Esto recién empieza

7 de julio de 2011

La historia comienza con la violación de un menor de edad que se graficó en el diario Extra y que se representó en una escultura de Graciela Guerrero en la exposición “Playlist: grandes éxitos del arte contemporáneo en el Ecuador”.  El procurador síndico del municipio, Miguel Hernández, en la audiencia que se celebró ayer le mostró tres fotos al juez Sócrates Moreno y todas eran una única foto, siempre la misma: la foto de la escultura de Graciela Guerrero, que parece una obsesión malsana de las cabecitas municipales.  Según cuentan, cuando el alcalde se enteró que un moreno violaba a un niño en su museo, montó en cólera y ordenó su retiro.  De ese primer acto de censura a la imposición de la censura previa en las bases de participación del salón de julio había solamente un par de carajazos de distancia.

La obra de Guerrero es, en realidad, una provocación para pensar las representaciones que la prensa amarillista (típica del diario de mayor circulación nacional, diario Extra) hace de casos atroces de violencia sexual.  En palabras del propio catálogo de la exposición, la obra de Guerrero constituye una crítica de “las estrategias de la prensa amarillista, la cual ha circunvalado -desdeñando cualquier consideración ética- las recientemente estrenadas restricciones constitucionales para la cobertura de hechos violentos, suplantando con ilustraciones caricaturescas las fotografías que anteriormente publicaban de las víctimas de actos delictivos. En todos los casos las obras hablan de lo superficial que resulta todo abordaje mediático en relación a fenómenos sociales como estos”.  O, en palabras de Rodolfo Kronfle: “Si el diario con mayor tiraje del país circula una imagen de un ‘moreno violando a un niño’ […] ¿porqué se censura exactamente la misma imagen convertida en escultura cuando lo que hace esta segunda sería precisamente criticar la circulación incuestionada de la primera?... ¡sin palabras!”.

Pero anclados como estaban en sus prejuicios, para Miguel Hernández y para Melvin Hoyos la obra era pornográfica y punto.  Los dos se la exhibieron al juez Sócrates Moreno y la consideraron una obra inaceptable para que la vean los niños, a quienes se debía proteger de la misma al tiempo que la mostraban con detalle a las cámaras de televisión para que salga en el noticiero del mediodía… ¡en horario infantil!  Ese es el tamaño de su preocupación por lo niños: una excusa barata para su moralista arbitrariedad.

En la audiencia sobre la acción de protección que se celebró ayer, el juez décimo de lo civil, Sócrates Moreno, decidió declararse incompetente (uno podría decir que en TODO el sentido de la palabra) para conocer la causa que planteamos contra la censura previa.  Hay que precisar que los mayores atributos de este juez durante la tramitación de la misma fueron el fastidio evidente por tener una causa incómoda y el miedo recurrente a fallar en derecho.  Bateó de entrada las medidas cautelares con la absurda excusa de que quedaban pendientes por agotar “vías administrativas”, sin especificar ninguna.  Luego encontró la vía para batear la acción de protección y decidió declararse incompetente porque, según él, la acción a interponerse es la acción pública de inconstitucionalidad, la que es una vía claramente ineficaz para la protección del derecho por la sencilla razón de que su único efecto es expulsar una norma del ordenamiento jurídico y cuando llegue la resolución en esta vía (sea la definitiva o la provisional que alegó Hernández) ya no habrá norma que expulsar siquiera, porque la norma se habrá extinguido.  Así de absurda es la sentencia del juez Moreno.  Nada imprevisible, por supuesto, que en tribunales el miedo prevalezca sobre la razón.

