Mostrando entradas con la etiqueta Pobreza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pobreza. Mostrar todas las entradas

Poesía (el resto es márquetin)

8 de marzo de 2025

El debate lo encumbró a Daniel Noboa, el debate lo podría hacer caer a Daniel Noboa. Allí reside la poética de este episodio.

El presidente Daniel Noboa tiene una primera gran desventaja: por contraste a su opositora, él ya gobernó. Y no lo ha hecho bien, si juzgamos por los siguientes dos criterios: 

* Mentiras (porque un político es juzgado por su capacidad para cumplir su palabra)

Son tantas, que mentir califica para manía presidencial: cosas que dice que no va a hacer pero luego hace, como no subir el IVA para después subirlo tres puntos; cosas que dice que iba a hacer pero después no hizo, como las cárceles en once meses o la cárcel en altamar (tremendo pedo mental del que ya nadie habla); cosas que son ciertas pero no como él las interpreta, como cuando dijo que el Ecuador había vuelto a vender energía eléctrica a Colombia, cuando se trató de una venta programada por razones técnicas; cosas que dice que resultan exageraciones, como el monto de la inversión en nuevas escuelas (según él 46 millones, cuando es casi cuatro veces menos, sólo 12 millones), cosas que dice que son errores, como que el número de femicidios ha disminuido, cosas que dice que no tienen sustento como que los GAD han gastado su dinero en hacer campaña a favor de la candidata Luisa González y que es por eso que no tienen recursos, cosas que dice que son fantasía como que no iba a haber apagones o que existe el “Plan Fénix”, y cosas que dice que tienen un touch de esquizofrenia como que él era una persona ajena a revanchas, dispuesta a gobernar con empatía, pero después se postuló como un “pésimo enemigo” y se lanzó a perseguir rivales, e incluso a su propia vicepresidenta. Son sólo unos cuantos ejemplos de una amplia gama: el presidente Noboa es un todoterreno de la mentira.

* Mala administración (porque un político es juzgado por su capacidad de gestión)

Las cifras en los dos temas que más preocupan a los ecuatorianos, la economía y la lucha contra la delincuencia, son muy malas.

En economía: En el período de gobierno de Noboa, la pobreza aumentó (dos puntos: pasó del 26% al 28% de la población) y la pobreza extrema también (pasó de 10.6% a 12.7%), también aumentó el desempleo (tan solo por los apagones -que no iba a haber- se perdieron alrededor de 250.000 empleos). El crecimiento económico del Ecuador fue minúsculo (apenas del 0.3%, el único con peores números en América latina es Haití, según los datos del Banco Mundial) y la inversión extranjera directa en el Ecuador representa el 0.3% del PIB (nuevamente el único país con peores números en América latina es Haití).

En seguridad: Este inicio del año 2025 es el más violento registrado en la historia del Ecuador, con un 40% más de muertes violentas que las registradas en el mismo período del año 2023, que fue el año que cerró con una tasa de 47.25 muertes violentas por cada 100.000 habitantes, la tasa más alta desde que se tienen estos registros. En los primeros cincuenta días de este año, en el Ecuador han sido asesinadas 1.300 personas, lo que equivale a un asesinato por hora. A pesar de casi catorce meses de guerra del Estado contra los GDO (desde el 9 de enero de 2024), el Ecuador era y sigue siendo es el país más violento de América latina.

*

Sumado a esto, la otra gran desventaja del presidente/candidato Daniel Noboa es que es todo lo opuesto a un líder carismático. Es un pésimo comunicador y será la primera vez que esta condición realmente se pondrá en juego. En los debates del 2023, en la primera vuelta las luces no estuvieron sobre él (él surgió en el posdebate, v. “Tocó la flauta (o fenómeno Gremlin)”) mientras que, en la segunda vuelta, ninguno de los dos candidatos había gobernado, así que las luces estuvieron repartidas de forma pareja (como también el resultado). 

