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La fundación de Quito

28 de agosto de 2026

            Publicado en diario Expreso el viernes 28 de agosto de 2026.

Un día como hoy, hace 492 años, se fundó San Francisco de Quito. Por mor de precisión: el 28 de agosto de 1534 Diego de Almagro fundó la villa española de San Francisco, en la provincia de Quito. El 6 de diciembre de 1534 Sebastián de Benalcázar trasladó la villa de San Francisco a su ubicación definitiva, en la misma provincia que se estaba conquistando por la Corona de Castilla. La trasladó al sitio donde se levantaba la Kitu indígena, quemada y arrasada por Rumiñahui para que los conquistadores no se puedan apropiar de sus riquezas. 

El acta de la fundación de San Francisco es diáfana en el lugar y la fecha en que este hecho tuvo lugar: “En la ciudad de Santiago a veinte y ocho días del mes de agosto del nacimiento de nuestro salvador…”. La ciudad de Santiago había sido fundada trece días antes, el 15 de agosto. Contra toda evidencia se ha dicho de esta ciudad que se extinguió, que fue reemplazada por la villa de San Francisco o que se convirtió en Riobamba. En la realidad documentada, tanto la ciudad de Santiago como la villa de San Francisco subsistieron, ambas fueron fundadas por Diego de Almagro y ambas fueron trasladadas a otros destinos por Sebastián de Benalcázar. 

Que la ciudad y la villa subsistieron se evidencia por las probanzas de once soldados dadas el 12 de octubre de 1534, quienes confirmaron a pedido de Almagro que “en la dicha provincia de Quito” él había fundado una ciudad y una villa. Más concluyente es la provisión del gobernador Francisco Pizarro del 22 de enero de 1535, pues él había firmado un contrato para la conquista con la Corona de Castilla y era quien debía aprobar lo hecho por Almagro en la “provincia de Quito”. En esta provisión, Francisco Pizarro aprobó la fundación de los dos pueblos hecha por Diego de Almagro en nombre de la Corona, “el uno, la ciudad de Santiago y el otro, la villa de San Francisco”.

Subsistieron, y lo que sigue son los traslados. Primero, la villa de San Francisco fue trasladada al lugar donde se decía en su acta de fundación que se la debía trasladar: “el pueblo que en lengua de indios, se llama Quito, que estará treinta leguas, poco más o menos, de esta ciudad de Santiago”. Allí, Benalcázar la asentó el 6 de diciembre de 1534. He aquí el origen de un equívoco: a este conquistador lo celebran como el fundador, cuando no lo fue; a esta fecha la consideran el día de su fundación, cuando realmente es un día como hoy, 28 de agosto. 

El mismo Benalcázar, después de realizado este asentamiento de San Francisco sobre las ruinas de Kitu, regresó al Sur para el traslado de la ciudad de Santiago a un lugar más conveniente, hecho que también estaba prefigurado en su acta de fundación: “pareciéndole á su señoría quel dicho pueblo se debe mudar á otra parte, con el su nombre, se pueda mudar, por que el presente á causa de ser la tierra nuevamente conquistada e andar acabándola de pacificar, no se ha visto ni tiene esperiencia de los sitios donde mejor pueda estar el dicho pueblo…”.

Benalcázar la trasladó a la Costa a inicios de 1535, pero Santiago siguió su peregrinaje por los trópicos hasta asentarse en la cima de un cerro en 1547, con el nombre que la acompaña desde entonces: Santiago de Guayaquil. 

Almagro, el fundador

12 de junio de 2026

            Publicado en diario Expreso el viernes 12 de junio de 2026.

Diego de Almagro (neé Montenegro, en un lugar de la Mancha de donde él tomó su apellido) era tuerto y analfabeto cuando en una quincena de agosto de 1534 fundó una ciudad y una villa. Con un parche en su rostro para cubrir la cuenca vacía de su ojo derecho, perdido en 1525 por una lanceada en la lucha contra los indígenas de Punta Quemado, Almagro le pidió a un escribano que firme en su nombre el acta de fundación de la ciudad de Santiago (firmó Blas de Atienza) y el acta de fundación de la villa de San Francisco (firmó Juan de Espinoza), ambas en la provincia de Quito. 

Diego de Almagro es un héroe desconocido: en 1534 él fundó una ciudad y una villa que, en el curso de los años, se convirtieron en las dos ciudades más pobladas e importantes de la República del Ecuador, un territorio independiente del reino para el que Almagro tanto luchó desde su llegada a América en 1514, tanto, que le había costado un ojo de su cara (se atribuye a su cuenca vacía el origen de la coloquial frase). 

Diego de Almagro no recibe de las ciudades de Guayaquil y Quito un justo homenaje. Ellas prefieren recordar a Orellana y a Benalcázar, conquistadores españoles que participaron en el traslado de las poblaciones a nuevos asentamientos, más convenientes para su desarrollo. Esto ocurre a pesar de que Almagro se preocupó de dejar inequívoca evidencia de que él fue su fundador. 

Cuando Almagro y su hueste tomaron rumbo al sur para encontrarse con Francisco Pizarro, jefe de la conquista del Perú, Almagro hizo que en San Miguel, el 12 de octubre de 1534, varios soldados dejen una constancia inequívoca de su rol de fundador. En sus probanzas, ante la pregunta: “si saben, que en la dicha provincia de Quito… Y en muy buenas comarcas, según se requiere, dejé fundados dos pueblos: la ciudad de Santiago de Quito y la villa de San Francisco…”, once soldados confirmaron la afirmación de Almagro. El 22 de enero de 1535, sus dos fundaciones fueron aprobadas por el jefe de la conquista, Francisco Pizarro.

