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Nebot y los esteros: nace un héroe póstumo

1 de julio de 2018


La entrevista de Radio Sucre (¡guau, guau!) del 27 de junio depara más sorpresas todavía: el alcalde le entró con enjundia a la limpieza del estero Salado.

* La evolución del PSC

El alcalde Nebot explica lo que él llama la “evolución” de la limpieza del estero Salado:

1) 15 años atrás: Se empieza a recoger la basura en el estero. De acuerdo con el propio Alcalde, en los tiempos de Febres-Cordero no se hizo nada para remediar la contaminación del Estero.

2) La próxima semana (o “esta misma”): Se va a iniciar “un operativo”. El alcalde le ha dicho al director de Ambiente, Bolívar Coloma, que “clausure irreversiblemente las empresas, no me importa si grandes, pequeñas y medianas, que no entienden que tienen que mitigar y que siguen con este asunto contaminante”. Y reiteró: “Vamos a poner más empeño del que le hemos puesto”.

La evolución del PSC es como sigue: durante la administración de Febres-Cordero no se hizo nada, durante los primeros tres años de Nebot tampoco, en los últimos 15 años de su administración se empezó a recoger la basura, aunque sin mayor efectividad, pues se ha seguido contaminando. Por eso, recién esta semana (al PSC le tomó 26 años darse cuenta y tomar medidas) va a iniciar unos implacables “operativos” para detener la contaminación.

* Los contaminantes de los esteros

Nebot explica también quiénes son los contaminantes, a los que va a combatir de manera tan implacable:

1) La gente: según Nebot, ahora son menos.
2) Los negocios intermedios y grandes, desde los que se descargan químicos y “cuestiones contaminantes”.
3) Las empresas de la construcción que ponen escombros a las orillas de los esteros.

* El negocio de la recolección

Por diseño, el negocio de la recolección de basura en el estero Salado se paga por tonelada recogida. Así que el negocio, tal como lo plantean los del PSC (piénsalo, no te comas los amagues) es conservar los esteros contaminados: Ahí está la plata.

* El héroe póstumo

Nebot, como héroe contra la contaminación de los esteros, ha nacido muy tarde: a los 18 años de su administración se le ocurre lo que es lo mínimo, esto es, hacer cumplir la ley. (El periodismo lambiscón de Guayaquil se lo celebra, por supuesto). No es difícil prever que Ramita es un héroe más efectivo que nuestro Alcalde.

PSC = PRE (believe it or not)

6 de junio de 2017

En el imaginario popular de la clase media y alta de Guayaquil, el socialcristianismo es una superación radical del roldosismo. Algunos socialcristianos todavía se animan a lanzar, a manera de una defensa ante cualquier crítica a la gestión del PSC en la Alcaldía de la ciudad, la pregunta de si uno se acuerda de cómo era Guayaquil en los ochentas roldosistas.

Yo sí me acuerdo. Pero ese no es el punto.

El punto es que hacer esa defensa de la crítica a la gestión del PSC es asombroso, pues implica: A) aceptar que el parámetro para comparar la actuación del PSC durante su gestión en la Alcaldía de Guayaquil es lo que ellos consideran una gestión “de postración y de abandono” (1); B) continuar el uso de este “argumento” por un cuarto de siglo.

La “B” es un clarísimo abuso: si se trataba de rescatar a una ciudad de su postración y de su abandono, es claro que el compararla con aquello que se desea dejar atrás (desde 1992) debería tener una pronta fecha de caducidad. Una ciudad no busca compararse con un desastre: debe compararse, para ser cada vez mejor, con los estándares de excelencia urbana (2). Hacer como aquel socialcristiano que usa todavía este argumento resulta tan absurdo como enorgullecerse, siendo un equipo grande (un Boca Juniors, por ejemplo), de haberle ganado al Deportivo Quevedo en su reducto fluminense (¡?). Absurdo, rayano en la estupidez.

Ahora, bien se puede concordar con que el PSC es una superación parcial del PRE. Esto, porque sus formas son distintas. Muy distintas, como el agua y el aceite: aniñado vs. cholo, conservador vs. disruptivo, elitista vs. popular. Pero es únicamente una diferencia en las formas, en cuya comparación resultan “mejores” las formas del PSC. En lo realmente importante (al menos, para quienes no nos comemos los amagues), ambos estilos esconden una misma sustancia.

La misma sustancia del socialcristianismo y del roldosismo se cifra en lo siguiente:

1) Crecimiento urbano sin planificación.
2) Ineficacia en los controles de aspectos básicos de la administración.
3) Descuido grave en la protección del ambiente.

El crecimiento urbano de Guayaquil se ha hecho sin planificación municipal de ningún tipo (3). Los controles básicos a cargo de la Alcaldía de Guayaquil en las edificaciones y en la protección del ambiente, son incumplidos de manera escandalosa (4). Las consecuencias de esta ineficacia en los controles es que Guayaquil es hoy una ciudad vulnerable a terremotos e inundaciones (5).

