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La evidencia de un fracaso anunciado

11 de febrero de 2019


Si algo debería motivar el asombro, es como una sola autoridad que tiene una Ordenanza desde el año 2001 que lo obliga a impulsar las ciclovías en el cantón ha sorteado 18 años de rotunda ineficacia en su aplicación. Quiere decir que la fuerza de los ciclistas para exigir sus derechos en Guayaquil ha sido nula. La autoridad ha hecho lo que le ha venido en gana, lo que se traduce en que no se ha hecho casi nada. Y lo poco que ha hecho, lo ha hecho mal.

Unos meses atrás, en mayo, el Alcalde Nebot se reunió con asociaciones de ciclistas. Como lo comenté en un artículo de la época, había un elefante en la habitación: el hecho de que al Alcalde de la ciudad, no de ahora, de siempre, le importan un pepino las ciclovías. Y no es muy difícil darse cuenta de la razón, pues lo suyo “son los vehículos a motor: ahí, en ello y alrededor de ello (calles, puentes, cemento) está el biyuyo”. Y lo que le importa al Alcalde no es tanto el bien común, como que se gaste y se reparta el biyuyo*. Siendo él el repartidor, claro.

La ineficacia en las ciclovías es fruto del profundo desinterés del Alcalde por ellas, puesto de manifiesto en la designación de una comisión. A Perón se le atribuye la frase: “si quieres que algo no funcione, crea una comisión”; a Nebot puede atribuírsele haber perfeccionado su práctica**. Ese mes de mayo el Alcalde Nebot creó una comisión bajo el muy vendedor eslogan: “un solo equipo por las ciclovías”. Algunos ciclistas le creyeron al Alcalde y han tardado hasta febrero en darse cuenta que lo que para Nebot era un conveniente lavado de imagen, para ellos era una prolongada metedura de dedo***.  

El fracaso lo ha consignado diario Expreso: “El ciclismo se baja de la mesa”. Y las razones son evidentes: la Alcaldía no se tomó nunca en serio la comisión y los ciclistas se cansaron de que la Alcaldía les meta el dedo.

* Porque en Guayaquil se gasta 6 veces más de lo que se debería gastar para que la ciudad tenga un desarrollo sustentable, a costa precisamente de sacrificarlo, v. “Explicando el negocio de la Alcaldía socialcristiana
** El Alcalde es pésimo con las comisiones. La del Bicentenario es otro fracaso.
*** El contexto de esta comisión creada por Nebot fue la publicación por diario Expreso de un artículo titulado: “Guayaquil renuncia a las ciclovías”. El Alcalde Nebot buscó lavar su imagen enseguida, por lo que organizó la comisión en cuestión. Cuando la critiqué en este blog, uno de los ciclistas integrado a ella (sin identificarse) me cuestionó y le respondí en este artículo: “Ser de cera”. La idea principal del mismo era que dicha comisión estaba destinada a fracasar. Ocho meses después, su fracaso se ha evidenciado.

30 Seconds to Shit

19 de mayo de 2018


Esta entrevista que le hizo Walter Ruiz Jaén al alcalde Jaime Nebot Saadi es rara, por dos razones. Primero, porque es una de las entrevistas menos orquestadas que he visto que le hayan hecho al alcalde Nebot (a ratos se lo sintió hasta incómodo) (1). Segundo, porque en 30 segundos (16:25-16:55) explicó su modus operandi en materia de ciclovías (se le agradece la concisión).  


El entrevistador, voz del fútbol en Diblú, le preguntó al alcalde Nebot por esa construcción de la calle Junín que “estrecha” la calle.

Fue allí que Nebot explicó en treinta exactos segundos (16:25-16:55) el modus operandi de su administración, compuesto de tres prácticas:

1) La regresión a los derechos de los ciclistas

“Mi decisión de que eso no se hag… eso era el intento de hacer en la calle Junín una ciclovía. Y yo me opuse a eso”

N.B.: Pero, claro, son “un solo equipo por las ciclovías”. JAJAJA.

2) La propaganda municipal

“Y eso generó un malentendido, gracias a Dios hoy aclarado con la gente que hace ciclismo. La gente que hace ciclismo sabe que yo propicio la Metrovía, perdón, la Aerovía, eh, las ciclovías”.

N.B.: Esta es la utilidad de los ciclistas sentados alrededor del alcalde: propaganda. Que se le crucen en el cerebro las palabras “Metrovía” y “Aerovía” antes de poder pronunciar “ciclovías”, es un lapsus bastante decidor.

