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Aplaudiendo la catástrofe

19 de mayo de 2023

            Publicado en diario Expreso el viernes 19 de mayo de 2023.

Hoy resulta muy sencillo hacerle cargamontón a la exalcaldesa Cynthia Viteri. Pero eso, en realidad, no es justo.

Porque lo justo es comprender la historia que condujo a la caída de Viteri y la derrota de la hegemonía del Partido Social Cristiano (PSC) en Guayaquil. Ello implica comprender que, aunque relevante para el resultado final, no fue por el nefasto episodio de cuatro años de Viteri en la Alcaldía de Guayaquil que se produjo ese fracaso. Esta idea le gustaría creer a algunos: “El modelo del PSC era bueno, pero Cynthia Viteri lo arruinó”.

Pero esa idea es mentirosa. El modelo del PSC, que por varios años fue motejado como “exitoso”, condujo a dos graves problemas: la inseguridad y las inundaciones.

Sobre la inseguridad: el modelo del PSC implicó un crecimiento urbano basado en la rentabilidad para la administración, no en la dignidad de las personas. La lógica fue sencilla: los que menos tenían, pues recibían menos. Y quienes vivían en sectores no consolidados, pues no recibían nada. 

Que lo cuente el exalcalde Jaime Nebot: “Yo he tomado la decisión de que aquí no vamos a legalizar un terreno ni vamos a poner una volqueta de cascajo ni un metro cuadrado de asfalto ni un metro de tubería de alcantarillado de agua potable más allá de lo que he expresado en el límite oeste, el límite de Flor de Bastión y el límite de la Sergio Toral”. (Esto fue dicho en sesión del Concejo Municipal del 7 de octubre de 2010, cuando se discutió la reforma de los límites urbanos de Guayaquil.) En resumidas cuentas: como a los pobres no resultaba rentable atenderlos, entonces recibían poco o nada.

Es fácil deducir que el modelo de desarrollo del PSC únicamente acentúa las desigualdades. Y el resultado de acentuar las desigualdades fue la creación de “trampas de la pobreza” en los sectores populares. Es decir, de miles y miles de personas sin posibilidades reales de salir de la pobreza, que son el caldo de cultivo para la situación de inseguridad que hoy sufrimos. Abandonar a tantas personas a su propia suerte, por tantos años, fue un paciente sembrío de la violencia que hoy estamos cosechando.  

Sobre las inundaciones: el modelo del PSC implicó un crecimiento urbano horizontal, gris e impermeable, con tala del manglar y relleno de esteros, sin árboles ni áreas verdes. Detrás de este crecimiento urbano también existió una motivación económica, que era beneficiar al negocio de la construcción. Y, mientras más horizontal, gris e impermeable era Guayaquil, más se lo beneficiaba. Y, al mismo tiempo más se la perjudicaba a la ciudad, porque una ciudad construida así facilita mucho las inundaciones. 

Este es pecado mayor porque Guayaquil, al decir de expertos que estudiaron las inundaciones en la ciudad y le presentaron un informe a la alcaldía el año 2013, ofrece unas “condiciones inmejorables” para implementar una estrategia integral propia de “ciudades verdes, inclusivas y sustentables”. Pero se prefirió caminar en una dirección opuesta y dañosa.

Viteri fue un desastre, pero hubo un desastre mayor, que fue el modelo de desarrollo que impuso el PSC en la ciudad. Lo increíble es que a eso se lo haya llamado “exitoso” y que, durante décadas, hayamos aplaudido una catástrofe. 

La oportunidad de cambio llegó

12 de mayo de 2023

            Publicado en diario Expreso el viernes 12 de mayo de 2023.

La marcada decadencia del PSC en Guayaquil en estos últimos cuatro años posibilitó que haya cambio en la administración de la ciudad. Casi 31 años después de aquel lejano 10 de agosto de 1992 cuando León Febres-Cordero inició el rescate de una ciudad viciada de roldosismo, en este Guayaquil del 2023 y dado su brutal declive, la administración que empieza Aquiles Álvarez tendrá como misión un nuevo rescate.

Por necesidad, el camino a recorrer por la administración de Aquiles Álvarez debe ser el opuesto al que transitó el PSC, en dos aspectos fundamentales. Tan fundamentales que atañen a nuestra vivencia de la ciudad y a la supervivencia misma de la ciudad.

El primero de ellos: el nuevo modelo de administración de la ciudad debe orientar su atención a los sectores populares de una manera planificada y técnica. Contrario a lo que muchos quisieron creer cuando valía el catecismo del éxito de la administración del PSC en Guayaquil, en esta ciudad existen amplios sectores que viven en un casi total abandono de equipamiento urbano. Si se quiere cambiar la convivencia en Guayaquil, estos sectores tienen que ser atendidos de manera prioritaria, con mucha inversión social, planificación y políticas públicas basadas en la evidencia.

Este cambio es necesario, porque no es sostenible vivir en una ciudad en donde uno tiene que planificar sus salidas a la calle como unas experiencias de supervivencia.

El otro aspecto fundamental: el nuevo modelo de administración de Guayaquil tiene que tomarse en serio las amenazas que la ciudad tiene por las inundaciones que ya sufre. 

Esta temporada de lluvias ha sido muy decidora de la situación de la ciudad. No es que ella no haya sido conocida por las autoridades, porque la propia alcaldía de Guayaquil encargó el año 2017 a unos expertos de la Corporación Andina de Fomento (CAF) la elaboración de un informe que se tituló: “Vulnerabilidad y adaptación al cambio climático en Guayaquil”. Allí se describió una situación crítica: muchos sectores de alta vulnerabilidad, y muchísimas industrias, comercios, centro de salud e instituciones educativas con una alta probabilidad de empezar a ser sub-acuáticas. 

Por fortuna, el citado informe del año 2017 contiene también unas medidas para la adaptación al cambio climático muy razonables y oportunas para enfrentar estas graves amenazas que sufre Guayaquil. Este informe propone una serie de medidas para reforzar la capacidad adaptativa así como medidas de adaptación verdes, híbridas y grises, que se las desarrolla con mucho detalle: la justificación de cada medida, su alcance, objetivos y finalidad, el potencial, los costos estimados y la duración prevista, además de un análisis de las oportunidades y barreras para su aplicación.  

