinarias, de poemas a constituciones, pasando por la anexión de las islas encantadas.

El proyecto centralizador

3 de abril de 2026

            Publicado en diario Expreso el viernes 3 de abril de 2026.

Juan José Flores fue el primer presidente del Ecuador. En su tercer mandato presidencial, designado por una asamblea constitucional servil a él, debió gobernar entre 1843 y 1851. Aquella asamblea aprobó la Constitución de 1843 y sometió a los municipios a un órgano extraño (un “concejo provincial”), dependiente del gobierno central. 

Eso duró poco. En marzo de 1845, una revolución originada en Guayaquil, capitaneada por José Joaquín Olmedo, logró la expulsión del presidente Flores y su camarilla. Se derogó la Constitución de 1843 y se acabó este sometimiento a los municipios.

Mucha agua corrió desde entonces bajo el puente del subdesarrollo. Por décadas, el gobierno central tuvo demasiada injerencia en la gestión de los municipios y en la aprobación de sus ordenanzas, pero eso cambió con la entrada en vigor del Código Orgánico de Ordenamiento Territorial, Autonomía y Descentralización (COOTAD) el 2010. Desde entonces, los municipios obtuvieron la garantía de su autonomía política, administrativa y financiera para la gestión de su territorio y la aprobación de sus ordenanzas.  

Hasta ahora. Con el gobierno de Noboa regresó un proyecto centralizador del Estado. De manera similar a 1843, el gobierno central somete a los municipios a controles exagerados y los coloca al servicio de los deseos y desvaríos de la Presidencia de la República. 

La ley reformatoria del COOTAD, aprobada el 20 de febrero por la Asamblea Nacional y diseñada para restar recursos a los municipios, impone gravosos controles del Ministerio de Economía y Finanzas sobre su gasto. So pena de pérdida económica, ellos sólo pueden gastar en ciertos ítems del Clasificador Presupuestario elaborado por ese ministerio, que se refiere a obras físicas e inversiones a largo plazo. Es la pérdida de la autonomía financiera. 

Este lunes se aprobaron las reformas a la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial, Uso y Gestión del Suelo (LOOTUGS) para introducir la desnaturalización de un órgano de control (la Superintendencia de Ordenamiento Territorial) y la potestad de la Presidencia de la República para determinar el desarrollo urbano de los municipios vía la figura del Proyecto Estratégico Nacional de Construcción de Vivienda. Desde un escritorio en Quito se determinará el crecimiento de territorios que no se conoce. Es la pérdida de las autonomías política y administrativa. 

En la ley reformatoria a la LOOTUGS es claro que su enfoque principal es la preeminencia del interés particular por sobre el interés general (evidente por la eliminación del “carácter público” del derecho a edificar y por la redacción tan atropellada de los “derechos adquiridos”). 

Es fácil anticipar que la reforma no busca el desarrollo integral de los territorios del Ecuador. Cui bono? (¿quién gana?), se preguntaba en los pasillos de Roma. La preeminencia del interés particular debería dar una respuesta elocuente a esta pregunta hasta para el más despistado.   

Este proyecto centralizador y perverso del Estado únicamente puede ser detenido por la Corte Constitucional, cuando conozca de esta colección de desvaríos y vulneraciones de derechos que son la esencia de las leyes aprobadas por una servil, rastrera Asamblea Nacional. 

Olmedo, el Padre de la Patria

20 de febrero de 2026

            Publicado en diario Expreso el viernes 20 de febrero de 2026.

En el Ecuador, José Joaquín Olmedo debe ser considerado el Padre de la Patria. Ningún otro nativo del territorio ecuatoriano ha cosechado tantos méritos en su vida pública como para hacerse acreedor a ese título. A Olmedo, el título le corresponde en exclusiva.

