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La Tri mamarracha

6 de noviembre de 2019


En esta nota de prensa, el redactor de la noticia no buscó analizar el partido. Lo suyo fue el inicio de una sostenida diatriba que se construyó, por la eliminación de la Tricolor en la clasificatoria al Mundial de Francia, alrededor de la palabra “mamarrachos”.


El inicio de la nota, publicada el 7 de julio de 1997, fue brutal: “Qué infame. Qué falta de amor a la camiseta tricolor. Merecen que devuelvan el dinero que se han ganado en estas eliminatorias y que jueguen gratis hasta que termine el premundial. No es justo que al pueblo se le haya tomado el pelo…”.

Y en Extradeportes agarraron su pato: Eduardo Tanque Hurtado. “Mamarrachos, porque no saben meter los goles en los momentos que se les presenta la ocasión, principalmente Eduardo Hurtado, que es preferible que se dedique a otra cosa menos a defender la camiseta nacional […] La Selección que jugó en Venezuela no mereció ni siquiera venirse en avión, sino a pie”.

El resultado de este partido contra Venezuela, jugado de visita en Maracaibo el 6 de julio de 1997, concluyó en empate: 1 a 1.

Pero ese empate no nos bastó. Si bien quedaban matemáticamente posibilidades, el “partido ante Venezuela lo teníamos que ganar como sea”. Y concluyó: “Por eso son mamarrachos y asesinos de ilusiones”.

En esta otra nota de prensa, publicada dos días después, sí se intenta una suerte de análisis, pero sin olvidar que son mamarrachos, como lo evidencia claramente su título:


Pero el subtítulo es todavía mejor. “Si los seleccionados desean que EXTRADEPORTES no les diga mamarrachos; entonces, ganen los cuatro partidos que faltan y terminen con dignidad”. La sección de deportes de diario Extra le lanzó un reto a los seleccionados.

Y no lo cumplieron.


Al día siguiente de perder contra Colombia 0 a 1 el 20 de julio de 1997 con gol del Pipa de Ávila, la sección de Extradeportes publicó un titular en que los gradúa de mamarrachos a los muchachos de la Tri, con la siguiente explicación: “Ahora que [sic] dirán los seleccionados. Tendrán la suficiente sangre en la cara como para reclamar por lo de mamarrachos, calificados por su actuación en Venezuela. Más bien ellos se graduaron como aquello luego de la nueva desazón en estas eliminatorias”.

Graduados de mamarrachos: el saldo de la Tri por Extra, rumbo a Francia ’98.

Diblú en el mundial

25 de septiembre de 2018


La cosa más rara del mundo es pasar por la calle Rumichaca y ver a una mujer idéntica a Simone de Beauvoir en la esquina con Huancavilca.

Me la quedé mirando, mientras viraba por esa esquina.

- “¿Simone?”, le espeté.
- “Sí”. –me miró extrañada-. “¿Tienes agua de coco?”
- “Curiosamente, sí. Con pedacitos de fruta. Riquísimo”.

La oferta la trepó en el carro deuán. Yo no podía dar crédito a que esta señora, idéntica a Simone de Beauvoir, estaba subida en mi carro con una oferta tan prosaica: de alguna manera, era como haberse revoleado a una abuelita. Una sensación marca Polito Baquerizo.

La miré mientras esta señora sorbía del vaso con una fruición rayana en la desesperación, parecía poseída por el coco: lo sorbió todo, hasta hacer los ruiditos con el hielo. Me aclaró: “Vengo del restorán peruano. Me clavé un ceviche de a siete y me comí el ají rocoto pensando que era un pimiento”.

Ahora entendí porque andaba roja, sudada, como serrano cocinado al vapor. Lo que no entendí fue lo siguiente:

- “Por favor, ¿puedes cambiar la estación? Ponte música, sivuplé”.

No lo entendí porque estaba escuchando un partido del mundial. Pensé que quería que cambie la emisora (era Diblú) por otra, comprensible dada la calamitosa narración, pero el símil de la Beauvoir no quería saber del mundial.

- “Estoy escuchando el partido”, le repliqué. Y ahí se mandó:
- “Ah, claro. Un hombre escuchando un juego únicamente de hombres”.

