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La lucha por el patrimonio

9 de agosto de 2017


Hace un par de días, la periodista Blanca Moncada publicó un artículo en diario Expreso que tituló: “Coimas, cerveza, chuzos y orina”. En esa nota, denunciaba sustancialmente lo siguiente: a las 10 PM la protección pública (municipal) se retiraba del sector del cerro Santa Ana y dejaba su protección en manos de la seguridad privada. Entonces, a partir de las 10 PM, la seguridad privada (que ha sido corrupta: “Solo pasan a determinada hora y cobran”) tranza con algunos individuos para permitirles vender productos (“encebollado, jugos y hasta marihuana”) por fuera de la ley. La conclusión viene de una autoridad municipal: “Si los guardias hicieran su trabajo y no fueran corruptos, no habría informales allí” (1).

La Alcaldía de Guayaquil acusó recibo. Ayer publicó lo siguiente:

 

Lo que demuestra que si se la mosquea lo suficiente, la Alcaldía de Guayaquil reacciona. Miren lo que logró un artículo de prensa (2).

De importancia igual o mayor que el cuidado del cerro Santa Ana es cuidar los edificios patrimoniales del cantón Guayaquil. Esta obligación le corresponde a la Alcaldía de Guayaquil, pues desde el 3 de junio de 2015 esa es una de sus competencias.

Pero la Alcaldía de Guayaquil se ha probado no competente para asumir esta competencia. El caso de la caída de la cruz de la Catedral, a principios de año, fue un ejemplo de ello. La caída de una columna del edificio patrimonial de “La Casa del Cacao”, el día de ayer, es una voz de alerta sobre el estado deplorable de la conservación patrimonial a cargo de la Alcaldía.

Este desplome en “La Casa del Cacao” debería motivar una reacción en los guayaquileños a quienes sí nos preocupa el patrimonio de nuestra ciudad. Este artículo es un grano de arena que apunta a ese propósito. Hacen falta más opiniones, más plantones, más exigencias concretas a una Alcaldía que está en deuda, en este tema patrimonial y en tantos otros. Hay que exigirle las rectificaciones inmediatas de todas las maneras posibles y como lo dice la Alcaldía en su comunicado, “siempre conforme a la ley”.

Pero hay que hacerlo. Porque está demostrado que la Alcaldía de Guayaquil cuando se la mosquea lo suficiente, sí reacciona. Lo que hay que lograr, es que esta vez su respuesta sea para bien: para preocuparla e involucrarla en la conservación de nuestro patrimonio común.

(1) Lo dijo el vocero de la Policía Metropolitana, Roberto Viteri. Los guardias corruptos que permiten la venta de encebollado, cerveza y marihuana (trilogía muy, muy guayaca) en el cerro Santa Ana son los guardias contratados por la Fundación Siglo XXI para cuidarla. Con la Alcaldía, si no hace agua por un lado, la hace por el otro.
(2) Por supuesto, una reacción represiva está en el “ADN socialcristiano”. Si roban en el parque Centenario, ha llegado la hora de subir las rejas. En su lógica ochentera, esto es lo correcto (lo asombroso es que lo hagan pasar por un modelo de desarrollo).

Fascismo por "aporofobia"

18 de julio de 2017


De “Fascismo municipal” a su financista. El itinerario de un periodista.

 
Un periodista pudo cambiar, pero lo que se ha mantenido inalterable es el abuso contra los más pobres en Guayaquil. Como en el caso de estos 19 detenidos por la Fuerza Pública local aludidos en el artículo de Jijón, en ningún otro de los que se han reportado en decenas de años de abusos, jamás (o muy rara vez) se sabe de los nombres de los detenidos ni de las circunstancias de su detención, sus detalles particulares, nada. Desaparecen, casi literal.

(El periodismo de Guayaquil no solo es tan turro como para invisibilizar estos temas, sino que en un alarde de cinismo, diario El universo ha osado declararse defensor de “los derechos humanos”.)

La violencia contra los más pobres está invisibilizada en Guayaquil. Es como si este maltrato hacia ellos no existiera, o se lo tuvieran merecido. Una de las consecuencias de ser una ciudad aporofóbica.