En su natal Guayaquil, Olmedo fue el primer Jefe Político tras la independencia del Reino de España en octubre de 1820. Por un Colegio Electoral que en la ciudad de Guayaquil reunió a 57 representantes de los pueblos de la provincia de Guayaquil (toda la Costa, menos Esmeraldas), Olmedo fue elegido Presidente de la Junta Superior de Gobierno que condujo los destinos de la provincia desde noviembre de 1820 hasta que la provincia fue anexada a la República de Colombia en julio-agosto de 1822. 

Para el Ecuador, José Joaquín Olmedo fue el 9 de octubre el primer gobernante civil de un jirón independiente y republicano de su territorio, y entre noviembre de 1820 y julio de 1822 fue la máxima autoridad del primer gobierno independiente y republicano surgido en su territorio, elegido por los representantes de los pueblos. Como la cabeza de este efímero Estado, entre 1820 y 1822, Olmedo luchó por la libertad de los otros territorios con los que, desde 1830, la provincia de Guayaquil integró el Estado del Ecuador.

Cuando se integró el Estado del Ecuador y se lo postuló como una parte “confederada” a la República de Colombia, Olmedo fue el Vicepresidente del Congreso Constituyente que se reunió en Riobamba en agosto-septiembre de 1830 y decidió la creación del nuevo Estado. Y cuando, tras una guerra civil, se reunió una Asamblea Constitucional entre junio y agosto de 1835 en Ambato, Olmedo fue su Presidente. En Ambato se decidió que ese Estado “confederado” a Colombia de 1830 pasaba a ser una República por sí misma. 

En 1830, dada su vasta experiencia previa (Cádiz, Guayaquil, Lima), Olmedo fue parte de la comisión de redacción de la Constitución. En 1835, dirigió la Asamblea Constitucional. Es decir, fundó al Ecuador como Estado en 1830 y lo forjó como República en 1835. 

En 1845, Olmedo fue el Presidente del Gobierno Provisorio surgido en marzo por una revolución originada en Guayaquil, que expulsó a los militares extranjeros que habían impuesto su ley en el Estado del Ecuador desde 1830. Olmedo prevaleció, porque los militares extranjeros empezaron su dominio cuando los cesaron a Olmedo y al resto de integrantes de la Junta Superior de Gobierno de Guayaquil en julio de 1822. Casi un cuarto de siglo después, Olmedo fue la cabeza del Gobierno que expulsó a los militares extranjeros para instaurar, por primera vez, un gobierno de ecuatorianos. 

Olmedo es el único en haber sido la máxima autoridad en dos Estados (Ecuador en 1845 y Guayaquil entre 1820 y 1822), pero más importante, Olmedo es la persona que funde estos dos episodios: como cabeza del gobierno de Guayaquil fue el primer gobernante de un territorio independiente del Reino de España y como cabeza del gobierno del Ecuador fue el primer gobernante independiente de los militares extranjeros, que se instalaron en los tiempos de la independencia del Reino de España. 

Así, Olmedo es la cabeza de dos independencias: el verdadero Padre de la Patria.  

Guayaquil fue la vanguardia

6 de febrero de 2026

            Publicado en diario Expreso el viernes 6 de febrero de 2026.

En Guayaquil se forjó la patria el 9 de octubre de 1820 y desde Guayaquil se recuperó la patria a partir del 6 de marzo de 1845. El Ecuador demoró un cuarto de siglo entre ser un gobierno independiente de los españoles en 1820 y un gobierno ecuatoriano por sus autoridades en 1845. 

El 6 de marzo de 1845 estalló en Guayaquil la revolución “marcista” (insisto: revolución merecedora de un mejor nombre, como “nacional” o “patriota”). Al día siguiente, una congregación de “los padres de familia y los demás vecinos de la ciudad” legitimó a un Gobierno Provisorio presidido por José Joaquín Olmedo, acompañado de Vicente Ramón Roca y Diego Noboa (futuros Presidentes del Ecuador), cuyo propósito principal fue reemplazar el gobierno del militar venezolano Juan José Flores. 

