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Aplaudiendo la catástrofe

19 de mayo de 2023

            Publicado en diario Expreso el viernes 19 de mayo de 2023.

Hoy resulta muy sencillo hacerle cargamontón a la exalcaldesa Cynthia Viteri. Pero eso, en realidad, no es justo.

Porque lo justo es comprender la historia que condujo a la caída de Viteri y la derrota de la hegemonía del Partido Social Cristiano (PSC) en Guayaquil. Ello implica comprender que, aunque relevante para el resultado final, no fue por el nefasto episodio de cuatro años de Viteri en la Alcaldía de Guayaquil que se produjo ese fracaso. Esta idea le gustaría creer a algunos: “El modelo del PSC era bueno, pero Cynthia Viteri lo arruinó”.

Pero esa idea es mentirosa. El modelo del PSC, que por varios años fue motejado como “exitoso”, condujo a dos graves problemas: la inseguridad y las inundaciones.

Sobre la inseguridad: el modelo del PSC implicó un crecimiento urbano basado en la rentabilidad para la administración, no en la dignidad de las personas. La lógica fue sencilla: los que menos tenían, pues recibían menos. Y quienes vivían en sectores no consolidados, pues no recibían nada. 

Que lo cuente el exalcalde Jaime Nebot: “Yo he tomado la decisión de que aquí no vamos a legalizar un terreno ni vamos a poner una volqueta de cascajo ni un metro cuadrado de asfalto ni un metro de tubería de alcantarillado de agua potable más allá de lo que he expresado en el límite oeste, el límite de Flor de Bastión y el límite de la Sergio Toral”. (Esto fue dicho en sesión del Concejo Municipal del 7 de octubre de 2010, cuando se discutió la reforma de los límites urbanos de Guayaquil.) En resumidas cuentas: como a los pobres no resultaba rentable atenderlos, entonces recibían poco o nada.

Es fácil deducir que el modelo de desarrollo del PSC únicamente acentúa las desigualdades. Y el resultado de acentuar las desigualdades fue la creación de “trampas de la pobreza” en los sectores populares. Es decir, de miles y miles de personas sin posibilidades reales de salir de la pobreza, que son el caldo de cultivo para la situación de inseguridad que hoy sufrimos. Abandonar a tantas personas a su propia suerte, por tantos años, fue un paciente sembrío de la violencia que hoy estamos cosechando.  

Sobre las inundaciones: el modelo del PSC implicó un crecimiento urbano horizontal, gris e impermeable, con tala del manglar y relleno de esteros, sin árboles ni áreas verdes. Detrás de este crecimiento urbano también existió una motivación económica, que era beneficiar al negocio de la construcción. Y, mientras más horizontal, gris e impermeable era Guayaquil, más se lo beneficiaba. Y, al mismo tiempo más se la perjudicaba a la ciudad, porque una ciudad construida así facilita mucho las inundaciones. 

Este es pecado mayor porque Guayaquil, al decir de expertos que estudiaron las inundaciones en la ciudad y le presentaron un informe a la alcaldía el año 2013, ofrece unas “condiciones inmejorables” para implementar una estrategia integral propia de “ciudades verdes, inclusivas y sustentables”. Pero se prefirió caminar en una dirección opuesta y dañosa.

Viteri fue un desastre, pero hubo un desastre mayor, que fue el modelo de desarrollo que impuso el PSC en la ciudad. Lo increíble es que a eso se lo haya llamado “exitoso” y que, durante décadas, hayamos aplaudido una catástrofe. 

La oportunidad de cambio llegó

12 de mayo de 2023

            Publicado en diario Expreso el viernes 12 de mayo de 2023.

La marcada decadencia del PSC en Guayaquil en estos últimos cuatro años posibilitó que haya cambio en la administración de la ciudad. Casi 31 años después de aquel lejano 10 de agosto de 1992 cuando León Febres-Cordero inició el rescate de una ciudad viciada de roldosismo, en este Guayaquil del 2023 y dado su brutal declive, la administración que empieza Aquiles Álvarez tendrá como misión un nuevo rescate.

Por necesidad, el camino a recorrer por la administración de Aquiles Álvarez debe ser el opuesto al que transitó el PSC, en dos aspectos fundamentales. Tan fundamentales que atañen a nuestra vivencia de la ciudad y a la supervivencia misma de la ciudad.

El primero de ellos: el nuevo modelo de administración de la ciudad debe orientar su atención a los sectores populares de una manera planificada y técnica. Contrario a lo que muchos quisieron creer cuando valía el catecismo del éxito de la administración del PSC en Guayaquil, en esta ciudad existen amplios sectores que viven en un casi total abandono de equipamiento urbano. Si se quiere cambiar la convivencia en Guayaquil, estos sectores tienen que ser atendidos de manera prioritaria, con mucha inversión social, planificación y políticas públicas basadas en la evidencia.

Este cambio es necesario, porque no es sostenible vivir en una ciudad en donde uno tiene que planificar sus salidas a la calle como unas experiencias de supervivencia.

