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La oportunidad de cambio llegó

12 de mayo de 2023

            Publicado en diario Expreso el viernes 12 de mayo de 2023.

La marcada decadencia del PSC en Guayaquil en estos últimos cuatro años posibilitó que haya cambio en la administración de la ciudad. Casi 31 años después de aquel lejano 10 de agosto de 1992 cuando León Febres-Cordero inició el rescate de una ciudad viciada de roldosismo, en este Guayaquil del 2023 y dado su brutal declive, la administración que empieza Aquiles Álvarez tendrá como misión un nuevo rescate.

Por necesidad, el camino a recorrer por la administración de Aquiles Álvarez debe ser el opuesto al que transitó el PSC, en dos aspectos fundamentales. Tan fundamentales que atañen a nuestra vivencia de la ciudad y a la supervivencia misma de la ciudad.

El primero de ellos: el nuevo modelo de administración de la ciudad debe orientar su atención a los sectores populares de una manera planificada y técnica. Contrario a lo que muchos quisieron creer cuando valía el catecismo del éxito de la administración del PSC en Guayaquil, en esta ciudad existen amplios sectores que viven en un casi total abandono de equipamiento urbano. Si se quiere cambiar la convivencia en Guayaquil, estos sectores tienen que ser atendidos de manera prioritaria, con mucha inversión social, planificación y políticas públicas basadas en la evidencia.

Este cambio es necesario, porque no es sostenible vivir en una ciudad en donde uno tiene que planificar sus salidas a la calle como unas experiencias de supervivencia.

El otro aspecto fundamental: el nuevo modelo de administración de Guayaquil tiene que tomarse en serio las amenazas que la ciudad tiene por las inundaciones que ya sufre. 

Esta temporada de lluvias ha sido muy decidora de la situación de la ciudad. No es que ella no haya sido conocida por las autoridades, porque la propia alcaldía de Guayaquil encargó el año 2017 a unos expertos de la Corporación Andina de Fomento (CAF) la elaboración de un informe que se tituló: “Vulnerabilidad y adaptación al cambio climático en Guayaquil”. Allí se describió una situación crítica: muchos sectores de alta vulnerabilidad, y muchísimas industrias, comercios, centro de salud e instituciones educativas con una alta probabilidad de empezar a ser sub-acuáticas. 

Por fortuna, el citado informe del año 2017 contiene también unas medidas para la adaptación al cambio climático muy razonables y oportunas para enfrentar estas graves amenazas que sufre Guayaquil. Este informe propone una serie de medidas para reforzar la capacidad adaptativa así como medidas de adaptación verdes, híbridas y grises, que se las desarrolla con mucho detalle: la justificación de cada medida, su alcance, objetivos y finalidad, el potencial, los costos estimados y la duración prevista, además de un análisis de las oportunidades y barreras para su aplicación.  

El final de la administración de Nebot y toda la administración de Viteri ignoraron, casi en su totalidad, las medidas propuestas por la CAF el año 2017. Así, queda casi todo por hacer en un tema que atañe a la supervivencia misma de la ciudad. Y si no se toman importantes medidas, como las que se recomendaron en el informe de la CAF, a este año 2023 lo recordaremos como apenas los arrabales del infierno.

La oportunidad de cambio llegó y hay un rescate por hacer.

35º de subdesarrollo

5 de enero de 2020


La siguiente observación de Leopoldo Benítez Vinueza sobre Guayaquil, escrita al inicio de “Ecuador: drama y paradoja”, demuestra todo lo mal que lo hemos hecho en esta ciudad:

“Por la sombra grata de los soportales, pasea desde la tarde el viento marinero que viene recorriendo las áridas llanuras con los pies mojados de humedad salubre como el viento homérico de la Ilíada. Y a pesar de que su nombre evoca ideas de calor sofocante, [en Guayaquil] la temperatura no sube ni aun en la época húmeda y caliente a más de 35 grados centígrados en horas de la tarde”.

Esto, ahora, es pura ciencia ficción. El extraordinario libro “Ecuador: drama y paradoja” de Benítez Vinueza fue publicado el año 1946. Desde entonces, Guayaquil ha crecido como una gran mancha de cemento, proceso que durante las administraciones del PSC de León Febres-Cordero y de Jaime Nebot se acentuó mucho: cada vez eran menos árboles y más adoquín (¿más ciudad?). Esto seguro le dio billete a los promotores de palmeritas y adoquines asociados al PSC, pero elevó la temperatura de la ciudad en varios grados centígrados. Hoy es bastante común, en días de invierno, que la temperatura de Guayaquil esté por encima de los 35 grados.

Y este cambio, realmente, es posterior a 1946. Un error de las últimas tres generaciones de habitantes que prefirieron la angurria por el billete a la planificación urbana.