El final de la administración de Nebot y toda la administración de Viteri ignoraron, casi en su totalidad, las medidas propuestas por la CAF el año 2017. Así, queda casi todo por hacer en un tema que atañe a la supervivencia misma de la ciudad. Y si no se toman importantes medidas, como las que se recomendaron en el informe de la CAF, a este año 2023 lo recordaremos como apenas los arrabales del infierno.

La oportunidad de cambio llegó y hay un rescate por hacer.

Guayaquil en serio

31 de marzo de 2023

            Publicado en diario Expreso el 31 de marzo de 2023.

Diez años atrás, Guayaquil estaba ya advertida. El año 2013, un estudio que se publicó en la revista Nature comparó las pérdidas económicas de las 136 ciudades costeras del mundo que superan el millón de habitantes y la ubicó a Guayaquil como la tercera ciudad (después de Cantón en la China y Nueva Orleáns en los Estados Unidos) cuya economía sufrirá en una mayor medida por las inundaciones producto del cambio climático. Con un escenario conservador de la elevación del nivel del mar (apenas 20 cms.), las pérdidas de Guayaquil para el año 2050 se calculan superiores a los 3.000 millones de dólares. 

Por supuesto, si se adoptan medidas adecuadas y eficaces, el daño económico a la ciudad se podría atenuar de manera significativa. Pero si no se adoptan medidas, el informe del 2013 indica que ello “resultaría en pérdidas inaceptablemente altas” para la ciudad.

Cuatro años después, la Corporación Andina de Fomento (CAF) publicó el informe “Vulnerabilidad y adaptación al cambio climático en Guayaquil”. Este informe aterrizó las consecuencias de las inundaciones para la ciudad y encontró que existe en Guayaquil “un gran número de hot spots, es decir, complejos industriales, comerciales, educacionales y de salud, localizados en zonas a riesgo de inundación”. 

Para mitigar los daños, en este informe del 2017 los expertos le presentaron a las autoridades de Guayaquil una serie de medidas adecuadas y eficaces para enfrentar los efectos de las inundaciones (medidas para reforzar la capacidad adaptativa y medidas de adaptación verdes, híbridas y grises), con un nivel de detalle importante: la justificación de cada medida, su alcance, objetivos y finalidad, el potencial, los costos estimados y la duración prevista, además de un análisis de las oportunidades y barreras para su implementación.  

Pero pasaron seis años y dos administradores socialcristianos (Nebot y Viteri) y nada se hizo para cumplir con las medidas propuestas en el informe de los expertos de la CAF. 

Y peor que no haber hecho nada para adoptar las medidas de adaptación propuestas por los expertos de la CAF es que se haya implementado en Guayaquil, por tanto tiempo, el exacto contrario de lo que se debía hacer para prevenir las inundaciones. 

Por décadas, las administraciones municipales de Guayaquil (esto incluye, por supuesto, treinta años de socialcristianismo) han favorecido un crecimiento urbano horizontal, gris e impermeable, con tala del manglar y relleno de los esteros, sin árboles ni áreas verdes. Y esto fue así, claro, para beneficio del negocio de la construcción. Beneficio de unos pocos, perjuicios para la mayoría.

Una ciudad construida con este tamaño desprecio por la naturaleza hace que, cuando hay inundaciones, el agua se acumule y cause daño a las propiedades y a las personas. De no tomar medidas, estos daños serán cada vez más recurrentes e intensos. 

A punta de inconsciencia y codicia, Guayaquil es firme candidata a su auto-destrucción.

La nueva alcaldía de Aquiles Álvarez tiene la gran oportunidad de empezar a aplicar las recomendaciones de los expertos. Ha llegado el momento de tomar a Guayaquil en serio y de adoptar las medidas necesarias para garantizar la supervivencia de la ciudad. 

Capitalismo de amigos

25 de noviembre de 2022

            Publicado en diario Expreso el viernes 25 de noviembre de 2019.

Que “Guayaquil no es más que un mangle con ínfulas de ciudad” escribió el historiador Julio Estrada Ycaza en la introducción del tercer tomo de su extraordinaria “Guía Histórica de Guayaquil”. Y ha ocurrido que, por el acelerado crecimiento que experimentó Guayaquil desde los años cincuenta, sus ínfulas de ciudad arrasaron con su mangle, con su naturaleza. En palabras del historiador Estrada, escritas a inicios de los noventa: “Se ha ido la belleza, y una fuente de vida; han quedado los escombros y el hedor”. Y que conste que él lo escribió antes de empezar la administración del PSC en Guayaquil.

Porque durante estos 30 años de administración del PSC, que ha sido el período de mayor expansión urbana de Guayaquil bajo un mismo gobierno, el crecimiento de la ciudad continuó con la depredación de la naturaleza. Pero hoy es mucho peor, pues esa continua depredación atenta ya contra la supervivencia misma de la ciudad. Esto, debido a que su crecimiento ha sido decididamente horizontal, gris e impermeable, lo que no sólo encareció los costos de su hechura, sino que resulta muy perjudicial para la mitigación de los daños que causarán las inundaciones que ocurrirán por la elevación del nivel del mar en razón del cambio climático. 

Desde el año 2013 se conoce, por un estudio que auspició el Banco Mundial y que consideró para el año 2050 una conservadora elevación del nivel del mar de apenas 20 centímetros, que Guayaquil es la tercera ciudad del mundo (después de Cantón en China y Nueva Orleáns en los Estados Unidos) cuya economía sufrirá más debido a las futuras inundaciones (este análisis se hizo para 136 ciudades costeras de más de 1.000.000 de habitantes). Para Guayaquil se calculó una afectación económica por encima de los 3.000 millones de dólares. 

El riesgo de inundaciones es una amenaza grave y real para la supervivencia de Guayaquil, riesgo que sólo ha podido incrementarse en las últimas décadas. La mayoría de sus zonas de expansión urbana (donde vive la inmensa mayoría) según un informe de la Corporación Andina de Fomento (CAF) del año 2013 (“La inundación de Guayaquil en marzo 2013”) ha crecido así: “lotes pequeños para las viviendas, aceras y accesos estrechos, limitadas áreas verdes, y en general una clara tendencia hacia la impermeabilización del suelo urbano”. 

