30 Seconds to Shit

19 de mayo de 2018


Esta entrevista que le hizo Walter Ruiz Jaén al alcalde Jaime Nebot Saadi es rara, por dos razones. Primero, porque es una de las entrevistas menos orquestadas que he visto que le hayan hecho al alcalde Nebot (a ratos se lo sintió hasta incómodo) (1). Segundo, porque en 30 segundos (16:25-16:55) explicó su modus operandi en materia de ciclovías (se le agradece la concisión).  


El entrevistador, voz del fútbol en Diblú, le preguntó al alcalde Nebot por esa construcción de la calle Junín que “estrecha” la calle.

Fue allí que Nebot explicó en treinta exactos segundos (16:25-16:55) el modus operandi de su administración, compuesto de tres prácticas:

1) La regresión a los derechos de los ciclistas

“Mi decisión de que eso no se hag… eso era el intento de hacer en la calle Junín una ciclovía. Y yo me opuse a eso”

N.B.: Pero, claro, son “un solo equipo por las ciclovías”. JAJAJA.

2) La propaganda municipal

“Y eso generó un malentendido, gracias a Dios hoy aclarado con la gente que hace ciclismo. La gente que hace ciclismo sabe que yo propicio la Metrovía, perdón, la Aerovía, eh, las ciclovías”.

N.B.: Esta es la utilidad de los ciclistas sentados alrededor del alcalde: propaganda. Que se le crucen en el cerebro las palabras “Metrovía” y “Aerovía” antes de poder pronunciar “ciclovías”, es un lapsus bastante decidor.

3) La mentira a los ciclistas

“El propio puente en el que Ud. trota [el recién inaugurado puente que conecta Guayaquil con Samborondón] sabe que tiene ciclovía”.

N.B.: Las ciclovías que ha hecho la alcaldía de Guayaquil son dispersas y anti-técnicas, sin planificación ni utilidad. En general, están mal hechas. El ejemplo de ciclovía que le ofreció Nebot a Ruiz es una confirmación de esto. Un ciclista, que seguramente no será de los sentados a la derecha de nuestro alcalde, ha escrito lo mal que esa ciclovía está: un total desastre.

(1) Por supuesto, Ruiz está muy lejos de hacer una entrevista incisiva y documentada (por ejemplo, se come entero el amague de la ciclovía del nuevo puente). Pero en comparación a los otros que lo suelen entrevistar los miércoles, es Philip Adams.

Dudas constitucionales


En un caso en Cuenca a unos jueces de un tribunal administrativo les asaltó una duda: o se seguía un procedimiento administrativo o uno civil para “las excepciones a la coactiva en materia no tributaria”. Para salir de esta duda, decidieron preguntarle a la Corte Constitucional su “duda razonable y motivada”.

La Corte les hizo notar a los jueces morlacos que ella es Constitucional y que su pregunta no incluyó en ningún momento “cuál es la norma que se considera inconstitucional, cuáles son los principios o derechos que se vulneran, ni se motiva adecuadamente cuáles son las razones fácticas y jurídicas por las cuales existiría una posible inconstitucionalidad”. Por eso se negó a responder sobre este conflicto “de aplicación entre normas legales”, dejándolos con la duda.

Pero los jueces morlacos no estaban solos en esto de preguntar cosas “que no cumplen con los requisitos legales y constitucionales”, o dicho en morocho, en esto de preguntar pendejadas a la Corte Constitucional. Entonces, para evitar la “recurrencia de problemas” y más “dilaciones innecesarias”, la Corte aprovechó este caso de los judiciales morlacos para determinar qué se entiende por consulta “adecuadamente motivada”. Y pasó a desarrollar los siguientes tres criterios:

1) Identificación del enunciado normativo pertinente cuya constitucionalidad se consulta.
2) Identificación de los principios o reglas constitucionales que se presumen infringidos.
3) Explicación y fundamentación de la relevancia de la norma puesta en duda, respecto de la decisión de un caso concreto.

Y sanseacabó.

Sucedió en el Caso No 0535-12-CN, del 6 de febrero del 2013.

Adiós, Coqueta

18 de mayo de 2018

 
Nassib Neme casi no encuentra palabras para explicar la eliminación de su equipo de esta Copa Libertadores con un mísero punto y cuatro partidos perdidos al hilo y un pizzero que se va.