Por supuesto, ni la falta de planificación, ni la ineficacia en controles básicos, ni la vulnerabilidad frente a terremotos e inundaciones son desastres que hayan empezado Nebot o Febres-Cordero, o incluso los Bucaram y sus secuaces. Son problemas que hemos arrastrado por varias décadas, y que se han vuelto particularmente graves desde el crecimiento urbano de Guayaquil como una mancha gris a partir de los años cincuenta del siglo pasado. El PSC no solo no corrigió este estado de cosas: las ha decisivamente empeorado. El resultado es un crecimiento urbano que (de no enderezarse de forma oportuna) tendrá consecuencias nefastas para el futuro de Guayaquil.

Alguna vez se dirá de este período socialcristiano de nuestra historia, que hemos guardado (hasta ahora, por casi un cuarto de siglo) un silencio bastante parecido a la estupidez.

(1) Esa fue la descripción que utilizó el alcalde Febres-Cordero en el video de 1992 en el que denunció “la forma cómo se manejaron los destinos de la ciudad en los últimos años”. 
(2) Los estándares a utilizar para juzgar la gestión del PSC deberían ser, por ejemplo, los de la organización de las Naciones Unidas especializada en ciudades, ONU Hábitat. Acerca de esos estándares, el Municipio de Guayaquil hace todo lo contrario: v. ‘Guayaquil y los espacios públicos (a la luz de ONU Hábitat)’, ‘La ciudad de papel’ y ‘Urbanismo responsable vs. Guayaquil (o tres desastres urbanos)’. De hecho, ONU Hábitat propone "todo aquello que Guayaquil no es", v. 'El mundo del revés: la Alcaldía de Guayaquil y Hábitat III'.
(3) La falta de planificación se explica por el modus operandi de la Alcaldía de Guayaquil: v. ‘Explicando el negocio de la Alcaldía socialcristiana’.
(4) El incumplimiento de las normas de construcción de las edificaciones se debe a que “el Municipio, lamentablemente, no teniendo el personal suficiente, no realiza los controles de los procesos constructivos, más allá de al final de la obra establecer si los metros cuadrados que se reportaron son los correctos”, según sostiene el Presidente de la Cámara de la Construcción de Guayaquil, Ing. Enrique Pita. De resultas de esta ineficacia, el 70% de las edificaciones de Guayaquil se han construido “de manera informal, sin un plano o estudio de por medio” y del restante 30%, “en la mayoría de casos no se ejecutaron los planos presentados”  (v. ‘Guayaquil: el terremoto de 1942 y nuestra situación actual’ y ‘¿Caso fortuito? El terremoto del 16 de abril en Guayaquil y la responsabilidad civil’). El incumplimiento de las normas de protección del ambiente se ha puesto en evidencia con un artículo reciente que publicó diario Expreso: Blanca Moncada, ‘475 empresas, en el Estero y sin licencia ambiental’, Diario Expreso, 4 de junio de 2017. En materia de áreas verdes, el discurso de la Alcaldía es simple y llanamente mentiroso: v. ‘La Alcaldía de Guayaquil y las áreas verdes’.
(5) En relación con las inundaciones a consecuencia del cambio climático, v. ‘Guayaquil a la deriva’ y ‘La posibilidad de una ciudad verde’.

Desmentir al Alcalde

5 de junio de 2017


Ayer el diario Expreso publicó un interesante artículo de autoría de Blanca Moncada sobre la contaminación ambiental que permite la Alcaldía de Guayaquil dentro de su jurisdicción, en el que constan las siguientes declaraciones del alcalde Jaime Nebot:

“Tenemos un problema serio en lo que respecta a los vertidos, especialmente con ciertos industriales pequeños en el sector de la Tarqui popular. Se ha sancionado y se sigue sancionando a mucha gente. Se ha obligado a muchísimos de ellos a hacer planes de mitigación, que se han cumplido en inmensa mayoría; pero ese es un tema pendiente” (1).

Al Alcalde Nebot le preguntaron por las 475 empresas que operan en la ribera de los esteros y contaminan con sus vertidos (de un total de 640 empresas: es decir, casi el 75%). ¿Y cómo se la saca de esta muestra de notoria incompetencia? Pues con una afirmación rotunda: “Se ha sancionado y se sigue sancionando a mucha gente”. Y si son reincidentes, Nebot embiste de nuevo: “Los volvemos a sancionar y los seguimos sancionando” (2).

En estas afirmaciones de la máxima autoridad de la ciudad debe abrevar el periodismo de investigación (3). En este caso, para comprobar si hubo mentira en los dichos de Jaime Nebot hay una forma simple, aunque trabajosa: consiste en publicar la lista de las 475 empresas que no han cumplido con los permisos ambientales y/o los planes de mitigación, con un detalle de las veces que la Alcaldía de Guayaquil las ha sancionado, las veces que dichas empresas han reincidido y las veces que la Alcaldía de Guayaquil las ha vuelto a sancionar (4).

A nadie debería sorprender que el resultado de esa investigación desmienta la retórica punitiva del Alcalde de Guayaquil. Que esto sea así no tendría nada extraño: el modus operandi de la Alcaldía de Guayaquil es la connivencia con el empresariado (especialmente con el gran empresariado) en desmedro del ciudadano. En este caso, este modus operandi consiste en que 475 empresas (en su propio beneficio económico) pueden contaminar un bien público como los brazos de mar que atraviesan la ciudad. Y la Alcaldía, mirar a otra parte.

