Mostrando entradas con la etiqueta Sudamérica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sudamérica. Mostrar todas las entradas

Dios, Olmedo y Bolívar

21 de junio de 2024

            Publicado en diario Expreso el viernes 21 de junio de 2024.

Estamos en el año 1847 y José Joaquín Olmedo está próximo a su muerte. El 31 de enero de ese año, Olmedo le escribe una carta al venezolano Andrés Bello. En ella, Olmedo le presenta a Bello su querella acerca de Dios. Él le cuestiona al sabio venezolano, si acaso Dios puede ser considerado un ente “infinitamente misericordioso”, pues “nos libertó del pecado, y nos dejó todos los males que son efecto del pecado”. 

La duda teológica de Olmedo se puede plantear así: Dios, o es malvado, o es deficiente. Pues si Dios pudiera evitar que exista el mal, pero no lo hace, es un Dios malvado. Ahora, si Dios no pudiera evitar que exista el mal y por eso no lo hace, es un Dios deficiente. (El creyente la tiene fácil: credo quia absurdum).   

Interesante en esta epístola al célebre venezolano Andrés Bello es la comparación que hizo Olmedo entre Dios y otro venezolano, el celebérrimo Simón Bolívar. Olmedo fustiga a Dios vía este venezolano exaltado, pues lo acusa a Él de haber hecho “lo que hace cualquier libertador vulgar, por ejemplo, Bolívar: nos libró del yugo español, y nos dejó todos los desastres de las revoluciones”.

El Ecuador era un vivo ejemplo de estos desastres fruto de la independencia del Reino de España. Realmente ha sido un continuado, persistente desastre desde que se fundó como Estado en 1830 y José Joaquín Olmedo vivió lo suficiente (murió el 19 de febrero de 1847) para haber conocido una guerra civil, varias asonadas y la revolución marcista; un presidente extranjero, dos presidentes guayaquileños, un triunvirato y cuatro constituciones. 

Olmedo participó de la fundación del Estado del Ecuador en 1830 (fue su primer vicepresidente) y en el tiempo que conoció el funcionamiento del Ecuador abrigó la certeza de que la amalgama no había funcionado. En una carta a un pariente, escrita en los días de su participación en la cuarta asamblea constitucional del Estado, se preguntó con sorna: “¿Qué significarán estos nombres, patria, libertad, derechos del pueblo, convención, etc.?”. Conceptos vacíos, para un país disfuncional.

Estamos en el año 1830 y Simón Bolívar está próximo a su muerte. El Libertador se ha apercibido que su magna obra de la independencia se le había ido como pa’l carajo. El 9 de noviembre de 1830, Bolívar le comentó en una carta a su hombre de confianza en el Sur de su Colombia desmembrada, el venezolano Juan José Flores, lo que él había obtenido después de años de guerrear (después de romperse el lomo cabalgando 123.000 kilómetros) por Sudamérica: 

“V. sabe que yo he mandado 20 años y de ellos no he sacado más que pocos resultados ciertos. 1°. La América es ingobernable para nosotros. 2°. El que sirve una revolución ara en el mar. 3°. La única cosa que se puede hacer en América es emigrar. 4°. Este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada, para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles, de todos colores y razas. 5°. Devorados por todos los crímenes y extinguidos por la ferocidad, los europeos no se dignarán conquistarnos. 6°. Sí fuera posible que una parte del mundo volviera al caos- primitivo, este sería el último período de la América.”

Todo es verosímil, salvo que los europeos ya no conquistan a nadie.

Las claves de nuestro subdesarrollo

2 de noviembre de 2020

En su libro ‘Ecuador. Escenas de la vida en América del Sur’, el escritor lituano Alexandre Holinski distingue entre los Estados Unidos de América y los países originados en la América del Sur tras su independencia del reino de España, razonando el diferente tipo de desarrollo de cada uno en los siguientes términos:

 

El poder relativo del que gozan hoy en día [los Estados Unidos] se explica fácilmente: lo deben, en primer lugar, a su punto de partida, tan favorable por lo demás. Proscritos políticos y religiosos, los hombres más inteligentes de Inglaterra fueron los colonizadores de lo que hoy en día llamamos los Estados Unidos. Bajo la teología protestante, importaron en su exilio el dogma fecundo de la libertad de conciencia; la metrópoli les permitió desarrollar los principios del auto-gobierno y la soberanía popular. Así, cuando obtuvieron la independencia, disponían de instituciones democráticas y sólo tuvieron que declarar un hecho consumado.’ (p. 134)

 

Por oposición, en los países sudamericanos…

 

Soldados aventureros, los hombres más ignorantes de España conquistaron para el rey los vastos territorios que hoy en día se han desmembrado en una quincena de repúblicas bajo la forma del catolicismo romano. En el suelo arrancado a los indios plantaron la opresión del pensamiento. La metrópolis, celosa del poder de sus colonias, les impidió tener relación alguna con naciones extranjeras y les puso bajo un control que paralizó toda forma de desarrollo. Cuando prematuramente llegó la independencia, si alguna vez llegó de verdad, las provincias insurgentes tomaron el nombre de repúblicas pero siguieron siendo monarquías por su religión y su ignorancia’. (pp. 134-5)