El directivo azul apenas atina a decir: “Sorpresa”.

Entrevista en Radio Pichincha Universal

17 de mayo de 2018


La entrevista, en este enlace.

Me la hicieron esta mañana con ocasión de que pronto va a cumplir un año el presidente Moreno en el ejercicio de la máxima autoridad ejecutiva del país. Entre otras cosas: Que el puesto a Moreno le quedó ancho, que la prensa guayaca es marioneta del titiritero Nebot, que la dolarización es una demostración de la subnormalidad de nuestros políticos.

Entre otras yerbas.

Ser de cera


Recibí este comentario en mi artículo sobre “las ciclovías y el elefante”:

"Cuando te expresas de la siguiente manera:
'Y la verdad, no sé qué es peor: o los ciclistas que se han dejado, o el periodista que redactó ese adefesio' estás hablando por todos los usuarios de la bicicleta que nos transportamos usándola de manera urbana con o sin ciclovías; si te has tomado la libertad de expresar tu forma de pensar, no nos metas en el tacho a todos, pues por gente como tú que solo se mueve cuando ve que otros caminan es que estamos estancados, yo hago la diferencia, yo decidí moverme en bici sin importar la ruta, intereses políticos y menos sino tenemos ciclovías.
Cuando te ganes una cita con el alcalde o te tome en cuenta para escucharte, espero ver tu publicación y a ver si tú no eres de cera".

Mi respuesta:

1) Lo de “una cita con el alcalde”. ¡Guau! JAJAJA. Ya hace mucho que sé que esos son solo simulacros.


Fui, propuse de buena fe, todo fue al tacho de la basura.

Entiéndelo, “Anónimo”: en la Alcaldía se hace exclusivamente lo que quiere el Alcalde. Es un sistema vertical, donde “la ciudadanía” es ornamental (1). La reunión en la que estuviste, eso es apenas un lavado de imagen. No tiene nada que ver con políticas públicas favorables a la circulación de bicicletas (de hecho, en la reunión se habló de “restricciones”, in your face) pues si esa habría sido la intención la habrían puesto en práctica desde mucho antes. Por si no lo sabías, la obligación de impulsar las ciclovías está vigente desde el año 2001 (“Vietato Introdurre Biciclette”) y tiene rango constitucional desde el 2008, así que es casi tan vieja como Nebot en el poder en Guayaquil. Y el resultado, ha sido el mismo siempre: escaso y deficiente, una versión hipoactiva de la nulidad. Y eso no va a cambiar por tu “cita con el alcalde”. De ahí las risas, totalmente justificadas.

2) “Solo te mueves cuando otros se mueven”: Madre de Dios, tremendo pedo mental el tuyo. Este tema me ha interesado desde mucho antes, no porque hayan ido algunos ciclistas a una reunión en la Alcaldía. De hecho, su reunión es irrelevante en términos prácticos para el resto de ciclistas, no así para la propaganda municipal.

3) “No nos metas en el tacho a todos”: Si no quieres hacer la lucha para que no impongan restricciones a circular en bicicleta por el centro, que es lo que el Alcalde dijo en tu cara en esa reunión y que es una de las razones de mi escrito, ¿qué te puedo decir? Te merecerás estar sentado a la derecha del Alcalde, como un sonriente monigote de cera.

(1) La participación ciudadana en Guayaquil es tan ornamental y de mofa, que la ordenanza que la regula (la “Ordenanza que regula el sistema de participación ciudadana en el cantón Guayaquil”, Art. 13 letra c) ha dispuesto que haya un número fijo de “Representantes de la Sociedad”. Así, en una ciudad de dos millones y medio de habitantes, la más poblada del Ecuador, la Alcaldía de Guayaquil ha decidido que tan sólo 117 organizaciones nos representen a todos (incluso a todas las asociaciones de ciclistas, porque ninguna de ellas consta entre esos 117 privilegiados amiwis del Alcalde).

Las lecciones de Mahuad


Iba en mi carro por la calle Pedro Carbo, cuando lo veo a Jamil Mahuad en la que era la esquina de la casa de mis bisabuelos, donde ahora venden batidos, parado, como el vohue, con un batido de mango casi vacío en su mano derecha. Sudaba como suelen sudar los serranos en la costa: ostentosamente.