El otro aspecto fundamental: el nuevo modelo de administración de Guayaquil tiene que tomarse en serio las amenazas que la ciudad tiene por las inundaciones que ya sufre. 

Esta temporada de lluvias ha sido muy decidora de la situación de la ciudad. No es que ella no haya sido conocida por las autoridades, porque la propia alcaldía de Guayaquil encargó el año 2017 a unos expertos de la Corporación Andina de Fomento (CAF) la elaboración de un informe que se tituló: “Vulnerabilidad y adaptación al cambio climático en Guayaquil”. Allí se describió una situación crítica: muchos sectores de alta vulnerabilidad, y muchísimas industrias, comercios, centro de salud e instituciones educativas con una alta probabilidad de empezar a ser sub-acuáticas. 

Por fortuna, el citado informe del año 2017 contiene también unas medidas para la adaptación al cambio climático muy razonables y oportunas para enfrentar estas graves amenazas que sufre Guayaquil. Este informe propone una serie de medidas para reforzar la capacidad adaptativa así como medidas de adaptación verdes, híbridas y grises, que se las desarrolla con mucho detalle: la justificación de cada medida, su alcance, objetivos y finalidad, el potencial, los costos estimados y la duración prevista, además de un análisis de las oportunidades y barreras para su aplicación.  

El final de la administración de Nebot y toda la administración de Viteri ignoraron, casi en su totalidad, las medidas propuestas por la CAF el año 2017. Así, queda casi todo por hacer en un tema que atañe a la supervivencia misma de la ciudad. Y si no se toman importantes medidas, como las que se recomendaron en el informe de la CAF, a este año 2023 lo recordaremos como apenas los arrabales del infierno.

La oportunidad de cambio llegó y hay un rescate por hacer.

Guayaquil en serio

31 de marzo de 2023

            Publicado en diario Expreso el 31 de marzo de 2023.

Diez años atrás, Guayaquil estaba ya advertida. El año 2013, un estudio que se publicó en la revista Nature comparó las pérdidas económicas de las 136 ciudades costeras del mundo que superan el millón de habitantes y la ubicó a Guayaquil como la tercera ciudad (después de Cantón en la China y Nueva Orleáns en los Estados Unidos) cuya economía sufrirá en una mayor medida por las inundaciones producto del cambio climático. Con un escenario conservador de la elevación del nivel del mar (apenas 20 cms.), las pérdidas de Guayaquil para el año 2050 se calculan superiores a los 3.000 millones de dólares. 

Por supuesto, si se adoptan medidas adecuadas y eficaces, el daño económico a la ciudad se podría atenuar de manera significativa. Pero si no se adoptan medidas, el informe del 2013 indica que ello “resultaría en pérdidas inaceptablemente altas” para la ciudad.

Cuatro años después, la Corporación Andina de Fomento (CAF) publicó el informe “Vulnerabilidad y adaptación al cambio climático en Guayaquil”. Este informe aterrizó las consecuencias de las inundaciones para la ciudad y encontró que existe en Guayaquil “un gran número de hot spots, es decir, complejos industriales, comerciales, educacionales y de salud, localizados en zonas a riesgo de inundación”. 

Para mitigar los daños, en este informe del 2017 los expertos le presentaron a las autoridades de Guayaquil una serie de medidas adecuadas y eficaces para enfrentar los efectos de las inundaciones (medidas para reforzar la capacidad adaptativa y medidas de adaptación verdes, híbridas y grises), con un nivel de detalle importante: la justificación de cada medida, su alcance, objetivos y finalidad, el potencial, los costos estimados y la duración prevista, además de un análisis de las oportunidades y barreras para su implementación.  

Pero pasaron seis años y dos administradores socialcristianos (Nebot y Viteri) y nada se hizo para cumplir con las medidas propuestas en el informe de los expertos de la CAF. 

Y peor que no haber hecho nada para adoptar las medidas de adaptación propuestas por los expertos de la CAF es que se haya implementado en Guayaquil, por tanto tiempo, el exacto contrario de lo que se debía hacer para prevenir las inundaciones. 

Por décadas, las administraciones municipales de Guayaquil (esto incluye, por supuesto, treinta años de socialcristianismo) han favorecido un crecimiento urbano horizontal, gris e impermeable, con tala del manglar y relleno de los esteros, sin árboles ni áreas verdes. Y esto fue así, claro, para beneficio del negocio de la construcción. Beneficio de unos pocos, perjuicios para la mayoría.

Una ciudad construida con este tamaño desprecio por la naturaleza hace que, cuando hay inundaciones, el agua se acumule y cause daño a las propiedades y a las personas. De no tomar medidas, estos daños serán cada vez más recurrentes e intensos. 

A punta de inconsciencia y codicia, Guayaquil es firme candidata a su auto-destrucción.

