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El efímero récord de Raúl
17 de septiembre de 2019
Raúl González Blanco, o
simplemente Raúl, nació en junio de 1977 y debutó en la primera del Real Madrid
en octubre de 1994. Un delantero letal, empezó a sumar goles en la Liga de
Campeones para el equipo blanco y hubo un momento, cuando anotó su gol número
50 el 27 de septiembre de 2005 en la
victoria del Madrid 2 a 1 frente al Olympiacos, en que Raúl, el # 7, se
convirtió en el máximo goleador de la Liga de Campeones. Raúl superó un viejo
récord del legendario Alfredo di Stéfano, gloria mayor del fútbol mundial, que
anotó su 49avo y último gol en el triplete que convirtió en la final que el
Real Madrid ganó 7 a 3 al Eintracht Frankfurt el 18 de mayo de 1960, en Glasgow.
Pudo haber pensado ese día feliz del 2005 en el Bernabéu, el buen Raúl: “Mi
récord de goleo persistirá por muchos, muchos años.” Elevó su registro hasta
los 71 goles (66 con el Madrid, el saldo con el Schalke 04).
Lo cierto es que ya para el
25 de noviembre de 2014, el récord de Raúl fue superado por el gol número 72 de
un tal Lionel Messi, jugador de los registros del FC Barcelona, y luego, unos
días después (el 9 de diciembre), por los 72 goles de otro # 7 del Real Madrid,
un fulano llamado Cristiano Ronaldo*.
Raúl no podía ya sumar goles en el fútbol de Europa para la época en que
superaron su récord, pues estaba activo en los Estados Unidos de América. Se
retiró del fútbol en octubre del 2015, con su equipo norteamericano (el New York Cosmos) campeón de su liga,
pero ya sin el récord de máximo goleador de la Liga de Campeones de Europa. Ese
récord que Don Alfredo atesoró por 45
años y desde mucho antes que Raúl naciera, que a Raúl no le duró ni diez años…
ni le sobrevivió (tan siquiera) a su propia carrera como futbolista.
*
Empieza la Liga de Campeones, temporada 2019/2020: CR7 tiene 126 goles y Messi
112. La gran pregunta es: ¿Cuándo Ronaldo (y Messi, y además, ¿quién primero de
entre ellos?) duplicará (142) el pulverizado récord de Raúl?
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Etiquetas: Alfredo Di Stéfano, CR7, Europa, FC Barcelona, Fútbol, Fútbol europeo, Liga de Campeones, Lionel Messi, Random, Raúl González, Real Madrid
La esposa de Figo
23 de julio de 2018
Figo fue un canalla. Un
futbolista que jugaba en el Barça y cuando estuvo allí, dijo cosas como “en
España nunca llevaré otra camiseta que no sea la blaugrana” y “traicionaría a la afición si me fuera al Bernabéu y
no lo voy a hacer” y “sólo jugaré en el Barça”...
Pero que unos días después de estas últimas declaraciones, se cruzó al
clásico rival, al Real Madrid, para decir: “Intentaré dignificar al máximo el
nombre del Madrid y ser tan feliz como en el Barcelona. Tengo la conciencia tranquila”.
Es decir, un canalla de manual.
La hinchada del Barça, obviamente,
lo llenó de insultos: “Traidor” o “ETA, mátalo”, barbaridades de ese tipo. Pero
se abrió una posibilidad de perdón: “Déjanos a tu mujer, y lo olvidaremos todo”*.
Porque Helene Svelin, la esposa de Figo, era (sigue siéndolo) un espectáculo.
Uno que lo certifica es el
Fenómeno Ronaldo, que tiene una anécdota de oro al respecto:
* Citas
tomadas de: Manuel Trallero, ‘Los siete pecados catalanes’, Ediciones Martínez
Roca, Barcelona, 2001, pp. 111-112.
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Etiquetas: F.C. Barcelona, Figo, Fútbol, Helene Svedin, Random, Real Madrid, Ronaldo
Solidaridad
2 de febrero de 2012
Creo
que el fútbol debería ser lo que significó para Juan Vicente Lezcano jugarlo en el Peñarol sesentero de Spencer: “el mejor equipo
que integré en mi vida, tenía un vestuario bárbaro, un compañerismo… Todos
luchaban para todos, a un mismo ritmo”. Según Lezcano, un equipo solidario,
cuyo técnico Roque Gastón Máspoli (arquero uruguayo del Maracanazo
y DT del Barcelona campeón ’87) “mantenía la alegría en el
vestuario”. El fútbol es un deporte en el que un equipo compite contra otro
para marcar más goles: para marcarlos (y para evitar que se los marquen) es
necesaria la cooperación. Esa cooperación había en Peñarol. Lezcano contó en la
entrevista a diario El Universo, “un ejemplo: Julio César Abbadie era el
puntero derecho, pero lo hizo triunfar a Pablo Forlán, el marcador de punta,
porque lo dejaba subir hasta el fondo y le cubría las espaldas. Hoy uno ve que
Sergio Ramos en el Real Madrid sube y nadie lo releva, por ahí viene un
contraataque por su punta y pum, gol. ¿A quién culpa la gente...? A Sergio
Ramos. Eso es porque no hay solidaridad”.
La
lógica acumulativa del shopping suele contrariar a la solidaridad.
