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Un negrero / La élite guayaquileña

13 de enero de 2021

En ‘Homo Juridicus. Ensayo sobre la función antropológica del derecho’, Alain Supiot consigna la historia de Robert Durand, un primer oficial de un barco que transportaba negros para ser esclavizados en América. Cita la observación de Robert Harms, un historiador que estudió el diario de a bordo del oficial Durand:

 

lo que provoca escalofríos en la lectura de Robert Durand es el tono profesional y prosaico de su relato. Hablaba de vender personas como si hubiese hablado de vender barriles de vino o cargamentos de trigo. De ninguna manera daba cuenta de algún sentimiento de vergüenza o de ambivalencia moral en cuanto a su misión; de otro modo, no hubiera dedicado la travesía con tanto fervor a ‘la mayor gloria de Dios y de la Virgen María’. Durand no era un negrero endurecido. Sólo tenía 26 años y era su primer viaje a África’ (1).

 

Me interesa destacar que su ‘tono profesional y prosaico’ es perfectamente entendible en contextos cercanos y actuales. Es plausible que sea el tono con el que las autoridades de la ciudad y su argolla empresarial (porque en Guayaquil se vive un ‘Capitalismo de Amigos’, amigos) forjaron el desarrollo urbano de Guayaquil, que en nombre de la ganancia de unos pocos, ha producido una ciudad escindida en dos (sobre Guayaquil como dos ciudades, v. ‘Monte Sinaí’ y ‘Guayaquil, el modelo que tocó fin’).

 

Por supuesto, para la élite de Guayaquil que ha impulsado su desarrollo urbano, a pesar de sus consecuencias, no ha habido en la creación de este Guayaquil que es dos ciudades, ‘algún sentimiento de vergüenza o de ambivalencia moral en cuanto a su misión’. Tranquilamente pudieron, como el oficial Durand, dedicárselo a la Virgen María.

 

Tanto el negrero Durand como los que han forjado el inequitativo y discriminador desarrollo urbano de Guayaquil carecen de la capacidad de imaginar a los otros como sus semejantes (salvo que esos ‘otros’, para Guayaquil, sean los de la élite político-administrativa, de la argolla empresarial, o de alguno de los descendientes avispados de los apellidos no perdidos del libro de Robles y Chambers). Seguramente Durand pensaría que ese trato a los negros era cruel e inhumano si se lo aplicaba a uno de sus semejantes (un blanco de Europa), pero como se lo aplicaba a los negros, lo daba por bueno. Ellos no eran sus iguales y el negocio de vender negros era rentable, y como seguramente Dios lo había querido así, era ajeno a Durand que le pudiera asaltar una duda moral (2).  

 

Creo que esto que Durand pensaría de los negros, es lo que piensa la élite guayaquileña sobre la ciudad que construye. Es un problema constitutivo de nuestra élite, estudiado para la época de la independencia de Guayaquil por Camilla Townsend. En las conclusiones de su libro Tales of two cities: Race and economic culture in early republican North and South America, en el que hace un estudio comparado de Guayaquil y Baltimore, Townsend destaca que en Guayaquil la élite gobernante se imaginaba muy diferente y superior a la clase trabajadora, lo que no ocurría en la Baltimore de la misma época. Y una de las diferencias que Townsend marcaba, sigue siendo de actualidad para la élite gobernante de Guayaquil: ‘Cuando consideraban construir un camino, rechazaban la idea sobre la base de que costaría a muy pocos, demasiado dinero (3).

 

Es por eso que cuando se discutió la ampliación urbana de Guayaquil en la sesión del Consejo Municipal el 7 de octubre de 2010, para el Alcalde de Guayaquil, capo di tutti capi de la élite gobernante (esto es, de las autoridades de la ciudad y su argolla empresarial y asociados), fue apenas natural reconocer el hecho de que las obras en la ciudad debían excluir a cientos de miles de personas del desarrollo de la urbe (el que debería ser célebre ‘Yo he tomado la decisión… (4) -insisto, v. ‘Monte Sinaí’), porque la razón de esto es por los costos:

 

“… si la densidad debe ser de cien para optimizar el costo de la obra, si ahí hay una densidad de 33%, de 20%, de 25% de la real, entonces la obra por beneficiar a menos gente acaba costando tres veces, cuatro veces, cinco veces más de lo que tiene que costar…

 

Demasiado dinero, pero muy pocos a quien cargárselo, por eso es inviable por costos. Es una putada, pero es lo mismo: no es negocio para la ciudad actual (sobre la idea de ‘negocio’ en el Guayaquil de hoy, v. ‘Explicando el negocio de la Alcaldía socialcristiana’), como tampoco lo era para la ciudad de ocho generaciones atrás. O para la del año de N. S. de 1722, o la de 1671 (5). Si no es negocio para la élite, simplemente no se hace.

