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La gran amenaza para Guayaquil

26 de agosto de 2018


La columna de opinión “La gran amenaza para Guayaquil”, por su contexto (publicado en diario El Universo y de autoría de Juan José Illingworth) no daba para pensar que iba a ser crítica de la administración municipal. Su inicio despeja cualquier duda:

“Ante la posibilidad de que el sucesor de Nebot destruya lo logrado en estos últimos 25 años…”

Cuando, en realidad, la “gran amenaza para Guayaquil” es la continuidad de “lo logrado en estos últimos 25 años” de administración socialcristiana de la ciudad: Lo que motiva el elogio de Illingworth: ese es el verdadero problema guayaquileño. Esto, porque el modelo urbano del PSC en Guayaquil no ha sido planificado ni consultado, porque está pensado para el enriquecimiento de unos pocos a expensas del subdesarrollo de los muchos (este modelo urbano supone un orden vertical y mucha disciplina). Pero, principalmente, porque esta forma irresponsable de administrar el crecimiento de la ciudad la ha expuesto a una gran vulnerabilidad en terremotos e inundaciones, de la que poco se habla.   

La “gran amenaza para Guayaquil” es la continuidad del PSC en el poder.

¿Libertarios? (10 años después)

23 de junio de 2017


Hace diez exactos años, escribí el artículo ¿Libertarios?, publicado en diario El Universo.

En ese artículo del 2007 preguntaba si los libertarios estarían a la altura de defender “los ideales de la libertad hasta sus últimas y radicales (no económicas) consecuencias”. Diez años después, han demostrado que no. Como lo decía Jorge Hannibal Zavala, a quien cité en ese artículo, “son un movimiento de derecha neoliberal para los cuales la libertad individual es sagrada excepto contra la opinión de la Conferencia Episcopal, en nada diferentes del PSC, por ejemplo y deberían tener el valor de admitirlo” (1).

Pero es incluso peor: los “libertarios” son tan turros en el Ecuador que ni siquiera pueden hacer la defensa de la vertiente económica de su doctrina. El terremoto del 16 de abril de 2016 era una oportunidad de oro para ello.

En Manabí, a raíz del terremoto, algunos comerciantes intentaron aprovecharse de la situación y elevar los precios de venta de sus productos. Varias personas protestaron de manera airada contra ellos en las redes sociales. Jamás vi a ningún “libertario” salir en defensa de la libertad de esos comerciantes manabitas de vender su producto al precio que fije el mercado.

El libro de Michael J. Sandel Justice. What’s the right thing to do? empieza con un caso análogo (la elevación de los precios tras los efectos del huracán Charley en la Florida) para discutir sobre la justicia (2). Para un libertario, es simple: es un tema de libertades. A un libertario no le cabría ninguna duda: “Ni verga, ese man es libre de vender sus productos como mejor le aproveche”. Esto es así, porque la doctrina libertaria funciona a plenitud en la medida en que tritura empatías.

Pero en lo que atiende a los “libertarios” en el Ecuador: un libertario (AKA “Don Verga”) aquí, por lo general, es un tipo inconsistente en la esfera pública con las ideas económicas y morales que dice defender.

Ser “libertario”, en Ecuador, es abusar de una etiqueta.

(1)¿Libertarios?’. Una vez anunciaron en las elecciones del 2013 un primer “candidato libertario”. De primeras, le preguntaron por el aborto y el “libertario” en cuestión se declaró en contra (¡?). Sería libertario, tiro: “Soy libertario, en todo lo que no ofenda a la Madre Dolorosa”.
(2) Sandel, Michael J., ‘Justice. What’s the right thing to do?, Farrar, Straus and Giroux, New York, 2009, pp. 3-5. Una aproximación a las ideas de Michael Sandel sobre moral y mercados en ‘Market and morals’.

PSC = PRE (believe it or not)

6 de junio de 2017

En el imaginario popular de la clase media y alta de Guayaquil, el socialcristianismo es una superación radical del roldosismo. Algunos socialcristianos todavía se animan a lanzar, a manera de una defensa ante cualquier crítica a la gestión del PSC en la Alcaldía de la ciudad, la pregunta de si uno se acuerda de cómo era Guayaquil en los ochentas roldosistas.

Yo sí me acuerdo. Pero ese no es el punto.

El punto es que hacer esa defensa de la crítica a la gestión del PSC es asombroso, pues implica: A) aceptar que el parámetro para comparar la actuación del PSC durante su gestión en la Alcaldía de Guayaquil es lo que ellos consideran una gestión “de postración y de abandono” (1); B) continuar el uso de este “argumento” por un cuarto de siglo.

La “B” es un clarísimo abuso: si se trataba de rescatar a una ciudad de su postración y de su abandono, es claro que el compararla con aquello que se desea dejar atrás (desde 1992) debería tener una pronta fecha de caducidad. Una ciudad no busca compararse con un desastre: debe compararse, para ser cada vez mejor, con los estándares de excelencia urbana (2). Hacer como aquel socialcristiano que usa todavía este argumento resulta tan absurdo como enorgullecerse, siendo un equipo grande (un Boca Juniors, por ejemplo), de haberle ganado al Deportivo Quevedo en su reducto fluminense (¡?). Absurdo, rayano en la estupidez.