No esperaba esa. Retruqué:

- “En el nombre de la sororidad, dime los nombres de tres mujeres futbolistas”
- “Mia Hamm… Marta, la brasileña. Y… la arquera, Solo”.
- “¿Han Solo?”
- “No. Otra.”
- “Ah. Es que está jodido recordar tres nombres y no creo que seas la única. Yo, para escribir este divague, tuve que buscarlos en Internet, por ejemplo. Pero con los jugadores hombres es distinto: te podría mencionar nombres de futbolistas por horas. Y asociarlos con varios episodios de mi vida: recuerdos de mi niñez, los estadios, victorias y derrotas, un mundo de emociones. Es distinto con el fútbol femenino. Simplemente no tengo ninguna emoción asociada al mismo, como no sea el zapping”.

Esta alocución pareció incomodar al símil de la Beauvoir. Me animé a preguntarle, aunque sabía que estaba muerta: “¿Eres tú Simone de Beauvoir? ¿La francesa, la pareja del tuerto?”

Abrió su cartera y me entregó una cédula de identidad en francés, emitida el año 1977. La señora de la foto era exacta a ella. Allí se leía “Simone de Beauvoir, París, 9 de enero de 1908”.

- “¿Satisfecho?”
- “No soy experto en cédulas de identidad francesas de los años 70, pero parece legítima. Y tú tendrías 110 años”.
- “Así es”
- “Pues no los representas”.
- “Así es. Aquí me bajo”, me dijo bruscamente, cuando pasábamos frente a la puerta principal del Mercado de las Cuatro Manzanas. Había acabado con el coco, hasta los hielitos. Se limpió la boca con la manga de la camisa, y me dijo: “Voy a buscar unos libros viejos. Los otros días, encontré una edición del Orígenes Cuencanos de Maximiliano Borrero. A dos dolaritos”.
- “Bien ahí. Suerte, Simone”
- “Orrevuá”. Y se botó del carro.

Me quedé con la narración de Diblú, en un partido a cargo de un tipo que acentuaba la letra a al final de sus frases, así que para él no era “golero”, sino “goleroaá”. Cambié de emisora.

Una radio de deportes

20 de junio de 2018



Cuando uno abre la página web de radio Diblú, aparece esta imagen digna de una kermesse. Uno juzgaría que la radio está compuesta únicamente por mujeres. Pero no, es apenas una evidencia más del sexismo tan naturalizado en nuestra sociedad.  

Villacís y una duda

21 de mayo de 2018


Carlos Villacís es el incompetente a cargo de la FEF, desde que metieron preso al anterior pillo. A este fulano le cupo el deshonor de que dos periodistas deportivos de opinión, de sendos diarios de Guayaquil y Quito, lo hayan aclamado como Rey… El Rey Midas del desastre, que aquello que toca (la selección con 12 puntos en las eliminatorias, el torneo femenino, la transmisión televisiva del fútbol) lo vuelve mierda.

Este es el artículo de Ricardo Vasconcellos, en el diario municipal de Guayaquil, El Universo.

Este es el artículo de Alejandro Rivadeneira, de diario El Comercio (diario mascota de Roditas, otro superdotado de la incompetencia).

La duda: es difícil discernir cuál de los dos artículos de opinión trapea más con este inepto.

Alfonso Laso (Naipe Centralista)

28 de abril de 2017


 
Este Naipe Centralista es el único dedicado a un periodista deportivo. ¿Su mérito para ello? Ser “de furiosa parcialidad deportiva [en contra de] lo que de la Costa provenga”. El Naipe Centralista le atribuyó a Alfonso Laso (alias “Pancho Moreno”) haber alentado la participación “de equipos de fútbol financiados por los militares y los policías, única forma de mantener cinco equipos de fútbol en [Pichincha]”.

Años después de la publicación de este naipe, el año 2010, se suprimió la obligación de los miembros de la fuerza pública de contribuir con una parte de su sueldo para financiar a los equipos de fútbol El Nacional (militar) y Espoli (policial). Espoli (vicecampeón de BSC el año 1995) ya descendió a la segunda división el año pasado, de la mano del inefable Sixto Vizuete (último técnico ecuatoriano de la Tricolor, una especie de Delfín Quishpe versión deportiva). En este campeonato 2017, El Nacional es un serio candidato a la serie B.

Porque es un hecho desalentadoramente cierto para El Nacional y para Espoli, equipos de escasa hinchada: una cosa es participar con recursos económicos, y otra muy distinta, sin ellos.