Ahora, la defensa del municipio sobre el fondo del asunto debe provocar vergüenza ajena.  Según el procurador síndico Hernández, la facultad para imponer la censura previa deriva de una “tradición constitucional” (esto es tan WTF que el guatdefacómetro se trizó).  Si uno debe explicarle a la máxima autoridad jurídica del municipio de Guayaquil que la entidad donde él trabaja es un órgano de la administración pública cuyas competencias y atribuciones deben someterse a los principios de constitucionalidad y de legalidad (según expresa disposición del artículo 226 de la Constitución), estamos jodidos, porque con un sujeto con esta tan peregrina idea en ese espacio de poder podría el Municipio hacer lo que le venga en gana sin sujeción ni respeto a la ley (que es precisamente lo que hizo en este caso, valga decirlo).  Más aún: según Hernández, antes que el principio de actuar de conformidad con la ley está una nebulosa idea del bien común que él sustenta en… ¡los deberes de los ciudadanos! (el guatdefacómetro está a tope). El deber de los ciudadanos de anteponer el bien común al bien particular es la base jurídica suficiente para que la administración pueda imponerles a los ciudadanos la censura previa: esto es tan absurdo como que Melvin Hoyos le diga a alguien: “tú tienes el deber de que yo te censure”.  Hernández se pasó por el traste (diría “por el culo”, pero a Melvin, que encuentra porno en todo, le puede dar algo) el principio de legalidad, el que parece, en realidad, estorbarle bastante.  Y finalmente, Hernández nunca desvirtuó que la censura para los adultos era incorrecta; se cebó, con entusiasmo que en la diócesis de Boston podría levantar sospechas, en decir que lo suyo era la protección de los niños.  A lo Magda Flanders. Y mostró las fotos que los niños no deberían ver por nada de este mundo en horario infantil (Ecuavisa las pasó en su noticiero de las 13:00). Ni Monty Python lo hacía mejor. El guatdefacómetro, kaputt.

El juez se la sacó entonces y no era imprevisible que lo haga. Después de todo, nosotros sólo teníamos el derecho de nuestra parte y cualquiera en este país sabe que eso suele, en nuestros tribunales, no bastar o servir de muy poco.  Del otro lado teníamos y tenemos a una maquinaria política que mete miedo, con o sin razón. Porque después de todo, Nebot no ha tenido problema ninguno en golpear jueces en su propio despacho; así que las cosas que hará “en privado” para meterles miedo no son muy difíciles de imaginar. El juez pensó, ¿comprarse un pito, para qué? Y se olvidó de ser juez.

Pero como dice el bigotón golpea-jueces de Nebot, “esto recién empieza”.  Vamos a apelar y vamos a seguirla, si es necesario hasta instancias internacionales.  Y nos vamos a divertir en el camino, porque todo es ganancia para nosotros.  Que se abra el debate sobre el tipo de mentirosos y equivocados individuos que administran el espacio público en esta ciudad, eso ya es ganancia.  Que se sepa que actúan de manera arbitraria (porque la censura previa es sólo un botón de muestra, por supuesto) y sin sujeción a las leyes, eso ya es ganancia.  Que se los critique y se muestren como lo que son, unos pobres tipos temerosos del sexo, llenos de prejuicios y de prepotencia, valientes de sonseras y de absurdos, eso ya es ganancia, y se empieza a lograr, poco a poco, la discusión de sus políticas discriminatorias y de sus abusos, y a tomar acciones y a divertirnos, y a reírnosles en su cara, que es lo que estos curuchupas, en definitiva, se merecen.

Y así osa llamarse "historiador"

6 de julio de 2011

Calvin Huecos (AKA, “Melvin Hoyos”) escribió una nota en su página de facebook titulada “reflexiona muchacho, aún estás a tiempo”. Como buena parte de lo que Calvin ha dicho sobre este tema de la censura previa, su nota está llena de mentiras y de equivocaciones. ¿Mentiras y equivocaciones anteriores?: se las puede observar en la Demanda (Pág. 2-4) con su respectiva y sustentada refutación.

Según Calvin en su nota, “un grupo de jóvenes manipulados por el señor Xavier Flores llegaron al Palacio de Justicia”. Primera mentira: en realidad, cada cual asistió porque quiso (de hecho, yo llegué solo a la audiencia) y la única difusión que se hizo fue a través del twitter y de www.gkillcity.com. Luego dice Calvin, “curiosamente, el señor Flores comenzó a preocuparse por los niños después de haber defendido a raja tabla, el que exista un lugar en donde puedan exponerse obras como la escultura de un niño cuando es violado por un adulto”. En realidad, otra mentira. La preocupación por los niños estuvo desde el principio y puede leerse en la demanda que lo que se buscaba era la conciliación de “la obligación de ‘protección moral de la infancia y adolescencia’ con el derecho colectivo o social de todas las demás personas a conocer las ideas, opiniones e informaciones que se involucran en esas expresiones artísticas y a juzgarla por sí mismas” (Demanda, Pág. 15). La confusión de Calvin es tal que supone que la existencia de un lugar “donde pueda exponerse obras como la escultura de un niño cuando es violado por un adulto” al cual se restrinja el acceso a niños y adolescentes no es protegerlos adecuadamente (es, además, la manera legítima de protegerlos de acuerdo con las obligaciones internacionales del Estado establecidas en el artículo 13.4 de la Convención Americana). Esto, Calvin no lo comprende. Es de suponer que, según Calvin, sólo puede protegerse de verdad a los niños y los adolescentes cuando también se censura a los adultos la posibilidad de juzgar por sí mismos. Cualquiera podría entender que para proteger a unos (los niños y adolescentes) no es necesario privar a otros (todos los adultos) de su derecho a tener un juicio propio sobre una obra de arte, por sexualmente explícita que ésta sea (no por nada es adulto, ¿no?). Cualquiera lo podría entender, menos Calvin. Él está negado.