Ahora, bien se puede concordar con que el PSC es una superación parcial del PRE. Esto, porque sus formas son distintas. Muy distintas, como el agua y el aceite: aniñado vs. cholo, conservador vs. disruptivo, elitista vs. popular. Pero es únicamente una diferencia en las formas, en cuya comparación resultan “mejores” las formas del PSC. En lo realmente importante (al menos, para quienes no nos comemos los amagues), ambos estilos esconden una misma sustancia.

La misma sustancia del socialcristianismo y del roldosismo se cifra en lo siguiente:

1) Crecimiento urbano sin planificación.
2) Ineficacia en los controles de aspectos básicos de la administración.
3) Descuido grave en la protección del ambiente.

El crecimiento urbano de Guayaquil se ha hecho sin planificación municipal de ningún tipo (3). Los controles básicos a cargo de la Alcaldía de Guayaquil en las edificaciones y en la protección del ambiente, son incumplidos de manera escandalosa (4). Las consecuencias de esta ineficacia en los controles es que Guayaquil es hoy una ciudad vulnerable a terremotos e inundaciones (5).

Por supuesto, ni la falta de planificación, ni la ineficacia en controles básicos, ni la vulnerabilidad frente a terremotos e inundaciones son desastres que hayan empezado Nebot o Febres-Cordero, o incluso los Bucaram y sus secuaces. Son problemas que hemos arrastrado por varias décadas, y que se han vuelto particularmente graves desde el crecimiento urbano de Guayaquil como una mancha gris a partir de los años cincuenta del siglo pasado. El PSC no solo no corrigió este estado de cosas: las ha decisivamente empeorado. El resultado es un crecimiento urbano que (de no enderezarse de forma oportuna) tendrá consecuencias nefastas para el futuro de Guayaquil.

Alguna vez se dirá de este período socialcristiano de nuestra historia, que hemos guardado (hasta ahora, por casi un cuarto de siglo) un silencio bastante parecido a la estupidez.

(1) Esa fue la descripción que utilizó el alcalde Febres-Cordero en el video de 1992 en el que denunció “la forma cómo se manejaron los destinos de la ciudad en los últimos años”. 
(2) Los estándares a utilizar para juzgar la gestión del PSC deberían ser, por ejemplo, los de la organización de las Naciones Unidas especializada en ciudades, ONU Hábitat. Acerca de esos estándares, el Municipio de Guayaquil hace todo lo contrario: v. ‘Guayaquil y los espacios públicos (a la luz de ONU Hábitat)’, ‘La ciudad de papel’ y ‘Urbanismo responsable vs. Guayaquil (o tres desastres urbanos)’. De hecho, ONU Hábitat propone "todo aquello que Guayaquil no es", v. 'El mundo del revés: la Alcaldía de Guayaquil y Hábitat III'.
(3) La falta de planificación se explica por el modus operandi de la Alcaldía de Guayaquil: v. ‘Explicando el negocio de la Alcaldía socialcristiana’.
(4) El incumplimiento de las normas de construcción de las edificaciones se debe a que “el Municipio, lamentablemente, no teniendo el personal suficiente, no realiza los controles de los procesos constructivos, más allá de al final de la obra establecer si los metros cuadrados que se reportaron son los correctos”, según sostiene el Presidente de la Cámara de la Construcción de Guayaquil, Ing. Enrique Pita. De resultas de esta ineficacia, el 70% de las edificaciones de Guayaquil se han construido “de manera informal, sin un plano o estudio de por medio” y del restante 30%, “en la mayoría de casos no se ejecutaron los planos presentados”  (v. ‘Guayaquil: el terremoto de 1942 y nuestra situación actual’ y ‘¿Caso fortuito? El terremoto del 16 de abril en Guayaquil y la responsabilidad civil’). El incumplimiento de las normas de protección del ambiente se ha puesto en evidencia con un artículo reciente que publicó diario Expreso: Blanca Moncada, ‘475 empresas, en el Estero y sin licencia ambiental’, Diario Expreso, 4 de junio de 2017. En materia de áreas verdes, el discurso de la Alcaldía es simple y llanamente mentiroso: v. ‘La Alcaldía de Guayaquil y las áreas verdes’.
(5) En relación con las inundaciones a consecuencia del cambio climático, v. ‘Guayaquil a la deriva’ y ‘La posibilidad de una ciudad verde’.

Mal paga el diablo a sus devotos

11 de mayo de 2017


Guillermo Lasso debe sentirse muy mal. No solo perdió las elecciones, también ha perdido un amigo.

Un poderoso amigo: Jaime Nebot. Él ha dicho en una entrevista reciente que a Lasso no le daría la mano, además de tratarlo de calumniador, ruin y pendejo (1).


Guillermo Lasso creyó, en su rentrée a la política nacional después de su paso por el gobierno de Mahuad, que su amigo Jaime Nebot lo apoyaría. Supongo que dos elecciones a la presidencia perdidas después, se ha dado cuenta (lo asumo, pues es puro sentido común) que Nebot jamás lo apoyó. En estos cinco años de relaciones políticas, Nebot siempre jaló agua para su molino y terminó por abandonarlo a Lasso a su suerte (cuando Lasso más lo necesitó). No era forma esta de tratar a un amigo (2).

