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Guayaquil, bastión de la derecha autoritaria

8 de octubre de 2019


Es 8 de octubre de 2019, víspera de las fiestas de independencia de la ciudad, y Guayaquil es la capital de un país dividido y el bastión de un gobierno impopular.

Con el Decreto Ejecutivo No. 888 del día 8 de octubre, el Presidente Lenin Moreno decretó el traslado de la “Sede de Gobierno a la ciudad de Guayaquil”. Así, Guayaquil se ha convertido en la capital administrativa del Ecuador mientras dure el estado de excepción (o visto desde otro ángulo: Quito se convirtió transitoriamente en Machachi in the parlance of la Guadalupe). El Presidente Lenin Moreno y su Gabinete sesionan desde el Gobierno Zonal en Guayaquil, en el opulento edificio que perteneció al Banco del Progreso y que Ricardo Patiño adecuó para el servicio público. Allí se reúnen las principales autoridades de las cinco Funciones del Estado ecuatoriano.

La historia es larga pero para hacerla corta, desde que los guayaquileños empezamos a elegir por voto popular al alcalde de nuestra ciudad (es decir, desde 1947), Guayaquil ha sufrido de tres populismos: el del CFP, el del PRE y el del PSC. Este último populismo es de carácter autoritario y de derechas, y está enquistado en la Alcaldía desde 1992.

Como a Guayaquil la democracia no le ha sentado bien, a fines de los ochenta y principios de los noventa la ciudad se hallaba en la mala: llena de basura, por fuera y por dentro del Palacio Municipal. El PSC se hizo fuerte frente al notorio fracaso del populismo del PRE, pues se erigió como la facción que “recuperó” a Guayaquil de esa etapa mala, con un caudillo autoritario y carismático como León Febres-Cordero a la cabeza.

Por este relato “heroico” del PSC es que creo que la facción de la derecha autoritaria (AKA “el fascismo”) en Guayaquil pudo emerger tan victoriosa frente al descalabro de los hermanos Bucaram, elegidos para el Sillón de Olmedo en 1984 (Abdalá) y 1988 (Elsa), pero incapaces de completar sus períodos. En la siguiente elección para la Alcaldía, en 1992, le llegó su turno al PSC, cuando ocurrió lo que según el filósofo italiano Norberto Bobbio justificó la emergencia del fascismo en la Italia de los años treinta: “la conquista del poder por parte del fascismo fue el resultado de una fecunda alianza entre precisos intereses de clase y turbios ideales, favorecidos por la crisis moral, social y económica que atravesaba un [cantón] como el nuestro, por larga tradición más acostumbrado a la opresión que a la libertad”. Donde se lee cantón, se leía (en el texto original de Bobbio) “país”… pero este reemplazo no altera un ápice el sentido de la frase, tan real en un caso como en el otro. En Guayaquil, fue la crisis de la ciudad por el gobierno del PRE lo que favoreció al emergente PSC, el partido de la derecha autoritaria de Guayaquil.

Ahora, ¿por qué digo que el PSC es de derechas? Porque el negocio de la Alcaldía del PSC, en la planificación y en la ejecución de las políticas públicas, es satisfacer a los intereses de las empresas constructoras. El crecimiento de Guayaquil, horizontal y de cemento, cuesta seis veces más que un crecimiento vertical y ambientalmente sostenible: es decir, el llamado “modelo exitoso” del PSC despilfarra una fortuna en hacer las cosas mal, siendo Guayaquil una de las ciudades más vulnerable a las inundaciones que hay en el mundo.

En otras palabras, el crecimiento de Guayaquil es económicamente estúpido… salvo que seas parte del negocio de la construcción (de cuyas filas emergió el Alcalde Nebot, boca abierta). Pero lo peor no es el despilfarro de los recursos (que te embuten como éxito para todos, cuando lo es para pocos), lo peor es el riesgo real que corre Guayaquil debido a las inundaciones en un futuro no muy lejano (una o dos generaciones más), sobre lo que nada efectivo se ha hecho.

Y luego, ¿por qué el PSC es autoritario? Pues por la forma vertical de su administración, en la que se ejecuta lo que ha decidido la cúpula. La concreción legal de esta verticalidad ocurrió en la “Ordenanza que regula el sistema de participación ciudadana del cantón Guayaquil”, que es una burla a la idea de gobierno democrático pues habilita a participar en la Asamblea Cantonal de Guayaquil únicamente a los 117 “representantes de la sociedad” que están mencionados en la Ordenanza. Pero si con acotar el número era insuficiente, la Alcaldía le ha repartido dinero de forma generosa a varios (acaso la mayoría) de estos 117 privilegiados en una ciudad de casi 3 millones de habitantes.

Y por si no quedaba claro quién mandaba, la Ordenanza en cuestión le reservó al Alcalde y un concejal un voto calificado en la Asamblea Cantonal del 51%. Como que esta norma se la hizo durante la Alcaldía de Jaime Nebot, sólo podía aspirarse con ella a que se haga su voluntad. O como lo advirtió quien entonces era Secretario del Municipio, Vicente Taiano, la norma debía diseñarse “para evitar intromisiones en las gestiones del Alcalde”.

