Mostrando entradas con la etiqueta USA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta USA. Mostrar todas las entradas

Los muros

6 de septiembre de 2024

            Publicado en diario Expreso el viernes 6 de septiembre de 2024.

La primera enmienda a la Constitución de los Estados Unidos de América, aprobada el 15 de diciembre de 1791 y vigente todavía casi 233 años después, dice lo siguiente: “El Congreso no hará ley alguna por la que adopte una religión como oficial del Estado o se prohíba practicarla libremente”.

Thomas Jefferson, el autor de la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos de América del reino de la Gran Bretaña y el tercer presidente de la primera república americana, escribió en carta fechada el 1 de enero de 1802 (mientras era el presidente, durante su primer período) dirigida a una asociación de bautistas (variante de la confesión protestante) de la ciudad de Danbury, una frase que se ha convertido en la más célebre caracterización de la primera enmienda aprobada a la Constitución. En dicho documento del año 1802, Jefferson escribió que, tras la aprobación de la primera enmienda a la Constitución por el Congreso el año 1791, se había erigido “un muro de separación entre la iglesia y el Estado”.

Desde 1791 se aplica en los Estados Unidos de América este “muro de separación” que significa una clara protección del Estado a la diversidad de religiones y un contundente rechazo a la adopción por el Estado de una religión oficial. Por contraste, en 1869 en la República del Ecuador (casi 80 años después de la primera enmienda estadounidense) se erigió un muro, con un propósito totalmente opuesto.

En 1869, la República del Ecuador adoptó su séptima Constitución. El gobernante de ese entonces (elevado al poder por un golpe de Estado de enero de ese año), Gabriel García Moreno, explicó en un mensaje dirigido a los diputados a la Convención Nacional los objetos principales de la Constitución que ellos estaban redactando: 

“el primero poner en armonía nuestras instituciones políticas con nuestras creencias religiosas; y el segundo, investir a la autoridad pública de la fuerza suficiente para resistir a los embates de la anarquía (...). Entre el pueblo arrodillado al pie del altar del Dios verdadero y los enemigos de la Religión que profesamos, es necesario levantar un muro de defensa, y esto es lo que me he propuesto y lo que creo esencial en las reformas que contiene el Proyecto de Constitución”.

Este “muro de defensa” de García Moreno tomó forma en el artículo 9 de la Constitución, que obligó al Estado ecuatoriano a proteger la religión católica “con los derechos y prerrogativas de que debe gozar según la ley de Dios y las disposiciones canónicas”, y en su artículo 10, que llegaba al extremo de supeditar la condición de ciudadano a la profesión de la fe católica. Por supuesto, a la religión oficial del Estado ecuatoriano, los “poderes políticos” estaban obligados a hacerla respetar “con exclusión de cualquier otra”. Esta Constitución pasó a la historia con el remoquete de “Carta Negra”.

El muro de Thomas Jefferson sigue en pie, 222 años después de formulado. El muro que erigió García Moreno en 1869, no duró ni diez años. En 1878, una nueva Constitución lo derrumbó (en sus extremos, pues la religión católica seguía siendo la oficial del Estado). 

Un muro en pie, el otro caído. El resultado es un testimonio del triunfo de las luces y de la civilización.

La dictadura por venir

24 de mayo de 2020


Publicado originalmente en tres partes (p. 1, p. 2 y p. 3) en elestado.net

El triunfo arrollador de la dictadura inadvertida (a quien varios incautos, o rapaces, todavía celebran), descrita en el artículo anterior, ayuda a comprender la dictadura por venir. Para una mejor comprensión de ésta, es necesario profundizar en una explicación de carácter político.

La elección de Lenín Moreno como Presidente, en la segunda vuelta celebrada el 2 de abril de 2017, fue el cuarto triunfo consecutivo del movimiento Alianza País en las elecciones para la Presidencia de la República. Alianza País fue fundada el año 2006 y desde entonces triunfó en todas las elecciones presidenciales en las que participó: Rafael Correa triunfó en las tres primeras (2006, 2009, 2013), y en los gobiernos del 2006 y 2009, Lenín Moreno fue su Vicepresidente. Fue Rafael Correa quien lo ungió a Lenín Moreno como su sucesor (los números lo respaldaban: era el posible sucesor de Correa menos odiado, en unos tiempos de anti-correísmo feroz). El día que Lenín Moreno aceptó la candidatura, en un estadio del sur de Quito, él se comprometió a sostener los ideales y programas del movimiento por el que aceptó participar en la elección: “La deslealtad no es el camino”, afirmó entonces. Ocurrió el 1 de octubre de 2016.

Desde octubre de 2016 a mayo de 2020 mucho ha pasado, pero la historia debe empezar a contarse con que la deslealtad sí fue el camino tomado por Lenín Moreno una vez que ocupó la Presidencia, en mayo de 2017. A menos de cumplirse un año de su aceptación de la candidatura, el movimiento Alianza País ya se había fracturado y existía una facción “morenista” que había desplazado a una facción “correísta” de su dirección y del movimiento mismo, para acto seguido impedir su participación política en las futuras elecciones seccionales del 2019 mediante argucias legales perpetradas por los organismos electorales. Así, la facción morenista se apropió del exitoso movimiento para convertirlo en una organización tan impopular, que al 2020 casi no hay ni un gil que quiera lanzarse como candidato por Alianza País. En menos de tres años, se convirtió a la organización cuatro veces triunfadora de las elecciones presidenciales en una apestada de la política.

Pero es mayo de 2017 y trepado en esa ola de anti-correísmo que existió a principios de su gobierno, el Presidente Moreno convocó y logró que se celebre el referéndum del 4 de febrero de 2018. Obtuvo la aceptación de sus siete propuestas en el referéndum (el famoso “sí, siete veces sí”), y entre ellas, como se ha visto en “La dictadura inadvertida”, la creación de aquel desfachatado y devenido en dictatorial Consejo “en Transición”, que se convirtió en el órgano ad-hoc al uso del feroz anti-correísmo para eliminar (29 destituciones mediante -27 tras evaluaciones, 2 por fuera de ellas) a autoridades públicas de relevancia que habían sido nombradas durante el precedente gobierno de Rafael Correa, así como para nombrar a dedo a sus sucesores.

La razón de ser de este órgano transitorio, según el decreto ejecutivo del 29 de noviembre de 2017 por el que se convocó al referéndum y se justificaron las reformas constitucionales propuestas, era cumplir con unas “funciones transitorias que viabilicen los cambios que han sido exigidos”. Esos cambios exigidos fueron, principalmente, el paso de elegir a los siete integrantes del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social por otras autoridades del Estado, a ser elegidas por la voluntad popular. Y esto fue presentado como un gran avance para este órgano de rango constitucional, pues la reforma implicaba una “aplicación del principio constitucional de progresividad de derechos”, según el citado decreto.