Diego de Almagro conocía la imprevisibilidad y los vaivenes de la conquista, por lo que fue precavido y en ambas actas de fundación que firmaron en su nombre, consignó que la ciudad que él fundó el 15 de agosto y la villa que él fundó el 28 de agosto puedan mudarse a otros lugares, como en efecto ocurrió. La villa de San Francisco marchó en seguida al norte, a ubicarse en el sitio donde ahora está, mismo que estaba prefigurado en el acta del 28 de agosto (como el traslado fue en el ámbito de la misma provincia, conservó el “de Quito”). El traslado a su nuevo asentamiento lo hizo Benalcázar, lo que está en el origen de la confusión de atribuirle a él una fundación que nunca hubiera podido hacer, porque no tenía autorización para ello. Él únicamente podía trasladar lo fundado, y eso fue lo que hizo. 

La ciudad de Santiago de Quito se trasladó muchas veces (una de ellas, por Orellana) hasta encontrar su destino en 1547 frente a un río grande, en la cima de un cerro. Por salir del ámbito de la provincia de Quito, la ciudad perdió este topónimo y asumió otro. Quedó como Santiago de Guayaquil. 

Guayaquil y Quito comparten un mismo fundador: el tuerto, analfabeto y olvidado Diego de Almagro.

Quito se fundó en Santiago

22 de mayo de 2026

            Publicado en diario Expreso el viernes 22 de mayo de 2026.

El título de esta columna es una afirmación inobjetable, que paso a precisar: la villa de San Francisco de Quito se fundó en la ciudad de Santiago de Quito. Esta fundación de una villa española en los Andes ocurrió el 28 de agosto de 1534.

Así lo confirma el acta de fundación de la villa de San Francisco de Quito, constante en el “Libro Verde” publicado por primera vez en 1934. Este documento bien merece ser parte de la Memoria del Mundo de la UNESCO, pues registra el acta de nacimiento de las dos ciudades más pobladas e importantes del Ecuador, ocurridas el 15 y el 28 de agosto de 1534.

El 15 de agosto se fundó la ciudad de Santiago, por razones estratégicas, para afirmar que la conquista estaba en manos de los españoles que reconocían como su jefe a Francisco Pizarro, frente a la posible pretensión de conquista del mismo territorio que podrían tener los españoles que reconocían como su jefe a Pedro Alvarado. Estos últimos vinieron en barcos desde Centroamérica y llegaron a la costa de Caráquez en febrero de 1534. Por meses, subieron la montaña sólo para encontrarse con la novedad de que en estos territorios deambulaban los hombres de Pizarro.     

Pudo ser un enfrentamiento, pero fue una negociación. La reciente ciudad de Santiago fue el escenario de la negociación entre soldados de conquista. Allí, en un campamento militar montado en las cercanías de la laguna de Colta, Diego de Almagro, en representación de Pizarro, acordó con Pedro Alvarado que, por una paga, Alvarado se volvía. Esto se decidió el 26 de agosto.

La conquista del territorio de los Andes seguía estando en manos de los hombres de Pizarro y era el momento de expandirla. Por eso, dos días después, en la ciudad de Santiago se fundó una villa. Su acta de fundación, constante en el “Libro Verde”, empieza con estas palabras contundentes: “En la ciudad de Santiago a veinte y ocho días del mes de agosto del nacimiento de nuestro salvador…”.

Las primeras palabras del documento fundacional de Quito indican el lugar de su fundación. Se ha dicho que ese lugar, la ciudad de Santiago, dejó de existir. Pero eso es falso. Un total de once testigos declaran la existencia de Santiago en probanzas hechas el 12 de octubre de 1534 a petición de Diego de Almagro, su fundador. Y despeja toda duda la aprobación del adelantado Francisco Pizarro (hecha en una Lima de cuatro días de fundada, el 22 de enero de 1535) de lo actuado en la provincia de Quito por Diego de Almagro, fundando dos pueblos, “el uno, la ciudad de Santiago y el otro, la villa de San Francisco”.

La villa de San Francisco de Quito se trasladó a un lugar que constaba en su acta fundacional. (Además, la ascendieron a ciudad pronto, en 1541). Se fue para el norte y se asentó en su lugar definitivo el 6 de diciembre de 1534. Equivocadamente, allí celebran esta última fecha como la de su fundación.

La suerte de la ciudad de Santiago de Quito fue distinta. Se trasladó a la Costa y se asentó en varios lugares, hasta que en 1547 lo hizo de manera definitiva en el cerro Santa Ana, frente a un río grande. Conservó el nombre español (Santiago) pero cambió el topónimo (de Quito a Guayaquil).

En una incipiente ciudad que sería Guayaquil, se fundó Quito.

El nacimiento del Quito español

29 de marzo de 2026

En noviembre de 2023 se publicaron los tres volúmenes de “Historia de Quito. Patrimonio mundial y capital del Ecuador”, coeditado por la Corporación Editora Nacional y el Municipio de Quito, en cuyo segundo capítulo del primer volumen, Carlos Landázuri Camacho escribe sobre “La conquista de Quito”. (1) Es un texto fascinante para observar cómo se distorsiona la historia a pesar de la evidencia existente.

