Mostrando entradas con la etiqueta Historia del Ecuador. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Historia del Ecuador. Mostrar todas las entradas

El huasipungo como explicación

3 de julio de 2019


Cuando Rodrigo Borja explica la voz “Huasipungo” en su ‘Diccionario de la Política’, realiza una breve pero precisa descripción del origen de los problemas del territorio que, con el paso de los años, se convirtió en la República del Ecuador (desde 1835):

“Su origen histórico [del huasipungo, N. del A.] se encuentra en los inicios de la conquista española, a partir del siglo XVI, en que los colonizadores blancos se apropiaron de las mejores tierras de cultivo y establecieron en ellas sus haciendas servidas por la mano de obra barata de los indios. La nueva aristocracia de los criollos ricos consolidó el sistema y sus descendientes lo mantuvieron por cerca de 500 años, aún después de conquistada la independencia de España”*.

En el “origen histórico” del huasipungo está cifrada la raíz de nuestros problemas: en esta profunda inequidad originaria producto de una conquista es donde está el caldo de cultivo de los abusos, la corrupción y la desconfianza mutua, que todavía nos asolan.

* Borja, Rodrigo, ‘Diccionario de la Política’, Tomo II, Fondo de Cultura Económica, Tercera Edición, México D.F., 2003 [Primera edición: 1997], p. 752.

Elizalde vs. Wright (Batalla de 1845)

19 de marzo de 2019


Esta es la historia de un vasquito contra un irlandés, al mando de multitudes, enfrentados en las calles de Guayaquil (1). Elizalde era el hijo de un vasco de Lekaroz, Baztán, Reino de Navarra, venido a Guayaquil y casado con una guayaquileña hija de vasco, Rufina La Mar. De su enlace surgieron dos héroes de Pichincha y Ayacucho, gestas libertarias de la América del Sur: Antonio, y su hermano mayor Juan Francisco. (Además de tener un tío famoso, el general José Domingo La Mar, primer Presidente Constitucional del Perú). Este escrito trata del guayaquileño Antonio Elizalde La Mar, nacido en 1795, cuya primera participación militar fue en la independencia de su ciudad en octubre de 1820, con la que inició su intervención en la campaña libertadora de Quito, coronada en Pichincha y luego refrendada en Ayacucho.

El año 1845, el puerto de Guayaquil está en un auge económico y demográfico. Políticamente, la ciudad merecía un lugar en consonancia con ese auge: fue aquí donde se recuperó a la naciente Patria (2), perdida por el militarismo extranjero representado en el general venezolano Juan José Flores, elegido Presidente de la República para el período 1843-1851 (3).

El 6 de marzo de 1845 Guayaquil se levantó en armas y el general Antonio Elizalde (50 años) fue ungido como el General de las Fuerzas Revolucionarias. Debió enfrentarse con el Comandante General de la Plaza, el General Thomas Charles Wright (4), irlandés de nación (Queensboro, 1799) y representante del Gobierno de Flores, a fin de tomarse Guayaquil para la causa de la “Revolución Marcista”.

El currículo del General Wright (a la sazón, 46 años) era tanto o más impresionante que el de Elizalde: enlistado como otros rechazos de la Real Armada de Inglaterra en una legión para guerrear en el extranjero a la edad de 18 años (es decir, un bisoño mercenario) participó en América, entre otras, en las batallas de Pantano de Vargas y de Boyacá, donde se lo promovió a Capitán, de Carabobo y de Bomboná. Acompañó a Bolívar en su segunda campaña de los Andes y fue elogiado por él en razón de su arrojo y valentía. Asentado en Guayaquil desde 1826, el General T. C. Wright fue el militar gubernamental de preferencia para administrar Guayaquil para la República del Ecuador: sirvió en todos los gobiernos, y a Rocafuerte lo vinculaba un enlace familiar: se casó con su sobrina (que falleció en 1839). Ese 6 de marzo de 1845 fue el principio de su caída.

En esta lucha entre estos dos héroes de la Independencia, en la que corrió sangre de guayaquileños y que concluyó al día siguiente que empezó, el 7 de marzo, prevaleció el General Elizalde frente al General Wright, quien se contrajo a firmar una capitulación por la que entregó la plaza a los revolucionarios. Muchas otras luchas después se firmó un convenio entre estos y el General Juan José Flores a fin de que el Presidente en funciones abandone el país, lo que finalmente hizo desde Guayaquil el 24 de junio de 1845, ciudad donde Flores embarcó con rumbo a Panamá (5).