Sin embargo, cumplidas las “funciones transitorias” por el Consejo “en Transición”, esta razón de ser de “viabilizar” unos cambios para progresar en derechos se ha revelado como una total farsa. Si aquel habría sido el propósito, las autoridades del gobierno nacional y del Consejo “en Transición” habrían respetado la conformación del nuevo Consejo de Participación Ciudadana y Control Social elegido por la voluntad popular, mismo que resultó de las elecciones seccionales celebradas el 24 de marzo de 2019. Pero ocurrió que el feroz anti-correísmo que existía el 2017 y a principios del 2018 ya había menguado considerablemente su fuerza para inicios del 2019 y el gobierno nacional fue incapaz de evitar que, en las primeras elecciones celebradas post-referéndum, la voluntad popular lo abofetee decidiendo que la mayoría de los consejeros sean los que se identificaron como correístas (a la facción correísta se le proscribió la participación directa en la elección). 

Esta derrota popular, el gobierno de Lenín Moreno no la podía encajar. Que después del exterminio masivo de correístas hecho por el Consejo “en Transición” el 2018 en nombre del pueblo, sea el propio pueblo el que decida el 2019 que vuelvan los correístas a ocupar espacios de poder y, para peor, en el mismísimo órgano que había sido el motor del feroz anti-correísmo y cuya reforma constitucional había sido el objeto mismo de este período llamado “de transición”, era demasiado como para que lo encaje este gobierno compuesto casi exclusivamente de traidores, advenedizos y oportunistas.

Un gobierno democrático habría encajado esta derrota, aceptado lo que el pueblo decidió. No así el gobierno de Moreno. Primero, a sabiendas de que el pueblo podría elegir a los correístas para integrar el nuevo Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, autoridades electorales y del Consejo “en Transición” buscaron que se vote nulo en esta elección, pero su idea no prosperó. En este video, en una actividad que realizó el Consejo Nacional Electoral para buscar apoyo a la idea de algunos de sus integrantes de incentivar el voto nulo, explico las razones para considerar a esa idea como descabellada:


Pero, finalmente, el gobierno de Lenín Moreno se salió con la suya. Actuaron sus entonces aliados en la Asamblea Nacional, los que apenas posesionado el nuevo Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (con retraso, el 13 de junio de 2019) buscaron la destitución de los cuatro consejeros asociados con el correísmo y, en menos de dos meses, la Asamblea Nacional ya les había iniciado un juicio político y los había destituido.

El principal argumento de la Asamblea Nacional fue que estos consejeros habían querido impulsar una revisión de la designación de la nueva Corte Constitucional y que este amago (pues la resolución nunca fue aprobada) ya violaba el dictamen parcializado de la Corte Constitucional del 7 de mayo de 2019. En el Ecuador, es brutal la facilidad con la que unos cuantos deciden torcer y alterar lo que la voluntad popular (millones de personas) había decidido escasos meses atrás. Irresponsabilidades como ésta, convierten a nuestras autoridades políticas en pasto para demandas internacionales.

Por ejemplo, esta destitución de autoridades elegidas por la voluntad popular es contraria a la trascendencia que, a los derechos políticos, le ha concedido la Comisión Interamericana:

“En un caso como el presente, de una persona elegida a un cargo de elección popular, debe tomarse en cuenta que una restricción al derecho al sufragio activo mediante destitución o inhabilitación, puede afectar no solamente a la persona en cuestión sino también la libre expresión de la voluntad de los electores a través del sufragio universal. De esta manera, una restricción arbitraria de los derechos políticos que impacte en el derecho de una persona a ser elegida popularmente y a completar su mandato, no afecta únicamente los derechos políticos de la persona en cuestión, sino que implica una afectación en la dimensión colectiva de dichos derechos y, en suma, tiene la virtualidad de incidir significativamente en el juego democrático.” (Caso Petro, Párr. 117)

Por esta trascendencia, se ha deducido por la Comisión IDH que las restricciones a los derechos políticos “deben estar encaminadas a proteger bienes jurídicos fundamentales, por lo que deben ser analizadas cuidadosamente y bajo un escrutinio riguroso” (Ibíd.). Pero para nuestra zafia Asamblea Nacional, unas consideraciones de esta naturaleza, sobre la trascendencia de los derechos políticos y el tipo de análisis y escrutinio requeridos para validar sus posibles restricciones, es cosa de ciencia ficción… Porque nuestra democracia es cosa de ciencia ficción.

El gobierno de Lenín Moreno se asentó en la voluntad popular (el “sí, siete veces sí” del referéndum) para supuestamente servir mejor a las masas a través de las reformas constitucionales que se aprobaron. Pero ocurrió que el efecto de estas reformas fue que se votó para componer una mayoría “correísta” en la institución reformada y, entonces, el gobierno de Moreno demostró que la voluntad del pueblo le parecía muy loable y muy respetable, pero siempre que sirva a sus intereses de eliminación del correísmo. Si contrariaba esto, era el anti-correísmo el que debía prevalecer. Nunca se trató de servir a la gente, sino de que un grupo prevalezca por sobre otro. Por eso, nuestra democracia es ciencia ficción.

Y aquí reside la parte toral de mi argumento: este desprecio a la voluntad popular y esta eliminación de un grupo político por otro es la continuación de una inveterada tradición de la política ecuatoriana desde su malhadada fundación en 1830, el “canibalismo”, tan propio y característico de nuestros (cada vez más zafios) políticos. En este país, son muy raras las ocasiones en las que los políticos han confiado unos en otros; lo suyo, según una antigua sentencia de Jorge Luis Borges sobre los políticos sudamericanos, es “conspirar, mentir, e imponerse” (en el siglo XIX ocurría con pistolas, en el siglo XXI con trolls, pero siempre imponerse). Esta práctica caníbal explica los misérrimos niveles de aprobación ciudadana de los partidos políticos (sólo un 3% de los ecuatorianos confía en estas instituciones) y los altísimos niveles de corrupción que se registran en nuestra administración pública.

En el gobierno de Lenín Moreno, este canibalismo político ha tomado la forma de buscar empecinadamente la eliminación de Rafael Correa y de los políticos asociados a él (que no quiere decir, los políticos que hayan estado en su administración: la gran mayoría de las autoridades del gobierno actual fueron parte de ella, empezando por el Presidente Moreno). Y se ha utilizado en contra de ellos, como se estila en estos casos, todo el poder del Estado: juicios por un tribunal ad-hoc (el llamado Consejo “en Transición”), destituciones por la Asamblea Nacional, persecuciones administrativas y penales… Siendo todo tan arbitrario como lo fue lo actuado por el Consejo “en Transición” el 2018, todos estos procesos apestan a violación de garantías judiciales, pero el canibalismo no para mientes (y por ello, es pasto para demandas internacionales).