Por ello sostengo que a Lasso le hubiera convenido disputarle al PSC y a Nebot el espacio de la oposición de derechas, desde el vamos. Debió presentarse como una renovación de la derecha ecuatoriana caduca (tenía las herramientas para construir este discurso), pero confió y le clavaron su puñal (3). Por no asumir este riesgo, Lasso se quedó sin pan ni pedazo: sin presidencia y sin amigo (4).

*

De este tardío cisma de la derecha quedará, sin embargo, algo positivo: la posibilidad de persuadir a un sector del electorado de clase media de Guayaquil para que tome conciencia de la situación de Guayaquil.

El lector atento habrá advertido que he hablado de lo mal que le pagó Nebot a Lasso por haber creído en él, pero que en el título utilicé el plural: “devotos”. El uso de este plural se justifica por dos razones: 1) Nebot tiene miles de devotos; 2) A todos les va a pagar mal.

¿Por qué digo esto? Pues por su “modelo de desarrollo”: el crecimiento de Guayaquil se ha hecho sin planificación, en beneficio no de los ciudadanos sino de grandes grupos de poder económico, en particular, vinculados al sector de la construcción. Esta forma de administrar una ciudad es nefasta para su futuro.

Guayaquil es un ejemplo tropical de irresponsabilidad en algunos controles básicos. Así, las deficiencias en el control de las construcciones (el 70% de la ciudad se ha construido sin planos, el 30% restante los presentó pero no los cumplió) han convertido a Guayaquil en una ciudad vulnerable a los terremotos (5), mientras que la falta de controles ambientales y de obras de prevención de las inundaciones, además de un crecimiento urbano volcado al cemento y a los adoquines, sin áreas verdes (es decir, volcado al $$ para constructores), ha provocado que Guayaquil sea la cuarta ciudad costera a nivel mundial que sufrirá mayor cantidad de pérdidas económicas a consecuencia de las inundaciones (6). Hoy no sentimos los efectos de estas irresponsabilidades municipales, pero en el futuro (de no mediar vitales cambios) terminarán por arruinar la ciudad.

Lo interesante de este sector de clase media desencantado de Nebot es que tienen muchas más herramientas para la crítica a la gestión de la alcaldía. Por su extracción social poseen herramientas conceptuales y de acceso a la difusión de sus opiniones, que pueden empezar a derrocar con críticas certeras el edificio de falacias que ha construido la Alcaldía de Guayaquil en torno a su gestión.

Por ahora (gracias a la complicidad de una prensa servil), estas críticas son aisladas. Pero esto podría empezar a cambiar, cuando estos desencantados de la clase media guayaquileña (exdevotos de Nebot) tomen conciencia de cómo nuestro alcalde administra la ciudad y de cómo esta forma de administrarla perjudica nuestro futuro.

Si esta toma de conciencia se torna masiva, no tengo ninguna duda, el diablo y sus secuaces se marcharán el 2019 (7).

*

(1) Porque, parafraseando al subnormal favorito de América, Forrest Gump: pendejo es, el que pendejadas hace.
(2) Bien se sabe que en política no hay amigos, hay intereses.
(3) En algún momento, pareció intentarlo a medias. Nebot no le perdonó ni esta tibieza.
(4) El riesgo a asumir por Lasso era alto, pero si no se toma riesgos en política, mejor que no se participe en ella.
(5) Esas cifras atroces las dio Guillermo Argüello, Director de Ordenamiento Territorial de la Alcaldía de Guayaquil, v. ‘Guayaquil es un enorme riesgo’. De resultas, un terremoto como el que tuvo epicentro en Pedernales (7.8 en la escala de Richter), si tuviera epicentro en Guayaquil, provocaría aproximadamente 22.000 muertos, 90.000 heridos y más de 1.000 millones de dólares en pérdidas económicas. Guayaquil es la décima tercera ciudad en el mundo más vulnerable a los terremotos, v. ‘Guayaquil: el terremoto de 1942 y nuestra situación actual’.
(7) Pues precisamente por ser el discurso del PSC tan rígido y sin fisuras, resulta fácilmente deleznable. Es como un boquete en una presa: al principio, la fuga de agua es diminuta, pero una vez abierta la estructura, el desfogue de agua se lo llevará todo.

El Suso parlante

27 de abril de 2017


Abdalá Bucaram contaba en su propaganda electoral con José “Suso” Salem. Bucaram empezaba su intervención diciendo “Mira Suso” a un individuo silente (el mentado José Salem), para después disparar cualquier barbaridad que se le haya ocurrido.

El alcalde Jaime Nebot ha innovado sobre esta idea y ha creado el rol de “Suso parlante”, cumplido por la mayoría de los periodistas que lo entrevistan los días miércoles.

Veamos a un “Suso parlante” en acción. En la miercolina de ayer, con relación a la inauguración del sustituto del paso a desnivel que se desplomó en la avenida De las Américas, se produjo el siguiente intercambio:

Fuente: YouTube [20:28-20:44]

Suso parlante: En el tema del puente, paso a desnivel, avenida de Las Américas.
Nebot: [Interrumpiendo] Hoy, hoy.
Suso parlante: Hoy se inaugura a las 10 de la mañana. Unas palabras al respecto.
Nebot: Ahí está la obra. No más palabras.
Suso parlante: La obra.
Nebot: Ahí está la obra.

