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Vargas Llosa, Karl Popper y Guayaquil

11 de septiembre de 2016


El escritor peruano Mario Vargas Llosa (1936) recibió un doctorado honoris causa de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) y reivindicó, en su discurso de investidura, al filósofo austríaco Karl Popper (1902-1994) pues “probablemente ningún pensador político ha hecho de la libertad y del espíritu crítico algo tan absolutamente esencial como Karl Popper” (1).

Vargas Llosa disfrazado de preservativo. "Sólo la puntita", aclaró. Foto: Javier Cotera.
 
Creo que es precisamente Karl Popper quien ha acuñado la frase que mejor describe el “espíritu” del socialcristianismo en Guayaquil: “la verdadera ignorancia no es no tener conocimientos, sino rehusarse a adquirirlos” (2). El socialcristianismo es un acto de fe (en rigor, una delusión) acompañado de ejercicios de fuerza; procedimientos, en todo caso, en los que rara vez acontecen razonamientos (“yo sólo cumplo órdenes”).

Un socialcristiano de cepa, como bien se sabe, prescinde de los datos. Para él, el recuerdo del infame roldosismo y su delusión (“concepto sin verdadera realidad”) sobre Guayaquil le bastan y le sobran. En su cabeza atolondrada, Guayaquil es una ciudad eficiente y próspera (¡?). Nos hace falta en Guayaquil aquel espíritu crítico que Vargas Llosa reivindicaba en su intervención: “Ese espíritu crítico [que] nos permite aprender de nuestros errores y convertir las mentiras en verdades y las verdades deficientes en verdades operativas”.

A Guayaquil le hacen falta volquetadas de “espíritu crítico” para extirpar la nefasta delusión socialcristiana.  

(1) ‘Mario Vargas Llosa, doctor honoris causa por la UIMP’, Real Academia Española, 7 de septiembre de 2016.
(2) La explicación sobre el porqué esta frase define a los socialcristianos se la encuentra en el siguiente artículo: ‘El socialcristianismo, enfermedad social (test para su detección)’, Xavier Flores Aguirre, 11 de agosto de 2011.

El derecho a la contradicción (el caso "Vargas de Preysler")

5 de agosto de 2016


Para el poeta francés Charles Baudelaire, uno de los derechos cuya incorporación se olvidó en la Declaración de los Derechos del Hombre fue el derecho a contradecirse (1). El contraste entre el Vargas Llosa setentero (fresquito el caso Padilla) frente al Mario Vargas de Preysler actual es una muestra del ejercicio pleno de este derecho (2).

Hace unas semanas publiqué una entrada en la que cité a Ignacio Sánchez-Cuenca cuando recordaba que Vargas Llosa había convertido a ese esperpento llamado Esperanza Aguirre (presidenta calamitoso-derechosa de la Comunidad de Madrid por años) en una “Juana de Arco del liberalismo” (un poderoso pedo mental del arequipeño). Sánchez-Cuenca sitúa a Vargas Llosa como un intelectual que “cuando habla de política, lo hace de forma muy superficial, con gran osadía y sin demasiado amor por los hechos o la lógica” (3). Tal vez un desamor por los hechos similar al que Varguitas mostraba cuando era un irrestricto defensor del castrismo y afirmaba muy suelto de huesos que la Revolución Cubana había “mostrado que la justicia social era posible sin despreciar la dignidad de los individuos, sin dictadura policial y estética” (4). Esto, tras el Caso Padilla.

El proceso de derechización de Vargas Llosa es, por supuesto, tan legítimo como contradictorio. La contradicción, en todo caso, se resuelve en un poso común que tienen sus dos versiones (el izquierdista de antes, el derechista de ahora): la ligereza de sus opiniones políticas, las más de las veces tan superficiales como sentenciosas. No está en cuestión el derecho de Varguitas a contradecirse; el que sus argumentos resulten pobres en uno y otro caso, eso es ya otra cosa, que merece un análisis por cuenta propia (5).

(1) Charles Baudelaire (1821-1867) encarnó como nadie el derecho a la contradicción: v. Silvina Friera, ‘La mayor provocación del poeta maldito’, Página/12, 26 de enero de 2016.
(2) ‘El mito del liberal heroico’, Xavier Flores Aguirre, 23 de abril de 2016; ‘¡Ay, Varguitas!’, Xavier Flores Aguirre, 17 de mayo de 2016.
(3) Miguel Mora & Vanesa Jiménez [entrevista a Ignacio Sánchez Cuenca], ‘"Hay que acabar con la cultura de amiguetes"’, Contexto y Acción, No 53, 24 de febrero de 2016. Comenté este artículo en: ‘Periodismo de opinión’, Xavier Flores Aguirre, 10 de abril de 2016.
(4) ‘El mito del liberal heroico’, Xavier Flores Aguirre, 23 de abril de 2016.
(5) Así como otra veta de análisis es su indiscutible talento literario. Un fuera de serie.