En los debates del 2025, en la primera vuelta, el formato fue un adefesio. Y la segunda vuelta es la que importará. Enfrentará a los mismos de la segunda vuelta del 2023, pero esta vez las luces estarán sobre quien tendrá que justificar lo hecho con la responsabilidad que se le otorgó cuando se lo eligió presidente el 15 de octubre de 2023. Es decir, el presidente Noboa tendrá que defenderse de las acusaciones por sus mentiras y responder a los cuestionamientos por su mala administración; él tendrá que justificar el porqué el pueblo debería votar por él para que continúe su gestión cuatro años más*. Y esto significa exponerse como nunca antes. 

Como se ha visto, hay muchas acusaciones y cuestionamientos que hacerle al presidente Noboa. Y la candidata Luisa González los podría vocalizar muy bien** (a diferencia de él, ella no está negada a las bondades del castellano). Este escenario lo coloca al presidente Noboa en una situación muy, pero muy incómoda.    

Y podría ser que lo que lo subió, lo haga bajar. Poesía.

*


* Antes, el 2023, Noboa era el cambio. Hoy, el 2025, es la continuidad. Si antes Noboa ofreció razones para cambiar a una población que estaba deseosa de un cambio, hoy Noboa debe ofrecer razones para su continuidad a una población que sigue deseosa de un cambio. Por eso es que ahora se lo siente tan fuera de lugar: ahora necesita convencer a la gente y el poder de convencimiento verbal no le fue dado (¡sólo le queda el márquetin!).

** La receta en esta elección para la RC es: “poco Correa, mucha Luisa, muchísimo en contra de Noboa” (esto último, para mantener sus números abajo, porque en política no suma amigos quien fracasa).

Los capitalistas salvajes

18 de noviembre de 2022

            Publicado el viernes 18 de noviembre de 2022 en diario Expreso.

Para decirlo de manera gráfica: durante 30 años (durante el período de mayor crecimiento urbano de Guayaquil) se puso la basura debajo de la alfombra. Mucha basura. Muchísima. Y vinieron los capitalistas salvajes, levantaron la alfombra y han encendido un ventilador gigante. Estamos basureados.

El crecimiento urbano de Guayaquil ha sido un caldo de cultivo para que surjan los capitalistas salvajes. Ha sido un crecimiento urbano cuya ejecución de obras y servicios se ha basado en la capacidad económica del beneficiario (llevada a un extremo sádico según el cual, donde ello no resultaba rentable, simplemente la ejecución de obras y servicios no se daba) y, por ende, ello debía resultar en una creciente población receptora de obras y servicios de segunda clase, una que malvive en los amplios cinturones de miseria que rodean la ciudad.

Un informe de la Corporación Andina de Fomento del año 2013 definió así el crecimiento urbano de estos sectores de Guayaquil: “lotes pequeños para las viviendas, aceras y accesos estrechos, limitadas áreas verdes, y en general una clara tendencia hacia la impermeabilización del suelo urbano”. Añadió que esta forma de ocupación del espacio eleva la temperatura de la ciudad, produce erosión y aumenta la contaminación. Y precisó que, en estos sectores, los servicios se prestan de una forma escalonada: “Se observa que el abastecimiento de agua es el primer servicio que se atiende, seguido de alcantarillado sanitario y, finalmente, siguiendo un enfoque tradicional ligado a la instalación exclusivamente de obras de conducción, se atiende el drenaje pluvial.”

No es difícil comprender que unas personas que, además de ser pobres, reciben unas obras y servicios de segunda (si es que los reciben) se encuentran en unas circunstancias muy difíciles para superar su situación de pobreza. Esas personas viven en lo que se conoce como “trampas de la pobreza”.

Y si todo lo que puede ofrecer Guayaquil a esas personas entrampadas en la pobreza es esta vida de segunda clase, realmente no existe un ideal de comunidad que ellas se sientan obligadas a respetar. Y aquí es cuando surge el capitalista salvaje, que es aquel que se enrola en la empresa ilegal de traficar drogas para escapar de su pobreza, de manera rápida y violenta, sin respetar al resto de la comunidad, imponiéndose a bala.

