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Tarjeta, tarados y prensa

2 de noviembre de 2009

Bertrand Russell ejemplificó la vaguedad del lenguaje en la siguiente frase: “Yo soy firme. Tú eres obstinado. Él es un cabeza dura”. La frase es útil para ilustrar el sesgo de algunos en el uso del lenguaje. Yo la utilizaré para argumentar ese sesgo en los medios de comunicación social locales, los que suelen autodenominarse “libres e independientes”.

Así, podría el término “cabeza dura” en conjunto con otras lindezas (del tipo “insultador”, “tirano de cuarta”, “dictador” o “autoritario”) muy al uso de vehementes opinadores de turno endilgársele a Correa; por supuesto, Correa no es inocente y muchas veces se merece, sobradamente o en alguna medida, la crítica que esos vehementes opinadores le formulan. Valga precisar que esa crítica al discurso de Correa suele no analizar el contenido de lo que Correa sostiene y se detiene en el análisis de las formas de su discurso, el que expuesto en los términos que Correa lo hace se lo considera injustificable y lo convierte en “justo” acreedor de los adjetivos que inician este párrafo. (Una aproximación a esta idea de “crítica” de algunos opinadores la avanzó Jaime Rumbea en este artículo que publicó en diario El Universo).

En la otra orilla, el término “firme” de esa ecuación russelliana le corresponde al Alcalde Nebot, quien funge de supuesto rival de Correa. Nebot sí tiene licencia para insultar: a las redacciones de los medios de comunicación social sus insultos no las inmuta (si los llegan a consignar, se lo hace sin énfasis alguno); a esos mismos vehementes opinadores, tan preocupados por las formas del discurso de Correa, esos insultos no afectan de ninguna manera sus habituales loas acríticas a la gestión del Alcalde.

Veamos un ejemplo reciente. La Alcaldía de Guayaquil lanza la tarjeta llamada “La Guayaquileña”. Uno puede, de manera legítima, discrepar con el lanzamiento de la tarjeta, por diferentes razones. Pero el ejercicio de ese legítimo derecho a discrepar, por ejemplo, porque alguna persona considere que se puede utilizar la tarjeta con fines políticos, le costará a esa persona que el Alcalde Nebot lo trate de “tarado”. Así lo consignó el diario Extra, que acaso por tratarse de “prensa popular”, se atrevió a publicarlo entero, bajo el titular ¡No son para fines políticos!:

“… solo un tarado puede pensar eso, el plan lo anuncié hace mucho tiempo. A quien se refiere es uno de los tantos insultos que Guayaquil no aguanta más. Si están trastornados que vayan al siquiatra y si son ignorantes que aprendan”.

El resto de la prensa “libre e independiente” no consignó el insulto que el Alcalde Nebot le endosa a todo aquel que no piensa como él. El diario Expreso, lado A de Granasa S.A. o el Dr. Jekyll de este sangriento Mr. Hyde, omite toda referencia. Diario El Universo, que sabe quiénes son sus amigos (sino obsérvese este editorial en apoyo a los comités del Municipio local, -precisamente publicado ese mismo día- y la crítica del amigo Ángel Largo Méndez en su bitácora, o recuérdese el tratamiento de las protestas de estudiantes contra el Gobierno central y de los comerciantes informales contra el Gobierno seccional, acá) escoge sus palabras e inicia desde la referencia a que el plan ya había sido anunciado hace mucho tiempo, frase que está justo después de que Nebot llama “tarado” a todo aquel que piense distinto en la materia. Diario Hoy sólo lo publicó en su edición digital, con el rótulo “solo para Guayaquil” y no hizo ninguna referencia al asunto.

La prensa “libre e independiente” ejerce esa supuesta “libertad” e “independencia” en defensa de sus propios intereses. Lo que no defiende con ese uso mañoso de la libertad es la libertad de expresión con la que tanto le encanta llenarse la boca. Le gusta maximizar algunas cosas ad náuseam, así como omitir de manera absoluta otras cosas (piénsese en la nula investigación sobre temas que deberían llamarnos la atención como los casos Neira y Orellana, por ejemplo). Su idea de libertad de expresión es solamente la libertad de prensa y ésta, como dijo Jauretche, “no es más que una máscara de la libertad de empresa”. En beneficio de Nebot, en este caso.

Jauretche es potente

31 de marzo de 2009

El pana Ángel Largo Méndez tiene en la página principal de su bitácora Mi Zurda Opinión una sentencia de Arturo Jauretche cuya fuerza y precisión siempre me agradaron mucho porque (B. Gracián dixit) lo bueno, si breve, dos veces bueno: “No existe la libertad de prensa, tan sólo es una máscara de la libertad de empresa”.  Yo admito conocer poco de Jauretche: tengo sólo unas vagas referencias al paso, provenientes de amigos argentinos en tertulias del Sur.  (Esta página ofrece la interesante posibilidad de aminorar ese déficit.) 
La sentencia de AJ es precisa para criticar (en amable conjunción con Owen Fiss) el concepto de “libre mercado de las ideas” al que me he referido en entradas anteriores.  Buscar esa sentencia para comprobar su exactitud me condujo a esta página con “frases y pensamientos” de AJ.  Y es de esa página que extraigo estas dos frases de AJ, que si bien carecen de la brevedad sentenciosa de la anterior, sí que abundan en ofrecernos razones para criticar a la llamada “libertad de prensa”, en particular, porque nos exponen en limpio la dependencia de los medios de comunicación social de la “economía” (sea de su avisador o de los grupos dominantes) y porque denuncian la hipocresía de quienes se llenan la boca con valores que no defienden:    
Porque estos periódicos tan celosos de la censura oficial se autocensuran cuando se trata del avisador; el columnista no debe chocar con la administración. Las doctrinas, los hechos, los hombres, se discriminan en función del aviso; así hay tabúes tácitos y se sabe que no se debe mencionar, que camino no hay que aconsejar, que cosas son inconvenientes.”
“Porque los medios de información y la difusión de ideas están gobernadas, como los precios en el mercado y son también mercaderías. La prensa nos dice todos los días que su libertad es imprescindible para el desarrollo de la sociedad humana, y nos propone sus beneficios por oposición a los sistemas que la restringen por medio del estatismo. Pero nos oculta la naturaleza de esa libertad, tan restrictiva como la del estado, aunque más hipócrita, porque el libre acceso a las fuentes de información no implica la libre discusión, ni la honesta difusión, ya que ese libre acceso se condiciona a los intereses de los grupos dominantes que dan la versión y la difunden.
Clarita la tenía Jauretche, clarita.  Por cierto, Los Piojos le dedicaron una canción (San Jauretche):