Al 2020, esta práctica de canibalismo ha debilitado mucho al gobierno de Lenín Moreno. Cuatro de cada cinco ecuatorianos ya no le cree a su Presidente. Su gobierno se ha definido por su oposición al “correísmo”, pero ha fracasado en eliminarlo; todo lo contrario, bien se podría decir que lo ha terminado por fortalecer y que en unas próximas elecciones la persecución sufrida podría rendirle dividendos. En este experimento de tres años de abusos contra el “correísmo”, el tiro les ha salido por la culata.

Ahora, el detalle es que Lenín Moreno nunca fue un Presidente en serio, siempre fue una marioneta. Primero, como su sucesor designado, iba a ser una marioneta de Rafael Correa; después, pasó a ser una marioneta de los grupos de poder detrás del anti-correísmo (que, en realidad, están en pro de sus propios bolsillos, hay cero ideología). Moreno, un tipo fundamentalmente débil, decidió pasarse al grupo que en los cuatro años de su Presidencia le ofrecía mayores seguridades, porque eso de aguantar cuatro años las embestidas contra el “correísmo” que se veían venir fuertes por el vínculo entre los anti-correístas y los grandes medios de comunicación, no era lo suyo. Es así apenas lógico que un tipo débil y sin ideales haya optado por el escenario que le brindaba mayores garantías, aunque ello implique la traición al grupo político del que él emergió y con el que compartió gobierno por diez años. Moreno es un tipo débil, sin ideales y taimado.

Y el costo social de que el Presidente Moreno haya sido capturado por el anti-correísmo, ha sido muy alto para el país. Su gobierno es uno que se ha empeñado en favorecer a sus élites económicas, teniendo como contracara el perjuicio a los más desfavorecidos, puesto de manifiesto en una reducción constante, en su período, de los presupuestos asignados a la salud y la educación.

Y durante este gobierno, ha ocurrido lo que me orienta a pensar que una nueva dictadura podría suceder: la pandemia del COVID-19. Ni bien empezada, la pandemia certificó de manera dolorosa que este gobierno es una marioneta de las élites: prefirió el pago a los tenedores de bonos de más de 320 millones de dólares, en vez de conservar ese dinero para enfrentar la pandemia que ya amenazaba extenderse por el país.

El desmantelamiento del sistema de salud y la política gubernamental de favorecer a las élites, además de la inveterada ineficacia y corrupción de nuestra administración pública, hicieron su parte en esta crisis que ha causado el COVID-19. La pequeña y usualmente ignorada República del Ecuador se convirtió en noticia a nivel internacional, en particular, por la situación de su ciudad más poblada, Guayaquil. En este puerto tropical, todo los males nacionales descritos, más las miserias de su propio modelo “exitoso” de desarrollo, confluyeron para un abandono del Estado (nacional y seccional) que condujo a muertos en las calles, pérdida de los cadáveres, corrupción generalizada y diseminación del contagio del COVID-19 sin control, causando con ello una espantosa cantidad de muertos que una administración que merezca llamarse “exitosa” habría podido evitar.

Esta excepcionalidad de Guayaquil no ocurrió, como dice ese epítome de la ineficacia que ha resultado ser su Alcaldesa, porque de repente nos ha caído una bomba… Es por años de hacer las cosas mal, que se pinchó la burbuja de nuestra malsana y estúpida idea de desarrollo de ciudad (más sobre esto en: “Guayaquil y el modelo que tocó fin”)

En los 190 años de vida republicana del Ecuador, iniciados en 1830 con la unión de las tres antiguas provincias españolas de Guayaquil, Quito y Cuenca, tal vez nunca el país haya estado tan mal. Su gobierno malvive, empeñado a las élites económicas y sin capacidad de acción… ¿Para qué sirve un Presidente que, en más de seis meses, de Octubre a la fecha, no puede concretar casi nada de lo que se propone? ¿A quién puede dirigir alguien a quien ya casi nadie le cree? ¿De qué vale alguien que está mucho, pero mucho más cerca de inspirar lástima o asco, que algún tipo de entusiasmo?

Por todos estos antecedentes, esto es lo que creo: hay una dictadura por venir. Moreno está inerte y las élites económicas rapaces para las que él gobierna no pueden permitir que se descalabre el sistema viciado que se ha creado desde el 2018. La Corte Constitucional es un objeto decorativo y la sociedad ecuatoriana admitiría sin chistar una dictadura, pues como se ha visto con el caso de “La dictadura inadvertida” descrito en el artículo anterior, ni se entera. Y si se entera, poco cambiaría, pues mientras le sirva mejor que Moreno, a una gran mayoría no le importa. La del Ecuador es una democracia de membrete, sin reales demócratas, ni entre los políticos ni en la mayoría que participa del circo que los elige. Tal es nuestra siniestra realidad. Y es por eso que estamos en el fango en el que nos hallamos, a mayo del 2020.

Ahora, lo que propicia el advenimiento dictatorial es que se cuenta con una coartada y con un apoyo esencial. La pandemia del COVID-19 ofrece una coartada ideal para una salida dictatorial, en cualquiera de sus dos formatos: el legal o el militar. Para el primer caso, ese objeto decorativo llamado Corte Constitucional podría redactar un documento de apoyo, a la usanza de su dictamen de mayo de 2019 y se seguiría algún tipo de interpretación y praxis constitucional que se ajuste a los intereses de quienes triunfen en la disputa interna que se tiene entre los traidores, advenedizos y oportunistas que integran el gobierno actual. Esta sería una salida con un barniz legal, “a la trujillana”.

Pero también está el formato militar, “a la boliviana”, es decir, un golpe de fuerza de los milicos y que se coloque a un civil de fachada. En este caso, resulta irrelevante lo que diga (o no) la Corte Constitucional. En ambos casos el apoyo de los Estados Unidos de América, esencial para cualquier experimento local, se lo tiene asegurado, porque para la administración de Donald Trump ninguna de estas decisiones representaría un problema: se toma nota de lo ocurrido y se pasa enseguida a otra cosa (la insignificancia del Ecuador es proverbial). Y por supuesto, nadie lo va a extrañar al monumental inútil de Moreno.

Sea con el formato “a la trujillana” o “a la boliviana”, el panorama del Ecuador resulta sombrío. ¿Mi pronóstico? Cuando la gente, por hambre, empiece a salir a las calles a buscar comida por las buenas o por las malas, triunfará el formato “a la boliviana”, porque así se reprime mejor.