Entonces, en estos días la Guayaquil del PSC ha llegado a una cúspide: se ha erigido como la capital administrativa del Ecuador. Como Guayaquil es la casa de la derecha autoritaria desde 1992, es natural que sea la sede de un gobierno nacional que ha adoptado unas medidas tan favorables a las empresas y tan perjudiciales para el ciudadano común.

Y, por supuesto, a la derecha autoritaria de Guayaquil le sienta muy bien el racismo que se pone en evidencia en un país dividido, así que es apenas natural que se adopte su tono para la marcha de mañana (pues su telón de fondo es, no nos engañemos: “aquí no pasarán estos indios brutos” –con palabras un poco más elegantes, claro).

Es por eso, conciudadanos de Guayaquil, que la marcha de mañana 9 de octubre más que una resistencia, es una celebración. Es la celebración de la derecha autoritaria y de los áulicos del Presidente más impopular e infradotado de los últimos tiempos. Y un triste papel, siendo ya el 2019.

La filosofía de Gentile químicamente pura

4 de julio de 2019


Norberto Bobbio, en uno de sus ensayos recogidos en ‘Ensayos sobre el fascismo’, definió el “legalismo ético” propugnado por el filósofo fascista italiano Giovanni Gentile en los tiempos de Benito Mussolini con la siguiente frase: “es justo aquello que es ordenado por el solo hecho de ser ordenado”*. Es decir, Gentile asociaba la noción de justicia a la validez de la norma, lo que implicaba otorgarle un poder gigantesco al Estado por el que, según Bobbio, “el espiritualismo absoluto se convierte así en positivismo jurídico”. O puesto en morocho: “Aquí vale lo que chuchas digo yo”, que es el principio cardinal de todo autócrata.

El Pleno del Consejo Transitorio actuó como hubiera querido el filósofo fascista italiano Giovanni Gentile. Por ejemplo, cuando el Pleno del Consejo Transitorio decidió negarle al Consejo de la Judicatura la opción de presentar nuevas pruebas o hechos durante la Fase de Impugnación de su proceso (Res. 048, Párr. 7), el Pleno observó la situación desde la perspectiva del poder del Estado, pues en su razonamiento jurídico el que no se acepte la norma que ellos mismos dictaron (el “Mandato de Evaluación” del 28 de marzo de 2018) resultaba violatorio de “la seguridad jurídica y el debido proceso”. Nótese que ya la seguridad jurídica y el debido proceso están referidos, no a la Constitución o a los tratados internacionales, sino a una norma creada por el mismo juzgador. Esta es la concreción normativa del adagio morocho “Aquí vale lo que chuchas digo yo”.

Pero el giro propiamente fascista de estos autócratas fue que era el Estado, ya no el ciudadano, quien importaba para la seguridad jurídica y el debido proceso. Y el Pleno del Consejo Transitorio fue muy loquillo en su resolución, pues hasta se animó a copiar en ella el artículo y numeral de la Constitución que afirmaba respetar, para subrayar en él lo que le importaba:

“Art. 76.- En todo proceso en el que se determinen derechos y obligaciones de cualquier orden, se asegurará el derecho al debido proceso que incluirá las siguientes garantías básicas:
1. Corresponde a toda autoridad administrativa o judicial, garantizar el cumplimiento de las normas y los derechos de las partes”.

Es el “legalismo ético” del filósofo fascista Giovanni Gentile en estado químicamente puro: lo que importa es el “derecho” de un órgano del Estado a que se respeten las normas que él mismo dictó días atrás, pues eso contribuye a respetar la seguridad jurídica y el debido proceso -neta, esto es de fachos, re-fachos. Esto es quitarle los derechos a las personas para interpretarlos a favor del órgano estatal. Es obvio que, en este contexto, los “derechos de las partes” se vuelven una total quimera (aunque consten en la Constitución, justo al lado de lo subrayado). Lo que importaba, para el Pleno, era su propia primacía, que era la primacía del Estado.§

Es por ello que se puede y debe caracterizar al período del Consejo Transitorio como uno de suma arbitrariedad revestido (por nada más y nada menos que por la muy progre Corte Constitucional) de una total impunidad. O más preciso, como una dictadura moderna de claros tintes fachos, obra de estos tardíos discípulos de Giovanni Gentile.

* “Giovanni Gentile” (pp. 103-121), en: Bobbio, Norberto, ‘Ensayos sobre el fascismo’, Universidad Nacional de Quilmes, Bernal, 2006, p. 120.
Loquillo-Fascista sería una denominación más apropiada.
§ En el campo penal, esta primacía del Estado se impuso en la Italia fascista con el Código Penal de 1930 hechura del Ministro de Justicia Alfredo Rocco, en el que había una jerarquía de los bienes “todos ellos abstractos y estatalizados –la personalidad del Estado, la administración pública, la religión del Estado, el orden público, la economía pública, la integridad y la salud de la estirpe, la moralidad pública y, sólo en último lugar, las personas de carne y hueso-…”, v. ‘La cultura jurídica durante el fascismo’, p. 37. (Por cierto, que de este Código italiano del Ministro Rocco bebió el Código Penal ecuatoriano de 1938, para probarnos lo bien que nos sentaba entonces -y nos sienta todavía- el fascismo).

Fascismo por "aporofobia"

18 de julio de 2017


De “Fascismo municipal” a su financista. El itinerario de un periodista.