¡Ay, Varguitas!

17 de mayo de 2016


Es casi un lugar común admitir que Mario Vargas Llosa es un gran escritor de prosa de ficción, pero un pésimo redactor de artículos sobre temas de política. Este fin de semana volvió a perpetrar un artículo de pésima factura, al que tituló ‘Otra argentina’ (1) en el que elogió sin tapujos a Mauricio Macri, de la misma acrítica manera con la que antes elogiaba al régimen político de Fidel Castro (2). 

El primer párrafo del artículo de Varguitas cifró su elogio: Mauricio Macri es el gran exterminador del “Gobierno K”. El segundo párrafo debería explicarnos a los lectores el porqué esto es así, pero empieza con unas palabras problemáticas: “No es necesario recurrir a sondeos y estadísticas para demostrarlo”. Así, si el autor se permite obviar estos procedimientos científicos para formarse opinión, ¿en qué se fía entonces para alcanzarla? Cuenta Varguitas:
 
“El cambio está en el aire que se respira, en la manera de hablar de la gente sobre el momento actual, el alivio y el optimismo con que a la mayor parte de conocidos y desconocidos les oigo comentar la actualidad política”. 
Esta opinión superficial de Vargas Llosa (porque así se forman criterio las abuelas, mientras tejen ropa para sus nietecitos) se agrava cuando menciona los tres méritos que le atribuye al gobierno de Macri: el acuerdo con los “fondos buitre”, la visita de Obama a la Argentina y la crítica a la situación de los derechos humanos en Venezuela. Es de notar, primero, que Varguitas no menciona ninguna reforma concreta de política interna. Más aún, realmente impresiona todo lo que omite: en un artículo reciente publicado en The New York Times, titulado ‘Lo que Obama debe saber sobre la Argentina de Macri’ se refieren varios de estos hechos problemáticos: “El riesgo de militarizar el orden público, el debilitamiento de los límites institucionales al poder ejecutivo, la criminalización de la protesta y una obsesión por la promoción de políticas ortodoxas de libre mercado: nada de esto tiene buenos ecos en América latina” (3). Ninguno de ellos merece siquiera una palabra de Vargas Llosa. Tal vez no se lo cuentan a esta abuelita colmilluda las personas con las que se acompaña para formarse opinión.

Así, en el idealizado mundo de Varguitas, el mérito principal de Macri ha sido la superación del kirchnerismo (porque el kirchnerismo es el otro malo) y su apuesta a futuro es que “con las reformas en marcha, las inversiones extranjeras, retraídas todos estos años, volverán en gran número a una tierra tan pródiga, creando los empleos que hacen falta y elevando los niveles de vida y las oportunidades para los argentinos”. Una confianza sorprendente, dado el hecho cierto de que Varguitas no se animó a describir en su artículo ninguna de esas luminosas reformas. Pero sobretodo, una apuesta que será fallida, dada la superficialidad y el sesgo con el que Varguitas la fundamenta (4). Así, el Nobel peruano confirmó que en temas de política no pasa hoy de ser un cheerleader de los poderosos de la derecha, como antes lo era de poderosos de un diferente ropaje (5).

