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Papelones

15 de mayo de 2026

            Publicado en diario Expreso el viernes 15 de mayo de 2026.

El año 2011, el Presidente Rafael Correa decidió demandar a diario El Universo por una columna de opinión. Ese mismo año, con algunos amigos y (en retrospectiva) un canalla, fundé un medio de comunicación digital que se llamó Gkillcity. 

En Gkillcity escribí un artículo que se tituló “El papelón”: una sólida argumentación, basada en normas y jurisprudencia del Sistema Interamericano de Derechos Humanos, para concluir que este asunto se iba a resolver en el Sistema Interamericano (Comisión o Corte) en contra del Estado del Ecuador. Es lo que suele suceder, en un Ecuador en el que hablar de “sistema de justicia” es una broma de mal gusto.

El tiempo me dio la razón. El caso de Correa vs. El Universo llegó a la Corte Interamericana de Derechos Humanos y, el año 2021, este tribunal condenó al Estado del Ecuador.

La persecución a un medio de comunicación el año 2011 utilizó el sistema judicial. Quince años después, las herramientas que usa el Poder Ejecutivo para perseguir a un medio de comunicación son otras, pero las consecuencias serán las mismas.

El año 2026, el Poder Ejecutivo opera de una forma opaca y utiliza órganos administrativos, obscenamente sometidos y dispuestos a complacer los caprichos del Poder Ejecutivo. Con esta fórmula ladina y artera, a través de los abusos de una Superintendencia, se quiere tomar el control societario de la empresa Granasa, casa editorial de los diarios Expreso y Extra. 

Será un nuevo papelón. En su artículo 13 numeral 3, la Convención Americana sobre Derechos Humanos prohíbe las restricciones de la libertad de expresión por vías o medios indirectos. Entonces, de persistir en su retahíla de abusos, la consecuencia de estas actuaciones del Poder Ejecutivo será otra condena internacional para el Estado ecuatoriano. 

Para la interpretación del artículo 13 de la Convención Americana, en el marco de la OEA se adoptó la Declaración de Principios sobre la Libertad de Expresión, cuyo principio 13 deja en claro que, “la utilización del poder del Estado (…) con el objetivo de presionar y castigar o premiar y privilegiar a los comunicadores sociales y a los medios de comunicación en función de sus líneas informativas, atenta contra la libertad de expresión y deben estar expresamente prohibidos por la ley. (…) Presiones directas o indirectas dirigidas a silenciar la labor informativa de los comunicadores sociales son incompatibles con la libertad de expresión”.

Es decir, esta vez es Noboa vs. Granasa. Es el Estado tropezando una vez más con la misma piedra de abusos contra los medios de comunicación. 

En lo que hay de distinto: por el proceder opaco y artero del Poder Ejecutivo, hay miedo. El año 2011, la sociedad ecuatoriana protestó por Correa vs. El Universo. Quince años después, la sociedad ecuatoriana guarda un ominoso silencio frente a Noboa vs. Granasa. 

El mismo abuso, similares papelones ante la justicia internacional, pero ahora se ha instalado el miedo en la sociedad y hoy se guarda un “silencio bastante parecido a la estupidez” (frase inscrita en la proclama de la Junta Tuitiva de la Paz del 16 de julio de 1809, frente a los abusos de los españoles). Enmudecernos: ese es uno de los pilares para asentar una autocracia. 

La transparencia que falta

8 de mayo de 2026

            Publicado en diario Expreso el viernes 8 de mayo de 2026.

Un órgano de la Función de Transparencia, la Contraloría General del Estado, actuó en contra de la transparencia: en su página web, ella ordenó que se implementen unos cambios para restringir el acceso a la información contenida en las declaraciones juramentadas de los funcionarios públicos. 

Por estos cambios, se restringe el acceso a información como el año al que corresponde cada declaración y la fecha en que el funcionario inició y salió del cargo. También se impide descargar en PDF el archivo que contiene la información. Peor aún, se debe dejar constancia del número de cédula y del correo electrónico de quien accedió a la información. 

Estos cambios impuestos por la Contraloría son contrarios a los estándares internacionales en materia de libertad de expresión y acceso a la información. En especial, la Corte Interamericana ha declarado que, “en una sociedad democrática es indispensable que las autoridades estatales se rijan por el principio de máxima divulgación” (Claude Reyes y otros, Párr. 92). Por este principio se obliga a los Estados a que, si deciden restringir el acceso a la información, cumplan varios requisitos: verdadera excepcionalidad, consagración en la Ley, objetivos legítimos, necesidad y estricta proporcionalidad. 

Es claro que los cambios de la Contraloría no satisfacen estos requisitos, interpretados a la luz del principio que debe ser defendido por toda sociedad democrática: el principio de máxima divulgación de la información. Este principio implica el acceso a una información completa, comprensible y en forma anónima, como recomienda la Ley Modelo adoptada en el marco de la OEA. 

Estar en contra del principio de máxima divulgación persigue siempre el mismo objetivo, cuando de una autocracia in statu nascendi se trata: satisfacer el deseo autócrata de operar en la opacidad. Este es su ambiente natural.