3) La mentira a los ciclistas

“El propio puente en el que Ud. trota [el recién inaugurado puente que conecta Guayaquil con Samborondón] sabe que tiene ciclovía”.

N.B.: Las ciclovías que ha hecho la alcaldía de Guayaquil son dispersas y anti-técnicas, sin planificación ni utilidad. En general, están mal hechas. El ejemplo de ciclovía que le ofreció Nebot a Ruiz es una confirmación de esto. Un ciclista, que seguramente no será de los sentados a la derecha de nuestro alcalde, ha escrito lo mal que esa ciclovía está: un total desastre.

(1) Por supuesto, Ruiz está muy lejos de hacer una entrevista incisiva y documentada (por ejemplo, se come entero el amague de la ciclovía del nuevo puente). Pero en comparación a los otros que lo suelen entrevistar los miércoles, es Philip Adams.

Ser de cera

17 de mayo de 2018


Recibí este comentario en mi artículo sobre “las ciclovías y el elefante”:

"Cuando te expresas de la siguiente manera:
'Y la verdad, no sé qué es peor: o los ciclistas que se han dejado, o el periodista que redactó ese adefesio' estás hablando por todos los usuarios de la bicicleta que nos transportamos usándola de manera urbana con o sin ciclovías; si te has tomado la libertad de expresar tu forma de pensar, no nos metas en el tacho a todos, pues por gente como tú que solo se mueve cuando ve que otros caminan es que estamos estancados, yo hago la diferencia, yo decidí moverme en bici sin importar la ruta, intereses políticos y menos sino tenemos ciclovías.
Cuando te ganes una cita con el alcalde o te tome en cuenta para escucharte, espero ver tu publicación y a ver si tú no eres de cera".

Mi respuesta:

1) Lo de “una cita con el alcalde”. ¡Guau! JAJAJA. Ya hace mucho que sé que esos son solo simulacros.


Fui, propuse de buena fe, todo fue al tacho de la basura.

Entiéndelo, “Anónimo”: en la Alcaldía se hace exclusivamente lo que quiere el Alcalde. Es un sistema vertical, donde “la ciudadanía” es ornamental (1). La reunión en la que estuviste, eso es apenas un lavado de imagen. No tiene nada que ver con políticas públicas favorables a la circulación de bicicletas (de hecho, en la reunión se habló de “restricciones”, in your face) pues si esa habría sido la intención la habrían puesto en práctica desde mucho antes. Por si no lo sabías, la obligación de impulsar las ciclovías está vigente desde el año 2001 (“Vietato Introdurre Biciclette”) y tiene rango constitucional desde el 2008, así que es casi tan vieja como Nebot en el poder en Guayaquil. Y el resultado, ha sido el mismo siempre: escaso y deficiente, una versión hipoactiva de la nulidad. Y eso no va a cambiar por tu “cita con el alcalde”. De ahí las risas, totalmente justificadas.

2) “Solo te mueves cuando otros se mueven”: Madre de Dios, tremendo pedo mental el tuyo. Este tema me ha interesado desde mucho antes, no porque hayan ido algunos ciclistas a una reunión en la Alcaldía. De hecho, su reunión es irrelevante en términos prácticos para el resto de ciclistas, no así para la propaganda municipal.

3) “No nos metas en el tacho a todos”: Si no quieres hacer la lucha para que no impongan restricciones a circular en bicicleta por el centro, que es lo que el Alcalde dijo en tu cara en esa reunión y que es una de las razones de mi escrito, ¿qué te puedo decir? Te merecerás estar sentado a la derecha del Alcalde, como un sonriente monigote de cera.

(1) La participación ciudadana en Guayaquil es tan ornamental y de mofa, que la ordenanza que la regula (la “Ordenanza que regula el sistema de participación ciudadana en el cantón Guayaquil”, Art. 13 letra c) ha dispuesto que haya un número fijo de “Representantes de la Sociedad”. Así, en una ciudad de dos millones y medio de habitantes, la más poblada del Ecuador, la Alcaldía de Guayaquil ha decidido que tan sólo 117 organizaciones nos representen a todos (incluso a todas las asociaciones de ciclistas, porque ninguna de ellas consta entre esos 117 privilegiados amiwis del Alcalde).

