Las vergüenzas del futuro
27 de junio de 2019
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Uruguay nomá
5 de julio de 2018
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Periodismo y discriminación
17 de junio de 2013
No les reprocho a los que se oponen al matrimonio igualitario el que sostengan sus ideas. Tengo la convicción de que tienen el pleno derecho a defenderlas. Creo que es posible que no hayan tenido oportunidad todavía de contrastar sus creencias construidas a priori; creo que si llegaran a hacerlo, en un ambiente en el que realidades antes ocultas comenzaran a visibilizarse, esas personas podrían cambiar de opinión.
Comentario: Pregunta de mínima diligencia en la búsqueda de información.
OS: “… son agendas extranjeras que no coinciden con la realidad ecuatoriana, que no coinciden con nuestra identidad nacional, con los valores propios que tenemos las familias ecuatorianas”. (1:36 – 1:48)
Comentario: Salazar habla de “valores propios” de “las familias ecuatorianas” que no son coincidentes con supuestas “agendas extranjeras”, pero no menciona ni cuáles son esos valores ni cuáles son esas agendas. Espín, sin embargo, no la cuestiona nunca. Ante ese orden de ideas, la pregunta de interés en una sociedad democrática sería, ¿pueden esos supuestos “valores propios” aceptar la diversidad, la existencia de otros valores? Pero Espín está lejos de formularla.
OS: “… que estas reformas, además, han sido reformas sociales que han fracasado en otros países, y los ecuatorianos no tenemos nada que replicar, nada que repetir”. (1:55 – 2:04)
Comentario: Salazar hace otra afirmación sin evidencia alguna. Pero Espín ni se inmuta: le mienten en la cara, pero ella ni enterada. Desde el primer país en aprobar el matrimonio igualitario (Holanda, abril del 2001) hasta la fecha en que se escribe este texto, quince países en el mundo han aprobado esa legislación. En algunos casos (el más famoso, el de California y la proposición 8) han existido retrocesos, pero ninguno que merezca llamarse fracaso. Pero por la incapacidad de Espín para contrastar la información, esa información falsa se difunde a su público televidente.
OS: “Creemos que la familia, o el matrimonio heterosexual, no puede ser equiparada a ningún otro tipo de relación, y no porque estemos a favor o en contra de ninguna persona específicamente, de ningún grupo, sino más bien porque queremos promocionar lo bello, lo hermoso, lo positivo, lo justo, que es justamente esta complementación entre hombre y mujer, y que es la que construye la sociedad, la única relación que puede generar, regenerar”. (2:09 – 2:38)
Comentario: La pregunta de Espín es burda de complaciente. Tan turra, que parece hecha por Pinoargote.
OS: “Ya. A ver, ¿qué significa matrimonio? La palabra matrimonio viene de mater, ¿no es cierto?, que es madre, y la siguiente parte monium, eh, nuncium, que tiene relación al cuidado, es decir, a la mujer que es madre, que tiene hijos y el varón le cuida, le protege. ¡Esto es algo hermoso!”. (3:27 – 3:46)
Comentario: Tal vez esta indagación etimológica sea demasiado exhaustiva para Espín y su equipo de Contacto Directo. No nos compliquemos tanto.
OS: “Yo creo que todos los ecuatorianos estamos de acuerdo, sin distinción de credo, que, la mejor alternativa para educar a los hijos es una unión estable del varón y la mujer, y esto es lo que tiene que proteger el Estado”. (4:11 – 4:24).
Comentario: Si sentencias de la Corte Interamericana se han utilizado en Contacto Directo para formular preguntas a otros entrevistados (p. ej., en materia de libertad de expresión) resulta un requerimiento de equidad el que se las utilice para este caso, para el que existe una sentencia tan pertinente. Habría sido interesante, además, que Espín le pregunte a Salazar si la Corte Interamericana también forma parte de esa supuesta “agenda internacional” (recuérdese que tiene sede en Costa Rica) que tanto se esfuerza en denunciar.
OS: “… veamos las consecuencias en aquellas sociedades donde se ha legislado en contra de la unidad familiar”. (10:00 – 10:06)
Comentario: Si Espín habría formulado esta pregunta, Salazar no tendría qué responderle. Catorce de los quince países que han aprobado el matrimonio igualitario (la única excepción es Sudáfrica) tienen entre muy altos y altos índices de desarrollo humano; siete de ellos se encuentran, incluso, entre los quince primeros países en materia de desarrollo humano a nivel mundial. Ninguno ha registrado consecuencias negativas asociadas a tal aprobación.
Pero así siguió, durante casi 15 minutos. Espín cerró: “Y esa es la postura de Isabel María Salazar, nos quedamos sin tiempo…”. Espín formuló seis preguntas, pero nunca un cuestionamiento. Fue un fluido diálogo entre dos personas que estaban, desde el principio, de acuerdo en todo. No fue una entrevista, fue un publirreportaje.