En este tipo de crecimiento se ha optado como solución para eliminar las aguas de lluvia la creación de extensas redes de alcantarillado, solución ineficaz que aumenta gravemente el riesgo de inundaciones, y también, solución muy costosa en su ejecución, pues puede “llegar a aumentar en seis (6) veces los costos” si son comparados con una estrategia diseñada “bajo los conceptos de ciudades verdes, inclusivas y sustentables”. Es decir, se paga mucho pero no en beneficio de la gente. Ha sido un crecimiento urbano pensado a gusto y conveniencia de las empresas constructoras, pero maldito para el ciudadano común. 

Así, en Guayaquil, por años hemos pagado mucho (un claro sobreprecio) para construir una ciudad inundable que nos hará mucho daño. Se benefició a unos pocos, en perjuicio de la inmensa mayoría. Y éste es, en esencia, el “capitalismo de amigos”, preparándonos un nuevo legado de escombros y hedor.

Guayaquil catástrofe

8 de julio de 2022

 

Publicado en diario Expreso el 8 de julio de 2022.

 

Este artículo es un ejercicio de prospectiva: estudiar lo que se ha hecho en Guayaquil para mitigar el impacto de las inundaciones, a fin de explorar su (sub-acuático) futuro.

 

Las inundaciones en Guayaquil pueden provocar unas pérdidas inaceptablemente altas. Un estudio del año 2013 (“Future flood losses in major coastal cities”, de Hallegatte et al.) auspiciado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) estimó, calculadas al año 2050, las pérdidas económicas a causa de las inundaciones que ocurrirán en las 136 ciudades costeras más grandes del mundo por efecto del cambio climático. Con una estimación conservadora que consideró una elevación del nivel del mar de apenas 20 centímetros, este estudio encontró que Guayaquil es la tercera ciudad, después de Cantón en China y Nueva Orleáns en los Estados Unidos, cuya economía iba a sufrir más producto de las inundaciones. Para Guayaquil se calculó que el porcentaje de pérdidas económicas anuales en relación con su producto interno bruto (PIB) era del 1.08%.

 

Este porcentaje del 1.08% representa “la parte de los gastos económicos de la ciudad que debería ahorrarse anualmente para pagar las futuras pérdidas por inundaciones”. Este porcentaje, por cierto, es siempre y cuando la ciudad haya tomado medidas adecuadas para la mitigación de los impactos por las inundaciones. El escenario cambia si no se actúa a tiempo.

 

Estudiar lo que se ha hecho en Guayaquil para hacer frente a las inundaciones es breve, porque realmente no se ha hecho nada de relevancia, como no sea empeorar la situación. Por decenas de años, la ciudad ha experimentado un crecimiento que la ha vuelto propensa a las inundaciones. En un informe técnico que la propia Alcaldía de Guayaquil le solicitó a la Corporación Andina de Fomento (CAF) sobre el posible impacto de las inundaciones en la ciudad, los técnicos de la CAF lamentaron que una ciudad como Guayaquil que “ofrece condiciones inmejorables para desarrollar soluciones integradas en el diseño urbano [y] sustentables a largo plazo” haya optado por un crecimiento que resulta perjudicial para la mitigación de las inundaciones.  

 

El informe de la CAF describe así el crecimiento urbano de Guayaquil: “lotes pequeños para las viviendas, aceras y accesos estrechos, limitadas áreas verdes, y en general una clara tendencia hacia la impermeabilización del suelo urbano”. Impermeabilizar el suelo de una ciudad costera es facilitar el trabajo a los efectos del cambio climático. Guayaquil es una gran mancha gris propensa por mensa a las inundaciones.

 

Imaginemos una ciudad sub-acuática y la posibilidad de vivir en ella. Y la respuesta es no.

 

En el estudio auspiciado por la OCDE se advierte que el riesgo de no hacer nada para mitigar el impacto de las inundaciones “resultaría en pérdidas inaceptablemente altas”. Y es en esta categoría de ciudad irresponsable que la tenemos a Guayaquil.

 

La diferencia entre una catástrofe y una tragedia es que una catástrofe se podría haber evitado por la oportuna actuación humana, mientras que una tragedia no. Guayaquil va galopante rumbo a una catástrofe de dimensiones colosales, cosa que a nadie en esta ciudad parece preocuparle, y mucho menos a sus autoridades. 

Dworkin, Guayaquil, y asaltar el Tía

12 de diciembre de 2019


Los otros días, leyendo un artículo del libro ‘A matter of principle’ de Ronald Dworkin, titulado ‘Why liberals should care about equality’, vi a Guayaquil. El artículo, apropiadamente, constaba en la parte III del libro, que lleva por título ‘Liberalism and Justice’.

De Ronald Dworkin (1931-2013) es admirable su propuesta de rescate del liberalismo de las estupidizantes garras conservadoras y de procurar darle un contenido no pajero a este concepto a través del principio de igualdad. Por ello, Ronaldo es crack. Y este párrafo de su artículo, me la recordó a mi Guayaquil:

‘Si los liberales recuerdan el consejo de igual preocupación, ellos construirán ahora una teoría que, por indicar las bases mínimas a partir de las cuales se pueda esperar que la gente que se respeta a sí misma considere a una comunidad como la suya propia y que considere al futuro de esa comunidad, en cualquier sentido, como el suyo. Si el gobierno empuja a la gente por debajo del nivel en el que pueden contribuir a forjar su comunidad y obtener de ella cosas de valor para sus propias vidas, o si el futuro brillante que les ofrece es uno en el que a sus hijos se les promete una vida de segunda clase, entonces se tira al traste la única premisa sobre la cual se podría justificar su conducta.” (p. 212)

Este fue el Guayaquil de Octubre, en el que aquellos que tienen una idea distinta y precaria de su futuro no mostraron ningún problema en atentar contra los bienes de la comunidad: no lo tienen, porque no la sienten como la suya, pues sus futuros son divergentes. Por eso es que apenas se levantan las restricciones (el 30-S, las protestas de Octubre), aparece el vandalismo en la periferia de la ciudad (es decir, la Perimetral, nuestra versión del Wild Wild West) y es allí que almacenes Tía tiembla, porque sabe lo que le va a pasar: los previsibles saqueos en una ciudad descompuesta.

Guayaquil, como se lo advirtió en la película Sin Otoño, sin primavera, tiene unos cien mil habitantes porque “el resto son extras”. Estos “extras” son aquellos a los que el desarrollo socialcristiano, lo que ha podido ofrecerles, es “una vida de segunda clase”.