Las ciclovías y el elefante

16 de mayo de 2018



La primera nota: “Guayaquil renuncia a las ciclovías” (11/abril/2018)

La nota pinta una realidad triste: la Alcaldía de Guayaquil proyectó 8 ciclovías, pero solo ejecutaron dos, una de ellas en el centro que “nunca fue respetada”. La nota describe que en la ciclovía de la calle Junín, en el centro, ahora se iba a construir una jardinera “que es como se lo ha aprobado por parte del alcalde”. Finalmente, se publica la opinión lapidaria del vocero de la Alcaldía: “en el centro de Guayaquil, por las condiciones de las calles y el clima no funciona una ciclovía”.

La segunda nota: “Ciclistas y alcaldes forman un solo equipo por las ciclovías” (10/mayo/2018)

Todo el escenario de desastre de la nota anterior, es decir, el incumplimiento de su propia planificación, la ineficacia de hacer cumplir lo ejecutado e incluso su regresión (la ciclovía de la calle Junín), además de la negativa de construir ciclovías en el centro, las conjuró la sola expresión del alcalde: “No hay problemas con el tema ciclovías”, para a continuación señalar que “por el momento debemos tener restricciones, no prohibiciones, en el centro”.

Desde los ciclistas, el problema es cualquier restricción a la circulación, en el centro o en cualquier otra parte. No porque no pueda haber restricciones a la circulación. Pero porque tienen que estar plenamente justificadas.

Y veamos esta justificación: según el redactor de esta nota, el alcalde ofreció lo que él llamó “razones técnicas”, que se reducían a esto:

“Evitar aportar al colapso del tránsito que ya se presenta en esta parte de la ciudad”.

¿Razones técnicas? JAJAJA. Reformulemos: el tráfico colapsa y se piensa “evitar” que se aporte a ese colapso a través de una restricción a la circulación de aquellos que podrían contribuir a evitar el colapso del tráfico: los ciclistas (claro, para ello se requiere planificación y otro modelo de desarrollo que priorice el interés general por encima del particular: ciencia ficción para el gobierno local). Estas “razones técnicas” del alcalde ven como problema a una posible solución, no ofrecen ni un dato, ni un estudio, ni nada, únicamente una restricción, propuesta frente a quienes serían sus destinatarios, que allí sentados debieron ser de cera porque no dijeron ni mú. Se ofrendó ante ellos una de las “razones técnicas” más pobres que una autoridad ha propuesto en el orbe occidental, pero la muchachada hurgó en el silencio.

Seamos claros: la medida que quiere imponer la Alcaldía es una vulneración a los derechos de los ciclistas, que pagan los platos rotos de la incompetencia de la Alcaldía en la planificación y en la ejecución de lo planificado.

No hay que ser ingenuos: esta reunión con los ciclistas fue un lavado de imagen, en un área en la que se han hecho las cosas muy mal, no de ahora, desde siempre, porque se avecinan tiempos electorales. Eso es todo. Y Mr. Hyde fue el cronista de este simulacro.

Conclusión: El elefante en la habitación.

El elefante en la habitación es que al alcalde le importa un pepino las ciclovías. No de ahora, desde siempre. Lo suyo son los vehículos a motor: ahí, en ello y alrededor de ello (calles, puentes, cemento) está el biyuyo. Cuando ha tenido oportunidades (financiamiento internacional, por ejemplo) para desarrollarlas, las ha desperdiciado. Cuando ha asumido la competencia del tránsito, no las ha vinculado a una planificación integral. Incluso cuando (aunque de manera deficiente) las ha implementado, luego ha dado marcha atrás (como lo mostró Expreso en la primera nota, cuando estaba Dr. Jekyll). Y la cereza de este pastel anti-ciclístico es la restricción que pretende ahora imponer a la circulación en el centro. 

Así es Ciudad Sainete, donde te pasan este elefante en la habitación como “un solo equipo por las ciclovías”. Y la verdad, no sé qué es peor: o los ciclistas que se han dejado, o el periodista que redactó ese adefesio.  

El derecho a la ciudad y a las ciclovías

24 de septiembre de 2012


I. El derecho a la ciudad y la participación ciudadana: lo que dicen la Constitución y el COOTAD.

Sobre el derecho a la ciudad, la regla general es sencilla. Dice así:
 
“Las personas tienen derecho al disfrute pleno de la ciudad y de sus espacios públicos”. 
Pues sí, ¿por qué no? Después de todo, la gestión de nuestras autoridades públicas (nacionales, provinciales o cantonales) es realizada con nuestro dinero, vía impuestos. Es justo que disfrutemos de lo que pagamos. Las autoridades tienen la sola obligación de administrar el dinero de nuestros impuestos de la forma que dispongan la Constitución y la ley (ni más, ni menos) y de utilizarlo de manera planificada y transparente para mejorar nuestra calidad de vida y garantizar los derechos de quienes convivimos en su territorio. El derecho a la ciudad y las obligaciones impuestas a las autoridades por su causa son de obligatorio cumplimiento, pues todos los enunciados anteriores son concretas obligaciones constitucionales, constantes en los artículos 3 num. 1, 31, 226, 275 y 276 num. 1 de la Constitución de Montecristi.