Tenemos una dictadura al caer. Y realmente quisiera tener esperanzas de algo distinto, pero el Ecuador no me deja.

Chappaquidick, y gobernar por el miedo

23 de octubre de 2019


A algunos memoriosos lectores de este blog la palabra Chappaquidick les traerá una asociación instantánea con el senador estadounidense Edward Kennedy. En 1969, un accidente de tránsito ocurrido en las cercanías del puente sobre el río Chappaquidick sentenció su carrera política, cuando era una ascendente estrella del Partido Demócrata. En círculos políticos norteamericanos se da por un hecho que el siete veces senador Edward Kennedy nunca pudo aspirar a la Presidencia de los EE.UU. because of Chappaquidick.

El problema de este Kennedy no fue tanto el accidente de tránsito en raras circunstancias que causó la muerte de Mary Jo Kopechne, como que se demoró diez horas en acudir a la policía a denunciar los hechos. Esta demora (que se la ha atribuido al tiempo que le tomó a Kennedy pasar su borrachera) cayó sobre su carrera política como un estigma insalvable.

Esto que le pasó a Kennedy, el historiador Theodore S. White lo sintetizó en el Teorema de Chappaquidick*: mientras más se demora un político en transmitir a la gente una mala noticia, más afectará esta demora a sus intenciones. O visto de otra manera: las malas noticias, en política, se las debe dar con la menor demora posible. A Edward Kennedy, la demora ocasionada por el chuchaqui de su perra borrachera, le costó la Presidencia de los Estados Unidos de América.

Si uno aplica este Teorema de Chappaquidick al Ecuador, el Presidente Lenin Moreno perdió su capital político antes de anunciar las medidas económicas que su Decreto Ejecutivo No 883 pretendió aplicar. Al momento de anunciarlas, su popularidad estaba alrededor de un 15%. Era imposible pensar que el pueblo las iba a aceptar y que su bravata del primer día iba a detener lo que se vino con su pasar.

Si el Presidente Moreno hubiera anunciado las medidas económicas cuando aún gozaba de capital político, podría haber tenido una mayor posibilidad de éxito en imponerlas. El Gobierno Nacional pudo haber desviado la responsabilidad hacia el Gobierno anterior y hubiera podido justificar este golpe al bolsillo por las ineficacias del pasado.

Pero el  Presidente Moreno no podía hacer eso pues su capital político (prestado, porque por sí mismo no lo tiene y es incapaz de producirlo) debió utilizarlo, primero, en el cambio institucional de las altas autoridades elegidas durante el Gobierno anterior, el que se hizo a través del Consejo Transitorio comandado por el célebre “Notario”. En la lógica del Gobierno de Moreno, este cambio era una conditio sine qua non para cualquier otra cosa, pues era necesario para asegurar la gobernabilidad de los nuevos grupos que han capturado el Estado, de los que el Presidente Lenin es su arlequín. Y Lenin lo hizo, aunque eso le costó su capital político y lo dejó en un menguante 15% de aceptación popular.

Pero héte aquí la paradoja de Lenin el Arlequín: él es un Presidente tan débil, que por eso mismo se sostiene. Su debilidad es su fortaleza.

Es un Presidente que, por el Teorema de Chappaquidick, no está en situación de aplicar unas medidas económicas como las del Decreto Ejecutivo No 883 sin esperar una explosión social. Con un 15% de aceptación, Lenin el Arlequín perdió ya la posibilidad de gobernar al pueblo a través de la confianza.

Y siendo esto así, es preocupante entonces que los que han capturado el Estado quieran ahora sostenerlo a Lenin el Arlequín. Como él no puede gobernar por la confianza, pues ellos querrán entonces que él gobierne por el miedo. Y eso explica a esta noticia de hoy: “Defensa se alista para afrontar la insurgencia”.

Así, el Presidente más desechable de los últimos tiempos, es el que pondrá la cara cuando otros pongan las balas, y otros más, los muertos. Porque es eso, los muertos (los queridos o los “accidentales” -como los prefiere el Gobierno) y otros muchísimos abusos, lo que será el resultado si se demuestra que el diálogo que se pactó para la redacción de un nuevo Decreto Ejecutivo fue una estrategia para comprar tiempo e iniciar la persecución a la “insurgencia”… uno de esos conceptos anchos e indeterminados que son las delicias de los abusivos.

Así: un Presidente débil, respaldado por la fuerza de las armas, gobernando por el miedo a una población que (mayoritariamente) lo desprecia, en uno de los países de mayor pobreza y de peor institucionalidad de la región… Esto sólo puede terminar mal.

Porque es gobernar por el miedo. Esto es un desastre, y lo estamos viendo nacer.

* Si bien White sintetizó y popularizó la frase, quien la acuñó fue James Doyle, asistente del Procurador Especial para los Juicios de Watergate, Archibald Fox, v. Goldberg, Philip, ‘The Babinski reflex’, pp. 53-56.

Sobre la burocracia capitalina

10 de agosto de 2019


El autor

F. Hassaurek opinó sobre los serranos:

“No se espera que ellos cumplan una promesa que sería inconveniente mantenerla. A menudo se necesita tener buena fe, especialmente en asuntos de dinero. La gente no tiene buenas costumbres comerciales, especialmente en la Sierra, donde hay muy poco comercio. Es muy difícil convencerles de que hagan algo rápido y completamente concluido. Son gente llena de atrasos y dilaciones, al tiempo que son demasiado bienintencionados, agradables y corteses” (Cuatro años entre los ecuatorianos, pp. 124-5).

La descripción hecha por Friedrich Hassaurek, representante diplomático de los Estados Unidos de América, data de los años 1861-1865, pero se ajusta muy bien a la disposición mental del actual burócrata capitalino, salvedad hecha de esos ocasionales malhumorados que, no es que sean más eficaces que los que sí son corteses, sino que simplemente han perdido el grato hábito de la cortesía. 

Es decir, todo lo que puede ser valer verga como servidor público.

Velasco Ibarra y Assad Bucaram

29 de mayo de 2019


José María Velasco Ibarra (1893-1979) y Assad Bucaram (1916-1981) fueron dos populistas que dominaron la escena política ecuatoriana. La principal diferencia entre ambos políticos, la estableció con claridad el Embajador de los Estados Unidos de América para el Ecuador durante una parte del Gobierno del Presidente Jimmy Carter, el Sr. Richard J. Bloomfield, pues para él, el quiteño Velasco Ibarra nunca amenazó los intereses de la oligarquía, mientras que Assad Bucaram, a esos mismos oligarcas, sí que les causaba pánico porque podría cambiar las reglas del juego y con ello “la distribución de la riqueza, el poder y los privilegios”. En palabras del Embajador Bloomfield:

“Es instructiva la comparación entre Bucaram y José María Velasco Ibarra. Desde los tempranos años treinta, la solución del establishment ante la amenaza populista era cooptarla en la persona de Velasco Ibarra. Velasco era la personificación del demagogo populista, con la crucial diferencia de que él mismo era un producto de la oligarquía y cuando estaba en el gobierno no representaba amenaza alguna a sus intereses. Velasco fue así capaz de unir detrás de sus candidaturas tanto a los segundones como a los miembros de la oligarquía. Él fue depuesto en cuatro ocasiones. En las primeras tres fue sacado del poder cuando su ineptitud como administrador, en contraste con su maestría para cautivar al electorado, amenazaba con llevar al país al tipo de caos económico que el establishment no podía permitirse”.