Entonces, un órgano que debió velar por la transparencia, la Contraloría General del Estado, actuó a favor de cumplir un propósito innoble del gobierno de Daniel Noboa: operar en la opacidad. En este gobierno son unos informes reservados los que determinan la expulsión de un extranjero del territorio, o el traslado del Alcalde de Guayaquil a una cárcel de máxima seguridad. En este gobierno son unas denuncias anónimas las que movilizan al poder punitivo del Estado para allanar instituciones públicas o para perseguir a quienes la ambición autocrática percibe como sus ‘enemigos’ políticos. 

Es peor: la falta de transparencia es apenas una de las aristas de la desmejora institucional de los últimos años. La publicación reciente del informe 2026 de Freedom House, un organismo internacional que evalúa anualmente el estado de la libertad en el mundo, es ilustrativa a este respecto. 

Comparado con el resultado del año 2022, cuando el Ecuador era calificado por Freedom House como un “país libre”, hemos descendido a “parcialmente libre”, perdiendo siete puntos principalmente durante el gobierno de Noboa. Hoy calificamos 64/100. Éramos un país libre, hoy estamos en caída libre. En libertad de prensa, apenas tenemos 2/4.

No hay que perder la perspectiva: la transparencia que hoy falta es la opacidad que busca, típicamente, una autocracia. 

Injusticia a Febres-Cordero

26 de enero de 2024

            Publicado en diario Expreso el viernes 26 de enero de 2024.

El militar venezolano León de Febres-Cordero y Oberto (Puertos de Altagracia, 28 de junio de 1797-Mérida, 7 de julio de 1872), según la alta consideración del historiador guayaquileño Camilo Destruge Illingworth en su libro ‘Historia de la revolución de octubre y campaña libertadora 1820-22’, fue el “alma y el brazo principal de la Revolución de Octubre”. Tras arrebatar el puerto de Guayaquil del dominio del Reino de España en la jornada del 9 de octubre de 1820, Febres-Cordero (o “Cordero”, como se lo conocía en los relatos de esa época) emprendió un avance rumbo el norte, en su calidad de Segundo Comandante de la “División Protectora de Quito”, con el propósito de liberar a Quito del dominio español.

Pero el 22 de noviembre de 1820 ocurrió un combate que la historia lo recuerda como el “Primer Huachi”, que fue un total desastre para las huestes independentistas: A raíz de esta derrota, la Junta de Guerra convocada por el nuevo Comandante General de la Provincia y Presidente de la Junta de Guerra, el peruano Juan de Dios Araujo, ordenó el enjuiciamiento y la prisión preventiva de los coroneles Luis de Urdaneta y León de Febres-Cordero.

El historiador Camilo Destruge cuenta en un capítulo de su libro, titulado “Injusticia contra Febres-Cordero”, que la reacción de León de Febres-Cordero de cara a estas afrentas recibidas tras haber sido “el alma y el brazo principal” de la independencia política de esta república fue adoptar “una resolución acomodada a su carácter franco, noble y resuelto”, y acomodada también, a las condiciones de Guayaquil, porque a fines de 1820, en esta novel república independiente, no había imprenta. Febres-Cordero no se arredró y mandó a fijar el 2 de diciembre de 1820 “en lugares públicos varias hojas manuscritas” con el texto siguiente:

“De todas las ventajas que proporciona un Gobierno liberal, una de las más apreciables es la facultad de expresar el ciudadano sus sentimientos por medio de la imprenta. La falta de este recurso en la ciudad, me obliga a hacer presente al público, por medio de este papel, que, hallándome arrestado de orden del Gobierno y habiendo exigido que se me diga la causa, se me ha contestado que por ser el segundo jefe de la División dispersa, contra cuyas operaciones eran generales las reclamaciones al Gobierno. En esta virtud, espero de cualquier ciudadano, que todas las quejas que tenga que producir contra mí, bien sea durante el tiempo que he permanecido en esta ciudad o de resultas de la desgraciada jornada del 22 del pasado, lo haga por medio de papeles públicos, fijándolos en las esquinas; en la inteligencia de que los cargos que se me hagan, serán contestados del mismo modo; dejando por juez al público imparcial”.

Consignó Destruge en su libro (que, por cierto, fue un ensayo histórico publicado en 1920 y que mereció un premio de la Municipalidad) que “no hay noticia, no hay el menor indicio de que se correspondiera a la invitación de Febres-Cordero con algún cargo, con alguna acusación…”. 

La consecuencia de estas hojas manuscritas en defensa de su honor fue el cese de la prisión preventiva y el archivo del juicio que pesaba en su contra. Después de esto, Febres-Cordero se marchó de Guayaquil. 

Derecho a la sátira: Apu y Kondabolu-do

4 de junio de 2019


Hace bastante que no veo los Simpson (antes de que María Paula Romo, otrora promesa de cambio devenida en bulldog de esta derecha torpe que nos gobierna, defendiera los intereses del pueblo ecuatoriano de verlos en horario vespertino) pero no pude evitar saber que saltó una controversia por la caracterización que hace de la cultura india el entrañable personaje de Apu Nahasapeemapetilon, el dueño del K-martgraciasvuelvaprontos.

La controversia parte de un documental que ha hecho un fulano de origen indio, Hari Kondabolu, titulado ‘El problema con Apu’, en el que sostiene que Apu ha provocado que en el mundo entero la cultura de la India sea reducida a esta caracterización.