De todos los artículos que se refieren al derecho a la ciudad en la Constitución ecuatoriana, el más específico es el artículo 31, situado entre los derechos al “hábitat y vivienda” y de donde extraje la regla general que apunté arriba. Dicho artículo define lo que se requiere para ejercer el derecho a la ciudad:

1) Una gestión democrática.
2) La función social y ambiental de la propiedad y de la ciudad.
3) El ejercicio pleno de la ciudadanía.

Esos tres principios deben orientar la acción de los autoridades de nuestras ciudades. La normativa y las políticas públicas que desarrollen dichas autoridades en el ejercicio de su cargo deben sujetarse a los principios del derecho a la ciudad y la ciudadanía exigir que se cumpla con ello. La ciudadanía está en capacidad de hacerlo, pues el Código Orgánico de Ordenamiento Territorial, Autonomía y Descentralización (COOTAD), que regula la actividad de los municipios, establece la participación de los ciudadanos como un principio que debe regir la conducta municipal:



"Art. 3.- El ejercicio de la autoridad y las potestades públicas de los gobiernos autónomos descentralizados se regirán por los siguientes principios:
(…)
g) Participación ciudadana.- La participación es un derecho cuya titularidad y ejercicio corresponde a la ciudadanía. El ejercicio de este derecho será respetado, promovido y facilitado por todos los órganos del Estado de manera obligatoria, con el fin de garantizar la elaboración y adopción compartida de decisiones, entre los diferentes niveles de gobierno y la ciudadanía, así como la gestión compartida y el control social de planes, políticas, programas y proyectos públicos, el diseño y ejecución de presupuestos participativos de los gobiernos."
 
El COOTAD desarrolla este principio y obliga a que se integre en los municipios una función de participación ciudadana (Art. 53 –una de las tres funciones que el municipio debe satisfacer, siendo las otros dos la “ejecutiva” y la de “legislación y fiscalización”) y a que implemente “un sistema de participación ciudadana para el ejercicio de los derechos y la gestión democrática de la acción municipal” (Art. 54 lit. d). El COOTAD tiene todo un capítulo dedicado a la participación de la ciudadanía (Arts. 302-312 y titulado “La Participación Ciudadana en los Gobiernos Autónomos Descentralizados”) en el que consagra los principios específicos que deben orientar la participación (“los principios de igualdad, autonomía, deliberación pública, respeto a la diferencia, control popular, solidaridad e interculturalidad” –Art. 302) y que establece graves sanciones para los casos de incumplimiento, “incluyendo la remoción del cargo para los funcionarios responsables de la omisión y podrá ser causal de revocatoria del mandato para la autoridad respectiva, conforme a la ley” (Art. 312).

Esos son los principios orientadores del derecho a la ciudad y de la participación ciudadana que el municipio de Guayaquil debe respetar y garantizar.

II. La ordenanza que regulará las ciclovías en Guayaquil: su obligatorio contenido constitucional.

El derecho a la ciudad incluye una adecuada regulación del tránsito. Los gobiernos autónomos descentralizados municipales tienen la obligación constitucional (Art. 264 num. 6) y legal (Art. 130 del COOTAD) de planificar, regular y controlar el tránsito en su territorio cantonal. Una de sus obligaciones constitucionales específicas (Art. 415) en materia de tránsito es incentivar y facilitar “el transporte terrestre no motorizado, en especial mediante el establecimiento de ciclovías”.