Lucarelli

4 de octubre de 2016

Hay futbolistas que buscan la gloria en los mejores equipos del mundo; hay otros que lo que desean es brindar satisfacciones en su terruño. El año 2003, Cristiano Lucarelli rechazó mil millones de liras (casi un millón de euros) por año, porque el equipo de su ciudad y de su corazón, el Livorno, había ascendido a la segunda división de la liga italiana. Le pagarían muchísimo menos por jugar allí, pero qué importaba. Eso era lo que estaba en su corazón. Ese era su lugar en el mundo.

Con Lucarelli de delantero, el club subió a la primera división por primera vez en 55 años y se clasificó a la copa de la UEFA; en las cuatro temporadas en las que Lucarelli vistió la camiseta granate del Livorno, el delantero anotó 101 goles en 158 partidos y se consagró goleador (capocannoniere) del calcio en la temporada 2004/2005.

El festejo de Lucarelli, siempre con el puño izquierdo. Gol del Livorno frente al Milán, 2004. Fuente.
 
Lucarelli se retiró el año 2012, tras sufrir una lesión en la rodilla. Declaró que se retiraba, rezumando decencia: “no tenía físico para ser el primer defensor del equipo” (1). Como lo ha dicho el periodista español Enric González, Cristiano Lucarelli, nacido un 4 de octubre de 1975 en la ciudad portuaria y comunista de Livorno, “es un tipo que ha cumplido sus sueños, que vive entre los suyos y que será recordado por muchísimo tiempo en su ciudad. Y sólo ha pagado mil millones de liras por todo eso” (2).
 
Feliz cumpleaños 41, Cristiano Lucarelli.

(1) Carles Viñas, ‘Humilde, goleador y comunista’, Panenka, 4 de octubre de 2016.
(2) Enric González, 'El sueño de un niño de Livorno', Diario El país (España), 13 de diciembre de 2004.

Leicester campeón

2 de mayo de 2016


El 12 de mayo de 2013, casi tres años atrás, el Leicester jugaba un play-off de ascenso con el equipo que luego sería el de la ‘Hormiga’ Paredes, el Watford. La definición apenas segundos antes del minuto 97 se la conoce en YouTube como ‘La final más emocionante del mundo’. Fue una final que el Leicester perdió:

 
Hoy, el Leicester City es el campeón de Inglaterra. El Tottenham, que no le había ganado al Chelsea de visita en 26 años, terminó por empatar a dos un partido que ganaba dos a cero (1). Este empate bastó para convertir al modesto Leicester en campeón del fútbol inglés por primera vez en 132 años de vida.

Ahora que finalmente sucedió, me pongo a pensar en la suerte del periodista inglés John Micklethwait, quien era editor de The Economist en Londres. Este fulano apostaba 20 libras esterlinas cada mes de agosto a favor de su equipo, el Leicester, en la ilusión de verlo campeón. Este año 2016 no lo hizo, porque se mudó de Londres a Nueva York para trabajar como ‘editor-in-chief’ de Bloomberg News. Por primera vez en casi 20 años, Micklethwait no apostó por el Leicester. La apuesta pagaba 5000 a 1, una cantidad absurda (habría ganado 100.000 libras). Para las casas de apuestas resultaba tan probable que el Leicester City quede campeón como que Bono de U2 sea electo Papa por los ancianos varones en el Vaticano (2). Salado.

Igual, debe andar la mar de borracho y contento (3).

(1) Juan L. Cudeiro, ‘El Leicester culmina su epopeya y alza la premier’, Diario El país (España), 2 de mayo de 2016.
(2) John Micklethwait, ‘Leicester City: Dirty dozen or Harvard case study?’, Bloomberg News, 25 de abril de 2016.
(3) Por cierto, en lugares donde el rigor periodístico cuenta, se le criticó a Micklethwait la imprecisión en el uso de dos datos, los que se lo obligó de inmediato corregir, v. Alex Spence & Chris Spillane, ‘John Micklethwait’s awkward tribute to Leicester City’, Politico, 26 de abril de 2016.

(Digresión futbolera)

15 de octubre de 2009


Con fundamento en las razones expuestas y el fracaso evidente, formulo dos peticiones urgentes:

1) Que se larguen Luis Chiriboga y Sixto Vizuete (yo sé –lo digo con relación a Vizuete- que es petición singular el que pretenda que se largue lo que no existe, pero bue…).