Elizalde, a raíz del triunfo de la Revolución, fue Gobernador del Guayas y luego Senador y luego candidato a la Presidencia de la República. Fue por el intransigente empate entre los candidatos guayacos a la Presidencia, Elizalde y Diego Noboa, que el Congreso Nacional de 1849 adoptó, por primera vez en la historia del país, la decisión de que un Vicepresidente reemplace a un Presidente, por el ascenso del quiteño Manuel Ascázubi a la Presidencia el 7 de noviembre de 1849  (v. el “Síndrome de Ascázubi”).

A Elizalde se lo recuerda en su ciudad con una corta calle del centro que tiene apenas una cuadra y que muere en el Malecón (con el equívoco nombre “Miguel A. Elizalde”). En Quito, la calle que lo recuerda tiene el nombre correcto, “Antonio Elizalde”, y está en una cuesta del Itchimbía. Antonio Elizalde Lamar murió en Guayaquil el 24 de mayo de 1862, a los 40 años exactos de haber peleado en las faldas del Pichincha.

Por parte del viudo Thomas Charles Wright Montgomery, esta derrota concluyó su paso por la función pública. Desde entonces, estuvo quince años en el exilio (diez en Chile y cinco en Perú) y regresó bajo el gobierno de García Moreno, se casó con la hermana de su fallecida esposa (costumbres de la época) y estuvo en la oposición al gobierno hasta su muerte el 10 de diciembre de 1868. Lo recuerda a T. C. Wright, en Guayaquil, el nombre de una calle en las cercanías del Barrio del Centenario, que inicia en la 25 de Julio y muere en la ría.

(1) Cinematográficamente, mutatis mutandis, es lo más parecido a “Gangs of New York” que tenemos.
(2) Por “recuperar” la Patria, quiero decir recuperarla para la administración de los hijos de la oligarquía de Guayaquil y sus intereses de clase.
(3) El Presidente Flores gobernaba con la que se conoció como “Carta de la Esclavitud”, dictada por la tercera Convención Nacional que se reunió en Quito, adicta a Flores, que la aprobó el 31 de marzo de 1843. Flores la promulgó al día siguiente.
(4) A dos de sus descendientes, sus nietos Juan Alfredo y Roberto Wright Aguirre, les cupo el honor de traer la primera pelota de fútbol al Ecuador, vía el puerto de Guayaquil. Con otros entusiastas, fundaron el primer club de fútbol del país, el 23 de abril de 1899.
(5) Flores volvió a la política nacional en 1860 convocado por García Moreno para ordenar el país cuando este homónimo de apellidos con Charly García (cuyo nombre completo es Carlos Alberto García Moreno) entró como una furia (pues las furias necesitan a los generales) y, una vez pacificado el país y triunfante el García Moreno de Guayaquil, el General Juan José Flores fue elegido Presidente de la Convención Nacional que dictó en abril de 1861 la séptima Constitución del país que él mismo contribuyó a fundar en 1830. (Esta fue la primera Constitución que eliminó el voto censitario para elegir –pues para ser elegido se mantuvo hasta la Constitución de 1884). Flores murió el 1 de octubre de 1864, tras derrotar por las armas y para el Gobierno de García Moreno a una insurrección en Machala y mientras se lo trasladaba desde allá a Guayaquil (vía marítima) para recibir atención médica.

Ecuador, país en loop

12 de noviembre de 2018


En el 2013, ante la Corte Interamericana, el Estado ecuatoriano alegó que “se encuentra viviendo una era de transformación iniciada a partir de la Constitución de la República de 2008”, y que “existe un Consejo de Participación Ciudadana y Control Social encargado de la selección de los nuevos jueces y juezas de la Corte Constitucional”, que se encuentra “desarrollando los procesos efectivos para la designación de los nuevos jueces y juezas de la Corte Constitucional”*.

Unos pocos años después, el Ecuador, como es hacendoso de huevadas, optó por bajarse a la Corte Constitucional y está en proceso de elegir otra por un nuevo “proceso efectivo” (JOJO). Y espérense tantito que ya vuelve el Ecuador, como la burra al trigo, ante la Corte Interamericana para justificar torpemente sus malas decisiones de otro de sus momentos transformativos**, por el que volverán a condenarlo y será obligado a pagar sumas millonarias y dirá que está en pleno desarrollo de nuevos procesos efectivos para algo que luego no funcionará y que será fuente de futuros incumplimientos.