Además, por aplicación de las garantías normativas a las que debe someterse todo órgano con potestad normativa según la Constitución (Art. 84), para la adopción de una ordenanza sobre ciclovías es obligatorio que el municipio adecúe dicha ordenanza a las leyes, la Constitución y los tratados internacionales. La ley a la cual debe adecuarse la nueva ordenanza municipal es la Ley Orgánica de Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial, específicamente a su artículo 204:



"Art. 204.- Los ciclistas tendrán los siguientes derechos:
a) Transitar por todas las vías públicas del país, con respeto y seguridad, excepto en aquellos en la que la infraestructura actual ponga en riesgo su seguridad, como túneles y pasos a desnivel sin carril para ciclistas, en los que se deberá adecuar espacios para hacerlo;
b) Disponer de vías de circulación privilegiada dentro de las ciudades y en las carreteras, como ciclovías y espacios similares;
c) Disponer de espacios gratuitos y libres de obstáculos, con las adecuaciones correspondiente, para el parqueo de las bicicletas en los terminales terrestres, estaciones de trolebús, metrovía y similares;
d) Derecho preferente de vía o circulación en los desvíos de avenidas y carreteras, cruce de caminos, intersecciones no señalizadas y ciclovías;
e) A transportar sus bicicletas en los vehículos de transporte público cantonal e interprovincial, sin ningún costo adicional. Para facilitar este derecho, y sin perjuicio de su cumplimiento incondicional, los transportistas dotarán a sus unidades de estructuras portabicicletas en sus partes anterior y superior; y,
f) Derecho a tener días de circulación preferente de las bicicletas en el área urbana, con determinación de recorridos, favoreciéndose e impulsándose el desarrollo de ciclopaseos ciudadanos".
 
Una ordenanza que regule las ciclovías en Guayaquil debe, primero, incorporar en su formación los principios del derecho a la ciudad del artículo 31 de la Constitución y debe, segundo, adecuar su contenido a lo dispuesto (por aplicación de las garantías normativas del artículo 84) en el artículo 415 de la Constitución y en el artículo 204 de la Ley Orgánica de Trasporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial. Esa es su obligación constitucional. 

*

Con esta clara obligación constitucional de incentivar y facilitar las ciclovías establecida en el artículo 415 de la Constitución debe discutirse la ordenanza que implemente las ciclovías en Guayaquil. De antemano, si un municipio quiere aprobar una ordenanza sobre esta materia no puede ser neutral; debe, por obligación constitucional, tener el claro propósito de incentivar y facilitar el uso de las ciclovías.

¿Qué quiere decir “incentivar y facilitar” el uso de las ciclovías? La respuesta consta en el artículo 204 de la Ley Orgánica de Tránsito, Transporte Terrestre y Seguridad Vial y en el artículo 4 de ese misma ley, que obliga a garantizar “el derecho de las personas a ser educadas y capacitadas en materia de tránsito y seguridad vial”. El contenido de dichos artículos de la ley debe incorporarse en la ordenanza, en todo lo que contribuyan a incentivar y facilitar el uso de las ciclovías. Así, es forzoso concluir que una ordenanza sobre ciclovías debería incorporar, al menos: la educación vial para el tránsito de las bicicletas por la ciudad con respeto y seguridad (literales a y d), la disposición de ciclovías y espacios similares para la circulación de bicicletas (literal b), los parqueos para bicicletas en terminales terrestres, estaciones de metrovía y similares (literal c), el transporte de las bicicletas en vehículos de transporte público cantonal (literal e) y la circulación preferente en ciertos días, con el impulso de los ciclopaseos ciudadanos (literal f).

Si se observa con atención, lo que por obligación constitucional debe incorporarse en la ordenanza es lo mínimo que debe hacerse para incentivar y facilitar el uso de las ciclovías: primero, la educación vial adecuada para el uso de las bicicletas y las ciclovías, en términos generales y en días preferentes (ciclopaseos), así como la educación vial a las demás personas para el respeto de su uso; segundo, la infraestructura básica (las ciclovías propiamente dichas, los parqueos para bicicletas en lugares estratégicos y las facilidades para transportarlas dentro del cantón). Eso es lo mínimo, pues la educación vial incentiva a los ciudadanos al uso de las ciclovías (primera obligación constitucional) mientras que la infraestructura básica facilita a los ciclistas el uso de dichos espacios (segunda obligación constitucional).

El contenido constitucional obligatorio es evidente y requiere de la voluntad política de una entidad responsable y comprometida con los derechos de sus ciudadanos para llevarse a cabo.

III. La formación de la ordenanza sobre ciclovías en Guayaquil: su discusión y estado actual.

Todo lo anterior (apartados I y II) es teoría sobre cómo debe discutirse (en función de los principios del derecho a la ciudad y de las normas del COOTAD) y sobre qué debe contener una ordenanza sobre ciclovías (por aplicación de los principios del derecho a la ciudad y de las garantías normativas). El municipio de Guayaquil está en el proceso de formación de una ordenanza sobre esta materia. Juzguemos sus actos sobre cómo ha conducido el municipio de Guayaquil esta discusión y sobre qué contenido ha alcanzado su proyecto de ordenanza gracias a la misma. Hagamos tal juicio de conformidad con las disposiciones constitucionales y legales a las cuales el municipio de Guayaquil se encuentra obligado.