La nueva alcaldía de Aquiles Álvarez tiene la gran oportunidad de empezar a aplicar las recomendaciones de los expertos. Ha llegado el momento de tomar a Guayaquil en serio y de adoptar las medidas necesarias para garantizar la supervivencia de la ciudad. 

La revancha popular

11 de noviembre de 2022

            Publicado en diario Expreso el 11 de noviembre de 2022.

Camilla Townsend publicó un interesante estudio sobre el desarrollo económico en Norte y en Sur América, en el que comparó a las ciudades de Baltimore y Guayaquil durante la época de independencia de esta última. Para Guayaquil, la conclusión de Townsend fue que sus élites de 1820 no eran capaces de ponerse en el lugar de la población subalterna, lo que trajo consecuencias para su desarrollo: “Cuando consideraban construir un camino, rechazaban la idea sobre la base de que costaría a muy pocos, demasiado dinero”.

Esta perpetuación de la desigualdad ha sido la práctica del PSC durante la época de mayor crecimiento urbano de la ciudad. En el Guayaquil del PSC, las obras y servicios han dependido de la capacidad económica de sus beneficiarios: mientras más dinero se tiene, más y de mejor calidad se obtiene. (Esto tiene sanción legal en las ordenanzas sobre “regeneración urbana”). Así, por esta lógica perversa, los más pobres de Guayaquil, como nada tienen, nada reciben. Sobre la base de que dar obras y servicios no era rentable, Jaime Nebot dijo en sesión de concejo de octubre de 2010: “Yo he tomado la decisión de que aquí no vamos a legalizar un terreno ni vamos a poner una volqueta de cascajo ni un metro cuadrado de asfalto ni un metro de tubería de alcantarillado o de agua potable más allá de lo que he expresado en el límite oeste, el límite de Flor de Bastión y el límite de la Sergio Toral”. Castigados por pobres.

Este crecimiento desigual de Guayaquil ha creado verdaderas “trampas de la pobreza”, extensos espacios depauperados y sin posibilidades de desarrollo para sus habitantes. El gran teórico del derecho, Ronald Dworkin, en el artículo ¿Por qué los liberales debemos preocuparnos por la igualdad? razonaba: “Si el gobierno empuja a la gente por debajo del nivel en el que pueden contribuir a forjar su comunidad y obtener de ella cosas de valor para sus propias vidas, o si el futuro brillante que les ofrece es uno en el que a sus hijos se les promete una vida de segunda clase, entonces se tira al traste la única premisa sobre la cual se podría justificar su conducta”. Lo que conduce a la pregunta: ¿de qué comunidad se les puede hablar a los excluidos de Guayaquil? 

La misma pregunta se hizo la clase trabajadora de Guayaquil hace 100 años, cuando optó por una vía revolucionaria y obtuvo la masacre del 15 de noviembre de 1922.  La respuesta del Estado y de las élites fue tirar bala a matar y que corra sangre de los pobres de la ciudad.

Esa misma pregunta se está haciendo la gente que vive entrampada en la pobreza. Frente a la exclusión por un Estado (nacional y local) que únicamente ha podido ofrecerles una “vida de segunda clase”, su respuesta ha sido organizarse, pero no para seguir un camino revolucionario como en 1922. Se han organizado en revancha y para subvertir al Estado, con el propósito de someterlo a las necesidades de su negocio ilegal. En una sociedad sin oportunidades, es su forma de escapar de la pobreza. Es, en rigor, el triunfo del capitalismo más salvaje.  

Y la respuesta del Estado y de las élites será la misma de hace 100 años: tirar bala a matar y que corra sangre de los pobres de la ciudad. No saben hacer otra cosa.   

Oportunidad de cambio

14 de octubre de 2022

            Publicada el 14 de octubre de 2022 en diario Expreso.

La elección para la Alcaldía de Guayaquil que se celebrará el 5 de febrero de 2023 será un momento especial para la ciudad. Ello obedece a cuatro causas:

Primero, el Partido Social Cristiano (PSC) vive unas horas bajas. Su máximo líder está en su ocaso (el federalismo que propuso generó más rechazo que aceptación). El PSC está débil y se le nota, pues muchos de sus integrantes lo han abandonado. Así ha ocurrido con Cristina Reyes, César Rohon, Nicolás Lapentti y Andrés Gushmer, entre otros, que fueron figuras de relevancia en el PSC y salieron a buscar su futuro político en otra parte. Y compitiendo contra el PSC.

Segundo, Cynthia Viteri es la candidata más débil del PSC desde el año 1992. El porcentaje que obtuvo en la elección del 2019, el 52,6 %, es el menor de cualquier candidato ganador. Y ese porcentaje, en una administración que sufrió la altísima mortandad de la pandemia y en cuyo período Guayaquil se convirtió en una de las ciudades más violentas del mundo, debe sufrir un desgaste, cuya gravedad dependerá de la campaña electoral.