What’s? Están muy en la gaver los habitantes de un país que tiene un séptimo de la población del planeta si no pueden articular nada mejor para defenderse de una pobre caracterización de todo un subcontinente hecha por unos gringos (?) que buscar aplicarle una forma de la censura: esto habla horrores de la cultura india. Es mi impresión que la India crece, pero que no se desarrolla: si pone a funcionar un tren súper-rápido, se estrella contra una vaca al segundo día. Así no hay quien viva.  

De vuelta a lo de Apu, Bill Maher sintetizó (en inglés) las ideas sobre este tipo de discurso censurador:

 
Por mi parte, el único comentario es: Kondabolu-do, deja a Los Simpson morir en paz.

Derecho a la sátira: política y periodismo en el Ecuador

27 de mayo de 2019


En 1.998, la televisión ecuatoriana tuvo un programa de sátira política en el extinto canal SíTV como no se lo había tenido ni se lo volverá a tener en la TV del Ecuador: ‘Sin ánimo de ofender’. Existen varios capítulos del programa subidos a YouTube, pero este episodio en el que utilizan a ‘Los Locos Addams’ para satirizar a la política ecuatoriana es realmente fuera de serie:

 
Más de veinte años después, los personajes políticos de ‘Sin ánimo de ofender’ siguen siendo reconocibles: ‘Ciego Horrendo’ es Diego Oquendo; ‘Bembicia’ es Gloria Gallardo; ‘Tía diez Lucas’ es Elsa Bucaram; ‘Merlinafón’ es Roberto Bonafont… La escena final incluye este memorable diálogo entre Bembicia, interpretada por Carolina Ossa, y otro personaje llamado “La abuela”, interpretado por el genial Johnny Shapiro:

Bembicia: “¡Pero qué horror! ¡No! ¡Es que yo no puedo aceptarlo! ¡No puedo aceptar porque no dejan que nosotros les impongamos nuestras verdaderas tradiciones! ¿Por qué? ¿Por qué, si nosotros lo único que queremos hacer es renovar nuestra ciudad? Hacerla, hacerla más hermosa, más bella, dar verbenas, renovarla con retretas…
La abuela: [Interrumpiendo a Bembicia] “Ay, sí”.
Bembicia: [Imponiéndose] “¡Civismo! ¡Civismo! ¡Eso es lo que le vamos a dar al pueblo, civismo, y por qué no se dejan?” [Suspira]
La abuela: “Siéntate tranquila, hijita, ellos no comprenden que nosotros los políticos y los periodistas somos una familia muy normal
Bembicia: “Somos muy normales”.
La Tía 10 Lucas: “Así es, JEJEJE”.

De fondo, la música de ‘Los Locos Addams’… El episodio concluye con un pedo que dispersa al personal (incluido a “Sexto”, parodia de Sixto D-B) y un mensaje tranquilizador de la abuela pedorra. Es la más certera sátira producida en la televisión ecuatoriana sobre el hondo vínculo entre la política y el periodismo, que tanto se ha puesto en evidencia durante el Gobierno del Presidente Lenin ‘Mojón en la Marea’ Moreno.

Se trata de una sátira que, a pesar de haber sido hecha hace más de 20 años, conserva total vigencia.

El derecho a la protesta

21 de mayo de 2019


Los hechos son los siguientes: el 13 de mayo de 2.019 un anciano de 88 años es increpado por su accionar en los negocios del Estado. Al día siguiente, ese anciano sufre un Accidente Cerebrovascular. Cinco días después, fallece a consecuencia del ACV. ¿Son responsables las personas que lo increparon por el ACV que sufrió el anciano?

La única respuesta posible a este “caso de la vida real” es que NO, no se le puede atribuir a ninguna de esas personas que increparon a ese anciano el 13 de mayo de 2.019 ninguna responsabilidad, ni penal, ni de ningún otro tipo. A esta conclusión se puede arribar por distintas vías, pero mi argumento es el que corresponde a una sociedad democrática: NO, porque no se le puede atribuir una responsabilidad a unas personas que únicamente estaban ejerciendo su derecho a protestar. Ese derecho a la protesta tan conveniente y que tanto se lo reivindicó durante el Gobierno de Correa, que ahora resulta muy inconveniente cuando lo ejercen los “correístas”.
 
Si como es el caso, nuestro país es una sociedad democrática, las personas que han asumido un rol en esta democracia (como lo hizo el anciano Trujillo en su calidad de Presidente del Consejo Transitorio) deben saber que están expuestas al escrutinio del público. Nadie los ha orillado a estas circunstancias acaso no satisfactorias: Trujillo, por ejemplo, bien pudo privilegiar la paz de su hogar a los excesos de sus últimos días como funcionario público, pero voluntariamente renunció a lo primero para someterse a los rigores que implica lo segundo. Unos rigores que comprendían “un mayor escrutinio público por parte de la sociedad”, como lo recuerda claramente el Principio 11 de la Declaración de Principios sobre la Libertad de Expresión. Ese escrutinio comprende opiniones que pueden ser hirientes, chocantes u ofensivas, como se ha reconocido en la jurisprudencia constante de la Comisión y Corte interamericanas.