 

Esto es así, porque a la élite gobernante de Guayaquil la mentalidad negrera del joven Robert Durand no le ha sido ajena. A la mayoría de las personas, a la inmensa mayoría de pobres de Guayaquil, esta élite gobernante, a lo largo de la historia, los ha mirado y ha tratado como a recursos. El resultado de ello, esta consecuencia de una ciudad dividida y de personas vistas como distintas, de mundos separados por muros (piénsese en toda la convivencia de ciudadela cerrada en Guayaquil), ha cimentado su persistente subdesarrollo, que la reduce a Guayaquil a ser unos bolsones de pseudo-Miami en medio de una irremediable y gigante Babahoyo.

 

(1) Alain Supiot, Homo juridicus. Ensayo sobre la función antropológica del derecho’, Siglo XXI Editores Argentina, Buenos Aires, 2007, p. 125. El libro original en francés es del 2005.

(2) Sobre la justificación cristiana del esclavismo, v. ‘Viejos prejuicios, nuevas discriminaciones’.

(3) Townsend, Camille, Tales of two cities: Race and economic culture in early republican North and South America, University of Texas Press, Austin, 2000, pp. 235-236. La cita original es: ‘When they considered building a road, they rejected the idea on the grounds that it would cost too few people two much money’.

(4) Dijo Nebot: Yo he tomado la decisión de que aquí no vamos a legalizar un terreno ni vamos a poner una volqueta de cascajo ni un metro cuadrado de asfalto ni un metro de tubería de alcantarillado de agua potable más allá de lo que he expresado en el límite oeste, el límite de Flor de Bastión y el límite de la Sergio Toral”. 

(5) El lector perspicaz entenderá que una diferencia entre la élite gobernante de uno y otro tiempo es que la actual tiene bien afilado el colmillo: avivatos de la obra pública, vuelan con los motores apagados y fuman debajo del agua. Sobre esto, la Metrovía, la Aerovía y el negocio de la recolección de la basura, deberían ser casos de estudio.

30 Seconds to Shit

19 de mayo de 2018


Esta entrevista que le hizo Walter Ruiz Jaén al alcalde Jaime Nebot Saadi es rara, por dos razones. Primero, porque es una de las entrevistas menos orquestadas que he visto que le hayan hecho al alcalde Nebot (a ratos se lo sintió hasta incómodo) (1). Segundo, porque en 30 segundos (16:25-16:55) explicó su modus operandi en materia de ciclovías (se le agradece la concisión).  


El entrevistador, voz del fútbol en Diblú, le preguntó al alcalde Nebot por esa construcción de la calle Junín que “estrecha” la calle.

Fue allí que Nebot explicó en treinta exactos segundos (16:25-16:55) el modus operandi de su administración, compuesto de tres prácticas:

1) La regresión a los derechos de los ciclistas

“Mi decisión de que eso no se hag… eso era el intento de hacer en la calle Junín una ciclovía. Y yo me opuse a eso”

N.B.: Pero, claro, son “un solo equipo por las ciclovías”. JAJAJA.

2) La propaganda municipal

“Y eso generó un malentendido, gracias a Dios hoy aclarado con la gente que hace ciclismo. La gente que hace ciclismo sabe que yo propicio la Metrovía, perdón, la Aerovía, eh, las ciclovías”.

N.B.: Esta es la utilidad de los ciclistas sentados alrededor del alcalde: propaganda. Que se le crucen en el cerebro las palabras “Metrovía” y “Aerovía” antes de poder pronunciar “ciclovías”, es un lapsus bastante decidor.

3) La mentira a los ciclistas

“El propio puente en el que Ud. trota [el recién inaugurado puente que conecta Guayaquil con Samborondón] sabe que tiene ciclovía”.

N.B.: Las ciclovías que ha hecho la alcaldía de Guayaquil son dispersas y anti-técnicas, sin planificación ni utilidad. En general, están mal hechas. El ejemplo de ciclovía que le ofreció Nebot a Ruiz es una confirmación de esto. Un ciclista, que seguramente no será de los sentados a la derecha de nuestro alcalde, ha escrito lo mal que esa ciclovía está: un total desastre.