Así, como se lo advierte en el prólogo de la edición  de “Ecuador: drama y paradoja” del año 1996, con ocasión de los 50 años de su publicación, en el Ecuador sigue existiendo una estructura injusta “que privilegia a una minoría a costilla de la gran mayoría”. Guayaquil no es una excepción a esta regla y las palmeritas y los adoquines son un claro ejemplo de esto: hay una minoría que se ha hecho una pila de plata (“Capitalismo de Amigos”, que le dicen) con la consecuencia imbécil de convertirla a Guayaquil en un infierno, por un fenómeno que en la ciencia (esa desconocida local, porque huele a planificación) se llama el “efecto de isla de calor”.

Y para comprender el “efecto de isla de calor” (“Heat Island Effect”) que se está viviendo en Guayaquil, esta explicación del arquitecto Eduardo McIntosh es muy clara:

“… la mayoría de zonas transitables en la ciudad han sido progresivamente despojadas de su cobertura arbórea. Los nuevos proyectos de regeneración urbana, por algún extraño motivo, incluyen especies de insignificante cobertura, por ejemplo, las palmeras. Esta política del municipio ha incrementado la incidencia del ‘Heat Island Effect’ en Guayaquil, que se da cuando las superficies sin cobertura arbórea como pavimento y veredas se calientan por la incidencia solar muchas veces hasta cincuenta grados centígrados más que el aire alrededor de ellas. Esta energía se acumula durante todo el día y permanece hasta la noche, aumentando la temperatura real de la ciudad. Este proceso aumenta el estrés de los ciudadanos, las enfermedades respiratorias, la elevación de gases invernadero y la elevación de gastos económicos y energéticos por el uso de aires acondicionados. Que en Guayaquil la incidencia del sol es inclemente es verdad y es exactamente esa la mayor razón para hacer algo al respecto”.

Guayaquil es una ciudad mucho más calurosa, porque no se ha sido desarrollada en beneficio de sus habitantes, sino de la privilegiada minoría vinculada al sector de la construcción, del que surgió el propio Alcalde Nebot. Su crecimiento, en consecuencia, ha producido una gran mancha gris, de escasas áreas verdes.

Dos botones de muestra:



Guayaquil, ya fue dicho, está repleta de giles que se creen sabidos. Ellos son totalmente incapaces de adjudicar el calor extremo que padecen día a día a las malas administraciones de la ciudad que habitan.

Y esta incapacidad, dado el número de giles, es uno de los motores de nuestro subdesarrollo.

30 Seconds to Shit

19 de mayo de 2018


Esta entrevista que le hizo Walter Ruiz Jaén al alcalde Jaime Nebot Saadi es rara, por dos razones. Primero, porque es una de las entrevistas menos orquestadas que he visto que le hayan hecho al alcalde Nebot (a ratos se lo sintió hasta incómodo) (1). Segundo, porque en 30 segundos (16:25-16:55) explicó su modus operandi en materia de ciclovías (se le agradece la concisión).  


El entrevistador, voz del fútbol en Diblú, le preguntó al alcalde Nebot por esa construcción de la calle Junín que “estrecha” la calle.

Fue allí que Nebot explicó en treinta exactos segundos (16:25-16:55) el modus operandi de su administración, compuesto de tres prácticas:

1) La regresión a los derechos de los ciclistas

“Mi decisión de que eso no se hag… eso era el intento de hacer en la calle Junín una ciclovía. Y yo me opuse a eso”

N.B.: Pero, claro, son “un solo equipo por las ciclovías”. JAJAJA.

2) La propaganda municipal

“Y eso generó un malentendido, gracias a Dios hoy aclarado con la gente que hace ciclismo. La gente que hace ciclismo sabe que yo propicio la Metrovía, perdón, la Aerovía, eh, las ciclovías”.

N.B.: Esta es la utilidad de los ciclistas sentados alrededor del alcalde: propaganda. Que se le crucen en el cerebro las palabras “Metrovía” y “Aerovía” antes de poder pronunciar “ciclovías”, es un lapsus bastante decidor.

3) La mentira a los ciclistas

“El propio puente en el que Ud. trota [el recién inaugurado puente que conecta Guayaquil con Samborondón] sabe que tiene ciclovía”.

N.B.: Las ciclovías que ha hecho la alcaldía de Guayaquil son dispersas y anti-técnicas, sin planificación ni utilidad. En general, están mal hechas. El ejemplo de ciclovía que le ofreció Nebot a Ruiz es una confirmación de esto. Un ciclista, que seguramente no será de los sentados a la derecha de nuestro alcalde, ha escrito lo mal que esa ciclovía está: un total desastre.

(1) Por supuesto, Ruiz está muy lejos de hacer una entrevista incisiva y documentada (por ejemplo, se come entero el amague de la ciclovía del nuevo puente). Pero en comparación a los otros que lo suelen entrevistar los miércoles, es Philip Adams.

Metrovía: el tamaño de su mediocridad

20 de agosto de 2017


A fines del 2015, un usuario describió lo que se vive en la Metrovía:

Esto, cuando el pasaje costaba todavía 25 centavos. Subió el precio, pero su servicio sigue igual de malo.

El servicio de la Metrovía sigue siendo igual de mediocre a lo descrito por este usuario. Y se pone peor.