 

Entrando en materia del Ecuador, Holinski explica ‘por qué el Ecuador está rezagado con relación a la mayoría de repúblicas americanas’. Lo hace de la siguiente manera:

 

Cinco de siete provincias están encerradas en un laberinto de montañas que las aíslan del mundo. Para llegar a la capital, las ideas, al igual que los viajeros, deben atravesar senderos fatigosos, estrechos, clausurados buena parte del año. Un océano está a ocho horas de distancia del centro del país mientras que otro está un mes. La dificultad excesiva de la comunicación impide que el comercio prospere: y sin comercio no hay trabajo, y sin trabajo no hay progreso. Cercado por una espesa muralla, también Quito presenta la extraña anomalía de una ciudad española, con los muros, la cultura y las ingenuidades del siglo dieciséis.’ (p. 136)

 

Y la educación, ya eso es lo peor:

 

‘… en toda la Sierra, y se podría decir en todo el Ecuador, la educación pública, bajo la tutela de los sacerdotes, no es sino el sostén de la ignorancia. El catecismo es la base de esta educación, y en él se agota la enseñanza para la inmensa mayoría de sus habitantes. [] Una educación basada en la razón, que señale a cada uno sus derechos y sus deberes, destruiría enseguida semejante estado de cosas. Pero los sacerdotes están allí para impedirlo, como lo están también para adormecer a los criollos emancipados en una beata credulidad medieval’ (pp. 136-7)  

 

Entre los países sudamericanos, el Ecuador es el más rezagado, y eso se explica por el origen común con el resto de las repúblicas (su conquista por hordas de bárbaros e ignorantes, que oprimieron a los habitantes originarios y los aislaron del resto del mundo), que se agrava por el enclaustramiento de su capital y por la hosca geografía del país, así como por la sumisión de sus élites y de la inmensa mayoría de sus habitantes a los dictados de la Puta de Babilonia. (Por eso, nunca hay que olvidarlo: el desarrollo es imposible sino aplastamos a la infame.)

 

El libro de Alexandre Holinski se publicó el año 1861. Con el punto de partida por él descrito en su obra, cinco o seis generaciones después de su publicación, es apenas lógico que sigamos chapoteando en las procelosas aguas del subdesarrollo y la miseria generalizada.

La Corte Canguro y la presunción de inocencia

5 de septiembre de 2019


En su último día como órgano de evaluación, el Consejo Transitorio resolvió el 6 de septiembre de 2018 rechazar los recursos de revisión presentados en contra de su cese de funciones por los tres jueces del Tribunal Contencioso Electoral. En la resolución que cesó en sus funciones  al juez Miguel Pérez Astudillo, el Consejo Transitorio le había imputado a éste un conflicto de intereses por haber sido parte del equipo técnico del concurso para designar el Tribunal Contencioso Electoral y luego haber sido designado como juez de este organismo.

De esta imputación, Miguel Pérez protestó en el recurso de revisión que presentó el 3 de septiembre ante el Pleno del Consejo transitorio (que era el mismo órgano que lo había cesado), porque él sostenía que se valoraba de manera injusta un hecho, sin probar ninguna injerencia concreta:

“De ninguna manera, mi intervención en la selección de los Comisionados Ciudadanos ha influido en la valoración de mis méritos y los resultados de la prueba de oposición; […] solicito comedidamente se sirvan revisar y rever dicho pronunciamiento, ya que como dirigente indígena y ciudadano probo, como así justifico con mi gestión, no puedo retirarme del TCE con estigmas que dañan severamente mi integridad personal y familiar”.

La respuesta del Consejo Transitorio demuestra cuán canguro fue este órgano, pues tenía ya tomada su decisión: “Este Pleno recalca que el juez Miguel Pérez no ha presentado pruebas que permitan identificar su no participación en el proceso de designación de la Comisión Ciudadana de Selección que, a su vez, lo designó como juez” (Párr. 68).

El argumento de Pérez era que ese vínculo, por sí mismo, no probaba nada. La respuesta del Consejo Transitorio fue que ese vínculo, por sí mismo, lo jodía mucho a Pérez con independencia de lo que opine Pérez. La decisión ya la tenía tomada, por eso el Consejo Transitorio no sintió la necesidad de investigar nada en la revisión que le propuso Pérez. Y salvo que el inculpado pueda probar en la revisión ante el Pleno del Consejo Transitorio que no es culpable, será el culpable. Lo fue Pérez, y lo fueron todas las autoridades que presentaron su recurso de revisión (un total de 24) y no pudieron probarle al Pleno del Consejo Transitorio su no culpabilidad.

Esto fue una inversión brutal y sistemática de la presunción de inocencia en perjuicio de un grupo específico de autoridades. Pero como lo hizo el heroico Consejo Transitorio y esto es el Salvaje Oeste sudamericano, ha pasado de alivio.

