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Una utopía llamada Montaigne

30 de junio de 2021

‘Aquí tenemos a alguien que triunfó en la arriesgada empresa de vivir, que sirvió su país y vivió retirado; fue terrateniente, marido, padre; entretuvo a reyes, amó a mujeres y meditó durante horas a solas inclinado sobre libros antiguos. Mediante el perpetuo experimento y la observación de lo más sutil logró por fin un milagroso equilibrio de todas esas partes caprichosas que constituyen el alma humana. Apresó la belleza del mundo con todos los dedos. Alcanzó la felicidad. Si hubiera tenido que vivir de nuevo, dijo que habría llevado la misma vida otra vez’, dice Virginia Wolff de Michel de Montaigne.

 

La utopía no es un punto de llegada, es un aliciente para caminar. Montaigne es la utopía.

El arte de insultar [por García Márquez]

30 de abril de 2021

Corría el año 1981 y en una columna del diario El Tiempo, firmada por un tal Ayatola, se lo calumnió al cataquero más ilustre. En respuesta, García Márquez en un artículo titulado ‘Punto final a un incidente ingrato’, le dirigió a ese quídam unas líneas:

 

‘No sé a ciencia cierta quién es, pero el estilo y la concepción de su nota lo delatan como un retrasado mental que carece por completo del sentido de las palabras, que deshonra el oficio más noble del mundo con su lógica de oligofrénico, que revela una absoluta falta de compasión por el pellejo ajeno y razona como alguien que no tiene ni la menor idea de cuán arduo y comprometedor es el trabajo de hacerse hombre’.

 

Rayado, el cataquero.

El traspatio del traspatio de la literatura

10 de diciembre de 2019


En The Atlas of Literature (2001), editado por Malcom Bradbury, hay un capítulo dedicado a los escritores de América latina. Allí (p. 299) se presenta un útil mapeo de los escritores de la región, que en Sudamérica excluye al personal escritor de Bolivia y del Ecuador:


El Ecuador, de hecho, sirve de asiento para escribir los nombres de los escritores colombianos (es más un mueble, que un país). 

La escritora María Fernanda Ampuero, en esta entrevista en el marco de la FIL, decía que en la literatura de Latinoamérica “también hay niveles y Ecuador es como el traspatio del traspatio”, afirmación que esencialmente pone en blanco y negro lo que ha representado el ilustrativo mapa a colores de este atlas.

Tema del traidor y del héroe (variante andina)

24 de agosto de 2019


En memoria de Borges, a 120 años de su nacimiento.

Trujillo Not Dead.

Bajo el notorio influjo de Borges, no me resulta extraño concebir este argumento. A día de hoy, 24 de agosto de 2019, esta idea aún inacabada, la prefiguro así.

La acción transcurre en un país tenaz y oprimido: proponer a la República del Ecuador es una alternativa muy verosímil. La historia ocurre en unos meses de los años 2018 y 2019. Un conservador de tomo y lomo, un tipo que inventó a un partido de derechas nefasto, un amigo del infame Hurtado; un traidor a las causas democráticas que participó de las tronchas cuando la Asamblea Nacional se llamaba Cámara Nacional de Representantes, que apoyó la sucretización, que firmó la Disposición 42 en la Asamblea Constituyente de 1998 que terminó por convertir en agua de borrajas los ahorros de millones de personas. Esta rémora conservadora, en los últimos años de su vida se dio aires de tipo progre junto a los Yasunidos y a algunos profesores de incuestionable progresismo como Ramiro Ávila Santamaría y David Cordero Heredia. Sus aliados de la derecha conservadora nunca le perdonaron este travestismo.

En los anales de la hipocresía serrana acaso nunca se llegue a saber si fue el mismo Trujillo el que buscó su redención, o si ésta le fue ofrecida como una dádiva por el mandamás de la derecha. Es rara la vida: en su ocaso Trujillo tuvo la posibilidad de hacer triunfar a su vieja causa conservadora pero revestida de progresismo. “Ya eres un travestí”, le espetó un emisario del mandamás, “pero ahora estás en la dirección correcta”. Se urdió el plan en Mocolí, se lo refrendó en Carondelet.

Trujillo sabía que la vida le sería breve. El cúmulo de enfermedades que arrastraba (diabetes melitus tipo 2, cardiopatía hipertensiva y nefropatía diabética) no le auguraban una larga duración al resto de sus días. Menos aún con este trueque de la paz de su entorno familiar y del calor de su hogar, por los fragores de la lucha política. Consciente de que su misión era casi un suicidio, Trujillo se comprometió. El 6 de marzo de 2018 empezó su tarea: desde esa tarde gris, Julio César Trujillo fue el Presidente del llamado “Consejo Transitorio” hasta su muerte, es decir, fue un hombre laboriosamente dedicado a un triunfo oscuro y su personal redención.

