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Edificio en ruinas

16 de agosto de 2024

            Publicado en diario Expreso el viernes 23 de agosto de 2024.

En la Convención de Ambato de 1835 el primer Presidente de la República del Ecuador, el guayaquileño Vicente Rocafuerte, dirigió estas duras palabras a los diputados del pueblo ecuatoriano allí reunidos: “¿Existe entre nosotros esa pura moral de la que nace el espíritu público? Es duro decirlo, pero es preciso confesar que nó. ¿Estamos al nivel de las luces del siglo? Nó. ¿Hay comodidad, desahogo o instrucción en la masa del pueblo? Nó. Luego faltan los fundamentos en que debe apoyarse el edificio democrático”.

Casi dos siglos pasaron desde esa Convención que fundó una república, y los fundamentos de su “edificio democrático” han variado en la forma, pero no en el fondo. O al menos no para bien.

Hoy, el “edificio democrático” que refirió Rocafuerte en su alocución está corrompido (lo ha estado casi invariablemente desde aquel lejano 1835). En cuanto a las variaciones de forma, se convirtió a las elecciones en un proceso organizado por un órgano especializado (desde la aprobación de la Constitución de 1945) y se convirtió en obligatorio el voto de los ciudadanos (desde la aprobación de la Constitución de 1946). En lo de fondo, hoy, este órgano especializado no controla si la corrupción penetra en el proceso electoral. Y para legitimar la situación, se nos obliga a los ecuatorianos a sostener este sainete siniestro con el voto.

La preocupación del presidente Rocafuerte en 1835 era que los ecuatorianos no gozaban de las condiciones necesarias para hacer el bien a su Patria. Nuestra preocupación, casi dos siglos después, debe ser que el “edificio democrático” que se ha erigido en el Ecuador se ha asentado en un sistema electoral que permite que algunos ecuatorianos le hagan el mal a su Patria. 

Nuestro sistema electoral favorece la producción de este sainete siniestro. No impide que los movimientos y partidos políticos sean una mascarada sin asomo de ideología, ni que sus elecciones primarias sean una burla sin asomo de participación (salvo la gente como parte del decorado). Es decir, en el sistema electoral ecuatoriano no importa que los movimientos y partidos políticos hagan un sainete de la elección de las autoridades. Lo realmente grave, sin embargo, es que el sistema electoral está permitiendo ahora que ese sainete merezca la calificación de siniestro, pues se confiesa incapaz de controlar los fondos que ingresan para el financiamiento de los movimientos y partidos políticos. 

Esta falta de control en el financiamiento es siniestra, pues para nadie es desconocida la presencia e influencia en la sociedad ecuatoriana de los grupos de delincuencia organizada. Se han infiltrado en las instituciones, corrompido a sus autoridades y ocupado territorios en los que el Estado está vedado de intervenir, y se imponen por el terror o por la muerte. 

Que el Estado esté inerme frente a la posibilidad de que ellos financien las candidaturas de las autoridades, sólo nos augura un futuro siniestro, uno en que la misión básica del Estado de proteger a los habitantes de su territorio se subvierte para poner al Estado al servicio de quienes agreden a los habitantes de su territorio.

Casi dos siglos después, y estamos peor que como empezamos. Y conste que empezamos mal.

Las elecciones de 1809

13 de enero de 2023

            Publicado en diario Expreso el viernes 13 de enero de 2023.

En la América española, las primeras elecciones ocurrieron el lejano año 1809. El historiador François-Xavier Guerra ha destacado la importancia de estas elecciones: “antes incluso que en la España peninsular, América entera es llamada a las urnas en un proceso electoral que, por tener lugar a escala de un continente, no tiene precedentes en la historia mundial”. 

Estas elecciones fueron para elegir los diputados a la Junta Central Suprema y Gubernativa del Reino, órgano constituido en Aranjuez el 25 de septiembre de 1808 para gobernar en nombre y en lugar del rey de España. La Junta Central era, hasta el retorno del rey, la “depositaria de la autoridad soberana”. En la península, ella se integró con los delegados de las juntas provinciales constituidas tras las abdicaciones de Bayona (la primera, la Junta de Asturias, creada el 25 de mayo de 1808).  