Obispo Sudamericano a las finas hierbas

6 de marzo de 2019


Hubo una época, en la temprana conquista española de Sudamérica, en la que un único obispo católico gobernó todo el territorio. Este fue el caso del sacerdote castellano Vicente de Valverde y Álvarez de Toledo, el que le dio la Biblia a Atahualpa*. Desde que lo nombraron Obispo del Cuzco en 1537 se convirtió en el único obispo para millones de kilómetros que él no conocía y para millones de personas que a él no lo conocían.

En 1541, el padre Valverde fue a la isla Puná a predicar el evangelio de Yisus y sus amiguetes para que los vayan conociendo. Los aborígenes punáes no le aguantaron paro a su verso cristiano, y muy paganamente, se lo comieron. Hasta ahí llegó la carrera del primer Obispo Sudamericano, Vicente de Valverde: a cena de la familia Tumbalá y otros habitantes de la isla, hoy perteneciente a la jurisdicción del cantón Guayaquil.

Diríase una forma sui géneris (aunque efectiva) del Écrasez l’Infâme.

Y un hecho que merece memoria: jamarse un Obispo Sudamericano no es poca cosa. Es, literal, masticar, deglutir y cagar una de las autoridades católicas con mayor jurisdicción de todos los tiempos.

* Atahualpa, AKA “el cuzqueño más ecuatoriano de todos los tiempos”.

De la independencia al carajo

16 de septiembre de 2018


La independencia de la Monarquía Católica surgió de Venezuela y del Río de la Plata, de los países que hoy son la República Bolivariana de Venezuela y la República Argentina. A 200 años de su gesta, hoy son dos países en grave crisis: uno porque una oligarquía facinerosa fue reemplazada por otra oligarquía facinerosa, y la otra… por lo mismo. En el fondo, el mismo irrespeto a las instituciones, el mismo ciclo incesante de imponerse unos a otros, cueste lo que cueste.

Que los países que originaron la independencia de Sudamérica sean los ejemplos extremos de su abundancia y su negligencia… Que lo parió.

Historia heráldica de un pajarraco

15 de julio de 2017

El cóndor es un ave de rapiña que surca los aires de nueve países de América del Sur. Los únicos países sudamericanos sin cóndores son Uruguay, Surinam y Guyana (1). Por su vocación sud-continental, esta ave (Vultur gryphus) (2) adorna los escudos de cuatro países: Bolivia, Chile, Colombia y Ecuador.

En el Ecuador, este carroñero apareció en el escudo nacional de 1843. Su debut heráldico fue aprobado por la Asamblea Constituyente reunida en Quito por Juan José Flores, la misma que adoptó nuestra tercera Constitución conocida como “La Carta de la Esclavitud”. Desde entonces, el cóndor ha figurado en todos los escudos subsiguientes, hasta el actual y definitivo adoptado durante la administración de Eloy Alfaro el año 1900.

El debut absoluto del cóndor en la heráldica de los países andinos fue en 1815, en el escudo de las Provincias Unidas de la Nueva Granada en la América del Sur (3). La ley de ese entonces ordenaba que al cóndor se lo represente “en actitud de alzar el vuelo, y con la garra levantada”. Este fue el resultado:

Otrosí: A la izquierda está el Chimborazo, "arrojando de fuego por la parte del altizana".

Close up: Mother-of-Christ.
 
Desde este Bird Trippin’ hasta la actualidad, el cóndor terminó por asentarse en cuatro escudos. En el Ecuador, es fama que a este animal carroñero se lo representa de forma errada (4). Un error de diseño, para un animal maltratado en la práctica (apenas sobreviven en el país un centenar).

Un pajarraco que es digno símbolo, por tanto, de nuestra atribulada historia patria.

(1)Cóndor andino’. En Brasil y Paraguay, su vuelo es incidental (no es especie nativa).
(2) El cóndor forma parte de la familia Cathartidae, término que proviene del griego kathartes, “los que limpian”. Apropiado para denominar a los animales que se alimentan de carroña.
(3) Sobre el escudo de las Provincias Unidas de la Nueva Granada de 1815 se ha dicho que es un “paradigma heráldico”, pues “el cóndor aparecía por vez primera”, v. George Lomné, ‘El “espejo roto” de la Colombia bolivariana’, en:  Annino, Antonio & François-Xavier Guerra, ‘Inventando la nación. Iberoamérica. Siglo XIX’, Fondo de Cultura Económica, México D.F., 2003, p. p. 481. El territorio de lo que sería el Ecuador no participó de estas Provincias Unidas, pues se mantuvo firme bajo el yugo del Reino de España. Así fue desde la pacificación de Quito en 1812 hasta la independencia de Guayaquil en 1820.
(4) Sosa, Rex, ‘El escudo de armas del Ecuador y el proyecto nacional’, Corporación Editora Nacional, Quito, 2014 [Universidad Andina Simón Bolívar, Serie Magíster, V. 161], p. 123.