Tercero, el panorama electoral es inédito. En las anteriores siete elecciones a la Alcaldía, en las que invariablemente triunfó el PSC, compitieron 51 candidatos (algunos en varias elecciones; en total, intervinieron 43 personas). En estas siete elecciones, la contienda electoral se redujo a un triunfante candidato PSC y a un (más o menos) desafiante segundo puesto, pues del tercer puesto para abajo los candidatos fueron de relleno. Desde 1992, el único tercer puesto que obtuvo más del 3 % de los votos fue Kiko Fernando Barreno (8,21%, PRIAN, 2004).

Pero en esta elección 2023 hay dos candidatos de peso que buscarán el desgaste de la candidata PSC: Jimmy Jairala, que ha obtenido alrededor del 30 % de los votos en dos ocasiones (2004 y 2019), y Aquiles Álvarez, candidato del movimiento de Rafael Correa. Además, en ninguna elección anterior había existido una cuña del mismo palo y ahora les salió Duart, un candidato peleón surgido de sus entrañas.

Cuarto y último, la situación de Guayaquil es problemática y se ha roto su relato de “éxito”. Hasta octubre de 2019, Nebot habló de un modelo de éxito por defender (de los habitantes del páramo). Pero pandemia y violencias mediante, en ninguno de sus discursos de julio y octubre de este año, Viteri se ha atrevido a hablar de un modelo de éxito. Y es lógico: nadie en su sano juicio puede creer que una ciudad en la que da miedo salir a la calle es un caso “exitoso”. 

Tras 30 años de gobierno del PSC, Guayaquil desembocó en la ciudad No. 50 a nivel mundial en número de muertos por cada 100.000 habitantes (¡manerita de celebrar un aniversario!). Y cada vez más gente se aviva y se resiste a creer que en materia de seguridad el principal rol de una Alcaldía sea vocear una queja constante de lo mal que lo hacen los otros en la capital.

Así: un partido débil y una candidata debilitable, un panorama electoral inédito y áspero para el PSC, que tiene un relato trunco de “éxito”.En Guayaquil hay una marcada sensación de malestar, que es punto de partida para el cambio (pues nadie desea la continuidad de un malestar). Cambio que, a estas alturas, resulta de necesidad. 

La oportunidad será en febrero.

El loco, loco, loco año del Padre Tuárez [ft. Pdte. G. Lasso]

7 de noviembre de 2021

 

El año 2019 fue el año del auge y la caída del Padre Tuárez. La singularidad de un sacerdote en la política de un país que por definición constitucional es laico no le impidió a este señor vestido con espantaputas participar como candidato a integrar el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, ni tampoco le impidió tomar posesión de su cargo una vez que con 961.681 votos el Padre Tuárez triunfó como el más votado de los candidatos. El Padre Tuárez fue elegido el 13 de junio de 2019 como Presidente del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social y este momento fue la cúspide de su loco, loco, loco año 2019. Era the man of the hour.

 

Padre Tuárez luciendo espantaputas.


The man of the hour went the fuck down. La jauría política lo devoró al Padre Tuárez. En un juicio político que se le inició a los pocos días de haber empezado el ejercicio de su cargo, lo acusaron, entre otras cosas, por su condición de sacerdote debido a unas afirmaciones hechas en una declaración juramentada de los tiempos de su candidatura. El Padre Tuárez duró 62 días como Presidente del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, pues el 14 de agosto de 2019 una mayoría de 84 asambleístas decidió que él, y otras tres integrantes del Pleno del CPCCS (Rosá Chalá, Victoria Desintonio, Walter Gómez) cesen en sus funciones. At his finest, la Asamblea Nacional del Ecuador opera como un Castro en la historia del billete del trillón de dólares (Los Simpson, Temp. # 9).

 



Si la Asamblea Nacional se pone en plan Castro, un cargo, un día lo tienes, pero el día siguiente ya no, como con el dichoso billete de un trillón. It doesn’t matter you’re President, or whatever. Es cosa simple de contar los votos en el foro (y de un buen reparto, obvio). Pero, en todo caso, el loco, loco, loco año 2019 del Padre Tuárez no concluyó con su caída del cargo de Presidente del CPCCS. En octubre, el Padre Tuárez quiso liderar una protesta y los protestantes lo agredieron, sacándolo de ella sin ninguna consideración. Después, el Estado activó su músculo penal y en noviembre se obtuvo de un juez que dicte en su contra una de esas prisiones preventivas expeditas/punitivas que son la especialidad del sistema penal ecuatoriano y el pobre Padre Tuárez, entonces, fue a parar a Canadá. Así concluyó su loco, loco, loco año 2019: tras las rejas. Fue candidato, autoridad, celebrity, fiasco y presidiario. Vaya 2019 para el Padrecito.