 
Un periodista pudo cambiar, pero lo que se ha mantenido inalterable es el abuso contra los más pobres en Guayaquil. Como en el caso de estos 19 detenidos por la Fuerza Pública local aludidos en el artículo de Jijón, en ningún otro de los que se han reportado en decenas de años de abusos, jamás (o muy rara vez) se sabe de los nombres de los detenidos ni de las circunstancias de su detención, sus detalles particulares, nada. Desaparecen, casi literal.

(El periodismo de Guayaquil no solo es tan turro como para invisibilizar estos temas, sino que en un alarde de cinismo, diario El universo ha osado declararse defensor de “los derechos humanos”.)

La violencia contra los más pobres está invisibilizada en Guayaquil. Es como si este maltrato hacia ellos no existiera, o se lo tuvieran merecido. Una de las consecuencias de ser una ciudad aporofóbica.

Un anticipo del futuro

6 de mayo de 2017


Prólogo a "El libro de Litro x Mate", de autoría de Daniel Adum Gilbert.

*

Este libro sobre Litro x Mate es, en realidad, un libro sobre Guayaquil. Litro x Mate es una iniciativa ciudadana orientada a plantar cara a un aspecto de la administración municipal presidida por el alcalde Jaime Nebot: su desprecio por el ornato de la ciudad.

Esta parece una idea contra-intuitiva, pues se supone que el Municipio de Guayaquil cuida el ornato de la ciudad. Pero la propuesta de Litro x Mate parte de una observación sencilla, que prueba lo contrario: los trazos de los grafiteros son cubiertos por los empleados del Municipio de Guayaquil con manchas grises. Esta estrategia del Municipio no cuida el ornato: es apenas el reemplazo de un daño por otro. Con la diferencia que este segundo daño lo pagamos todos (vía nuestros impuestos).

Así, la propuesta de Litro x Mate es simple: consiste en pintar por sobre los grafitis y las manchas (que las hemos pagado todos) unos bloques de colores. Hacerlo, a su vez, de una manera colaborativa y auto-gestionada, con cada uno de los participantes en la jornada de pintada colectiva contribuyendo con (al menos) un litro de pintura. A esta iniciativa confluyó mucha energía de jóvenes de Guayaquil, con el sincero propósito de embellecer su ciudad. Era, realmente, una oportunidad de oro para una administración municipal inteligente (1).

Pero el liderazgo autoritario del Municipio de Guayaquil le jugó en su contra. Lejos de aprovechar esta energía juvenil en su propio beneficio, el Municipio de Guayaquil se cebó en el ataque contra Daniel Adum Gilbert, principal “cabecilla” de esta iniciativa ciudadana. Utilizó sus cuantiosos recursos (que los pagamos todos) al punto de movilizar a más de 30 empleados para pintar de gris los exteriores de la casa de Daniel (obviamente, en contra de su voluntad). Miles de dólares invertidos en ejecutar una venganza que estaba por fuera de la ley, en una ciudad en la que su alcalde ha afirmado, en el colmo del autoritarismo, que para pintar una casa en Guayaquil, “aunque sea mi casa, tengo que pedir permiso” (¡?) (2).

Muy al estilo ochentero clásico en el socialcristianismo, este episodio tuvo su incidente de agresión física y un juicio penal. Fui el abogado defensor de Daniel en la acusación que le hizo el Municipio de Guayaquil, la que demostré que era inconstitucional por violatoria de elementales normas del debido proceso. En conclusión, el Municipio perdió y Daniel se salvó de la cárcel (3). Y como pago por mis servicios de abogado recibí, enmarcada, una plantilla original del chanchito, herramienta clave para encender la paranoia guayaquileña a inicios del mes de diciembre del año 2004, y que hoy adorna mi estudio.

Durante este arbitrario proceso penal contra Daniel aconteció un hecho significativo. Durante su intervención, el abogado del Municipio atinó a afirmar que “lo que sí es objetivo es la ley y su cumplimiento” (4). El resto de su intervención fue olvidable, pero este fragmento de su discurso merece destacarse: es una evidencia del “legalismo ético”, consustancial tanto al fascismo como a las prácticas socialcristianas. Esto es así, pues el fascismo incorpora el “legalismo ético” y, en su vertiente conservadora, sirve para describir la orientación de la gestión municipal del alcalde Jaime Nebot. Lo que estuvo en el origen de la fallida persecución penal emprendida por el Municipio de Guayaquil en contra de Daniel Adum Gilbert era precisamente este “legalismo ético”, según el cual “es justo aquello que es ordenado por el solo hecho de ser ordenado” (5).

Nuevamente, esta atribución de un “fascismo conservador” a la gestión de Jaime Nebot en la Alcaldía de Guayaquil parecería contra-intuitiva: ¿cómo una administración municipal de esta naturaleza podría sostenerse en el poder, con tan altos niveles de aceptación? Porque es realmente asombroso: a pesar de la putrefacción del estero Salado, de las deficiencias en el sistema de transportación pública, de las falencias en los servicios de alcantarillado, agua potable y recolección de basura; a pesar de sus abusos contra las libertades civiles y de la implementación inconsulta de un modelo de desarrollo carente de planificación y orientado al beneficio de grupos de poder económico (especialmente, los ligados al sector de la construcción); y, a pesar de haber convertido a Guayaquil en una ciudad inequitativa, estancada en su economía, atascada en su tráfico, sin espacios públicos ni áreas verdes y expuesta a los riesgos asociados a los terremotos e inundaciones, el Municipio de Guayaquil mantiene una alta aceptación en los habitantes de la ciudad.