Parque socialcristiano

14 de febrero de 2017


 
Cemento y piedra chispa. Sin césped. Su único árbol serio está encajonado en cemento. Rejas. Unas palmeras. Afuera un piquete de la Policía Metropolitana.

Este parque es muy Guayaquil.

Esta prensa bufona de Guayaquil

8 de agosto de 2016


La imagen que publiqué en la entrada de este blog correspondiente al 31 de julio ('Ciudad inmóvil') y que vuelvo a publicar en esta entrada, contiene un párrafo en el que se refiere que el alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot (quien andaba como “niño con juguete nuevo” en aquel primer recorrido oficial de la Metrovía) “sonrió algunas veces cuando varios reporteros y camarógrafos de medios de comunicación recreaban las típicas escenas que se vivían a diario en los buses de la transportación regular”.


No sólo que la prensa de Guayaquil no incomoda al alcalde jamás (¿investigar su ineficacia? ¿denunciar sus abusos? Eso, ni pensarlo) sino que busca hacerlo reír, caerle en gracia. De lo que puede deducirse que los periodistas de Guayaquil están mucho más cerca de representar el rol de bufones frente al poder local que de cumplir como corresponde con su rol de periodistas.

Porque si la prensa en Guayaquil se decidiera a investigar a la Alcaldía de Guayaquil, la opinión pública de la ciudad debatiría sobre los niveles de contaminación ambiental en el río Daule y en los esteros que atraviesan a la ciudad porque el periodismo investigaría sobre las deficiencias de la administración municipal para controlar la contaminación industrial y de las viviendas en dichos cuerpos de agua. La opinión pública debatiría acerca de la responsabilidad civil del Municipio de Guayaquil por las muertes causadas por el colapso de un paso a desnivel y por una gestión deficiente de la Metrovía porque la prensa investigaría sobre las deficiencias en los controles a las infraestructuras físicas (exigiría, por ejemplo, evidencia de los mantenimientos supuestamente hechos a los pasos a desnivel) y sobre la mala gestión del sistema Metrovía, que tiene años de retraso en la ejecución de su planificación y una gestión que privilegia la ganancia de unos pocos frente al bienestar de sus centenares de miles de usuarios. La opinión pública se indignaría por las deficiencias en la prestación de los servicios públicos porque el periodismo investigaría las consecuencias de la decisión del alcalde de que “aquí no vamos a legalizar un terreno ni vamos a poner una volqueta de cascajo ni un metro cuadrado de asfalto ni un metro de tubería de alcantarillado de agua potable más allá de la Sergio Toral” (que es una de las razones por la que los esteros siguen podridos). La opinión pública también se indignaría, y con sobrada razón, por la existencia de la violencia sistemática y generalizada (auténtica criminalización de la pobreza) a cargo de la Policía Metropolitana porque un periodismo comprometido con sus lectores y no sumiso a las autoridades, indagaría los nombres y las circunstancias de las cotidianas víctimas de esta violencia y se preocuparía de darles un rostro y una voz, de detallar los abusos que sufren.  

Pero de ese periodismo (apenas normal) no hay en Guayaquil. No sea que a nuestra prensa acomodaticia se le enoje su alcalde.

Extrema y persistente desigualdad en Guayaquil

13 de junio de 2016

“El principal argumento que aquí se presenta es el de la exclusión social y económica, derivada de los niveles extremos y persistentes de desigualdad, que aniquila la imparcialidad legal y provoca la invisibilidad de los sumamente pobres, la demonización de quienes cuestionan el sistema y la inmunidad de los privilegiados” (1).
En Guayaquil se cumplen las tres consecuencias de la extrema y persistente desigualdad, tal como descrita por Oscar Vilhena Vieira en su luminoso artículo ‘Desigualdad estructural y Estado de derecho’:

A) Los sumamente pobres son invisibilizados: el Alcalde de Guayaquil puede declarar en una sesión de concejo:
 
“Yo he tomado la decisión de que aquí no vamos a legalizar un terreno ni vamos a poner una volqueta de cascajo ni un metro cuadrado de asfalto ni un metro de tubería de alcantarillado de agua potable más allá de la Sergio Toral” (2). 
Un mapa permite visualizar el tamaño de esta exclusión:
 
En Monte Sinaí, Trinidad de Dios y Voluntad de Dios viven personas en extrema pobreza. La razón de su invisibilidad.
 