A efectos de formarnos criterio, abandonemos por un momento el conformismo (que cuenta en Jazmín con una de sus más altas exponentes) imperante en los habitantes de Guayaquil para calificar a la Metrovía (1), para entrar a compararla con los demás sistemas de Bus Rapid Transit (BRT) del mundo. El Bus Rapid Transit Standard califica en oro, plata y bronce el desempeño de los BRT a nivel mundial. Y en este contexto, la muy mediocre Metrovía de Guayaquil nunca ha dejado de ser lo más bajo en esta escala: “bronce”.

Antes de que algún acomplejado diga que el “oro” es el patrimonio de los BRT europeos, que se sepa que nada más en la vecina Colombia, el Transmilenio de Bogotá y el Metroplús de Medellín reciben “oro” por sus sistemas BRT. La diferencia entre estos BRT colombianos y el BRT de Guayaquil (alías, “la Metrovía”) está en una mejor administración de los recursos, sujeta a una inteligente planificación.  

Porque en Guayaquil, la planificación fracasó. Piénsese en el siguiente dato: el día que se inauguró la Metrovía, 29 de julio de 2006, el alcalde de Guayaquil anunció que las primeras tres troncales de este sistema BRT iban a estar listas para el año 2008. Resultó una mentira colosal: recién en febrero del 2013 entraron a funcionar las tres troncales que entonces se ofrecieron.


Y se pone incluso peor: en la que fue su planificación, la Alcaldía de Guayaquil pretendía que para el año 2020 la Metrovía iba a contar con un total de siete troncales. Con casi diez años de retraso, todavía está en la lucha por empezar la cuarta. Y de las otras tres, mejor olvídense (2).

Tal es el tamaño de su mediocridad.

(1) En mi opinión, el guayaquileño tiene anestesiado el sentido crítico sobre lo que sucede en su ciudad: ‘Guayaquil y la crítica’.
(2) En una entrevista radial, le preguntaron a Nebot por las siete troncales de la Metrovía. Dijo que las otras tres troncales “son muy chiquitas”. JAJAJA (¡cómo vende humo este pibe!).

Entrevista a una experta

3 de agosto de 2017


Blanca Moncada, periodista de diario Expreso, entrevistó a una doctora en arquitectura por la Escuela Técnica de Arquitectura de Sevilla y codirectora del Máster Laboratorio de la Vivienda del siglo XXI en la Universidad Politécnica de Cataluña, la argentina Zaida Muxí Martínez. Como todo persona que conoce de urbanismo y que no se deja vender gato por liebre, Muxí Martínez se dio cuenta enseguida que Guayaquil es un desastre.


1) Las críticas de Zaida Muxí Martínez a Guayaquil

* La gran extensión de la ciudad y su dispersión.

* La preeminencia absoluta del vehículo privado.

* La falta de planificación.

* La construcción de la ciudad orientada a la satisfacción del negocio inmobiliario.

* La autoridad municipal no cuida del espacio público.

* El malecón como un espacio recuperado para pasear a la manera de un centro comercial. “Guayaquil se ha abierto al río, pero de manera falsa”.

* La falsa sensación de seguridad por vivir en urbanizaciones cerradas.

* No hay calidad de vida en las aceras, no hay sombras, no hay pasos de peatones.

* La creación de urbanizaciones alrededor de una única vía de acceso (Samborondón, Vía a la Costa).

2) Las soluciones de Zaida Muxí Martínez para Guayaquil

* Controlar la expansión de la ciudad.

* Recuperar la planificación de la ciudad y tomar en cuenta la climatología y la participación los ciudadanos para llevarla a cabo.

* Trabajar en la igualdad social, la generación de oportunidades y la creación de variedad que haga atractiva a la ciudad.

* Comprar edificios vacíos en el centro, para habilitarlos y proponerlos para vivienda de estudiantes, a la manera de lo hecho por la Universidad de las Artes.

* El comercio debe volver a las calles.

* Potenciar el transporte público. Los peatones deben ser prioridad.

* Tener una buena relación con la ría.

3) El modelo de desarrollo de la Alcaldía de Guayaquil

El problema de fondo es el modelo de desarrollo de Guayaquil. La Alcaldía de Guayaquil sabe, porque encargó un informe a la Corporación Andina de Fomento (CAF), que el modelo de desarrollo impuesto en Guayaquil es un desastre: “lotes pequeños para la sviviendas, aceras y accesos estrechos, limitadas áreas verdes, y en general un aclara tendencia hacia la impermeabilización del suelo urbano”.

Pero eso no es lo peor. Lo peor, de acuerdo con los expertos de la CAF, es que el crecimiento de Guayaquil cuesta alrededor de US$7 millones por kilómetro cuadrado, mientras que si se utilizaran las iniciativas propias de una ciudad “verde, inclusiva y sustentable”, eso no solo que resultaría 6 veces más económico, sino que además resultaría una alternativa más eficaz para el control de las inundaciones que la alternativa de crecimiento que ha escogido la Alcaldía de Guayaquil.