Este adorno retórico devenido en periodista estuvo empeñado en evitarle al alcalde Nebot cualquier molestia al hacerle la pregunta sobre la inauguración del paso a desnivel que se desplomó con ocasión del terremoto del 16 de abril de 2016. El periodista le dijo, en simple, que diga lo que él quiera sobre el paso a desnivel. Nebot respondió: “Ahí está la obra”. El periodista, descolocado, amaga insistirle. Nebot lo atajó: “Ahí está la obra”. Ahí acabó el periodismo.

No hay ninguna pregunta sobre el porqué de las demoras en la construcción del paso a desnivel, mismo que el alcalde Jaime Nebot anunció el 20 de abril de 2016 que se terminaría en breve: “Calculo que en alrededor de seis meses estará construido” (1) (se demoró el doble). Ninguna pregunta sobre las características de este nuevo paso a desnivel, ni mucho menos sobre las razones por las cuales se desplomó el paso a desnivel anterior. El “Suso parlante” sabe desempeñar bien su acotado rol de servil del poder político.

Unos minutos después, en medio de una de sus exaltadas diatribas, el alcalde Nebot volvió a la carga: “Ahí está el puente, ahora en dos horas estamos en el puente, en dos horas están pasando los carros por el puente. Y las molestias pasan, pero la obra queda” (2).

Sobre esta última frase del alcalde Nebot, un periodista acucioso le podría haber preguntado acerca de la responsabilidad de la Alcaldía en relación con esas molestias. Porque hay razones para pensar que dichas “molestias”, que se tradujeron en la pérdida de la vida de dos personas (Jorge Patiño y Vicente Rivas) y en pérdidas económicas cuantiosas para los locales comerciales circundantes, resultan de responsabilidad objetiva de la Alcaldía de Guayaquil (3). Por supuesto, un “Suso parlante” auto-combustionaría antes de formularle a Jaime Nebot una pregunta así.

El “Suso parlante” lo desempeñan muchos e intercambiables “periodistas”, en el triste rol de adornos retóricos del poder. No traen pilas.

(1) En seis meses habría nuevo paso a desnivel en avenida de las Américas’, Diario El universo, 20 de abril de 2016.
(2) ’26 ABRIL 2017 ENLACE RADIAL AB JAIME NEBOT’, Alcaldía de Guayaquil [21:45-21:55]

Guayaquil: el terremoto de 1942 y nuestra situación actual

2 de agosto de 2016

En el Resumen Ejecutivo del proyecto RADIUS (‘Herramientas de Evaluación del Riesgo para el Diagnóstico de Zonas Urbanas contra Desastres Sísmicos’) se rememoran algunos desastres históricos en Guayaquil, entre ellos, el terremoto del 13 de mayo de 1942, que “reportó una intensidad máxima de IX grados en la escala modificada de Mercalli” en el centro de la ciudad y en otras zonas del “centro, sur y oeste, también cimentadas sobre terreno blando” se observó una intensidad igual a VIII, mientras que “sobre roca” la intensidad observada fue de VI. El saldo de este terremoto fueron “40 muertos” causados “por el colapso de edificios”. Hubo también “11 personas gravemente heridas en otros sectores del centro, la mayoría por caída de paredes o techos”. Se precisó, además, que “el mayor número de muertes se produjo por el colapso del edificio de cinco pisos donde funcionaba la clínica Arreaga” (1).

En una de sus hermosas estampas sobre un Guayaquil que se fue, Guido Garay recordaba que “en el terremoto del 13 de mayo de 1942 que sufrió nuestra ciudad, se cayeron varios edificios de concreto, y una gran mayoría de ellos quedaron en muy malas condiciones; en cambio, las casas de madera, caña o mixtas no les pasó absolutamente nada” (2).

Mucho ha cambiado Guayaquil desde aquel lejano 1942: en aquella época, Guayaquil tenía apenas 180.000 habitantes en una extensión urbana de 800 hectáreas, mientras que a la fecha del proyecto RADIUS (1999) tenía “una población 14 veces mayor y una extensión 42 veces más grande”, la que 17 años después (16 de los cuales vividos durante la administración municipal de Jaime Nebot) ha aumentado en población y extensión, e incrementado así de manera correlativa el riesgo para la ciudad. En el Resumen Ejecutivo del proyecto RADIUS se advirtió que el número de fatalidades en comparación con las acontecidas el año 1942 “podría ser mucho mayor, porque la vulnerabilidad de la ciudad ha aumentado por la vetustez de muchas edificaciones, el incremento de la construcción informal con materiales pesados sin previsiones sísmicas, y la falta de aplicación de códigos de diseño sismo-resistente” (3). Así, la conclusión del proyecto RADIUS resulta muy preocupante: “La ciudad no se encuentra preparada para enfrentar los efectos de un terremoto de intensidad VIII” (4).

De larga data (y durante toda la administración de los socialcristianos, empezada en 1992) Guayaquil ha crecido sin control, sin respeto a la normativa de control de las edificaciones. El propio director de Ordenamiento Territorial de la Alcaldía de Guayaquil, Guillermo Argüello, reconoció hace poco que “no hay que negar la reticencia de la ciudadanía a hacer trámites” de control (5). Como consecuencia, expertos calculan que “el 70% de las viviendas de la ciudad ha sido construido de manera informal, sin un plano o estudio de por medio. Y del otro 30%, en la mayoría de casos no se ejecutaron los planos presentados” (6).