Desde marzo, la sucesión de hechos es vertiginosa: el Consejo Transitorio destituyó a 28 funcionarios del régimen anterior, a los que sometió a variados excesos tales como iniciar los procesos en su contra sin informarles de lo que se los acusaba y con la investigación en reserva, evaluarlos con unas normas dictadas con posterioridad a los hechos que se evaluaron y sin respetar el principio de legalidad y, además, hacer dichas evaluaciones con unos juzgadores que tenían una decisión tomada de antemano y que no dudaban en omitir las garantías del debido proceso para llegar a dicha decisión. Una muestra grosera de ello es que la apelación de sus destituciones, los evaluados la debían presentar ante el mismo órgano que los había destituido. Previsiblemente, todas las apelaciones fueron rechazadas.

Con todos estos antecedentes, recién estábamos en los arrabales del abuso. Después de las destituciones en masa, el Consejo Transitorio se atribuyó la facultad de nombrar a las autoridades de reemplazo a placer, a través de unas “facultades extraordinarias” por las que sometía a las autoridades así designadas a su pleno control. Sin advertirlo, el Ecuador entró a una etapa de dictadura civil, por una concentración de poderes en un grupo selecto sin necesidad de sujetar su actuación a normas previas, ni de rendir cuentas de sus actos (todo lo que es y viene siendo una dictadura desde los tiempos de Roma).

A diferencia del irlandés Kilpatrick en la Irlanda del siglo XIX, Trujillo contó con un mayor número de días para la ejecución de su plan de redención. No debió recurrir a las citas del Julio César de Shakespeare, a pesar de llevar su nombre, como sí debió hacerlo Kilpatrick en su oprimida Irlanda de 1824. Pudo omitir al bardo inglés y a Jorge Carrera Andrade de sus alocuciones, que al final se tornaron cada vez más breves e ininteligibles (fragmentos de ellas parecían un cassette rebobinándose), como si preanunciaran el fallo cerebral que estaba por ocurrirle. En todos esos días (fueron alrededor de 14 meses), Julio César Trujillo sirvió cumplidamente a los intereses que lo ungieron.

Como la República del Ecuador es un país especial y consagrado al Corazón de Jesús desde 1871, es sospecha que un designio divino acompañó esta epopeya conservadora. La bomba de tiempo humana que era Julio César Trujillo explotó cuando todavía era el Presidente del dictatorial Consejo Transitorio: la perfección del momento de su ACV fue tal, que ocurrió al día siguiente del día en que la institución por él presidida decidió auto-prorrogarse en sus funciones, en un ilustre abuso final. Fue este abuso el que cumplió un rol determinante en el relato conservador, pues le permitió a Trujillo morir en olor republicano de santidad, en aras de convertirlo, como dijo uno de los beneficiarios de sus tantos abusos, Pablo Celi, en un “mártir de la democracia”.

Como la muerte de Kilpatrick en agosto de 1824, como las Festspiele en Suiza, la muerte de Trujillo fue una representación masiva. Se le rindieron honores, se le impuso post-mórtem la “Orden de San Lorenzo”, ese invento de unos fallidos de un lejano agosto; el Canciller acotó que “Julio César Trujillo estuvo a la altura de esos próceres”. El Presidente ordenó el luto nacional por cuatro días y las banderas en las instituciones públicas ondearon a media asta. En la misa de cuerpo presente en La Dolorosa estuvo el Presidente en su silla de ruedas y los representantes de las más importantes funciones del Estado. Casi era una plenaria de la derecha conservadora (menos el mandamás: él no salió de su isla). También estuvo la inefable María Paula Romo, otrora promesa de cambio devenida en bulldog de esta derecha conservadora desde su cargo de Ministra de Gobierno, acompañada de su marido, el hijo de aquel a quien el mandamás declaró no poder sino miccionar sobre él (pues pegarle era muy poquito). Unánimes, todos cumplieron su parte en exaltar y honrar una mentira llamada Trujillo.

Gente cercana lo recuerda a Trujillo, en privado, diciendo que cincuenta años después lo había comprendido a Velasco Ibarra cuando se declaró dictador en 1970, diciendo que en este país había la necesidad de un gobierno fuerte pues es “ingobernable”. Era lo que le faltaba a su notable historial conservador: añorar y ser un émulo de la última dictadura civil de la república. El cargo de Presidente del Consejo Transitorio fue su último retroceso, su final travestismo progresista rumbo a la redención conservadora, al que se le prestó un muy conveniente y colectivo disfraz por parte de nuestra demacrada clase política. 