El antecedente necesario: en agosto de 1534, los españoles fundan una ciudad y una villa, en la llanura de Liribamba, hoy Sierra central del Ecuador. La ciudad se fundó el 15 de agosto y se llamó Santiago de Quito, la villa se fundó el 28 de agosto y se llamó San Francisco de Quito (“Quito”, por ser el nombre de la región que los españoles estaban conquistando).

Landázuri Camacho adhiere a la idea de la fundación de Santiago de Quito como una “prueba jurídica” de la conquista del Reino de Quito frente a las pretensiones del adelantado Pedro de Alvarado. E indica que Diego de Almagro “el 15 de agosto de 1534 fundó en Riobamba la ciudad de Santiago de Quito” (p. 60), y añade que esto se lo hizo “con las formalidades legales del caso y dejando constancia escrita de todo: cabildo, alcaldes, regidores, vecinos, todo ello en nombre del monarca español” (pp. 60-61). Y concluye entonces que “la estrategia de Almagro funcionó” (p. 61).

Hasta aquí, todo bien. Pero luego Landázuri Camacho se manda esto: “Volviendo al caso de Santiago de Quito, no está claro si Diego de Almagro la fundó como una población real, destinada a desarrollarse a través del tiempo, o solamente como un recurso jurídico-político, para demostrar que esos territorios ya habían sido conquistados y comenzado su colonización” (p. 61). Esta es una idea absurda, porque Almagro tuvo muy claro que había fundado una ciudad y una villa en esa agitada quincena de agosto del 34. Tal es así, que Almagro solicitó a testigos de las fundaciones de la ciudad y la villa que, el 12 de octubre de 1534 en San Miguel, hagan unas probanzas que así lo acrediten. (2)

A la pregunta: “si saben, que en la dicha provincia de Quito… Y en muy buenas comarcas, según se requiere, dejé fundados dos pueblos: la ciudad de Santiago de Quito y la villa de San Francisco”, un total de once testigos confirmaron en sus probanzas la existencia simultánea de una ciudad y una villa, fundadas por Diego de Almagro. (3)

Para despejar cualquier vestigio de duda: la ciudad de Santiago es “una población real” porque su fundación la aprobó el 22 de enero de 1535, de manera específica, el gobernador Francisco Pizarro, en cuyo nombre las fundaciones de la ciudad y de la villa se habían hecho. (4) 

No contento con esto, Landázuri Camacho despacha esta certeza: “Lo que sí está claro es que la ciudad de Santiago de Quito desapareció de inmediato, tras la partida de Almagro hacia el sur y de Benalcázar hacia el norte y, por lo mismo, nunca existió en la realidad como ciudad, más allá del papel” (p. 61). Esta afirmación es temeraria y contradice el “cuidadoso rigor académico” que supuestamente tiene esta obra (p. 11). Porque tanto existió Santiago de Quito como ciudad, que se celebraron todos los actos para convertirla en “una población real” (Landázuri Camacho dixit) y se celebraron cabildos en ella para discutir cómo tratar la incursión de Pedro de Alvarado, e incluso, como se evidencia en su acta del 28 de agosto, ¡allí se fundó, allí nació, la villa española de San Francisco de Quito! (5)

Posteriormente, esta ciudad donde se fundó Quito se trasladó a la Costa, conservó su nombre español (Santiago) y agregó el nuevo nombre indígena de la región que los españoles estaban conquistando (Guayaquil). Y se empezó a llamar Santiago de Guayaquil.

*

(1) El volumen I “Visión histórica de Quito” de “Historia de Quito” contiene artículos de Segundo Moreno Yánez, Carlos Landázuri Camacho, Javier Gomezjurado Zevallos, Enrique Ayala Mora y Wilson Miño Grijalva. Un comité editorial compuesto por diez personas (David Arcentales, Dora Arízaga, Ramiro Ávila, Enrique Ayala, Javier Gomezjurado, Francois Laso, Luis Mora, Diego Raza, Alfonso Ortiz, María A. Vásquez) supervisó la redacción de la colección de tres volúmenes. 

(2) Dora León Borja y Ádám Szászdi, “Santiago de Quito-Santiago de Guayaquil (1534-1536)”, en: Estudios sobre las fundaciones de Santiago de Guayaquil, Archivo Histórico del Guayas, Guayaquil, 2006 (pp. 75-154). Es un síntoma de la falta de rigor académico que en su análisis de la bibliografía sobre la fundación de Guayaquil en la llanura de Liribamba y sus posteriores traslados hasta situarse en la cima del cerro Lominchao, Landázuri Camacho omita toda referencia a los estudios de León Borja y Szászdi, probablemente quienes han desarrollado con mayor rigor la hipótesis publicada por primera vez, en 1955, por Miguel Aspiazu Carbo.  

(3) En el citado texto, se transcriben (a riesgo de ser repetitivas) nueve declaraciones, de los testigos Francisco de Villacastín, Bernardo Ramírez, Bartolomé de Segovia, Alonso Téllez, Diego de Vega, Pedro Bravo, Antonio Picado, Álvaro Alonso y Vicente Béjar (pp. 95-97).  

(4) El adelantado Francisco Pizarro aprobó el 22 de enero de 1535 en la Ciudad de los Reyes lo realizado por Diego de Almagro en los dos pueblos, “el uno, la ciudad de Santiago y el otro, la villa de San Francisco”, de los que tuvo “por bien de confirmar y aprobar lo que el dicho Mariscal, por virtud del dicho mi poder, hizo y proveyó en la provincia de Quito, y por la presente, en nombre de su Majestad, lo confirmo y apruebo”.