Todo lo que está a la izquierda de la línea roja no tendrán obras ni servicios públicos, por decisión del Alcalde. Nadie se ha preocupado de cuestionar esta decisión de la máxima autoridad de la ciudad: las personas a quienes esta decisión afecta son invisibles a los ojos del resto de la sociedad. 

B) Los que cuestionan el sistema son demonizados: el caso típico de esta práctica en Guayaquil son los comerciantes autónomos. No importa que tengan propuestas concretas para mejorar su situación: en alguna ocasión le solicitaron a la autoridad “definir zonas de trabajo, los productos que se puedan vender, otorgar permisos de funcionamiento y creación de un programa de capacitación con temas como atención al cliente, manejo de negocios y tributación” para recibir por respuesta que “todo lo que venga de ellos va al archivo” (3).

En el discurso de la Alcaldía de Guayaquil, los comerciantes autónomos son siempre los “vándalos”, los que “insultan y pretenden tomarse las calles”, los que quieren traer “de vuelta al caos”: los comerciantes autónomos nunca tienen discurso propio, lo que se sabe de ellos es lo que se ha construido sobre ellos: por ello son siempre los otros malos (4).

La prensa privada de Guayaquil es cómplice de esto, pues lo apoya con la contribución decidida de sus columnistas de opinión y con los silencios de sus servicios de información. Por otra parte, los mecanismos de participación institucional son controlados por la cúpula de la Alcaldía. Así lo reconoció sin empacho el secretario municipal, Vicente Taiano, cuando comentó que el diseño escogido de participación ciudadana servía “para evitar intromisiones en las gestiones del Alcalde” (5). En definitiva, el diseño de participación no es realmente para que los ciudadanos participen, sino para que no estorben. Y si alguien “estorba”, como en el caso de los comerciantes autónomos, lo demonizan, pues así ya no importa realmente la opinión de quien se opone, pues dicha opinión ya no merece ser escuchada: es el castigo por ser la opinión de un malo.

C) Los privilegiados son inmunes. El statu quo en la administración de la Alcaldía de Guayaquil tiene notorios beneficiarios, de los que existe muy poco escrutinio público. La Alcaldía de Guayaquil distribuye dineros y prebendas de una manera discrecional porque las disposiciones del Alcalde siempre son cumplidas sin chistar por los concejales de su agrupación política (auténticos ‘alzamanos’) sin que jamás se discuta en la esfera pública la pertinencia de tales asignaciones ni el procedimiento para su aprobación.

El mexicano Saúl López Noriega ha explicado cómo funciona el poder de los medios de comunicación:
 
“Es cierto que los medios influyen en las creencias, actitudes y opiniones de las personas, mas no son omnipotentes. Más que decirle a los individuos qué pensar, los medios deciden en qué podemos pensar. Los medios tienen el poder de definir la agenda. La capacidad de dirigir la atención del público hacia ciertos conflictos, determinar las prioridades atribuidas por las personas a los problemas nacionales, enumerar los temas que se mascullan en la vida pública. Son capaces de todo esto porque construyen la realidad” (6).
En Guayaquil, las inmunidades no se discuten, ni mucho menos se revierten por lo que la prensa local critica. Todo lo contrario: se perpetúan por lo que esa prensa silencia. La dócil sociedad guayaquileña lo es, en gran medida, por la falta de información. Esta carencia está en la base de nuestra crisis más profunda: el conformarnos con poco, el naturalizar las deficiencias de una gestión sin planificación y orientada a la satisfacción de intereses corporativos y, sobre todo, nuestra falta de imaginación para pensar y proponer una sociedad organizada con criterios de inclusión y prosperidad (7). Somos muy provincianos (8).

*

Así las cosas, también se perpetúa la extrema desigualdad, cuyas más graves consecuencias las padecen cotidianamente (usualmente a través de la violencia impune de la Policía Metropolitana) los invisibilizados y los demonizados de siempre, esos sobre los que los demás suelen justificar la violencia que recae sobre ellos porque algo habrán hecho, sin nunca precisar muy bien qué. Y de eso va, precisamente, la desigualdad estructural.