2) Que se les entreguen piyama a rayas, carné de jubilación, televisor Icesa a colores, estadía en cómodo hospicio y certificado de agradecimiento a esos viejos trinqueros que encabeza Iván Hurtado y que secunda Edison Méndez.

Sólo añado que la prensa deportiva de este país es desastrosa, de crítica amarillista y análisis complaciente (ambos atributos son compatibles: lo primero obedece a la lógica del índice de audiencia y lo segundo resulta funcional a las corruptelas y a la trinca). Salvo Diego Arcos, Andrés Gushmer, Carlos Víctor Morales y algún otro, el resto del periodismo deportivo de este país vale lo que la vecindad de El Chavo y contribuye al fracaso de la selección.

La recuperación semanal de la infancia

18 de septiembre de 2008


Todos los miércoles mi abuela recibe a una porción de sus nietos para almorzar. Los miércoles es fecha precisa: suele coincidir con partidos de fútbol; más precisa todavía: suele coincidir con los partidos de la Champions League. Los primos almorzamos, tenemos nuestra breve y risueña sobremesa, y nos vamos pa’ arriba al cuarto a ver el fut.

En esos felices años ochenta de mi niñez el fútbol, salvo la Copa Libertadores, la final de la Intercontinental y algún partido de alguna liga europea (en el que jugaban clásicos como la Migajita Littbarski y el Poroto Hassler) o argentina, era asunto local. Muchas de mis emociones de niñez se originaron en la tribuna del Modelo: hubo no pocas lágrimas de derrota; hubo muchas alegrías de victoria. Javier Marías afirma que el fútbol es “la recuperación semanal de la infancia” y es certero. Ahora que la mayoría de mis emociones provienen de torneos como la Champions u otros campeonatos y ligas internacionales (porque hay que hacerse cargo: la belleza de este fútbol, su calidad y técnica, son muy superiores a las que ofrece el torneo local) mi único anhelo es que las emociones que me provoquen me permitan recuperar esos instantes de mi infancia vestida de amarillo y agarrado a los tubos de la tribuna de El Coloso de las Américas.

Varias son las cosas que conspiran para este abandono del torneo local (que, por supuesto, nunca es total porque, pésenos lo que nos pese, en sus canchas se juega no la calidad sino el sentimiento y la fidelidad a una memoria compartida) y que propician esta mirada hacia lo extranjero: como escribí antes, la principal razón es la superior belleza, la mejor calidad y técnica; quiero no omitir, sin embargo, otras razones como la trinca y la mala índole de los jugadores, lo patética y corrupta de la dirigencia y lo prejuiciosos, necios y torpes (cuya torpeza incluye sus vastas y bastas incorrecciones gramaticales) que son los periodistas. Excepciones, por supuesto, las hay; y también el fútbol que hoy admiro, no me llamo a engaño, comparte (en mayor o menor medida) estos tres tristes atributos. Su sensible ventaja sobre el fútbol local es que no tengo ocasión de percibirlo porque me reservo a disfrutar sus 90 minutos de juego. O, justo es decirlo, casi no la tengo: porque ESPN, canal que transmite la Champions, no se salva del periodismo berreta: tiene a este plenipotenciario de los lugares comunes, este paladín cordobés de la languidez verbal y la pobreza de ideas, Mario Alberto Kempes. Este sujeto desespera a la peña y la reacción normal de un espectador sensato es reírse para no llorar. ¡Piedad, pinche Matador: ya cabréate!

En todo caso, hoy la Champions mostró la ostensible diferencia con el fútbol local en el partido en el que el actual campeón, el Manchester United, enfrentó al Villarreal en Old Trafford. No hay, para mí, opción para no irle al Villarreal: no tanto por la obvia afinidad de colores sino porque toma como himno de su club el Yellow Submarine. Un equipo que tiene este detalle goza de toda mi solidaridad y gana mi fidelidad a su causa. Hoy el Villarreal jugó un partido notable y elaboró una jugada colectiva (con pase magistral de Santi Cazorla) que terminó con un taquito del Guille Franco al poste: estuvo a punto de convertirse en uno de los goles más hermosos que yo haya visto en los últimos tiempos y me emocioné como niño con esta jugada. Al final el 0-0 fue un marcador austero para un partido que derrochó tanta dinamia y belleza.

Lo dicho, empezó la Champions. La recuperación semanal de mi infancia ya tengo quien me la sirva.