Por real orden del 22 de enero de 1809, la Junta Central invitó a los españoles de América a que elijan nueve diputados, a razón de uno por cada Virreinato y cada Capitanía General (también hubo un diputado por Filipinas, por ser Capitanía General). Este número evidenciaba una desigualdad en la representación: la península tenía treinta y seis delegados (a razón de dos por cada junta provincial) mientras que para toda América se tenía nueve diputados. 

El procedimiento de votación fue corporativo y de dos niveles. Primero, los cabildos de las ciudades principales votaban para elegir tres personas, entre los que se sorteaba después a uno. Hechas todas estas elecciones, el virrey o el gobernador, a partir de estos nombres, repetía el proceso. Él designaba una terna y después se sorteaba a uno. El favorecido por la suerte se convertía en el diputado a la Junta Central, que tenía sede en Sevilla. Allá debía él viajar. 

Cosa curiosa: para esta elección, la provincia de Quito integró el Virreinato de la Nueva Granada, mientras que las provincias de Guayaquil y Cuenca integraron el Virreinato de Lima.

Como ciudad principal que era del virreinato de la Nueva Granada, Quito designó como su representante al quiteño Juan José Arias-Dávila Matheu, conde de Puñonrostro. Pero en la elección que se celebró el 16 de septiembre de 1809 en la capital virreinal (Santa Fé), el conde quiteño perdió. La suerte lo favoreció al cartagenero Antonio de Nárvaez.

Cosa contraria le ocurrió a Guayaquil. Su cabildo designó a su representante, el sacerdote guayaquileño José de Silva y Olave, residente en la ciudad de Lima y chantre de su catedral. En la elección que se celebró el 19 de septiembre de 1809 en la capital virreinal (Lima), la suerte lo favoreció a él. Y pronto Silva emprendió su viaje a la España peninsular para integrar el órgano que gobernaba en nombre y en lugar del rey de España. Lo hizo en compañía de su sobrino y secretario, José Joaquín de Olmedo. En diciembre de 1809, ellos partieron desde Guayaquil rumbo a Sevilla.

La disolución de la Junta Central Suprema y Gubernativa del Reino el 30 de enero de 1810, por la caída de Sevilla en manos francesas, los pilló a Silva y Olmedo en la Ciudad de México. Disuelta la Junta Central, el resto de su viaje era ya innecesario. 

Pegaron la vuelta.

Elecciones con un twist perverso

6 de enero de 2023

            Publicado en diario Expreso el viernes 6 de enero de 2023.

En la América española, las primeras elecciones ocurrieron el lejano año 1809. Un historiador que las estudió, François-Xavier Guerra, definió a los partidos políticos que participaron en ellas como “redes de hombres unidos por vínculos muy diferentes (de parentesco, de compadrazgo, de clientela, de interés, de origen geográfico común), que se definen ante todo por su oposición a una red rival”.

En el Ecuador, más de 200 años después, esta definición sigue siendo útil para caracterizar a partidos y movimientos políticos. Casi sin excepción, ellos no se definen por una ideología, se definen ante todo por la oposición a un rival. Así, su preocupación mayor no es servir a la población con leyes y políticas públicas afines a su ideología, pues lo que realmente les preocupa es ocupar los espacios de poder en detrimento de su rival. Esto, en la práctica política ecuatoriana, desemboca en el “reparto de la troncha”.

Observadores internacionales de las elecciones ecuatorianas, como la misión electoral de la Organización de los Estados Americanos (OEA), han señalado los graves problemas que tiene el Estado del Ecuador para la fiscalización y el control del financiamiento privado a las candidaturas. Desde la OEA se ha recomendado al Estado que fortalezca las capacidades del órgano de control electoral (el CNE) y sus facultades para detectar las infracciones a las normas sobre financiamiento privado a las candidaturas y aplicar las correspondientes sanciones. En cada elección, la OEA reitera esta recomendación, pero invariablemente el Estado del Ecuador la ignora.   

Que no se ha hecho ni se hará nada en materia de fiscalización y control del financiamiento privado a las candidaturas quedó claro en la entrevista a uno de los consejeros del CNE publicada en este diario el 1 de enero. Ante una pregunta sobre la posibilidad de un financiamiento privado con “dineros irregulares”, el consejero Enrique Pita respondió que ello “rebasa nuestra responsabilidad”, al tiempo que reconoció que “los recursos que se justifican ante el CNE son ínfimos respecto a la gran cantidad que se utilizan en una campaña”, para formular entonces la siguiente pregunta: “¿quién invierte tanto y por qué para un puesto que, muchas veces, no compensa el sueldo?”. Él mismo se la respondió: “comenzamos a mirar que posiblemente haya intereses que no guardan necesariamente relación con lo electoral y con el servicio”.  