(1) Vilhena Vieira, Oscar, ‘Desigualdad estructural y Estado de derecho’, en: Rodríguez Garavito, César (coord.) 2011, ‘El derecho en América Latina. Un mapa para el pensamiento jurídico del siglo XXI’, Siglo Veintiuno Editores, Buenos Aires, pp. 25-46.
(3)Discusión de fondo’, Xavier Flores Aguirre, 14 de junio de 2008.
(4) Uno de los pocos esfuerzos para comprender el fenómeno informal es el documental ‘Guayaquil Informal’ de Ernesto Yitux y Andrés Loor.
(5) Municipio tendrá mayoría en la Asamblea Ciudadana’, Diario El telégrafo, 30 de septiembre de 2011.
(6) López Noriega, Saúl, ‘Democracia, poder y medios de comunicación’, Distribuciones Fontamara, México, D.F., 2009, p. 109.
(7) ONU Hábitat ha construido un Índice de la Ciudad Próspera [“City Prosperity Index”] para una “ciudad del siglo 21”. Se compone de cinco dimensiones, todas con indicadores medibles: productividad, desarrollo de infraestructura, calidad de vida, equidad e inclusión social, sostenibilidad ambiental. Contrastar las ideas y propuestas de estas cinco dimensiones de la prosperidad frente a la realidad de la gestión socialcristiana de Guayaquil tras casi un cuarto de siglo en la Alcaldía, nos dará la medida de nuestro retraso: v. UN Habitat, 'State of the world's cities. Prosperity of cities' [2012].
(8) Esta frase tiene relación con esa mentalidad de patria chica (“my city, right or wrong”) que es una renuncia a pensar y a salirse del guion trazado por la Alcaldía, por falta de información suficiente y docilidad/temor reverencial/complicidad frente a la autoridad local. Y con el hecho de que la “capitalidad” de Guayaquil siempre estuvo basada en su fortaleza económica (“Quito capital administrativa, Guayaquil capital económica”: todas las diatribas anti-kikuyos se originaron en esta dualidad); “capitalidad” que recientemente hemos perdido. La falta de prosperidad podrán encubrirla los que están en el ajo, pero para un observador guayaquileño e independiente como el economista Walter Spurrier: “La capital de la república puede oficialmente reclamar el título de ser también capital económica. Esto, a pesar de que Quito tiene sólo 1,9 millones de habitantes y Guayaquil 2,6 millones. El PIB per cápita quiteño era sustancialmente superior al guayaquileño”: Walter Spurrier Baquerizo, ‘Las economías de Guayaquil y Quito’, Diario El Universo, 11 de agosto de 2013. En un artículo posterior, Spurrier precisa: “Entre el 2007 y 2011 Guayaquil pierde 0,8% de participación de la economía, mientras que Quito la aumenta ligeramente, en 0,2 de punto. Guayaquil pasa a 23,9% de la economía nacional, casi dos puntos porcentuales menos que Quito. Nos quedamos atrás: Quito, capital económica indiscutible […]. ¿Qué pasó con Guayaquil? Pierde fuertemente en actividades profesionales e inmobiliarias, la mitad de lo que tenía antes. Todo el resto del país gana participación a expensas de Guayaquil. ¿Estamos perdiendo servicios profesionales? Debe ser causa de preocupación puesto que el futuro está en el conocimiento”: Walter Spurrier Baquerizo, ‘Guayaquil se rezaga’, Diario El Universo, 22 de febrero de 2015 (el resaltado no es del original).   

La cotidianidad guayaca

8 de marzo de 2016

Cosas de caminar por Guayaquil.

Un lunes, cerca de la hora de almuerzo. Junín, casi esquina con Baquerizo Moreno.

Maderita de garroteros uniformados

16 de enero de 2010


Eso es lo que es la Policía Metropolitana, la querida pretoriana del bigotón fenicio-franquista. No contenta con golpear a los informales (lo que merece loas o complacencia de su acrítico aliado, que en esos casos adopta el seudónimo de “El Perverso, el mayor obsecuente de la política local”, véase acá y acá, .e.g.) ahora arremete con brutal espíritu de cuerpo contra otras autoridades (en número de un aproximado centenar de pretorianos vs. ocho miembros de la CTG, acá y acá). Honestamente, no creo que el bigotón fenicio-franquista tome cartas en el asunto; los dichos de su subalterno Narváez (los que ya no recogió El Universo, que no en vano la tiene adentro) permiten vislumbrar que se hará el pendejo.