Bajé la ventana y le grité: “Jamil, suba, que tengo algodón de azúcar. Y aire acondicionado”.

No terminaba de decir “…nado” que ya estaba Mahuad abriendo la puerta de mi carro. Una vez sentado, puso su cara frente a la rejilla del aire acondicionado por unos segundos, refrescándose el ostentoso sudor, para luego exclamar:

- “¡Qué fresquiticidad!”
- “¿Fresquiticidad?”
- “Perdón, me emocioné”.

Me reí.

- “Antes que nada quiero que sepa, expresidente Mahuad, que siempre he deseado a usted la misma suerte que tuvo Alfaro.”
- “¿Que en el futuro me reconozcan los esfuerzos que hoy me niegan?”
- “No, morir incinerado por una turba.”

Hubo un silencio, que interrumpió un sorbo del batido. Calmo, Mahuad me dijo:

- “Deberías escucharme antes”.
- “Okey, hable”.
- “Te voy a explicar algo”, me dijo asumiendo un cierto tono profesoral, “que te ayudará a entender la situación en la que yo me encontraba”. Y añadió, no desprovisto de sorna: “Y tal vez te haga pensar que no merezco la muerte por el fuego, o la muerte del todo, o quizás, incluso, que merezca tu clemencia”.
- “Dígalo, Jamil”.
- “Mi explicación será práctica. Hazme el favor de respetar a rajatabla las leyes de tránsito. Cuando llegues a la intersección con la calle Clemente Ballén, detente en el semáforo y muévete únicamente cuando éste te lo indique”.

Llegué a la luz roja y la respeté. Algunos me pitaban para que aproveche y me mueva, porque había espacio delante. Varios me rebasaron por la derecha para ocuparlo. Total, cuando se puso en verde, el espacio para avanzar estaba bloqueado.

Mahuad habló:

- “Una primera observación: en este país, como puedes apreciar, el respeto a la legalidad es una desventaja. Esto explica a nuestra sociedad”.

Yo era el único que no avanzaba. Se puso de nuevo en rojo y no me moví. Los carros volvían a rebasarme por derecha y los que viraban desde Ballén bloqueaban la intersección. Era un caos.

- “Una segunda observación: hay reglas, los semáforos, pero no hay quién las haga cumplir. Y créeme, esto es muy común, hay demasiadas personas interesadas en que las reglas no se cumplan. Palabra de presidente.”

Iba a hacerle un comentario sobre su período de gobierno, cuando arremetió de nuevo:

- “Una tercera observación: si no ocupas un espacio, otro lo ocupará por ti. Esto explica a nuestra clase política”. 
- “¿A qué se refiere?”
- “A su canibalismo. Solo están preocupados en hacerse daños unos a otros, sin proyectos en común. Fíjate que su gran éxito en políticas públicas, que lo firmé yo, orillado por las circunstancias, es la dolarización. De todas las cosas hechas en decenas de años, es esto lo que quieren conservar. Pero, ¿qué es la dolarización? Es la renuncia a una de las facultades del Estado, la de dictar política monetaria. Es decir, lo que quieren conservar es la imposibilidad del ejercicio de una facultad, una que es normal y consustancial a todos los Estados del mundo. Y la quieren conservar, porque saben por experiencia que es mejor para este país ser incompetente que competente: sin competencia, no tienes la posibilidad de cagarla, lo que con competencia, invariablemente sucedería, porque esto es Ecuador. La dolarización no hace más que poner en evidencia que Ecuador es un país tan, pero tan pobre, que se celebra ser un subnormal”.

Me quedé sin palabras. Siempre había visto a la dolarización como una ventaja, no como la demostración de una celebración de la subnormalidad.

- “Ahora”, me dijo, “actúa normal. Como un guayaquileño al volante”

Hice lo que tenía que hacer. Atravesé mi carro, me impuse. No pasaron ni 20 segundos, un par de conductores a quienes corché reaccionaron un poco mal, pero normal, ya estaba del otro lado, casi a la altura de la agencia de CNT. En este punto, Mahuad volvió a intervenir:

- “La última observación: en este país, gana el que se impone. Todos sabemos que el juego está arreglado, pero la mayoría piensa que tiene cómo ganarlo, que tiene padrino, billete, fuerza, el cómo usar las mañas a su favor para imponerse. Eso es exactamente lo que tú acabas de hacer. Ganaste porque no respetaste las normas, porque fuiste como el resto, sin respeto a tu prójimo, sacando ventajas y aprovechándote de la impunidad. Eso es este tráfico, esta ciudad, este país”.