Por cierto, la “escultura de un niño cuando es violado por un adulto” que tanto horroriza a Calvin es, en realidad, una obra que Graciela Guerrero presentó en la exposición “Playlist: grandes éxitos en el arte contemporáneo del Ecuador”, que organizó el museo municipal en enero del 2010. La obra de Guerrero era, en realidad, una provocación para pensar las representaciones que la prensa amarillista (típica del diario de mayor circulación nacional, diario Extra) hace de casos atroces de violencia sexual. En palabras del propio catálogo de la exposición, la obra de Guerrero constituye una crítica a:

“las estrategias de la prensa amarillista, la cual ha circunvalado -desdeñando cualquier consideración ética- las recientemente estrenadas restricciones constitucionales para la cobertura de hechos violentos, suplantando con ilustraciones caricaturescas las fotografías que anteriormente publicaban de las víctimas de actos delictivos. En todos los casos las obras hablan de lo superficial que resulta todo abordaje mediático en relación a fenómenos sociales como estos”.

O como después diría Rodolfo Kronfle en su bitácora de Internet:

“Si el diario con mayor tiraje del país circula una imagen de un “moreno violando a un niño” […] ¿porqué se censura exactamente la misma imagen convertida en escultura cuando lo que hace esta segunda sería precisamente criticar la circulación incuestionada de la primera?... ¡sin palabras!”

Pero Calvin no procesa otra manera de entender el arte como no sea desde la prohibición: todo lo que no se ajusta a su estrecho marco de referencia moral y sexual es, de plano, pornográfico y no vale. Así de limitados son los alcances intelectuales de Calvin en esta materia.

Según Calvin, la protección de los niños no me importa a mí, porque lo que sí me importa “es que la pornografía se enseñoree en nuestra sociedad, así le haga daño a nuestros niños y nuestros jóvenes”. Esto es absurdo y es mentiroso. Las únicas veces que la demanda se refiere a la pornografía es cuando se lo cita a Calvin refiriéndose a la misma: lo que postula la demanda es una defensa del arte critico que puede ser “molesto, irritante o provocador” (lo que puede incluir lo “sexualmente explícito”; se sostuvo este criterio con fundamento en el caso del artista León Ferrari resuelto por la Cámara Contencioso Administrativa de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires; V. Demanda, Pág. 8) por oposición a la idea de arte del Municipio que es tan conservadora que el jefe actual del museo municipal, Víctor Hugo Arellano, ha llegado a sostener que debe ser “expresión con valor cultural que deleite, edifique y enaltezca a la mujer y a los niños”. El interés principal de la demanda no es, ni mucho menos, la promoción de la pornografía (la que, insisto, sólo existe en las obsesiones de Calvincito, en ninguna parte más se la menciona) sino que no se nos imponga a todos los adultos una censura previa ilegítima y arbitraria, porque la imposición de ese tipo de censura es la violación “más radical y extrema” de la libertad de expresión (V. Demanda, Pág. 12-14). En la demanda y en el alegato se demuestra sobradamente que el municipio ha ejecutado (dispuesto y firmado por Calvin en conjunto con el alcalde Nebot) un acto de imposición de censura previa de manera ilegítima y arbitraria porque no existe ningún fundamento jurídico para la imposición de la censura previa: ninguna competencia ni ninguna atribución de ninguna de las autoridades del municipio los faculta a imponerla (V. Alegato, Pág. 6-10). Es más, es tan grosera la violación del derecho a la libertad de expresión que se impone contra disposición expresa constitucional en contrario: el artículo 18.1 de la Constitución prohíbe la censura previa. Que Calvin me atribuya, nuevamente, que no me importa si se ocasiona daño a los niños y adolescentes, es otra mentira más. Más arriba se citó la demanda en este sentido de necesidad de proteger a los niños; en el alegato se volvió a insistir en la obligación de proteger a los niños y adolescentes (V. Alegato, Pág. 10-12). Pero Calvin ve solamente lo que quiere ver. Sea por analfabetismo funcional o por mala fe, se rehúsa a entender las razones expuestas y desarrolladas ampliamente tanto en la demanda como en el alegato.