En estas circunstancias, si un terremoto como el del 13 de mayo de 1942 sucediera al día de hoy en Guayaquil se estima que habrían unos 22.000 muertos y 90.000 heridos, así como daños por encima de los 1.000.000.000 USD (7). En un estudio de la revista Forbes, recogido por diario El universo, se estableció que Guayaquil era la décimo tercera ciudad más vulnerable a los terremotos en el mundo (8).

Este es un escenario grave y preocupante, frente al cual la Alcaldía de Guayaquil no sólo no ha hecho lo suficiente, sino que ni siquiera está en capacidad de hacer apenas lo básico, aquello a lo que está legalmente obligada: esto es, a ejercer el debido control de las edificaciones que se construyen en la ciudad (9).

Se van a cumplir este 10 de agosto, en este rubro y cubriendo los cuatro períodos de gobierno del alcalde Nebot, 16 años de continuado fracaso. Algo imperdonable en un tema de tanta gravedad.

(1) Proyecto Radius. Herramientas de Evaluación del Riesgo para el Diagnóstico de Zonas Urbanas contra Desastres Sísmicos’, Vol. I, Reporte Final a la Secretaría del IDNDR de las Nacionales Unidas [Preparado por: Jaime Argudo Rodríguez], p. 9. El desplome del edificio donde funcionaba la clínica Arreaga-Gómez ocasionó 29 muertes. Estaba situado en un edificio de la familia Cucalón, de propiedad de Manuel Eduardo Cucalón Poveda y construido por el Ing. Leonardo Guarderas Sotomayor: v., para el número de muertos: González Mora, Iván Eduardo, ‘Actualización de la evaluación del riesgo sísmico en edificios de hormigón armado en los sectores con mayor riesgo sísmico de Guayaquil’, Trabajo de grado previo a la obtención del título de Ingeniero Civil [Director: Ing. Alex Villacrés Sánchez], Facultad de Ingeniería de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, Guayaquil, 2012, p. 14; para los datos de propiedad y construcción, v. Pérez Pimentel, Rodolfo, ‘Leonardo Stagg Durkoop’, Diccionario Biográfico del Ecuador.
(2) Garay, Guido, ‘Estampas de Guayaquil’, Fundación Pedro Vicente Maldonado, Guayaquil, 1991, p. 68. Esta cita corresponde a la estampa sobre el teatro Edén (pp. 66-68), en cuyo texto Garay refiere que el teatro Edén “que era de construcción mixta”, tras el terremoto del 13 de mayo de 1942 “quedó incólume”, pero que fue derrumbado “por pretextos que las malas autoridades esgrimen para acabar con nuestros bellos edificios, exponentes de la tradicional arquitectura guayaquileña: y lo derribaron, perdiendo nuestra ciudad un amplio y hermoso centro de cultura artística” (p. 68). El teatro Edén “estaba situado sobre el lado Sur del boulevard 9 de octubre en la cuadra comprendida entre Chile y Chimborazo, en el solar que hoy ocupa el edificio Cóndor, que fue en una época el más alto de la ciudad” (p. 66). Sobre la transición entre del teatro Edén (construido en 1907) al edificio Cóndor (construido entre 1953-54), v. ‘60 años del edificio Cóndor’, El universo, 7 de septiembre de 2014. El texto de Guido Garay, titulado ‘El teatro Edén’, se publicó originalmente en el diario El universo, edición del 11 de febrero de 1976.
De manera tan reciente como este 29 de julio, ese mismo diario publicó una noticia sobre la presentación de una obra de teatro titulada ‘Guido Garay’, de Johnny Shapiro, en la cual se recreaban algunas estampas de su libro ‘Estampas de Guayaquil’, v. ‘Historia y costumbres en obra “Guido Garay”’, Diario El universo, 29 de julio de 2016.
(3)Proyecto Radius. Herramientas de Evaluación del Riesgo para el Diagnóstico de Zonas Urbanas contra Desastres Sísmicos’, Vol. I, Reporte Final a la Secretaría del IDNDR de las Nacionales Unidas [Preparado por: Jaime Argudo Rodríguez], p. 14.
(4) Ibíd.
(5) Nelson Tubay, ‘Guayaquil es un enorme riesgo’, Diario Expreso, 24 de abril de 2016. El Arq. Guillermo Argüello fue el Co-Director Local del proyecto RADIUS en Guayaquil; en aquel entonces se desempeñaba como Director de la Dirección del Plan de Desarrollo Urbano y Cantonal del Municipio de Guayaquil (DPLAN-G) y como tal fue parte del Comité Ejecutivo del proyecto RADIUS, v. ‘Proyecto Radius. Herramientas de Evaluación del Riesgo para el Diagnóstico de Zonas Urbanas contra Desastres Sísmicos’, Vol. I, Reporte Final a la Secretaría del IDNDR de las Nacionales Unidas [Preparado por: Jaime Argudo Rodríguez], p. 98.
(6) Nelson Tubay, ‘Guayaquil es un enorme riesgo’, Diario Expreso, 24 de abril de 2016.
(7) Jaime Argudo Rodríguez, ‘Estrategia para la reducción del riesgo sísmico de Guayaquil’, Feria Construye & Remodela, Agosto 20-22 del 2015, p. 16.
(8)Suelo de Guayaquil incrementa su vulnerabilidad ante un sismo’, Diario El universo, 22 de agosto de 2010.
(9) La obligación legal es clara y está establecida en el artículo 134 literal b) del Reglamento Orgánico Funcional del Cantón Guayaquil, como una de las funciones del “Departamento de Control de Edificaciones” del Municipio: “b. Emitir certificados de inspecciones finales, una vez recibidos los informes respectivos que determinen que se ha respetado los planos aprobados y que se ha cumplido con los requisitos exigidos por la Codificación de la Ley Orgánica de Régimen Municipal”. La ineficacia de su cumplimiento está plenamente establecida por el Presidente de la Cámara de la Construcción de Guayaquil, Enrique Pita, quien en una entrevista hecha por un programa de Ecuavisa identificó claramente el problema: “El Municipio, lamentablemente, no teniendo el personal suficiente, no realiza los controles de los procesos constructivos, más allá de al final de la obra establecer si los metros cuadrados que se reportaron son los correctos”, en: ‘Guayaquil vulnerable / Bloque 3 Visión 360 III Temporada’, Visión 360, YouTube. Una crítica a este programa de investigación por su notoria incapacidad de atar cabos, en: ‘¿Periodismo de investigación?’, Xavier Flores Aguirre, 21 de julio de 2016.