(5) Resulta cuando menos curioso que de la ciudad de Santiago de Quito sí mencione Landázuri Camacho que se la fundó en Riobamba (el pueblo de indios con ese nombre, no confundir con la Fríobamba actual), pero de la villa de San Francisco de Quito omita el lugar de su fundación, que son ¡las primeras líneas del acta que constituye y crea a la villa que él está historiando!

Los primeros días de Santiago

17 de octubre de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 17 de octubre de 2025.

Santiago es el nombre castellano de una ciudad que Diego de Almagro fundó para entrar a una negociación en los tiempos de la conquista de América. En los Andes, los conquistadores del bando del adelantado Pizarro estaban sometiendo la provincia de Quito, cuando tuvieron la noticia de la llegada a ese territorio de otros conquistadores bajo el mando del adelantado Alvarado. 

Pizarro era el gobernador del territorio que se estaba conquistando y Diego de Almagro era su teniente de gobernador en la provincia de Quito, con facultad para fundar ciudades y villas en el proceso de conquista. Santiago fue la primera y fue una fundación en toda la regla, con alcaldes, regidores y vecinos. 

En palabras de los historiadores Dora León y Ádám Szászdi, con la fundación de esta ciudad se quiso reforzar “el derecho al territorio que el rey había concedido a Pizarro con una clara señal de que su título no sólo era de jure, sino también de facto” y también se le quiso poner una barrera a Alvarado “ante sus pretensiones de avanzar hasta el Cuzco, para que se viere obligado a atropellar la justicia real, en las personas de los alcaldes ordinarios, si pretendía proseguir su marcha hacia el sur”.

En la ciudad de Santiago se discutió entre los conquistadores del bando de Pizarro, acerca de cómo enfrentar a Alvarado y su hueste. Almagro se dirigió a los conquistadores reunidos en el cabildo de la ciudad de Santiago para decidir “si será bien estorbarle y resistirle que no pase ni ande por esta dicha Gobernación, para excusar los daños que ha hecho y podía hacer andando en ella, o si le dejara pasar y se irá adelante con alguna gente”.

Finalmente, en la ciudad de Santiago se reunieron Almagro y Alvarado. Se evitó el combate entre sus huestes, porque se llegó a un acuerdo: el pago de 100.000 pesos de oro al adelantado Alvarado para comprar sus naves, dejando en libertad a los que vinieron con él para quedarse en la conquista con el adelantado Pizarro o volverse con él por donde habían venido.

Antes de partir al Sur para que Alvarado reciba el pago acordado, en la ciudad de Santiago Diego de Almagro fundó la villa de San Francisco, para ocupar un poblado indígena situado al Norte (para este traslado Almagro encargó a un subordinado, Benalcázar). Todos estos acontecimientos ocurrieron en una quincena de agosto del año 1534, en la provincia de Quito que se estaba sometiendo a mayor gloria del rey de Castilla.

Ambas, la ciudad de Santiago y la villa de San Francisco, se mudaron de su lugar de fundación (estos traslados no implicaban nuevas fundaciones; la fundación es un acto único, como el nacimiento de una persona). San Francisco lo hizo dentro de la provincia de Quito, por lo que conservó su topónimo original y quedó como San Francisco de Quito.

En el caso de la ciudad de Santiago, los conquistadores la trasladaron a la Costa y perdió su topónimo original (Quito) y tomó otros nombres (Santiago en Estero de Dimas, Santiago de Amay, Santiago de la Culata), hasta que terminó por adoptar su nombre definitivo: Santiago de Guayaquil, en su ubicación definitiva: el cerro Lominchao (hoy conocido como Santa Ana). Pocas ciudades en América tuvieron un comienzo tan agitado como el suyo.

El "Libro Verde"

15 de agosto de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 15 de agosto de 2025.

Un día como hoy, hace 491 años, un mariscal, hombre analfabeto y tuerto, de nombre Diego de Almagro, fundó la ciudad de Santiago de Quito en el valle de Cicalpa (hoy, Sierra central del Ecuador). Trece días después, ese mismo hombre fue el fundador de la villa de San Francisco de Quito, en el mismo lugar. La historia de estas fundaciones se cuenta en el “Libro Verde”, conservado en el Archivo Metropolitano de Historia de Quito (también accesible en su página web), que contiene las actas de fundación de Guayaquil y de Quito, ciudades (Quito lo es desde 1541) que comparten un mismo lugar de fundación y un mismo fundador.

También comparten el hecho de haber sido unas fundaciones provisionales. En el acta de fundación de Santiago de Quito (documento 6 del “Libro Verde”) se prevé que Santiago “se pueda mudar porque al presente, a causa de ser la tierra nuevamente conquistada y andar acabándola de pacificar, no se ha visto, ni tiene experiencia de los sitios donde mejor pueda estar”. El acta de fundación de San Francisco de Quito (documento 10 del “Libro Verde”) es más específica, porque hace referencia a un pueblo “que en lengua de indios, [ahora] se llama Quito, que estará treinta leguas, poco más o menos, de esta ciudad de Santiago”. Y allá se asentó la villa de una manera definitiva el 6 de diciembre de 1534. 