Las observaciones de Mahuad eran filosas. Pero no estaba dispuesto a darle la razón tan fácil.

- “Tu campaña decía ‘Sé lo qué hay que hacer y cómo hacerlo’. Y claramente no tuviste idea”.
- “Las circunstancias me sobrepasaron. Pero es lo normal en el Ecuador. Hoy estamos viviendo lo mismo con Moreno”.

Caí entonces: el Ecuador de finales del siglo pasado está de vuelta. La presidencia como un mojón en la marea de los poderes tribales y caníbales. Necesité a otro presidente que fue un mojón en la marea de los poderes tribales y caníbales para verlo claramente. Quise ahondar por allí:

- “¿Qué opina de Moreno?”
- “Meh.”
- “Moreno es una marioneta que le allana el camino al líder de los socialcristianos”.
- “Ah, esos fascistas de fachada democrática” dijo, y atacó a lo que quedaba del algodón de azúcar.
- “Epa, buena definición ahí, Majahuad”.

Me miró de reojo con el ceño fruncido cuando escuchó su apellido en versión original, pero relajó de inmediato. Lamió lo que quedaba en el palito del algodón de azúcar. Acto seguido, sorbió el resto del batido de mango. Se volteó a mí, y me preguntó:

- “¿Tú fumas marihuana?”
- “Sí señor.”
- “No me preguntes cómo lo sé, pero tómate uno de estos batidos de mango y fúmate un blunt tres horas después. Luego me lo agradeces.”
- “Es la cosa más rara y grata que me ha dicho un expresidente en 40 años. Gracias, presi.”

Mi imagen de Jamil Mahuad Witt ha cambiado en unos pocos minutos, en menos de dos cuadras de tránsito caotizado. Lo sentí como a un tipo a quien la historia le pasó por encima, más víctima que actor de un desastre, en un país compuesto por hordas de caníbales. Y en lo personal, lo sentí como a un fellow stoner. Un tipo que pasó por todas esas turbulencias, lotta ins, lotta outs, que ahora disfruta de las cosas sencillas de la vida. Del algodón de azúcar, de un café, de la amistad de Dussan Draskovic.

- “Aquí me bajo”, me dijo cuando llegamos a la intersección siguiente, con la calle Aguirre. “Tengo una cita para tomar café con Dussan en el Doral y ya voy tarde. No me había dado cuenta de la hora”.
- “Ha sido un gusto Jamil. No pensé que de querer quemarlo pasaría a querer quemar uno con usted”.
- “Gracias a ti por el algodón de azúcar y el aire acondicionado. Pero sobre todo por el aire acondicionado”.
- “¿Fresquiticidad?”
- “Fresquiticidad total”.

Nos reímos. Se botó del carro y empezó a caminar por la calle Aguirre rumbo al Doral.

Las ciclovías y el elefante

16 de mayo de 2018



La primera nota: “Guayaquil renuncia a las ciclovías” (11/abril/2018)

La nota pinta una realidad triste: la Alcaldía de Guayaquil proyectó 8 ciclovías, pero solo ejecutaron dos, una de ellas en el centro que “nunca fue respetada”. La nota describe que en la ciclovía de la calle Junín, en el centro, ahora se iba a construir una jardinera “que es como se lo ha aprobado por parte del alcalde”. Finalmente, se publica la opinión lapidaria del vocero de la Alcaldía: “en el centro de Guayaquil, por las condiciones de las calles y el clima no funciona una ciclovía”.

La segunda nota: “Ciclistas y alcaldes forman un solo equipo por las ciclovías” (10/mayo/2018)

Todo el escenario de desastre de la nota anterior, es decir, el incumplimiento de su propia planificación, la ineficacia de hacer cumplir lo ejecutado e incluso su regresión (la ciclovía de la calle Junín), además de la negativa de construir ciclovías en el centro, las conjuró la sola expresión del alcalde: “No hay problemas con el tema ciclovías”, para a continuación señalar que “por el momento debemos tener restricciones, no prohibiciones, en el centro”.

Desde los ciclistas, el problema es cualquier restricción a la circulación, en el centro o en cualquier otra parte. No porque no pueda haber restricciones a la circulación. Pero porque tienen que estar plenamente justificadas.