El mensaje es claro: resulta contraproducente que la ciudad se expanda tanto, pero a su vez, esa expansión beneficia al sector inmobiliario y de la construcción. La ciudad invierte unas seis veces más de lo que invertiría para obtener un peor resultado que el que obtendría con la aplicación de unas políticas amigables con el ambiente y con los ciudadanos, como las que recomienda la CAF en su informe:

“Guayaquil ofrece condiciones inmejorables para desarrollar soluciones integradas en el diseño urbano que combine programas de vivienda, transporte, agua potable, alcantarillado, drenaje, residuos sólidos y medio ambiente [para] diseñar soluciones sustentables en el largo plazo”.

Pero que el PSC aplique este cambio es imposible. ¿La razón? Echaría a perder el negocio de las inmobiliarias y las constructoras (los socios naturales de un Alcalde que salió de entre sus filas).

En resumen: Guayaquil es una ciudad de unos pocos avivatos y unos muchos incautos (y ojo, escojo mis palabras).

4) Conclusión

El hiato entre esto que somos como ciudad y lo que debemos procurar hacer en Guayaquil es enorme. Y mientras más tiempo esté el PSC en el poder, más lejos estaremos de cambiar de rumbo. Porque el problema de fondo con el PSC es aquello (paradójicamente) de lo que más se vanagloria hasta ahora: su modelo de desarrollo.

Esto, porque el modelo de desarrollo aplicado por el PSC en Guayaquil te vende como una Disneylandia lo que realmente funciona como el Play Land Park. Y lo asombroso a estas alturas, realmente, es que haya tantos incautos que no puedan hacer la diferencia.

Crecimiento urbano: Guayaquil y Singapur

7 de julio de 2017

El guayaquileño tipo “tonto de derechas” (1) suele entusiasmarse con Singapur y lamentarse de que no se hayan adoptado unas políticas orientadas a parecerse a esta isla soñada.

Pero un detalle que se le suele escapar a este “soñador” es que si Guayaquil hubiese adoptado unas políticas como las singapurenses, el entorno en que vive sería muy diferente, puesto que Guayaquil y Singapur son dos ciudades de crecimiento urbano diametralmente opuesto. Mientras en Guayaquil los empresarios de la construcción son los que determinan el crecimiento de la ciudad (2) en Singapur la intervención del Estado en su crecimiento es tan brutal que el Estado dispone de tu dinero y determina con quiénes vas a vivir.

Así como se lo lee: el Estado dispone de tus ganancias para colocarlas en un fondo a cargo del Housing & Development Board (un órgano estatal) para el único propósito de que compres una vivienda, que una vez adquirida, sólo podrías vender para adquirir otra vivienda. El Estado no sólo que está emperrado en que tengas una vivienda, te guste o no (pues la libertad del que aporta el patrimonio para comprar la vivienda no interesa mayormente en esta decisión) sino que determina también con quiénes vas a vivir, con el propósito de asegurar la armonía racial de esta pequeña isla tropical. Así, en Singapur, en las viviendas públicas en las que vive el 80% de su población se tiene que reproducir la diversidad racial existente en la sociedad singapurense (3). 

Porque la vivienda pública también puede ser de excelencia. 50 y pico de años, en fotos.

Me imagino a los “tontos de derechas” de Guayaquil viviendo en una de las casas colectivas que tanto abundan en Singapur en la obligatoria compañía de los cholos, negros e indios que componen la diversidad racial de Guayaquil: sería gente en permanente y manifiesto horror por esa macabra dictadura impuesta por alguna variante guayaca del líder singapurense Lee Kuan Yew (1923-2015), artífice principal del cambio operado en el diminuto territorio que administró por 31 años como Primer Ministro (4).

(De hecho, Nebot es una variante guayaca de Lee Kuan Yew: un político autoritario de derechas de larga duración. La diferencia sustancial: mientras Lee Kuan Yew fue exitoso, Jaime Nebot se vende como exitoso. La diferencia entre ambos líderes es la misma que existe entre la realidad efectiva y la mera delusión, entre un líder visionario y un vendehumo).

En resumidas cuentas: mientras el crecimiento urbano en Guayaquil sigue la estricta lógica del mercado, que favorece a las empresas constructoras y fomentan las “distinciones odiosas” entre ciudadanos (con los adinerados encapsulándose para evitar interacciones con los de una condición social distinta), en Singapur el crecimiento urbano se lo hizo con una fuerte intervención gubernamental, a tal punto que el gobierno tiene la atribución de disponer no sólo de los dineros de los singapurenses sino también de determinar quiénes viven alrededor suyo.

Y al “tonto de derechas”, eso no le gustaría nadita.

(1) Tipo los que se dejan persuadir por los argumentos escolares de Gloria Álvarez, v. ‘Tonto de derechas: tuya es la Gloria’, Xavier Flores Aguirre, 17 de febrero de 2016.
(2)Guayaquil a la deriva’, Xavier Flores Aguirre, 28 de febrero de 2016.
(4) Se puede decir sin faltar a la verdad que a Lee Kuan Yew le importaba un soberano carajo si a los singapurenses no les llegaba a gustar estas, u otras de sus medidas, pues en su opinión: “Nosotros decidimos lo que es correcto, no importa lo que la gente piense”. No era lo que se dice un demócrata, Mr. Lee.