En su último Informe, publicado el 17 de marzo de este año, la Relatoría para la Libertad de Expresión de la Comisión IDH reiteró su recomendación a los Estados de que deben garantizar “el ejercicio legítimo  de la protesta social e impedir la aplicación de restricciones desproporcionadas que puedan ser utilizadas para inhibir o reprimir expresiones críticas o disidentes” (p. 285). El hecho de que el político contra el cual se protesta tenga 18 ú 88 años es irrelevante para el ejercicio legítimo de este derecho.

A pesar de padecer “diabetes, cardiopatía hipertensiva y neofratía diabética”, Julio César Trujillo decidió someterse voluntariamente a un mayor escrutinio público, es decir, lo hizo bajo su propia cuenta y riesgo. Lo que le pudo pasar, y lo que le pasó, es obra de su propia (ir)responsabilidad.

Pensar de otra manera es suponer que, porque un político es una persona anciana y puede ser afectada por el ejercicio legítimo del derecho a la protesta, no se puede ejercitar en su contra este derecho pues “no ha de ser que le vaya dando algo al ancianito” y le terminen por iniciar a uno una causa penal. Esta, por supuesto, es la conclusión más hondamente imbécil a la que podría llegarse en un sistema de justicia de una sociedad democrática, pues supondría una especie de inmunidad especial en el accionar de un político por causa de su ancianidad.

Estimo que incluso a nuestra “Fiscalía 10/20” semejante conclusión le parecerá absurda, por lo que no tendrá de otra que tirar al cubo de la basura esta investigación que acaba de iniciar. Pero en este país Carabina de Ambrosio, nunca se sabe.

Derecho a la sátira: Undargarín, empomador serial

3 de mayo de 2019


El diario El jueves publicó a Undargarín en la siguiente portada:

En esta portada, Undargarín se empoma a una infanta Cristina con cejas "à la Bustamante".    


La caricatura ironiza sobre la sentencia que exoneró de responsabilidad penal a la infanta Cristina (una hermana mayor de Felipe VI) pero que lo condenó a su marido, el vasco Iñaki Undargarín, a seis años y tres meses de cárcel. De allí la lágrima del exjugador de balonmano.

El abogado de Undargarín ha dicho que el dibujo es “bazofia”, mientras que el abogado de la Infanta Cristina se ha puesto más jurídico: “Eso no es libertad de expresión”. La revista El jueves ya enfrentó un juicio por una portada similar años atrás, por la que fueron condenados al pago de una multa de 3.000 euros. En esta ocasión, El jueves redobló su apuesta: cuando se enteró que Undargarín finalmente no ingresaría a la cárcel, publicó esta caricatura:

En esta portada, Undargarín se empoma a la Justicia. 

Ante una eventual demanda por esta caricatura, los de El Jueves anticiparon que su defensa sería un argumento que le funcionó a la infanta Cristina para deslindarse de responsabilidad en el juicio que condenó a su marido: “No sabemos nada. El tema de las portadas lo llevan nuestros maridos”.

Ni en España, oiga: lo que no han podido empomarse ni Urdargarín ni su muy aristocrática señora (imaginémosla por un instante, con un dildo “à la Armijos”) es el derecho a la sátira.

Patiño y la política del periodismo nacional

23 de abril de 2019


¿Qué posibilidades tiene Ricardo Patiño, figura asociada a Rafael Correa, de recibir un trato justo del periodismo nacional? Casi nulas, como lo demuestra esta bajeza de Bonil que se publicó en el diario El Universo del día de ayer:


Si algo desnuda esta caricatura es que la defensa de los principios se supedita a los intereses de la política. Si Bonil fuese consecuente con el derecho a la libertad de expresión que dice defender, debería denunciar el abuso que soporta Patiño por emitir su opinión en temas de interés político. Pero es evidente que pesa más en Bonil la política editorial del diario en el que hace sus trazos: en esta política, criticarlo a Patiño no matter what es lo de rigor, a fucking no-brainer. Así es como la política reduce a cenizas la defensa de los principios, incluso en una persona de probado ingenio.

Son necesarias dos explicaciones. La primera: el caso de Patiño es una grosera vulneración de los derechos a la libertad de expresión y a la libertad personal. Patiño es un político que expresó, ante un auditorio de militantes del movimiento político del que él forma parte y en octubre del año que pasó, que “tenemos que tomarnos las instituciones públicas, tenemos que tomarnos los caminos”. Advirtió también, en otra parte menos difundida de su intervención, que estos hechos no deberían hacerse de manera violenta. Sin embargo, por los dichos de Patiño de ese 27 de octubre del 2018 en Latacunga, la Fiscalía del Ecuador le ha iniciado un proceso penal por un supuesto delito de “instigación”, contemplado en el artículo 363 del Código Orgánico Integral Penal, en los siguientes términos:

Art. 363.- Instigación.- La persona que públicamente instigue a cometer un delito contra una persona o institución y no pueda ser considerada legalmente como copartícipe, será sancionada con pena privativa de libertad de seis meses a dos años.