Esto ocurre por un hecho fundamental: la orientación del crecimiento urbano durante la administración del PSC. En un informe que contrató la Alcaldía de la ciudad a técnicos de la CAF para que expliquen la inundación ocurrida en Guayaquil los días 2 y 3 de marzo de 2013, se describió el crecimiento de la ciudad en los sectores populares, por oposición al resto:

“Sin embargo, al mismo tiempo, se observa un fuerte proceso de ocupación irregular en áreas de expansión donde no necesariamente se siguen las normas de ocupación del suelo establecidas en ordenanzas municipales. Paradójicamente, como en otras ciudades de la región, la expansión de la ciudad irregular ocurre en forma cuasi organizada, generalmente por emprendedores que invaden propiedades privadas –con o sin acuerdo del propietario de la tierra- y con ello activan un mercado sumergido de la tierra urbana que se inicia con la ocupación ilegal de lotes sin servicios básicos de aguas, alcantarillado y drenaje. En algunos países es frecuente que políticos utilicen estos mismos mecanismos que promueven la ocupación informal de la tierra para obtener réditos electorales.” (p. 13).

Entre esos países está el Ecuador, y en él, Guayaquil, con el caso del PSC. El informe describe también a los desarrollos de vivienda que impulsa la Alcaldía socialcristiana de Guayaquil, y explica que algunos de ellos…

“… se localizan en zonas de riesgo por inundación y los proyectos aparentemente siguen soluciones convencionales, con extensos urbanismos sobre rellenos y construcción de conductos para drenaje para absorber picos de escorrentía generados por nuevas áreas impermeables. Estas opciones de ingeniería no representan claramente la mejor opción para garantizar su sustentabilidad en el futuro. […] Se observa que el abastecimiento de agua es el primer servicio que se atiende, seguido de alcantarillado sanitario y, finalmente, siguiendo un enfoque tradicional ligado a la instalación exclusivamente de obras de conducción, se atiende el drenaje pluvial.” (p. 13).

A pesar de que el informe de la CAF advierte que en Guayaquil se tienen “condiciones inmejorables para desarrollar soluciones integradas en el diseño urbano que combine programas de vivienda, transporte, agua potable, alcantarillado, drenaje, residuos sólidos y medio ambiente” (p. 31), el informe también reconoce que la realidad de Guayaquil es, en general, muy distinta a este ideal, pues consiste en “lotes pequeños para las viviendas, aceras y accesos estrechos, limitadas áreas verdes, y en general una clara tendencia hacia la impermeabilización del suelo urbano. […] Este tipo de ocupación aumenta notablemente la temperatura en la ciudad, incrementa significativamente los picos y la velocidad del escurrimiento durante las crecidas de la escorrentía superficial, produce erosión y aumenta la contaminación de las aguas pluviales” (p. 24). Es decir, una vida de segunda clase.



Visto desde los hechos de su desarrollo urbano (contados en este informe de la CAF que pagó la Alcaldía y que se redactó para presentárselo al Alcalde Nebot, v. p. 5), es fácil deducir que el desarrollo urbano se ha hecho con el fin de favorecer a las empresas constructoras, en vez de a los habitantes de Guayaquil. Esto, porque en ello está el negocio.

Y esto es apenas asombroso, si se toma en cuenta que el exAlcalde por casi dos décadas y actual Alcalde-por-encima-de-la-Alcaldesa-de-ahora, Jaime Nebot, provenía él mismo del negocio de la construcción. No es tan raro, entonces, que él haya buscado beneficiar a su gallada (esto es el Ecuador, no seamos tan patéticamente giles). El problema de este modelo de “Capitalismo de Amigos” del PSC es que realmente perjudica a la gente común, a pesar de que en la esfera pública se nos haya vendido otra idea.

Así, la magia del socialcristianismo consiste en mantener sometida a una población con vidas de segunda clase, con el sabroso cuento de que se vive un caso de “modelo exitoso”. (Esto se llama “delusión”, o si lo quieren en palabras coloquiales, “una metida de dedo”). Detrás de estas personas que viven miserablemente pero que sostienen el proceso del PSC (algunos con sincero entusiasmo), hay un continuado proceso de estupidización en el que los medios de comunicación han jugado un rol fundamental.

Pero el encanto de la estupidización del guayaquileño se quiebra en ciertas circunstancias dramáticas (30-S, las protestas de Octubre) y entonces salta la pus. El tejido social revela sus costuras, que se le notan en tantas otras cosas: la forma cómo conducimos, la ausencia de una fiesta local congregadora, el sistema de clientelismo en los barrios populares, el sistema de cooptación de la participación social en los grupos amigos (los 117 favorecidos), el diseño de una ciudad como una vitrina… Pero en esos momentos extremos, en los que irrumpe la violencia de los guayaquileños pobres contra los bienes comunes y contra los comercios de los otros, es que se revela la mentira del modelo socialcristiano. Un modelo que realmente es excluyente y produce ciudadanos de segunda, que no han llegado nunca a compartir un futuro en común con su comunidad. Por eso les resulta muy fácil agredirla.

Al final, es un problema de imaginación: hemos sido incapaces, como sociedad, de pensar ideas alternativas a las que ha impuesto el PSC, al punto de que ellos, hoy, pueden cerrar con seguridad privada la ciudad a los foráneos (léase, a los “indígenas del páramo”) como acaba de ocurrir durante las protestas de Octubre: Guayaquil es una ciudad colonial del siglo XVII, perdida en el XXI.

La Alcaldía ha podido hacer poco y mal, como lo han descrito los expertos de la CAF, pero en Guayaquil se considera a este poquito, mejor que cualquier otra cosa que se haya podido pensar y hacer en la ciudad. Nuestra verdadera miseria, en Guayaquil, es mental: reside en nuestra incapacidad, hasta la fecha, de pensar en la esfera pública por fuera de la lógica perversa que ha impuesto el PSC.

Es momento de traerlo de vuelta al gran Ronaldo, el crack de Liberalismo & Justicia. Dice en el cierre del artículo citado, ‘Why liberals should care about equality’, “[s]i nuestro gobierno puede proveer un futuro atractivo únicamente a través de la presente injusticia”, que en el caso de Guayaquil comporta un suplido a cuentagotas de los servicios públicos en los sectores marginales, se les está pidiendo finalmente a “algunos ciudadanos que se sacrifiquen en el nombre de una comunidad de la que ellos están, en cualquier otro sentido, excluidos.” Y esto es lo que le pasa a los “extras” de Guayaquil: ¿de qué comunidad se les puede hablar a estos excluidos? Ellos, lo que realmente quieren, es asaltar el Tía, y cuando tienen chance, pues lo hacen. Y Guayaquil, que se joda.