Cumplido este propósito, el Gobierno Provisorio publicó el 6 de julio de 1845 un “Manifiesto del Gobierno Provisorio del Ecuador sobre las causas de la presente transformación a los pueblos americanos” para justificar a “todos los pueblos americanos y a las naciones con quienes tenemos relaciones políticas los motivos poderosos que nos han impelido a desconocer la autoridad ilegal que nos regía y a preparar una regeneración que nos restituya la nacionalidad tan indecorosamente usurpada”. En 1845 era un punto de honor la justificación razonada del cambio de régimen. 

Este texto poseedor de belleza literaria y profundidad jurídica resaltó el rol principal de Guayaquil en la recuperación de la nacionalidad ecuatoriana. Primero, por destacar que la revolución del 6 de marzo de 1845 fue “no la resolución precipitada de algunos patriotas exaltados e impacientes del yugo, no el clamor de una facción amiga de trastornos ni la sedición de los malos contra las leyes; no; es el voto, es el sentimiento unánime y general de los Ecuatorianos de toda clase y condición, que conmueve a toda la República […] hasta hacer inevitable la revolución”.

Segundo, porque Guayaquil fue el punto de partida para que se produzca lo inevitable. El 6 de marzo, “la juventud de Guayaquil acaudillada por un esforzado capitán (N. del A.: Antonio Elizalde), y sostenida por jefes y militares animosos, reconquistó la libertad de la Patria con una audacia igual a su fortuna”. 

Y dados estos antecedentes, se debe reconocer a la Guayaquil que originó la revolución como la auténtica vanguardia ecuatoriana. En palabras del Manifiesto: “El voto de esta provincia no ha sido el voto de la minoría de la nación; ha sido el voto de un pueblo que tuvo la fortuna de ser el primero que anunciaba en alta voz el voto nacional. […] La población de Guayaquil es cierto que es la minoría de la República; pero era una minoría encargada del sagrado depósito de la voluntad general”. 

Y desde Guayaquil cundió la señal para cambiar el régimen opresor: “La voz de Guayaquil dio la señal; y esta voz se difundió de un extremo al otro de la República, con más velocidad que el eco de nuestras montañas”.

En el proceso de ser un Ecuador para los ecuatorianos, Guayaquil estuvo al principio en 1820 y al final en 1845, año en el que se sustituyó a una “Administración ilegal y extraña” para tener “un Gobierno propio y una representación verdaderamente ecuatoriana”. 

Olmedo y la revolución patriota

30 de enero de 2026

            Publicado en diario Expreso el viernes 30 de enero de 2025.

El guayaquileño José Joaquín Olmedo es una persona singular en el mundo jurídico: él ayudó a forjar cuatro Estados, por haber participado en la redacción de sus constituciones. España en 1812, Guayaquil en 1820, Perú en 1823 y Ecuador, tanto en 1830 cuando se forma como Estado, como en 1835 (él, con el cargo de Presidente de la Asamblea Constitucional) cuando se forma como República del Ecuador. Olmedo participó en total en seis asambleas constitucionales (tres para el Ecuador, la última en 1845), para cuatro Estados, en dos continentes. No hay otro americano con ese récord.

También es Olmedo único en el Ecuador por haber sido la máxima autoridad de dos Estados sudamericanos: fue el Presidente de la Junta Superior de Gobierno de Guayaquil entre noviembre de 1820 y julio de 1822 y fue el Presidente del Gobierno Provisorio del Ecuador entre marzo y octubre de 1845. Así, la ocupación de Guayaquil y la revolución marcista se conectan: Olmedo, en 1822, fue destituido como Presidente de un triunvirato de gobierno por el jefe de las tropas extranjeras; Olmedo, en 1845, fue el Presidente de un triunvirato de gobierno que expulsó a las tropas extranjeras. 