(1) Por supuesto, Ruiz está muy lejos de hacer una entrevista incisiva y documentada (por ejemplo, se come entero el amague de la ciclovía del nuevo puente). Pero en comparación a los otros que lo suelen entrevistar los miércoles, es Philip Adams.

Metrovía, una vía al fracaso

14 de mayo de 2018

Es solo cuestión de mirar el mapa con las troncales de la Metrovía que publicó diario El Universo.

Las siete troncales, evidencia de un fracaso.

La Metrovía debió empezar en enero de 2005, pero empezó a funcionar (de manera parcial) en julio de 2006, casi con año y medio de retraso. Luego, las tres primeras troncales de la Metrovía debieron estar para el 2008, pero recién lo estuvieron el 2013, esto es, ya con cinco años de retraso (1). Para el 2015, según diario El Universo, debieron estar las siete troncales, pero hoy se mantienen apenas las tres que se completaron en el 2013. De la cuarta troncal, apenas se han removido tierras para su futura construcción (2). Las otras tres troncales, que son Puente Portete-Centro Urbano, Prosperina-Centro Urbano y Las Orquídeas-Centro Urbano, mejor no hablar. El alcalde ha decidido minimizarlas, como si eso sirviera para ocultar su fracaso (por increíble que parezca, en Guayaquil, eso sirve). Cuando en Radio Tropicana, María Fernanda Perrone le preguntó por estas tres troncales, el alcalde simplemente respondió que “las otras son muy chiquitas, las otras no son troncales” (¡?) (3). Y así esquivó el bache: el alcalde tiene la extraña manía de pasar sus mentiras de agache.

De hecho, los esquiva siempre. Cada miércoles, el alcalde repite una misma letanía y dice que en esta ciudad no hay una obra incumplida, ni atrasada, etc. Una sola palabra bastaría para conjurar su letanía: “Metrovía”. Apenas hay tres de las siete troncales y unas magras opciones de hacer una cuarta troncal y de las otras tres mejor que se pierdan todas las esperanzas. El ejemplo más claro de una obra incumplida y atrasada. Dicho con simplicidad: una obra fracasada.  

Pero es casi nulo el periodismo que se atreva a cuestionar en serio la mediocridad y los fracasos (la Metrovía, evidencia de uno de ellos) de la Alcaldía de nuestra ciudad. Menos aún lo hay en las entrevistas de los días miércoles, donde (salvo por la parcial excepción de Radio Tropicana) todos los periodistas parecen estar allí para satisfacer las necesidades de comunicación de la Alcaldía de Guayaquil.

O, lo que es lo mismo, para permitirle al alcalde que pase sus mentiras de agache.

(1) 'Metrovía, 2017', Xavier Flores Aguirre, 23 de enero de 2017.
(2) 'Compactan terreno donde operará troncal 4 del sistema Metrovía', Diario El Universo, 14 de febrero de 2018.

Metrovía: el tamaño de su mediocridad

20 de agosto de 2017


A fines del 2015, un usuario describió lo que se vive en la Metrovía:

Esto, cuando el pasaje costaba todavía 25 centavos. Subió el precio, pero su servicio sigue igual de malo.

El servicio de la Metrovía sigue siendo igual de mediocre a lo descrito por este usuario. Y se pone peor.

A efectos de formarnos criterio, abandonemos por un momento el conformismo (que cuenta en Jazmín con una de sus más altas exponentes) imperante en los habitantes de Guayaquil para calificar a la Metrovía (1), para entrar a compararla con los demás sistemas de Bus Rapid Transit (BRT) del mundo. El Bus Rapid Transit Standard califica en oro, plata y bronce el desempeño de los BRT a nivel mundial. Y en este contexto, la muy mediocre Metrovía de Guayaquil nunca ha dejado de ser lo más bajo en esta escala: “bronce”.

Antes de que algún acomplejado diga que el “oro” es el patrimonio de los BRT europeos, que se sepa que nada más en la vecina Colombia, el Transmilenio de Bogotá y el Metroplús de Medellín reciben “oro” por sus sistemas BRT. La diferencia entre estos BRT colombianos y el BRT de Guayaquil (alías, “la Metrovía”) está en una mejor administración de los recursos, sujeta a una inteligente planificación.  