Que es exactamente lo que piensan los tipejos de las empresas constructoras mientras cuentan su billete, na’ más que su perjuicio es a otra escala. Y es por esto, por esta generalizada desidia de los pobres y de los ricos hacia la ciudad que habitan, así como por la ausencia de pensamiento crítico en su clase media, que estamos tan, pero tan mal. Y es por la sostenida estupidización que ha tenido lugar aquí, que ni siquiera nos damos cuenta.

Salvo los del Tía. Ellos sí que se dan cuenta.

Lennon, el socialcristiano

20 de agosto de 2019


En 1970, Beatles over, Jann Wenner entrevistó a John Lennon y le preguntó por un libro de Hunter Davies. Por toda respuesta, Lennon esquivó la pregunta y divagó:

“No sé, no lo recuerdo. Love me do, de Michael Braun, fue un mejor libro sobre los Beatles. Decía la verdad. Él escribió como éramos, unos desgraciados. No se puede ser de otra manera con tanta presión… y nos desquitábamos con personas como Neil, Derek y Mal. Es por eso que en el fondo nos guardan resentimiento, pero nunca pudieron demostrarlo. Y no lo creerán cuando lo lean, si esto llega a imprimirse. Pero soportaron mucha mierda de nosotros porque estábamos en una situación de mierda. Era un trabajo duro y alguien debía pagar por ello. Eso se pasa por alto, la clase de desgraciados que éramos. Desgraciados de primera, eso es lo que eran los Beatles. Debes ser un desgraciado para tener éxito. Eso es un hecho, y los Beatles eran los desgraciados más grandes del planeta. […] No hay duda, si tienes éxito es porque eres un desgraciado”*.

Tal es la filosofía del éxito de John Lennon: ser exitoso es ser un hijoputa, un cagador. Muy, muy socialcristiano**.

* Wenner, Jann S., ‘Lennon recuerda’, Aguilar, México, 2005, p. 89 [Título original: Lennon remembers, 1971]. “Neil, Derek y Mal” son Neil Aspinall, su representante para giras, Derek Taylor, su oficial de prensa, y Mal Evans, su ayudante y guardaespaldas. La palabra “desgraciado”, en la entrevista original, es una traducción de “bastard”.
** Los socialcristianos son unos extremistas de esta teoría nefasta (unos ultras de Lennon) al punto de haberla convertido en un “modelo de desarrollo”, mismo que de sostenerse en el tiempo, cagará por completo a una ciudad hoy a la deriva. (“cagará”, es literal: Guayaquil se inundará de caca et al.)

Un único consejo para Cynthia

31 de julio de 2019


Me animo a escribir así, en primera persona, porque nos conocimos alguna vez en persona. Queda registro de ello en TuTubo:

[Con un Rodas que parecía una persona funcional, una Cynthia bronceada y yo con barba de Lincoln. Además, ¡Páez sobrio! Life is such a random thing]

Recuerdo que cuando ese día conversamos durante el desayuno, comprobé una vez más que la política es un juego de máscaras, una representación (a veces palurda, etc., pero una representación al fin y a la postre) y que, por fuera de esa arena, uno tiene muchos motivos para generar vínculos con los demás.

Y es que hay pocotón de temas que son mucho más importantes que las diferencias entre izquierda y derecha, como por ejemplo, la supervivencia de nuestra ciudad. Guayaquil tiene graves problemas en su tráfico vehicular (la sexta ciudad más traficada en América del Sur), en sus pocas y disfuncionales áreas verdes, en la ausencia de una planificación integral… pero ninguna es tan grave como el riesgo que corre Guayaquil de inundarse a unos 30 a 50 años de su bicentenario de independencia. Para el 2050, por ejemplo, una investigación del año 2013 colocó a nuestra Guayaquil, de entre 136 ciudades costeras de más de 1’000.000 de habitantes, como la tercera en el mundo (únicamente detrás de Guangzhou y Nueva Orleáns) con las mayores pérdidas económicas por efecto de la irremediable elevación del nivel del mar. Con una elevación proyectada de 20 centímetros a 30 años, que es un cálculo conservador, en Guayaquil se estiman unas pérdidas económicas de alrededor de 3.200 millones de dólares (mucho de ello por infraestructura inutilizable, por sub-acuática).

Alcaldesa, este problema no lo creaste tú: lo heredaste de administraciones anteriores. Pero sí que tienes la oportunidad para hacer algo al respecto, porque mientras más tiempo pase sin enfrentarlo, más costosas serán las soluciones para atajar el problema en el futuro.

Y hay que tenerlo claro: este es el auténtico problema capital de Guayaquil. Ya tu antecesor es agua pasada, pero la oportunidad sigue allí. Por “oportunidad”, quiero decir esto: ser la autoridad municipal que EMPEZÓ a enfrentar, de una manera decidida y eficaz, el riesgo futuro de inundación de nuestra ciudad, la Alcaldesa que empezó a proteger a la Guayaquil que ambos queremos de una posible catástrofe.

Y lo digo de corazón, Cynthia: eso sería de crack. Te ganarías mi respeto y mi admiración. Porque eso, con independencia de la bandera política, eso es hacer lo que realmente importa.

Denuncia: Juan Ramírez no es suficiente

5 de junio de 2019


Somos una sociedad muy pobre, pero no me refiero al dinero (aunque también)*. Somos culturalmente muy pobres, pues somos incapaces de enfrentar lo que se viene. Simplemente, parece que estamos destinados a sufrirlo, como si de un designio divino o del impacto de un asteroide se tratara. No es que no se conozca que Guayaquil corre el riesgo de inundarse y tornarse inhabitable en unos 30 a 50 años (alguna noticia se ha difundido, algún foro se ha hecho), el tema es que a nadie parece realmente importarle.