Y veamos esta justificación: según el redactor de esta nota, el alcalde ofreció lo que él llamó “razones técnicas”, que se reducían a esto:

“Evitar aportar al colapso del tránsito que ya se presenta en esta parte de la ciudad”.

¿Razones técnicas? JAJAJA. Reformulemos: el tráfico colapsa y se piensa “evitar” que se aporte a ese colapso a través de una restricción a la circulación de aquellos que podrían contribuir a evitar el colapso del tráfico: los ciclistas (claro, para ello se requiere planificación y otro modelo de desarrollo que priorice el interés general por encima del particular: ciencia ficción para el gobierno local). Estas “razones técnicas” del alcalde ven como problema a una posible solución, no ofrecen ni un dato, ni un estudio, ni nada, únicamente una restricción, propuesta frente a quienes serían sus destinatarios, que allí sentados debieron ser de cera porque no dijeron ni mú. Se ofrendó ante ellos una de las “razones técnicas” más pobres que una autoridad ha propuesto en el orbe occidental, pero la muchachada hurgó en el silencio.

Seamos claros: la medida que quiere imponer la Alcaldía es una vulneración a los derechos de los ciclistas, que pagan los platos rotos de la incompetencia de la Alcaldía en la planificación y en la ejecución de lo planificado.

No hay que ser ingenuos: esta reunión con los ciclistas fue un lavado de imagen, en un área en la que se han hecho las cosas muy mal, no de ahora, desde siempre, porque se avecinan tiempos electorales. Eso es todo. Y Mr. Hyde fue el cronista de este simulacro.

Conclusión: El elefante en la habitación.

El elefante en la habitación es que al alcalde le importa un pepino las ciclovías. No de ahora, desde siempre. Lo suyo son los vehículos a motor: ahí, en ello y alrededor de ello (calles, puentes, cemento) está el biyuyo. Cuando ha tenido oportunidades (financiamiento internacional, por ejemplo) para desarrollarlas, las ha desperdiciado. Cuando ha asumido la competencia del tránsito, no las ha vinculado a una planificación integral. Incluso cuando (aunque de manera deficiente) las ha implementado, luego ha dado marcha atrás (como lo mostró Expreso en la primera nota, cuando estaba Dr. Jekyll). Y la cereza de este pastel anti-ciclístico es la restricción que pretende ahora imponer a la circulación en el centro. 

Así es Ciudad Sainete, donde te pasan este elefante en la habitación como “un solo equipo por las ciclovías”. Y la verdad, no sé qué es peor: o los ciclistas que se han dejado, o el periodista que redactó ese adefesio.  

Cagada de Biblioteca


Fundada por Pedro Carbo en 1862, e iniciada su colección con 100 libros por él donados, la Biblioteca Municipal tiene una historia de 156 años. Entre sus directores cuenta con ilustres nombres como Alfredo Baquerizo Moreno, Camilo Destruge, Rosa Borja de Ycaza (primera bibliotecaria municipal y también directora de la Biblioteca Nacional en Quito). A día de hoy y desde 1992, su director es Melvin Hoyos, cuya mejor descripción es: 

“Un tipo que hace caca por doquier”.

Entonces, esta descripción que hace Mario Campaña de su experiencia como usuario de la Biblioteca Municipal, que cualquier otro usuario (de los pocos que vamos) puede atestiguar, permite atisbar la colosal cagada de biblioteca que se tiene en Guayaquil:

“la así llamada Biblioteca Municipal es una afrenta para la ciudad. Con eso le dejo claro mi impresión. Las salas están desoladas; no hay escritorios sino ¡ventanillas! -y ¡en medio de rejas de hierro!- para pedir libros. Da la  impresión no de un centro de lectura y conservación de libros sino de un reformatorio. Los libros no están expuestos a la vista y consulta de los visitantes. En mis visitas, siempre matutinas, nunca he visto un lector. No hay catálogos que se puedan examinar. La misma página web de la biblioteca provoca vergüenza: no se puede consultar allí nada, aparte de fotitos ridículas y unas “cartillas” en que se informa de personajes tan relevantes como Batman y Mickey Mouse, hágase una idea…”.

Lapidario.