Así, tenemos dos malos elementos: un CNE sin capacidad de fiscalización y control de los “dineros irregulares” que financistas privados aportan a las candidaturas y muchos candidatos sin ideología ni voluntad de servicio. Es muy probable que, si esos candidatos llegan a ocupar un cargo público, devuelvan los favores a los financistas privados que hicieron posible su triunfo. Esto es el “reparto de la troncha” en acción. 

Éste ha sido el funcionamiento del sistema político-electoral ecuatoriano durante muchos años, pero ahora se añade un twist perverso: el narcotráfico. En este nuevo escenario, la habitual ineficacia del Estado para fiscalizar y controlar los “dineros irregulares” puede causar la máxima perversión de la democracia: políticos funcionales al crimen organizado.

La conducción suicida del PSC

28 de enero de 2021


Una canción del Sabina de Física y química decía ‘¿cómo te has dejado llevar a un callejón sin salida? El mejor dotado de los conductores suicidas’. La frase describe muy bien este momento final del PSC, de cara a las elecciones del 7 de febrero. El implícito conductor suicida es Nebot.

 

Hasta antes de Octubre del 2019 el PSC iba raudo por la autopista a la Presidencia de la República, pero a febrero de 2021 se avizora que el PSC se estrellará contra un muro. Tiene todo en contra: su líder capo di tutti capi declinó participar, su partido no tiene candidato presidencial propio, su alianza + 65 no tiene fuerza y el sistema electoral no le permite a los votantes la elección entre listas, únicamente en plancha, lo que deja casi en su militancia a los que harán el esfuerzo de votar por el PSC.

 

Así, el PSC volverá a sufrir otro mazazo electoral. Antes le ha pasado, pero el PSC, guiado por Nebot, se pudo recomponer. Ahora, ya sin Nebot, ¿podrá nuevamente hacerlo? ¿O es que estamos presenciando el último viaje electoral de esta legendaria formación política, el encuentro con su muro final?

 

Amanecerá y veremos, pero me late a que sí, que presenciamos su último viaje.

La derecha ecuatoriana en su laberinto (part deux)

16 de diciembre de 2020

La facción de derecha de nuestra tormentosa política tenía a mediados del 2020 tres opciones para las elecciones del año venidero, todos aniñados/millonarios guayacos. Su carta principal, el capo di tutti capi de la facción, decidió no participar*. Quedan Álvaro Noboa (si lo dejan) y Guillermo Lasso**.

 

G. Lasso la tiene difícil en esta elección (v. ‘Tres razones para que Lasso sea tercero’). La gran ventaja de Álvaro Noboa sobre Guillermo Lasso es que resulta más difícil vincularlo a Noboa con el Gobierno de Lenin Moreno. Hoy, ni la gente de su movimiento, ni su mentor Larrea, ni nadie, desea asociarse con Lenin Moreno: es el apestado, jediondo a caca, de la política nacional, y se huye de él como de la peste. Pero en la memoria popular, Lasso está asociado a Moreno. ¡Y cómo lo jode!

 

Álvaro Noboa, en cambio, tiene la desventaja de no ser sordomudo. Creo que si se vistiera con una camiseta de mangas largas que le cuelguen de sus bracitos y se comunicara por señas, a la manera de Tontín, al candidato Alvarito le fuera mucho mejor. Así sería un subnormal simpatiquísimo, que por no poder hablar se haría él un favor. Esto, porque el mayor enemigo de este hombre es él mismo, pues en su entusiasta boboalegrismo no puede ni hablar de forma coherente, ni tan siquiera leer un teleprompter.

 

En conclusión, Nebot se dio chapeta, a Lasso lo jode Moreno y Alvarito se marca solo (por no ser un sordomudo). Y es la derecha ecuatoriana en su laberinto, cuya única salida parece ser una derrota si no corre a salvarla el maleable sistema electoral.