III.1. El juicio procedimental: sobre cómo debe discutirse.

El juicio procedimental es sobre si el proceso de discusión de la ordenanza llevado a cabo por el municipio de Guayaquil cumple con las principios orientadores del derecho a la ciudad y con las obligaciones de participación impuestas por el COOTAD.

El procedimiento de discusión de la ordenanza sobre ciclovías se inició el 13 de julio, día en el que varias agrupaciones de ciclistas tomaron conocimiento del proyecto municipal al respecto. El 18 de julio, miembros de estas agrupaciones presentaron observaciones al proyecto municipal y presentaron un proyecto propio. El 31 de julio, la Dirección de Urbanismo, Avalúos y Registro del municipio de Guayaquil presentó un contraproyecto.

El 13 de agosto, la Dirección de Urbanismo, Avalúos y Registro del municipio de Guayaquil convocó a una primera reunión formal de trabajo para discutir el proyecto de ordenanza sobre ciclovías, en el cual participaron varios funcionarios del municipio de Guayaquil y miembros de organizaciones ciclistas. En esta reunión, se acordó trabajar sobre la base de un proyecto ampliado presentado por los ciclistas al que los participantes formularían observaciones, y de esa forma se procedió. El 20 de agosto se convocó a una segunda reunión en la que se terminó de revisar el texto, salvo unos pocos detalles.

Los miembros de agrupaciones de ciclistas e interesados en el asunto hemos sostenido reuniones informales con concejales y funcionarios del municipio; incluso el alcalde Jaime Nebot recibió a una pequeña delegación de ciclistas, a quienes aseguró que estaba dispuesto a la aprobación de la ordenanza sobre ciclovías que abandere la concejal Gina Galeano, una concejal de reconocido compromiso con la causa ciclista y de mejoramiento urbano.

Fuente: EcuadorTimes.
 
Doy fe y hago expreso reconocimiento, por haber participado de varias de esas reuniones y debates, de la apertura del municipio de Guayaquil para la discusión de esta ordenanza sobre ciclovías, en particular, a su alcalde Jaime Nebot, a sus concejales Gina Galeano y Hanne Holst, a su director de urbanismo José Núñez y a su subprocurador jurídico Daniel Veintimilla. Es de justicia reconocer su interés y participación en esta discusión.

III.2. El juicio de fondo: sobre qué debe contener.

El juicio de fondo significa un análisis del contenido del proyecto de ordenanza hasta este momento, con los consensos que se han alcanzado y sus debates pendientes. Este proyecto se lo puede leer en GkillCity.com, pues se publicó como parte de un dossier sobre bicicletas. El contenido del proyecto hasta ahora resulta satisfactorio: se tiene un proyecto de ordenanza redactado en 28 artículos divididos en 8 capítulos, que cubren la mayor cantidad de aspectos que constitucionalmente la ordenanza sobre ciclovías está obligada a desarrollar.

La discusión para mejorar y pulir la ordenanza, en todo caso, continúa abierta.

III.3. Juicio y conclusiones.

En este caso concreto, se puede afirmar que, al menos hasta ahora, los principios orientadores del derecho a la ciudad y la participación ciudadana así como sus obligaciones constitucionales y legales, han sido adecuadamente satisfechos por el municipio de Guayaquil. Eso es digno de destacar y muy meritorio. En todo caso, hay que estar atentos del resultado final. Ha pasado en otras ocasiones que una propuesta de ordenanza que se había discutido con autoridades del municipio local ha sufrido un ulterior ninguneo. Sucedió con la Ordenanza sobre las pintas en los espacios públicos que apoyaban el concejal Vicente Taiano y el asesor municipal Andrés Ortiz.

Por esta razón, que el proceso de discusión de la ordenanza obtenido hasta ahora haya resultado satisfactorio quiere decir que debemos mantenernos atentos y vigilantes para que su producto final, la ordenanza como tal, mantenga ese nivel de garantía de nuestros derechos. Porque si el reconocido lema municipal “Más Ciudad” tiene algún significado en materia de ciclovías, no podría nunca éste ser el mero arbitrio de una autoridad: sus únicos posibles significados son el respeto al ordenamiento jurídico y la garantía de los derechos de los ciudadanos (ciclistas o no) a los que dice servir, para nosotros disfrutar de todo aquello que, por ser público y de la ciudad, es también nuestro.