En rigor, no es una situación que empieza hace uno o dos años, ni hace diez, ni siquiera hace treinta años cuando inició el modelo socialcristiano (ya modelo a secas, porque ahora no hay quien lo moteje de “exitoso”). Es una situación que atraviesa la historia de la ciudad: unas élites que miran a la inmensa mayoría como meros recursos. El surgimiento de estos capitalistas salvajes es un subproducto de esta incesante mirada, acentuada en las últimas tres décadas.

Pero ocurre que hoy la situación se les está yendo de las manos. Sin un ideal compartido de comunidad, sin sólida institucionalidad, sin voluntad política de cambiar las condiciones estructurales que son el caldo de cultivo de los capitalistas salvajes, todo lo que se puede esperar es violencia, vacunas, balas.

Después de años de exclusión y olvido, el ventilador está encendido.

El país egoísta y represivo

3 de enero de 2021


Nuestra derecha es como Messi. Pero como Messi cuando le preguntó a Carlitos Tévez si podían ir a un concierto de Oasis, en Londres, o acaso en Manchester. La respuesta del Apache dejó en evidencia que el mítico Messi había vivido en un termo: ‘Se han separado, Leo’. Los de Oasis se habían separado hace mucho rato, pero Leo ni enterado. Él sólo juega a la pelota, y en ese aspecto sigue siendo genial.

 

Pero de genial nuestra derecha no tiene na’ y en eso se diferencia de Messi. En lo que sí se parece a Messi es en eso de vivir en un termo. Sólo observa su entorno, usualmente en modo predatorio. Su idea de llegar a la Presidencia es para utilizar los recursos del Estado en beneficio de su grupo en el poder y asociados, porque en este país la Presidencia es un botín de facciones en disputa*. Es menos un país que un cómic.

 

La miseria de las élites del Ecuador (el grueso de un ‘grupo en el poder y asociados’) frente a la masa de desposeídos que también son parte del país se refleja en las cifras del estudio ‘Responses to COVID-19 in five Latin American countries’. Los países parte del estudio son Brasil, Chile, Colombia, Ecuador y Perú. El resumen que de él se hizo en un artículo que publicó la BBC el 19 de octubre de 2020 [‘Coronavirus: ¿por qué América Latina es la región con más muertes en el mundo?’] es lapidario sobre la actuación del Ecuador. En materia económica, el artículo destacó que ‘todos los países, salvo Ecuador, redujeron sus tasas de interés, crearon condiciones para otorgar créditos y establecieron medidas para proteger el empleo’. Y empeora su actuación cuando se compara el ‘apoyo económico que se entregó a los hogares tomando en cuenta la evolución de la enfermedad’. Ecuador es maldito:

 

‘De los cinco casos analizados, Brasil es el que realiza un esfuerzo mayor, gastando alrededor de US$880 por habitante (alrededor de 10% del PIB nacional), seguido de Chile, con casi US$800 (5,2% del PIB). Colombia y Perú gastaron casi US$500 (7,6%) y US$380 (5,6%) por habitante.

Ecuador es el país que menos apoyo entrega: US$24,8 per cápita y 0,4% del PIB’.

 

Si por su egoísmo no se hace casi nada para apoyar a los pobres, la alternativa de las élites es corchar las opciones de los pobres para cambiar la situación. Para eso es importante la persuasión de los medios de comunicación masiva (parte clave de ‘grupos en el poder y asociados’), pero por sobre todo, son importantes las armas de la Fuerza Pública y sus sueldos siempre al día (v. ‘Cada año, Ecuador gasta en promedio el 2,37% del PIB en temas militares’ y ‘‘Prefieren pagar a la fuerza pública; el resto a lacola’’).