 

El escenario actual del Presidente Lasso es, curiosamente, similar al que vivió el Padre Tuárez como Presidente del CPCCS en su loco, loco, loco año 2019. Que Lasso tenga su mismo final depende de la correlación de fuerzas en esa Carabina de Ambrosio recargada que es la Asamblea Nacional del Ecuador (quiero decir con esto: puede pasar en cualquier momento). Como el Padre Tuárez (aunque en menor medida), el Presidente Lasso es débil frente a la Asamblea Nacional, en la que tiene un grupo propio insuficiente, unas alianzas con la ID y Pachakutik tan endebles que apestan a oportunismo y unos enemigos jurados, que son el personal UNES y el senséi Nebot y su gente, que querrán ver sangre. Como al Padre Tuárez entonces, le puede ocurrir al Presidente Lasso que él no haya empezado a ejercer mucho su cargo y la Asamblea Nacional, en plan Castro, lo tumbe vía un juicio político por un hecho ocurrido en los tiempos de la inscripción de su candidatura y que es particularmente grave, como es el escándalo de los Pandora Papers.

 

Así, el futuro del Presidente Lasso parece ser el recorrer el mismo camino del Padrecito Tuárez, al menos en cuanto a la ruta en la Asamblea Nacional se refiere. El suyo parece que será un loco, loco, loco período como Presidente de la República del Ecuador. Loco, loco, loco, y también breve.

A Guayaquil la democracia le sienta mal

23 de octubre de 2021


El fenómeno más importante de los últimos años en el Ecuador es su acelerada urbanización y, como consecuencia, el crecimiento del rol de las ciudades para articular y dar sentido a la vida de las personas. Desde la década del cuarenta (después de perder la guerra con el Perú, después de la Segunda Guerra Mundial, en el año de N. S. de 1947) se empezó a elegir a los presidentes de las municipalidades por el voto de la población de su jurisdicción. Para el caso del cantón Guayaquil esto implicó, entre 1947 y la actualidad (es decir, sus buenos 74 años), la elección popular de un total de trece autoridades, once hombres (Guerrero por dos veces, Guevara, Estrada, Robles, Menéndez, Assad Bucaram por dos veces, Huerta, Hanna, Abdalá Bucaram, Febres-Cordero por dos veces y Nebot por cuatro veces) y dos mujeres (E. Bucaram y C. Viteri).

 

Hasta la llegada del socialcristiano al poder en Guayaquil, la ciudad vivió una época de honda inestabilidad. Entre los 45 años que van desde 1947 hasta 1992, únicamente los alcaldes Rafael Guerrero Valenzuela en 1947, Luis Robles Plaza en 1957 y Assad Bucaram Elmhalin en 1967 lograron terminar sus períodos. En ese mismo tiempo, un total de nueve autoridades (ocho hombres y una mujer) no terminaron sus períodos en la Alcaldía: el mismo Rafael Guerrero Valenzuela tras su reelección en 1949, Carlos Guevara Moreno en 1951, Emilio Estrada Icaza en 1955, Pedro Menéndez Gilbert en 1959, Assad Bucaram Elmhalin en su primera elección en 1962, Francisco Huerta Montalvo en 1970, Antonio Hanna Musse en 1978, Abdalá Bucaram Ortiz en 1984 y Elsa Bucaram Ortiz en 1988. Tres períodos concluidos vs. nueve períodos que no. Un récord lamentable.

 

Desde 1992, la Alcaldía de Guayaquil ha vivido un período de estabilidad, en claro contraste a los 45 años precedentes. En estos últimos 29 años todos los Alcaldes han terminado su período: el Alcalde Febres-Cordero entre 1992 y 2000 y el Alcalde Nebot entre 2000 y 2019. Ahora está en el Sillón de Olmedo, desde el 2019, la Alcaldesa Cynthia Viteri, auténtica Jocelyn Mieles de la administración pública que ha sobrevivido a tantos actos absurdos en su período que es seguro que lo terminará (la prensa de Guayaquil es generosa con –o debo decir: perra de- la derecha local).

 

Esta estabilidad se debe al dominio absoluto en Guayaquil de una tienda política, el Partido Social Cristiano. Su invariable triunfo ha sido el triunfo de la perversión (v. ‘El lado perverso del socialcristianismo’ y ‘Guayaquil y el modelo que tocó fin’) y, por ende, un derrotero seguro a la auto-destrucción por inundaciones. Es cuestión de tiempo.

 

Pobre Guayaquil: en tres generaciones ha pasado de una honda inestabilidad a una estabilidad perversa, en decidido rumbo a ser una ciudad estúpida y sub-acuática.

El lado perverso del socialcristianismo

22 de octubre de 2021


Sostengo que la ciudad de Guayaquil vive las horas más bajas de su historia. La premisa fundamental para esta idea la he desarrollado en mi artículo ‘Dworkin, Guayaquil, y asaltar el Tía, que es un análisis en clave guayaca del artículo de Ronald Dworkin Why Liberals Should Care About Equality? (¿Por qué debe importar a los liberales la igualdad?). Mi artículo sobre Dworkin y asaltar el Tía lo concluí con la siguiente reflexión:
 
‘¿(D)e qué comunidad se les puede hablar a estos excluidos? Ellos, lo que realmente quieren, es asaltar el Tía, y cuando tienen chance, pues lo hacen. Y Guayaquil, que se joda.
Que es exactamente lo que piensan los tipejos de las empresas constructoras, mientras cuentan su billete, na’ más que a otra escala. Y es por esto, por esta generalizada desidia de los pobres y de los ricos hacia la ciudad que habitan, así como por la ausencia de pensamiento crítico en su clase media, que estamos tan, pero tan mal. Y es por la sostenida estupidización que ha tenido lugar aquí, que ni siquiera nos damos cuenta.
Salvo los del Tía. Ellos sí que se dan cuenta’.
 