Diego de Almagro fundó la ciudad y la villa en nombre del gobernador y adelantado Francisco Pizarro. Consta en el documento 13 del “Libro Verde” que Francisco Pizarro aprobó el 22 de enero de 1535 lo realizado por Diego de Almagro en dos pueblos, “el uno, la ciudad de Santiago y el otro, la villa de San Francisco”, de los que tuvo “por bien de confirmar y aprobar lo que el dicho Mariscal, por virtud del dicho mi poder, hizo y proveyó en la provincia de Quito, y por la presente, en nombre de su Majestad, lo confirmo y apruebo”.

La ciudad y la villa subsistieron y ambas se mudaron del lugar de su fundación. San Francisco de Quito acudió a su destino inscrito en el acta de su fundación. Santiago de Quito empezó a peregrinar por la costa, perdió el topónimo “de Quito” y se terminó por asentar el año 1547 en un cerro que mira a un ancho río, adoptando otro topónimo (“de Guayaquil”) para acompañar a su Santiago castellano.  

Difieren Santiago de Quito y San Francisco de Quito en su relación con el momento de la negociación entre Diego de Almagro y el adelantado Pedro de Alvarado. Santiago de Quito es anterior a esta negociación que ocurrió el 26 de agosto de 1534, mientras que San Francisco de Quito es posterior. 

Esta diferencia es importante. Diego de Almagro fundó Santiago de Quito, en palabras de González Suárez, como un testimonio de “la anticipada posesión de la tierra en donde se había introducido tan incautamente el Adelantado”, es decir, como un arma ante la inminente negociación con Alvarado (en el “Libro Verde” constan los cabildos celebrados en la ciudad de Santiago de Quito para dilucidar cómo enfrentarlo a Alvarado). Almagro triunfó en la negociación del 26 de agosto y la fundación de San Francisco de Quito es el producto de su éxito. 

Este “Libro Verde” es clave para comprender el origen de las dos ciudades más importantes del Ecuador.

Orígenes belicosos

11 de julio de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 11 de julio de 2025.

La historia de Santiago de Guayaquil es singular. La causa eficiente, para su fundación en la Sierra en 1534 y para su asentamiento definitivo en la Costa en 1547, fueron unas disputas entre los conquistadores.

La fundación en la Sierra: esta primera disputa se resolvió con un acuerdo. Ocurrió en la etapa temprana de la conquista del Perú, cuando únicamente se había fundado la ciudad de San Miguel de Piura (como San Miguel de Tangarará) en 1532. Los conquistadores en disputa eran Francisco Pizarro y sus huestes, que ya estaban conquistando el territorio del Perú, frente a Pedro Alvarado y sus huestes que venían de Guatemala, a conquistar ese mismo territorio. El punto de encuentro de estos conquistadores fue la Sierra central del actual Ecuador, cerca de la laguna de Colta.

Pudo ser una batalla, pero los hombres de Alvarado venían devastados por subir la montaña desde Caráquez y los hombres de Pizarro tenían un mejor título para la conquista del Perú. Para afianzar su mejor título, incluso fundaron una ciudad (la segunda de la conquista del Perú) el 15 de agosto de 1534, previo a su encuentro con Alvarado, a la que llamaron Santiago. En aquel entonces, fue conocida como Santiago de Quito, porque tal era el nombre indígena de la vasta región que los europeos estaban conquistando. 

Finalmente, los conquistadores negociaron y se acordó que Alvarado recibiría cien mil pesos de oro y que se volvería por donde vino (la gente que lo acompañó era libre de decidir si se quedaba o se iba con él). Pero esa Santiago de Quito, usada para la negociación, subsistió, se trasladó a la Costa y tomó el nombre de Santiago de Guayaquil. 

El asentamiento definitivo en la Costa: esta segunda disputa se resolvió con sangre. Ocurrió en el ocaso de la conquista del Perú, en el contexto de la guerra que capitaneó un hermano de Francisco Pizarro, Gonzalo, para defender los privilegios de explotación de (los abusos a) los indígenas a través del régimen de encomiendas, frente a la pretensión del rey de limitar dichos privilegios/abusos.

Este asentamiento definitivo enfrentó a los gonzalistas frente a los realistas en 1547. Para esta época, San Francisco de Quito, fundada después de la negociación con Alvarado, se había convertido en sede de una Gobernación y la Santiago trasladada a la Costa debía servir como su puerto. El Gobernador de Quito era un gonzalista, Pedro de Puelles, quien había nombrado como tenientes de su Gobernación a Manuel Estacio en Guayaquil y a Francisco Olmos en Portoviejo. En la disputa entre gonzalistas y realistas, Olmos se pasó al bando del rey.

Entonces Olmos y otros entusiastas fueron a Santiago de Guayaquil, donde asesinaron al teniente Estacio y a otros dos gonzalistas (Gutiérrez y Marmolejo) el 6 de abril de 1547. Por temor a la venganza que vendría desde Quito ordenada por el gobernador gonzalista Puelles (que tenía una bien ganada fama de despiadado), se tomó la decisión de trasladar la ciudad a la orilla opuesta a la que haría fácil el ataque desde la ciudad de Quito pero que también haría muy difícil el que Santiago de Guayaquil sirva como puerto para esa misma ciudad. 

Y así quedó, hasta que en 1970 se construyó el puente de la Unidad Nacional.

Las fiestas de Julio

4 de julio de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 4 de julio de 2025.

Empezó el mes de Julio en Santiago de Guayaquil: el mes de su santo patrono Santiago el Mayor, también conocido como Santiago Apóstol, pero no el mes de su fundación.