¡Vamo' las ciclovías!

10 de noviembre de 2008

Yo, ciclista cotidiano de caótica ciudad, me emociono con esta noticia que publica hoy El Universo, que ojalá se convierta en realidad y no se quede en agua de borrajas. Como lo mencioné en un editorial de abril de 2007 al amparo del cronopio Cortázar (“Vietato introdurre biciclette”) el 22 de marzo de 2001 entró en vigor la Ordenanza de Circulación del Cantón Guayaquil, cuyo artículo 10 establece que “El Concejo Cantonal podrá establecer en la vialidad de la ciudad carriles para uso exclusivo de bicicletas […]”. A la M. I. Municipalidad recién 98 meses después se le da por pararle bola a esta disposición que el propio Alcalde Nebot firmó el 8 de febrero de 2001 y sobre la que quedan, todavía, muchas cosas por debatir con relación a su implementación (¿por qué, a guisa de ejemplo, no puede atravesar una ciclovía la llamada “Zona Regenerada”?). Pero bue, el camino ya está trazado, o se supone que lo está: ¡Vamo’ Municipio, pedal a pedal!

'Vietato introdurre biciclette'

4 de agosto de 2007


El cronopio lector sabe que el título de esta columna (cuya traducción del italiano al español es: 'Prohibido ingresar con bicicleta') copia el de una historia que Julio Cortázar escribió para Historia de Cronopios y de Famas. Sabrá también que copio risueño su primer párrafo: 
 
“En los bancos y en las casas de comercio de este mundo a nadie le importa un pito que alguien entre con un repollo bajo el brazo, o con un tucán, o soltando de la boca como un pioloncito las canciones que me enseñó mi madre, o llevando de la mano un chimpancé con tricota a rayas. Pero apenas una persona entra con una bicicleta se produce un revuelo excesivo, y el vehículo es expulsado con violencia a la calle mientras su propietario recibe admoniciones vehementes de los empleados de la casa”.
Esta cortazariana descripción (lo constata quien escribe esta columna) en Guayaquil no es privativa de “bancos y casas de comercio”: pedalee usted desde cualquier entrada del llamado “Malecón 2000” a los estacionamientos de bicicletas situados dentro y recibirá “admoniciones vehementes” de los guardianes privados de este espacio público, que suponen que debe usted entrar caminando, bicicleta a un lado, cual si fuera un perrito de metal. No es por cuidar los adoquines (pues, ¿cuánto daño podría causarles una bicicleta?), y entonces, ¿por qué este miedo a la libertad de pedalear unos metros? La compleja psicología de las simples mentes en guardianía (“yo solo cumplo órdenes superiores”) no ayuda a dilucidar este patético drama.

Yo supongo, entre otras cosas, que se debe a nuestra escasa cultura ciclística, misma que debe fortalecerse. Para ello no es necesaria la imitación de los lejanos estándares europeos con sus ciclovías, estacionamientos para bicicletas y efectiva regulación… sencillamente porque tales atributos no son para nada privativos de Europa: en varias ciudades de América Latina (Lima, Antofagasta, Buenos Aires, Cúcuta, etcétera) los gobiernos centrales y seccionales los comparten.Ejemplos: Chile, con el Conaset (Comisión Nacional de Seguridad de Tránsito) o la vecina Bogotá, con su Alcaldía Mayor mantienen exitosas políticas públicas a este respecto, con cientos de kilómetros de ciclovías implementadas. En Ecuador, el artículo 148 del Reglamento a la Ley de Tránsito y Transporte Terrestres establece la obligación de construirlas; en Quito, existen políticas públicas que favorecen el uso de bicicletas y también algunos cantones ya tienen ordenanzas que propician su creación: los orientales Napo y Pastaza, el cantón Quito… ¡y el cantón Guayaquil! La Ordenanza de Circulación del Cantón Guayaquil que firmó el alcalde Nebot el 8 de febrero del 2001, que se publicó el 22 de marzo de ese año, establece en su artículo 10: “Ciclovías.- El Concejo Cantonal podrá establecer en la vialidad de la ciudad carriles para uso exclusivo de bicicletas […]”. Estamos expectantes de que la M.I. Municipalidad cumpla entonces con la palabra que empeña.