Porque en Guayaquil, la planificación fracasó. Piénsese en el siguiente dato: el día que se inauguró la Metrovía, 29 de julio de 2006, el alcalde de Guayaquil anunció que las primeras tres troncales de este sistema BRT iban a estar listas para el año 2008. Resultó una mentira colosal: recién en febrero del 2013 entraron a funcionar las tres troncales que entonces se ofrecieron.


Y se pone incluso peor: en la que fue su planificación, la Alcaldía de Guayaquil pretendía que para el año 2020 la Metrovía iba a contar con un total de siete troncales. Con casi diez años de retraso, todavía está en la lucha por empezar la cuarta. Y de las otras tres, mejor olvídense (2).

Tal es el tamaño de su mediocridad.

(1) En mi opinión, el guayaquileño tiene anestesiado el sentido crítico sobre lo que sucede en su ciudad: ‘Guayaquil y la crítica’.
(2) En una entrevista radial, le preguntaron a Nebot por las siete troncales de la Metrovía. Dijo que las otras tres troncales “son muy chiquitas”. JAJAJA (¡cómo vende humo este pibe!).

El Universo entrevista al Alcalde

27 de julio de 2017


Diario El Universo publicó una entrevista al Alcalde de Guayaquil sobre temas de tránsito, este 25 de julio (1). El periodista intervino diez veces, casi la mitad de ellas por la Metrovía.

El resultado de este intercambio es un empobrecimiento de la esfera pública. Veámoslo en cuatro episodios, un bonus track y una concisa conclusión.

1) LA ENTREVISTA [fragmento sobre la Metrovía]

Primera: “Se viene la cuarta troncal de la Metrovía”.

Esto fue, en realidad, un pie de amigo que solo mereció una respuesta seca por parte del Alcalde de Guayaquil: “La que sale del Batallón del Suburbio hacia el centro de la ciudad”.

Segundo: “Guayaquil se queda exclusivamente con el servicio de Metrovía o se piensa en otro servicio, los buses biarticulados...”

Una pregunta tímida que mereció como respuesta, en resumen, que el sistema de transporte “tiene que ser el que el pueblo pueda pagar”.

Tercero: “Pero en la aerovía se tiene que pagar más”

Este es un comentario con adversativo, que recibió una respuesta hermosa: “Sí, pero es selectivo. Si usted quiere paga más, si no usa el bus convencional...”.

Cuarto: “¿Qué troncal traerá los buses biarticulados?”

Una pregunta por información, con respuesta concisa: “La troncal 1, porque ya terminaron de pagar sus buses”.

Quinto: “Eso permitiría mejorar el servicio, calmar las quejas”.

Una pregunta que implícitamente reconoce el malestar con el funcionamiento del servicio de la Metrovía. Frente a esto, el Alcalde señala como una mejora los “buses con sistema de aire acondicionado optativo” y un clásico de su discurso: “¿de dónde venimos?”, de chatarras humeantes, peligrosas, sin revisión y sin aire acondicionado”.

2) EL PERIODISTA (2)

El periodista hizo preguntas como se escriben líneas en los telegramas. Nunca elaboró sus ideas, como si no tuviera permiso para ello. Él conoce que existe un malestar en la ciudad, pues admite (en la última pregunta) que hay que hacer “mejoras” en la Metrovía, que hay que “calmar” las quejas de los usuarios. Pero procede con cautela, sin mencionar las fallas, sin contextualizar los hechos, sin confrontar las ideas del Alcalde con la realidad.

Es un periodista que se ha resignado a no serlo, al menos cuando entrevista al Alcalde.

3) EL ALCALDE

Canchero. Sabe que va a jugar con sus mascotas.

4) EL CIUDADANO

El verdadero perdedor de esta entrevista. Nunca recibe información contextualizada sobre la Metrovía: queda ignorante que la troncal que “se viene” debió haber estado terminada el año 2008, según la planificación municipal (¡son 9 fucking años de atraso!). Nunca recibe información sobre los límites del “sistema” escogido: en Guayaquil se está pagando la tarifa de transporte más alta del país (30 centavos) pero el servicio es todavía notoriamente deficiente. Y tiene que soportar, además, la burla de que ahora le ofrezcan como mejora el “aire acondicionado optativo”, cuando antes el Alcalde decía que no se lo tenía en la Metrovía porque los usuarios se podían enfermar.