Estos pesos pesados de la política ecuatoriana, que marcaron nuestra escena política por décadas, no sobrevivieron a la década de los ochenta. El viejo Velasco (nacido en un lejano 1893) murió en Quito el 30 marzo de 1979, a los 86 años recién cumplidos. Por su parte, el “patán de noble corazón” vivió un poco más y alcanzó a tener un fugaz aunque relevante paso en los inicios de la era democrática empezada en 1979, en su calidad de primer Presidente del parlamento (en esa época, “Cámara Nacional de Representantes”) cargo que desempeñó entre agosto de 1979 y el día de su muerte, acaecida en Guayaquil el 5 de noviembre de 1981 por un infarto fulminante y a escasos días de cumplir 65 años.

Pablo Better (Naipe Centralista)

28 de mayo de 2019


En ‘Las costumbres de los ecuatorianos’, Oswaldo Hurtado recuerda que los judíos al Ecuador “en su mayor parte llegaron entre los años 1937 y 1939 y en los siguientes a la II Guerra Mundial”, en un número alrededor a los 5.000, pero “con el tiempo muchos se volvieron a Europa o viajaron a establecerse en el recientemente constituido Israel, porque sus negocios no prosperaron, el atraso del país cerró las puertas a los más preparados, no encontraron un ambiente en el que pudieron tener cabida sus creencias religiosas, pero sobre todo para buscar un provenir [sic] más seguro en la próspera economía de los Estados Unidos”. De esos 5.000, “actualmente [la comunidad judía] no cuenta con más de 500 integrantes, casi todos residentes en Quito y unos pocos en Guayaquil y Cuenca” (2009, pp. 277-8).

Hurtado recuerda también que muchos judíos pusieron prósperos negocios en el Ecuador, pero que “[n]o se interesaron por la política, con la excepción de Pablo Better, judío de segunda generación que llegó a ser Ministro de Economía y Presidente del Banco Central” (2009, p. 284).

A Pablo Better [AKA “Paul Bueno”] fue dedicado este 6 de trébol.

La cuenta larga y dos preguntas

23 de mayo de 2019


Hay un nivel de análisis político de los acontecimientos que corresponde a la coyuntura. Por ejemplo, el análisis del Embajador Bloomfield previo a la celebración del referéndum del 15 de enero de 1.978 es un excelente ejemplo de este tipo de análisis, del trabajo de las fuerzas anti-democráticas que le impidieron a Assad Bucaram ser Presidente del Ecuador.

Un análisis de cuenta larga supone abarcar una época. Pongamos por caso, el período de la “vuelta a la democracia”, iniciado en 1.979, con la elección del joven abogado Jaime Roldós del partido Concentración de Fuerzas Populares (CFP), sobrino político del viejo Bucaram. Entre 1.979 y 2.019, esta época abarca ya 40 años. Y ha habido en ella tres grandes fuerzas políticas.

La primera, el CFP, la fuerza dominante en las elecciones de 1.979: tenía al Presidente de la República para el período 1.979-1.984 (en esa época duraban cinco años) y contaba con el bloque mayoritario en la Cámara Nacional de Representantes (tal era su nombre: luego, “Congreso Nacional”, actualmente, “Asamblea Nacional”). Su fortuna en este nuevo período duró poco: a fines de 1.981, estaban muertos el Presidente Jaime Roldós y el líder del partido, Assad Bucaram, de un supuesto accidente de aviación y de un fulminante infarto, respectivamente. Sin ellos, el CFP quedó fuera de juego. Y se creó un vacío de poder.

La segunda fuerza política dominante, el PSC, emergió en reemplazo del CFP. Tras un breve e insustancial interregno del bobo de Oswaldo Hurtado (1.981-1.984), asumió la Presidencia de la República el ingeniero León Febres-Cordero (1.984-1.988), pero su control de los negocios de Estado trascendió su estricto período de Gobierno. Quien mejor lo puede describir es uno de los amigos de la Casa de Bálsamos, el Cónsul de los Estados Unidos de América en Guayaquil, Kevin Herbert, que lo hizo en un cable a su Gobierno, del año 2005: “Él parece contento de gobernar en las sombras, usando su presión en las instituciones de gobierno (Congreso, Justicia, paraestatales) para influir en las políticas”. Febres-Cordero manejó este país de manera vertical, visceral y a las puteadas por más de dos decenios. El país llegó a un hastío: en ese período tres presidentes elegidos por voluntad popular (Bucaram, Mahuad y Gutiérrez) no concluyeron su período. La CIDH, en un informe de ese mismo año 2005 sobre la situación política del Ecuador, fue lapidaria:

“[L]a Comisión reitera que la crisis coyuntural que se vivió durante el último año en Ecuador [2005], refleja problemas estructurales de mucho mayor alcance que no logran ser resueltos por la grave inestabilidad política que afecta al país y la incapacidad de sus clases dirigentes de formar consensos amplios y perdurables que permitan identificar e implementar políticas públicas inclusivas necesarias para el respeto y goce efectivo de todos los derechos humanos…”.

La Comisión IDH no omitió su criterio sobre el efecto que tiene en la población estos “problemas estructurales” y  la “grave inestabilidad política” que impide solucionarlos:

“La Comisión no puede dejar de señalar, que la población ecuatoriana tiene un alto nivel de escepticismo con respecto a las instituciones democráticas, a la dirigencia política y a la capacidad de los órganos estatales para tutelar los derechos humanos”

Es decir, la población estaba hastiada y fue de ese hastío que surgió la tercera fuerza política dominante del período, el economista Rafael Correa (2.007-2.017) y su movimiento Alianza País. Correa pateó el tablero político (con un Febres-Cordero menguante) y tuvo la fuerza suficiente para, en un par de años, establecer una nueva Constitución y crear una nueva institucionalidad. Sin embargo, se le subió el poder a la cabeza y se quedó un período de más. Pero a pesar de sus excesos y abusos, Correa hizo bien muchas cosas que otros no habían hecho, o que habían hecho mal (en el campo de la inversión social, principalmente). Está lejos de ser un cadáver político: aún en su ausencia, la política ecuatoriana sigue girando alrededor suyo. Sus seguidores mantienen la ilusión de su regreso, sus detractores le tienen un miedo-pánico (sazonado de un odio multi-causal, que a más regionalista, más intenso).