Gato encerrado

Una versión parcial de este artículo se publicó en diario El telégrafo el 2 de agosto de 2016. 

 *

El colapso de un paso a desnivel es un hecho inusual. Por supuesto, en el marco de un terremoto sí es posible que una estructura de este volumen colapse. Pero su colapso no lo causaría cualquier terremoto: los daños que causan los terremotos se corresponden con su intensidad.

Un terremoto capaz de causar este tipo de daño tendría que ser uno “destructivo”, esto es, uno de grado 9 de intensidad en la escala EMS-98, como aquel que se sintió en Pedernales y en San José de Chamanga el 16 de abril de 2016, según información del Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional. Un terremoto “destructivo” en Guayaquil podría causar el colapso de una construcción como el paso a desnivel de la avenida De las Américas.

Pero el terremoto que ese 16 de abril se sintió en Guayaquil no fue uno de esa naturaleza. Según información del Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional, el terremoto que se sintió en Guayaquil, una ciudad localizada a casi 300 kilómetros del epicentro, fue de apenas grado 5 de intensidad en la escala EMS-98, lo que permite caracterizarlo como un terremoto “fuerte” pero muy lejos en sus efectos de un terremoto “destructivo”.

En la descripción de la escala EMS-98 (utilizada por el Instituto Geofísico), un terremoto “fuerte” apenas podría echar abajo “objetos pequeños, inestables y/o mal apoyados” o romper “cristales de las ventanas”. El saldo del terremoto en Guayaquil, por fuera de los daños que ocasionó el desplome del paso a desnivel (dos muertes y una persona herida de gravedad, además del incremento sustancial del tráfico y las pérdidas económicas a sectores aledaños) confirmó su levedad en comparación con los daños en Pedernales o San José de Chamanga: apenas se registraron seis heridos (ninguno de gravedad) y 30 edificaciones con daños estructurales, de las cuales, sólo una se desplomó: era el único edificio de cemento de los 30 afectados y el único de todos cuya construcción aprobó la administración municipal de Jaime Nebot.

Un terremoto de intensidad 5 en la escala EMS-98 como el que se registró en Guayaquil el 16 de abril no está en capacidad de echar abajo una construcción como el paso a desnivel de la avenida De las Américas. En este hecho inusual, entonces, hay gato encerrado.

La expresión “gato encerrado” se la utiliza para indicar que en un cierto asunto existe una razón “oculta o secreta” en palabras del diccionario de la RAE. En este caso, indica que debe haber una explicación adicional a la que ha ofrecido el alcalde y en la que muchos conciudadanos creen, quienes atribuyen el colapso del paso a desnivel exclusivamente a los efectos del terremoto. En otras palabras, ellos consideran que fue un “caso fortuito”.

Esta explicación de “caso fortuito” es muy conveniente para el Municipio de Guayaquil, sin duda, porque lo salva de eventuales pagos millonarios por concepto de indemnizaciones. Pero sabemos que esta explicación es falsa porque (esto es un dato científico) un terremoto de la intensidad del que se sintió en Guayaquil el 16 de abril no pudo realmente causar su colapso.

El paso a desnivel de la avenida De las Américas que se desplomó el 16 de abril se había construido en 1982, durante la alcaldía de Bolívar Cali Bajaña. Se desplomó a los 34 años de su construcción, menos de la mitad de su vida útil estimada de 75 años. El terremoto no pudo hacerlo caer, por su escasa intensidad: debió existir, entonces, una razón “oculta o secreta” para el colapso de este paso a desnivel.

Hay algunas evidencias de esta razón “oculta o secreta”. Justo una semana antes del terremoto, el sábado 9 de abril, diario Expreso publicó una noticia a la que tituló ‘Pasos a desnivel, una evaluación necesaria’. En ella, se citaba la opinión de expertos que advertían que los 45 pasos a desnivel de la ciudad presentaban “desgaste en las juntas, el pavimento y daños en las barandas”, y que algunos pocos de ellos mostraban “deformaciones en sus vigas, según especialistas en este tipo de estructuras”.