 

¿Es, o no, un Estado represivo cuando se prefiere el gasto en policías y militares a la ayuda económica a los pobres? El mensaje es claro: nuestro Estado (a la fecha, arlequín de las élites de derecha) adolece de aporofobia.

 

* Disclaimer: Con la izquierda y sus simulacros ocurre algo similar. El problema es estructural, el sistema electoral está arreglado (v. ‘Una revolución contra la idiotez’).

Desalojos y silencio (retrato del Guayaquil 2017)

20 de mayo de 2017


En un sector de la ciudad, la Alcaldía de Guayaquil pretende desalojar a varias familias, que tienen un detalle en común: todas son pobres y tienen a cargo un familiar discapacitado.

A estas familias, ubicadas en la cooperativa Luz del Guayas (frente al bloque 5 de Bastión Popular) y ocupantes de sus viviendas desde hace más de 25 años, se les notificó el año 2015 que estaban asentados en la vía pública. Este 11 de mayo, a estas familias les llegó un oficio de la Comisaria Sexta de la Alcaldía de Guayaquil, donde se dispone lo siguiente: “La Comisaría Sexta dispone que se proceda a retirar la vivienda, de manera inmediata, caso contrario, se oficiará a la Dirección de Obras Públicas para la respectiva ejecución de la demolición” (1).

Sin embargo, los moradores estaban indignados: “nos prometieron que no habría demolición sin que antes nos reubicaran. Esto es una burla” (2). La Alcaldía de Guayaquil envió el miércoles 17 “más de diez volquetas y dos maquinarias”, pero uno de los habitantes “sufrió un quebranto”, razón por la cual “las maquinarias y funcionarios de Justicia y Vigilancia se retiraron del lugar” (3).

*

La situación se mantiene en suspenso. La Alcaldía de Guayaquil les notificó a las familias al borde del desalojo “que tienen plazo hasta el próximo martes para desalojar” (4).

Esta situación permite hacer un retrato de los involucrados:

1) Alcaldía de Guayaquil: Primero hizo una promesa a las familias de la cooperativa Luz del Guayas que luego no les cumplió. Amenaza con usar la fuerza (“Mañana les bajamos las casas”) y está a punto de ejecutarla (el martes que viene). Esta es su peor cara.

2) El periodismo de Guayaquil: Salvo por dos artículos de diario Expreso (uno firmado por Blanca Moncada y otro por su redacción), ningún otro medio de comunicación escrita se ha preocupado de esta amenaza de desalojo. Ni privados, ni públicos: una vergüenza.

3) La sociedad civil de Guayaquil: En parte, porque no son informados por la prensa de Guayaquil, en parte, por sus conceptos vacíos, su indignación resulta sesgada y manipulada. A algunos en Guayaquil, si en este desalojo tendría parte el Gobierno central, los movería la indignación (al menos en sus redes sociales); a esos mismos, como en este desalojo tiene parte el Gobierno seccional de Guayaquil, los inmoviliza el silencio. Nuestra sociedad civil, en general, es vergonzosa. 

4) Los guayaquileños pobres: “Es como si de los [pobres] no se acordase nadie, como si a nadie le interesase lo que pasa aquí, como si sus habitantes fueses seres anónimos, escondidos en la gran ciudad, por los que nadie ha de preocuparse”. Esta frase proveniente de un video de YouTube (referida a los Guasmos) es la descripción perfecta de cómo NO representamos a los más pobres de entre nosotros, de cómo la extrema y persistente desigualdad en Guayaquil los mantiene en el olvido (5).

(1) Blanca Moncada, ‘Sus casas serán una calle’, Diario Expreso, 18 de mayo de 2017.
(2) Ibíd.
(3) ‘El desalojo en Cerro Colorado se pospone por cuatro días’, Diario Expreso, 19 de mayo de 2017.
(4) Ibíd.
(5) Sin embargo, el periodismo de Guayaquil vive la fantasía de su defensa de su “respeto a la fidelidad de los hechos, a la dignidad de las personas y a los derechos humanos”, v., para el caso de diario El Universo, ‘Cinismo de aniversario’, 16 de septiembre de 2016.