Los espejismos de adoquín, la condición de turista como ideal de ciudadanía, la mano dura represiva y anti-democrática (de lo que se encarga, con brutal eficiencia, la pretoriana): tres facetas del miedo a una libertad que las autoridades invocan ad nauseam sin entenderla, para mejor aplacarla en quienes no son como ellos. Nada nuevo bajo este sol tropical (ni siquiera varía un poco la obsecuencia de quienes se llaman a sí mismos “libres e independientes”, ja).

Imagen: El referente básico de la conducta de la pretoriana. Las únicas variaciones son el uniforme azul y que la brutalidad de los pretorianos tiene cariz institucional (lo que garantiza un ejercicio más eficiente de su brutalidad, ad maiorem Nebot gloriam)

Pasen y lean, la tendenciosidad

21 de julio de 2009

Me pregunté cómo había tratado diario El Universo los acontecimientos entre los universitarios y la Policía Nacional y entre los comerciantes informales y la Policía Metropolitana, los que sucedieron a día seguido. La comparación de las ediciones que ese diario publicó los días miércoles 15 y jueves 16 me dieron la respuesta: los trató con una no disimulada tendenciosidad.

Las noticias:
 
 
Miércoles 15.- Ese día diario El Universo publica en su portada el titular “Gases y golpes durante marcha de universitarios” con una foto de las fricciones entre universitarios y policías. El texto de la noticia nos dice que “[l]uego de una accidentada marcha de protesta, los universitarios del país no pudieron concretar un diálogo con el presidente Rafael Correa”. La noticia precisa que “miles de universitarios” que salieron “desde la Universidad de Guayaquil” quisieron entregarle al Presidente Correa “una propuesta de reformas al anteproyecto de Ley de Educación Superior” pero fueron “impedidos, con gases lacrimógenos” y que “[s]olo una delegación, de unos 20 universitarios […] fue recibida por el Gobernador Francisco Jiménez y un asesor presidencial”. Esta nota de la primera página nos remite a información adicional en las páginas 8 y 11 de la primera sección. La página 11 es de Deportes y se la incluyó porque la noticia de la portada contenía (en plan de contraste) una referencia a que el Presidente Correa “saludó al equipo de Emelec que ganó la primera etapa del campeonato de fútbol”. La página 8 es de El País y la noticia se titula “Marcha de universitarios terminó en incidentes y fallida cita con Correa” y repite ideas que se expresaron en la noticia de la portada con el añadido de algunos detalles. Curiosamente, la noticia afirma que “[l]a caminata se desarrolló sin inconvenientes, pero a una cuadra antes…” lo que contradice la versión de la noticia de la portada de que “[l]uego de una accidentada marcha…” (¡?). En todo caso, la noticia de la página 8 repite la información de que “una comisión de 20 personas” se reunió con el Gobernador, quien asimismo afirmó que se compromete “a investigar a los policías que agredieron a estudiantes”. El resto de la nota no tiene mayor relevancia para este análisis.

 
Jueves 16.- Ese día diario El Universo publica en la portada “Sabando desmiente a la CFN; no aprobó crédito a Megamaq”. Debajo de esta noticia, un par de fotos con un encabezado que dice “Violento enfrentamiento entre informales y metropolitanos”. Una foto muestra a una señora que persigue con un palo a un metropolitano que salta una cerca y otra que muestra a dos metropolitanos que arrastran a un supuesto comerciante informal. El pie de página afirma: “Metropolitanos y comerciantes informales se enfrentaron ayer en los alrededores del Mercado Central. Esto después de los anuncios que realizara el alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, de que no se permitirá el caos en la ciudad. Según los vendedores minoristas, se registraron cuatro heridos. El Municipio no habló sobre el conflicto”. El pie de página nos remite a la página 3 de la sección Gran Guayaquil. La página 3 es de Ciudad y la noticia se titula “Informales, metropolitanos y policías en otro enfrentamiento”. La noticia afirma que “[e]l origen del conflicto, al igual que ayer, fueron los controles de los municipales a los comerciantes municipales”. La noticia afirma que “[l]os informales acusaron a los policías metropolitanos de iniciar la gresca al incautar mercadería y agredir a algunos comerciantes” pero que “algunos policías metropolitanos aseguraron que fueron los informales quienes los agredieron cuando efectuaban un control de rutina”. La nota termina con una referencia de la dirigente de la Federación de Comerciantes Autónomos del Guayas, Elizabeth Palacios Silva, a que la acción de los policías metropolitanos “respondería a supuestas amenazas que estos [los metropolitanos] hicieron a los comerciantes informales la tarde del pasado martes”.