La ocasión para desmentir al Alcalde de Guayaquil está entonces servida. Es una oportunidad para construir conciencia de que en los problemas de contaminación de los esteros de Guayaquil, tiene una enorme responsabilidad la notoria aunque solapada incompetencia de esta alcaldía socialcristiana.

(1) Blanca Moncada, ‘475 empresas, en el Estero y sin licencia ambiental’, Diario Expreso, 4 de junio de 2017.  
(2) Ibíd.
(3) No hay goce cívico mayor que pillar a una autoridad pública en una mentira. O dicho desde la perspectiva del oficio de periodista: la tarea de un periodismo honesto y comprometido con los ciudadanos es eliminar el mayor número de mentiras que se hayan admitido en la esfera pública. A Nebot se le han permitido demasiadas. Por demasiado tiempo.
(4) En adición, la investigación podría comprobar qué tanto se ajusta el perfil de los infractores al de “ciertos industriales pequeños de la Tarqui popular”. Probablemente, el perfil de los infractores sea mucho más complejo (sería otra mentirijilla de nuestro alcalde).

El Salado, sin control municipal

20 de marzo de 2017


Este sábado 18, diario Expreso publicó una noticia titulada “Casi la mitad de empresas del Salado, sin permiso ambiental” (1). Puesto en números: 312 de las 640 empresas situadas a orillas del estero Salado carecen de los permisos ambientales obligatorios de la Alcaldía de Guayaquil (2).

El Subsecretario de Gestión Marina y Costera del Ministerio del Ambiente, Nelson Zambrano, es la autoridad del Gobierno central encargada de la recuperación del estero Salado. Después de las investigaciones de técnicos a su cargo, Zambrano declaró: “La contaminación no se ha erradicado. Y menos aún si esas empresas no se encuentran regularizadas y están en el aire ambientalmente hablando. Posiblemente viertan al estero y no sabemos qué”.

Fuente: Diario Expreso


¿La respuesta de la Alcaldía de Guayaquil? El miércoles pasado, el alcalde Jaime Nebot reconoció la existencia de empresas que vierten sus residuos tóxicos al estero Salado. En la noticia del 18, el Director de Medio Ambiente, Bolívar Coloma, se ofreció a cumplir con su responsabilidad de control para que las empresas cumplan con obtener los permisos ambientales. Coloma afirmó que, “a petición del ministerio”, regularizará los 312 permisos ambientales de las empresas incumplidas a lo largo de este año.

Este ofrecimiento de control de la Alcaldía de Guayaquil tiene toda la pinta de convertirse en un futuro incumplimiento (3). Si en 15 años de competencias ambientales no se han decidido a controlar a las empresas contaminantes del Salado (actuando contra norma expresa), es improbable que empiecen ahora.

(1) Gorka Moreno, ‘Casi la mitad de empresas del Salado, sin permiso ambiental’, Diario Expreso, 18 de marzo de 2017.
(2) La Alcaldía de Guayaquil tiene competencias ambientales desde el 12 de abril de 2002, cuando suscribió el Convenio de Transferencia de Competencias, que le transfirió varias competencias ambientales. El año 2014, el Concejo Cantonal aprobó la “Ordenanza que regula la aplicación del subsistema de manejo ambiental, control y seguimiento ambiental en el cantón Guayaquil”, en cuyo artículo 7 se atribuye a la Alcaldía, entre otras responsabilidades, “realizar el seguimiento y control del cumplimiento de parte de los regulados, respecto de las obligaciones previstas en la presente ordenanza, normas técnicas, Planes de Manejo Ambiental, obligaciones contenidas en las autorizaciones administrativas ambientales o incluidas en ellas y las demás previstas en las ordenanzas vigentes en el cantón Guayaquil”. La existencia de 312 empresas incumplidas da una perspectiva para entender cuán poco le ha importado a la Alcaldía esta norma. Sobre esto, v. '7 horas sin agua en Guayaquil, ¿por qué es culpable el operador?', Xavier Flores Aguirre, 12 de agosto de 2016.
(3) La ineficacia de los controles es moneda común en la Alcaldía de Guayaquil. Además de la ineficacia de los controles ambientales, está el grave y preocupante caso de la falta de control en las construcciones de la ciudad, v. ‘Guayaquil: el terremoto de 1942 y nuestra situación actual’, Xavier Flores Aguirre, 2 de agosto de 2016.

Guayaquil, quince años después

31 de enero de 2017

La alcaldía de Jaime Nebot ha durado largos (casi) 17 años. Es demasiado tiempo para uno que únicamente puede reportar fracasos en los desafíos que debió afrontar.

La siguiente imagen corresponde a los cuatro “mayores desafíos” de Guayaquil, según los reportaba revista Vistazo el año 2002:

Revista Vistazo, edición No 858, Julio 18/02, pp. 38-39.

Estos cuatro “desafíos” eran el transporte público, la contaminación ambiental, el alcantarillado y la seguridad. Resultan sólidos indicadores para juzgar la gestión de la Alcaldía de Guayaquil.

La pregunta entonces es: ¿Ha estado la Alcaldía a la altura de estos desafíos?

La respuesta es: NO. Veamos porqué.