El 6 de julio de 1845, el Gobierno publicó el “Manifiesto del Gobierno Provisorio del Ecuador sobre las causas de la presente transformación a los pueblos americanos” que es fama que pertenece a la pluma de Olmedo. Para esa fecha, caído el Presidente venezolano y derogada la Constitución hecha a su medida, el Gobierno Provisorio del Ecuador se propuso explicar a los pueblos de América el cambio de régimen operado en el Ecuador entre marzo y junio de 1845. 

El Manifiesto de 1845 explicó la particular situación del Ecuador en sus primeros quince años de vida política: era un país ocupado por extranjeros. Mientras Colombia y Venezuela tuvieron “desde el principio leyes y costumbres propias, tropas patricias y un gobierno patrio”, el Ecuador, “ocupado por fuerzas extrañas, que habían venido como auxiliares a completar la obra de la independencia y dominado por extraños, no pudo pensar en su suerte libremente ni arreglar sus negocios según sus intereses y necesidades”.

Sigamos con la sombría descripción del Manifiesto: “No era posible sobreponerse al influjo y poder de los extraños que habían venido desde 1821, trayéndonos sus armas y sus leyes, sus costumbres, sus maneras tan disconformes de las nuestras, y hasta sus idiotismos vulgares”. Desde 1821, porque fue en mayo de 1821 cuando Guayaquil firmó un tratado con Colombia.

Entre 1820 y 1822, Guayaquil fue un pequeño Estado republicano, presidido por Olmedo, hasta que Simón Bolívar, Presidente de Colombia y jefe de las tropas extranjeras, en julio de 1822 ocupó la ciudad y agregó la provincia de Guayaquil a la República de Colombia. Una afrenta para la ciudad y para Olmedo, que debió salir al exilio. 

Una afrenta que Olmedo tuvo ocasión de vengar en 1845, como el Presidente del Gobierno surgido de la revolución “marcista” (merecedora de un mejor nombre: revolución “nacional” o “patriota”), que llevó al exilio al jefe de las tropas extranjeras y empezó un gobierno de ecuatorianos, después de dos décadas y más de dominación. 

Olmedo, finalmente, fundó su patria.

Guerra civil

23 de enero de 2026

            Publicado en diario Expreso el viernes 23 de enero de 2026.

Este tópico bobalicón de la República del Ecuador como “isla de paz” contradice a la realidad desde su mismo origen. Esto, porque la República del Ecuador se creó tras una guerra civil entre los ejércitos de la Costa y de la Sierra. 

En enero de 1835, hace 191 años, se enfrentaron en los arenales de Miñarica, cerca de Ambato, estos dos ejércitos. El ejército de la Costa (menos Esmeraldas), comandado por el venezolano Juan José Flores, cuyo Jefe Supremo era el terrateniente guayaquileño Vicente Rocafuerte; el ejército de la Sierra, comandado por el novogranadino Isidoro Barriga, cuyo Jefe Supremo era el terrateniente lojano José Félix Valdivieso. Rocafuerte era un ilustrado liberal; Valdivieso, un redomado conservador.

Venció el ejército de la Costa en Miñarica. (El poeta José Joaquín Olmedo cantó este triunfo militar en su “Oda al general Flores, vencedor en Miñarica” -obra que Marcelino Menéndez Pelayo considera en varios aspectos superior a su “Canto a Bolívar”). El bando perdedor (unas 800 personas) huyó al norte. Y fueron dos los efectos de su derrota: proclamar la muerte del Estado del Ecuador y pretender la agregación de la provincia de Quito (de la Sierra Centro-Norte) a la Nueva Granada (que era el nombre de Colombia por aquellos años).  

Que cuente este descalabro el historiador quiteño Jorge Salvador Lara: “En Tulcán, presididos por el general Matheu, decretaron la anexión a Nueva Granada; el odio político les llevó a traicionar sus ideales de siempre: la autonomía de Quito. Don Roberto Ascázubi, comisionado para ello, pasó por la vergüenza de que el gobierno de Bogotá rechazase tal acta”. Lo que se dice: un papelón.