Comparación:

1) Lo primero que se evidencia es el tratamiento de noticia de primera página que se le otorga al enfrentamiento de estudiantes universitarios y policías nacionales, al que se le adjuntan dos fotos: una que muestra un momento de fricción entre los estudiantes y los policías y otra que muestra a Correa cuando recibe una camiseta de manos de David Quiroz, jugador de Emelec (esta segunda foto, es evidente, se la utiliza para contrastar que atiende a unos y no a otros). En el caso del enfrentamiento entre comerciantes informales y policías metropolitanos, ésta no es noticia de primera página (esa noticia es “Sabando desmiente a la CFN; no aprobó el crédito a Megamaq”) sino que se reduce a dos fotos y un pie de página. Una foto muestra a una señora que persigue con un palo a un metropolitano que salta una cerca y la otra que muestra a dos metropolitanos que arrastran a un supuesto comerciante informal; la información de las fotos equilibra la lucha de los bandos. (De hecho, la foto que estuvo colgada en la edición digital de El Universo del día miércoles –día del enfrentamiento en el Mercado Central- solo tenía la foto de la señora que persigue con un palo al metropolitano.)

2) La noticia de portada en relación con el enfrentamiento de estudiantes universitarios y policías nacionales tiene el titular “Gases y golpes…” pero no detalla ninguna situación específica de violencia que justifique el uso del término golpes en contra de los estudiantes universitarios. La noticia de portada y de la página 8 dicen que los estudiantes “fueron impedidos, con gases lacrimógenos”, “fueron reprimidos”, “los policías formaron un cerco para evitar el paso de los manifestantes”, “se produjeron forcejeos”. Ni un solo dato específico de violencia, ni en el contenido de las noticias ni en ninguna de las cinco fotos que ilustran las dos noticias. En cambio, el pie de página y la noticia del Gran Guayaquil en relación con el enfrentamiento de comerciantes informales y policías metropolitanos tienen un par de fotos de agresiones de policías metropolitanos (en una aparecen dos que arrastran a un supuesto comerciante informal; en otra cuatro golpean a un supuesto comerciante informal) pero los titulares sólo se refieren a que existió un “enfrentamiento”. Ninguna referencia a los “golpes” que, en este caso concreto, sus fotos sí evidencia que ejecutó la Policía Metropolitana.

3) La noticia de la portada del enfrentamiento entre estudiantes universitarios y policías nacionales refiere que “solo una delegación, de unos 2o universitarios” dialogó con autoridades. La noticia de la página 8 afirma con algo de sorna que “[m]ientras los voceros universitarios abandonaban, al mediodía, el edificio con rostros de decepción, por otro lado ingresaban sonrientes los jugadores, cuerpo técnico y directivos de Emelec”. El pie de página de la portada de la noticia del enfrentamiento entre comerciantes informales y policías metropolitanos afirma de manera escueta: “El Municipio no habló sobre el conflicto”. No se da ninguna explicación de ese silencio. Ninguna.

4) Finalmente, las noticias del enfrentamiento entre estudiantes universitarios y Policía Nacional intenta minimizar los diálogos y maximizar el enfrentamiento, a pesar de que en este caso sí hubo diálogo y el enfrentamiento no produjo ningún herido ni ningún detenido. La noticia del pie de página solo afirma de manera escueta que “se registraron cuatro heridos”, pero no detalla en ninguna parte quiénes son ni cómo los hirieron, salvo una escueta referencia a que a un tal Cristian Rodríguez “le rompieron la cabeza”. Pero no hay ninguna explicación de ese hecho, ni referencia alguna a ninguno de los otros tres heridos que el diario afirma que existieron. Tampoco tenemos ninguna referencia a las, al menos, 12 detenciones que realizó la Policía Metropolitana. Ninguna, ninguna información: para El Universo, esas detenciones no existieron.