En esta República del Ecuador, apenas un trasunto de Costaguana, la oferta de las ideas para comprender la realidad que se vive es mínima, pero principalmente y mucho peor, es falsa. No resulta ni inverosímil ni trivial que también se busque fabricar esta idea de que a Julio César Trujillo, ese inveterado traidor redimido por la derecha conservadora en sus últimos días, se lo pretenda convertir ahora en héroe nacional. Tal vez nos lo merezcamos.

De Trujillo se han publicado y aún se publicarán más editoriales, entrevistas, recuerdos y anécdotas; seguirán más artículos de opinión, acaso libros y especiales de Ecuavisa, devotos todos de destacar su luciente y renovada estatura moral. Es apenas lógico suponer que esto último también, el mandamás, ya lo haya tenido previsto.

Un país de bárbaros

27 de marzo de 2019


Recordaba el escritor español Francisco Umbral (1935-2007) en un libro oportunamente titulado “Guía irracional de España”, que para la época de su redacción (fines de los ochenta), una radio había hecho una relación “de pueblos de España con fiestas de toro”. En palabras de Umbral, en el capítulo del libro titulado “El español y la guerra (civil)”:

“Son unos 90 pueblos. Todo consiste en echarle al toro perros feroces, o en el toro enmaromado, al que se sube a rastras de un pico y luego se le despeña, o en darle cuchilladas al toro. ¿Por qué ese ensañamiento con un animal tan nuestro?”

Luego, como Umbral quería en ese capítulo de su Guía explicar la guerra civil en España, se disparó con esto: “La guerra civil es ya el toro inmenso, generalizado, el negro toro de pena, el negro toro de España”.

O dicho de otra manera, más prosaica: un país de bárbaros.

Diego Cornejo (Naipe Centralista)

18 de noviembre de 2018



Desde la perspectiva del Naipe Centralista, esto es un elogio.

Morir así

18 de julio de 2018


Yo quiero escribir como el Negro Fontanarrosa, para que después se me acerque alguno y me diga: “me cagué de risa con tu libro” (de eso van las aventuras de Mahuad, p. ej.). Y si de morir se trata, yo quisiera morirme como el viejo Casale, tal como está descrito en el fabuloso cuento del Negro 19 de diciembre de 1971, sobre el día que al viejo se lo llevaron a los tablones del estadio a ver triunfar al equipo de sus amores (Rosario Central, los canallas) por sobre su clásico rival (Ñuls, la lepra):  

“¡La cara de felicidad de ese viejo, hermano, la locura de alegría en la cara de ese viejo! ¡Que alguien me diga si lo vio llorar abrazado a todos como lo vi llorar yo a ese viejo, que te puedo asegurar que ese día fue para ese viejo el día más feliz de su vida, pero lejos lejos el día más feliz de su vida, porque te juro que la alegría que tenía ese viejo era algo impresionante! Y cuando lo vi caerse al suelo como fulminado por un rayo, porque quedó seco el pobre viejo, un poco que todos pensamos: “¡Qué importa!” ¡Qué más quería que morir así ese hombre! ¿Iba a seguir viviendo? ¿Para qué? ¿Para vivir dos o tres años rasposos más, así como estaba viviendo, adentro de un ropero, basureado por la esposa y toda la familia? ¡Más vale morirse así, hermano! Se murió saltando, feliz, abrazado a los muchachos, al aire libre, con la alegría de haberle roto el orto a la lepra por el resto de los siglos! ¡Así se tenía que morir, que hasta lo envidio, hermano, te juro, lo envidio! ¡Porque si uno pudiera elegir la manera de morir, yo elijo ésa, hermano! Yo elijo ésa.”

Yo también.

P.S. Se nota que en mi panteón particular de héroes, el Negro está allá arriba, en Olimpo VIP.

¿Manuela Culea?