Por esta derrota del ejército de la Sierra en Miñarica, recuerda Salvador Lara: “La Sierra debió pagar 100.000 pesos como contribución de guerra”. Una vez concluido el papelón de su fallida agregación a Colombia y pagada la contribución de guerra, los serranos se volvieron a integrar a la vida política del Ecuador.

Por su parte, el bando triunfador en la guerra civil, por intermedio del Jefe Supremo Rocafuerte, convocó a una convención nacional a realizarse en junio de 1835. La convención se instaló en Ambato y empezó sus sesiones el 22 de junio. Su Presidente fue el abogado José Joaquín Olmedo. (Después de cantar Miñarica, Olmedo se propuso darle forma jurídica a la victoria.)

En esta Convención de Ambato participaron los representantes de los tres departamentos (las antiguas provincias españolas de Guayaquil, Cuenca y Quito) que se habían reunido en el Congreso Constituyente de Riobamba para fundar el Estado del Ecuador en 1830, cuando aquel Ecuador pretendió ser una parte “confederada” a la República de Colombia. 

Esta vez fue distinto: los representantes aprobaron en la Constitución la existencia de un Estado independiente, sin confederación de ningún tipo, de nombre “República del Ecuador”. Y designaron el 8 de agosto al primer “Presidente de la República del Ecuador” en la persona del Jefe Supremo vencedor en la guerra civil, Vicente Rocafuerte. Cinco días después, el 13 de agosto de 1835, Rocafuerte puso el Ejecútese a la Constitución. Desde ese día, somos la “República del Ecuador”.  

Y lo fuimos, por una guerra civil.

La Cenicienta de Colombia

12 de diciembre de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 12 de diciembre de 2025.

El historiador David Bushnell, en un libro de historia de Colombia (“Colombia. Una nación a pesar de sí misma”), define la situación del Ecuador como parte de la República de Colombia (1822-1830): “Ecuador era en realidad la Cenicienta de la Gran Colombia: ningún ecuatoriano había ocupado un puesto importante a escala nacional, no había ninguno que fuese general e incluso eran escasos sus coroneles”.  

A este Ecuador no le fue preguntado si quería pertenecer a la República de Colombia. Es necesaria una aclaración: decir “Ecuador” es decir un anacronismo porque “Ecuador”, como Estado, surgió recién en 1830. Lo que se integró a la República de Colombia en 1822, fue la Audiencia de Quito. El Congreso Constituyente celebrado en Cúcuta en 1821, que aprobó la creación de la República de Colombia, decidió que el territorio de la Audiencia de Quito pertenecía “naturalmente” al Virreinato de Nueva Granada. En este Congreso no participó ningún “ecuatoriano”. 

El artículo 6 de la Constitución de Cúcuta dispuso que el territorio de Colombia comprendía “el antiguo virreinato de la Nueva Granada y Capitanía General de Venezuela”. Y especificó, en su artículo 7, que los pueblos de esos territorios “que están aún bajo el yugo español, en cualquier tiempo en que se liberen, harán parte de la República”. 

Después de la entrada en vigor de la Constitución de Cúcuta, Quito y Cuenca fueron liberadas por tropas comandadas por el venezolano Antonio José de Sucre y empezaron a formar parte de la República de Colombia. El caso de Guayaquil era muy distinto, porque ella se había independizado y estaba administrada por un gobierno republicano desde 1820, antes de la entrada en vigor de la Constitución de Cúcuta. Además, no le debía su independencia ni a colombianos ni a peruanos. Por eso, la provincia de Guayaquil quería decidir su destino en libertad, a través de sus representantes reunidos en Colegio Electoral. 