(1) Vargas Llosa, Mario, ‘Otra argentina’, Diario El país (España), 15 de mayo de 2016. Las siguientes citas corresponde a este texto, salvo indicación en contrario.
(2) ‘El mito del liberal heroico’, Xavier Flores Aguirre, 23 de abril de 2016.
(3) Gastón Chillier & Ernesto Semán, ‘Lo que Obama debe saber sobre la Argentina de Macri’, The New York Times, 23 de marzo de 2016. Vargas Llosa omite, cómodamente, las consecuencias de las reformas: v. Ana delicado, ‘En dos meses Macri pone Argentina al servicio del capital internacional y echa a la calle a 27.000 funcionarios’, Diario Público, 7 de febrero de 2016; Federico Rivas Molina, ‘La imagen de Macri cae más de 10 puntos desde diciembre por el tarifazo’, Diario El país (España), 12 de abril de 2016. 
(4) Ignacio Sánchez-Cuenca escribió un libro titulado ‘La desfachatez intelectual’, en el que critica a varios que hacen opinión política en España, por “la impunidad con la que opinan, un estilo mucho más literario que analítico, su viraje desde la izquierda hacia posiciones reaccionarias” y, en particular, sobre Vargas Llosa sostiene que “cuando habla de política, lo hace de forma muy superficial, con gran osadía y sin demasiado amor por los hechos o la lógica. Releyendo artículos antiguos en los que ensalza a Rosa Díez o a Esperanza Aguirre –llega a decir que si la “Juana de Arco del liberalismo” [se refiere a E. Aguirre, la liberal que sostenía que el que los indigentes duerman en la calle “ahuyenta a los turistas”, N. del A.] hubiera gobernado, España habría evitado la crisis-, te das cuenta de la frivolidad con la que están escritos”, v. Miguel Mora & Vanesa Jiménez [Entrevista a Ignacio Sánchez-Cuenca], ‘Hay que acabar con la cultura de amiguetes’, CTXT, 28 de febrero de 2016. El periodismo de opinión ecuatoriano comparte los atributos de estos intelectuales a los que se refiere Sánchez-Cuenca, pero en una calidad muy inferior.
(5) Supra nota 2.

El mito del liberal heroico

23 de abril de 2016


Los otros días, encontré en un artículo de Alfonso Reece las siguientes afirmaciones:
 
“Temprano Vargas Llosa tomó el partido de los buenos, cuando junto con Jean Paul Sartre y otras figuras de las artes y el pensamiento se opusieron a la persecución del castrismo contra el poeta Heriberto Padilla. Eso no le perdonaron” (1). 
Esto que afirma Alfonso Reece es falso. En 1971, año del llamado “Caso Padilla” al que alude Reece en su artículo de opinión, César Hildebrandt entrevistó a Mario Vargas Llosa, teniendo como antecedente el que Vargas Llosa había renunciado al comité de la ‘Casa de las Américas’ cuya directora, Haydeé Santamaría, lo había acusado “de sumar su nombre a la lista de los ‘peores calumniadores de la revolución’” (2). Pero Vargas Llosa, lejos de “tomar el partido de los buenos” (lo que, in the parlance of Reece, supondría una abjuración de sus ideas socialistas) ratificó claramente su compromiso con el socialismo.

Vargas Llosa empezó la entrevista así, en respuesta a la pregunta de si su actitud frente al llamado ‘Caso Padilla’ ha afectado la imagen de la Revolución Cubana:
 
“Yo no he hecho más que protestar por estos sucesos que contradicen lo que siempre he admirado en la Revolución Cubana: haber mostrado que la justicia social era posible sin despreciar la dignidad de los individuos, sin dictadura policial o estética”. 
La Revolución Cubana llevaba ya doce años (3) pero Vargas Llosa considera lamentable a este episodio por “la extraordinaria oportunidad que brindan a la derecha y al imperialismo de atacar la solución socialista par [sic] los problemas de América latina”.

El imperialismo atacando la “solución socialista” para América latina. El ‘San Mario’ resulta ser un precursor del comandante Chávez.

Pero esto no es todo. En medio de la entrevista, que se realizaba a través de una conexión telefónica entre Lima y Barcelona, Vargas Llosa se pone a leer una declaración que había entregado a la prensa sobre este tema, en la que afirmaba que su renuncia al comité de la revista ‘Casa de las Américas’
 
“es una acto de protesta contra un hecho específico que sigo considerando lamentable, pero no es ni puede ser un acto hostil contra la Revolución Cubana, cuyas realizaciones formidables para el pueblo de Cuba son llevadas cabo [sic] en condiciones verdaderamente heroicas, que he podido verificar personalmente en repetidos viajes a la isla. El derecho a la crítica y a la discrepancia no es un privilegio burgués. Al contrario, sólo el socialismo puede asentar las bases de una verdadera justicia social, dar a expresiones como ‘libertad de opinión’, ‘libertad de creación’, su verdadero sentido”. 
En doce años de dictadura castrista, lo que tenemos en Vargas Llosa es un testigo presencial de las “realizaciones formidables” del pueblo de Cuba. Lo opuesto al mito que Reece contribuyó a difundir.

Esta es una fotografía de la entrevista que publicó la revista Caretas, constante en el blog que he citado en abundancia en esta entrada:

Revista Caretas, junio de 1971
En todo caso, lo más probable es que en la hagiografía que de este santón pretendan hacer los talking heads de la derecha figurará su ruptura inmediata con la revolución cubana a partir del ‘Caso Padilla’.