4 de mayo de 2018


En el libro Historia secreta de Costaguana del colombiano Juan Gabriel Vásquez se puede leer lo siguiente:

“Doña Manuela Sáenz, quiteña de nacimiento, ha dejado a su legítimo (y aburridísimo) esposo, un tal James o Jaime Thorne; en 1822, el Libertador Simón Bolívar hace su entrada triunfal en Quito; poco después, ídem en Manuela. Se trata de una mujer extraordinaria: es diestra sobre un caballo y magnífica con las armas, y durante la gesta de la Independencia Bolívar logra comprobarlo en carne propia: Manuela monta tan bien como tira. Pesimista ante la condena social, Bolívar le escribe: “Nada en el mundo puede unirnos bajo los auspicios de la inocencia y el honor”. Manuela le responde llegando sin anunciarse a su casa y mostrándole, a golpe de cadera, lo que opina de los auspicios. Y el 25 de septiembre de 1828, mientras el Libertador y su Libertadora gozan de múltiples Libertinajes, en el lecho presidencial de esa Colombia incipiente, un grupo de conspiradores envidiosos –generales de muchos soles cuyas mujeres ni montan ni tiran- deciden que aquel coitus quedará interruptus: intentan asesinar a Bolívar. Con la ayuda de Manuela, Simón da un salto, escapa por la ventana y va a esconderse debajo de un puente” (1).

El inmenso, bolsapayasesco mérito de Manuela fue tener un pubis no angelical de acuerdo con los estándares de la época que le tocó en suerte vivir. En esa época circuló este romance sobre su relación libertina al cuadrado:

Bolívar, enhiesta espada
“Manuela, vendrás conmigo.”
“Simón, tu espada yo sigo
Mi vaina, bien aceitada.” (2)

Más que Sáenz, nuestra lúbrica Manuela debería renombrarse como esta estrella de la TV de los años ochenta:

A-team
 
Le haría justicia a su fogosa actividad por el Libertador y por la Independencia.

Es eso, o leer bodrios como éste. Cuya única representación gráfica puede ser:


(1) Vásquez, Juan Gabriel, ‘Historia secreta de Costaguana’, Penguin, Bogotá, 2017 [Primera edición 2007], p. 48.
(2) Ídem, p. 51.

Rosa Borja de Ycaza

30 de julio de 2017

Desde niño he vivido familiarizado con este nombre, porque es el nombre de la calle de mi casa desde antes de entrar a la preparatoria en el Cristóbal Colón (que queda sobre esa misma calle, al 115) (1).

Pero antes la calle “Rosa Borja” no se llamaba así. En un principio (en un gesto de cipayismo que habría hecho sonreír a Jauretche) el Concejo Municipal de Guayaquil, cuando el primer trazado de esta calle del Barrio del Centenario con dirección al Sur, la denominó “Ministro Canning”. La llamó así por George Canning (1770-1827), Ministro de Relaciones Exteriores del Reino Unido que desde 1822 hasta 1827 procuró el reconocimiento de las naciones sudamericanas por parte del gobierno británico.

En todo caso, el Concejo Municipal de Guayaquil decidió revertir pronto esta decisión inicial. El 4 de agosto de 1936 decidió cambiarle el nombre a la calle “Ministro Canning” por “Rosa Borja de Ycaza”. El Concejo, cuenta el cronista Pérez Pimentel, “ejecutó la ordenanza el 7 de septiembre siguiente”.

Cuando se le puso su nombre a una calle, la poetisa e intelectual Rosa Borja Febres-Cordero vivía, estaba casada con Alberto Ycaza Carbo, era una destacada feminista de Guayaquil (presidenta del Consejo Nacional Ecuatoriano de la Unión de Mujeres Americanas y presidenta de la Legión Femenina de Educación Popular y editora de su órgano de difusión oficial, la revista “Nuevos Horizontes”) y había hasta entonces publicado un libro con tres conferencias “Aspectos de mi sendero”, otro de poesías “Hacia la vida” y una obra de teatro “Las de Judas”.

El Concejo Municipal la homenajeó ese 1936, con el propósito de “alentar su labor”.

Rosa Borja correspondió a sus expectativas. Vivió por largos veintiocho años desde este homenaje municipal, hasta que murió el 22 de diciembre de 1964. Durante esos casi treinta años de vida, Borja fue una mujer pionera: la primera que ocupó el cargo de Directora de la Biblioteca Municipal de Guayaquil (1953-1959) y de Directora de la Biblioteca Nacional del Ecuador.



También publicó, durante ese período, varios libros de poesía y de teatro y dos biografías: la suya propia, titulada “Mi mundo íntimo”, y la de su padre, el doctor César Borja Lavayen.