PSC = PRE (believe it or not)

6 de junio de 2017

En el imaginario popular de la clase media y alta de Guayaquil, el socialcristianismo es una superación radical del roldosismo. Algunos socialcristianos todavía se animan a lanzar, a manera de una defensa ante cualquier crítica a la gestión del PSC en la Alcaldía de la ciudad, la pregunta de si uno se acuerda de cómo era Guayaquil en los ochentas roldosistas.

Yo sí me acuerdo. Pero ese no es el punto.

El punto es que hacer esa defensa de la crítica a la gestión del PSC es asombroso, pues implica: A) aceptar que el parámetro para comparar la actuación del PSC durante su gestión en la Alcaldía de Guayaquil es lo que ellos consideran una gestión “de postración y de abandono” (1); B) continuar el uso de este “argumento” por un cuarto de siglo.

La “B” es un clarísimo abuso: si se trataba de rescatar a una ciudad de su postración y de su abandono, es claro que el compararla con aquello que se desea dejar atrás (desde 1992) debería tener una pronta fecha de caducidad. Una ciudad no busca compararse con un desastre: debe compararse, para ser cada vez mejor, con los estándares de excelencia urbana (2). Hacer como aquel socialcristiano que usa todavía este argumento resulta tan absurdo como enorgullecerse, siendo un equipo grande (un Boca Juniors, por ejemplo), de haberle ganado al Deportivo Quevedo en su reducto fluminense (¡?). Absurdo, rayano en la estupidez.

Ahora, bien se puede concordar con que el PSC es una superación parcial del PRE. Esto, porque sus formas son distintas. Muy distintas, como el agua y el aceite: aniñado vs. cholo, conservador vs. disruptivo, elitista vs. popular. Pero es únicamente una diferencia en las formas, en cuya comparación resultan “mejores” las formas del PSC. En lo realmente importante (al menos, para quienes no nos comemos los amagues), ambos estilos esconden una misma sustancia.

La misma sustancia del socialcristianismo y del roldosismo se cifra en lo siguiente:

1) Crecimiento urbano sin planificación.
2) Ineficacia en los controles de aspectos básicos de la administración.
3) Descuido grave en la protección del ambiente.

El crecimiento urbano de Guayaquil se ha hecho sin planificación municipal de ningún tipo (3). Los controles básicos a cargo de la Alcaldía de Guayaquil en las edificaciones y en la protección del ambiente, son incumplidos de manera escandalosa (4). Las consecuencias de esta ineficacia en los controles es que Guayaquil es hoy una ciudad vulnerable a terremotos e inundaciones (5).

Por supuesto, ni la falta de planificación, ni la ineficacia en controles básicos, ni la vulnerabilidad frente a terremotos e inundaciones son desastres que hayan empezado Nebot o Febres-Cordero, o incluso los Bucaram y sus secuaces. Son problemas que hemos arrastrado por varias décadas, y que se han vuelto particularmente graves desde el crecimiento urbano de Guayaquil como una mancha gris a partir de los años cincuenta del siglo pasado. El PSC no solo no corrigió este estado de cosas: las ha decisivamente empeorado. El resultado es un crecimiento urbano que (de no enderezarse de forma oportuna) tendrá consecuencias nefastas para el futuro de Guayaquil.

Alguna vez se dirá de este período socialcristiano de nuestra historia, que hemos guardado (hasta ahora, por casi un cuarto de siglo) un silencio bastante parecido a la estupidez.

(1) Esa fue la descripción que utilizó el alcalde Febres-Cordero en el video de 1992 en el que denunció “la forma cómo se manejaron los destinos de la ciudad en los últimos años”. 
(2) Los estándares a utilizar para juzgar la gestión del PSC deberían ser, por ejemplo, los de la organización de las Naciones Unidas especializada en ciudades, ONU Hábitat. Acerca de esos estándares, el Municipio de Guayaquil hace todo lo contrario: v. ‘Guayaquil y los espacios públicos (a la luz de ONU Hábitat)’, ‘La ciudad de papel’ y ‘Urbanismo responsable vs. Guayaquil (o tres desastres urbanos)’. De hecho, ONU Hábitat propone "todo aquello que Guayaquil no es", v. 'El mundo del revés: la Alcaldía de Guayaquil y Hábitat III'.
(3) La falta de planificación se explica por el modus operandi de la Alcaldía de Guayaquil: v. ‘Explicando el negocio de la Alcaldía socialcristiana’.
(4) El incumplimiento de las normas de construcción de las edificaciones se debe a que “el Municipio, lamentablemente, no teniendo el personal suficiente, no realiza los controles de los procesos constructivos, más allá de al final de la obra establecer si los metros cuadrados que se reportaron son los correctos”, según sostiene el Presidente de la Cámara de la Construcción de Guayaquil, Ing. Enrique Pita. De resultas de esta ineficacia, el 70% de las edificaciones de Guayaquil se han construido “de manera informal, sin un plano o estudio de por medio” y del restante 30%, “en la mayoría de casos no se ejecutaron los planos presentados”  (v. ‘Guayaquil: el terremoto de 1942 y nuestra situación actual’ y ‘¿Caso fortuito? El terremoto del 16 de abril en Guayaquil y la responsabilidad civil’). El incumplimiento de las normas de protección del ambiente se ha puesto en evidencia con un artículo reciente que publicó diario Expreso: Blanca Moncada, ‘475 empresas, en el Estero y sin licencia ambiental’, Diario Expreso, 4 de junio de 2017. En materia de áreas verdes, el discurso de la Alcaldía es simple y llanamente mentiroso: v. ‘La Alcaldía de Guayaquil y las áreas verdes’.
(5) En relación con las inundaciones a consecuencia del cambio climático, v. ‘Guayaquil a la deriva’ y ‘La posibilidad de una ciudad verde’.