Periodismo en loop

15 de mayo de 2018


Leyendo la “Historia de la Prensa de Guayaquil” de Camilo Destruge, uno se encuentra con este comentario del autor sobre la conducta del periodismo, hecha con ocasión de su análisis del periódico “El ecuatoriano del Guayas”:

“Frases llenas de encono, palabras duras, apóstrofes sangrientos, y hasta alusiones muy directas, muy claras, a la vida privada […] tal ha sido el procedimiento en todas las épocas de revolución, de lucha electoral, etc.; los adversarios se han destrozado por medio de la prensa, llegando en ocasiones hasta la ferocidad” (1).

Destruge analizaba un periódico de 1833, en un libro publicado en 1924, que se siente igual de apto para definir nuestro presente de 2018, casi 200 años y mucha tecnología después.

Ecuador es un incansable loop de malas ideas.

(1) Destruge, Camilo, ‘Historia de la Prensa de Guayaquil’, Tomo I, Corporación Editora Nacional, Segunda Edición, Quito, 1982, p. 124-125.

Metrovía, una vía al fracaso

14 de mayo de 2018

Es solo cuestión de mirar el mapa con las troncales de la Metrovía que publicó diario El Universo.

Las siete troncales, evidencia de un fracaso.

La Metrovía debió empezar en enero de 2005, pero empezó a funcionar (de manera parcial) en julio de 2006, casi con año y medio de retraso. Luego, las tres primeras troncales de la Metrovía debieron estar para el 2008, pero recién lo estuvieron el 2013, esto es, ya con cinco años de retraso (1). Para el 2015, según diario El Universo, debieron estar las siete troncales, pero hoy se mantienen apenas las tres que se completaron en el 2013. De la cuarta troncal, apenas se han removido tierras para su futura construcción (2). Las otras tres troncales, que son Puente Portete-Centro Urbano, Prosperina-Centro Urbano y Las Orquídeas-Centro Urbano, mejor no hablar. El alcalde ha decidido minimizarlas, como si eso sirviera para ocultar su fracaso (por increíble que parezca, en Guayaquil, eso sirve). Cuando en Radio Tropicana, María Fernanda Perrone le preguntó por estas tres troncales, el alcalde simplemente respondió que “las otras son muy chiquitas, las otras no son troncales” (¡?) (3). Y así esquivó el bache: el alcalde tiene la extraña manía de pasar sus mentiras de agache.

De hecho, los esquiva siempre. Cada miércoles, el alcalde repite una misma letanía y dice que en esta ciudad no hay una obra incumplida, ni atrasada, etc. Una sola palabra bastaría para conjurar su letanía: “Metrovía”. Apenas hay tres de las siete troncales y unas magras opciones de hacer una cuarta troncal y de las otras tres mejor que se pierdan todas las esperanzas. El ejemplo más claro de una obra incumplida y atrasada. Dicho con simplicidad: una obra fracasada.  

Pero es casi nulo el periodismo que se atreva a cuestionar en serio la mediocridad y los fracasos (la Metrovía, evidencia de uno de ellos) de la Alcaldía de nuestra ciudad. Menos aún lo hay en las entrevistas de los días miércoles, donde (salvo por la parcial excepción de Radio Tropicana) todos los periodistas parecen estar allí para satisfacer las necesidades de comunicación de la Alcaldía de Guayaquil.

O, lo que es lo mismo, para permitirle al alcalde que pase sus mentiras de agache.

(1) 'Metrovía, 2017', Xavier Flores Aguirre, 23 de enero de 2017.
(2) 'Compactan terreno donde operará troncal 4 del sistema Metrovía', Diario El Universo, 14 de febrero de 2018.

Olmedo y sus amigos contra los trolls del siglo XIX

13 de mayo de 2018


El propósito de garantizar la libertad y de reprimir los abusos está en la decisión del primer Cabildo que se celebró en el Guayaquil republicano, en noviembre de 1821, de aprobar un decreto represivo y de instituir una Junta Conservadora de la Libertad de Imprenta, pomposo nombre para un órgano dedicado a la restricción de la libertad de expresión. Los tres primeros jurados que conformaron dicha Junta fueron el sacerdote Pedro de Benavente cura vicario de la Iglesia Matriz, el comerciante Esteban José Amador y el doctor en jurisprudencia Manuel Roca.