Y justo es admitirlo, la maquinaria mediática de la derecha es mucho más eficaz que el agua bendita (4).

(1) ‘San Mario de Arequipa’, Alfonso Reece Dousdebés, 18 de abril de 2016.
(2) ‘Entrevista a Vargas Llosa Caretas, junio de 1971’ [entrevistado por César Hildebrandt], marioelescribidor.blogspot.com, 19 de noviembre de 2010. Esta es una bitácora “que recopila los escritos del Nobel de Literatura peruano, Mario Vargas Llosa, así como las versiones a favor y en contra de su obra. No es un espacio auspiciado por el novelista ni por sus editores. Pretende ser un habitad [sic] de las diferentes corrientes de pensamiento que envuelven al extraordinario escritor y su extensa producción literaria y periodística”. Tarea loable y alejada de la hagiografía. En esta entrada, toda futura cita corresponde a este texto, salvo indicación en contrario.
(3) Un tiempo mayor que el que lleva el gobierno de Correa en el poder. Pero Varguitas todavía no se desengañaba…
(4) Que, en rigor, es un mecanismo para que unos pocos se enriquezcan a costilla de la ingenuidad de unos muchos.

Periodismo de opinión

10 de abril de 2016


Esta entrevista a Ignacio Sánchez-Cuenca describe y critica a un sector del periodismo de opinión en España (compuesto por figuras tales como Mario Vargas Llosa, Antonio Muñoz Molina, Fernando Savater, Félix de Azúa, Javier Cercas, Arturo Pérez-Reverte, Jon Juaristi) y es como si describiera (mutatis mutandis) al periodismo de opinión ecuatoriano, esas plumas que escriben en los periódicos de difusión nacional. Pero es peor: porque en vez de Pérez-Reverte tenemos a Pedro Valverde (1).

Algún estudio académico debería emprender una categorización de los columnistas de opinión en el Ecuador. A nadie sorprendería, creo, que el resultado arroje una aplastante homogeneidad de origen (clase media para arriba, colegios privados) y una profunda comunidad de intereses (usualmente vinculados a la derecha política y, en menor medida, de cuño conservador). Hay un cierto barniz de modernidad en las páginas de opinión, pero en el fondo se parecen a lo que critica Sánchez-Cuenca, esto es, un tipo de opinión más literaria que analítica, con prescindencia de datos y abuso de los tópicos (2). O sea, un típico periodista de opinión ecuatoriano, ni más ni menos.

(1) Miguel Mora & Vanesa Jiménez [entrevista a Ignacio Sánchez Cuenca], ‘"Hay que acabar con la cultura de amiguetes"’, Contexto y Acción, No 53, 24 de febrero de 2016. Alguna vez comenté unas esperpénticas columnas de Valverde, v. ‘Comentarios a la columna de Pedro Valverde’, Xavier Flores Aguirre, 13 de agosto de 2008; ‘Pedro‘Darth’ Valverde no decepciona’, Xavier Flores Aguirre, 12 de agosto de 2009. Hace años que no lo leo.
(2) Por oposición a este periodismo de opinión 'literario', Ignacio Sánchez-Cuenca propone en esta entrevista la emergencia de un periodismo de opinión 'investigativo': "Por investigación me refiero a que cada afirmación que hagas tiene que venir respaldada por datos o por argumentos ulteriores que a su vez dependen de datos. Se trata de un debate menos ideológico, más atento a la información empírica. Aquí [en España y en Ecuador, N. del A.] estamos acostumbrados a que el tipo de querella política sea muy parecido a la s querellas literarias, y así se degrada mucho el debate político". Un caso nefasto, puesto en evidencia por Sánchez-Cuenca, es el de Vargas Llosa, quien en un extremo de su verbosidad sin fundamento llegó a llamar a Esperanza Aguirre la "Juana de Arco del liberalismo". Y la moderna "Juana de Arco" es esto: 'Aguirre quiere prohibir que los indigentes duerman en la calle: "Ahuyenta a los turistas"', Diario Público, 27 de abril de 2015. 