Conclusión:

No es difícil imaginarse, con este ánimo tendencioso que se observa en la redacción de sus noticias, lo que habría hecho diario El Universo con la noticia si la Policía Nacional se hubiera comportado como la Policía Metropolitana (¡Fotos de agresiones concretas! ¡Más de una decena de detenidos! Eso sí que es represión bárbara, blablá). Esto que sugiero que nos imaginemos es hipotético, pero si tomamos como referencia estos antecedentes, no es ninguna hipótesis endeble. Porque lo que nos revelan estas noticias del 15 y 16 de julio que tomamos como antecedentes es que la redacción de las noticias que involucran al Gobierno es la redacción de noticias contra un enemigo al que hay que darle como se pueda mientras que la redacción de las noticias sobre el Municipio es la redacción de noticias a favor de un amigo al que se le brinda apoyo: que por lo que a uno se lo ataca con denuedo, al otro se lo perdona con ligereza. No es difícil entonces, si lo miramos de manera serena y neutral, observar el doble estándar que utiliza El Universo, la penosa tendenciosidad que lo suele caracterizar y que no se compagina con su supuesta defensa la libertad de expresión (si es que supieran, al menos, de lo que se trata este concepto).

Pinche gordo ladrón y dos certezas

13 de marzo de 2009

En una entrada anterior expresé mi desconfianza hacia la institución policial. Enriquezco esa desconfianza si digo que suelo afirmar que hay que distinguir entre el crimen y el crimen organizado; al segundo conviene llamarlo (en aras de la precisión) Policía Nacional. En esta especie “policía” existen algunas sub-especies: en Guayaquil malvivimos con una que se llama Policía Metropolitana (cuya genealogía debería ser materia de estudio y que al día de hoy ha devenido en un guardia pretoriana del Municipio local y en defensora de un improbable y conservador estándar moral) cuyos integrantes reciben el ilustrativo apodo de robaburros. El siguiente vídeo y la siguiente comunicación (firmada por Karen Silva, que habla por sí sola y que tomé de la bitácora de Rafael Méndez Meneses) muestran a la Policía Metropolitana en su rol de guardia pretoriana y con una reveladora novedad moral: no defiende, en este punto, un improbable y conservador estándar moral, sino que se presta para encubrir un delito de robo que comete un gordito colaborador del Municipio:



"Estimados:

Ayer estuve filmando y tomando fotos de la manifestación de PAIS en el Municipio. Más allá de cualquier inclinación política yo estuve registrando lo que ocurría y una compañera me ayudaba tomando fotos con mi cámara digital. En un momento en que tomó fotos a un empleado municipal que empujaba y maltrataba a un grupo el se dió cuenta y le robó la cámara. Como la gente lo agarró lanzó la cámara a las puertas del Municipio y otro empleado la cogió y la entró al edificio.

Mientras los robaburros uniformados nos echaron gas lacrimógeno y tierra de las jardineras para que se suelte al tipo que quitó la cámara. Efectivamente así pasó y cuando reclamé por mi cámara recibí insultos y burlas de parte de los que estaban allí.

Creo yo que como periodista puedo aguantar gas, piedras y empujones, pero lo que nunca podría permitir es que se me ROBE mi instrumento de trabajo. Cabe indicar que previo a esto ya habían intentado quitarme la filmadora pero como la tenía muy bien ajustada al brazo no lo consiguieron aunque me la estropearon y no funciona bien.

Todo esto ha devenido en una serie de entrevistas en medios para expresar publicamente nuestro rechazo como grupo de jovenes a estas muestras de violencia y abuso de poder.Por eso mañana ha nacido la idea de invitar a todos los que se sientan o se hayan sentido VÍCTIMAS DE LOS ROBABURROS para que nos topemos en plaza San Francisco. Para los que se lo preguntan esto no es convocado desde Movimiento PAIS (aunque los que cogieron presos por 3 dias los robaburros por entregar volantes se sienten victimas también y esperamos que estén).

Les envío la volante que hice hace un ratito. No puedo saber si irán 10, 50, 100 personas pero así seamos dos estaremos protestando porque ya los metropolitanos no se conforman con quitarle sus cosas a los ambulantes, ahora lo hacen con los periodistas y con cualquier que amenace con demostrar que son represores y violentos.