Y así, la historia patria.

* Corte IDH. Caso del Tribunal Constitucional (Camba Campos y Otros) c. Ecuador. Sentencia de 28 de agosto de 2013 (Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas). Serie C No 268, Párr. 268.
** Los “momentos transformativos” del Ecuador equivalen a una crisis con pastillas en un ser humano.

Fans de Fernando VII

21 de agosto de 2018


La Junta Soberana de Quito, organizada a raíz de la llamada “Revolución de Quito” del 10 de agosto de 1809, idolatraba a Fernando VII. Basta el recuerdo de las palabras de Manuel Rodríguez de Quiroga, recogidas en la “Proclama a los Pueblos de América” del 16 de agosto de 1809:

“La sacrosanta Ley de Jesucristo y el imperio de Fernando VII perseguido y desterrado de la península han fijado su augusta mansión en Quito. Bajo el ecuador han erigido un baluarte inexpugnable contra las infernales empresas de la opresión y la herejía… ¡Viva nuestro rey legítimo y señor natural don Fernando VII!”.

La explicación de sostener el viejo orden ante el temor infundido por la invasión francesa a España en 1808 se debía a que los criollos “tenían miedo a perder su posición dominante en la sociedad colonial” (por el ideal igualitario de la Revolución Francesa). El temor estaba en la base de su idolatría del Rey español: “Temían que los indios, los negros y los mestizos se aprovecharan de la crisis de autoridad abierta por la invasión napoleónica para rebelarse”. Por ello, como reacción defensiva, se debió “tomar localmente el poder para garantizar el orden social” sin que nunca estos poderes locales, se hayan concebido “independientes de España”* (esta concepción se empezó a tener recién a partir de 1810). En definitiva, no se trató de “revoluciones libertadoras”: se trató, más bien, de reacciones conservadoras.

Y eso fue precisamente la Junta Suprema de Quito, creada a raíz del golpe del 10 de agosto de 1809: una reacción conservadora frente los hechos en Europa (la invasión napoleónica de España, que persiguió y desterró a Fernando VII) puesta en marcha por la oligarquía de la ciudad.

Así, el 10 de agosto de 1809 fue una reacción para conservar privilegios y prebendas (o de aprovechar para ampliarlos) y para protestar por su amado Rey Fernando VII, a quien no en vano la historia recuerda en este período como El Deseado. Y los quiteños lo deseaban como el que más: eran sus fans.

* Citado de: Pérez, Joseph, 'Historia de España', Editorial Crítica, Barcelona, 2014 [Primera edición: 2000], p. 425.  

¿Grito de independencia o pesca a río revuelto?

19 de agosto de 2018


Con los términos “Grito de independencia” se alude al documento llamado “Acta de Independencia de Quito”, del 10 de agosto de 1809, documento por el cual una “Junta Suprema” declaró gobernar “como representante de nuestro legítimo soberano, el Señor Don Fernando Séptimo, y mientras su Majestad recupere la Península, o viene a imperar” al tiempo que acordó prestar “juramento solemne, de obediencia y fidelidad al Rey en la Catedral inmediatamente y lo hará prestar a todos los cuerpos constituidos, así eclesiásticos como seculares”, así como su obligación de sostener “los Derechos del Rey”.

Por la contundencia de estas afirmaciones, entender a la “independencia” como una independencia del Reino de España es un notorio error, o peor aún, la convertiría en una independencia taimada, humillantemente hipócrita, y mejor que así no. Esta independencia de Quito, si es un grito, es uno de reivindicación de su oligarquía a tener un mayor espacio de autodeterminación administrativa dentro del Reino de España. En otras palabras, aprovechar la crisis en Europa para atribuirse la administración de territorios que incluían a “Guayaquil, Popayán, Pasto, Barbacoas y Panamá”. Es decir que lo que se buscó en el “Acta” fue acrecentar los dominios de Quito, pues había venido a pérdida en los años recientes*. Y así Quito, la provincia de Quito, quería venirse de menos a más: más que de independencia, este quiso ser un grito de remontada.

Pero esta aspiración a un mayor dominio territorial era un sueño de perros. Esto, porque no tuvo sobre quiénes materializarse (dicho en términos coloquiales: fue un pedo mental). Sus destinatarios se pusieron en pie de guerra en contra de las órdenes emanadas por Quito de someterse al imperio de la Junta Suprema que en esa ciudad había organizado su oligarquía (que en todo caso, no dejaría de sacarle provecho a esta “revolución”, pues les sirvió a los ricos de la ciudad para licuar unas cuantas deudas** -una vieja historia en las oligarquías sudamericanas, de hoy, de ayer, de siempre).