Guayaquil y los espacios públicos (a la luz de ONU Hábitat)

3 de junio de 2016

"si no se hace nada para remediarlo, estos nuevos barrios serán lugares sin espacios públicos, explica Joan Clos, director ejecutivo de ONU Habitat. Sin plazas. Sin aceras anchas, aptas para la vida callejera. Sin edificios y transportes públicos –o, en todo caso, una dotación insuficiente de estos-. Con espacios comunes convertidos en jardines vallados o centros comerciales, privados de su función como lugares de realización de la vida social. Todo ello, por un crecimiento desordenado y unos Ayuntamientos que no lo han podido regular, por falta de voluntad o de recursos" (1).
 
De este párrafo inicial constante en una nota de diario El país de España sobre Habitat III, me quedo con la descripción y uno de los verbos. Con la descripción, porque esa ciudad desastrosa que se describió, de crecimiento desordenado, carente de espacios públicos y aceras anchas, deficiente en transportación pública, sobrante de jardines vallados y centros comerciales, es una descripción precisa de Guayaquil. Y así querida por su administración, porque Guayaquil es una ciudad en la que los malls son muestra de “calidad de vida”, según contó contento el alcalde en una publicidad (pagada con nuestros impuestos) en la revista Foreign Affairs (2).

El verbo con el que me quedo es “remediar”. Porque, a juzgar por lo mal que estamos a la luz de los estándares de ONU Hábitat, ese es el verbo que deberá aplicarse en los espacios públicos una vez terminado el período de este “populismo autoritario de derechas” que gobierna Guayaquil (3).

(1) David F. Guerrero, ‘Recetas para que las ciudades cuenten con espacioscomunes’, Diario El país (España), 6 de abril de 2016.
(2) Para Jaime Nebot, el mall es calidad de vida’, Xavier Flores Aguirre, 29 de noviembre de 2016.
(3) El discurso populista de la Alcaldía de Guayaquil (apelaciones continuas al pueblo y sus exaltaciones vacuas) es aupado por una prensa servil; el carácter autoritario de su gobierno es por su vertiente fascista (digno nieto de un lugarteniente del Generalísimo), v. ‘El fascismo municipal’, Xavier Flores Aguirre, 13 de enero de 2012; su orientación de derechas se manifiesta en cómo destina los recursos su administración, porque los servicios que presta no se entienden como derechos de los ciudadanos. Su práctica es que reciben mayores servicios, los que más recursos tienen. Para un análisis sobre esto, v. ‘Exigencias de equidad’, Arduino Tomasi & Isabella Romero, 29 de julio de 2013.

La ciudad de papel

18 de febrero de 2016


El organismo especializado de las Naciones Unidas para las ciudades (ONU Hábitat) describió, sin mencionarlo, el absurdo crecimiento de Guayaquil (1) y propuso alternativas que deberíamos razonar para enderezar su rumbo:
 

(1) El urbanista Eduardo McIntosh describió las deficiencias en la planificación de Guayaquil por la carencia de cuatro políticas clave: “(1) No hay una política que se enfoque en garantizar densidades mínimas para crear vida urbana eficiente, (2) una correcta y homogénea distribución de equipamiento urbano –áreas deportivas, parques, comercio, servicios, educación, instituciones–, (3) un correcto mix de usos del suelo que ayuden a crear sentimiento de comunidad y reduzcan el volumen del tráfico en la ciudad y (4) una real construcción de tejido vial distribuido que evite cuellos de botella urbanos.”, v. ‘Guayaquil: Drinking the Kool Aid’, Eduardo McIntosh, 13 de enero de 2014 [los numerales no son del original]. En Guayaquil, en materia de planificación, lo que podía ir mal, mal fue.

Planificación en Guayaquil: 'An error ocurred'

26 de enero de 2016


No es posible una respuesta más honesta.

La posibilidad de una ciudad verde

18 de enero de 2016


Publicado en diario El telégrafo con este mismo título el 18 de enero de 2016.

*

Las inundaciones en la ciudad de Guayaquil son un problema recurrente. Unos inviernos más, otros inviernos menos, pero en temporada invernal lo usual es que Guayaquil sufra de inundaciones. El alcalde ha dicho que la ciudad “está preparada para enfrentar cualquier eventualidad que pudiera ocurrir a consecuencia de las fuertes lluvias” (1).