Sobre temas sociales, en este período Rosa Borja publicó sobre su ciudad “Guayaquil, ojeada histórica de la ciudad, desde los Huancavilcas hasta nuestros días” y “El Municipio y los problemas sociales de Guayaquil”. También publicó el libro “Influencia de la mujer como factor importante en el mejoramiento humano” y se destacó por ser una activa conferenciante feminista. La Unión de Mujeres Americanas, con sede en Nueva York, la designó su presidenta. Fue también Consejera Provincial del Guayas y una activa militante del CFP con Guevara Moreno, durante los años cincuenta y principios de los sesenta. Fruto de su gestión política, el Municipio porteño fundó el Centro Municipal de Cultura, que se cerró el año 1989 durante la administración de Elsa Bucaram.

Last but not least, Borja también fue compositora musical. Su “Álbum de música” fue premiado en Buenos Aires en 1942 por la “Asociación Argentina de Música de Cámara”.

Rosa Borja de Ycaza fue una mujer notable, con calle propia en su ciudad. Una mujer de la que, es ignorancia generalizada, hoy se conmemora un aniversario más de su nacimiento el año 1889.

(1) Un edificio antiguo, cuya construcción se inició en 1945 y culminó en 1951, a cargo del arquitecto Juan Orús Madinyá, emplazada en el mismo lugar que ocupó el antiguo edificio de madera de tres pisos donde funcionó el Cristóbal desde su inauguración el 28 de mayo de 1911, v. ‘Colegió Cristóbal Colón (patrimonial)’.
(2) Como Primer Ministro del Reino Unido, podría decírsele “George Canning, El Breve”: asumió el cargo el 10 de abril de 1827 y cesó en él apenas 119 días después, dado su fallecimiento por neumonía el 8 de agosto de ese mismo año. Según cuenta una página web del gobierno británico, sus últimas palabras fueron “Spain and Portugal”.

Elvis y los amigos negros

17 de julio de 2017

La fina burla al P. Bartolomé de las Casas que inicia el cuento “El atroz redentor Lazarus Morell” de Jorge Luis Borges, ha cobrado merecida fama. Es como sigue:

“En 1517 el P. Bartolomé de las Casas tuvo mucha lástima de los indios que se extenuaban en los laboriosos infiernos de las minas de oro antillanas, y propuso al emperador Carlos V la importación de negros que se extenuaran en los laboriosos infiernos de las minas de oro antillanas” (1).

Sigue una relación de hechos que Jorge Luis Borges le atribuye a la negritud. Recuerda en su letanía a los orientales Pedro Figari y Vicente Rossi, a los políticos Abraham Lincoln y Toussaint Louverture, a la herencia musical en el candombe y en “la habanera madre del tango”.

Elvis llegaría después (el cuento se publicó en 1935). Pero bien hubiera podido añadir: “Y la música de Elvis Presley”.

En una entrevista a inicios de su carrera (1956), Elvis fue honesto sobre el origen de su estilo:

“Los amigos negros [‘colored folks’, en el original] llevan cantando y tocando esto desde antes de lo que yo puedo recordar, amigo. Ya tocaban en sus chabolas y en sus garitos, y nadie apostaba por ellos hasta que yo he despabilado el tema. Yo lo he copiado de ellos. En Tupelo, Mississippi, solía oír al viejo Arthur Cudrup aporreando su guitarra igual que hago yo, y yo me decía si algún día consigo sentir todo lo que siente el viejo Arthur me habré convertido en un músico como nadie”.

(2) Mason, Bobbie Ann, ‘Elvis Presley’, Mondadori, Barcelona, 2003, p. 55. El resaltado no es del original.

Mierda y fe

9 de julio de 2017


Cuenta García Márquez:

“Mi madre nos contaba que éste llegó una noche a su casa, enloquecido por el alcohol, un minuto después de que una gallina había plantado su cagarruta en la mesa del comedor. Sin tiempo de limpiar el mantel inmaculado, la esposa alcanzó a taparla con un plato para evitar que la viera el marido, y se apresuró a distraerlo con la pregunta de rigor:
- ¿Qué quieres comer?
El hombre soltó un gruñido:
- Mierda.
La esposa levantó entonces el plato y le dijo con su santa dulzura:
- Aquí la tienes.
La historia dice que el propio marido se convenció entonces de la santidad de la esposa y se convirtió a la fe de Cristo” (1).

Persuadido por un argumento de mierda. El origen común de la fe (2).

(1) García Márquez, Gabriel, ‘Vivir para contarla’, Editorial Norma S.A., Bogotá, 2002, pp. 162-163. (Versión en PDF).
(2) Fe: “Creencia sin pruebas en lo que alguien nos dice sin fundamento sobre sobre cosas sin paralelo” (Ambrose Bierce, ‘El diccionario del diablo’. Es decir, para tenerla, es menester comerse un “argumento de mierda”.