Luego Calvin lanza una retahíla de acusaciones personales que las tomo de quien provienen y les doy la importancia que, en consecuencia, se merecen: nula. De allí, Calvin me atribuye que “hasta museógrafo” he llegado a creerme, “al pensar que dentro del Museo Municipal se pueden realizar reestructuraciones físico- espaciales para formar una nueva sala”. Esto es otra mentira más de Calvin. El uso de mamparas lo refirieron 40 personas vinculadas a actividades artísticas que presentaron un amicus curiae al amparo del artículo 12 de la Ley Orgánica de Garantías Jurisdiccionales y Control Constitucional entre quienes figura su ex jefa del museo municipal, quien estuvo a cargo de colocar esas “reestructuraciones físico-espaciales” que son las mamparas (en palabras del diccionario: “Panel o tabique de vidrio, madera u otro material, generalmente móvil, que sirve para dividir o aislar un espacio”) para crear esos espacios aislados y en el alegato se presentaron unas fotografías que demuestran que se lo había hecho antes. Según Calvin, en esa sala yo quiero colocar “toda la pornografía” que pretendo “hacer creer que es arte”. Pero lo que se quiere con esas mamparas es que sean el área física que permita mantener las obras sexualmente explícitas en un área de acceso restringido a los niños y adolescentes para garantizar su debida protección y donde, advertido del contenido de las obras sexualmente explícitas, cualquier adulto que así lo desee pueda ingresar. Y ésta es la clave de todo este asunto. Para Calvin, una persona adulta tampoco debe ver esas obras porque “no todos están en capacidad para decodificar algunos mensajes”. La auténtica razón por la cual la censura previa debe imponerse, entonces, “es porque la mayoría no tiene capacidad para decodificar mensajes por sí misma y necesita que alguna autoridad iluminada que sí tiene esa rara capacidad de decodificación (la que, ¡oh, sorpresa!, coincide con sus pudorosos gustos artísticos) le impida el acceso a esas ideas, por su propio bien. Así, ante los ojos de Hoyos, la mayoría de los ciudadanos somos “incapaces relativos” (justo como los niños) a los que se nos debe imponer un tutor social (el propio Hoyos) que decida por nosotros cuáles expresiones podemos y cuáles expresiones no podemos conocer. Así, más le vale a Hoyos y a la [Muy Ilustre Municipalidad de Guayaquil] un ciudadano ignorante ‘que entrega sus facultades deliberativas y decisorias, al menos en cuanto corresponde a los asuntos públicos, a las instancias estatales’, que un ciudadano crítico: tal es la idea detrás de esta disposición de censura y como lo advierte la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión, esa idea de ciudadanía solo puede entendérsela en el contexto ‘de los regímenes autoritarios’”. (V. Demanda, Pág. 16 y la Agenda Hemisférica para la Libertad de Expresión de la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión).

Nosotros (hablo por quienes presentamos la demanda) creemos, en cambio, que toda persona adulta tiene el derecho a decidir por sí misma lo que quiere o lo que no quiere ver (aunque eso que quiere ver sea pornografía: no en vano, por ejemplo, la única restricción de acceso a los cines pornográficos es la de edad: una vez que eres adulto, eres libre de ver lo que quieras) y que el hecho de que Calvin considere que hay personas que no están en “capacidad para decodificar algunos mensajes” es un acto de soberbia intelectual (algunos no pueden “decodificar” por sí mismos y él asume, entonces, la tarea de “decodificar” por ellos) que sólo puede merecer desprecio colectivo y reproche jurídico.