1) El transporte público.- La solución que ofreció la Alcaldía fue la creación del Sistema Metrovía. Dudo que alguien se atreva a llamarlo una solución eficaz, en vista de que cuenta con 9 años de retraso en su implementación (1). Su funcionamiento precario es conocido por los usuarios, cuyo número ha descendido en tiempos recientes (2).

2) La contaminación ambiental.- Una palabra bastaría para evocar su fracaso: Balsasud (3). En rigor, la alcaldía de Guayaquil no controla a las empresas contaminantes, las que continúan en su incesante propósito de dañar los cuerpos de agua de Guayaquil (sus ríos y esteros) para ahorrarse un billete.

Y a pesar de que fue una oferta de su primera campaña el año 2000, la alcaldía de Nebot nunca “recuperó” el Estero Salado. Salvo, obviamente, en la fértil imaginación de uno de sus esbirros (4).

3) Alcantarillado.- Una especialidad en la venta de humo de la Alcaldía: ha dicho que terminaría con el 100% del alcantarillado el 2013. Ha renovado varias veces su inminente terminación, aunque de manera reciente, ha admitido que aún falta "7 u 8 por ciento" (5). Más allá de la incesante venta de humo, el problema es que el crecimiento de la red de alcantarillado, tal como lo hace la alcaldía, es dañino para Guayaquil.

Como lo advirtieron expertos internacionales auspiciados por la Corporación Andina de Fomento (CAF) en un informe elaborado en junio de 2013, Guayaquil crece así: “lotes pequeños para las viviendas, aceras y accesos estrechos, limitadas áreas verdes, y en general una clara tendencia hacia la impermeabilización del suelo urbano”. Este crecimiento hace crecer, a su vez, a la red de alcantarillado.

El detalle es que este tipo de crecimiento de la red de alcantarillado “no es sustentable” y de acuerdo con los expertos de la CAF cuesta alrededor de US$7 millones por kilómetro cuadrado. Por contra, ellos afirman que el uso de iniciativas propias de una ciudad “verde, inclusiva y sustentable” no solo resulta más eficaz para cumplir el mismo propósito que la red de alcantarillado, sino que es una alternativa 6 veces más económica (6). Pero nada de eso tiene relevancia, pues lo que importa es que gane la empresa concesionaria, ¿no?

4) Seguridad.- La idea de seguridad de la Alcaldía de Guayaquil, ocasionalmente ha sido la defensa de los adinerados (cuando quiso privatizarla, durante el gobierno de Gutiérrez) y, generalmente, se ha materializado en atacar a los comerciantes autónomos para impedir su acceso las a áreas “regeneradas”.

En pocas palabras: la intervención municipal no combate la inseguridad; acaso la exacerba.

En la portada de la edición, la actual segunda candidata por el distrito 3 de Guayas, distrazada de Wilma Picapiedra (?). 

*

En definitiva, en los rubros en que importaba, la Alcaldía de Guayaquil fracasó.

Y lo que hace invisible este fracaso en la esfera pública es el hecho irrefutable de que la derecha política en el Sillón de Olmedo tiene a los medios de comunicación (los del gran y mediano capital) como a su muchacho de los mandados.

(1) ‘Metrovía, 2017’, Xavier Flores Aguirre, 23 de enero de 2017.
(2) ’18,7 millones de usuarios dejaron de utilizar la Metrovía en 2015’, Diario El universo, 12 de febrero de 2016.
(3) ‘7 horas sin agua en Guayaquil, ¿por qué es culpable el operador?’, Xavier Flores Aguirre, 12 de agosto de 2016; Nelson Tubay, ‘Una ciudad Multivulnerable’, Diario Expreso, 3 de julio de 2016.
(4) ‘El estero de la fantasía’, Xavier Flores Aguirre, 6 de agosto de 2016; por contraste, v. 'El estero de la realidad (de baños curativos a vertedero dedesechos)',  Xavier Flores Aguirre, 7 de agosto de 2016.
(5) Para el dato del 2013, v. ‘Nebot: 332 obras ejecuta el Municipio de Guayaquil solopor el mes de las festividades julianas’, Alcaldía de Guayaquil [blog], 1 de julio de 2011. Para el dato de lo que falta, v. 'Contacto Directo / Entrevista Jaime Nebot', You Tube [Ecuavisa], 7 de diciembre de 2016.
(6) El informe lo solicitó la propia Alcaldía de Guayaquil, a raíz de la inundación del 2-3 de marzo de 2013, v. Mejía Betancourt, Abel, Morelli Tucci, Carlos Eduardo, Bertoni, Juan Carlos, Cabezas Vélez, Gabriel 2013, La inundación de Guayaquil en marzo 2013. Opinión de expertos internacionales, Cooperación Técnica de CAF, Informe gerencial [17 de junio de 2013]. Sobre Guayaquil y este informe, v. 'Guayaquil a la deriva', Xavier Flores Aguirre, 28 de febrero de 2016.

La ciudad peregrina y gris que se fundó un 15 de agosto

15 de agosto de 2016


Un día como hoy, 15 de agosto, se debería celebrar el aniversario 482 de la fundación de la ciudad de Guayaquil, hecho que se verificó en las cercanías de la laguna de Colta. Guayaquil nació a la vida jurídica en la serranía (eso implica el acto de su fundación), pero terminó ubicada un día incierto del año 1547 en el cerro Lominchao (hoy, cerro Santa Ana) (1).