Ocurre que ahora no únicamente los del Tía se dan cuenta de los violentos frutos del largo y sostenido proceso de casi 30 años de exclusión social bajo el dominio socialcristiano. Este año 2021, lleno de violencia y muertes en la cárcel de Guayaquil y en la ciudad entera, ha puesto en evidencia que la exclusión social (es decir, la incapacidad de responder a la pregunta ‘¿de qué comunidad se les puede hablar a estos excluidos?’) ha producido una violencia en las calles que no se experimentaba, por lo menos, desde los años noventa (1).
 
Así, el lado perverso del modelo socialcristiano es la exclusión social que han producido sus políticas de crecimiento urbano (2). El de Guayaquil ha sido un crecimiento no planificado, orientado al beneficio de las grandes empresas constructoras (sector de donde emergió el Alcalde socialcristiano que lo fue por 19 de los 29 años del dominio del PSC en la ciudad) y con un enfoque diferenciado para la satisfacción de las necesidades básicas en los sectores de clase media y en los sectores populares, donde (mal)viven la inmensa mayoría de habitantes de la ciudad. Un informe de expertos de la Corporación Andina de Fomento, que fue pedido el 2013 por la propia Alcaldía de Guayaquil, describió con precisión el (mal)vivir en los sectores populares:
 
lotes pequeños para las viviendas, aceras y accesos estrechos, limitadas áreas verdes, y en general una clara tendencia hacia la impermeabilización del suelo urbano –inclusive en las divisorias y laterales de calles y avenidas construidas en fechas recientes. Este tipo de ocupación aumenta notablemente la temperatura de la ciudad, incrementa significativamente los picos y la velocidad del escurrimiento durante las crecidas de la escorrentía superficial, produce erosión y aumenta la contaminación de las aguas pluviales(3).
 
Esto es lo que les toca en Guayaquil a las personas que no pueden acceder al mercado formal de vivienda, que son la inmensa mayoría. Porque el credo del Municipio PSC es que una persona vale tanto como el dinero que ella tenga. Si tiene dinero, puede acceder a la oferta del mercado formal de bienes raíces. Si no lo tiene, queda excluido. Nadie lo pudo expresar con mayor claridad y desdén como el líder de la administración del PSC que mejor encarnó este credo, el abogado Jaime Nebot, quien en una sesión del Concejo Municipal de octubre de 2010 en la que se debatió la ampliación de los límites urbanos de la ciudad, postuló como única alternativa para el ‘hombre pobre’ de Guayaquil que…
 
vaya compre una vivienda, vaya compre un terreno urbanizado del Gobierno, vaya compre un terreno en un lote o en una casa urbanizada por el Municipio […] voy a hacer una campaña de comunicación para decirle al hombre pobre, vaya compre una vivienda…’. (4)
 
El mismo año en que el Alcalde Nebot comunicó esta sandez, la ONU-Hábitat publicó el informe ‘Estado de las Ciudades de América Latina y el Caribe’, en el que explicó que la no existencia ‘de un programa habitacional institucional público dirigido hacia la población que no cuenta con la capacidad económica suficiente para participar en el mercado de vivienda constituye una ruptura definitiva con la posibilidad de atender las necesidades habitacionales de los hogares de bajos ingresos’. Esta exclusión, que es promovida de forma activa por el Municipio socialcristiano de Guayaquil en aras de beneficiar a sus Grandes Amigos del Negocio de la Construcción (5), produce y reproduce las ‘condiciones que contribuyen a la creación de la pobreza y a su realimentación, algunas de las cuales hacen parte del concepto que las define como trampas de pobreza(6). Vivir en una trampa de pobreza implica para los excluidos, necesariamente, una ruptura con cualquier ideal de comunidad que incluya a las autoridades públicas.
 
Una ciudad así diseñada es campo fértil para que un choque externo produzca un aumento de la violencia y que ella se tome las calles. Este choque externo ocurrió y fue la creciente presencia, desde 2016, de los carteles mexicanos del negocio de la droga, principalmente de la cocaína (7). Sumado a este escenario, una continua desinstitucionalización del Estado, en especial de su sector carcelario (8), más su habitual ineficacia y su consabida corrupción: sólo queda esperar por tiempos peores.  
 