En realidad, Guayaquil es una ciudad secundaria para el mundo mundial. Es una de las 136 ciudades costeras de más de un millón de habitantes que en el mundo existen, pero una de las más prescindibles. Las inundaciones en Guayaquil serían una preocupación para sus habitantes y para algunos compatriotas, pero poco más. Es decir: la preocupación por las futuras inundaciones de Guayaquil se reduce a una porción mínima, poco influyente del mundo. El resto podría ver que nos inundamos y muy tranquilamente no hacer nada por nosotros. No nos engañemos: estamos en el mismo nivel de periférica importancia que un bombardeo en Siria o una sequía en el centro de África.

Otra cosa, por supuesto, es la ciudad de Nueva York, USA. Allá se toman muy en serio lo que le pueda pasar a la ciudad, entre otras cosas, porque Nueva York es la capital no oficial del mundo mundial. Y su administración pública sí se ha tomado en serio los efectos del cambio climático y han creado varias oficinas para tratar este tema. Tiene a un responsable máximo, quien responde directamente al Alcalde de NYC, con el cargo de “Senior Director of Climate Policy and Programs”. Este cargo lo ocupa Daniel A. Zarrilli, quien supervisa la gestión de los varios departamentos que se dedican a tratar con los efectos del cambio climático en esa ciudad (Mayor’s Office of Recovery and Resiliency, Mayor’s Office of Sustainability, Mayor’s Office of Environmental Coordination) y quien también tiene a su cargo la coordinación del programa de Nueva York (OneNYC) para una acción climática inclusiva. 

OneNYC
Daniel A. Zarrilli es un ingeniero que se toma en serio el futuro de la ciudad para la que presta sus servicios. Bajo su dirección, Nueva York orienta sus políticas y programas a la obtención de ocho (8) metas: una democracia vibrante, una economía inclusiva, barrios florecientes, una vida saludable, la equidad y excelencia en la educación, un clima habitable, movilidad eficiente, infraestructura moderna. Para alcanzarlas, la ciudad se ha comprometido a treinta (30) iniciativas concretas cuyo cumplimiento puede medirse: hay mucha información disponible al público, hay una rendición de cuentas constante desde la autoridad, hay indicadores para medir la efectividad de las gestiones emprendidas; hay un Plan de Acción y una estrategia a seguir de aquí a 30 años… El mundo de cosas que ocurre en Nueva York (la tercera ciudad con la mayor población de ecuatorianos en el mundo, por encima de Cuenca) de cara a enfrentar los riesgos asociados a la inevitable elevación del nivel del mar, es abrumador.

Pues resulta abrumador frente a la desidia que hay acá, porque en Guayaquil no pasa nada a pesar de que se proyecta como la cuarta ciudad en el mundo que enfrentará los mayores costos económicos (alrededor de 3.000 millones de dólares) asociados a la elevación del nivel del mar en 30 años. Acá, en el Puerto Principal y Perla del Pacífico, lo tenemos a Juan Ramírez. Ramírez es el ingeniero a cargo de la Gestión de Riesgos en la Alcaldía de Guayaquil, acostumbrado a obedecer órdenes y a cumplir protocolos. En su dirección municipal no hay ninguna planificación para enfrentar los riesgos que las futuras inundaciones imponen a Guayaquil (la palabra “inundación” no aparece en la normativa de su dirección).

Web Alcaldía GYE

El Ing. Juan Ramírez es un funcionario pensado para ser reactivo: si ocurre una situación de riesgo en la ciudad, él debe coordinar muchos esfuerzos para resolverla.

Web Alcaldía GYE

Y habría que ver si realmente Ramírez cumple con lo que se supone que hace: por ejemplo, si su Dirección prepara esos “planes anuales” de reducción de riesgos con indicadores… Pero no hay que comerse el coco con vanas ilusiones: para la Alcaldía de Guayaquil, el uso de planes con indicadores es material de ciencia ficción.

El problema es que un funcionario como Ramírez no es suficiente (OJO: no es culpa de él, es la falta de criterio en la administración municipal en general). Como ciudad, en Guayaquil no se está haciendo nada, o casi nada, para enfrentar un problema que en unos 30 a 50 años tendrá unas consecuencias catastróficas si no son adoptados los necesarios correctivos ahora, como los que ha empezado a adoptar una ciudad que sí está consciente del problema como Nueva York.

Por contraste a NYC, Guayaquil está en la peor situación posible. A su administración pública, en manos de los irresponsables de los socialcristianos, no le ha importado lo que pueda llegar a pasar en el futuro con la ciudad, porque sus ganancias son AHORA (nuestro crecimiento urbano está hecho “inconscientemente” para facilitar las inundaciones venideras, dada su impermeabilidad) y son mis conciudadanos, en una amplísima mayoría, ignorantes de los problemas que se les avecinan (en el caso más feliz, piensan como Jazmín). A mayor inri: NYC tiene muchos recursos y puede generar muchísimos más a través de redes de solidaridad que ciudades como Guayaquil simplemente ni tienen, ni podrán tener, por su condición de periferia pobre del mundo mundial.

La desgracia de Santiago de Guayaquil es que, o la salva la preocupación y el esfuerzo de sus propios habitantes, o en unos años post-socialcristianos se nos inunda y que el último residente apague las luces (si aún queda algún vestigio de electricidad en una ciudad anegada)**. Y por como vamos en tamañas irresponsabilidad e inconsciencia, este segundo escenario es muy posible. 


* A guisa de ejemplo: la ciudad de Buenos Aires (excluyendo el Gran Buenos Aires) tiene una población de aproximadamente tres millones de personas, tiene un presupuesto anual de alrededor de 10.000 millones de dólares. Guayaquil, con una población similar, tiene un presupuesto anual de apenas 800 millones de dólares (las consecuencias de vivir con cinturones de miseria e informalidad).
** Guayaquil sufrirá por la elevación del nivel del mar, a consecuencia de lo cual (si continuamos en la feliz ignorancia de nuestros problemas) varias zonas de la ciudad quedarán anegadas de forma permanente, o tan recurrente, que se volverán inhabitables. Esto provocará cientos de miles de desplazados por efecto del cambio climático, que en un país tan anárquico e idiota como el Ecuador, se dispondrán a crear situaciones de descontrol tiro 30 de septiembre, pero por días y días y días. Un apocalipshit guayaco.

Comerse el amague definitivo (o "Proyecto de Ciudad Sub-Acuática por Inercia")

6 de mayo de 2019


¿De qué se está hablando cuando se dice que una mayoría de guayaquileños se han comido los amagues de su Municipio por decenas de años (desde 1992)?