Su siguiente traslado se decidió el año 1693, a lo que se conoció como “Ciudad Nueva”, la que coexistió con la “Ciudad Vieja” (todavía asentada en el cerro Santa Ana) hasta que el crecimiento de la ciudad terminó por volverlas a juntar. Julio Estrada Ycaza ubica las cuadras originales de “Ciudad Nueva” en “un cuadrado de cinco cuadras de frente (Luque a Colón) y cinco de fondo (Pichincha a Boyacá)” (2).

Las dos partes de la ciudad se unieron, primero a través de un puente de 800 varas que cruzaba cinco esteros, luego a través de un crecimiento que rellenó esos esteros y otros más para avanzar como una mancha gris, arrasando con los recursos naturales, contaminando el agua, enterrando los esteros, dañando las canteras y podando árboles.

La falta de planificación y la ineficacia en el ejercicio de los controles administrativos (ambientales y de construcción) han sido características constantes en la historia de las alcaldías de Guayaquil, sin importar que el partido en el poder haya sido el roldosista o el CFP o el PSC, o cualquier otra tienda política. Desde que el alcalde es escogido por votación popular (año 1947: primer alcalde, Rafael Guerrero Valenzuela) las consecuencias de estas dos características (la falta de planificación y la ineficacia en los controles) ha sido una ciudad cuyo crecimiento es “peregrino y gris”: sin un norte claro (como no sea el favorecimiento, al menos durante el casi cuarto de siglo de dominación de los socialcristianos, a las empresas vinculadas al negocio de la construcción) y con mucho cemento, rejas y segregación.

Esto no es para tomárselo a la ligera: el informe técnico hecho con el auspicio de las Naciones Unidas (proyecto RADIUS) arroja como resultado una ciudad vulnerable a los terremotos; el informe técnico elaborado por expertos de la Corporación Andina de Fomento señala una ciudad vulnerable a las inundaciones y que se desarrolla de una forma tal que gasta siete veces más en implementar una solución ineficaz para prevenir las consecuencias de las inundaciones (3).

Pero las consecuencias en las personas son acaso las más graves. Aquellas produjeron gran asombro en David Harvey, cuando visitó Guayaquil: “Entonces te preguntas qué tipo de mundo se construye allí, en que la experiencia urbana de las personas queda secuestrada tras estos muros, tienen un contacto casi nulo con personas de otras clases sociales” (4).

Hay muchas cosas que deben cambiar en Guayaquil, una ciudad que ha crecido en la dirección equivocada, al amparo de ideas erróneas sobre su desarrollo, así como también sobre su origen (5). Una de esas cosas que debemos cambiar, en relación con esto último, es empezar a celebrar la fundación de Guayaquil el día que le corresponde: el 15 de agosto, puesto que fue ese día de hace 482 años (lo que se conoció por la ingeniosa investigación de un destacado guayaquileño, Miguel Aspiazu Carbo) que empezó el peregrinaje de la que este mismo hecho de su fundación en 1534 convierte en la segunda ciudad más antigua (fundada por españoles) en el Sur de nuestra América, durante la conquista del Perú (6).