Sin embargo, esta opinión del alcalde contradice el Diagnóstico del Sistema Ecológico Ambiental del cantón Guayaquil, que forma parte del Plan de Ordenamiento Territorial elaborado por la propia Alcaldía el año 2011 (2). Así, se trata de un documento oficial de la Alcaldía de Guayaquil, que el alcalde como su máxima autoridad no puede no tener en su conocimiento, salvo extrema negligencia. El diagnóstico ambiental del cantón Guayaquil consideró a las inundaciones como un riesgo grave y recomendó la construcción de obras para su prevención: “El riesgo de mayor importancia para el cantón es el riesgo de inundación, debiéndose prever en el futuro obras de control de inundaciones”.

El diagnóstico ambiental del cantón Guayaquil recomendó, entre otras, tres tareas que la Alcaldía debía emprender para la prevención de inundaciones. Dos son obras físicas: establecer bordes de protección de por lo menos 25 metros a cada lado de los cuerpos hídricos sin tratamiento de infraestructura y construir represas de marea ubicadas en el estuario. La tercera tarea es una reforma administrativa: “Es necesario que el departamento de Ambiente municipal replantee su esquema, incorporando una política de planificación de los recursos naturales conjuntamente con la oficina de planificación urbana de la ciudad”. Nada de esto se ha hecho.

Así, la “ciudad preparada” para enfrentar las fuertes lluvias sólo existe en la imaginación del alcalde. Esto, por dos razones. La primera, porque el diagnóstico ambiental elaborado por la Alcaldía de Guayaquil recalcó que la infraestructura de drenaje de la ciudad es deficiente, al punto de notar que “la vulnerabilidad provocada por la falta de sistemas de drenaje potencian el riesgo de inundación especialmente en las zonas populares y en las zonas urbanas consolidadas por exceso de agua, especialmente en las zonas cercanas a esteros y canales que son las zonas más bajas, y aquellos canales que se encuentran taponados o han superado su capacidad de carga de caudal”.

La segunda razón es la más importante: la Alcaldía de Guayaquil no ha puesto en práctica ni la reforma administrativa ni la construcción de las obras físicas que su propio diagnóstico ambiental le recomendó. Porque además de su deficiente prestación actual, el crecimiento del drenaje urbano de Guayaquil es costoso y poco sustentable en el tiempo. Para enfrentar las inundaciones, la opción de la Alcaldía de Guayaquil es la construcción de obras de canalización que aumentan la capacidad de los cauces para conducir el agua. Según un informe técnico especializado que la propia Alcaldía solicitó a la Corporación Andina de Fomento (CAF) y que elaboraron expertos internacionales en junio de 2013, esta opción de construcción cuesta alrededor de US$7 millones por kilómetro cuadrado, cuando las soluciones que incorporan el uso de los recursos naturales a la planificación del crecimiento urbano (como fue recomendado en el diagnóstico ambiental) no solo que son mucho más eficaces y sustentables que la opción escogida por la Alcaldía de Guayaquil, sino que son mucho más económicas, de alrededor de US$1 millón por kilómetro cuadrado (3). A esto hay que sumarle el que ninguna de las obras físicas recomendadas en el diagnóstico ambiental (esto es, ni los bordes de protección ni las represas de marea) han siquiera empezado a construirse. 

El problema de fondo es el modelo de desarrollo urbano de la Alcaldía de Guayaquil. En el informe técnico especializado antes referido se describió la ocupación urbana de Guayaquil de la siguiente manera: “lotes pequeños para las viviendas, aceras y accesos estrechos, limitadas áreas verdes, y en general una clara tendencia hacia la impermeabilización del suelo urbano”. Una ocupación urbana hecha de esta forma es la evidencia plena de un modelo de desarrollo urbano despreocupado por lo ambiental. Este dato es alarmante por varias razones, pero debería serlo en especial por una: por los daños materiales y humanos que las inundaciones, presentes y futuras, pueden ocasionar a nuestra ciudad.

Porque este no es un asunto para tomarlo a la ligera. Una investigación que se publicó en la revista Nature Climate Change en agosto de 2013 titulada ‘Future flood losses in major coastal cities’ [Futuras pérdidas por inundación en las grandes ciudades costeras] encontró que Guayaquil es una de las ciudades en el mundo peor preparadas para enfrentar las consecuencias de las inundaciones. La ciudad tendría un promedio estimado de pérdidas anuales por causa de inundaciones de alrededor de US$3000 millones en el año 2050, escandalosa cifra que sitúa a Guayaquil como la cuarta ciudad a nivel mundial con el estimado más alto de pérdidas anuales de entre 136 ciudades costeras sometidas a análisis. Este escenario de pérdidas anuales se daría siempre que las autoridades de Guayaquil ejecuten las necesarias medidas de adaptación para prevenir las consecuencias de las inundaciones, que es precisamente lo que la Alcaldía de Guayaquil no ha hecho. Si este escenario de irresponsabilidad se mantiene, la investigación advierte claramente que ello “resultaría en pérdidas inaceptablemente altas” para la ciudad (4).