Otra evidencia de esta razón “oculta y secreta” que explica el colapso del paso a desnivel: el Municipio de Guayaquil es ineficaz para hacer cumplir la obligación legal de controlar las edificaciones en la ciudad. Tiene una indudable obligación legal, establecida en el artículo 134 del Reglamento Orgánica Funcional del Cantón Guayaquil y atribuida al Departamento de Control de Edificaciones: “Emitir certificados de inspecciones finales, una vez recibidos los informes respectivos y que se ha cumplido con los requisitos exigidos por la Codificación de la Ley Orgánica de Régimen Municipal”. 
  
Pero el Municipio no hace ese tipo de controles. De hecho, únicamente contabiliza que los metros cuadrados reportados por los constructores sean los correctos. Esta es la realidad en Guayaquil, descrita por el Presidente de la Cámara de la Construcción de Guayaquil, Ing. Enrique Pita, para un programa de la TV local: “El Municipio, lamentablemente, no teniendo el personal suficiente, no realiza los controles de los procesos constructivos, más allá de al final de la obra establecer si los metros cuadrados que se reportaron son los correctos”.

La consecuencia de esta falta de control es que, de acuerdo con expertos en construcción, “el 70% de las viviendas de la ciudad ha sido construido de manera informal, sin un plano o estudio de por medio. Y del otro 30%, en la mayoría de los casos no se ejecutaron los planos presentados”. O sea, es casi un 100% de ineficacia de la Alcaldía de Guayaquil en el control de las edificaciones en Guayaquil.

A pesar de estos antecedentes, las autoridades de la Alcaldía de Guayaquil afirman que al paso a desnivel que se desplomó durante el terremoto le habían hecho los “necesarios mantenimientos”, consistentes en controles preventivos, correctivos y especializados. Esta afirmación es muy sospechosa porque los 45 pasos a desnivel en Guayaquil presentan deficiencias (incluso “deformaciones en las vigas”) y, además, porque la ineficacia en los controles que la Alcaldía de Guayaquil realiza a otras construcciones autorizan a suponer que esta ineficacia se la extiende a los controles en los pasos a desnivel.

En esta historia, el gato encerrado es desentrañar cuál es la auténtica razón del desplome del paso a desnivel de la avenida De las Américas. La causa eficiente de su desplome no pudo ser el terremoto; dadas las circunstancias, la falta de controles en su mantenimiento por parte del Municipio debió ser lo que causó su desplome.

La única manera de saberlo es conociendo los informes que se supone que el Municipio de Guayaquil realizó sobre el paso a desnivel que se desplomó. Una alternativa para conocerlos es a través de la presentación de una acción de acceso a la información pública; otra, más justa, sería que los familiares de las víctimas y las víctimas causadas por el colapso del paso a desnivel exijan, en un proceso de responsabilidad civil extracontractual (al amparo del artículo 11 numeral 9 de la Constitución), indagar sobre la actuación del Municipio de Guayaquil para saber si es responsable de indemnizarlos por las omisiones en sus controles al paso a desnivel que se desplomó. 

Así, el gato encerrado todavía continúa encerrado; pero existe una sospecha, muy fuerte, de que es un gato municipal. De responsabilidad municipal.

¿Periodismo de investigación?

21 de julio de 2016


Me comentaron que Ecuavisa había hecho periodismo de investigación sobre los efectos del terremoto en Guayaquil. Vi, entonces, este video (1).
 
No creo que este programa haya sido un buen ejemplo de periodismo de investigación. Voy a explicar el porqué.

*

Divido la investigación hecha por el programa Visión 360, en lo que atañe al Municipio de Guayaquil, en dos grandes temas:

1) La responsabilidad de la Alcaldía por las edificaciones en Guayaquil que incumplen las normas municipales.

2) La responsabilidad de la Alcaldía por el desplome del paso a desnivel y los daños que su caída causó.

1) La responsabilidad por la falta de control en las edificaciones.

Sobre el incumplimiento generalizado en Guayaquil de las normas de construcción, Visión 360 investigó acerca de los controles que la Alcaldía de Guayaquil tiene la obligación legal de hacer. Para ello, entrevistó al presidente de la Cámara de la Construcción de Guayaquil, ingeniero Enrique Pita. Las palabras de Pita son bastante claras para identificar el problema:
 
“El Municipio, lamentablemente, no teniendo el personal suficiente, no realiza los controles de los procesos constructivos, más allá de al final de la obra establecer si los metros cuadrados que se reportaron son los correctos” (2).
Visión 360 entrevistó al Alcalde Jaime Nebot para que explique esto. Su respuesta fue que las normas de construcción “se actualizan permanentemente” y que ahora va a hacer algo adicional: “optimizar” estas normas. Que antes estaban bien, pero que se optimizarán con una consultoría internacional a contratarse en un futuro cercano. La entrevistadora María Cecilia Largacha dio por buena esta respuesta. No se le ocurrió repreguntarle nada.

La respuesta de Nebot es un ejemplo perfecto de cómo salirse por las ramas. La pregunta era sobre las deficiencias en los controles que debió realizar el Municipio (un tema de eficacia) pero Nebot le responde con unas futuras mejoras en las ordenanzas (un tema de normativa). Largacha le pregunta por una cosa, Nebot responde con otra. Mantantirutirulá

Salió al paso, sin despeinarse.