Finalmente, Calvin dice que podría “canalizar” mi “potencial” en “algo más constructivo”, en vez de “hacer daño al arte, a nuestra gente, pero principalmente a nuestros niños”. Como se ha visto en los documentos citados, es todo lo contrario: nosotros postulamos una defensa del arte crítico, una defensa de la gente adulta a decidir por sí misma las cosas que ve y las que no y la protección legítima, adecuada y eficaz de los niños y adolescentes, con el debido respeto a las normas internacionales, la Constitución y las leyes. Por lo visto, Calvin Huecos es un ser muy mentiroso y profundamente equivocado.

Nótese que he respondido todas y cada una de las mentiras de Calvincito con documentos que son plenamente contrastables. Todo lo contrario de lo que ha hecho Calvin, que no sustenta ninguno de sus puntos en fuentes primarias sino en meras tergiversaciones y opiniones subjetivas y antojadizas. Y así es como osa este sujeto llamarse “historiador”. Pfffff.

El mejor gol

23 de junio de 2011


Publicado en GkillCity el 23 de junio de 2011.

*

Hoy son 25 años y un día, pero lo recuerdo como ayer: a principios del partido, mi viejo recibió a un amigo para conversar de negocios y se sentaron en una mesa situada en un altillo, desde donde hablaban a voces y bebían whisky; mi viejo, ocasionalmente, me preguntaba el resultado.

Yo tenía ocho años y poco más, miraba fijamente la pantalla donde las patrias de John Ward y Juan López se enfrentaban en un match del Mundial del ’86 y le respondía a mi viejo con el entusiasmo propio de la edad pero, muy en el fondo, sentía un infantil cabreo de que esté en una reunión de negocios en vez de mirar el partido conmigo.  De repente, en la pantalla, Maradona la pisa en mitad de la cancha y empieza a correr con la pelota atada al pie: seis ingleses atrás y once segundos después, con la pelota adentro del arco y el gol más hermoso de la historia de los mundiales celebrándose con el puño en alto junto al banderín del córner, se convierte en el feliz y épico vengador de la humillada patria de Juan López y de millones de argentinos.  A mí, en realidad, todo este cuento de la patria me importaba nada, lo mío era tan simple y tan feliz como gritar el mejor gol que en mis pocos años de fútbol mis ojos habían visto. 

Lo mío era gritarlo e ir a gritarle a mi viejo en su reunión, sin nada de esa vaina que llaman respeto a los mayores, que se lo había perdido, que se había perdido el mejor gol del mundo.  Corrió al monitor y sorbió su whisky, frente a la pantalla, para multiplicar el deleite (que es lo que yo haría) de verlo en esas repeticiones con la R gigante en el extremo de la pantalla.  Me acarició la cabeza y dijo: “tenías razón. El mejor gol de la historia de los mundiales”.  Aquel gol en el que la gesta épica le rinde su mayor homenaje a la estética de la jugada: el mejor de todos, como su autor. 

Contra la censura previa

22 de junio de 2011

-->
Se presentó este lunes 20 una demanda de acción de protección y de medidas cautelares contra la censura previa impuesta por el municipio de Guayaquil en el Salón de Julio. La demanda puede leerse por acá. Para hacérselas breve, en la descripción de los hechos se describen las mentiras evidentes y las equivocaciones del director de cultura del municipio, Melvin Hoyos (AKA, “Calvin Huecos”); en la argumentación jurídica se comprueba como la imposición de la censura previa es una violación de la prohibición de censura previa establecida en la Constitución y en instrumentos internacionales; en el fondo de todo, lo que nos prueba la existencia misma de la censura previa es que las autoridades del municipio de Guayaquil piensan de nosotros sus ciudadanos que todos somos idiotas (incapaces de “decodificar” algunos mensajes, en palabras del mentiroso y equivocado Calvin) que no merecemos tener nuestro propio juicio sobre una obra artística (o, ya que estamos, sobre la gestión pública en general: el municipio de Nebot es, de manera tan turra como aleve, contrario a la participación de los ciudadanos en la administración de lo que nos pertenece: nuestros recursos, nuestros espacios públicos, nuestra ciudad) ni la posibilidad de discutirlas. Así, es tan simple como esto: nos prefieren ignorantes antes que informados y críticos. Y esa es, sépase, una lógica propia de gobiernos autoritarios y de personas miserables.

La demanda la ha difundido El Comercio, La República, ecuadorenvivo, en grupos de Internet y, porsupollo, en nuestro espacio (mío y de amigos) www.gkillcity.com. (Sígannos en redes sociales: se viene La Descarga).