Ahora, este período que vivimos desde la caída de Correa, al que denominaré “Período Moreno-Nebot”… ¿es el punto de partida para una nueva época de dominio socialcristiano, o son los últimos estertores de una vieja ilusión? Me explico.

La vez pasada (principios de los ochenta) cuando un serrano bobo ocupó el poder, vino el guayaco sabido, se lo quitó y se encaramó en él por más de dos decenios. Ese podría ser el caso ahora: el serrano bobo (Lenin Moreno) está en el poder, el guayaco socialcristiano y sabido (antes LFC, ahora Nebot) está a las puertas de quitarle el poder y encaramarse en él… ¿Por cuánto tiempo?

He aquí la diferencia: Febres-Cordero se trepó en el poder con 53 años, mientras que Nebot lo haría con 73 años (si lo hace este 2.019). Son los 20 años que gozó Febres-Cordero, con los que Nebot no cuenta: si llega al poder (no dudo que esa sea su personal ambición), su paso sería breve e insustancial. Breve, pues por edad no podrá gobernar mucho tiempo; e insustancial, porque sin esa perspectiva, su llegada es mucho más la coronación de una vida política bien jugada (el triunfo final de un capo), que una apuesta por el bien común. Las consecuencias del reparto de la institucionalidad en lo que he denominado el “modelo empresarial de desarrollo” de la Alcaldía socialcristiana, tendría unas consecuencias nefastas si se lo pone en práctica a nivel nacional, y sin duda, activaría de inmediato el tradicional “péndulo” en nuestra política. En este análisis de cuenta larga, el “Período Moreno-Nebot” sería apenas un episodio compuesto de Moreno (el serrano “izquierdista” bobo y traidor) y de Nebot (el guayaco derechista y sabido), en el que Moreno juega el rol de la parte desechable y Nebot es el triunfador.

Este “Período Moreno-Nebot” se podría dar por las horas bajas de la fuerza dominante del período: Rafael Correa. De llegar a darse el Gobierno de Nebot, este político guayaco habrá alcanzado su vieja ilusión, pero ya en el ocaso de su carrera y a costa de permitir un escenario político posterior en el que Correa recuperaría mucha fuerza y en el que no dudo que se adaptarían las circunstancias para su regreso. Quedan así dos preguntas, atadas una a la otra:

1) ¿Cuánto tiempo podría durarle a Nebot el dominio político del Ecuador?
2) ¿Cuándo vuelve Correa?

N.B: En cualquiera de estas tres etapas de dominación política, el juego de la política nacional es obra de guayacos: lo fueron los finados Bucaram, Roldós y Febres-Cordero; lo son Correa y Nebot.

Legar su contrario: el raro caso de George L. Capwell

12 de mayo de 2019


Cuando viví en Canberra, aburrida capital de Australia con menos vida que Quito con lluvia, uno de los más famosos pubs de la ciudad se llamaba “King O’Malley”, en memoria de uno de sus creadores (Canberra es una invención moderna, menos antigua que el colegio Cristóbal Colón o el Tenis Club de Guayaquil: echó a andar en 1913). O’Malley fue un fulano muy famoso en vida por su denodada lucha para que la capital de Australia sea una ciudad libre de alcohol. Obviamente, falló. Hoy, el más vívido recuerdo de su memoria, lo retiene este bar.

Por su parte, en los Estados Unidos de los albores del siglo XX se conoció la furia de Carry Nation, una veterana arrecha que entraba a los bares a sacarle la chucha a los bebedores y a destruir el establecimiento. Nada de discursos, ni pendejadas: a los puños y los hachazos de una. Además de aguantar una severa porción de quiños, Carry Nation perdió la batalla cultural. En Boston, un bar recuerda su nombre.

El espíritu de Capwell: "Solo vine para recordarles que el fútbol me vale verga"

En Guayaquil tenemos un caso similar: al gringo George Lewis Capwell le gustaban mucho muchísimos deportes, MENOS el fútbol. Cuando construyó el estadio que hoy lleva su nombre, no lo hizo para practicar este deporte: el primer partido que se jugó en el estadio “Capwell” fue de béisbol, entre las novenas de Emelec y Oriente*. Por supuesto, este proyecto de Capwell naufragó enseguida, pues el béisbol siempre fue menos frente al masivo fútbol. El estadio pasó a ser estadio para practicar el fútbol§ y su nombre recuerda a un tipo que, sustancialmente, despreció este deporte que se practica en el estadio al que hoy da nombre.

Para raro, su legado.

* Vasconcellos Rosado, Ricardo, ‘Historia del fútbol guayaquileño’, Asociación de Fútbol del Guayas, Guayaquil, 2012, p. 162.
§ El estadio “Capwell” albergó su primer partido de fútbol el 1 de diciembre de 1945, el que se disputó entre Emelec y una selección de jugadores manabitas de Manta y Bahía de Caráquez capitaneados por Elí “Jojó” Barreiro, v. Ibíd., p. 167.

En Guayaquil, ¿Quién litigará por los árboles?

2 de octubre de 2018


Uno al que han llamado el “padre de los derechos de la naturaleza”, Christopher D. Stone, cuando era profesor de derecho en la University of Southern California publicó un artículo seminal para los derechos de la naturaleza (o “wild laws”) que se tituló Should Trees Have Legal Standing? Toward Legal Rights for Natural Objects. Este artículo de 1972 se hizo famoso porque apenas unos días después de su publicación fue citado en un voto disidente de la Corte Suprema de los Estados Unidos de América en el caso Sierra Club v. Morton, en el que la Corte Suprema decidió que este club no tenía legitimación para impugnar un permiso del servicio forestal a la empresa Disney World para la construcción de un centro de esquí en el área denominada “Mineral King Valley”, pues no demostró ser un afectado directo. (De todas maneras, Disney nunca construyó el centro de esquí: el Sierra Club corrigió la demanda para incluirse como afectado directo y los juicios siguieron por años, hasta que en 1978 el Congreso de los Estados Unidos de América agregó el área en disputa a un área ambiental protegida –al “Sequoia National Park”).

La de este abogado norteamericano fue una reflexión pionera y pragmática, orientada a resolver un problema concreto de representación de la naturaleza en juicio. Una reflexión que propugnaba un cambio en la legitimación activa a fin de que se pase de una acción subjetiva (restringida a un afectado) a una acción popular para la protección del ambiente (es decir, por cualquiera).