Pero como explica el historiador Bushnell: “Bolívar, que había asumido el control de la sierra ecuatoriana, no podía permitir que la costa tuviera una capacidad de decisión libre y por eso prevaleció la anexión a la Gran Colombia”. Así se la integró a la Audiencia de Quito a la República de Colombia: sin contar con su voluntad, o incluso, en contra de su voluntad. 

Durante este período colombiano, en 1824, el Congreso de Colombia aprobó una Ley de División Territorial. Cuando el Distrito del Sur (es decir, lo que sería el Estado del Ecuador) se separó de la República de Colombia en 1830, se perdió buena parte de la Audiencia de Quito (una enorme extensión de territorio al norte del río Carchi, hasta Popayán), porque se quedó como parte de Colombia. El Estado del Ecuador quiso recuperar ese territorio a través de una guerra ocurrida en 1832, pero perdió. Y las cosas quedaron según la Ley de 1824.

A la Audiencia de Quito se la integró a la República de Colombia sin contar con su voluntad, o incluso, en contra de su voluntad; durante su permanencia, se la trató como a una Cenicienta sin opción a baile real; finalmente, tras su salida, perdió una importante porción de territorio. 

Así nació el Estado del Ecuador: un territorio muy desmejorado tras su paso por Colombia.

Olmedo y Galápagos

28 de noviembre de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 28 de noviembre de 2025.

En la convocatoria del año 2025 para postular a la inscripción en el programa Memoria del Mundo de la UNESCO, el Municipio de Guayaquil postuló un manuscrito del poema “La Victoria de Junín” de autoría de José Joaquín Olmedo, que conserva la Biblioteca Municipal. El Comité Evaluador de la UNESCO aprobó el poema de Olmedo y este manuscrito se convirtió en el noveno documento ecuatoriano que integra el programa Memoria del Mundo.

Pero no es la primera vez que unos documentos suscritos por José Joaquín Olmedo integran la Memoria del Mundo. La documentación ecuatoriana que se aprobó por el Comité Evaluador de la UNESCO el año 2022, postulada por el Archivo Histórico de la Cancillería del Ecuador (que se convirtió en la octava inscripción del Ecuador en el programa Memoria del Mundo), llevó por título “De tierra de corsarios y piratas a patrimonio natural de la humanidad. Posesión oficial de las Islas Galápagos por la República del Ecuador”. Y los dos documentos que se postularon llevan la firma de Olmedo. 

La participación de Olmedo en este episodio merece una explicación administrativa. En su origen en 1830 el Estado del Ecuador se dividió en departamentos, provincias, cantones y parroquias. Los departamentos eran la división administrativa más importante del Estado, al punto que constituían la base de su composición. 

La primera Constitución del Estado del Ecuador, dada en Riobamba en 1830, declaraba en su artículo 1 que los “Departamentos de Azuay, Guayas y Quito quedan reunidos entre sí formando un solo cuerpo independiente con el nombre de Estado del Ecuador”. Cada departamento era gobernado por un Prefecto, que esta Constitución definía como “el agente inmediato del Poder Ejecutivo” (Art. 53).

El guayaquileño José Joaquín Olmedo era el Prefecto del Departamento del Guayas en 1832. Como Prefecto del departamento, a Olmedo le correspondió la autorización de la única anexión territorial que ha realizado el Ecuador en su casi bicentenaria existencia. 

Los documentos que postuló la Cancillería y aprobó la UNESCO en 2022 fueron dos cartas suscritas por Olmedo: una, del 20 de enero de 1832, instruyéndole al coronel Ignacio Hernández “para que dirija una compañía colonizadora y tome posesión de las Islas Galápagos en nombre del Estado ecuatoriano”; otra, del 14 de abril de 1832, dirigida al coronel Hernández, “en la que le transcribe el agradecimiento del Ministro del Interior y Relaciones Exteriores, por haber tomado posesión de las Islas Galápagos en nombre del Ecuador”, según la descripción hecha por la Cancillería para la postulación.