Cristomiserables

8 de diciembre de 2016

Fuente. Explicación.
Guayaquil, 2016: El amor pastuso entre el cristianismo y la miseria.

"Madre Teresa", ¿santa?

6 de septiembre de 2016

Me entero que la iglesia católica ha llevado a cabo su acelerada movida demagógica y ha elevado a la condición de santa a Agnes Gonxha Bojaxhiu (1910-1997), mejor conocida por su alias de “Madre Teresa” (1).

En estos días, la prensa española ha publicado algunas notas de información y opinión en las que ha hecho referencia a las prácticas perversas e inconsecuentes de la tal “Madre Teresa” (2). En el diario Público, por ejemplo, se habla de cómo implantó una “cultura de sufrimiento” en sus morideros de Calcuta (3); pero la mejor definición, sin duda, la ha dado el diario de derechas El país, uno de cuyos redactores (Juan G. Bedoya) la caracterizó como "no tanto una amiga de los pobres, como una amiga de la pobreza" (4).

Fuente: Revista Soho (edición No 77)

Lejos de ser una “santa”, esta “Madre Teresa” es, como lo dijo el gran Mauro Velásquez con relación a los malos árbitros, “una sujeta de cuidado” (5). De sumo cuidado.

(1) No confundir con la “Gata Teresa”, de celebrada y merecida fama en las guayaquileñas calles Cuenca y Babahoyo.
(2) De algunas de ellas, me he ocupado antes: ‘Caridad’, Xavier Flores Aguirre, 10 de mayo de 2009; '... conmigo dejásteis de hacerlo', Xavier Flores Aguirre, 18 de mayo de 2009.
(3) ‘El lado oscuro de la madre Teresa del que no responde el Vaticano’, Diario Público, 4 de septiembre de 2016.
(4) Juan G. Bedoya, 'Santos no siempre ejemplares', Diario El país (España), 5 de septiembre de 2016. Una prensa ecuatoriana que informe y opine sobre la perversidad de esta ahora santa es imposible. La prensa del Ecuador, desde que se consolidó un oligopolio de medios de comunicación escrita de difusión nacional, ha acentuado dos rasgos: a) la afirmación mentirosa de ser una prensa libre e independiente, cuando tiene un sesgo político muy evidente (no tanto por la información y opinión que transmiten, como por la que callan); b) un conservadurismo rancio, que minimiza u oculta las críticas a las acciones de la iglesia católica (lo que impide, por supuesto, las críticas a la “Madre Teresa”).  
(5) Afirmación hecha por este recordado comentarista deportivo durante la transmisión televisiva de un partido Barcelona vs. Espoli, en relación con un arbitraje particularmente malo. Lo vimos por televisión con mi brother Curro, en los primeros años de este nuevo milenio.

Extrema y persistente desigualdad en Guayaquil

13 de junio de 2016

“El principal argumento que aquí se presenta es el de la exclusión social y económica, derivada de los niveles extremos y persistentes de desigualdad, que aniquila la imparcialidad legal y provoca la invisibilidad de los sumamente pobres, la demonización de quienes cuestionan el sistema y la inmunidad de los privilegiados” (1).
En Guayaquil se cumplen las tres consecuencias de la extrema y persistente desigualdad, tal como descrita por Oscar Vilhena Vieira en su luminoso artículo ‘Desigualdad estructural y Estado de derecho’:

A) Los sumamente pobres son invisibilizados: el Alcalde de Guayaquil puede declarar en una sesión de concejo:
 
“Yo he tomado la decisión de que aquí no vamos a legalizar un terreno ni vamos a poner una volqueta de cascajo ni un metro cuadrado de asfalto ni un metro de tubería de alcantarillado de agua potable más allá de la Sergio Toral” (2). 
Un mapa permite visualizar el tamaño de esta exclusión:
 
En Monte Sinaí, Trinidad de Dios y Voluntad de Dios viven personas en extrema pobreza. La razón de su invisibilidad.
 