(1) La alcaldía de Guayaquil, en los primeros años de administración de Jaime Nebot, creó una Comisión compuesta por Alejandro Guerra, Ana Rodríguez de Gómez, Efrén Avilés y Melvin Hoyos, que publicó un informe el año 2002 en el que determinó que “[e]l mariscal Diego de Almagro facultado por el gobernador Francisco Pizarro fundó en Riobamba la ciudad de Santiago de Quito, hoy Santiago de Guayaquil, el 15 de agosto de 1534”: ‘25 de julio: Guayaquil celebra su fiesta patronal’, en: Calderón Chico, Carlos (comp.), ‘Guayaquil universal: Entre la literatura y la historia’, Libresa, Quito, 2009, p. 107-108.
(2) Estrada Ycaza, Julio, ‘Desarrollo histórico del suburbio guayaquileño’, p. 19, en: ‘Revista del Archivo Histórico del Guayas’, Año 2, Número 3, Junio de 1973, Guayaquil.
(3) De acuerdo con el proyecto RADIUS (‘Herramientas de Evaluación del Riesgo para el Diagnóstico de Zonas Urbanas contra Desastres Sísmicos’, por sus siglas en inglés) “[e]l crecimiento no planificado de la ciudad es una de las principales razones para que el riesgo se haya incrementado significativamente durante los últimos años”; así, la vulnerabilidad de Guayaquil en caso de un terremoto se da “por la vetustez de muchas edificaciones, el incremento de la construcción informal con materiales pesados sin previsiones sísmicas, y la falta de aplicación de código de diseño sismo-resistente”, v. Proyecto RADIUS, Vol. I, Reporte Final a la Secretaría del IDNDR de las Naciones Unidas [Preparado por: Jaime Argudo Rodríguez], p. 9. Por su parte, en materia de inundaciones, los técnicos de la Corporación Andina de Fomento (en un informe que solicitó la misma alcaldía) explicaron que Guayaquil es una ciudad vulnerable a las inundaciones y que el modelo de desarrollo adoptado por la alcaldía de Guayaquil es ineficaz para evitarlo. La construcción de obras que aumentan la capacidad para conducir el agua (esto es, la alternativa escogida por la alcaldía) cuesta alrededor de US$7 millones por kilómetro cuadrado, mientras que las soluciones que incorporan recursos naturales a la planificación del crecimiento de la ciudad son mucho más eficaces y sustentables que la alternativa escogida por la alcaldía de Guayaquil, además de muchísimo más económicas, pues cuestan alrededor de US$1 millón por kilómetro cuadrado: v. Mejía Betancourt, Abel, Morelli Tuci, Carlos Eduardo, Bertoni, Juan Carlos & Gabriel Cabezas Vélez, ‘La inundación de Guayaquil en marzo 2013’, Opinión de Expertos Internacionales. Cooperación Técnica de la CAF, Informe Gerencial, junio de 2013, p. 27.  
(4) ‘David Harvey y la vía a Samborondón’, Xavier Flores Aguirre, 13 de diciembre de 2015. Si bien el análisis de Harvey está referido a la vía a Samborondón, no es difícil su extensión a otras áreas de la ciudad. Quien mejor ha sintetizado la idea de Harvey es la argentina Leila Guerriero, quien en una crónica de Guayaquil para el diario La Nación de su país de origen, registró la figura de “El Gato”: v. Leila Guerriero, ‘Guayaquil: la regenerada’, Diario La nación (Argentina), 2 de diciembre de 2007; mis comentarios al respecto: ‘El Gato’, Xavier Flores Aguirre, 11 de enero de 2009; ‘Felinas reflexiones’, Xavier Flores Aguirre, 18 de enero de 2009.
(5) Esta es la idea clave del informe de la CAF: “Guayaquil puede ser una ciudad líder en la gestión verde, inclusiva y sustentable en América latina”, puesto que ofrece “condiciones inmejorables para desarrollar soluciones integradas en el diseño urbano que combine programas de viviendas, transporte, agua potable, alcantarillado, drenaje, residuos sólidos y medios ambiente verde, inclusiva y sustentable”, v. Mejía Betancourt, Abel, Morelli Tuci, Carlos Eduardo, Bertoni, Juan Carlos & Gabriel Cabezas Vélez, ‘La inundación de Guayaquil en marzo 2013’, p. 31.
(6) La primera ciudad fundada por los españoles fue San Miguel de Piura. La alcaldía de Guayaquil quiso establecer el 15 de agosto de 1534 como fecha definitiva de fundación, por intermedio de la Comisión antes citada. Sin embargo, la idea languideció y terminó por desaparecer de la opinión pública. Una vez más, la ineficacia de la Alcaldía de Guayaquil de llevar a cabo un propósito, puesta de manifiesto.

7 horas sin agua en Guayaquil, ¿por qué es culpable el operador?

12 de agosto de 2016

Lo que el alcalde Jaime Nebot llamó “delito ambiental” se lo ha querido atribuir de manera exclusiva al operador del caldero. En el comunicado de Balsasud S.A. en el que asumió la responsabilidad por la contaminación ambiental, la empresa derivó la culpabilidad en uno de sus empleados: “Descuido del Operador [sic] al momento de realizar la tarea de bombear bunker”.

Contrariamente a lo que podría esperarse dadas las muchas preguntas que tiene que responder la empresa Balsasud S.A. en razón del documento que el Municipio de Guayaquil presentó a la Fiscalía el 22 de junio (que el alcalde Nebot no puede no conocer, porque fue producido por una de sus direcciones y él lo difundió desde su cuenta personal de Twitter), el Municipio de Guayaquil, en rueda de prensa realizada ese mismo día, dio por buena la sencilla explicación de la empresa Balsasud S.A.: “descuido del operador” (7:52).

 
El “descuido del operador” tiene tanto sabor a excusa (a un grado tal que “justo” el empleado responsable de la contaminación se fue de vacaciones a día siguiente de dejar sin agua a la ciudad) que la única razón por la que puede aceptarse esta excusa es por conveniencia. El Municipio sabe que Balsasud S.A. violó la normativa ambiental local y nacional que el Municipio de Guayaquil (vía su Dirección de Ambiente) debió controlar que esta empresa cumpla. Sabe que Balsasud S.A. no tenía permiso ambiental y sabe que no tenía implementadas las obras necesarias para la prevención de la contaminación: “La canaleta de drenaje [del caldero] estaba conectada directamente al canal de aguas lluvias”, a consecuencia de lo cual se “evita la prevención y contingencia necesarias en caso de derrame de combustible del área de caldero” (en pocas palabras: si hubiera existido la obra necesaria que no se controló que haya, no habría existido contaminación ambiental, ni suspensión por siete horas del servicio de agua potable a toda una ciudad).

Todas estas violaciones a la ley eran de conocimiento del alcalde, porque constan en el informe que firmó el Jefe del Departamento de Calidad y Control Ambiental de la Dirección de Ambiente del Municipio de Guayaquil, Ing. José Miguel Yturralde Torres, que es el mismísimo documento que el Municipio presentó en la Fiscalía para la investigación de este delito ambiental.