Porque sobran, por supuesto, las razones para hacerla realidad: vialidad, ecología, ahorro, rapidez, salud. En Vietato…, ante el desprecio a las bicicletas, Cortázar fabuló lo improbable: “No ocurra que las bicicletas amanezcan un día cubiertas de espinas, que las astas de sus manubrios arremetan en legión contra los cristales de las compañías de seguros, y que el día luctuoso se cierre con baja general de acciones, con luto en veinticuatro horas, con duelos despedidos por tarjeta”. Improbable y también innecesario: hoy existen en el Municipio de Guayaquil los planes para fortalecer la cultura ciclística mediante la implementación de bicivías (nombre local para las ciclovías) y bicipaseos (como aquel que organizó el Municipio en septiembre del 2006) y solo falta que se aplique esa latente voluntad para que empecemos a recorrer el camino que va desde la retórica a la bicicleta.

Crónica de Medellín

24 de febrero de 2007

Publicado en diario El Universo el 24 de febrero de 2007.

*

Una mendiga de ojos azules me indicó el camino a Sabaneta, en la periferia de Medellín. Ella tenía una cruz en la frente, pues era miércoles de ceniza; me dijo que yo tenía un parecido a la imagen del Corazón de Jesús. Presumo que se equivoca. Yo, de corazones, sé que algunas piensan que no lo tengo (y por supuesto exageran) y sé bien que algunas madrugadas no lo tienen. Un inventario de esas madrugadas incluiría los primeros cinco días en Medellín, donde un grupo de amigos alquilamos un departamento en un piso sexto desde cuyo ventanal avistamos todos los días el canalla sol del amanecer, siempre entre risas y copas y en compañía variada, desde holandesas trashumantes y ecuatorianas de la generación del reggaeton, pasando por ex que tuvieron presente en otras manos y pacientes vecinos del 603, hasta artistas plásticas y chicas de plástico y satisfactoria silicona. En Medellín, las mujeres tienen necesidades y saben satisfacerlas: conocen la ley del deseo y la obedecen con cívico fervor. Nuestro apartamento quedaba cerca de un parque cuyo nombre le rinde homenaje a un tal Lleras, que es el epicentro de todo este terremoto de placeres.

Pero esta parte de mi narración representa solo un fragmento de la ciudad; tengo la firme convicción de que las ciudades se las conoce solo cuando se las transpira. Me agencié una bicicleta y recorrí gran parte de la ciudad con ella. En muchos aspectos me recordó a Guayaquil (caos en las calles, poco respeto al ciclista) pero, cuando menos, tienen una incipiente red de ciclorrutas y todos los martes, jueves y domingos se realizan, auspiciadas por el gobierno local, ciclovías. Me interesó caminarla y conversar con sus ciudadanos de a pie y tratar de entender cómo sienten el tránsito de la ciudad, desde que fuera trabajada por la violencia de la cultura traqueta y los sicarios (literaturizada, entre otros, por Jorge Franco en "Rosario Tijeras" y Fernando Vallejo en "La Virgen de los Sicarios") hasta esta ciudad de hoy, no solo segura sino en extremo amigable para quienes la visitan. Porque, valga decirlo, no se trata solo de la proverbial amabilidad de los paisas o de los parques abiertos donde puede (cosa imposible en Guayaquil) uno sentarse a gusto y tomarse una cervecita o de la existencia del pulcro y eficaz metro, orgullo de la ciudad. Se trata, mucho mejor aún, de la existencia de políticas públicas inclusivas; punto para el cual, sirva a manera de ejemplo, mencionar el Encuentro Medellín 2007, con el cual el Museo de Antioquía propone "distintas nociones de espacio, para generar la circulación de personas, proyectos artísticos y concepciones culturales diversas [porque] para Medellín, ciudad que ha vivido profundas y dolorosas mutaciones, la hospitalidad puede [entendérsela] como una posibilidad de restablecer el lazo social, al hacer notar como cada uno de nosotros es el ‘otro’ de alguien más". Examinen la página; cuando la comparo con las políticas del Maac se me pianta un lagrimón, como cantaba Gardel (tan querido aquí, donde murió en junio de 1935 y donde puede cantárselo en las cantinas del barrio Manrique) en la célebre Melodía de Arrabal.

Podría continuar con mi crónica; pero la introducción en quinientas y pocas palabras de las vivencias en cualquier ciudad es imposible. Esta ciudad multiplica esa imposibilidad. Yo sigo en Medellín. ¿Será que se nota que se me hace un poco difícil volver?