Guayaquil es campo fértil porque no hay una idea de comunidad, es la tierra del sálvese quién pueda. El que puede pagar por una vivienda, accede a una vivienda como lo dejó muy claro el Alcalde Nebot. El que puede pagar por una vivienda en una ciudadela cerrada, pues la paga y se resguarda. Y si puede pagar por seguridad privada, la obtiene. El mantra parece ser que si uno se esfuerza mucho-mucho, podría huir a los extramuros de Guayaquil y ponerse a salvo. Por ejemplo, en la isla Mocolí, como lo hizo el mismísimo Alcalde Nebot.
 
Guayaquil es un campo fértil para la violencia porque la administración del PSC en Guayaquil ha despedazado el ideal del bien común. En Guayaquil no hay parques decentes (el negocio era las palmeritas), ni su administración ha sido capaz de controlar el deterioro del patrimonio común (los ríos y los esteros, las canteras). Hacia el futuro, la administración del PSC tampoco ha sido capaz de pensar las consecuencias de su modelo de desarrollo frente a las inminentes inundaciones por la elevación del nivel del mar (spoiler alert: va a ser un desastre). Sus grandes proyectos de transporte público han sido: la Metrovía un fracaso, la Aerovía un fraude. Y su norte, maldita sea, ha sido la satisfacción de los intereses económicos de unos pocos en perjuicio de las grandes mayorías (en perjuicio de los componentes social y ambiental del desarrollo sostenible). En crudo, el lado perverso del socialcristianismo ha sido el triunfo de un burdo credo individualista, que ha destrozado todo posible ideal comunitario en la ciudad (puro pinga, nunca minga). La mayor muestra del desinterés del PSC por el bien común de Guayaquil es que jamás, durante una administración iniciada en el ya lejano ’92, ha existido una clara planificación de la ciudad, por la sencilla razón de que ha resultado mejor para el grupo en el poder operar a río revuelto y en la opacidad.
 
Una ciudad así pensada y construida por casi 30 años es una trituradora serial del ideal de comunidad, un cante jondo al sálvese quién pueda. Un lugar donde la pregunta ‘¿de qué comunidad se les puede hablar a estos excluidos?’ tiene, desde este año, por respuesta las balas.
 
~*~
 
(1) Tal vez no sea únicamente una coincidencia que, tanto ese surplus de violencia noventera como el actual, sean simultáneos a la coexistencia en funciones de un gobierno nacional programáticamente de derechas (en los noventas fue el gobierno del Presidente Durán-Ballén, ahora es el de Lasso: son los dos únicos, después del gobierno de León Febres-Cordero) y una autoridad socialcristiana en la Alcaldía de Guayaquil. En los noventas, esa autoridad socialcristiana fue el mismísimo exPresidente Febres-Cordero, duro entre los duros, capo di tutti capi, mientras que ahora es una versión pop y femenina de esa fiereza inicial: es como haber hecho de Kiss, una Locomía. La Alcaldesa Viteri, como Alcaldesa de una ciudad de dos millones y medio de habitantes, es una gran Jocelyn Mieles: da la impresión de vivir en otra realidad, ajena a una ciudad que explota y arde.
(2) El lado amable del socialcristianismo es una ilusión de modernidad de la ciudad, que, como lo habrá advertido el lector perspicaz, es apenas su lado perverso pero lavado, olorizado y talqueado por los mass media.
(3) Corporación Andina de Fomento, ‘La inundación de Guayaquil en Marzo 2013’, pp. 12-13.
(4) Acta del Concejo Cantonal de Guayaquil, Sesión del 7 de octubre de 2010, pp. 11-12
(5) Lo que ocurre en Guayaquil es un evidente caso de ‘Capitalismo de Amigos’, v. ‘Explicando el negocio de la Alcaldía socialcristiana’.
(6) ONU Hábitat, Estado de las ciudades de América latina y el Caribe’, v. pp. 115-138.
(7) BBC, ‘Cómo Ecuador pasó de ser país de tránsito a un centro de distribución de la droga en América Latina (y qué papel tienen los carteles mexicanos)
(8) Lo ha dicho claramente la actual Secretaria de Derechos Humanos, Bernarda Ordóñez: ‘Por ejemplo, se eliminó el Ministerio de Justicia hace tres años; se eliminó el centro de inteligencia; el presupuesto para el eje de justicia y para lo que tiene que ver con la Secretaría de Derechos Humanos y el SNAI ha sido reducido considerablemente. Todas estas acciones contribuyen a que hoy en día tengamos un problema en el sistema de rehabilitación social. Si eso fue intencionado o no, si es que fue planeado, eso se tiene que investigar y la Fiscalía General del Estado está llamada aquí a investigar’, v. ‘Vera a su manera – 15 Octubre 2021’, min. 10:03.