5) BONUS TRACK

“¿Cómo evalúa el tránsito en la ciudad?”

Esta fue la primera pregunta de la entrevista.

La respuesta del Alcalde a esta pregunta es de fábula: “heredamos un problema de 60 años”. Que un funcionario que tiene más de la cuarta parte de esos 60 años en el poder (17 años) te diga que ha “heredado” un problema, demuestra el asombroso nivel de impunidad de su retórica. El periodista es de palo.

6) CONCLUSIÓN

Pierde el ciudadano, pero gana la Alcaldía. Business as usual en diario El Universo.

*

(2) Diario El Universo no consigna el nombre del periodista que entrevista a la máxima autoridad de su ciudad (al menos en la versión digital), acaso para salvarlo del bochorno. Si es así, qué gentiles.

De pendejadas a evasivas: el aire acondicionado en la Metrovía

16 de marzo de 2017

A diferencia del resto del país, en Guayaquil el costo del pasaje del transporte público es de 30 centavos de dólar. Este aumento fue aprobado por el Concejo Cantonal y la nueva tarifa entró en vigor el 1 de septiembre de 2016 (1).

Por esta razón, Otto Sonnenholzner, entrevistador de radio Tropicana, le preguntó al alcalde Jaime Nebot el 18 de enero de este año si ese aumento del pasaje en el transporte público (buses y Metrovía) iba a servir para que se coloque aire acondicionado en las unidades de la Metrovía.

Radio Tropicana, 18 de enero de 2017.
La respuesta de Nebot es de antología:

“Se están haciendo mejoras en Metrovía en todo sentido, y en ese también, pero déjeme decirle que las mejoras del tránsito pasan por el puente, por la Aerovía que ahora se la quiere detener, por la coordinación de la semaforización, por muchas cosas. Por la no parqueada en doble o triple línea, etc. […]. Nosotros actuamos siempre con justicia, siempre con justicia, pero las mejoras se van dando y por eso es que es indignante que por politiquería, por mal ánimo contra una ciudad, por cualquier cosa que no tiene ninguna justificación, una obra de esa magnitud, una obra como la Aerovía se detenga porque un funcionario… ¿quién es este señor, digamos? ¿quién es este señor para hacer eso?” (23:30-24:52) (2).

Siguió un rato más, iracundo y a los gritos. Después de eso, se cambió el tema. Y Nebot jamás respondió si, con el aumento del pasaje, se iba a instalar aire acondicionado en las unidades de Metrovía (3).

En todo caso, hay que asumirlo como un “cambio positivo”: Nebot hoy responde con evasivas, lo que antes respondía con puras pendejadas.
  
(1) '¡Subió el valor del pasaje en Guayaquil!', Diario Extra, 31 de agosto de 2016.
(2) Nebot se refiere al ministro Patricio Rivera (?).
(3) Lo que se ha hecho es lo contrario: retirar el aire acondicionado de las pocas unidades de la Metrovía que lo tenían: ‘Climatización es el centro de  reclamos en la Metrovía’, Diario El universo, 13 de enero de 2017.

Guayaquil, quince años después

31 de enero de 2017

La alcaldía de Jaime Nebot ha durado largos (casi) 17 años. Es demasiado tiempo para uno que únicamente puede reportar fracasos en los desafíos que debió afrontar.

La siguiente imagen corresponde a los cuatro “mayores desafíos” de Guayaquil, según los reportaba revista Vistazo el año 2002:

Revista Vistazo, edición No 858, Julio 18/02, pp. 38-39.

Estos cuatro “desafíos” eran el transporte público, la contaminación ambiental, el alcantarillado y la seguridad. Resultan sólidos indicadores para juzgar la gestión de la Alcaldía de Guayaquil.

La pregunta entonces es: ¿Ha estado la Alcaldía a la altura de estos desafíos?

La respuesta es: NO. Veamos porqué.

1) El transporte público.- La solución que ofreció la Alcaldía fue la creación del Sistema Metrovía. Dudo que alguien se atreva a llamarlo una solución eficaz, en vista de que cuenta con 9 años de retraso en su implementación (1). Su funcionamiento precario es conocido por los usuarios, cuyo número ha descendido en tiempos recientes (2).

2) La contaminación ambiental.- Una palabra bastaría para evocar su fracaso: Balsasud (3). En rigor, la alcaldía de Guayaquil no controla a las empresas contaminantes, las que continúan en su incesante propósito de dañar los cuerpos de agua de Guayaquil (sus ríos y esteros) para ahorrarse un billete.

