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La vuelta de campana

5 de abril de 2026

Variaties of Democracy Institute (“V-Dem”), con sede en la Universidad de Gotemburgo, Suecia, publicó la edición 2026 de su “Reporte sobre la Democracia”. Este reporte es su décima edición; en ediciones anteriores, V-Dem había reportado que en el Ecuador se había vivido un proceso de democratización, pero en esta última edición del 2026, V-Dem advirtió que ese camino a la democratización concluyó el 2022. 

Desde el año en que Daniel Noboa asumió la Presidencia de la República (2023), el Ecuador ha dado una vuelta de campana, rumbo a la autocratización, como se indica nítido en el reporte 2026 de los suecos: “En Ecuador, la democratización de los últimos años está siendo revertida, transformando de forma gradual la vuelta en U en una potencial vuelta de campana. El Ecuador enfrenta un período de creciente violencia asociada con el crimen organizado, a lo que el gobierno ha respondido con puño de hierro (…) Los deterioros de los últimos años han llevado al Ecuador a la lista de potencial autocratización” (p. 28).

Una Asamblea servil

27 de marzo de 2026

            Publicado en diario Expreso el viernes 27 de marzo de 2026.

Este 4 de marzo el Ministerio de Infraestructura y Transporte remitió a la Asamblea Nacional un paquete de reformas a la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial, Uso y Gestión del Suelo (LOOTUGS). Para ser más preciso, remitió un paquete de reformas que consiste en notorias inconstitucionalidades y en una burla al proceso de debate de una ley.

Empecemos por esto último: el debate de estas reformas empezó con la unificación de varios proyectos de ley el 23 de abril de 2025 por una comisión de la Asamblea Nacional, que aprobó el informe para primer debate el 17 de octubre. Después, se realizaron varias sesiones de la comisión para la mejora y discusión del proyecto de ley. Pero a último momento, el 4 de marzo de 2026, el citado Ministerio presentó un paquete de treinta y siete artículos, cuatro disposiciones generales y cuatro transitorias. 

Estas nuevas normas jamás fueron conocidas ni debatidas, pero fueron aprobadas por los seis asambleístas de ADN en el informe para segundo debate de la comisión, para su aprobación por el Pleno de la Asamblea Nacional.   

En cuanto a las notorias inconstitucionalidades: se vulneran las competencias exclusivas de los municipios para planificar el desarrollo cantonal y ejercer el control sobre el uso y gestión del suelo (Art. 264 numerales 1 y 2), el derecho a la seguridad jurídica (Art. 82) y el principio de proporcionalidad de las sanciones (Art. 76 numeral 6). Pero la madre de las vulneraciones es la trituración del artículo 213 de la Constitución por la desnaturalización de un órgano de control: la Superintendencia de Ordenamiento Territorial (SOT), creada en mayo de 2016. 

Desde que en 1927 se creó la primera superintendencia, y por siete constituciones incluida la actual, las superintendencias han sido órganos de control, es decir, órganos que pueden dictar normas técnicas y verificar que estas normas se cumplan. Pero las reformas que tan servilmente incorporó y aprobó la comisión desnaturalizan a la SOT para convertirla en una autoridad administrativa que dicta autorizaciones y que dispone medidas en reemplazo de los municipios, que juzga el cumplimiento de normas en reemplazo de los jueces y que incrementa el número de infracciones y el monto a pagar por algunas de ellas hasta el 3% “de la asignación presupuestaria anual del GAD”, además de constituir “causal de revocatoria del mandato”. Es decir, una barrabasada tras otra.  

Uno de los varios objetivos perversos de estas reformas a la LOOTUGS es evadir el control de los municipios para facilitar la expansión de las zonas urbanas vía un procedimiento especial aprobado desde la Presidencia de la República. Así, en un apretado resumen de esta bancarrota institucional: son unas reformas sin debate (en el Pleno tampoco se las va a debatir en serio, pues también es un servil su Presidente) que introducen unas inconstitucionalidades a gusto y placer del Ejecutivo.

La última precisión que hago es acerca del uso del adjetivo en el título de este artículo. La segunda acepción de “servil” en el diccionario de la RAE es: “Que de modo rastrero se somete totalmente a la autoridad de alguien”. Para esta Asamblea y su Presidente, éste es el adjetivo que les corresponde.

Los presidentes muertos

27 de febrero de 2026

            Publicado en diario Expreso el viernes 27 de febrero de 2026.

Un total de cuatro presidentes de la República del Ecuador han muerto durante el ejercicio de la presidencia y cada uno murió por una causa distinta: un asesinato, la muerte natural, un (probable) suicidio, un (supuesto) accidente de aviación.