Una primera explicación que podría darse para ello es que los habitantes de Guayaquil, en relación con la administración política de su ciudad, sufren del síndrome de Dunning-Kruger: “un sesgo cognitivo por el cual individuos incompetentes sufren de una ilusoria superioridad” (6).

Resultan preferibles, sin embargo, dos explicaciones que interpretan las relaciones de poder en la administración de Guayaquil. La primera: el periodismo de Guayaquil ha sostenido un indisimulado apoyo a la gestión de la Alcaldía. No existe el periodismo de investigación en relación con la gestión municipal, ni el periodismo de opinión se ha mostrado crítico con ella. En la redacción de las noticias, el sesgo a favor del Municipio es muy evidente. De allí que el poder político en Guayaquil se mantenga incólume, por este “control” sobre la opinión y la información, el que se da en doble vía: por todo lo que se dice a favor del Municipio (esto es, por el indisimulado apoyo de medios escritos, radiales y televisivos) y por lo que no se dice, por aquello que se calla.   

La segunda explicación es la docilidad y la falta de articulación de la sociedad civil en Guayaquil. La forma desordenada en la que hemos permitido que crezca la ciudad refleja esto; también lo hace la manera en que toleramos el trato abusivo y discriminatorio a los más pobres de entre nosotros (7). Por esto, una iniciativa como la de Litro x Mate resulta tan importante: porque implica un acto de ruptura con la pasividad de la sociedad guayaquileña, un ejercicio de reapropiación del espacio público y una contribución a su embellecimiento.   

Si el lector ha llegado hasta aquí, de seguro (salvo que realmente sufra el síndrome de Dunning-Kruger) ha comprendido que tiene en sus manos un libro que contiene un fragmento de la historia de Guayaquil. Un libro que le va a contar una historia de enfrentamiento entre los ciudadanos y la autoridad, los colores contra el gris, la creatividad versus el autoritarismo. Pero mucho más importante: es una historia que anticipa el cambio que vendrá.

Porque la auténtica diferencia entre lo testimoniado por este libro de Daniel Adum Gilbert y la administración de Jaime Nebot no es ni de orientación ideológica, de izquierdas o derechas: la auténtica diferencia es generacional. El alcalde Jaime Nebot representa una forma de administración conservadora y autoritaria, hija de los tiempos en que se incorporó a la política nacional. Mientras que este libro de Daniel Adum Gilbert es todo lo contrario: es el testimonio de una iniciativa libertaria y colaborativa, de una actividad desinteresada y generosa que hizo saltar la pus del Municipio local.

Conforme se trueque el gris por los colores, el autoritarismo por la libertad y el beneficio de unos pocos por una planificación orientada al bien común, Guayaquil cambiará para bien. Esto va a depender de que las nuevas generaciones desplacemos a esta Vieja Guardia enquistada en el poder y asumamos el reto de convertir a Guayaquil en una ciudad verde, inclusiva y sustentable (8).

Este libro es un anticipo del futuro.

A colores.