Y a pesar de que fue una oferta de su primera campaña el año 2000, la alcaldía de Nebot nunca “recuperó” el Estero Salado. Salvo, obviamente, en la fértil imaginación de uno de sus esbirros (4).

3) Alcantarillado.- Una especialidad en la venta de humo de la Alcaldía: ha dicho que terminaría con el 100% del alcantarillado el 2013. Ha renovado varias veces su inminente terminación, aunque de manera reciente, ha admitido que aún falta "7 u 8 por ciento" (5). Más allá de la incesante venta de humo, el problema es que el crecimiento de la red de alcantarillado, tal como lo hace la alcaldía, es dañino para Guayaquil.

Como lo advirtieron expertos internacionales auspiciados por la Corporación Andina de Fomento (CAF) en un informe elaborado en junio de 2013, Guayaquil crece así: “lotes pequeños para las viviendas, aceras y accesos estrechos, limitadas áreas verdes, y en general una clara tendencia hacia la impermeabilización del suelo urbano”. Este crecimiento hace crecer, a su vez, a la red de alcantarillado.

El detalle es que este tipo de crecimiento de la red de alcantarillado “no es sustentable” y de acuerdo con los expertos de la CAF cuesta alrededor de US$7 millones por kilómetro cuadrado. Por contra, ellos afirman que el uso de iniciativas propias de una ciudad “verde, inclusiva y sustentable” no solo resulta más eficaz para cumplir el mismo propósito que la red de alcantarillado, sino que es una alternativa 6 veces más económica (6). Pero nada de eso tiene relevancia, pues lo que importa es que gane la empresa concesionaria, ¿no?

4) Seguridad.- La idea de seguridad de la Alcaldía de Guayaquil, ocasionalmente ha sido la defensa de los adinerados (cuando quiso privatizarla, durante el gobierno de Gutiérrez) y, generalmente, se ha materializado en atacar a los comerciantes autónomos para impedir su acceso las a áreas “regeneradas”.

En pocas palabras: la intervención municipal no combate la inseguridad; acaso la exacerba.

En la portada de la edición, la actual segunda candidata por el distrito 3 de Guayas, distrazada de Wilma Picapiedra (?)

*

En definitiva, en los rubros en que importaba, la Alcaldía de Guayaquil fracasó.

Y lo que hace invisible este fracaso en la esfera pública es el hecho irrefutable de que la derecha política en el Sillón de Olmedo tiene a los medios de comunicación (los del gran y mediano capital) como a su muchacho de los mandados.

(1)Metrovía, 2017’, Xavier Flores Aguirre, 23 de enero de 2017.
(2) 18,7 millones de usuarios dejaron de utilizar la Metrovía en 2015’, Diario El universo, 12 de febrero de 2016.
(3) 7 horas sin agua en Guayaquil, ¿por qué es culpable el operador?’, Xavier Flores Aguirre, 12 de agosto de 2016; Nelson Tubay, ‘Una ciudad Multivulnerable’, Diario Expreso, 3 de julio de 2016.
(4) El estero de la fantasía’, Xavier Flores Aguirre, 6 de agosto de 2016; por contraste, v. 'El estero de la realidad (de baños curativos a vertedero dedesechos)',  Xavier Flores Aguirre, 7 de agosto de 2016.
(5) Para el dato del 2013, v. ‘Nebot: 332 obras ejecuta el Municipio de Guayaquil solopor el mes de las festividades julianas’, Alcaldía de Guayaquil [blog], 1 de julio de 2011. Para el dato de lo que falta, v. 'Contacto Directo / Entrevista Jaime Nebot', You Tube [Ecuavisa], 7 de diciembre de 2016.
(6) El informe lo solicitó la propia Alcaldía de Guayaquil, a raíz de la inundación del 2-3 de marzo de 2013, v. Mejía Betancourt, Abel, Morelli Tucci, Carlos Eduardo, Bertoni, Juan Carlos, Cabezas Vélez, Gabriel 2013, La inundación de Guayaquil en marzo 2013. Opinión de expertos internacionales, Cooperación Técnica de CAF, Informe gerencial [17 de junio de 2013]. Sobre Guayaquil y este informe, v. 'Guayaquil a la deriva', Xavier Flores Aguirre, 28 de febrero de 2016.