El objeto conocido como “imprenta” era un reciente arribo al puerto de Guayaquil: el Procurador General de su Cabildo, Francisco María Roca, gestionó su adquisición con su amigo porteño (bonaerense) José de Sarratea, financista del ejército de San Martín. Por un regateado (aunque todavía excesivo) valor de 4.500 pesos y un cómodo sistema de pagos convenido entre estos hermanos masones, la novedad llegó a Guayaquil a fines de abril de 1821, año primero de la vida independiente de la ciudad, tras 286 de haber pertenecido al Reino de España sin imprenta ninguna.

El cronista del establecimiento de la imprenta en la ciudad, José Gabriel Pino Roca, dice que los bandos de ese primer año de vida independiente de Guayaquil, “adivinaron en la prensa, un arma poderosa de combate, y se lanzaron á ella; no para discutir serenamente la agregación de Guayaquil á uno ú otro Estado; mas, dejándose guiar por la pasión y la odiosidad, fatales consejeras, apelaron á la difamación para vencer al contrario” (1). Desde el principio de los tiempos, la descalificación por sobre el argumento.

La solución de aquel entonces, tomada en una Junta de Gobierno presidida por Olmedo, fue reglamentar el ejercicio del derecho a la libertad de expresión, en el campo de los “manuscritos anónimos infamatorios”, y conformar un órgano de control para reprimir esta práctica.

El decreto que se fijó en los lugares públicos de Guayaquil fue el siguiente:

DECRETO

Siendo degradante para un pueblo que goza de la libertad de imprenta en toda la estensión [sic] que podía apetecer, el uso de manuscritos anónimos, y debiendo cerrarse esta senda oscura, en la cual puede la maledicencia ofender y calumniar más libremente, con la esperanza de la impunidad;

La Junta de Gobierno ha venido en decretar:

1.º A todo manuscrito anónimo infamatorio, se aplicará con más rigor la pena de los impresos.
2.º Las justicias ordinarias recogerán todo libelo manuscrito y harán la más prolija indagación de su autor.
3.º Todo individuo está obligado a entregar a las justicias, cualquier libelo manuscrito que llegue a sus manos, y a quien se le justifique no haberlo verificádo [sic], será responsable de su contenido.

Imprímase y publíquese.

Olmedo. Ximena. Roca.

Una decisión que se tomó contra los que escribían “anónimos infamatorios” que buscaban la calumnia impune: los trolls del siglo XIX.

(1) Pino Roca, J. Gabriel, ‘Establecimiento de la imprenta en Guayaquil’, Gutenberg, Guayaquil, 1906, p. 20.

Lawrence y el frío

12 de mayo de 2018


Vi una crítica a una foto de una destapada Jennifer Lawrence en el frío de Londres con cuatro actores varones debidamente cubiertos, que se supone que mostraba el machismo que habita en la industria del cine. Vi un titular en diario El País, pero no me tomé en serio la noticia y pasé de largo.



Horas después, la misma Jennifer Lawrence respondió al revuelo causado por la foto. Aseguró que la polémica era “ridícula” y que estaba “extremadamente ofendida” por los comentarios vertidos; que su vestido de Versace era “fabuloso” y que actúo en concordancia con esta simple premisa: “Estuve afuera por 5 minutos. Me habría parado en la nieve por ese vestido porque amo la moda y esa fue mi elección”. Y aclaró:

“Esto es sexista, esto es ridículo, esto no es feminismo. Sobreactuar acerca de todo lo que alguien dice o hace, creando controversia sobre tontas e inicuas cosas como lo que yo decido usar o no usar, no es movernos hacia delante. Es crear distracciones tontas de los temas importantes. Bájenle, gente. Todo lo que me ven usar es mi elección. Y si quiero estar en el frío, ESA TAMBIÉN ES MI ELECCIÓN”.

 
La buena intención de luchar contra la injusticia del machismo estructural ha llevado a sus celosos guardianes a cometer otra injusticia, precisamente contra la mujer a la que decían proteger del machismo estructural, quien resultó “extremadamente ofendida” por su celo. Me recordaron a la amante de los animales que viajó a Pamplona a proteger a los toros en un San Fermín y murió a consecuencia de una cornada. Es una buena intención que termina por arruinarse a sí misma y, en el camino, causar daño al objetivo que dice defender.

Melvin hace caca

11 de mayo de 2018


Esta entrevista es asombrosa.