El primero fue el líder conservador Gabriel García Moreno (nacido en Guayaquil en 1821, muerto en Quito en 1875). Fue elegido presidente de la República por sendas asambleas constitucionales para el ejercicio de sus dos períodos de gobierno (1861-1865 y 1869-1875). Casi al término de su segundo período, en mayo de 1875, García Moreno compitió para la reelección. 

En aquellos tiempos, las elecciones las organizaba el propio gobierno y su resultado era muy previsible (ganaba invariablemente el candidato auspiciado por el gobierno). La elección de 1875 fue la única que García Moreno ganó por votación popular (con el 99.1% de los votos, aunque en aquel entonces eligió únicamente el 2.27% de la población). Iba a empezar este nuevo período de gobierno el 10 de agosto de 1875 pero cuatro días antes, el 6 de agosto, García Moreno fue asesinado, a tiros y machetazos, a los pies del Palacio de Gobierno. 

El segundo presidente que murió mientras ejercía el cargo fue el liberal Emilio Estrada Carmona (nacido en Quito en 1855 y muerto en Guayaquil en 1911). Estrada fue elegido por el voto popular en enero de 1911 (también arrasó: triunfó con el 93.95% de los votos). Tomó posesión de su cargo el 1 de septiembre de ese mismo año. Estrada debió gobernar hasta el 1 de septiembre de 1915, pero un infarto interrumpió el ejercicio de su cargo el 21 de diciembre de 1911, con apenas 111 días en funciones.

Un natural de Quito, Aurelio Mosquera Narváez, nacido en 1883, fue el tercero en fallecer siendo el Presidente de la República. Mosquera fue elegido Presidente por el Congreso Nacional el 2 de diciembre de 1938, tras la renuncia del cuencano Manuel María Borrero. Es fama que el Presidente Mosquera se suicidó con la ingesta de grandes dosis de Nembutal y por una pena de amor (o por la pura vergüenza de que su mujer le haya puesto los cuernos). Murió en Quito, la fría madrugada del 17 de noviembre de 1939.

El último de esta lista fúnebre fue el guayaquileño Jaime Roldós Aguilera, nacido en 1940. Roldós fue el primer presidente tras la vuelta a la democracia en 1979, después de casi diez años de dictadura. Él participó por el partido populista por excelencia, la Concentración de Fuerzas Populares (CFP). 

Fue un presidente elegido por la voluntad popular, en la primera ocasión que en el Ecuador la elección se realizó a dos vueltas. La primera vuelta se llevó a término el 16 de julio de 1978 y la segunda vuelta, que fue demorada por la dictadura para favorecer al candidato opositor, se realizó casi un año después, el 29 de abril de 1979. No sirvió de nada: Jaime Roldós obtuvo el 68.49% de los votos, frente al 31.51% que obtuvo Sixto Durán-Ballén. Una paliza nunca superada.

Roldós tomó posesión del cargo de presidente el 10 de agosto de 1979 y murió menos de dos años después, cuando el avión oficial en el que viajaba a Zapotillo se estrelló contra el cerro Huayrapungo. Este (supuesto) accidente de aviación ocurrió el 24 de mayo de 1981.

Sueños en el Ecuador

12 de agosto de 2025

Si tu sueño es cambiar la política del Ecuador, este no es un país para soñadores. El sistema del Ecuador está podrido, tanto que…

… si tu sueño es triunfar en negocios ilícitos al amparo del sistema político, el Ecuador es una tierra promisoria y de oportunidades, pero…

… el sueño que mejor cobija este terruño es escapar a los lugares que permitan soñar en paz. 

20 años

16 de mayo de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 16 de mayo de 2025.

Un lunes, hace exactos 20 años, publiqué mi primera columna de opinión en un diario de circulación nacional. Ocurrió un mes después de la rebelión de los forajidos, que tumbó al gobierno del presidente Lucio Gutiérrez. Como una reflexión sobre ese episodio, aquel lejano día del 2005 mi columna postuló un reto: “la construcción de un país a partir de su ciudadanía comprometida con el cambio de las formas tradicionales de participación política”. Fue una plegaria por una ciudadanía comprometida con la gestión de lo público.

Aquel lunes de mayo del 2005 se publicó una columna bisoña, cargada de ingenuidad. En los veinte años que han transcurrido desde entonces sí que se ha registrado un cambio en las formas de participación política del Ecuador, pero ha sido para peor.