Porque su fundación ocurrió el 15 de agosto de 1534, lo que convierte a Santiago de Guayaquil en la ciudad más antigua fundada en el territorio del actual Ecuador (pues la villa de San Francisco de Quito se fundó trece días después, el 28 de agosto). Se la fundó en la montaña, en la actual Sierra central del Ecuador, en las cercanías de la laguna de Colta; por eso, al nombre español de la ciudad (“Santiago”), en los tiempos de su fundación en la montaña, se lo apellidaba “de Quito”, porque tal era el nombre indígena de la vasta región donde la ciudad había sido fundada.

Cuando la ciudad fundada aquel 15 de agosto se trasladó a la Costa para servir de puerto a una San Francisco de Quito que el 6 de diciembre de 1534 se había asentado en su ubicación actual, treinta leguas al Norte de su lugar de fundación, la ciudad de Santiago tomó distintos nombres según el lugar de su asentamiento. Así, ella fue Santiago en Estero de Dimas, Santiago del río de Amay y Santiago de la Culata, para tomar, tras su asentamiento definitivo en el cerro Santa Ana en 1547, su nombre definitivo: Santiago de Guayaquil.

Durante años, la fundación de Guayaquil fue un enigma. El hombre que empezó a descifrar este enigma, quien enlazó a la Santiago de Quito fundada en la Sierra en 1534 con la Santiago de Guayaquil asentada en la Costa en 1547, se llamó Miguel Aspiazu Carbo (1905-1991). Él escribió el libro “Las fundaciones de Guayaquil” en 1955, hace setenta años, que fue publicado por la editorial de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. La Municipalidad de Guayaquil le otorgó a Aspiazu, por esta obra, la Medalla al Mérito Científico.

En esencia: Miguel Aspiazu Carbo dedujo que existían tanto la ciudad de Santiago de Quito como la villa de San Francisco de Quito por la provisión del adelantado Francisco Pizarro, fechada 22 de enero de 1535, por la que confirmó en sus cargos a los designados como alcaldes y regidores en ambos lugares. 

Con este antecedente, Aspiazu se planteó enlazar a la ciudad de Santiago de Quito en la Sierra con la ciudad de Santiago de Guayaquil en la Costa. Aspiazu demostró que, por Cédula Real del 4 de mayo de 1534, el adelantado Francisco Pizarro estaba autorizado “para que cada y cuando le pareciera que un pueblo fundado o que fundare se deba mudar de sitio lo pudiese mudar al sitio que le pareciese, con su nombre”. Y con su nombre, Santiago, la ciudad se mudó de la Sierra a la Costa. 

Esto último se demostró porque Aspiazu encontró una provisión del rey, de septiembre de 1540, donde constaba el nombre de Santiago de Quito para identificar a la ciudad de Santiago que se había trasladado a la Costa y que terminaría siendo Santiago de Guayaquil en 1547. Las investigaciones originadas por este libro pionero (de Dora León, de Ádam Szászdi, de Julio Estrada) sólo han confirmado la hipótesis aventurada por Aspiazu en 1955.

De todas maneras, hay que seguir festejando el 25 de julio: es el día de Santiago, nombre que ha acompañado a esta ciudad desde su fundación en la montaña el 15 de agosto de 1534.

Salvajes europeos en lucha

18 de agosto de 2023

            Publicado en diario Expreso el 18 de agosto de 2023.

Para Santiago de Guayaquil, los pleitos entre europeos durante la conquista del territorio americano fueron la causa para su fundación en 1534 y su ubicación definitiva en 1547.

En 1534, el adelantado Pedro de Alvarado y sus huestes llegaron a las costas occidentales de Sudamérica, específicamente a la bahía de Caráquez. Desde allí se adentraron para subir la cordillera.

Ocurrió que el adelantado Francisco Pizarro y sus huestes ya estaban conquistando ese espacio sudamericano. Ellos supieron que los de Alvarado venían a disputar el territorio y Pizarro lo despachó a Diego de Almagro para enfrentarlos. Estos europeos se encontraron en agosto de 1534 y en condiciones muy distintas. 

Los de Almagro venían equipados y bien dispuestos a la batalla, mientras que Alvarado y su gente eran una multinacional de harapientos. Despeñaderos, clima hostil y la ceniza del Tungurahua; hambre, sed y un cansancio sin fin. La subida de la cordillera les costó cientos de hombres y bestias, y cuando los de Alvarado se encontraron con la gente de Almagro ya no estaban en condiciones de guerrear. 

Más aún, para sostener frente a Alvarado un mejor título para la conquista del territorio, Almagro había fundado el 15 de agosto de 1534 una ciudad con el nombre de Santiago de Quito. El 26 de agosto Almagro y Alvarado convinieron que este último recibiría 100.000 pesos de oro y se iría por donde vino, dejando en libertad a su gente para acompañarlo en su vuelta o quedarse. Entre otros, se quedó Pedro de Puelles. 

A Almagro lo ajusticiaron los pizarristas en 1538, a Pizarro lo asesinaron los almagristas en 1541. Alvarado también murió ese año, luchando contra un levantamiento de los indígenas. Y en cuanto a Santiago de Quito, con el tiempo se mudó a la Costa, perdió su “de Quito” (pues ya no se situaba en ese territorio) y se convirtió en Santiago de Guayaquil, por el nombre de un cacique chono.