Cocaína (1 poema, 1 prosa, Herbert)

30 de octubre de 2009

Tengo que admitir que hace tiempo que no tengo mucha ocasión de leer otros libros que no sean aquellos relacionados, en particular, con el derecho y la política. Sea por trabajo o por vocación, son esos los libros a cuya lectura suelo abocarme de manera cotidiana, con casi nunca exento placer. Mis raptos literarios suelen ser escasos: la mayoría de las veces se reducen a relecturas o lecturas parciales de poemas, cuentos y crónicas (un género que me gusta mucho, que se lo cultiva bien en revistas como Soho y Gatopardo y en el que el ecuatoriano Juan Fernando Andrade destaca con sencilla lucidez).

Los aviones suelen funcionar como espacios de tiempo muerto que sobrevuelan el espacio a alta velocidad para permitirnos la delicia de recorrer las páginas de un libro a lenta morosidad con el propósito de olvidarnos de ese tiempo muerto y adentrarnos en nuevas posibilidades literarias o revisitar las adquiridas. Mario Vargas Llosa ha escrito unas líneas interesantes al respecto en la entrada Avión de su exquisito Diccionario del amante de América latina, en la que ha declarado, en primera persona, que encontró para su miedo a los aviones un remedio que “nunca me ha fallado, a condición de elegir, en cada vuelo, una obra maestra cuyo hechizo, además de fulminante, se prolongue exactamente el tiempo que estoy desafiando la ley de gravedad. Desde luego, no es nada fácil elegir la obra adecuada, en términos de calidad y duración, para cada recorrido. […] Hago una lista (en señal de gratitud) de estos serviciales amigos, que, en mis últimos exitosos empeños de emular a Ícaro, me ayudaron a vencer el miedo al avión: Bartleby y Benito Cereno, de Melville; Otra vuelta de tuerca, de Henry James; El perseguidor, de Julio Cortázar; Dr Jekyll y Mr. Hyde, de R. L. Stevenson; El viejo y el mar, de Hemingway; The monkey, de Isak Dinesen; Pedro Páramo, de Rulfo; Obras completas y otros cuentos, de Monterroso; Una rosa para Emily y El oso, de Faulkner, y Orlando, de Virginia Woolf. Afortunadamente para mí, la farmacia literaria tienen reservas inagotables de estos especímenes, de modo que tengo viajes aéreos (y buenas lecturas) para rato”. A mí, mi último vuelo me permitió una lectura, digamos, más modesta en el nombre pero no menos placentera que la que a mí me han deparado algunos de esos grandes títulos de la literatura universal a los que se refiere Vargas Llosa. Ese nombre modesto es el del mexicano Julián Herbert (Acapulco, 1971) y su título (tendente al escándalo para los pacatos de siempre) es Cocaína (Manual de usuario).

No tengo la intención de hacer una crónica literaria (el tiempo no me da para esa tarea) que algunos han realizado por acá y por acá; ni tampoco de presentarles, de manera general, al autor (quien puede presentarse solo, por acá). Solo diré que un tipo cuyo obra Javier Rodríguez Marcos ha podido presentar en términos de “la obra de alguien que en el escuela traducía a Ovidio y en casa aprendía a tocar con la guitarra las canciones de Nirvana. Visto lo visto, el latín de Seattle da grandes resultados”, difícilmente podría decepcionarme. Leído lo leído, en su crudeza de junkie y en la fiera desnuda de su lenguaje en el que caben todos los decepcionados del mundo, no cupo nunca la decepción, if you know what I mean. Dos abrebocas, next:

Intermitencias del True West (I)
Zapatistas en el baño de mi casa

Oh nena no sabes que noche terrible
yo estaba feliz pensando en ti
escribiendo un poema sobre la primavera
un amigo se acerca y me pide que hospede a
3 ó 4 zapatistas que están en la ciudad
oh mi amor dije que sí gustoso
todavía pensando en ti
todavía escribiendo mi poema
no sabía no no sabía
que me estaba metiendo con el méxico bronco

dieron una conferencia y pude dormir a gusto
pero luego al hospedarlos descubrí que me engañaban
no eran 3
sino 10
y ninguno guerrillero
sus profesiones eso sí me resultaron muy extrañas
4 punks
1 vendedor de camisetas
2 marxistas ortodoxos infiltrados en telmex
2 europeos mohosos pero de muy buenas familias
y el décimo se me hace que había sido boxeador
porque ya briago le dio por descontar al respetable

pero lo más triste baby
ah honey
es que todos vivían en Monterrey
sólo habían ido a Chiapas a
mirar una cascada

Apenas instalados pidieron de cenar
sin importarles que yo pensara en ti
que todavía no terminara mi poema
me miraron con desprecio me llamaron
individualista
luego pusieron un caset de def con dos
otro de los Ramones
y cantaron como si vomitaran