La intro

21 de junio de 2011

Publicada en Gkillcity el 21 de junio de 2011.

*

La censura previa, como Los dinosaurios, debe desaparecer. Pero no es fácil. Todavía hay autoridades en Guayaquil que creen que todas las demás personas somos incapaces de “decodificar” (así lo dijo una de ellas) algunos mensajes y que tienen el poder suficiente (ejercido ilegalmente) para impedirnos el acceso a esos mensajes.  A mayor cinismo, su idea es que deciden impedirnos la difusión de esos mensajes por nuestro propio bien.  Esas poderosas autoridades nos tratan como niños, o como idiotas.

Nosotros creemos que las personas en una sociedad democrática merecemos un trato distinto, que respete nuestro derecho a juzgar por nosotros mismos y a discutir con los demás las razones de nuestros juicios.  Esta página es un ejercicio de esas creencias: por eso la abrimos con esta demanda contra la censura previa que en el Salón de Julio impusieron las autoridades del municipio de Guayaquil. Aquí está la demanda. 

Apóyenla y difúndanla: puede que ustedes contribuyan a la desaparición del último dinosaurio.

Querido Calvin:

5 de mayo de 2011

Estás en el horno: sólo un tipo ignorante, paniaguado o idiota podría sostener la grosera e ilegal vulneración del derecho a la libertad de expresión que suponen tus declaraciones en Expresiones publicadas el domingo 1 de mayo. El que unas obras no se admitan al Salón de Julio por tratarse de “obras sexualmente explícitas” es un acto de censura previa, una evidente y grosera violación al derecho de un artista que desee participar en el Salón de Julio a expresar sus ideas artísticas a través de imágenes de “obras sexualmente explícitas” (como las que utilizó Gabriela Chérrez en el Salón de Julio de 2007 y con las que obtuvo el primer premio) así como una evidente y grosera violación del derecho de todas las personas a apreciarlas y discutirlas (ese es el propósito del arte, ¿no lo crees, Calvin?). Es probable que te preocupe que esas imágenes puedan ofender a algunas personas y es cierto, eso es probable. Pero querido Calvin, no seas bobito: para evitar que esas personas se ofendan, lo lógico es advertirles del contenido de las obras (lo que se llama, en materia de libertad de expresión, una regulación de “tiempo, lugar y modo”) y que quien quiera observarlas las observe y quien no quiera hacerlo, no lo haga, como corresponde en pleno uso de la libertad de cada uno: de esta forma se concilia el derecho del artista de expresarse y de los ciudadanos de conocer su expresión, así como el respeto a las personas que por su sensibilidad podrían ofenderse con “obras sexualmente explícitas”. ¿Tiene sentido, Calvin, no lo crees?

Es probable que lo creas, porque es probable que no seas idiota como para no entender las sencillas razones por las cuales tu opinión publicada en Expresiones constituye una evidente violación a la libertad de expresión. Pero es que no va de ti, Calvin. Son tus jefes los que te dan la orden y tú eres quien tienes que ponerla cara con chivita mosquetera (piquetera la chivita, eh) y ni modo: te tocó esa. Y da igual, los medios de comunicación, tú bien lo sabes, no dirán nada: su defensa de la libertad de expresión es muy turra, solamente funcional a sus intereses (y entre sus intereses está una devoción –oh, paradoja- casi de “sexualidad explícita” para callar lo que perjudique al Municipio de Guayaquil: ¿quieres ejemplos?: acá, acá y acá). Ningún editorialista lo criticará; la información que se dé, si alguna se da, será insustancial. Tú censuras, en grosera violación a la libertad de expresión, y los medios de comunicación callan, o dicen pendejadas: el ciclo de la “omertá” (el código mafioso del silencio, porsiaca) se cierra bonito. The show goes on.

Pero las cosas se le han puesto más difíciles al show conjunto de la Alcaldía de Guayaquil y los medios de comunicación locales. Las redes sociales rompen ese ciclo absurdo y embrutecedor, y se hace difícil sostener los silencios como antes se hacía, y cada vez es peor. Esta carta abierta dirigida a ti, querido Calvin, quiere contribuir a esa dificultad, o mejor dicho, contribuir a romper esos silencios. Si nos tomamos el derecho a la libertad de expresión en serio, ese debería ser el resultado. Veremos.