Los dos virreyes sudamericanos con intereses en los territorios que reivindicó Quito en su “Acta” ordenaron el envío de tropas para aplacar esta “revolución”: desde el norte lo hizo el Virreinato de Nueva Granada y desde el Sur el Virreinato de Perú. Los cabildos de Pasto, Popayán, Guayaquil y Cuenca, los más próximos a la provincia de Quito, se encargaron de ejecutar las disposiciones represivas de los virreinatos, a consecuencia de las cuales se aplacó la que también se conoce como “Revolución del 10 de Agosto”***

Así, ese 10 de agosto de 1809 no se buscó independizar a la provincia de Quito del Reino de España, eso no se desprende de su “Acta de Independencia”. Lo que sí se refleja en este documento, es el afán que tuvo la provincia de Quito de adquirir la supremacía sobre sus territorios vecinos, es decir, que las provincias de Pasto, Popayán, Guayaquil y Cuenca se sometan a su imperio****. Y fracasó por ello miserablemente, pues a ninguno de estos territorios vecinos les simpatizó la idea de someterse. Y juntos le sacaron la entreputa a Quito (con masacre de sus próceres incluida).

Degradémoslo como corresponde, en atención a estos hechos: de “Grito de la Independencia”, pasemos a llamarlo “Grito de la Remontada Fallida” o “Fracaso de Quito”*****. Estas denominaciones, a buen seguro, sí le harían justicia.

* Quito iba de derrota en derrota: en 1779 la Corona española creó el Obispado de Cuenca, por el cual privó a Quito de la jurisdicción eclesiástica de Quito sobre Guayaquil, Cuenca, Portoviejo, Loja, Zaruma y Alausí; en 1793, por orden del Virrey de Nueva Granada se desplazó de Quito a la jurisdicción de Popayán el dominio sobre Esmeraldas, Tumaco y La Tola; en 1802, por Cédula Real se creó un Obispado y un gobierno militar en Maynas, territorio que de Quito pasó a depender directamente del gobierno central español; y en 1803, por otra Cédula Real, se dio al Virreinato del Perú el gobierno de Guayaquil en lo militar y comercial.
** De acuerdo con Ayala Mora en su “Resumen de Historia del Ecuador”, Tomo 1: “Una vez instalados en el mando [los poderosos latifundistas] hicieron desaparecer la constancia de las cuantiosas deudas que habían contraído con la Corona por compra de tierras”, v. “Historia…”, p. 23.
*** “Revolución” que se retomó después por la llegada de Carlos Montúfar enviado por la Corona Española con el cargo de Comisionado Regio, para ser aplacada de manera definitiva en la derrota sufrida por las fuerzas de Quito en la Batalla de Ibarra (1 de diciembre de 1812) a manos de las fuerzas realistas de Toribio Montes. De allí, a dormir hasta la llegada de las fuerzas libertadoras del Norte (Bolívar) y del Sur (San Martín).
**** Como lo ha destacado Federica Morelli, en su brillante libro “Territorio o nación: Reforma y disolución del espacio imperial en Ecuador, 1765-1830”: “la junta de Quito adoptó una actitud agresiva y a menudo no esperó la respuesta de las demás ciudades respecto de su adhesión o no al proyecto. Al contrario, destituyó a las autoridades existentes y las sustituyó por funcionarios nuevos, elegidos directamente por ella y en estrecho vínculo con las grandes familias de la capital. Tales prevenciones hegemónicas de la junta de Quito sobre las restantes provincias provocaron una viva reacción entre las élites de las últimas. El conflicto fue particularmente visible en el caso de Guayaquil, Cuenca, Pasto y Popayán, que no sólo constituyeron un bloque económico opuesto a la capital, sino que de ahí llegaron a un verdadero estado de guerra entre ciudades. Así, el rechazo de la ciudades provinciales a reconocer a la junta de Quito no debe explicarse por su respeto a las antiguas autoridades coloniales, sino como signo revelador de la lucha existente entre las élites provinciales y las de la capital por la recuperación de los diferentes espacios políticos y sociales a los que la situación de crisis había vuelto accesibles”, v. Morelli, Federica, “Territorio o nación: Reforma y disolución del espacio imperial en Ecuador, 1765-1830”, Centro de Estudios Políticos Constitucionales, Madrid, 2005, pp. 64-5.
***** “Fracaso de Quito”, menos para los latifundistas que lograron licuar sus deudas (y que fueron los instigadores de esta “revolución”). Los que pescaron a río revuelto.