Guayaquil, 5 de diciembre de 2016

*

(1) Edi Rama, quien fue alcalde de Tirana (la capital albanesa), hoy Primer Ministro de Albania, implementó durante su mandato en la Alcaldía (2000-2011) políticas públicas orientadas a inculcar “el orgullo a los ciudadanos mediante la transformación de los espacios públicos con diseños coloridos”, v. ‘Edi Rama Recupere su ciudad con pintura’, TEDxThessaloniki [Mayo, 2012].
(2) ‘Nebot: el gran Guayaquil abarca a Durán, Daule y Samborondón’, Diario El universo, 9 de octubre de 2011. Es obvio, sin embargo, que a nadie en Guayaquil se le ocurre ir a “pedir” un permiso para pintar su casa. Esta falta de efectividad de una disposición es una práctica común en el Municipio de Guayaquil (administrada, por cierto, a conveniencia) y hay dos temas en los que resulta especialmente peligrosa: en la prevención de los riesgos asociados a los terremotos y en la prevención de los riesgos asociados a las inundaciones. El primero de estos riesgos deriva de la ineficacia de la Alcaldía de Guayaquil para controlar las construcciones en la ciudad, como lo ha señalado el Presidente de la Cámara de la Construcción de Guayaquil, ingeniero Enrique Pita: “El Municipio, lamentablemente, no teniendo el personal suficiente, no realiza los controles de los procesos constructivos, más allá de al final de la obra establecer si los metros cuadrados que se reportaron son los correctos”. Esta inefectividad contribuye a la vulnerabilidad de Guayaquil frente a los terremotos (se estima que en Guayaquil un terremoto con la intensidad del que tuvo epicentro en Pedernales ocasionaría más de 20.000 muertos y alrededor de 1.500.000.000 USD en daños).
Para las declaraciones del ingeniero Pita, v. ‘Guayaquil vulnerable / Bloque 3 Visión 360 III Temporada’, Visión 360, YouTube (min. 11:06-11:22).
El segundo es un escenario igualmente catastrófico, porque en razón del cambio climático, Guayaquil es la cuarta ciudad costera en el mundo de más de un millón de habitantes (de un total de 136 ciudades estudiadas) que proyecta una mayor estimación de pérdidas económicas anuales (dependiendo de los cálculos, estas pérdidas oscilarían entre 2.183.000.000 USD y 3.189.000.000 USD) por las inundaciones que se producirán por el aumento del nivel del mar, dentro de los próximos treintaicinco años. Un informe publicado en la revista Nature Climate Change el año 2013 (titulado ‘Future flood losses in major coastal cities’ –‘futuras pérdidas por inundación en las grandes ciudades costeras’) alertó de la necesidad para las ciudades costeras de adaptarse al cambio climático, “porque la inacción resultaría en pérdidas inaceptablemente altas”. 
Sobre estos riesgos asociados a las inundaciones, hay varios artículos en mi blog bajo la etiqueta “Inundaciones” (https://xaflag.blogspot.com/search/label/Inundaciones), v. en particular, las entradas “Inundaciones en Guayaquil: asumir las responsabilidades ciudadanas para enfrentar los riesgos inminentes” (12 de enero de 2016), “La posibilidad de una ciudad verde” (18 de enero de 2016) y “Guayaquil a la deriva” (28 de febrero de 2016).
(3) En una charla TED, Daniel me llamó “el Messi de las leyes”, un desmedido elogio. ¡Gracias, Puyol! , v. ‘Atrevimiento a la no-idea’, TedQuito [Septiembre, 2014]
(4) ‘Municipio de Guayaquil vs. Artista Urbano (Daniel Adum) (3era Parte)’, Guayaquil Progresista, YouTube (min. 5:59-6:04).
(5) Bobbio, Norberto, ‘Ensayos sobre el fascismo’, Prometeo Libros, Buenos Aires, 2008 [Primera edición: 2006], p. 120. Una demostración de este “legalismo ético” está en que al Municipio de Guayaquil nunca le interesó entrar a discutir los efectos de las intervenciones de Litro x Mate. Una de las evidencias aportadas en mi defensa de Daniel fue que la opinión de los vecinos de los barrios en los que intervino Litro x Mate estaba de acuerdo con el cambio hecho por la intervención: v. ‘Escrito presentado ante el Juez de Contravenciones en el caso Municipio de Guayaquil vs. Daniel Adum Gilbert’, pp. 2-3.
¿Por qué la Alcaldía de Nebot es fascista? V. ‘El fascismo municipal’, Xavier Flores Aguirre [blog], 13 de enero de 2012.
(6) Dossey, Larry, ‘The Lemon Juice Syndrome and the Hunger Games’, Explore, Vol. 10, No. 3, pp. 137-145.
(7) En Guayaquil, según un informe técnico presentado por expertos de la CAF solicitado por el propio Municipio de Guayaquil, el crecimiento de Guayaquil “ha privilegiado la densidad en términos de áreas impermeables, con lotes pequeños para las viviendas, aceras y accesos estrechos, limitadas áreas verdes, y en general una clara tendencia hacia la impermeabilidad del suelo urbano –inclusive en las divisorias y laterales de calles y avenidas construidas en fechas recientes. Este tipo de ocupación aumenta notablemente la temperatura en la ciudad, incrementa significativamente los picos y la velocidad del escurrimiento durante las crecidas de la escorrentía superficial, produce erosión y aumenta la contaminación de las aguas pluviales”, v. Mejía Betancourt, Abel, Morelli Tucci, Carlos Eduardo, Bertoni, Juan Carlos & Gabriel Cabezas Vélez, ‘La inundación de Guayaquil en marzo 2013’, Opinión de expertos internacionales. Cooperación Técnica de la CAF, Informe Gerencial [17 de junio de 2013], p. 24.
La exclusión a los pobres se evidencia de manera brutal en las palabras del propio alcalde Nebot dichas durante una sesión oficial del Concejo Cantonal, en la que muy suelto de huesos afirmó: “Yo he tomado la decisión de que aquí no vamos a legalizar un terreno ni vamos a poner una volqueta de cascajo ni un metro cuadrado de asfalto ni un metro de tubería de alcantarillado o de agua potable más allá de lo que he expresado en el límite oeste, el límite de Flor de Bastión y el límite de la Sergio Toral” (Acta de la sesión del 7 de octubre del 2010, p. 12). Esta declaración suya evidencia el habitual modus operandi del Municipio de Guayaquil de castigar a los pobres, por el sólo hecho de serlo… Y eso que ni siquiera hablamos de los abusos cotidianos perpetrados en contra de los comerciantes informales.
(8) Según el informe de expertos solicitado por el Municipio de Guayaquil a raíz de la inundación del 2 y 3 de marzo de 2013, Guayaquil “ofrece condiciones inmejorables para desarrollar soluciones integradas en el diseño urbano que combine programas de vivienda, transporte, agua potable, alcantarillado, drenaje, residuos sólidos y medio ambiente. Para ello se requiere que las intervenciones urbanas se integren a nivel operacional para proponer y diseñar soluciones que sean sustentables a largo plazo”, v. ‘La inundación de Guayaquil en marzo 2013’, Ibíd., p. 31. A pesar de estas “condiciones inmejorables”, el Municipio de Guayaquil ha insistido en recorrer durante este casi cuarto de siglo de dominio socialcristiano (en continuidad de una inveterada tradición) la dirección contraria.