Por lo pronto, sólo dejarte constancia de cuán ignorante, paniagudo o idiota te hacen ver tus conservadores y patéticos jefes. Eso, y que te mejores. Saluditos,

Atte.,

xaflag

P.S.- Y ya que estamos, Calvincito, ¿el libro panegírico que escribiste sobre el ministro velasquista que supo ser el viejo de tu Jefe Mayor (con un título trucho que hace referencia a “El Tigre del Bulubulu”, que era el apodo de Pedro Montero –wtf?), era simple devoción particular y chupamedias a tu Jefe Mayor o lo pagamos todos los guayacos con nuestros impuestos? Porque fíjate que los mismos que suelen llorar por la libertad de expresión (a veces y por conveniencia) suelen llorar porque se despilfarran fondos públicos. Y si hay algo que, al menos es eso, es escribirle un libro al papá de tu Jefe Mayor con dineros de la institución que maneja el Jefe Mayor, ¿no lo crees?

* Calvin Huecos (AKA Melvin Hoyos) es Director de "Cultura" del Municipio de Guayaquil (aunque nos pese).

Prometeo deportado

6 de octubre de 2010

Asúntense y véanla: bien craneada, posi la actuación y muy decidora de ese plural y errático nosotros.


Cerró el dealer


Como sabiamente dijo Keith Richards: “I’ve never had a problem with drugs. I’ve had problems with the police” (también se queja Richards de la calidad). Cardoso plantea un escenario factible, Hidalgo un escenario ideal, ambos conscientes de que la llamada “Guerra contra las Drogas” no combate el crimen tanto como perpetra una prolongada y conveniente estupidez.

Tiririca & Tiko Tiko, al poder


Yo les tiré en su momento un cable, porque me gustan las causas perdidas (por eso la alegría de estar vivo) pero como era de esperarse no fue suficiente. Pero Brasil (país del futuro, argüió Zweig) nos prueba, porque triunfó Tiririca, que sí era posible, que todavía es posible: Tico Tico 2013.

Cantinflas & Morden (goodfellas)

5 de octubre de 2010



Este Cantinflas lanza la parrafada “[Correa] ha tomado medidas que no están conformes con lo que se entiende internacionalmente que es un comportamiento de una sociedad civil que está apoyando a la democracia", en vez de decir "[Correa] no ha tomado medidas que sirvan al liberalismo de mercado que beneficia a las empresas transnacionales" (1): le faltó a este Cantinflas (Adolfo Franco, se llama) la honestidad de la que se empacha Siobhan Morden, para quien las prácticas normales son el neocorporativismo y el carajazo. Cómicos y sinvergüenzas, goodfellas.


(1) Una atenuante para la torpeza de este sujeto es que debe tratarse de una de las cosas más jodidas el expresar de manera honesta un discurso tan excluyente.

I love Pinochet

2 de octubre de 2010


I love Pinochet es la versión audiovisual, concentrada y de fuente certera del libro El Dios de Pinochet, también de Marcela Said. (Hacia el final, coloreitor Phillips y la morocha de Chanel son la ornamental boludez en su punto). Por acá.

Racismo y taxismo

29 de septiembre de 2010


Coincidencias en Pascuales, ayer he empezado la lectura del libro Racismo y discurso en América latina cuyo coordinador fue el holandés Teun van Dijk (mucha e interesante información de este personaje, en su página web www.discursos.org) y me he encontrado, ayer, con este artículo de Felipe Burbano de Lara (una de las pocas personas que siempre vale leer en el periodismo de opinión local) y, hoy, con este artículo de Aníbal Bonilla, ambos, en buena medida, en sintonía con el discurso crítico que postula van Dijk. Tal parece que Rosita, la taxista, se las trae.


Como se las ha traído también el taxismo en clave blaugrana, que le pasó cuatro al coso amarillo que preside el inútil de Maruri. Nuevo papelón: Maruri es un animal de costumbres.

Final: dos vídeos de Teun van Dijk, right away y para bolear (a las 4:31 del primer video la enfocan a Nelsa Curbelo, ¿no?):


American Psychobolche


La pesadilla latinoamericanista ya está aquí.