Ilustre ejemplo de esto es la versión 2004 del equipo al que aludió Lezcano, el
Madrid. El Real Madrid de Ronaldo, Raúl, Zidane, Beckman y Figo. En un artículo
para Soho, Juan Villoro escribió que para esta versión del Real Madrid “Florentino Pérez había decidido abrir un restaurante con más chefs que
meseros”. El equipo parecía el seguro ganador de tres torneos en esa
temporada (hecho hasta ese entonces nunca antes alcanzado) pero se descalabró:
estaba en la final de la Copa del Rey, acababa de eliminarlo al Bayern Munich
en la Champions y tenía 8 puntos de ventaja en la Liga y, de repente, el
Zaragoza
le arrebató 3-2 la final de la Copa del Rey, el Mónaco lo eliminó de
la Champions y el Osasuna lo zamarreó 0 a 3 en el Bernabéu para marcar
su declive en una Liga que terminó por ganar el Valencia del “payasito” Aymar.
“La caída de las más poderosa de las escuadras comprueba de qué material está
hecho el heroísmo” sentenció Villoro en Soho. Según él, “los astros rara vez
desempeñan funciones de sacrificio y el fútbol también depende de marcajes
subordinados, despejes de urgencia, zancadillas salvadoras”. La frase es
certera, a condición que esos astros sean de los que juegan para sí mismos, for
the profit. Porque la frase no es cierta para otros astros, v.g., los de la
cosecha de la Masía.
La
española es una liga ficticia donde 18 equipos más acompañan al Barça y al Real
Madrid en su definición del título. El Madrid tiene la tradición de apuntar
siempre alto, pero desde el llamado Galacticidio, esto es, la derrota 3-2 contra el
Zaragoza en la Copa del Rey 2004 antes mencionada, concreta más bien poco.
(Según el escritor Javier Marías, madridista confeso, el que Mourinho sea DT del Madrid empeora la situación del
club: “un entrenador omnipotente, omnipresente y malasangre, un
quejica que acusa a otros siempre, un individuo dictatorial, ensuciador y
enredador, soporífero en sus declaraciones, nada inteligente, mal ganador y mal
perdedor”, un individuo “al que el Madrid le trae sin cuidado, que no tiene
reparo en traicionar su centenaria tradición y en arrojar sobre él una mancha
que se hará difícil borrar”.) En la otra orilla, se encuentran los astros de la
cosecha de la Masía, el Barça de Guardiola en el que se priorizan los
canteranos y que ha ganado la liga ficticia en sus últimas tres ediciones y,
más importante, ha ganado casi todo lo que se ha propuesto en España, Europa y
el mundo (lo que incluye un sextete el 2009) en estos últimos cuatro años, de
forma exquisita y de manera incluso humillante para su clásico rival, valga de
ejemplo este 5-0. Lo ha hecho con un fútbol inteligente y
preciso de toque y rotación en el que cooperan solidariamente todos sus
integrantes (con pases, desplazamientos, marcajes, despejes y zancadillas) lo
que maximiza las posibilidades de colaboración entre ellos, con resultados
vistosos y efectivos, por momentos incluso sinfónicos. Muchos consideran a este
Barcelona el mejor equipo de la historia. Yo me cuento entre ellos.
El
físico nuclear Edward Jiménez en el artículo “Juegos cuánticos: su majestad
el fútbol, un juego cooperativo correlacionado” publicado en la Biblioteca
del Fútbol Ecuatoriano Tomo III, analiza el fútbol desde la perspectiva de
la computación cuántica. La correlación de estrategias que estudia dicha
disciplina se detallan en ocho páginas de fórmulas matemáticas ininteligibles
para todo aquel que haya maldecido al Baldor, que concluyen que a mayor
cooperación “los resultados que requieren trabajo en equipo se facilitan o son
más probables” y que en “un juego cooperativo el aparecimiento de
individualidades siempre dará resultados inferiores o iguales al trabajo en
equipo” (Lionel Messi es prueba viva de esto, con sus distintos niveles de
juego en el Barça y en la selección argentina). El juego de toque y rotación de
este Barça es la puesta en escena de las fórmulas descritas por Edward Jiménez
en la gramática de la computación cuántica, salvo que expresándose en la cancha
de manera mucho más hermosa. El juego del Barça, en lo que tiene de colectivo y
solidario, es también una apuesta contracultural (como explica el “Loco” Bielsa) en tiempos en que
suele exaltarse al individuo y al mercado. Que una lección de buen fútbol para
todos los tiempos provenga, no de un equipo ensamblado al gusto casi
omnipotente de un magnate sino de un equipo cuya estrategia macro ha sido la
creación de un tejido social en los canteranos de la Masía que sobreviva
el complicado tránsito de los años jugando ese mismo estilo de fútbol bien
jugado, es un hermoso detalle de esta época.
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| Fuente: Pablo Cozzaglio. |
La
sofisticada computación cuántica del físico nuclear Jiménez es otra forma de
expresar lo que el recio back Lezcano sabía intuitivamente, sin
fórmulas, en su sesentero vestuario del Peñarol: que el compañerismo, la solidaridad
y el conocimiento mutuo entre las personas que integran un equipo (esas cosas
que te da el vestuario y la convivencia, no la billetera) es la base para su
cooperación efectiva y sus triunfos. El equipo que practica esos atributos
juega con el material con el que está hecho el heroísmo, según Villoro. Que se
juegue para conseguirlo y se lo demuestre en la cancha, que su recuerdo se
convierta en memoria colectiva para celebrarlo hasta el día de la muerte. Ese,
no otro, es el rezo de todo hincha por ateo que sea, antes de empezar un
campeonato.
Publicado por Xavier 0 comentarios
Etiquetas: Alberto Spencer, F.C. Barcelona, Fútbol, Javier Marías, José Mourinho, Juan Vicente Lezcano, Lionel Messi, Peñarol, Real Madrid, Solidaridad
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