Ecuador es la vanguardia del mundo: nuestra legislación reconoció desde los tiempos de la dictadura, en 1976, lo que el abogado Stone empezaba a propugnar por esos mismos años. En la Ley de Prevención y Control de la Contaminación Ambiental dictada por el Consejo Supremo de Gobierno, los militares pusieron la acción popular para los reclamos por daños al ambiente (Art. 29). En 1998 se constitucionalizó la acción popular (Art. 91) y en el 2008 se volvió a constitucionalizar la acción popular y se reconocieron los derechos de la naturaleza, lo que implica mucho más que un cambio procedimental de acción subjetiva a popular (como lo sugería el pionero abogado Stoned en 1972) pues implica un cambio mucho más profundo, un cambio en la forma de interpretación del derecho: de antropocéntrica a biocéntrica.

Representación gráfica de "naturaleza" para la Alcaldía de Guayaquil.

Por la Constitución de Montecristi, cualquiera puede exigir los derechos de los árboles:

Constitución, Art. 71, segundo inciso:
Toda persona, comunidad, pueblo o nacionalidad podrá exigir a la autoridad pública el cumplimiento de los derechos de la naturaleza.

Constitución, Art. 397:
[…] Para garantizar el derecho individual y colectivo a vivir en un ambiente sano y ecológicamente equilibrado, el Estado se compromete a:
1. Permitir a cualquier persona natural o jurídica, colectividad o grupo humano, ejercer las acciones legales y acudir a los órganos judiciales y administrativos, sin perjuicio de su interés directo, para obtener de ellos la tutela efectiva en materia ambiental, incluyendo la posibilidad de solicitar medidas cautelares que permitan cesar la amenaza o el daño ambiental materia de litigio […].

Legalmente, cualquiera puede reclamar y argumentar muchísima protección, como ningún otro país en el mundo. Nuestro Código Orgánico del Ambiente establece incluso la protección concreta del arbolado urbano (en una disposición que se incorporó a este código por la lucha de algunos activistas guayaquileños) que impone graves obligaciones a las autoridades municipales:

Art. 155.- Remoción de árboles. Toda práctica silvicultural de los Gobiernos Autónomos Descentralizados Municipales o Metropolitanos que pueda disminuir el número de árboles, deberá considerar un análisis técnico que justifique su acción y contemple una propuesta alternativa, que entre otros criterios incluya actividades de repoblación de la misma cantidad de árboles reubicados o eliminados. Para estas actividades se priorizarán las especies nativas y que su reubicación, de ser posible, sea en el mismo sector o los colindantes.
El Gobierno Autónomo Descentralizado Municipal y Metropolitano tendrá la obligación de consultar a los ciudadanos a quienes esta medida afecte.

Mucha protección en las leyes, mucho activismo de internet y alguno de calle, pero poco, muy poco litigio para la protección de la naturaleza.

En parte por eso, en Guayaquil, tumban los árboles que les da la gana.

Diálogo cannábico entre Mahuad y Hurtado

9 de junio de 2018


I. Seguridad

- “Mind if I do a J?”

La pregunta de Jamil era retórica. Nadie le discute su capacidad para armar los porros: es la tecnología alemana hecha manualidades. “Mi lado Witt”, decía a veces, “a J is for Jamil”, decía en otras. Esta vez usó un blunt sabor babana split y extra-large, el muy goloso. Además, era retórica porque Hurtado no entiende inglés.

- “Si tu habilidad para introducir la marihuana en un receptáculo para su consumo hubiera sido equivalente a tu capacidad para gobernar el país”, apuntó un Osvaldo Hurtado a quien le estaba empezando a patear un happy brownie que se había comido de postre al almuerzo, “este país sería distinto”.
- “Pero si yo habría salvado al país, no hubiera podido ser nunca de la DP, pues Osvaldito. Una cosa es incompatible con la otra. Simplemente no fuimos ese partido.”
- “¿Qué dices, ve?”
- “Te digo que una tarde de lluvia en Harvard, ni me preguntes cómo, terminé viendo The Big Lebowski. Y no sé cómo explicarlo, pero simplemente la película caló en mí a un punto que… it really tied the room together, ¿cachas? A partir de entonces, veo mi paso por la DP de una manera distinta, no como datos, justificaciones o argumentos, pero como una cuestión de sensibilidades. Es decir, siento (acentuó esta palabra) que si prometimos gobernar a favor de la gente, le fallamos de manera horrible.”*
- … [Osvaldo estaba en un unicornio. Brownie kicked in]
- “¡Osvaldo!”
- “¿Ah?” [Osvaldo se descolgó gentilmente de su unicornio]
- “¿Cómo llegaste a la marihuana?”
- “Una vez, por error, me comí un happy brownie en una primera comunión y dije: ‘se me quitó lo idiota, ¿qué pasó?’. Ahí supe: ‘Estuviste drogado’, me dijeron, ‘y muy feliz’. Desde entonces tengo afición por los happy brownies. Porque, bueno, cumplen lo que prometen. Dicen happy y te ponen happy.”
- “Entonces nosotros como partido fuimos menos que un happy brownie.”
- “Objetivamente hablando, si la DP fue una droga, fuimos un Valium.”

Hurtado esperó haber sido gracioso. Pero ni drogado le pasó.

- “En materia de drogas, Osvaldito”, lo reconvino Mahuad, “más que un Valium, fuimos activos represores. Durante mi gobierno estaba en vigor la represiva Ley 108, que metió a decenas de miles de personas a la cárcel con graves violaciones a su derecho al debido proceso y un abuso sistemático de la prisión preventiva.”
- “Lo recuerdo. Esa ley fue adoptada durante el gobierno de Borja, en 1990. Desde ahí se dispararon todos los abusos, judiciales y policiales.”
- “El problema real eran los incentivos para cometer esos abusos. Con el paso del tiempo, se convirtió en beneficioso para los cuerpos de seguridad y de justicia la captura de un mayor número de personas por temas de drogas. El Estado llegó incluso a firmar un convenio con los Estados Unidos para financiar a la Policía Nacional, a condición de que se incremente el número de personas detenidas y la cantidad de droga incautada. Así, el incentivo ya no era hacer justicia, era sumar presos. Esto, lógicamente, terminó por provocar la perversión del sistema y el hacinamiento en las cárceles, pero ninguna solución real, porque los que ganaron, ganan y siempre ganarán en estos sistemas represivos son los que comercian las drogas en el mercado negro, pues la prohibición eleva de una manera artificial los precios. Este sistema termina por perjudicar a los débiles que no pueden enfrentar este sistema represivo y por beneficiar a los poderosos en las sombras, que pueden corromper el sistema a su favor. Todo este desastre, lleno de violencia y de corrupción, auspiciado a nombre de la seguridad.”
- “Y esos abusos en nombre de la seguridad hoy le cuestan al Estado millones de dólares en sentencias condenatorias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.”.
- “A mí, Osvaldo, realmente me produce más angustia la situación de los presos. Es escalofriante la cantidad de gente que durante tu gobierno y el mío estuvieron en la cárcel por años, por tener en sus manos menos de la mitad de la marihuana que yo me he fumado esta tarde escuchando el Mediterráneo de Serrat.”
- “Chucha. Piensa, Jamil: ¿Cómo una estrategia de comunicación puede cambiar las ideas de una sociedad sobre la marihuana?”
- “¿Te lo digo en una palabra?”
- “Dale.”
- “Pérate…”

Mahuad se aplicó unos segundos a concluir el porro y hacerle unos retoques. El resultado, magnífico, calificaba para artesanía cannábica.