Fundamentalmente, se habla de esto: que Guayaquil ha crecido mal, en perjuicio de la mayoría de sus habitantes y en beneficio de unos pocos.

Piensa en esto, guayaco voraz jamador de amagues: el Alcalde de Guayaquil está vinculado al sector de la construcción. Cuando entró a la función pública en los ochentas (en esos salvajes ochentas) durante el Gobierno de León Febres-Cordero, Jaime Nebot afirmó ser Presidente y Gerente de varias empresas dedicadas al negocio inmobiliario*. Piénsalo, entonces, como un guayaco: una vez llegado este man al poder, ¿a quién podría beneficiar?

Si aún no has sido lobotomizado, admitirás que la respuesta a esta pregunta es muy sencilla: “al sector de la construcción”.

Porque ese es el dato pepa: Guayaquil ha crecido de una manera costosa para los recursos públicos, pues el modelo de crecimiento urbano de Guayaquil utiliza “exclusivamente los principios basados en la transmisión de los impactos en el macro drenaje hacia aguas abajo”. Esta descripción del crecimiento urbano de nuestra ciudad consta en un documento de análisis y recomendaciones por el riesgo de las inundaciones en Guayaquil que nuestro Municipio le solicitó a unos expertos internacionales vía una Cooperación Técnica acordada con la Corporación Andina de Fomento (CAF) el año 2014. 

En dicho documento técnico,  los expertos indicaron que la forma de crecer de Guayaquil puede “llegar a aumentar en seis (6) veces los costos” comparados con una estrategia integral propia de “ciudades verdes, inclusivas y sustentables”, estrategia integral que los expertos justificaron para nuestra ciudad: “Guayaquil ofrece condiciones inmejorables para desarrollar soluciones integradas en el diseño urbano que combine programas de vivienda, transporte, agua potable, alcantarillado, drenaje, residuos sólidos y medio ambiente [para] diseñar soluciones sustentables en el largo plazo”.

Pero la realidad de nuestro crecimiento urbano, de acuerdo con este mismo Informe, es muy distinta: “lotes pequeños para las viviendas, aceras y accesos estrechos, limitadas áreas verdes, y en general una clara tendencia hacia la impermeabilización del suelo urbano”. Es decir, todo lo contrario a una ciudad “verde, inclusiva y sustentable”, pero todo muy pero muy conveniente para los negocios vinculados a la construcción.

Este parque en la calle Rosa Borja sirve como ejemplo de la impermeabilización del suelo urbano de la ciudad: purititito adoquín y apenas tres pinches palmeritas.
  
La buena noticia es que se puede hacer mucho mejor. La mala es que hasta ahora lo hemos hecho pésimo (menos para los negocios de las empresas vinculadas al negocio de la construcción, como resulta evidente de este relato).

Piénsalo, entonces, insaciable devorador de amagues del poder político de tu ciudad: si ya es muy grave que se gaste cerca de seis veces más por un crecimiento urbano deficiente, es muchísimo peor cuando llegas a la comprensión de que este crecimiento de Guayaquil propiciado para el beneficio de unos pocos ha puesto a la ciudad en una situación de riesgo. Guayaquil es una ciudad que corre el riesgo de inundarse a consecuencia del cambio climático, lo que causará unas pérdidas económicas cuya consecuencia, si no se toman las medidas para atajar este problema con tiempo, “resultaría en pérdidas inaceptablemente altas”. Y durante la administración de Jaime Nebot no ha hecho sino agravarse este tema para la ciudad, pues para Nebot el problema no existe: no lo siente como un problema de Guayaquil pues él ya no verá la destrucción que ahora siembra. A Nebot realmente no le importa nuestro futuro, por una razón muy sencilla y prosaica: no le resulta rentable AHORA. Sus prioridades están claras.

Pero así es la vida en los trópicos: irresponsable y feliz. En el caso de Guayaquil, de aquí a unos 30 años la ciudad podría tener que enfrentar una catástrofe de proporciones bíblicas por la inundación y consecuente inhabitabilidad de amplios sectores (principalmente, de los aledaños a los ríos y esteros, cientos de miles de personas) causada por la elevación del nivel del mar y por un crecimiento urbano a contramano de una ciudad “verde, inclusiva y sustentable”, como aquella que  recomendó la CAF en su Informe del 2014 caído en saco roto. Porque ha sido esta forma de crecimiento urbano, tan perjudicial a nuestros propios intereses como habitantes de Guayaquil, la que se ha ratificado por la mayoría de los guayaquileños (un 52.60%) en las elecciones del 24 de marzo que pasó.

Así, Guayaquil ha crecido mal, en beneficio de unos pocos y en perjuicio de la mayoría de sus habitantes (en términos de uso de sus recursos naturales y de su perspectiva de futuro) pero la mayoría de sus habitantes ha insistido en ratificar con su voto este sistema dañino a sus propios intereses. Es un uso del voto como pistola para dispararse al pie: el voto que se registró el 24 de marzo a favor de la sucesora de Nebot es el homenaje más sentido que la estupidez colectiva le ha podido rendir al sistema democrático en el Ecuador.§

Y así es como muchos guayacos se han comido y se siguen comiendo el amague definitivo que les ha tirado el poder político de su ciudad: hacerles pasar este desastre de dañoso crecimiento urbano contrario a nuestros propios intereses, como un supuesto “modelo exitoso”. (Y para que esto sea así, por supuesto, el Municipio ha contado con la inestimable participación de unos medios de comunicación que son, en su amplia mayoría, verdaderos mercachifles de la palabra).

Bien lo dice el dicho: “La ignorancia es felicidad”. En Guayaquil es eso, pero la ignorancia es también mucho más: es el cultivado sustento del poder político del Municipio local.