El origen de los presidentes

21 de julio de 2018


Una lista de los presidentes de la República del Ecuador (AKA ‘La carabina de Ambrosio’ established 1830) con indicación de su período de gobierno, lugar de nacimiento y fechas de nacimiento y muerte (N.B.: nueve no han palmado todavía).

Presidente Constitucional
Información personal
1. Juan José Flores (1830-1834)
Puerto Cabello (1800-1864)
2. Vicente Rocafuerte (1835-1839)
Guayaquil (1783-1947)
3. Juan José Flores (1839-1845)
Puerto Cabello (1800-1864)
4. Vicente Ramón Roca (1845-1849)
Guayaquil (1792-1858)
5. Diego Noboa (1851)
Guayaquil (1789-1870)
6. José María Urbina (1852-1856)
Píllaro (1808-1891)
7. Francisco Robles (1856-1859)
Guayaquil (1811-1893)
8. Gabriel García (1861-1865)
Guayaquil (1821-1875)
9. Jerónimo Carrión (1865-1867)
Cariamanga (1804-1873)
10. Javier Espinosa (1868-1869)
Quito (1815-1870)
11. Gabriel García (1869-1875)
Guayaquil (1821-1875)
12. Antonio Borrero (1875-1876)
Cuenca (1827-1911)
13. Ignacio de Veintimilla (1878-1882)
Quito (1828-1908)
14. José María Caamaño (1884-1888)
Guayaquil (1837-1900)
15. Antonio Flores (1888-1892)
Quito (1833-1915)
16. Luis Cordero (1892-1895)
Déleg (1833-1912)
17. Vicente Lucio Salazar (1895)
Quito (1832-1896)
18. Eloy Alfaro (1897-1901)
Montecristi (1842-1912)
19. Leónidas Plaza (1901-1905)
Charapotó (1865-1932)
20. Lizardo García (1905-1906)
Guayaquil (1844-1937)
21. Eloy Alfaro (1907-1911)
Montecristi (1842-1912)
22. Emilio Estrada (1911)
Quito (1855-1911)
23. Leónidas Plaza (1912-1916)
Charapotó (1865-1932)
24. Alfredo Baquerizo (1916-1920)
Guayaquil (1859-1951)
25. José Luis Tamayo (1920-1924)
Chanduy (1858-1947)
26. Gonzalo Córdova (1924-1925)
Cuenca (1863-1928)
27. Isidro Ayora (1929-1931)
Loja (1879-1978)
28. Juan de Dios Martínez (1932-1933)
Guayaquil (1875-1955)
29. José María Velasco (1934-1935)
Quito (1893-1979)
30. Aurelio Mosquera (1938-1939)
Quito (1883-1939)
31. Carlos Arroyo (1940-1944)
Guayaquil (1893-1969)
32. José María Velasco (1944-1947)
Quito (1893-1979)
33. Mariano Suárez (1947)
Otavalo (1897-1980)
34. C. Julio Arosemena T. (1947-1948)
Guayaquil (1888-1952)
35. Galo Plaza (1948-1952)
Nueva York (1906-1987)
36. José María Velasco (1952-1956)
Quito (1893-1979)
37. Camilo Ponce (1956-1960)
Quito (1912-1976)
38. José María Velasco (1960-1961)
Quito (1893-1979)
39. C. Julio Arosemena M. (1961-1963)
Guayaquil (1919-2004)
40. Otto Arosemena (1967-1968)
Guayaquil (1925-1984)
41. José María Velasco (1968-1970)
Quito (1893-1979)
42. Jaime Roldós (1979-1981)
Guayaquil (1940-1981)
43. Oswaldo Hurtado (1981-1984)
Chambo (1939)
44. León Febres-Cordero (1984-1988)
Guayaquil (1931-2008)
45. Rodrigo Borja (1988-1992)
Quito (1935)
46. Sixto Durán-Ballén (1992-1996)
Boston (1921-2016)
47. Abdalá Bucaram (1996-1997)
Guayaquil (1952)
48. Jamil Mahuad (1998-2000)
Loja (1949)
49. Gustavo Noboa (2000-2002)
Guayaquil (1937)
50. Lucio Gutiérrez (2002-2005)
Quito (1957)
51. Alfredo Palacio (2005-2007)
Guayaquil (1939)
52. Rafael Correa (2007-2017)
Guayaquil (1963)
53. Lenin Moreno (2017)
N. Rocafuerte (1953)