K-feína III

25 de noviembre de 2016


La tarde del 25 de noviembre participé de un programa de radio organizado por los amigos de K-feína. El conductor del programa fue Omar Ospina y compartí el espacio, durante la casi hora y media de entrevista, con Andrés Mideros. Un lujo de conversa entre tres personas que preferimos a Tico Tico por encima de Cynthia Viteri. Esencialmente, porque el payaso nos parece más serio.

Se repasaron la política de la paz en Colombia y la política de la guerra (electoral, claro) en el Ecuador; y dentro de esto último, con un repaso específico al fascismo municipal de la excapital económica del país, Guayaquil (1).

En este enlace.  

(1) ¿Por qué el Municipio de Guayaquil es fascista? Ver: ‘El fascismo municipal’, Xavier Flores Aguirre, 13 de enero de 2012; ¿Por qué Guayaquil ya no es la capital económica del Ecuador? Ask Walter: ‘Guayaquil capital económica no more’, Xavier Flores Aguirre, 4 de julio de 2016.

El fascismo municipal

13 de enero de 2012

El título completo de este artículo es “El fascismo municipal, explicado por sus propios funcionarios” y su propósito es demostrar cómo la legislación, los discursos y las prácticas de los funcionarios del municipio de Guayaquil (registradas en sus ordenanzas y en los medios de difusión masiva) coinciden con las características básicas del régimen fascista.

El filósofo italiano Norberto Bobbio caracterizó al fascismo como anti-democrático porque los fascistas “no querían, en una palabra, la democracia, entendida como laborioso y difícil proceso de educación en libertad, como gobierno del control y del consenso, como gradual y siempre contrastada sustitución de la fuerza por la persuasión” (Ensayos sobre el fascismo, Pág. 36). El fascismo rechaza el ejercicio de libertades, la participación política, el razonamiento de sus actos: las mismas ideas que los fascistas del municipio de Guayaquil rechazan, como se lo explicará a partir de sus propios discursos y prácticas. Veámoslo, una por una:

1) El municipio de Guayaquil rechaza el “laborioso y difícil proceso de educación en libertad”

El “laborioso y difícil proceso de educación en libertad” implica la libertad general de los ciudadanos, cuyos actos solo merecen sanción en la medida en que ocasionen un daño concreto (lo que se deriva del derecho constitucional “al libre desarrollo de la personalidad” –art. 23 numeral 5 de la Constitución del ’98 y art. 66 numeral 5 de la Constitución del 2008) e impone en las autoridades la obligación de informar y orientar a sus ciudadanos para un mejor ejercicio de sus derechos.

En relación con la libertad general de sus ciudadanos, el municipio de Guayaquil se inscribe en la vertiente fascista de los conservadores “provenientes de la derecha histórica”, que exigen “antes que nada orden, disciplina, firmeza en la dirección” porque el carácter constante de toda política conservadora "es apreciar más el orden que la libertad” (Ensayos sobre el fascismo –en adelante, ESF-, Págs. 65 y 108). El que fuera declarado por Mussolini “filósofo del fascismo”, Giovanni Gentile, decía sobre los ideales fascistas que su cumplimiento por el individuo se daba “sometiéndose a una disciplina férrea y concurriendo de tal modo en la realización de un mundo que lo trasciende” (ESF, Pág. 110-111). En Guayaquil, de manera contraria a la libertad general de las personas, el municipio impone esa disciplina férrea para hacer cumplir a los individuos los ideales de moralidad que el propio municipio ha dispuesto para ellos en sus ordenanzas: el respeto a la "moral" y las buenas costumbres” .

La vaguedad y la ambigüedad de las supuestas infracciones a la "moral" y las “buenas costumbres” es funcional al firme propósito del municipio de Guayaquil de imponer “orden” y “disciplina” en los espacios públicos, porque le concede a los funcionarios municipales encargados de su aplicación una amplia discrecionalidad para decidir si un acto X de un ciudadano constituye o no infracción. De ahí que las conductas que se repriman a los ciudadanos, con particular énfasis en “zona regenerada”, abarquen desde aspectos básicos de la autonomía individual, como besos, gestos o formas y lugares para sentarse, pasando por el uso obligatorio de cierta vestimenta en el cerro Santa Ana y por los taxistas –esta última, fallida- así como las prohibiciones de acceso a los espacios públicos, hasta llegar a las restricciones a los derechos de reunión, a la libertad de expresión y a la protesta.

La prohibiciones que se entrometen en el ámbito de la autonomía individual se las justifica desde el más alto nivel del municipio local: con ocasión de la persecución a la agrupación Litro x Mate, que terminó por pintarle de gris su propiedad privada a Daniel Adum, el alcalde Nebot declaró: “Aquí todo el mundo tiene que pedir permiso” para pintar su casa, y no solamente en materia de contenidos, sino incluso "si lo que quiero pintar es armónico". (Están advertidos.)