* “El Grupo Nebot se especializa en el negocio inmobiliario. Su oficina central está ubicada en el Edificio Valra de Guayaquil (Av. 10 de Agosto 103 y Malecón), edificio que comparte con las oficinas del Ing. Febres-Cordero y de Ecuasal”, en: Fierro Carrión, Luis, ‘Los grupos financieros en el Ecuador’, Centro de Educación Popular, Quito, 1992, p. 289 (v. “Subgrupo Nebot”, pp. 288-292). Por esta razón, todavía a la entrada del edificio Valra la limpian (e imagino que la seguirán limpiando hasta que se vaya el Bigotón Farsante) unos empleados del Municipio de Guayaquil: esto de usar los recursos públicos en beneficio privado se les nota hasta en los detalles.
§ Uso la palabra “estupidez” en sentido etimológico, pues proviene de “stupere”: “asombrase, quedarse inmóvil”. Es esta inmovilidad lo que caracteriza a la mayoría de los guayacos (principalmente, de clase media pa’ arriba, y mientras más aspiracional más acusado es este síntoma) cuando de opinar sobre su Municipio se trata: se estupidiza, se le traba su sentido crítico y termina por exteriorizar (aunque no tenga evidencia para decirlo) que su Municipio es bueno, o que ha sido, al menos, mejor que cualesquier otra alternativa. Y es por esta inmovilidad de muchos que la habitan pero que no la piensan que nuestra ciudad se sigue moviendo al ritmo del poder político enquistado en su Municipio desde 1992, más sus agnados y cognados de la construcción. (Es decir: en lo fundamental se sigue moviendo en beneficio de unos pocos mientras la gilada guayaquileña aplaude, ignorante y feliz.)

Los variables culpables de las inundaciones

23 de octubre de 2018


El Alcalde Nebot juega bien sus cartas. Escenificó en una radio amiga, de esas que son una nota al pie en su discurso, una de sus especialidades: culpar a otro de las desgracias de Guayaquil.

Esta vez, previsiblemente, la víctima fue Jimmy Jairala, contrincante de su candidata para la Alcaldía en marzo de 2019. El Prefecto Jairala no ha hecho el dragado del río Guayas, por lo que Nebot lanzó la siguiente especie:

“… la falta de ese dragado pone a Guayaquil, la falta de dragado que no me vengan a hablar de drenaje, ¿no? de dragado, en el número dieciséis de las ciudades con mayores posibilidades futuras de inundarse en el mundo, por falta de dragado” (22:42).

Una cosa importante: El dragado es una negligencia de la Prefectura de Jimmy Jairala, eso es indudable.

Otras cosas mucho más importantes: Las consecuencias que son imputables a la gestión de más de un cuarto de siglo del PSC en Guayaquil, por la destrucción del arbolado urbano y el crecimiento urbano sin planificación y en beneficio de una argolla de la construcción (“El Capitalismo de Amigos”). Y se ha actuado, a sabiendas, irresponsablemente, porque el que las inundaciones eran el más grave riesgo para la ciudad, lo sabía la Alcaldía desde su Diagnóstico del Sistema Ecológico-Ambiental del cantón Guayaquil incorporado al Plan de Ordenamiento Territorial del GAD del cantón Guayaquil del año 2011, que en una de sus conclusiones advirtió: “El riesgo de mayor importancia para el cantón es el riesgo de inundación, debiéndose prever en el futuro obras de control de inundaciones”. Por estos años, el culpable de cualquier inundación era la naturaleza: la excusa era la “marea alta”.


El año 2013 se publicó una investigación a nivel mundial sobre las futuras pérdidas por inundaciones en las grandes ciudades costeras (“Future flood losses in major coastal cities”, publicado en Nature Climate Change) que involucró a las 136 ciudades costeras y con más de un millón de habitantes del mundo, entre las que figura nuestra Santiago de Guayaquil. El resultado de este diagnóstico, parte de un proyecto de la OECD, es que nuestra ciudad es la tercera en el mundo más vulnerable a las pérdidas económicas por efecto de las inundaciones que se proyecta se tengan para el año 2050 por el incremento del nivel del mar a consecuencia del cambio climático. En este rubro macabro y demostrativo de nuestra preocupante falta de previsión, Guayaquil está únicamente detrás de Guangzhou y de Nueva Orleans.

Está avalado por la ciencia el que las inundaciones en el mundo serán cada vez más comunes y devastadoras, dada la elevación del nivel del mar. Si esta es únicamente de 20 cms. para el año 2050 (un cálculo que se estima conservador), las pérdidas económicas que el estudio estimó para Guayaquil fueron de 3.189 millones de dólares. ¿De dónde vendrán estas pérdidas? Básicamente, de infraestructura inutilizable por subacuática.

Ese mismo 2013, a raíz de una inundación en los primeros días de marzo, la Alcaldía de Guayaquil solicitó un estudio a expertos de la Corporación Andina de Fomento sobre el riesgo de inundaciones en Guayaquil, mismo que determinó en un informe presentado a la Alcaldía que el problema era precisamente aquel que el Alcalde negó en su radio amiga la semana que pasó: el drenaje. “La experiencia demuestra”, dice este informe, que soluciones a las inundaciones “que utilizan exclusivamente los principios basados en la transmisión de los impactos en el macro drenaje aguas abajo, no son sustentables”, además de que pueden “llegar a aumentar en seis (6) veces los costos” comparados con una estrategia integral de gestión. OJO, que es así cómo nosotros hemos crecido como urbe: hemos pagado más (aproximadamente 6 veces más), para crecer peor y aumentando la factura a pagar en el futuro por las irresponsabilidades hechas para lucrar en el presente. 

Y se ha concretado este propósito de lucro, increíblemente, con el aplauso de la mayoría.

Conclusión:

Como si nada, cuando luego se hable de la posibilidad real de inundaciones en Guayaquil, su máximo responsable por dos décadas volcadas a una gestión de cemento, adoquín y palmeritas, por la decidida voluntad de crear una ciudad impermeable (véase en el espejo de Houston), el Alcalde Jaime Nebot, pretenderá eludir su responsabilidad, endosándole la culpabilidad a otro. Antes era la “marea alta”, o los ladrones, ahora (porque es tiempo de elecciones) le toca a Jimmy Jairala.

Pero el incapaz mayor de enfrentar el riesgo de las inundaciones, pues afecta a su negocio, la pasa siempre de alivio.

Esto sólo es posible en una ciudad con un periodismo incapaz de ejercer los mínimos del oficio, sometido a la autoridad local, como la radio en la que se llevó a cabo esta entrevista. Y más allá de la responsabilidad que pueda tener Jairala, realmente es por la falta de visión de la Alcaldía y por el lucro inmediato por ella permitido a los negocios vinculados a la construcción, que se ha agravado la situación de Guayaquil de cara a un futuro subacuático y a enfrentar pérdidas millonarias en el futuro por las irresponsabilidades del presente.