2) La responsabilidad por el colapso del paso a desnivel.

El segundo tema es más grave. Visión 360 hace un buen trabajo sobre los daños causados por el terremoto en Guayaquil, una ciudad situada “de hecho, a 300 kilómetros de la zona de devastación” y en la cual “según los datos del Instituto Geofísico, Guayaquil sintió el movimiento con una intensidad de seis en la escala de Ritcher, no de 7,8 como en Esmeraldas o en Manabí”. Incluso el programa plantea la pregunta correcta: “¿Por qué a 300 kilómetros del epicentro murieron dos personas por la caída de un puente en Guayaquil. O más directo aún, ¿por qué se cayó el puente?”.

La respuesta del alcalde Nebot es tajante: que el Municipio “no tiene ninguna responsabilidad en lo ocurrido” y que se hicieron los mantenimientos necesarios a todos los pasos a desnivel (3). Para los familiares de una de las víctimas por el desplome del paso a desnivel, Jorge Patiño Flores, el alcalde acepta “humanamente, toda la ayuda del mundo” pero “legalmente ninguna”. Ante la pregunta directa: “¿Por qué se cayó el puente?”, Nebot zanjó el tema con una facilidad pasmosa: “Por el terremoto”.

Visión 360 aceptó, sin chistar, las respuestas del alcalde. Allí terminó su celo investigativo, cuando es allí donde debió empezar: si Nebot afirmaba que el Municipio no tiene ninguna responsabilidad, debió investigar sobre la responsabilidad patrimonial del Estado y sobre el mantenimiento hecho en la práctica a los pasos a desnivel; si Nebot afirmaba que se hicieron los necesarios mantenimientos, investigarlos a profundidad (por ejemplo, a través de consultas a especialistas o, mejor aún, de una acción de acceso a la información pública que permita conocer estos documentos y analizarlos); si Nebot ofrece “ayuda humanitaria”, investigar sobre el derecho que tienen las víctimas para la reparación del daño que se les causó y acerca de las normas y sentencias de las altas cortes en el país que las facultan al ejercicio de este derecho (4).

Visión 360 sabe que el Municipio no es eficaz en los controles (se lo informó el ingeniero Enrique Pita en relación con las edificaciones), sabe que el terremoto fue relativamente leve en Guayaquil y sabe que la caída del paso a desnivel en este contexto es de una sospechosa singularidad, pero acepta las respuestas del Municipio, sin chistar. Es totalmente incapaz de cuestionarlo. 

3) Conclusiones.

En resumen:

1) En el primer tema, el alcalde simplemente se sale por las ramas, a vista y paciencia de la periodista.
2) En el segundo tema, falta mucha investigación y cuestionamiento a la autoridad local. Las respuestas dadas por el alcalde concluyeron la investigación. Un periodismo marca “Lo Que Usted Diga, Señor Alcalde”.

Esto se explica por el habitus que han adoptado los periodistas, en general, frente al poder socialcristiano en Guayaquil, tan bien estudiado por Karen Silva (5).

Como periodismo de investigación, un ejemplo flojo y timorato.

(1) Guayaquil vulnerable / Bloque 3 Visión 360 III Temporada’, Visión 360, YouTube. Mientras no se indique otra cosa, todas las citas provienen de esta fuente.
(2) Curiosamente, Ecuavisa no menciona la fuente de la obligación legal del Municipio, que se encuentra en el artículo 134 literal b del Reglamento Orgánico Funcional del Cantón Guayaquil, como una de las funciones del “Departamento de Control de Edificaciones” del Municipio: “b. Emitir certificados de inspecciones finales, una vez recibidos los informes respectivos que determinen que se ha respetado los planos aprobados y que se ha cumplido con los requisitos exigidos por la Codificación de la Ley Orgánica de Régimen Municipal”.
(3) Es raro que Nebot mencione la existencia de 17 pasos a desnivel, porque su número real es 45: Jorge Alvarado, “Pasos a desnivel, una evaluación necesaria”, Diario Expreso, 9 de abril de 2016.
(4) Sobre la responsabilidad civil del Municipio de Guayaquil por la caída del paso a desnivel que causó la muerte de dos personas (Jorge Patiño Flores y Vicente Rivas Plaza) y daños físicas a un tercera (Teresa Rodas, viuda de Patiño Flores), v. ‘¿Caso fortuito? El Terremoto del 16 de abril en Guayaquil y la responsabilidad civil’, Xavier Flores Aguirre, 18 de julio de 2016; ‘¿Quién es el responsable por la impunidad de estas muertes?”, Xavier Flores Aguirre, 11 de julio de 2016; '¿Quién es el responsable por estos muertos?', Xavier Flores Aguirre, 6 de julio de 2016.  
(5) “Las prácticas regulatorias de los medios de comunicación [se han interiorizado] en los periodistas de tal manera que su actuación no solo que refuerza los propios límites en los que desarrollan su actividad, sino que además se ven como naturales y normales”, v. Karen Silva Torres, ‘Comunicación y política: Los medios y la construcción del capital político de los líderes del Partido Social Cristiano en Guayaquil’, Tesis de Maestría en Antropología Visual y Documental Antropológico [Asesor de tesis: Xavier Andrade], Abril de 2013, pp. 185-190 [“Conclusiones”].