En el intermedio de ambas cartas, el coronel Hernández llegó a la isla Charles del archipiélago de Galápagos, e izó la bandera ecuatoriana. Ocurrió el 12 de febrero de 1832 (curiosamente, el 12 de febrero es el día de nacimiento de Charles Darwin). Desde entonces, a esta isla se la conoce como Floreana, en obsequio al nombre del primer y único Presidente del Estado (desde 1835, el cargo es Presidente de la República).

El hombre que autorizó la única anexión territorial que ha tenido el Ecuador en su historia (nada más y nada menos que las Galápagos): ese hombre fue Olmedo. Y por eso también está en la Memoria del Mundo. 

La Memoria del Mundo

21 de noviembre de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 21 de noviembre de 2025. 

Desde 1992, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés) mantiene el programa Memoria del Mundo, para cumplir con los objetivos de facilitar la preservación del patrimonio documental, incluyendo el formato digital, así como de permitir el acceso universal al patrimonio documental y aumentar la conciencia sobre su importancia en el público en general.

Para concretar el cumplimiento de estos objetivos, el año 2000 la UNESCO creó el comité regional del programa Memoria del Mundo para América Latina y el Caribe a fin de promover la conservación del patrimonio documental en los países de la región (existe, desde 1998, otro comité regional para los países de Asia y el Pacífico). Desde el año 2000 se han realizado un total de 263 inscripciones de patrimonio documental, conservado en archivos, bibliotecas o museos, al registro Memoria del Mundo de América latina y el Caribe. Por “patrimonio documental” se entiende desde tablillas de arcilla hasta publicaciones digitales. 

Y también, el manuscrito de un poema de José Joaquín Olmedo. Hasta el año 2024, el Ecuador tenía ocho registros en la Memoria del Mundo de América latina y el Caribe: dos en asocio con otros países (la Carta de Jamaica de Simón Bolívar en asocio con Colombia y la documentación sobre las expediciones científicas en Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú, siglos XVIII-XIX, en asocio con estos países más España) y seis por cuenta propia (la Mediateca de la CIESPAL, el patrimonio documental del Vicariato Apostólico Salesiano en el Ecuador amazónico entre 1890 y 1930, el fondo documental Monseñor Leonidas Proaño, los protocolos notariales de la Notaría Tercera del cantón Cuenca de 1563 a 1950, los expedientes de naturalizaciones entre 1899 y 1968, la posesión oficial de las Islas Galápagos por el Ecuador en 1832). El año 2025 se añadió una inscripción a esta lista selecta: un manuscrito del poema “La Victoria de Junín. Canto a Bolívar”, de autoría del político y poeta guayaquileño José Joaquín Olmedo, rareza que se conserva en poder de la Biblioteca Municipal de Guayaquil. 

Cada año, el programa Memoria del Mundo abre un período de postulaciones. Este año 2025 se presentaron 71 postulaciones provenientes de quince países de América latina y el Caribe. En la XXV reunión del comité regional para América latina y el Caribe del programa Memoria del Mundo, que se celebró del 10 al 13 de noviembre en Lima y Cusco, se evaluaron estas 71 postulaciones y se aprobaron 29 nuevas inscripciones al programa.

De estas 71 postulaciones, tres fueron hechas por instituciones ecuatorianas. De estas tres, la única postulación que el comité aprobó fue la relativa al manuscrito del poema de Olmedo que fue presentada por el Municipio de Guayaquil, siendo la primera vez que un gobierno seccional ecuatoriano consigue una inscripción en este registro para la conservación del patrimonio documental. Por este hecho, la Biblioteca Municipal de Guayaquil se convirtió en una de las 265 “instituciones encargadas de la memoria” que reconoce la UNESCO en el marco de este programa.    

Olmedo en la Memoria del Mundo: bien se puede decir que se ha hecho justicia.