En 1547, Santiago de Guayaquil, que siempre se había situado en la ribera oriental del río, se mudó a la orilla occidental del río para hallar su asentamiento definitivo. Su traslado se debió al pleito entre la Corona de Castilla y unos europeos rebeldes capitaneados por Gonzalo Pizarro. Él y otros conquistadores se rebelaron para explotar a los indígenas a su gusto y a perpetuidad. En respuesta, la Corona de Castilla envió a Sudamérica a un pacificador, el obispo Pedro de la Gasca. Esto lo cambió todo. 

El rebelde Pizarro había nombrado a Pedro de Puelles como Gobernador de Quito. Francisco de Olmos era el Teniente del Gobernador en Portoviejo y Manuel Estacio era el Teniente del Gobernador en Guayaquil. Cuando Olmos se enteró de la venida del obispo de la Gasca, Portoviejo volvió a la Corona. Enseguida Olmos se fue a Guayaquil acompañado de otros europeos, a conseguir que ella también regrese a la Corona. Y para conseguirlo, mataron al Teniente Estacio y otras personas.

Temerosos de la venganza del gobernador rebelde Puelles por esta traición y crimen, un día indeterminado de 1547 Guayaquil fue trasladada a la orilla occidental del río. Puelles nunca pudo ejecutar su venganza, pues lo mataron el 29 de mayo de 1547.   

Y fue después de tanta sangre, que Guayaquil finalmente encontró su casa.

Dos famosos parientes extremeños

16 de mayo de 2020


Faltaban quince largos años para que se funde la ciudad de Santiago de Guayaquil cuando el extremeño Hernán Cortés empezó, el año de N. S. de 1519, la conquista de México. En esta empresa, Cortés se adelantó al Gobernador de Cuba, Diego Velásquez, en atacar Tierra Firme. Su audacia le rindió frutos, porque el resto resulta historia más o menos conocida: quemar las naves, Malinche, Moctezuma, la Noche Triste, el triunfo postrero de los invasores castellanos. Lejos de convertirse en un bandido, en 1522 el Rey Carlos I de Castilla lo premió a Cortés con el nombramiento de Gobernador de la Nueva España, el primero en una larga lista de funcionarios que se extendió casi por tres siglos hasta la independencia del Reino.

En 1532, otro extremeño, Francisco Pizarro, acometió la conquista del Perú. Por las capitulaciones de Toledo firmados con la Corona de Castilla, Pizarro se convirtió en Gobernador de los territorios que iba a descubrir, con el membrete de Gobernador de Nueva Castilla. La historia que sigue es, también, harto conocida: la entrada de las tropas castellanas en Cajamarca, la trampa y ejecución del inca Atahualpa, la ocupación del Cuzco, la negociación con Pedro de Alvarado, la fundación de la Ciudad de los Reyes (Lima), capital del Virreinato del Perú desde 1542 hasta su disolución por la independencia del Reino. Pizarro residió en la ciudad de Lima (por él fundada) hasta que fue muerto en 1541 por los “almagristas”, partidarios de Diego de Almagro (quien fuera el fundador en 1534 de la ciudad de Santiago de Quito –postrer Santiago de Guayaquil- y de la villa de San Francisco de Quito) que se vengaron así de la muerte de Almagro, ordenada por los “pizarristas” y llevada a cabo en la Plaza de Armas del Cuzco el 8 de julio de 1538.

El caso, muy de entrecasa, es que Cortés y Pizarro fueron dos parientes (tío lejano Pizarro de Cortés, primo segundo de su madre) que habitaban más allá del río Duero (extrema Dorii, “Extremadura”) y que viajaron a la América a tentar su suerte y resultaron los principales agentes de la conquista castellana en el nuevo continente, esos hombres a quienes el Rey Carlos I de Castilla (un fulano nacido en Gante, que no hablaba el idioma de Castilla y que explotaba estas tierras en beneficio de la Casa de Austria, en su otra faceta de Carlos V Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico) confió, en gran medida, la tarea de perpetrar la sangrienta conquista de sus nuevos e inmensos territorios allende el Atlántico.

Hernán Cortés lo sobrevivió a su tío Pizarro por seis años. Murió en Castilleja de la Cuesta, el año de N. S. de 1547, mismo año en que la ciudad de Santiago de Guayaquil se asentó de manera definitiva en el Cerrito Verde, con vista a un caudaloso río. 

Pacífico no pacífico

4 de abril de 2020


En los años de mi vida, más allá de las aguas de otros océanos (el Atlántico y el Índico) he visto y disfrutado de las aguas del Pacífico. Mi familia tiene una propiedad desde la que se observa la punta Santa Elena, uno de los sitios más salientes del Pacífico Sur y límite Norte del golfo de Guayaquil. El sitio ha conservado el nombre de la madre del emperador romano Constantino, aquel que puso fin a la persecución del cristianismo con el edicto de Milán del 313. Después de esto, ya los perseguidores serían los cristianos. Y la sub-especie castellana sería una de las más feroces.

El caso es que en Europa desconocían de la existencia del océano Pacífico hasta que el extremeño Vasco Núñez de Balboa y su muchachada lo pudo observar por primera vez en 1513. Recuerdo que en la escuela nos enseñaban que sus palabras, cuando lo descubrió (sumergido en aguas ahora panameñas), fueron: “Oh, mar, qué pacíficas son tus aguas”, en un diálogo con el mar que prefigura a nuestro capo-cómico Alvarito.