Es decir, le han iniciado un proceso penal por un discurso dicho hace un semestre, por el que expresó a militantes de su movimiento la necesidad de tomarse instituciones y caminos sin recurrir a la violencia. El detalle principal, en el campo del derecho, es que este discurso de Patiño es un discurso que está especialmente protegido por el derecho a la libertad de expresión. De acuerdo con el “Marco jurídico interamericano sobre el derecho a la libertad de expresión” elaborado por la Relatoría para la libertad de Expresión de la CIDH el año 2009, “las expresiones, informaciones, y opiniones atinentes a asuntos de interés público, al Estado y sus instituciones, gozan de mayor protección bajo la Convención Americana, lo cual implica que el Estado debe abstenerse con mayor rigor de establecer limitaciones a estas formas de expresión” (Párr. 35).

De manera concreta, la CIDH ha proscrito el uso de un tipo penal como el usado por Lady Diana Salazar de “instigación” a la violencia pues, en razón de su vaguedad y ambigüedad, resulta un tipo penal violatorio del principio de legalidad y de estándares interamericanos del derecho a la libertad de expresión (Informe 2017, Párr. 1245). ¿Hablaban de que Correa quería venezuelizar el Ecuador? Pues la Fiscal Lady Diana Salazar ha contribuido en mucho a nuestra venezuelización con el uso de este tipo penal, pues el mismo se utilizó también en el abusivo régimen chavista para meterlo preso a Leopoldo López. Y es el mismo que se usa en la Argentina de Macri para tenerla presa a Milagro Sala. Es decir, nos hemos hermanado con Venezuela y Argentina en represión penal. Vaya logro en sus primeros días para la nueva Fiscal.

Ahora, no contenta la Fiscalía del Ecuador con que la sola imputación de este absurdo delito sea una vulneración del derecho a la libertad de expresión, ha actuado de manera tal de añadirle a esta grave vulneración, otra relativa al derecho a la libertad personal. Los hechos son casi asombrosos (no lo son porque esto es Ecuador, país marca “Carabina de Ambrosio”) y son como sigue: la Fiscalía a cargo de Lady Diana Salazar le solicitó la prisión preventiva en contra de Ricardo Patiño a una Jueza en Quito el día lunes, pero esta Jueza no se la dio. Ahora a ella, la Fiscalía de Salazar le inició una investigación por no haber ordenado la prisión preventiva que se le había pedido, al tiempo de volver a la carga: solicitó de nuevo la prisión preventiva en contra de Patiño, pero esta vez ante una Jueza en Latacunga, una que seguramente valoró más la estabilidad en su cargo que el derecho que se comprometió a aplicar cuando asumió la responsabilidad de ser Jueza, pues le dio a Lady Diana Salazar lo ella quería a toda costa: la orden de prisión preventiva en contra de Patiño. Sólo que lo consiguió tarde, cuando ya Patiño estaba fuera del país.

Pero estos hechos casi asombrosos pintan de cuerpo entero a nuestra nueva Fiscal: ella considera que la prisión preventiva debe ser la norma y no la excepción, que se la puede ordenar por simples “sospechas” y que se debe investigar a los jueces que no ordenen las prisiones preventivas que les solicita la Fiscalía que ella dirige. Lady Diana Salazar es una Fiscal con alma de carcelera (¡cómo haría carrera en la Yunái esta mujer!) cuya actuación es furibundamente contraria a los estándares interamericanos sobre el derecho a la libertad personal. Pero por cómo argumentó en el concurso en el que tanto la premiaron, no creo que tenga mucha noticia de ellos, ni sepa para qué sirven, ni que le importen un carajo.

Porque es como la Tabla del 1: los estándares del derecho a la libertad personal son todo lo contrario a las políticas pro-prisión preventiva que ha emprendido la Fiscal Lady Diana Salazar por estos días. Los estándares en esta materia requieren que la prisión preventiva sea una medida de carácter excepcional, cuya justificación debe ser muy estricta. Está de recomendarle a la Fiscal que se lea el Capítulo III del informe de la CIDH sobre “el uso de la prisión preventiva en las Américas”, del año 2013 (pp. 56-87). Será como una advertencia muy didáctica de las razones por las cuales su actuación pro-carcelaria podría llegar a ser demandada ante los órganos del Sistema Interamericano de Protección de los Derechos Humanos.

Ahora, estos abusos suceden, se violenta la libertad de expresión y se trapea con el proceso penal en un claro plan de persecución política, pero el periodismo nacional, pobre, está siempre en otra. Mejor es su rol de pago. Y sacarle la lengua a un Patiño ahora en desgracia porque lero lero él lo hizo antes (?).

Por ello, he aquí la segunda explicación necesaria: la labor del periodismo en el Ecuador no será nunca aclarar esta situación jurídica de Patiño; todo lo contrario, buscarán oscurecer sus antecedentes (vincularlo a todo lo malvado posible) para justificar todo lo que le puede llegar a pasar a él en el presente. Es el clásico “envenenamiento del pozo”, una práctica casi consustancial al hecho de defender una opinión polémica en este país. De esto es horrendo testimonio la caricatura de Bonil.

Así, la política del periodismo local en este caso fue acompañar lo inmediato: el proceso de prisión preventiva dirigido contra Ricardo Patiño. Y lo hicieron con sus herramientas de imbecilización habituales, por supuesto. Patiño se les terminó por escapar a su México lindo y querido, pero es igual una victoria para ellos: es sacarlo del territorio, exiliarlo con chanfle.