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Pescaditos
9 de junio de 2013
“Hubo aquí un devoto de esos baños; dábase 365 al año y aun 366 cuando éste era bisiesto. Era el señor Vinelli, socio de Pérsico (Vinelli & Pérsico). A las seis ya estaba instalado en el carrito. Como en esos dichosos tiempos –que como las golondrinas de Becquer, no volverán- el viernes santo no solo morían las campanas, pero también se suspendía el tráfico de vehículos, el señor Vinelli, por no perder su baño iba y venía a pié todo ese largo camino. No es esto lo más admirable, sino su valor para desafiar la creencia general de que las personas que se bañaban en viernes santo se convertían en pescado”.
“Yo pensé si no se puede hacer acá una zona grande para que todos los gays y lesbianas vivan allí; que tengan sus leyes, su periodismo, su televisión y hasta su Constitución; que vivan como una especie de país aparte, con mucha libertad. Podrán hacer manifestaciones día por medio, podrán escribir y publicar. Yo sé que me van a acusar de propiciar la segregación. Bueno, pero sería una discriminación a favor de la libertad, con toda caridad, con mucha delicadeza y misericordia. También tengo que añadir que así se limpiaría una mancha innoble del resto de la sociedad”.
“He soportado lo que no aguanté en veinticinco años de militancia política: agravios, injurias, ofensas, lastimaduras, magullones; al límite de quebrarme, les confieso, porque un tipo que te dice: «Dios te va a castigar, te vas a quemar en la hoguera del infierno…» Yo me la banco, yo soy así. Seré el bonsái de la Mole Moli, pero me la banco. Tengo una hija por la que todos los días le pido a Dios por su salud. Entonces, cuando me dicen: «Te va a castigar con tu hija…». Ay, me quema el cuerpo. ¿Por qué? ¿Y puede ser cierto? ¿Dios me podrá castigar a mí por asignar derechos? ¿La Virgen me bajará el pulgar por entender que tengo la obligación de mirar a mis compañeros con caridad cristiana? ¿A qué Cristo le rezo yo? El Cristo al que le rezo yo tiene un corazón inmenso…”
“No está bien no reaccionar ante el dolor y la bronca de ser discriminados y discriminadas como lo fuimos hoy en esta sala. Ninguna sociedad plantearía al pueblo judío que discuta una ley de negación del Holocausto escuchando las voces de grupos antisemitas. Entonces, pido disculpas por estar solicitando que no gritemos, que no reaccionemos ante la discriminación y la violencia. Y a la vez les pido que entiendan que se trata de una cuestión estratégica que estoy seguro que comparten las diputadas, quienes pidieron que no reaccionemos ante esos argumentos. Ellas también comparten que es por una cuestión estratégica que tenemos que estar presentes escuchando estas expresiones que dentro de unos años van a ser consideradas aberrantes”.
“- Te cuento algo… Hace unos días, me invitaron a una escuela a hablar con los chicos para una clase en la que estaban aprendiendo cómo se votan las leyes. Entonces, se me ocurrió contar, como ejemplo, que este jueves, en la comisión que yo presido, se iba a debatir un proyecto de ley para que las parejas de dos hombres o de dos mujeres pudieran casarse como hoy se pueden casar las parejas de un hombre con una mujer. Y la reacción de los chicos fue muy significativa…- ¿Qué dijeron?- No entendían por qué la ley no lo permite. Me preguntaban, querían que yo les explicara por qué los homosexuales no se pueden casar, porque les parecía incomprensible.”
“Le cuento que nací en una familia de provincia, muy religiosa, donde nada me faltó. Una familia que me lo garantizó todo. Pero donde me costó experimentar la alegría de la libertad: crecí con las nociones de «bien», «mal» y «culpa» tan presentes como el oxígeno en el aire. Nociones que tiñeron mis decisiones de vida por varios años.Por aquel tiempo, yo también fui de aquellos que hablan del «amor ordenado», de la «educación en el amor», y de un etcétera largo y bastante hipócrita, por cierto. Durante aquel tiempo, descreí de la posibilidad de que dos personas del mismo sexo pudieran amarse, con todas las letras. «La sociedad» (sólo una parte, obviamente) me había convencido de que «el amor gay es un amor egoísta», por «no estar abierto a la procreación y a la vida», y muchos argumentos similares.Señor senador: gracias a la vida, hoy ya no pienso así. El tiempo y su experiencia, que sabe mucho más de comprender que de argumentar, cambiaron mi corazón. Ya nadie podrá inculcarme «la culpa de ser libre». También yo me he enamorado, mi corazón ha encontrado sentido, haciéndome feliz: por ser quien soy, por mí y por el otro. «Otro» que también es sujeto pleno de derechos, que no es un objeto de mera satisfacción, como quieren señalar quienes desdoblan «un amor egoísta» de «un amor generoso». Al amor, cuando es amor, los adjetivos le sobran. Que mi relación prospere o no, el tiempo dirá. Pero mientras yo esté con la persona que me señale el corazón, quiero que el Estado nos posibilite lo mismo que al resto de la sociedad posibilita. Así de simple”.