- “Ahora sí”, dijo Mahuad, sosteniendo el magnífico porro entre los dedos de su mano derecha. “Esa palabra es: Seguridad.”
- “Pero si en nombre de…”
- “Por seguridad”, interrumpió Mahuad a Hurtado, “se debe debatir un marco legal que favorezca un negocio, en vez de estigmatizar a sus clientes, a partir de hacer notar que este negocio es lucrativo, que aquí hay billete en serio. Esto no es ciencia ficción, Osvaldito, hay modelos exitosos. En Colorado, el primer estado de los Estados Unidos en legalizar el consumo recreativo de la marihuana, es decir, en darle seguridad jurídica a su tráfico y a su consumo, la medida ha sido exitosa en términos económicos y sociales. El resultado en cuatro años de experiencia de legalizar la marihuana en Colorado es un mercado de 4.5 mil millones de dólares que genera más de 200 millones anuales en impuestos y la creación de miles de nuevos empleos. Además, en Colorado, el consumo de marihuana ha disminuido en los adolescentes.”
- “Asombroso.”
- “Más asombroso aún: ¿Sabes cuál fue la clave de la campaña para llegar a legalizar la marihuana en Colorado, Oswaldo? Por increíble que te parezca, promocionar que la marihuana es una sustancia más segura que el alcohol. Marijuana is safer. ¿Puedes creerlo? Ganaron apelando a la seguridad. No apelaron a la libertad de drogarse, apelaron a la seguridad. Y tenían razón, porque la marihuana es mucho más segura: está demostrado que la marihuana es 114 veces menos peligrosa que el alcohol. Ahora tú y yo sabemos eso por experiencia, que lo peor que nos puede pasar es una siesta demasiado larga. Pero el alcohol sí que te pone muy bruto. ¿Te acuerdas de esa vez que tomamos 101 botellas de Zhumir en una Convención de la DP en Pimampiro?”
- “Lo recuerdo. Se rompieron como cuatro vajillas, hubo veintidós contusos y siete carros estrellados contra el portal, incluido un Trooper que luego terminó en la piscina. El pelado Rivera vomitó en cuatro maceteros y un mesero. La delegación de Cotopaxi usó de orinal a un representante de El Oro. La cosa se descontroló.”
- “Fue un desastre. Realmente el consumo de alcohol sí es un problema social y de salud en todas partes, no se diga en este país. Pero por otra parte, la legalización de la marihuana en Colorado, ahora en California, que por sí misma es una economía más grande que todo el Reino Unido, en nuestro sudamericano Uruguay, es evidencia de que esto es una tendencia que crece y que es irreversible. Lo que se necesita es que cambiemos de chip mental, con información y debate, para entender que la prohibición de la marihuana es un costo muy alto a pagar por no obtener nada a cambio, como no sea violencia, miedo e inseguridad, así como para entender que su legalización es una gran oportunidad para construir una sociedad más segura y más productiva, menos prejuiciada y más creativa. Y es la propia sociedad, los que defendemos el libre mercado y los emprendedores, los que debemos exigir este cambio en el enfoque de la seguridad y pasar de una seguridad represiva e ineficaz, a una seguridad jurídica para el emprendimiento y el consumo, e incluso a una mayor seguridad asociada al menor consumo de alcohol reemplazado por otra sustancia recreativa, menos dañina. Mucho menos dañina.”
- “Puta, brillante.”
- “People forget the brain is the biggest erogenous zone.”
- “¿Qué?”
- “Jackie Treehorn.”
- “¡Ah!”

Obviamente, Hurtado no tenía idea de quién era Jackie Treehorn.

- “¿Qué piensas, Osvaldito? ¿Crees que una estrategia así funcionaría?”.
- “Creo que apunta a un objetivo idóneo para abrir una conversación en una sociedad conservadora como la nuestra: la seguridad. Es en nombre de la seguridad que cometimos tantos errores en el pasado, es por la seguridad por la que debemos enmendar las políticas sobre la marihuana de cara al futuro. Por la seguridad de emprender, de cuidar de uno, de consumir en libertad. Porque si seguimos insistiendo en políticas represivas, costosas e inútiles, que únicamente han fracasado, ¿qué chucha, somos masoquistas? Es un buen momento para pensar por fuera de la caja… creo que tus argumentos me hubieran persuadido aunque yo no hubiera consumido jamás marihuana. Porque… es de puro sentido común, ¿no? Pero claro, eso es fácil decirlo ahora que estoy drogado… ¿Y?”

Este último “¿Y?” incluía un gesto con la jeta que aludía a la pieza de artesanía cannábica que Mahuad ostentaba en su mano derecha.

- “Es de banana split”, dijo orgulloso.
- “Solo una caladita, que más temprano me comí un brownie.”

Osvaldo Hurtado aspiró como si de menospreciar a Correa se tratara, y casi se rompe los pulmones.

- “Solo una caladita, qué hijopu…”, y se desató un torrente de risas entre ambos. Mahuad había fumado la tarde escuchando a Serrat y a Hurtado le pegó ahora sí el brownie como un zurdazo de Jimmy Izquierdo. Cualquiera que haya estado en circunstancias como esas (a mí me pasó una vez en el Bolocentro), sabe que uno simplemente no para de reírse hasta el dolor de panza, y que sigue.

Y así estaban, agarrándose las barrigas, partidos de la risa, los dos presidentes que la DP le dio al Ecuador.

*

P.S.- Esta versión alternativa de la DP drogada me gusta 795.684 veces más que su versión original. Que es, tristemente, la verdadera.

* Sobre The Big Lebowski y el sentido zen de la vida, v. ‘The Dude and the Zen Master’. Los enlaces asociados a las palabras del expresidente Mahuad constantes en este escrito conducen a elementos para sostener (a efectos de que este sea informado y razonable) un debate acerca de la legalización del uso recreativo de una… planta.