Melvin Hoyos tiene más de un cuarto de siglo en el mismo cargo. Según dice Hoyos en la entrevista que le hizo Jessica Zambrano para diario El Telégrafo, “nadie ha hecho más por la cultura en el país que esta dirección y Alcaldía”. Tras veintiséis años de fatigar la infamia en la dirección de cultura del cantón Guayaquil, Hoyos teme que el relevo de su empleo podría “dejar a Guayaquil a la deriva” y afirma, textual: “A mí me da pena por mi ciudad porque me encantaría tener discípulos”.

Hoyos ensalza el trabajo de la dirección de cultura a su cargo, pero si ese trabajo fuera tan exitoso como él dice, ¿cómo se explica que la ausencia de una persona en un cargo implique el peligro de “dejar a Guayaquil a la deriva”? ¿Tan importante resulta Hoyos? Como si él fuera imprescindible, como si la cultura fuera a decaer en Guayaquil sin su augusta presencia. Si ese fuera el caso, entonces la administración de la cultura ha sido un fracaso, pues si toda la gestión cultural de una urbe de más de 2 millones de habitantes depende de la presencia de un único individuo (y de un mequetrefe como Hoyos, además) entonces no existe institucionalidad, ni políticas públicas, ni norte al cual referirse.

Pero es aún peor esta frase: “A mí me da pena por mi ciudad porque me encantaría tener discípulos”. Su explicación a esto ilustra cuán lamentable es Hoyos: “Miles de personas vienen a preguntar cosas. Cientos –baja la voz y agrega- pero ¿sabes cuánta gente se sostiene para preguntar cosas? Nadie”. Es decir que la exitosa gestión cultural de Guayaquil, en 26 años, no ha producido ni un discípulo, ni nadie que pueda “sostener” una pregunta. Y es así que este pelmazo, en vez de ser autocrítico y pensar que si en más de un cuarto de siglo en la dirección a su cargo no ha logrado ni un relevo, ni tan siquiera un discípulo, debería sentir pena por sí mismo (como el fracasado gestor cultural que es) y no por la “ciudad” a la que dice servir. Con una dosis pareja de prepotencia y cursilería, valga precisarlo.      

Melvin en su gagging mental: el pobre hace una afirmación que él mismo demuestra falsa en los dichos subsiguientes. Porque no puede nunca ser exitosa una gestión carente de institucionalidad y de políticas públicas, que no podría sobrevivir a la ausencia de un único funcionario y que no tiene discípulo alguno, ni tan siquiera un único ciudadano que pueda “sostener” una pregunta. Un pinche desastre.

Es así que en el tren de ideas de Melvin Hoyos expresado en esta entrevista, su explicación niega su afirmación. Pero él ni se da por enterado: es inocente, como un perro que se hace caca en la acera, y se aleja moviendo la colita.

Jurado y Jungbluth

10 de mayo de 2018


Los apellidos de los debutantes por Ecuador en los Juegos Olímpicos y en los Juegos Olímpicos de Invierno comienzan con jota: Jurado debutó en los Juegos Olímpicos de París en 1924 y Jungbluth en los Juegos Olímpicos de Invierno de Pyeongchang en 2018. Esta es una coincidencia.

Y esta es otra: ambos debutantes quedaron casi últimos. Jurado quedó sexto entre siete en salto alto (1) y Jungbluth terminó 112 entre 119 inscritos en la competencia de esquí cross-country. Y esto de no subir al podio es una tradición olímpica de la delegación ecuatoriana, sólo rota por J. Pérez en dos oportunidades. 

(1) Jurado compitió también en los 100 metros planos (en su debut absoluto, el 6 de julio de 1924) y quedó de último. También compitieron en estos Juegos Olímpicos dos atletas serranos (Jarrín y Villacís) que no terminaron sus pruebas. El resultado de salto alto de Jurado fue lo más granado de esta aventura parisina. Sus participantes obtuvieron para ella 6.000 sucres dados por el Presidente de la República de aquel entonces, José Luis Tamayo. Los serranos compraron en París los zapatos equivocados y, por ello (al menos así lo reportó el cónsul del Ecuador, Luis Barberis), no pudieron completar sus competencias, v. ‘Ecuador en París 1924’. Otro caso de mal uso de recursos públicos, inveterada tradición nacional, antes y después de 1924.