El problema de fondo, como pasó con la entrega de Julian Assange a la policía británica, es que los procedimientos que utilizan son estúpidos y terminarán en el mediano plazo por producir un efecto distinto al que buscan: lo que no mata al correísmo, lo terminará por fortalecer.

Y de aquí a unos años, Rafael Correa (acompañado de Patiño, una especie de Robin de este Batman) volverá con fuerza para iniciar (tras el fracaso de la derecha) un nuevo ciclo en nuestra saga política de continuos fracasos y resurrecciones.

Caretas

21 de abril de 2019


Se les han caído las caretas, se reboza el país de mediocridad y de injusticia. Esa es la plena. (Hay que hacer una mención especial para la basura en que se ha convertido María Paula Romo: si tuviera decencia, hace rato se hubiera botado de este basural.) Los que reemplazaron en el poder a Correa, con la excusa de perseguirlo, no lo han hecho mejor que él: no han avanzado el país, lo han retrocedido a los noventas, ochentas. Han resucitado a muertos como Juanita Vallejo, Marcelo Merlo y el “Notorious NCP” Julio César Trujillo, tremendo anciano decrépito que por decenas de años había dicho que era de respetar el Estado de Derecho para venir en el ocaso de su existencia a trapear con él, al mando de un Consejo Transitorio de notoria actuación inconstitucional.

Son tantas las cosas que este Gobierno ha hecho mal, pero lo más grave es el abandono de sus dos más importantes causas, las que pudieron hacer pensar a algunos imbéciles que a esta gente la animaba alguna aspiración noble. La primera, el abandono de la defensa del Estado de Derecho por la concentración de poder: estaba malo cuando Correa concentraba el poder, pero es de aplauso cuando el decrépito Trujillo lo hace. El segundo: la libertad de expresión es lo más sagrado, pero ya no. Dicen que Correa la censuraba, pero cuando lo hace el Gobierno del Señor Mojón en la Marea ya no pasa nada. Todas esas marionetas del sistema pagadas desde afuera (Fundamedios et al.), demuestran que son eso y poco más.

El caso de Ricardo Patiño pone en evidencia este segundo hecho. El dipsómano violento de Andrés Páez amenazó con “incendiar” Quito (una de las paradojas de la historia es que un serrano vocalice el sueño de muchos guayacos independistas to the extreme) pero eso era protegido por la libertad de expresión. Alfonso Pérez dijo que había que hacer con Correa lo que una masa enfurecida hizo con el bisabuelo de Andrés Páez, Ulpiano Páez: arrastrarlo por las calles y quemarlo en El Ejido. Con la variante de que había que introducirle en la lengua un anzuelo de pez espada (debe ser un aficionado a la pesca, este señor). Nadie se incomodó con eso, lo tomaron como ejercicios díscolos de la libertad de expresión.

Que es lo que eran. Ambas cosas son imbecilidades, pero no pasa nada. La democracia ecuatoriana (for whatever purpose is wrong) puede soportar estas imbecilidades, son casi su rutina de stand-up. Pero de repente se toma una frase dicha por Patiño en octubre y se la convierte en objeto de persecución política. Patiño dice en el video por el que se le imputa un delito cosas muy inferiores a las dichas por los serranos Páez y Pérez sobre Quito y Correa. Pero a él sí está bien perseguirlo, ¿no? No serán tan jueputas (o malitos, como dicen por allá).

Pero lo son. Y ponen al Estado a perseguir, a esa negrita que ganó el concurso de Fiscal con esa cifra de vergüenza, 10/20. Así la estrenan, pobre de ella. Si al escarnio de su selección tramposa se le añade la vergüenza de iniciar persecuciones tan palurdas, sólo un triste final puede esperarle a la Fiscal de Ébano. El mismo que al Gobierno de Moreno.

La historia se ocupará de este basural, que se apropió de causas nobles y de personas que se reputaban correctas (como Romo y el Notario Trujillo) y las tiró a la marchanta.

N. B.: Sobre el uso del término negrita”, es necesaria una aclaración.  

Julian Assange y la libertad de expresión

16 de abril de 2019


Situemos el asunto en su justa perspectiva: el caso de Julian Assange es un caso sobre libertad de expresión.

Para algunas personas, resulta fácil auto-convencerse de que Assange se puso fuera de la Ley por sus propias acciones y que por ello está bien que se lo haya expulsado de la Embajada del Ecuador en foquin Londres. Conviene introducir, entonces, la Gran Alf:


Porque este auto-convencimiento únicamente puede provenir de impedir que nuevos datos puedan afectar nuestro juicio previo: es decir, razonar, para la gran mayoría, es un intento consciente de confirmar un pre-juicio, la idea que se tenía desde antes de empezar la discusión y que realmente no se busca cambiar, sino sostener a toda costa, incluso al punto de ignorar la nueva evidencia (es por ello que los “argumentos no convencen a nadie”, como decía Ralph Waldo Emerson y lo demuestra la psicología). Por eso, quien cree que Assange es un “hacker” y, por ello, malvado y criminal, y con ello, se auto-convence de que no es periodista y no merece la protección de la Ley del país que lo asila (y del que fue declarado “nacional” durante el Gobierno de Lenin Moreno), es porque se niega a entender el significado del derecho a la libertad de expresión. Es el peor tipo de ignorante, de acuerdo con Karl Popper: es aquel que se rehúsa a aprender. 