“Un paso importante al que una decisión judicial puede tender es al reconocimiento público de la existencia de la estigmatización y del sufrimiento inflingido, y la ilicitud de las discriminaciones en que se apoyan. No se trata de saber si son posibles otras formas de vida familiar y afectiva distintas de la tradicional. Porque las tenemos delante nuestro y sabemos que existen. Se trata de saber si es posible un marco legal suficientemente genérico para adaptar sus institutos a estas realidades”.
“La igualdad jurídica no puede ser sólo para dos personas y no es posible que sea necesario ir a la justicia para tener los derechos que la Constitución nos garantiza a todos y todas. Por eso hace falta que los diputados voten la ley antes de fin de año, para que todas las parejas tengan los mismos derechos con los mismos nombres”.
“Yo soy química, nada que ver con las ciencias jurídicas. Pero cuando leí el fallo de la jueza Seijas, me pareció tan clara la arbitrariedad del impedimento por el que las parejas homosexuales no se podían casar que, aunque sabía que tenía que evaluar el impacto público que iba a tener mi decisión, me di cuenta de que no podía hacer otra cosa que no fuera autorizar el matrimonio”.
“Esperamos este momento por 30 años, 5 meses y 12 días. No quería desaparecer de esta vida sin que se reconociera este amor que lleva más de 30 años. […] Hubo muchos que se murieron sin poder decir a cielo abierto: «Te amo»”.
“Un país donde no se humille al otro. Yo usaría –aunque sea una palabra religiosa- otra palabra. Diría «un país más piadoso», un país donde no se lastime a otro”.
“Los que modificaron su voto tenían como denominador común en su argumentación el reconocimiento de la existencia de vidas diferentes: sobrinos, amigos, en fin, gente cerca de cada uno de ellos y ellas. Los que votaron en contra, el argumento esgrimido era que su arzobispo les había pedido que presentaran un proyecto de «unión civil», que les parecía «mucho» igualar, que en el interior es distinto, en fin…”.
“Voy a hacerte una infidencia: Teresa es una compañera muy peronista y muy católica. Hizo un esfuerzo de reflexión, de puesta en valor de su ética y sus convicciones, que le agradeceré por siempre. Sumó realidad a su profunda fe y creció, como todas nosotras”.
“Tengo tres hijos: dos varones y una mujer. Uno de mis hijos varones es gay, un ser humano que yo considero que tiene igualdad de derechos y de sentimientos que el resto de mis hijos.El señor diputado Solá habló de hipocresía; por eso sentí que me identificaba mucho con su pensamiento y emociones. En general trato de no ser duro porque creo que las cuestiones culturales son muy difíciles de transformar, y entiendo a quiénes no están de acuerdo con este proceso. Pero conversando con algunos de mis compañeros les decía que la verdad es que hubiese querido que quienes hoy están en desacuerdo con este proyecto tuvieran mayores fundamentos desde lo científico, es decir, fundamentos concretos. Reconozco en muchos de mis colegas, quizás en todos, una gran sinceridad y una gran militancia en sus convencimientos, pero entiendo que no hay elementos científicos concretos ni emotivos que avalen su posición en la vida cotidiana. Este hijo mío tiene los mismos derechos que el resto de la sociedad. Seguramente habrá muchos hijos, hermanos y padres que están en su misma situación. Cuando nos turnamos para cuidar a mi nieto, mi hijo mayor no piensa que el que irá a cuidarlo en los días que tenemos asignados es un tío gay que puede contagiar o deformar al niño. La verdad es que no siento que piense así”.
“En el siglo XIX solo existía el matrimonio eclesiástico. La ley de matrimonio civil constituyó una ampliación de los derechos civiles. La que permitió el divorcio vincular un siglo después también. El matrimonio entre personas del mismo sexo será otra profundización equivalente. Esto no tiene nada que ver con ninguna religión, solo con establecer la igualdad de todas las personas ante la ley”.
“Y me gusta decir esto con orgullo, pero también porque muestra la evolución de la mujer en la sociedad de las últimas décadas. Antes, decir esto públicamente hubiera sido una deshonra. Hubiera tenido que ocultarme por divorciada, por ser madre soltera y por convivir con un hombre con quien no estoy casada legalmente. Sin embargo, hoy puedo decirlo públicamente en el Senado de la Nación, ser senadora, y no por eso soy una mujer de mala vida. Esto es lo que ha cambiado en nuestra sociedad”.
“es un retroceso inadmisible sostener el argumento de «separados pero iguales», que justificó la segregación racial en Estados Unidos; o el de la supuesta diferencia natural, que privó del voto a la mujer; o el de plebiscitar los derechos, que derivaron en las leyes del exterminio judío”.
“Usted, monseñor, es un bruto y un ignorante. Vuelva al colegio, haga aunque sea la escuela nocturna, trate de leer un poco y después hable. Mientras tanto, cuídese y nunca se agache a agarrar un jabón en la ducha del obispado”.
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