Prefigurando a Alvarito. (Nuestro capo-cómico no necesita armadura).

Y dentro de la ancha geografía del océano Pacífico, fue recién en 1527 que uno de los invasores europeos avistó la punta que ahora lleva el nombre de Santa Elena (o Helena, como se escribía endenantes), puesto que el día que la avistó, el 18 de agosto, constaba la tal santa en el santoral, y por ello, ahí está su nombre recogido en el accidente geográfico, en el nombre de la provincia y aún en su capital. Santa Elena rocks.

El invasor que le puso nombre a esta punta fue otro extremeño, Francisco Pizarro. Antes, Pizarro había estado en Panamá y allí lo conoció a su paisano Vasco Núñez de Balboa (años después, su apellido sería moneda), a quien él tuvo el gusto de meterlo preso por disposición del Gobernador Pedro Arias Dávila. Al autor de “Oh, mar…” se lo condenó a muerte y se lo ejecutó enseguida (eran tiempos de justicia sumaria, el rey andaba muy lejos). Se optó por su decapitación, que se llevó a cabo el 15 de enero de 1519.

Después de Panamá, Pizarro se dirigió al Sur, nombró a la punta Santa Elena y a otros tantos lugares, creó ciudades y ocupó y dominó unos territorios inmensos en la América del Sur, todo en nombre de su rey lejano. Pero como a muchos otros, a Pizarro lo mataron. En su caso, fueron los partidarios de Diego de Almagro (entre otras lindezas, fundador en una quincena de agosto de 1534 de la ciudad y villa que devendrían en Guayaquil y Quito) quienes entraron a su casa en la recién fundada Lima (established since 1535) para, a cargamontón, darle chicharrón. Y cumplieron los muchachos almagristas: ello ocurrió el 26 de junio de 1541. Lo mataron a Pizarro (se dice que le atravesaron una espada en la garganta) para vengar la muerte de Almagro, la que se había llevado a cabo en la Plaza de Armas de Cuzco por la vía del estrangulamiento por torniquete, el 8 de julio de 1538.

En resumidas cuentas, la invasión de América por las hordas castellanas fue una matanza, pero lo fue en dos vías: se liquidó a mucha de la población indígena (menos de lo que se piensa por la violencia –lo que es lógico, pues ellos querían explotarlos- y mucha más por las enfermedades para las que los indígenas no tenían inmunidad, como la viruela, la sarampión y otras –los COVID-19 antes del COVID-19), pero también se mataron entre los mismos invasores para acumular más poder y mayor gloria entre los sobrevivientes.

Es así que en este muy breve repaso sobre el océano Pacífico y uno de sus accidentes geográficos, nos encontramos con que al descubridor europeo del océano lo decapitaron y al que le puso el nombre Santa Elena a la punta le cayeron a espadazos, por haberlo, a su vez, estrangulado a Diego de Almagro…

Lo dicho, aquello fue una matanza.

Una fundación intempestiva y útil

10 de enero de 2017


Dos conquistadores españoles disputan un territorio en tierras del naciente Perú en el mes de agosto de 1534, pero para evitar la lucha se sientan a negociar (1). En esta negociación, el conquistador Diego de Almagro tenía las de ganar, pues de su parte estaban el derecho y la fuerza (2). El saldo de la negociación fue una compraventa forzada y una licencia general: el pago de 100.000 pesos de oro por todo el bagaje que el conquistador Pedro de Alvarado había traído de Guatemala a Perú y la libertad a los hombres que habían venido con él a conquistar, para decidir si regresaban o se quedaban. La mayoría se quedaron.

Esta negociación entre Diego de Almagro y Pedro de Alvarado tuvo lugar el 26 de agosto de 1534. Unos días antes, el 15 de agosto, Diego de Almagro había fundado la ciudad de Santiago de Quito como estrategia para afirmar la posesión del territorio. De esta manera, Almagro (nacido de apellido Montenegro en Almagro, La Mancha) sumó un argumento para demostrar la posesión del territorio en disputa a favor del adelantado Francisco Pizarro y, en consecuencia, orillar a Alvarado al abandono inmediato de su empresa conquistadora.

Es imposible determinar en qué medida pesó, pero la fundación ese 15 de agosto de 1534 de la ciudad que derivó en Santiago de Guayaquil, a juzgar por los resultados, satisfizo el propósito que espoleó su intempestiva hechura (3).

(1) Pudo ser distinto: ‘El mal clima contra la expedición de Alvarado’, Xavier Flores Aguirre, 9 de abril de 2016.
(2) El derecho, pues Francisco Pizarro tenía una capitulación a su favor (dada por la corona de Castilla en Toledo, el 25 de abril de 1529) que lo nombraba “Gobernador del Perú”, mientras que Pedro de Alvarado tenía una capitulación a su favor (dada en Medina del Campo, el 5 de agosto de 1532) que le impedía conquistar “las tierras en las que hoy hay proveídos gobernadores”, v. Ortuño Sánchez-Pedreño, José María, ‘Los afanes del adelantado de Guatemala, Pedro de Alvarado por descubrir y poblar en el mar del sur. Documentos y exploraciones’. Revista de Estudios Histórico-Jurídicos, Vol. 27 [2005], pp. 251-279. La fuerza, pues las huestes de Alvarado llegaron a las alturas de Liribamba ya muy mermadas. Al respecto, ver el enlace anterior.
(3) ‘El azar de un nombre’, Xavier Flores Aguirre, 3 de noviembre de 2015.