Las consecuencias de la contaminación ambiental. Fuente: http://www.metroecuador.com.ec/
Que Balsasud S.A. haya podido actuar de manera tan irresponsable y tan impunemente es también responsabilidad de la autoridad pública de control (la Dirección de Ambiente) que no controla nada y que es totalmente ineficaz para hacer cumplir a los regulados (esto es, a las empresas contaminantes) sus obligaciones y, en consecuencia, es ineficaz para prevenir la contaminación del río Daule, del que los guayaquileños obtenemos el agua para beber.

Así, es totalmente conveniente: como la probada irresponsabilidad de Balsasud S.A. prueba la irresponsabilidad de la Alcaldía, tiene la culpa un simple operario. La soga se rompe por el lado más débil. (Dicho morochamente: “se le cargan al más cojudo”). 
 
Y en Guayaquil, todos chitos. Aquí no ha pasado es nada.

Esta prensa bufona de Guayaquil

8 de agosto de 2016


La imagen que publiqué en la entrada de este blog correspondiente al 31 de julio ('Ciudad inmóvil') y que vuelvo a publicar en esta entrada, contiene un párrafo en el que se refiere que el alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot (quien andaba como “niño con juguete nuevo” en aquel primer recorrido oficial de la Metrovía) “sonrió algunas veces cuando varios reporteros y camarógrafos de medios de comunicación recreaban las típicas escenas que se vivían a diario en los buses de la transportación regular”.


No sólo que la prensa de Guayaquil no incomoda al alcalde jamás (¿investigar su ineficacia? ¿denunciar sus abusos? Eso, ni pensarlo) sino que busca hacerlo reír, caerle en gracia. De lo que puede deducirse que los periodistas de Guayaquil están mucho más cerca de representar el rol de bufones frente al poder local que de cumplir como corresponde con su rol de periodistas.

Porque si la prensa en Guayaquil se decidiera a investigar a la Alcaldía de Guayaquil, la opinión pública de la ciudad debatiría sobre los niveles de contaminación ambiental en el río Daule y en los esteros que atraviesan a la ciudad porque el periodismo investigaría sobre las deficiencias de la administración municipal para controlar la contaminación industrial y de las viviendas en dichos cuerpos de agua. La opinión pública debatiría acerca de la responsabilidad civil del Municipio de Guayaquil por las muertes causadas por el colapso de un paso a desnivel y por una gestión deficiente de la Metrovía porque la prensa investigaría sobre las deficiencias en los controles a las infraestructuras físicas (exigiría, por ejemplo, evidencia de los mantenimientos supuestamente hechos a los pasos a desnivel) y sobre la mala gestión del sistema Metrovía, que tiene años de retraso en la ejecución de su planificación y una gestión que privilegia la ganancia de unos pocos frente al bienestar de sus centenares de miles de usuarios. La opinión pública se indignaría por las deficiencias en la prestación de los servicios públicos porque el periodismo investigaría las consecuencias de la decisión del alcalde de que “aquí no vamos a legalizar un terreno ni vamos a poner una volqueta de cascajo ni un metro cuadrado de asfalto ni un metro de tubería de alcantarillado de agua potable más allá de la Sergio Toral” (que es una de las razones por la que los esteros siguen podridos). La opinión pública también se indignaría, y con sobrada razón, por la existencia de la violencia sistemática y generalizada (auténtica criminalización de la pobreza) a cargo de la Policía Metropolitana porque un periodismo comprometido con sus lectores y no sumiso a las autoridades, indagaría los nombres y las circunstancias de las cotidianas víctimas de esta violencia y se preocuparía de darles un rostro y una voz, de detallar los abusos que sufren.  

Pero de ese periodismo (apenas normal) no hay en Guayaquil. No sea que a nuestra prensa acomodaticia se le enoje su alcalde.

El estero de la realidad (de baños curativos a vertedero de desechos)

7 de agosto de 2016

En un post anterior he contado la historia del “señor Vinelli, héroe local” (1). En nuestra Guayaquil, fue él quien desafió la convención imperante en su tiempo (en una sociedad conservadora y católica) según la cual los que se bañaban en Viernes Santo se convertían en pescados. El “señor Vinelli” (la fuente de esta historia, el libro ‘Rielando en un mar de recuerdos’, de Carlos Saona, no precisa otro detalle para identificarlo como no sea su sociedad con un señor de apellido Pérsico) era la viva prueba de que esa creencia era absurda, pues cada Viernes Santo “iba y venía a pié todo ese largo camino” en lo que constituía un acto de valentía, según lo reseña Saona:

“No es esto lo más admirable, sino su valor para desafiar la creencia general de que las personas que se bañaban en viernes santo se convertían en pescado” (2).

Tan admirable como el valor de Vinelli, es el hecho de que alguna vez las aguas del estero Salado eran consideradas “medicinales”. En la historia de Vinelli, ese “héroe local”, la motivación para desafiar a la convención católica de la conversión en pescados (que de chico la escuché de boca de mi abuela, por cierto) era tomar su “baño medicinal”. El escritor Jorge Martillo Monserrate rememoró en las páginas de El universo cómo los ciduadanos de Guayaquil se relacionaban con su brazo de mar:

“Sus aguas eran tan limpias que algunos tomaban baños medicinales. Las sesiones curativas consistían en siete baños, sin faltar un solo día. El tratamiento se iniciaba en las mañanas cuando el Salado estaba en pleamar” (3).