En razón de su origen, el saldo es el siguiente:

* 19 presidentes guayaquileños: Vicente Rocafuerte, Vicente Ramón Roca, Diego Noboa, Francisco Robles, Gabriel García Moreno (por dos períodos no consecutivos), José María Caamaño, Lizardo García, Alfredo Baquerizo Moreno, Juan de Dios Martínez, Carlos Arroyo del Río, Carlos Julio Arosemena Tola, Carlos Julio Arosemena Monroy, Otto Arosemena, Jaime Roldós, León Febres-Cordero, Abdalá Bucaram, Gustavo Noboa, Alfredo Palacio y Rafael Correa.

* 10 presidentes quiteños: Javier Espinosa, Ignacio de Veintimilla, Antonio Flores, Vicente Lucio Salazar, Emilio Estrada, José María Velasco Ibarra (por cinco períodos no consecutivos), Aurelio Mosquera, Camilo Ponce, Rodrigo Borja y Lucio Gutiérrez.

* 3 presidentes nacidos en el extranjero: Juan José Flores en Puerto Cabello (por dos períodos no consecutivos), Galo Plaza Lasso en Nueva York y Sixto Durán-Ballén en Boston.   

* 2 presidentes cuencanos: Antonio Borrero y Gonzalo Córdova.

* 2 presidentes lojanos: Isidro Ayora y Jamil Mahuad.

* 1 presidente de Cariamanga: Jerónimo Carrión.

* 1 presidente de Chambo: Oswaldo Hurtado.

* 1 presidente de Chanduy: José Luis Tamayo.

* 1 presidente de Charapotó: Leónidas Plaza (por dos períodos no consecutivos).

* 1 presidente de Déleg: Luis Cordero.

* 1 presidente de Montecristi: Eloy Alfaro (por dos períodos no consecutivos)

* 1 presidente de Nuevo Rocafuerte: Lenin Moreno.

* 1 presidente de Otavalo: Mariano Suárez.

* 1 presidente de Píllaro: José María Urvina.

La cruzada de Borrero

7 de mayo de 2018


Antonio Borrero Cortázar fue el primer azuayo que ocupó la Presidencia de la República, el primero de los malditos.

Elegido en octubre de 1875, tras el magnicidio de Gabriel García Moreno, Borrero enfrentó en septiembre de 1876 un levantamiento de su Jefe Militar en Guayaquil, Ignacio de Veintemilla. El Presidente Borrero resistía el asalto: el 13 de ese mes, publicó una proclama dirigida a los ecuatorianos a fin de salvar la Patria “defendiendo al Gobierno que ella ha creado, y no la hundáis en el abismo de males sin cuento”.

En esa proclama, Borrero planteó el asalto al poder de Veintemilla en términos de una defensa de la religión en un pueblo de católicos. El morlaco apuntó que la rebelión de Veintemilla “no es sino un desquiciamiento del orden religioso, social y político que hoy impera en el Ecuador. Los que niegan la Divinidad de Jesucristo, los que aseguran que el pueblo es más soberano que Dios, los que piden el matrimonio civil, son los que han buscado, como instrumento torpe y ciego, a un Jefe desleal”, por lo que exhortó a sus conciudadanos: “Si vosotros sois, como nadie podrá dudarlo, un pueblo de hombres religiosos, defended a vuestro Dios combatiendo el ateísmo”. Y arengó, asimismo, a sus soldados para que no entronicen la dictadura “porque levantar la de un hombre que no presenta ningún principio, ninguna idea, ningún derecho, es un crimen de Lesa Patria” (1).

La rebelión de Veintemilla triunfó y fue el Presidente que más tiempo gobernó de manera continua (1876-1883) hasta la aparición de Rafael Correa en el siglo XXI.

A Antonio Borrero le pasó lo que al esposo de la cigarra: se lo fumaron. Su arenga religiosa valió Espíritu Santo (paloma).

(1) ‘Proclama del 13 de septiembre de 1876 de Antonio Borrero, Presidente de la República del Ecuador, a los ecuatorianos’, en: “Historia del Ecuador”, Salvat Editores Ecuatoriana, Vol. 6, Barcelona, 1980, p. 123.