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¿Quién jodió a la Romo?

24 de noviembre de 2020

Hoy se llevó a cabo, en un Pleno virtual de la Asamblea Nacional, el juicio político contra la Ministra de Gobierno María Paula Romo. El resultado fue su censura, decidida por 104 votos a favor, 18 votos en contra y 12 abstenciones. Esto resulta un punto de ruptura en su carrera política: nunca más podrá ella decirse de izquierda y defensora de derechos humanos, tras haber sido un rabioso bulldog de la derecha y una ardua defensora de la razón de Estado. La pregunta de rigor, entonces, es la siguiente:

 

¿Quién jodió a la Romo?

 

R: Fue Romo quien jodió a la Romo. Romo mutó: cuando inició el ejercicio de su cargo de Ministra de Gobierno, ella anunció que los supuestos ejes de su actuación serían ‘los delitos sexuales contra niños en los centros educativos, los delitos de violencia contra las mujeres, los desaparecidos y la seguridad vial’. Poco tiempo después, el poder se engulló sus buenas intenciones y vomitó a un monstruo. Romo mutó de defensora de los derechos humanos a una autoridad que le habla a la población con una muralla de policías a sus espaldas, que difunde los nombres de quienes la ‘atacan’ y que implica que estos ‘ataques’ a ella son un ataque a la institución policial. Mutó de defensora de los derechos humanos a una versión algo femenina de Robocop.

 

Creo que está registrado el momento en que todo se pudrió. Fue cuando el Pocho Harb le impuso a la Ministra de Gobierno un test de Litmus sobre la violencia policial (v. ‘La leyenda de Pochorromo’). Si Romo se situaba en desacuerdo con el Pocho, habría refrendado su defensa de los derechos humanos; si Romo se manifestaba de acuerdo con el Pocho, refrendaba la brutalidad policial. Romo incluso pudo renunciar y salir con la frente en alto, pero el poder es una droga poderosa y optó por la segunda alternativa y, desde entonces, Romo se lanzó en tobogán a la ardua defensa del poder de Estado, incluida su ruindad.

 

Así, tras el test del Pocho se acabó la académica, se esfumó la defensora de los derechos humanos. Se jodió la Romo (o debo decir: la Pochorromo), pero porque se dio jodiendo ella misma en el curso de su ejercicio del máximo poder (Moreno ni pincha ni corta) durante el gobierno más impopular y canalla de la historia reciente, o acaso de toda la historia republicana de este paisito.

 

Y ella podrá decir que la jodió la política, pero es que la política, en este caso, fue su reflejo.

La leyenda de Pochorromo

21 de agosto de 2019


Los otros días, Alfonso “Pocho” Harb publicó un video que se volvió viral, en el que un policía pateaba en el piso a un delincuente. Lo que hizo “Pocho” Harb fue proponer en Twitter una especie de “test de Litmus” acerca de la posición de las personas frente a la delincuencia. En esta versión del test, si una persona cuestionaba la actuación del policía, era pro-delincuencial. Si estaba a favor de lo que hizo el chapa, estaba bien, pues entendía que patear en el piso a otro es “humano, demasiado humano” (?).


El detalle es que este test de Litmus propuesto por el “Pocho” Harb atacaba directamente a las autoridades de gobierno encargadas de la seguridad en el país, pues ellas son las obligadas de hacer respetar la ley y, por supuesto, patear a un detenido es una infracción al procedimiento (por “muy humano” que parezca), por lo que la acción del policía ameritaba una sanción. Pero este desgobierno ya está tan demacrado y en el piso como para que, además, los trolls de la derecha lo empiecen a etiquetar de pro-delincuencial. (Otrosí: era un flanco fácil para que crezca el discurso penal populista del PSC).

Frente a este desafío no tan inocente de “Pocho”, ¿qué es lo que hizo la Romo, ese cromo del progresismo vuelto mierda por este devastador desgobierno? Pues cuenta la leyenda que ponerse la capa de “Pochorromo”, un anti-héroe mitad Romo, mitad “Pocho”, de talante represivo y anti-liberal. En su forma, “Pochorromo” ha perdido su parte izquierda por un accidente ideológico, pero sus deformaciones de derecha se han visto fortalecidas con su añadido “Pocho” y ahora actúan con un potente ánimo represor desde el Ministerio de Gobierno. Dios, que la otra vez miró nomás el holocausto de Quito y le valió pija (algo así dice nuestro himno), que esta vez intervenga y nos salve.

Pero Dios no existe, y Pochorromo tampoco… ¿O sí?