Para empezar, a la ciudadanía ecuatoriana ni siquiera se la podría reputar como democrática. Cuando se fundó esta malhadada República del Ecuador en 1835 (unitaria y centralista, capital Quito), su primer presidente, el guayaquileño Vicente Rocafuerte, dirigió las siguientes palabras a los ecuatorianos que se reunieron en Ambato para dictar la Constitución que parió una república: “¿Existe entre nosotros esa pura moral de la que nace el espíritu público? Es duro decirlo, pero es preciso confesar que nó. ¿Estamos al nivel de las luces del siglo? Nó. ¿Hay comodidad, desahogo o instrucción en la masa del pueblo? Nó. Luego faltan los fundamentos en que debe apoyarse el edificio democrático”.

Casi 190 años después de esta alocución de Rocafuerte, es justo precisar que ese edificio democrático jamás se erigió en el Ecuador. Y que lo que empezó mal en 1835, hoy está en una situación mucho peor. 

A día de hoy, la “masa del pueblo” ecuatoriano cree (estos datos son del Latinobarómetro publicado en diciembre de 2024) que la democracia puede ser un cascarón vacío, porque puede funcionar sin partidos políticos, sin parlamento y sin oposición (más de la mitad de los ecuatorianos lo cree y, en comparación, es el porcentaje de la población más alto de toda América latina). En el Ecuador, el “edificio democrático” está en ruinas, porque la mayoría de los ecuatorianos ignora el significado de la democracia.

En una tipología de las políticas públicas, el Estado del Ecuador tiene un régimen al que se lo puede caracterizar como de “obediencia endeble”, es decir, un Estado cuya actuación depende, en buena medida, de la incidencia de intereses privados. En el caso ecuatoriano, en los últimos 20 años, estos intereses privados incluyen a los intereses perversos de los grupos de delincuencia organizada (GDO) que controlan vastas extensiones de territorio, que inciden (por amenaza o soborno) en las decisiones judiciales y en las políticas públicas, y que determinan (por amenaza directa o por miedo generalizado) la vida cotidiana de la población.

Es decir, el cambio registrado en los últimos 20 años en materia de participación política no ocurrió para fortalecer a la ciudadanía frente al poder público, sino para incluir los intereses privados de organizaciones criminales en la actuación del Estado. 

En conclusión, el Ecuador, así como está constituido, ¿tiene posibilidades de desarrollo? La respuesta corta es: No.

Tocó la flauta (o fenómeno Gremlin)

25 de febrero de 2025

En la fábula de Tomás Iriarte el borrico tocó la flauta por casualidad, pero ello no hizo al borrico (ésta es la moraleja de la fábula) un buen flautista. Para Daniel Noboa, ganar la presidencia fue tocar la flauta por casualidad. 

En la campaña presidencial del año 2023 hubo un episodio clave: el debate, que catapultó a Noboa a la presidencia.

Antes y durante el debate del 2023 ocurrieron cosas, incluido el asesinato de un candidato unos pocos días antes de su celebración, pero lo que realmente cambió el curso de la candidatura de Noboa ocurrió en el posdebate, cuando el Gran Árbitro de la Política Ecuatoriana (aquel a quien en el Ecuador aman y aman odiar a partes iguales), Rafael Correa, elogió a Noboa y dijo que se había destacado en el debate, que él lo había hecho “muy bien”. 

Su movida estratégica era bajar a otro candidato, Topic. Mala movida. Ocurrió el Fenómeno Gremlin

Porque con aquel “elogio estratégico”, Correa echó agua a una apacible mascota y de allí surgió Stripe, el sociópata de Gremlins (1984).  

El demiurgo Correa lo creó a Noboa, porque en la política ecuatoriana “lo hizo persona, le dio presencial social” (como dijo Abdalá que había hecho con Álvaro, su papá). Desde ahí, Noboa/Stripe se disparó. Y está arriba, y está dispuesto a cualquier cosa para sostenerse.

El telón de fondo del fenómeno Gremlin en la historia del Ecuador es que su llegada al Palacio de Carondelet no fue el fruto de un gran movimiento social. Simplemente, él lo intentó y le sonó la flauta por causalidad. 

Es por esta razón que no hay seguidores del presidente Noboa. Hay empleados, oportunistas, turiferarios, entusiastas del autoritarismo (ese saltarse las leyes y abusar de sus facultades que Noboa encarna muy bien) y, por supuesto, los convencidos del anti-correísmo, que son su base dura. Pero no hay seguidores. Y eso es porque no hay doctrina, tampoco. Y resulta realmente imposible seguir (entusiasmarse por, convencerse de que esa persona es LA alternativa) a alguien como Noboa, que no sólo tiene unas grandes dificultades para comunicar ideas, sino que ni siquiera tendría mayor cosa que decirle a su electorado, salvo frases propias del márquetin político. 