Que a principios del siglo pasado, las aguas del estero hayan sido no sólo de uso recreativo (como lo fue para mis abuelos, de hecho) sino incluso “medicinal” es algo impensable para generaciones de guayaquileños que se han acostumbrado a la contaminación del estero Salado, al hecho de que la mayoría de guayaquileños tenemos una relación de asco con los esteros de la ciudad por su alto nivel de contaminación y su hediondez. La permisividad para pasar de un estero de carácter “medicinal” a uno putrefacto dice mucho de la sociedad de Guayaquil como dócil y desarticulada, incapaz de resistir y preservar los recursos naturales de su ciudad frente al afán irresponsable de lucro de algunas industrias contaminantes y empresas constructoras, así como frente a la incapacidad, desidia o complicidad (según el momento histórico) de las autoridades municipales, que en los últimos cincuenta años han permitido su contaminación al punto tal de convertir a los esteros en lo contrario de lo que eran: de baños medicinales a riesgos para la salud.

El guayaco, que en materia política está acostumbrado a muy poco (ajeno como está a experiencias de excelencia) no supone merecer más que esta podredumbre. En otras partes del mundo, estos niveles de contaminación llaman la atención. Por ejemplo, en un artículo del periódico inglés The Guardian:

Fuente: Twitter de Frederika Whitehead.
    
En el artículo ‘Ecuadorians tired of waiting for a cleanup of Guayaquil’s filthy waters’ ['Ecuatorianos cansados de esperar por la limpieza de las sucias aguas de Guayaquil'], de Frederika Whitehead, se señala una cuestión que aunque resulta evidente, la mayoría de los guayaquileños no se ha detenido a pensar: los servicios de agua potable y alcantarillado (de responsabilidad de Interagua desde el año 2001) no son provistos a una porción significativa de la población. En la nota de prensa publicada en el periódico inglés, la compañía Interagua explicó su modus operandi: “Los que no tienen títulos legales no tienen derecho a recibir los servicios” (4). El alcalde ha sido enfático en este punto y lo ha hecho ver, en una sesión del Concejo Municipal, como una decisión que él ha tomado por cuenta propia:

“Yo he tomado la decisión de que aquí no vamos a legalizar un terreno ni vamos a poner una volqueta de cascajo ni un metro cuadrado de asfalto ni un metro de tubería de alcantarillado de agua potable más allá de la Sergio Toral” (5).   

Esto quiere decir que cientos de miles de personas, por decisión expresa del alcalde, son privadas de recibir servicios y obras públicas. Su marginación es un vivo ejemplo de “desigualdad estructural” que el socialcristianismo no sólo no revierte sino que agrava con su legislación y sus políticas públicas. Esas personas, víctimas de esta desigualdad estructural que ha “naturalizado” la sociedad guayaquileña, son gentes abandonadas a su suerte por el “pecado” de vivir en la extrema pobreza y por la ausencia de canales para hacer oír su voz (6).

El diario inglés The Guardian informa que “las peores muestras [recogidas en el estero Salado] tienen 100 veces más material fecal que el límite legal”. Desde el crecimiento no planificado de la ciudad en los años cincuenta (maldición que parece no tener fin) lo que antes eran “aguas limpias” de uso recreacional e incluso medicinal, hoy son un líquido putrefacto y contaminante.

La fantasía del “sueño guayaquileño” de tener una Alcaldía eficiente y una ciudad próspera omite, por supuesto, toda referencia a que el brazo de mar de la ciudad (una característica singular que, bien explotada, traería enormes réditos turísticos), aún después de casi un cuarto de siglo de administración socialcristiana, se mantiene pútrido y hediondo. Esto, a pesar de haber sido su recuperación integral una de las promesas del alcalde Nebot cuando presidió las primeras Fiestas Julianas (7).

Porque de esto se trata el “sueño guayaquileño” de las supuestas Alcaldía eficiente y ciudad próspera, que sólo existen como recursos retóricos, transmitidos por una prensa complaciente: de que, parafraseándolo al genial George Carlin, “debes de estar dormido para creértelo” (8).

(1) ‘Pescaditos’, Xavier Flores Aguirre.
(2) Ibíd.
(3) ‘De baños curativos al Malecón del Salado’, Jorge Martillo, 30 de mayo de 2006.
(4) ‘Ecuadorians tired of waiting for a cleanup of Guayaquil’s filthy waters’, Frederika Whitehead, 26 de mayo de 2016.
(6) ‘Extrema y permanente desigualdad en Guayaquil’, Xavier Flores Aguirre, 13 de junio de 2016.
(7) La fantasía se alimenta de relatos escritos por funcionarios incompetentes: ‘El estero de la fantasía’, Xavier Flores Aguirre, 6 de agosto de 2016; para la promesa del alcalde, v. ‘Promesas incumplidas (15 años después)’, Xavier Flores Aguirre, 25 de julio de 2016.
(8) George Carlin – ‘El sueño americano’ [Extracto subtitulado del video ‘Life is worth losing’ (2005)], You Tube; sobre la sociedad guayaquileña durmiente, v. 'Ciudad dormida', Xavier Flores Aguirre,