Espero su ayuda porque los conozco y creo en ustedes.

Besos,

Karen"

Yo tengo dos certezas: la primera, que evidencia el vídeo, es que el gordito colaborador del Municipio es un pinche gordo ladrón. La segunda, es que el pinche gordo ladrón no recibirá sanción alguna. Esas malas mañas (acaso otras tantas y sabrá el Dios de los cristianos en qué escala) la M. I. Municipalidad de Guayaquil sí se las puede permitir a sus amigotes y fieles (aunque corruptos) colaboradores. Mala tos, Fede.

Derecho de admisión

17 de mayo de 2008

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El argentino Pablo Slonimsqui acaso no lo sepa pero su libro Derecho de Admisión. La igualdad y el principio de no-discriminación como reglas de interpretación para su ejercicio razonable, leído en el contexto de Guayaquil, comporta graves críticas a las políticas públicas que en “Zona Regenerada” cometen sus autoridades (léase, el Municipio local) y sus adláteres (léase, algunas de sus fundaciones). El derecho de admisión, en palabras de Slonimsqui, es “la facultad que tienen tanto el Estado como los particulares para limitar o restringir el acceso o la permanencia de las personas a un determinado lugar, servicio, prestación, actividad o status jurídico”. Esta facultad de restricción, por supuesto, tiene lógicos límites: 1) para aceptar la legitimidad de una medida que restrinja el derecho de admisión y permanencia “deberá cumplirse un estándar probatorio más elevado que el de la mera racionalidad, acreditando que el mismo es estrictamente necesario para el cumplimiento de un fin legítimo”; 2) la constatación de que el Municipio tiene la facultad discrecional de restringir el derecho de admisión y permanencia “de manera alguna puede constituir un justificativo de su conducta arbitraria, puesto que es precisamente la razonabilidad con que se ejercen tales facultades el principio que otorga validez a los actos de los órganos del Estado”.

En Guayaquil, en la llamada “Zona Regenerada” se restringe el derecho de admisión y permanencia de, entre otros, vendedores informales, mendigos, homosexuales (a quienes, por citar un ejemplo, no se les permite realizar la marcha del Orgullo Gay). Las supuestas razones que se ofrecen para la restricción de este derecho son la aparente defensa de conceptos tan vagos e imprecisos como “orden público” o “moral pública”. Pues vale decirlo con énfasis: la referencia a tales conceptos sólo puede validar la aplicación de una restricción al derecho de admisión y permanencia siempre que se pruebe con suficiencia que no existe ninguna otra medida menos lesiva para cumplir con los fines que esa restricción se propone. En el caso del Municipio local, este análisis ni siquiera se ha intentado.

En la práctica, quienes ejecutan las políticas públicas del Municipio local en esta materia (esto es, Policía Metropolitana y guardianías privadas que contratan las Fundaciones, usualmente armadas de pistolas, escasas ideas y un silbato) criminalizan los actos de quienes son excluidos, los privan de sus bienes e incluso de su libertad. Cabe recordarle a las autoridades locales que, aún en el supuesto no consentido de que los actos que combaten constituyeran una infracción, deberían tener la decencia de pensar la frase del filósofo inglés Thomas Hill Green (1836-1882), profesor del Balliol College de Oxford, quien escribió que “antes de penar a alguien por la comisión de un delito, deberíamos asegurarnos de que esa persona tuvo la posibilidad equitativa de no cometerlo”. La obligación de una autoridad lealmente interesada en la construcción de una sociedad democrática e inclusiva es detenerse a pensar si cuando aplica la ley no la está utilizando para mantener la situación de postergación (de pobreza, de discriminación) que empuja a los postergados a desafiarla. La obligación, insisto, de una autoridad democrática (pero, ¿es que cabe alguna duda?) es buscar, con genuino interés, la alternativa que menos discrimine y promover el diálogo plural y la inclusión. Es evidente que todo esto, al Municipio local, ni le ha interesado ni le interesa.

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Tales serían las preocupaciones propias de una autoridad democrática. Que el Municipio local ejerce autoridad, no cabe duda alguna; el atributo “democrática”, ese, ese es el que le falla.