El ocaso de Nebot

3 de octubre de 2021

A principios de octubre de 2019, el abogado guayaquileño Jaime Nebot Saadi pudo pensarse Presidente de la República del Ecuador. Pero ese octubre llegaron el asocio con y la protección del Presidente Moreno, la breve capitalidad de Guayaquil, el abierto desprecio a los indígenas [v. ‘Nebot antes de la marcha’ y ‘Nebot, después de su discurso’]. A mayor inri, después llegó la pandemia y su acción devastadora en marzo y abril de 2020 [v. ‘Guayaquil y el modelo que tocó fin’]. En una administración PSC, la ciudad de Guayaquil fue, a los ojos del mundo-mundial, un fracaso criminal en la contención del Covid-19. Al modelo de Nebot se le cayó lo ‘exitoso’.

 

A principios de octubre de 2021, el abogado guayaquileño Jaime Nebot Saadi es un hombre en procura de una venganza. De la Presidencia de la República, ya ni hablar (desde octubre de 2019 la idea de acceder a ella se tornó quimérica: el paso del tiempo descalabró cualquier posibilidad). Nebot declinó su candidatura, dejándole así la vía libre a su antiguo amiwi, Guillermo Lasso. Nebot dijo, en ese tiempo, que iba a optar por otra vía para servir, a través de su propuesta de consulta popular. Esta propuesta de Nebot no pasó el filtro de la Corte Constitucional y una mayoría de jueces (5 de 9) le pincharon su globito*.

 

Nebot apoyó a su amiwi en las elecciones del 2021, Lasso triunfó, y así, dio inicio el primer gobierno programáticamente de derechas desde el gobierno del nefasto Durán-Ballén [v. ¿Por qué el Presidente Durán-Ballén fue un desastre?]. Los tiempos parecían propicios.

 

La relación entre Lasso y Nebot siempre fue asimétrica a favor de Nebot. Nebot pudo pensar en llegar a un acuerdo de gobernabilidad y en tener un rol importante en el nuevo gobierno derechista. Pero llegar a la Presidencia de la República (coto vedado para Nebot) lo cambió a Lasso, quien ahora siente (porque así es) que estar en la Presidencia lo sitúa en el lado superior de la relación asimétrica que él mantiene con Nebot.

 

Tras este vuelco en la relación, Lasso parloteó pero para luego boicotear el inminente acuerdo con Nebot and pals, por el que hubiera llegado a la Presidencia de la Asamblea Nacional un líder socialcristiano, Henry Kronfle. Así, como una clara evidencia del vuelco en la asimetría, finalmente, Lasso lo pateó a Nebot.

 

Y es por ello que hoy, en su ocaso político, Jaime Nebot Saadi es un hombre en procura de una venganza. (La Presidencia de la República se evaporó de entre sus aspiraciones.) Nebot sabe bien que la política del Ecuador le otorgará muchas herramientas y oportunidades para ejecutar su venganza. Casi octogenario, pero él estará siempre al acecho del momento para ejecutarla.

 

Pero ojo, no es por idealismo. Es por un mejor reparto.

 

* Nebot dijo que la decisión de los cinco jueces era ‘el principio de su fin’. Pero a esos cinco jueces se los observa tan campantes como para póster de Johnnie Walker®. En otros tiempos, esta sentencia de Jaime Nebot implicaba una consecuencia en el mundo real; hoy, fue pura farfulla. Un síntoma del menguante poderío en su ocaso.

La ecuatorianidad al palo (it ain’t good)

18 de mayo de 2021

Todavía no empieza ni a gobernar el Presidente electo Guillermo Lasso, pero las señales que ha mandado son de una ecuatorianidad usual. Y por esto, en la primera demostración que tuvo de su capacidad para jugar a la política, que fue la elección de las autoridades de la Asamblea Nacional, Lasso lució mal.

 

Por el miedo a perder/decepcionar a su base talibán, Lasso faltó a un acuerdo con sus aliados de derecha y con la primera fuerza política en la Asamblea Nacional, actuó de una manera improvisada y resolvió el grave asunto en los últimos diez minutos. Traidor, sin planificación y al apuro. Fue la ecuatorianidad política en su estúpida cotidianidad. Y eso es un mal augurio.

 

Más allá de la cotidianidad nefasta y de bronquearse con el Don Corleone local, el principal error de la bancada de Lasso es haber entregado la clave de bóveda de la gobernabilidad del país a esa chanfaina compuesta por PK, DD e independientes*. Por ahora todo es risas, se burlaron de Correa y de Nebot, triunfaron. A partir del 24, esa chanfaina mostrará la garra y empezarán las exigencias nada ideológicas y muy concretas y específicas al Gobierno. Para ponerlo en simple: se necesitarán a unas tres María Paulas Romo del Reparto para alimentar a este monstruo de tres cabezas. Será el país de encontrarse, pero para retacearlo.

 

Y no hay nada nuevo bajo el sol, es la ecuatorianidad al palo.

 

* Pachakutik, AKA ‘Derecha con poncho’, es como la caja de chocolates del simpático subnormal Forrest Gump: ‘Nunca sabes lo que saldrá de allí’. La ID ya es hace rato la DD, Derecha Democrática, un partido de tunantes. Y los angurrientos independientes, dada la escasez, cotizarán sus votos al alza. Se vienen tiempos de rapiña, como es habitual.