Todo lo que está a la izquierda de la línea roja no tendrán obras ni servicios públicos, por decisión del Alcalde. Nadie se ha preocupado de cuestionar esta decisión de la máxima autoridad de la ciudad: las personas a quienes esta decisión afecta son invisibles a los ojos del resto de la sociedad. 

B) Los que cuestionan el sistema son demonizados: el caso típico de esta práctica en Guayaquil son los comerciantes autónomos. No importa que tengan propuestas concretas para mejorar su situación: en alguna ocasión le solicitaron a la autoridad “definir zonas de trabajo, los productos que se puedan vender, otorgar permisos de funcionamiento y creación de un programa de capacitación con temas como atención al cliente, manejo de negocios y tributación” para recibir por respuesta que “todo lo que venga de ellos va al archivo” (3).

En el discurso de la Alcaldía de Guayaquil, los comerciantes autónomos son siempre los “vándalos”, los que “insultan y pretenden tomarse las calles”, los que quieren traer “de vuelta al caos”: los comerciantes autónomos nunca tienen discurso propio, lo que se sabe de ellos es lo que se ha construido sobre ellos: por ello son siempre los otros malos (4).

La prensa privada de Guayaquil es cómplice de esto, pues lo apoya con la contribución decidida de sus columnistas de opinión y con los silencios de sus servicios de información. Por otra parte, los mecanismos de participación institucional son controlados por la cúpula de la Alcaldía. Así lo reconoció sin empacho el secretario municipal, Vicente Taiano, cuando comentó que el diseño escogido de participación ciudadana servía “para evitar intromisiones en las gestiones del Alcalde” (5). En definitiva, el diseño de participación no es realmente para que los ciudadanos participen, sino para que no estorben. Y si alguien “estorba”, como en el caso de los comerciantes autónomos, lo demonizan, pues así ya no importa realmente la opinión de quien se opone, pues dicha opinión ya no merece ser escuchada: es el castigo por ser la opinión de un malo.

C) Los privilegiados son inmunes. El statu quo en la administración de la Alcaldía de Guayaquil tiene notorios beneficiarios, de los que existe muy poco escrutinio público. La Alcaldía de Guayaquil distribuye dineros y prebendas de una manera discrecional porque las disposiciones del Alcalde siempre son cumplidas sin chistar por los concejales de su agrupación política (auténticos ‘alzamanos’) sin que jamás se discuta en la esfera pública la pertinencia de tales asignaciones ni el procedimiento para su aprobación.

El mexicano Saúl López Noriega ha explicado cómo funciona el poder de los medios de comunicación:
 
“Es cierto que los medios influyen en las creencias, actitudes y opiniones de las personas, mas no son omnipotentes. Más que decirle a los individuos qué pensar, los medios deciden en qué podemos pensar. Los medios tienen el poder de definir la agenda. La capacidad de dirigir la atención del público hacia ciertos conflictos, determinar las prioridades atribuidas por las personas a los problemas nacionales, enumerar los temas que se mascullan en la vida pública. Son capaces de todo esto porque construyen la realidad” (6).
En Guayaquil, las inmunidades no se discuten, ni mucho menos se revierten por lo que la prensa local critica. Todo lo contrario: se perpetúan por lo que esa prensa silencia. La dócil sociedad guayaquileña lo es, en gran medida, por la falta de información. Esta carencia está en la base de nuestra crisis más profunda: el conformarnos con poco, el naturalizar las deficiencias de una gestión sin planificación y orientada a la satisfacción de intereses corporativos y, sobre todo, nuestra falta de imaginación para pensar y proponer una sociedad organizada con criterios de inclusión y prosperidad (7). Somos muy provincianos (8).