Porque el derecho a la libertad de expresión contempla la protección de los datos que filtró la plataforma de Assange, oh sí, a pesar de lo que digan los periodisto-pelotudos del Ecuador (esa gente que no piensa más allá de su paga). ¿Saben quién sí sabe? El Gobierno de los Estados Unidos de América, el que quiere que Julian Assange llegue a su territorio para filetearlo a piacere.

Este Gobierno, en su solicitud de extradición de Assange cursada al Reino Unido (de la que la alegre comparsa de sub-normales que han manejado este caso en la opinión pública no sabía nada de nada, como corresponde a su condición) omite toda referencia a hechos que pudieran convertirlo en un caso sobre la Primera Enmienda de la Constitución de la Yunái. Esto, porque allá en la Yunái la gente, en la administración pública y en la opinión pública, sí se toma muy en serio el derecho a la libertad de expresión de los ciudadanos estadounidenses. Ellos sí tienen el derecho a saber lo que acá se ha llegado a ningunear con tantísima facilidad por autoridades y periodistas, este tándem en tan alegre comparsa sub-normaloide y desinformativa.

Por ello, la solicitud de extradición a Assange del Gobierno de la Yunái se la hace sobre cargos exclusivamente cubiertos por la Ley de Espionaje (“Espionage Act”). Es que allá en la Yunái, hay dos cosas, amigos, que acá no hay: 1) Un precedente; 2) Un sistema judicial serio que lo hace respetar. El precedente es el caso de los “Pentagon Papers”, uno muy famoso de la justicia de la Yunái por el que la Corte Suprema de ese país protegió la filtración de documentos (a lo Assange) y esto sirvió como ariete para bajarse al gobierno del Presidente Richard Nixon, quien se vio obligado a renunciar el año 1974 (caso único en la bicentenaria historia del republicanismo de esta gran nación). La Justicia de la Yunái dijo en este caso emblemático que las filtraciones de documentos (así, como las del Assange mismito) son una actividad protegida por el derecho a la libertad de expresión (véanlo con sus propios ojos, periodisto-pelotudos del Ecuador, por ejemplo, en este enlace tan fácil de acceder). Tanto lo han sido, que en razón de su inconstitucional entrega a la policía de un tercer país, el Relator para la Libertad de Expresión, Edison Lanza (que cuanto lo atacaba al Presidente Correa era buenísimo y merecía mucha cobertura) ha dicho que esta entrega de Assange fue una afrenta contra el derecho a la libertad de expresión (por eso, Edison Lanza es ahora malísimo, y por ende, olvidable). Es que eso es lo de Assange, en puro y simple: un atentado contra la libertad de expresión, aunque mucho les pese esto a los periodistas que únicamente llegan a pensar a la medida de sus pagas.

Porque desde el punto de vista de un país poblado de periodistas tan mediocres como los nuestros, esta filtración de documentos de Julian Assange ha sido una razón para celebrar al Gobierno de un Presidente también mediocre y, en este caso, violador craso de derechos.

Esta es la honda y puerca miseria de nuestra opinión pública: tenemos voceros, no realmente periodistas. Son gente que resulta indigna de ejercer el oficio con el que se llenan la boca.

¿Por qué el Presidente Durán-Ballén fue un desastre?

24 de octubre de 2018


Por las siguientes cuatro razones:

I. Fue un desastre en relaciones internacionales: Durán-Ballén tiró al traste los diálogos con el Perú para un arbitraje papal llevados a cabo por el Presidente Borja y “Twintza” fue comprada por 55.000 nuevos soles, según escritura pública registrada en el Perú.

II. Fue un desastre en su administración del Estado: surfeando la ola neoliberal, Durán-Ballén y el Congreso Nacional desregularizaron el sistema bancario. La factura la pagamos años después, con el feriado ídem. Mahuad fue un pobre ser que tenía medio cerebro en el freezer y ni puta idea de cómo resolver nada, pero fueron el Presidente Durán-Ballén y sus boys noventeros los auténticos arquitectos de ese desastre institucional y económico de gravísimas consecuencias sociales y políticas.

III. Fue un desastre en responsabilidad del Estado por violación de derechos humanos: el documental sobre la desaparición de los hermanos Restrepo, hecho por su hermana María Fernanda Restrepo, lo pintó de cuerpo entero.

IIII. Fue un desastre en el respeto a la libertad de expresión: el récord de la SIP en los informes que mantiene publicados en su página web es elocuente. En el informe sobre Ecuador de 1995, por ejemplo, la SIP denunció que el 29 de agosto “varios cronistas fueron agredidos por elementos de la guardia de Palacio, cuando intentaban recoger información. Miembros de la escolta presidencial, en medio de insultos, cercaron a los periodistas y los amenazaron con sus armas; varios fotógrafos y camarógrafos fueron golpeados y se amenazó con encerrarlos en los calabozos del Palacio”. Es una de las tantas y graves violaciones al derecho a la libertad de expresión registradas por la SIP que involucran actos violentos, tales como agresiones físicas y cierre de emisoras, o de corrupción grotesca, como la compra de voluntades de periodistas.