Ahora, en general, los funcionarios municipales para justificarse cuando aplican este tipo de prohibiciones invocan, en los niveles inferiores, el consabido “yo sólo cumplo órdenes”, y en los niveles directivos, el supuesto cumplimiento de la ley, entendida de forma fascista. Por ejemplo, el director de justicia y vigilancia, Xavier Narváez, en la audiencia pública en el juicio contra Daniel Adum, declaró (min. 06:00 - 06:04) “lo que sí es objetivo es la ley, y su cumplimiento” y el director de cultura y promoción cívica del municipio de Guayaquil, Melvin Hoyos, precisó la idea por la señal de Ecuavisa: “vivir en una sociedad, que existen leyes, que existen normas, regulaciones que en el momento en que nosotros violamos estas normas del convivir social, en ese momento nosotros estamos yendo en contra de lo que debe hacerse”. Esta postura expresada por los directores municipales coincide plenamente con la doctrina fascista del “legalismo ético”, según la cual “es justo aquello que es ordenado por el solo hecho de ser ordenado” (ESF, Pág. 120) sin necesidad de justificación racional alguna.

El municipio de Guayaquil rechaza la “educación en libertad” porque incurre en el mismo defecto que Bobbio le atribuyó al filosofo fascista Giovanni Gentile: el de tener una “interpretación desviada del liberalismo que lo llevó a ver la realización plena de la idea liberal en un Estado policial” (ESF, Pág. 104). Su legislación, sus discursos y sus prácticas son concluyentes en el sometimiento de sus ciudadanos a una disciplina férrea, redactada en términos vagos y ambiguos, justificada por el sólo dictado de la ordenanza y aplicada de manera discrecional, lo que resulta contrario a la libertad general de sus ciudadanos.

2) El municipio de Guayaquil rechaza el “gobierno del control y del consenso”

El “gobierno del control y del consenso” implica un municipio abierto a la participación de la sociedad civil para deliberar y fiscalizar las decisiones de sus autoridades y la administración de sus dineros.

El municipio de Guayaquil, en contraste, es contrario a que la sociedad civil participe de la deliberación y la fiscalización de sus actos. Ninguna ordenanza del municipio de Guayaquil establece ningún mecanismo de participación ciudadana para la deliberación y gestión de asuntos de interés público. Cuando el 2008 se quiso incorporar el mecanismo de participación de la “silla vacía” establecido en la Constitución (Art. 101) el municipio de Guayaquil la rechazó.

El Código Orgánico de Organización Territorial, Autonomía y Descentralización (COOTAD) obliga a la democratizacion de los municipios "mediante el impulso de la participación ciudadana", la que está definida como un derecho por el que se garantiza a los ciudadanos "la elaboración y adopción de decisiones", así como "la gestión compartida y el control social de planes, políticas, programas y proyectos" (Arts. 2.f y 3.g). Su artículo 29 establece como una de las funciones de los municipios la "de participación ciudadana y control social" y que la participación social debe orientarse "por los principios de igualdad, autonomía, deliberación pública, respeto a la diferencia, control popular, solidaridad e interculturalidad". Dichas disposiciones obligaron a que el municipio de Guayaquil adopte una ordenanza de participación ciudadana, sobre la cual, sin embargo, Nebot declaró terminante: “a mí no me vengan teóricos de participación ciudadana a enseñar lo que eso significa”. El diseño de la participación ciudadana en la ordenanza, como lo explicó el concejal Vicente Taiano, debía hacerse para “evitar intromisiones en las gestiones del Alcalde”. Y tal cual, así se hizo.

El municipio adoptó una "ordenanza que regula el sistema de participación ciudadana en el cantón Guayaquil" (sobre la que escribió en mayor detalle Ángel Largo Méndez, por acá) que crea una Asamblea Cantonal de Participación Ciudadana integrada por el alcalde y un concejal quienes, por sí solos, tienen "una representación del 51% del total de los miembros de la asamblea", por un "régimen dependiente" que incorpora las dependencias administrativas municipales y entidades afines que tienen "una representación participativa del 19%" y por el restante 30% que lo componen organizaciones sociales, la mayoría afines al municipio, a las que se designa en la propia ordenanza. Claramente un sistema diseñado no para los ciudadanos participen, sino para que no jodan.

La legislación, los discursos y las prácticas contrarias a la participación de los ciudadanos en la gestión municipal se complementan con el uso de barras que entorpecen usualmente las intervenciones de los concejales que no se encuentran alineados a lo dispuesto por el alcalde Nebot. Estas personas de las barras, que es improbable que actúen por cuenta propia, son en la práctica del municipio de Guayaquil su forma más cabal de participación ciudadana.

3) El municipio de Guayaquil rechaza la “sustitución de la fuerza por la persuasión”.

La “sustitución de la fuerza por la persuasión” implica una creciente apelación a la razón como mecanismo de persuasión a los ciudadanos. Sin embargo, la violencia verbal ejercida contra aquel que pretenda disentir de las decisiones municipales es la moneda común. Cuando los informales plantearon a las autoridades municipales un sensato proyecto común que incluía "definir las zonas de trabajo, los productos que se puedan vender, otorgar permisos de funcionamiento para los vendedores, la entrega de un carné de funcionamiento y creación de un programa de capacitación", Nebot les respondió que "todo lo que venga de ellos va al archivo". Cuando se pretendió discutir lo del seguro social, Nebot mostró un loro para responder a personas que "sólo hablan y cuando hablan tampoco dicen nada" (la tradición de la derecha populista guayaca es el insulto y la agresión verbal, de las que Febres-Cordero es el obvio predecesor de Nebot. En todo caso, es un rasgo que pertenece más al populismo –ante el pueblo querer vender la imagen de tipo bien parado- que de la derecha propiamente dicha, el caso de Correa es ejemplo de ello. La diferencia entre uno y otro es que los políticos de derecha son generalmente impunes para el insulto y la agresión verbal –la prensa en general, pero sobre todo la de opinión, usualmente minimiza los hechos- mientras que los políticos que no son de esa tendencia –Correa, Bucaram- son largamente estigmatizados). Cuando alguien se atrevió a discutir la conveniencia de las tarjetas “La Guayaquileña”, Nebot contestó que “solo un tarado puede pensar eso” y que "si están transtorados que vayan al psiquiatra y si son ignorantes que aprendan"; cuando en una entrevista complaciente con Carlos Vera, su entrevistador le mencionó que existía un crítico de su gestión municipal, Ramón Sonnenholzner, ni siquiera escuchó la crítica para mandarlo a "que opine en Alemania" sobre Hitler (min. 07:06 - 07:26); cuando se intentó establecer a instancias de la gobernación presidida por Roberto Cuero un diálogo entre alcaldía y gobernación, Nebot lo mandó a hablar con una negra, porque Cuero es negro (?). (Ésta, en materia política, es una de las respuestas más profundamente imbéciles que he visto en mi vida).