*

Así las cosas, también se perpetúa la extrema desigualdad, cuyas más graves consecuencias las padecen cotidianamente (usualmente a través de la violencia impune de la Policía Metropolitana) los invisibilizados y los demonizados de siempre, esos sobre los que los demás suelen justificar la violencia que recae sobre ellos porque algo habrán hecho, sin nunca precisar muy bien qué. Y de eso va, precisamente, la desigualdad estructural.

(1) Vilhena Vieira, Oscar, ‘Desigualdad estructural y Estado de derecho’, en: Rodríguez Garavito, César (coord.) 2011, ‘El derecho en América Latina. Un mapa para el pensamiento jurídico del siglo XXI’, Siglo Veintiuno Editores, Buenos Aires, pp. 25-46.
(3) ‘Discusión de fondo’, Xavier Flores Aguirre, 14 de junio de 2008.
(4) Uno de los pocos esfuerzos para comprender el fenómeno informal es el documental ‘Guayaquil Informal’ de Ernesto Yitux y Andrés Loor.
(5) ‘Municipio tendrá mayoría en la Asamblea Ciudadana’, Diario El telégrafo, 30 de septiembre de 2011.
(6) López Noriega, Saúl, ‘Democracia, poder y medios de comunicación’, Distribuciones Fontamara, México, D.F., 2009, p. 109.
(7) ONU Hábitat ha construido un Índice de la Ciudad Próspera [“City Prosperity Index”] para una “ciudad del siglo 21”. Se compone de cinco dimensiones, todas con indicadores medibles: productividad, desarrollo de infraestructura, calidad de vida, equidad e inclusión social, sostenibilidad ambiental. Contrastar las ideas y propuestas de estas cinco dimensiones de la prosperidad frente a la realidad de la gestión socialcristiana de Guayaquil tras casi un cuarto de siglo en la Alcaldía, nos dará la medida de nuestro retraso: v. UN Habitat, 'State of the world's cities. Prosperity of cities' [2012].
(8) Esta frase tiene relación con esa mentalidad de patria chica (“my city, right or wrong”) que es una renuncia a pensar y a salirse del guion trazado por la Alcaldía, por falta de información suficiente y docilidad/temor reverencial/complicidad frente a la autoridad local. Y con el hecho de que la “capitalidad” de Guayaquil siempre estuvo basada en su fortaleza económica (“Quito capital administrativa, Guayaquil capital económica”: todas las diatribas anti-kikuyos se originaron en esta dualidad); “capitalidad” que recientemente hemos perdido. La falta de prosperidad podrán encubrirla los que están en el ajo, pero para un observador guayaquileño e independiente como el economista Walter Spurrier: “La capital de la república puede oficialmente reclamar el título de ser también capital económica. Esto, a pesar de que Quito tiene sólo 1,9 millones de habitantes y Guayaquil 2,6 millones. El PIB per cápita quiteño era sustancialmente superior al guayaquileño”: Walter Spurrier Baquerizo, ‘Las economías de Guayaquil y Quito’, Diario El Universo, 11 de agosto de 2013. En un artículo posterior, Spurrier precisa: “Entre el 2007 y 2011 Guayaquil pierde 0,8% de participación de la economía, mientras que Quito la aumenta ligeramente, en 0,2 de punto. Guayaquil pasa a 23,9% de la economía nacional, casi dos puntos porcentuales menos que Quito. Nos quedamos atrás: Quito, capital económica indiscutible […]. ¿Qué pasó con Guayaquil? Pierde fuertemente en actividades profesionales e inmobiliarias, la mitad de lo que tenía antes. Todo el resto del país gana participación a expensas de Guayaquil. ¿Estamos perdiendo servicios profesionales? Debe ser causa de preocupación puesto que el futuro está en el conocimiento”: Walter Spurrier Baquerizo, ‘Guayaquil se rezaga’, Diario El Universo, 22 de febrero de 2015 (el resaltado no es del original).   

Una historia de la pobreza

20 de diciembre de 2015


Una historia animada bien hecha. Y sale, entre otros, Esther Duflo.