La Alcaldía no ejecuta lo que su diagnóstico ambiental le ha recomendado por razones de cálculo político. No tanto porque las obras para la prevención de inundaciones requieran una inversión que podría interpretarse como un gasto innecesario (pues la prensa privada no problematizaría este hecho) sino porque tendría que cambiar el modelo de desarrollo urbano que tantos millones le cuesta a la Alcaldía (o mejor dicho, a los habitantes de Guayaquil). Esto último implicaría dos cosas: la primera, desdecirse de su discurso del ‘otro es el culpable’ (dragado) y el ‘Dios no quiera’ (marea alta), lo que representaría un costo político. La segunda y la más importante sería la reversión del sistema de desarrollo urbano que funciona para los intereses de la Alcaldía, aún cuando no para las necesidades de los ciudadanos (ni presentes ni futuros) a los que la Alcaldía dice servir.

Por supuesto, sería injusto decir que la Alcaldía no ha hecho nada. En una de sus cadenas de los días miércoles, el alcalde enfatizó que su Alcaldía llevaba “año y medio trabajando en obras y planificando” para enfrentar los riesgos de inundaciones. Un periodismo responsable cuestionaría a la máxima autoridad de la ciudad el contenido de esas acciones y le preguntaría cuáles son esas obras y en qué consiste esa planificación. Porque si la respuesta del alcalde es que tales obras son la ampliación de la red de drenaje urbano y tal planificación es para continuar con el patrón de ocupación urbana que se ha descrito en párrafos anteriores, el que esa sea la respuesta es, precisamente, el problema. Y es que, en rigor, el alcalde no podría responder otra cosa.

La solución es hacerlo distinto a lo que ha hecho la Alcaldía de Guayaquil. La ciudad debe cambiar su modelo de desarrollo urbano porque es y será cada vez más evidente, por el cambio climático y los riesgos de la inundaciones, que tiene notorias deficiencias. En el informe técnico encargado por la Alcaldía de Guayaquil, los expertos internacionales le recomendaron a la Alcaldía convertirse en “una ciudad líder en la gestión verde, inclusiva y sustentable en América latina” porque tiene la real posibilidad de hacerlo: “Guayaquil ofrece condiciones inmejorables para desarrollar soluciones integradas en el diseño urbano que combine programas de vivienda, transporte, agua potable, alcantarillado, drenaje, residuos sólidos y medio ambiente [para] diseñar soluciones sustentables en el largo plazo”. Y es que a largo plazo, ése es el camino a seguir.

En lo inmediato, la Alcaldía de Guayaquil debería emprender obras físicas para enfrentar los riesgos de las inundaciones. Porque no es cierto que lo único que puede hacerse es el dragado del río Guayas, ni tampoco lo es el que estemos condenados a soportar daños, humanos y materiales, cuando llueve y coincide con la marea alta. Nada de eso es cierto, porque hay varias acciones que se pueden emprender para enfrentar los riesgos de las inundaciones, que son de entera responsabilidad de la Alcaldía: por ejemplo, se pueden construir obras estructurales como diques, bordes de protección, represas de marea y embalses, así como también adoptarse medidas de prevención y reducción de la vulnerabilidad económica y social de la población.

Todas estas son acciones de entera responsabilidad de la Alcaldía contempladas en el informe técnico y en el diagnóstico ambiental y, por lo tanto, en el conocimiento de las autoridades de la Alcaldía de Guayaquil. Si no las han querido hacer, ha sido por falta de voluntad política. Y la única estrategia para revertir esta realidad contraria a la posibilidad de una ciudad verde, inclusiva y sustentable es la exigencia organizada de la ciudadanía, que proponga un debate y un curso de acción diferente para el presente y el futuro de la ciudad. El fenómeno de El Niño promete (curiosa paradoja) avivar el fuego de este necesario debate con sus lluvias.

(1) Alcalde Nebot: La ciudad está preparada para enfrentar el presente invierno, Blog oficial de la Muy Ilustre Municipalidad de Guayaquil, 7 de enero de 2014; una opinión en análogo mismo sentido, de fecha más reciente: “Tenemos año y medio trabajando en obras y planificando. No hagamos política de esto”, v. El mal tiempo amenaza siete provincias, Diario El telégrafo, 14 de enero de 2015.
(2) Este documento se lo puede encontrar en Internet en este enlace, aunque también está alojado (curiosamente, con acceso restringido) en la página web de la Alcaldía de Guayaquil.
(3) Mejía Betancourt, Abel, Morelli Tucci, Carlos Eduardo, Bertoni, Juan Carlos, Cabezas Vélez, Gabriel 2013, La inundación deGuayaquil en marzo 2013. Opinión de expertos internacionales, Cooperación Técnica de CAF, Informe gerencial [17 de junio de 2013].
(4) No es improbable que de verificarse este escenario catastrófico, haya muchos guayaquileños incapaces de relacionarlo con este período administrativo de su ciudad. Como lo advirtió Tomás Gutiérrez Alea en su película Memorias del subdesarrollo, “una de las señales del subdesarrollo: incapacidad para relacionar las cosas, para acumular experiencia y desarrollarse”.