Por supuesto que la violencia verbal palidece frente a la agresión física que proviene del municipio local, por parte de su policía metropolitana, cuyas peores consecuencias las padecen los informales. Las imágenes hablarán mejor y más preciso que las palabras, véanse el documental “Guayaquil Informal” de autoría de Ernesto Yturralde, para unos casos documentados de violencia física. Sobre estos casos de violencia que no puede considerarse (por razones políticas) “crónica roja”, los diarios los reportan que se detuvieron doce personas y hubo cuatro heridos (como El Universo en esta ocasión) pero ninguna investigación adicional, ningún afán de profundizar en las causas de esa violencia, o en sus consecuencias para quienes fueron detenidos o resultaron heridos. Parece implícito, que esta violencia puede admitirse.

El discurso verbal tan violento como impune cuando se trata de descalificar a sus opositores (que no se priva de reducirlo a la condición de animal o de discriminación racial), más la violencia física (ejercida incluso por el alcalde contra una autoridad judicial) cotidiana en las calles y ejercida por policías metropolitanos, es prueba del rechazo del municipio local a “sustituir la fuerza” por la persuasión.

Final

El cómo pudo implantarse un gobierno fascista en Guayaquil tiene la misma explicación que la que lo permitió en Italia: “la conquista del poder por parte del fascismo fue el resultado de una fecunda alianza entre precisos intereses de clase y turbios ideales, favorecidos por la crisis moral, social y económica que atravesaba un [cantón] como el nuestro, por larga tradición más acostumbrado a la opresión que a la libertad” (ESF, Pág. 80). En el original, entre los corchetes, se leía "país", pero la frase calza precisa para Guayaquil, una sociedad siempre conservadora y durante un tiempo corrompida por “la crisis moral, social y económica” del roldosismo, cuyo superación ha dado como resultado esta organización política cuyo funcionamiento de contenido fascista se describe en este artículo.

No tengo mayores expectativas que este texto produzca debate alguno con gente que defienda al municipio de Guayaquil. Esto, porque desde el municipio, su política es nunca debatir asuntos de interés público: a pesar de que se los invita, si no se trata de un ambiente complaciente (discursos políticos en actos de entidades afines o entrevistas en ciertos programas de TV, por ejemplo), nunca asisten. Para comunicarse con sus ciudadanos tienen un departamento de prensa que, como se comprobó en el caso contra la censura previa que implementó el municipio en el concurso Salón de Julio, no tiene empacho alguno en mentir.

En cambio, la gente que no es funcionaria municipal, pero que defiende a la Alcaldía creo que tendría grandes dificultades para desmentir las premisas en que fundamento mi opinión (después de todo, la mayoría son tomadas desde la propia autoridad a la que dicen defender) así como también creo que no podrían razonar cómo, una vez tenidas por verdaderas esas premisas, éstas no se adecúan a lo descrito como características propias del régimen fascista. Las más de las veces, la defensa de ellos se resuelve en vagas generalizaciones, falacias ad-hominem o sospechas paranoides, que no contribuyen a ningún debate serio. Pero puedo pecar de pesimista: a lo mejor, tienen otras premisas (que no sea, por favor, “hace obra pública”: justificar por eso prácticas de fascismo muestra ningún respeto por la idea de democracia) o mejores razonamientos que los expuestos hasta aquí. Ojalá. Veremos.

Pero de los funcionarios del municipio, ninguna respuesta. Porque lo típicamente fascista, como bien lo advirtió Bobbio, es el “primado de la acción por sobre el pensamiento, vale más un escuadrista que un profesor, hay más cultura en los bastonazos que en los garrapateos de los intelectuales” (ESF, Pág. 145), que es también, lo típicamente municipal (traducido a guayaco, “escuadrista” equivale a “garrotero” y “bastonazos” a “toletazos”). En manos de esta gente está la administración de nuestra ciudad. Un anacronismo brutal, para una sociedad democrática del siglo XXI.

El Dios de Pinochet

24 de septiembre de 2010




El Dios de Pinochet: un retrato de familia del “fascismo” iberoamericano. El libro es menos de lo que yo esperaba (tiene más de divulgación que de análisis profundo) y se le notan las costuras, pero resulta sumamente útil para documentar y atizar un justificado desprecio.