Romper una canción (Vinagre y rosas)

28 de septiembre de 2010

Intenté agarrarle el gusto al último disco de Sabina vía intra-literaria: me conseguí Romper una canción, libro escrito por Benjamín Prado sobre el viaje literario de ambos el que, según Sabina, debía hacerse porque “yo vivo en una felicidad doméstica de la que es imposible sacar un verso; pero tú [Benjamín] estás hecho polvo, y eso es una mina. Te propongo aprovecharme de tus desgracias y que nos vayamos por ahí a escribir canciones contra tu ex novia”; ese “por ahí” se convirtió en Praga y ese libro que se escribió en su contratapa promete contar “esa aventura que fue puro rocanrol, llena de versos y versos tachados, chicas que vienen y que se van, viajes, música, alcohol, risas y, sobre todo, lleno de una amistad sin fronteras ni direcciones prohibidas”. Una promesa que, a pesar de cierta anecdótica gracia, retruécanos y humoradas, el libro termina por incumplir ampliamente.

Yo intuyo, de bote pronto, dos problemas en el Sabina actual: el afán de hacer caja y esa “felicidad doméstica”, que es la ausencia de calle y drogas en la lírica sabinera. El afán de hacer caja se nota en la inclusión en el disco de zanguangos tipo Pereza, pero mucho, mucho más grave, es la ausencia de calle y drogas (la que se ha lamentado por acá) que se nota en esa lírica tan apoltronada, de esquina con brandy y perro sabueso. Una lírica que se merece otro registro y no este pronto-a-convertirse en papelón. No se lo merece el viejo y puñetero Sabina.

Para precisar: en uno de esos hermosos libros que escribió mi casi tocayo Javier Menéndez Flores, se consigna la frase de Sabina que decía que el último disco de Manu Chau “apestaba a autocomplacencia”: botellita, porque no a otra cosa apesta este último disco de Martínez, así como el libro de Prado que intenta reivindicarlo y que sólo sirve para añadirle fetidez a lo que ya, curtido en aséptico tiramisú, muy mal olía.

Nota random de salida: mejor que Sabina se quite la careta y diga de manera directa lo que sus canciones dicen de manera sinuosa (con letras como “Tendrás sexo conmigo y después te echaré a la mierda”, “Si te dije que te quiero es porque estaba drogado”, “Puedes estar en mi cama, pero si quieres amor te puedes ir a la re puta que te parió”, “En los intervalos que hay entre nuestra actividad sexual me aburro mucho”, ja). O sea: mejor este Joaco que aquel Martínez y su partner-in-crime de autocomplacencia:

Cómo cocinar a un Cristo

27 de septiembre de 2010


“Sale completamente solo”, ja.

Mecánica nacional

26 de septiembre de 2010


Una versión mexicana (1971) de La autopista del Sur, de Cortázar: El laberinto de la soledad en clave de humor y aplanado en multitudinaria carretera.

Opus Dei, una cruzada silenciosa

25 de septiembre de 2010


Sostiene Volpi en El insomnio de Bolívar que es “imposible entender a América Latina sin la religión católica y sus vericuetos: su férrea moral y su hipocresía cotidiana; su vocación por los pobres y los indígenas y su cercanía con los ricos y los poderosos; su solidaridad con las víctimas y su complicidad con los torturadores; la educación que ofrece a sus élites y su rescate de los desheredados; sus lazos con la teología de la liberación y sus vínculos con los siniestros Legionarios de Cristo o el Opus Dei”. (En mi inventario de vicios no se cuenta la religión católica.) Sobre esta última institución, el Opus Dei, un documental ilustrativo a cargo de Marcela Said y Jean de Certeau, por acá.
(Me imagino a John Stuart Mill mirando el fragmento en que habla José Miguel Ibáñez, en el piso de la risa.)

El Dios de Pinochet

24 de septiembre de 2010




El Dios de Pinochet: un retrato de familia del “fascismo” iberoamericano. El libro es menos de lo que yo esperaba (tiene más de divulgación que de análisis profundo) y se le notan las costuras, pero resulta sumamente útil para documentar y atizar un justificado desprecio.

Nito en Guayaquil


Nito en Guayaquil, íntimo, sobrio y bien. Canción para mi muerte:

En la pequeña foto, con Nito y su facha de prócer.

El Gobierno del domingo (#?a)

22 de septiembre de 2010

Attention mesdames et messieurs, que no va a empezar el show del maestro rosarino, pero sí el Gobierno del domingo (#?a), por acá, acá et acá.