 

* Su no participación era previsible, v. ¿La tercera? Y de su no participación, por cierto, surgió el primer laberinto de su facción, v. ‘La derecha ecuatoriana en su laberinto’, y su fracasada solución, v. ‘La tregua’.
** En mi opinión, Isidro Romero es un chimbador para torpedear a Lasso, acusándolo de co-gobiernista. ¡Y cómo lo jode!

Tres razones para que Lasso sea tercero

8 de octubre de 2020

 

Lo de fondo: la alternativa de la derecha ecuatoriana es impopular.

 

Breve repaso de la situación: Desde Quito, la derecha no ejerce un liderazgo nacional (bah, no ejerce liderazgo en general, v. ‘Quito sin liderazgo’). El emergente líder de la tendencia en Quito fue Mauricio Rodas, así que es fácil imaginarse el tamaño del fiasco (M. Rodas se convirtió en el E. Maruri interandino, n’existe pas). Desde Guayaquil, Jaime Nebot, el líder de la vieja guardia, se retiró de la política­. Otto Sonnenholzner, su posible relevo, se negó a participar en la elección. Ya solo le quedó a la derecha guayaquileña su eterno segundón, Guillermo Lasso. O como él mismo dice, ‘ya qué chucha’.

 

Esta alternativa resulta impopular por tres razones. La primera, Lasso no es un líder carismático. Es decir, su primer obstáculo es él mismo, como producto. Pero es un capricho a satisfacer, y a pesar de no estar muy dotado, Lasso se ha esforzado lo posible para mejorar su perfomance como candidato, y la verdad sea dicha, ha hecho mucho desde su primera intervención como candidato el año 2013.

 

La alternativa es impopular, también, porque Lasso es un banquero. Más allá de lo que se piense sobre la banca ecuatoriana (que tiene colmillo, ¡tiene colmillo!), al pueblo no le gustan mucho los banqueros. Cosas de un país profundamente desigual.

 

Y es impopular, finalmente, porque hemos vuelto al Ecuador de los ochentas y noventas in full swing, así que también regresó el péndulo en la elección de presidente. En esos agrestes años, dicho péndulo aseguraba la alternancia, i.e., que después de un gobierno de izquierda (Roldós y Hurtado, Borja) venía un gobierno de derecha (Febres-Cordero, Durán-Ballén). El péndulo lo rompió Abdalá Bucaram (¡todo daña!) en 1996 cuando traumatizó a Jaime Nebot*, porque su gobierno inició una sucesión de tres que no concluyeron el período presidencial. Después del último de estos períodos rotos, emergió Rafael Correa, y diez años después llegó la calamidad actual, el Mojón en la Marea de las borrascosas aguas de la derecha, Lenin Moreno.

 

Como con Moreno ha vuelto el péndulo, por pura arrechera popular (en esta elección casi no hay emociones que no sean negativas) se pasará de un gobierno de derecha (Moreno) a un gobierno de izquierda (camino que conduce a Aráuz o a Yaku). Y es que Lasso ha co-gobernado con Moreno, ha elogiado a su represora Ministro de Gobierno y ha aupado la persecución a los que le han hecho la contra al Gobierno de Moreno. Es muy fácil asociarlo con lo que se quiere dejar atrás. 

 

Y así, con todo y cancha a favor (el CNE y el apoyo de Nebot**), a Lasso le sigue resultando cuesta arriba llegar a la Presidencia, y por estas tres razones que apunto, bien podría quedar tercero.

 

* De esos polvos vinieron estos lodos: de esa derrota del ’96 viene el miedo a ser derrotado en la elección de un cuarto de siglo después. En el fondo, fue saberse un líder cantonal, con alcance en Guayas y provincias limítrofes, pero sin capacidad de crecimiento por fuera de ese sector del país. Y, sobre todo, fue no querer exponerse a ser derrotado en una elección abierta por un correísta o un indígena. Esa humillación, no.

** Pero ojo con Isidro Romero, porque Nebot es un maestro de jugar a dos puntas, aplicado discípulo de Maquiavelo como es (v. ‘El Príncipe’, Capítulo XVIII ‘Si los príncipes deben ser fieles a sus tratados’: ‘en una palabra, el príncipe prudente, que no quiere perderse, no puede ni debe estar al cumplimiento de sus promesas, sino mientras no le pare perjuicio, y en tanto que subsisten las circunstancias del tiempo en que se comprometió’).