Convencido de que no se apiadarían cociné para ellos
1 kilo de huevo 6 tomates 20 chiles 80 tortillas 2 bolsitas
de frijoles
Ellos me apresuraban
sus ojos relampagueaban
varios litros de tonayan escurrían de sus labios
la casa apestaba como un temazcal de mezcal

Pasé la noche en vela

sorbiendo coca colas

sin poder orinar pues siempre había
(siemprehabíasiemprehabía)

zapatistas en el baño de mi casa
zapatistas en el baño de mi casa

Luego de discutir
de golpearse
de hablar mal del gobierno
de censurar a marcos
de alabar la dictadura proletaria de la esquina
luego de cabecear de vomitar regurgitar de carraspear de
abofetearse
nuevamente
mutuamente hasta la sangre
hasta los belfos
luego de asegurarme que zapata había sido
maricón
se fueron por fin con esa cruda
que sólo da a las diez de la mañana
se fueron dejando como única prenda
como único recuerdo
un caset de los Violent Femmes

En cuanto desaparecieron
como si todo fuera magia
o todo fuera un viejo sueño
se esparció la primavera sobre el tufo de la cruda
varitas de nardo creciendo en tus fotos
flores en tu cabello guacareado
sentí unas ganas locas de declamar poesía
y eso que aún me faltaba lo más bello
Oh honey
llegaste pisando los talones de la primavera
con la propiedad privada de tus pechos chiquitos
con el imperialismo a cuadros de tu blusa verde
hey dear –estabas lista
para pasar a la catafixia y –mientras te desnudabas
perdoné mentalmente a los explotadores que se comieron
mi comida
que vomitaron en mis muebles y me dieron
a cambio
nomás este caset
de pronto supe que nunca voy a rebelarme
No sé quien soy
soy tan voluble
me conformo con un trago
una cuenta de vidrio y un caset
me conformo con un pase
una blusa tirada y un caset

Y por eso te digo:
pásame el espejito para verme de cerca
porque ya no distingo donde está el bien
dónde está el mal

Estamos bateando basura

No importa si eres sacerdote, borracho, maricón o policía. No importa si vives en la Del Valle, en Hong Kong, en Las Gradas o en la Luna. No importa si tu hobby es escribir discursos, matar árabes, pescar ostiones en Guaymas, limpiar baños en Durango o fornicar en los hoteles de Calzada de Tlalpan con muchachas chaparritas. Hay algo en lo que estoy totalmente de acuerdo contigo: lo que más abunda en la atmósfera es oxígeno e hijos de puta. Y no lo digo para complacerte, no, ni mucho menos para hacerte creer que tú y yo somos mejores, nada de eso: estoy hablando completamente en serio. Ahora que, tú bien sabes, de vez en cuando aparecen personas luminosas.

Hay una vecindad a donde voy a conectar de vez en cuando. El cuarto del Bueno está al fondo. Es una habitación destartalada: apenas una cama, pósters de desnudos, una gramera, bolsas de polvo y piedra y, me imagino que debajo del colchón, más dinero del que a ti y a mí nos pagan por trabajar durante meses. Para llegar a ese cuarto es necesario atravesar un pasillo. En él te encuentras chavitos jugando fútbol, señoras tendiendo la ropa, muchachas de dieciséis paradas junto a las puertas laterales repasando catálogos de Avon. Ya sabes, all that crap que luego sale con cámara movida y grano abierto en ese dizque Nuevo Cine Mexicano.

Al fondo del pasillo, junto a la puerta donde despacha el Bueno, está sentado don Chago. Siempre trae puesto su overol de barrendero municipal, aunque se le nota en la manera de moverse que ya se jubiló. Sostiene junto a la oreja un radio de pilas del que surge la voz esquizofrénica de un cronista deportivo.
- Quihubo don Chago, ¿cómo le va?
Se seca el sudor con un paliacate rojo y contesta:
- Aquí nomás, como siempre: bateando pura pinchi basura.
Nunca me animo a preguntarle si lo dice por alguien en particular. Mejor así: me doy un pase, luego otro, y ya siento en la piel cómo los jardineros se atragantan de hits, el Houston Jiménez estruja entre sus dedos un vaso desechable, don Chago se pasa por el rostro un pañuelo humedecido y mira su radio de pilas con rencor, las muchachas hacen cuentas severas y aún así no completan para el esmalte o la caja de sombras.

Ponchados cada noche. Compartiendo la derrota.