En suma, un tipo desastroso para el manejo de la cosa pública en nuestro país.

El habano representa la libertad de expresión durante su gobierno.

¿Por qué la buena prensa de la que goza Durán-Ballén, entonces?

En principio, a este veterano le convino la guerra con el Perú. Tuvo la ocasión de reciclar una frase acuñada en la URSS (“Ni un paso atrás”*) y tenía un aspecto cándido, que es con el que la mayoría de la gente lo asocia. Pero en lo de fondo, Durán-Ballén fue un Presidente conservador de derechas y nuestros medios de comunicación de alcance nacional son conservadores y de derechas… Entonces, cuando se refieren a él, suelen hacerlo de manera neutra o elogiosa**.

*Ni un paso atrás”, frase acuñada por Iósif Vissariónovich Dzhugashvili AKA “Stalin”. Como se ha visto en la razón primera, esto fue más demagogia que una solución efectiva a un problema constitutivo de nuestro país.
** Después de todo, son agradecidos: entre Sixto en la Presidencia y el PSC con la mayoría en el Congreso, se aprobó en 1995 la reforma a la Ley de Radiodifusión y Televisión (a esta Ley la reemplazó la Ley Orgánica de Comunicación expedida el año 2013) que favorecía el monopolio de los medios nacionales en los sectores donde penetre su frecuencia: “Los permisos de funcionamiento” de las radios o de las televisoras comunitarias “se concederán siempre que no interfieran con las frecuencias asignadas a otras estaciones”. Así, de este plumazo, los medios de comunicación de alcance nacional (Ecuavisa, Teleamazonas, y otros pocos pesos pesados del medio audiovisual) tenían una condición dominante: si llegaban a alcanzar un óptimo de alcance nacional en la penetración de sus frecuencias, su “competencia” comunitaria debía reducirse a cero. Esa es la derecha en el poder, pensando siempre en el Gran Capital.

Olmedo y sus amigos contra los trolls del siglo XIX

13 de mayo de 2018


El propósito de garantizar la libertad y de reprimir los abusos está en la decisión del primer Cabildo que se celebró en el Guayaquil republicano, en noviembre de 1821, de aprobar un decreto represivo y de instituir una Junta Conservadora de la Libertad de Imprenta, pomposo nombre para un órgano dedicado a la restricción de la libertad de expresión. Los tres primeros jurados que conformaron dicha Junta fueron el sacerdote Pedro de Benavente cura vicario de la Iglesia Matriz, el comerciante Esteban José Amador y el doctor en jurisprudencia Manuel Roca.

El objeto conocido como “imprenta” era un reciente arribo al puerto de Guayaquil: el Procurador General de su Cabildo, Francisco María Roca, gestionó su adquisición con su amigo porteño (bonaerense) José de Sarratea, financista del ejército de San Martín. Por un regateado (aunque todavía excesivo) valor de 4.500 pesos y un cómodo sistema de pagos convenido entre estos hermanos masones, la novedad llegó a Guayaquil a fines de abril de 1821, año primero de la vida independiente de la ciudad, tras 286 de haber pertenecido al Reino de España sin imprenta ninguna.

El cronista del establecimiento de la imprenta en la ciudad, José Gabriel Pino Roca, dice que los bandos de ese primer año de vida independiente de Guayaquil, “adivinaron en la prensa, un arma poderosa de combate, y se lanzaron á ella; no para discutir serenamente la agregación de Guayaquil á uno ú otro Estado; mas, dejándose guiar por la pasión y la odiosidad, fatales consejeras, apelaron á la difamación para vencer al contrario” (1). Desde el principio de los tiempos, la descalificación por sobre el argumento.

La solución de aquel entonces, tomada en una Junta de Gobierno presidida por Olmedo, fue reglamentar el ejercicio del derecho a la libertad de expresión, en el campo de los “manuscritos anónimos infamatorios”, y conformar un órgano de control para reprimir esta práctica.

El decreto que se fijó en los lugares públicos de Guayaquil fue el siguiente:

DECRETO

Siendo degradante para un pueblo que goza de la libertad de imprenta en toda la estensión [sic] que podía apetecer, el uso de manuscritos anónimos, y debiendo cerrarse esta senda oscura, en la cual puede la maledicencia ofender y calumniar más libremente, con la esperanza de la impunidad;

La Junta de Gobierno ha venido en decretar:

1.º A todo manuscrito anónimo infamatorio, se aplicará con más rigor la pena de los impresos.
2.º Las justicias ordinarias recogerán todo libelo manuscrito y harán la más prolija indagación de su autor.
3.º Todo individuo está obligado a entregar a las justicias, cualquier libelo manuscrito que llegue a sus manos, y a quien se le justifique no haberlo verificádo [sic], será responsable de su contenido.

Imprímase y publíquese.

Olmedo. Ximena. Roca.

Una decisión que se tomó contra los que escribían “anónimos infamatorios” que buscaban la calumnia impune: los trolls del siglo XIX.

(1) Pino Roca, J. Gabriel, ‘Establecimiento de la imprenta en Guayaquil’, Gutenberg, Guayaquil, 1906, p. 20.