Por eso lo representa un cartón. En política, aunque estático, comunica mejor. 

Correa y el futuro

22 de febrero de 2025

Para salvar el proyecto de Correa hay que salvar el proyecto de Correa. 

Es decir, el proyecto que ayer encarnó Correa como presidente por diez años, para sostenerse en el tiempo, ahora requiere que Correa no intervenga. O que intervenga de una cierta manera.

Por intervenir, quiero decir: tuitear.

Y ello es así, por las siguientes tres razones:

La primera, porque las intervenciones de Correa son contraproducentes, pues alimentan el anticorreísmo. La segunda, porque las intervenciones de Correa distraen el foco de atención que debe estar sobre quien debería brillar en esta elección (porque lo que se quiere es la victoria en la segunda vuelta), la candidata Luisa González. La tercera, porque este cambio de conducta de Correa significa reconocer el paso del tiempo: las nuevas generaciones no conocen al Correa que gobernó, sino al Correa tuitero. Y a este último, lo perciben tóxico.

El problema de fondo es que Correa es un indomable que vive, como diría Les Luthiers, “atrapado por su pasado” (suéltalo pasado). Y la elección del 13 de abril es sobre el futuro. Así que está yendo a contramano y debería enderezar el rumbo.

Son dos opciones: la radical, que consiste en que Correa deje de tuitear (opción irreal), o la moderada, que consiste en que Correa tuitee con propósito (opción más o menos realista). Es decir, que al menos hasta el 14 de abril, antes de tuitear, Correa responda a las preguntas: ¿es esto acerca del pasado o de mi ego? ¿o esto que voy a tuitear sirve a la campaña de Luisa? Si la respuesta a la primera pregunta es Sí, no tuitea. Y si la respuesta es No, pero la respuesta a la segunda pregunta no es Sí, tampoco tuitea.

Mi sugerencia: la opción moderada, con mucha discusión de políticas públicas a implementar en un nuevo gobierno, con análisis de los programas de la candidata de su tienda política. Hablar del futuro, sin hablar (casi nada, lo mínimo indispensable) del pasado. Y nunca en tono de “se los dije”, porque eso aburre.

Ojalá el expresidente tenga la grandeza de aceptar una sugerencia de buena fe. Como decían las abuelas, “es por su propio bien”. Y el del Ecuador, también. 

"Ayora" y poco más

19 de febrero de 2025

En una entrevista por canal 10 la mañana del miércoles 18 de febrero, el periodista Mauricio Ayora se mostró ansioso de satisfacer los apetitos mediáticos del presidente Daniel Noboa. Se entregó a sus deseos de lucirse, sin oposición ni disimulo. En su estilo chabacano, le hizo unas preguntas fáciles, engolosinadas, que siempre buscaron que el presidente Noboa corra, pues todo era pampa. Lo acompañó en su discurso, incluso lo elogió cuando sintió que tenía la oportunidad. Se animó, al cierre, a decir que había que votar bien, implicando de manera obvia que el voto debería ser para Noboa.  

Pero lucirse no es tarea para el presidente Noboa. La prestancia y desenvoltura de su madre ante las cámaras no es lo suyo. Es papá (figura pública con cinco candidaturas presidenciales y ninguna victoria a cuestas) purito.

Pero él sí se deja aconsejar y trata (se puede cifrar su esfuerzo en sus gestos) de hacerlo lo mejor que puede. Pero es tan hábil con las palabras, como Lenin Moreno con un ciclonauta. Este ejemplo de cuando trató de vender el voto “con esperanza” no tiene desperdicio:

“darles las soluciones (a la gente, N. del A.) que ellos necesitan y eso sólo se hace estando en territorio, uno no, uno teniendo una oficina bonita en Quito no resuelves nada, tienes que estar en las zonas difíciles, en las zonas donde hay desilusión, donde la gente se siente des (se traba) desilusionada porque de repente aparece un político y se aprovecha de esa desilusión. Y con… Y… incita a que voten con odio (M. Ayora murmura cosas), y no puede, no puede votarse con odio (M. Ayora apoya: “con sentimiento”), tiene que votarse con esperanza, tiene que votarse con (M. Ayora interrumpe: “Exacto”)… con, con sentimientos positivos, no con temas negativos” (este arrastre de ideas le demoró treinta y seis segundos; la impersonalidad del “tiene que votarse”, no como el fruto del entusiasmo sino como el cumplimiento de un deber, es muy decidor).

Es un guion. Al presidente Noboa le debe haber llegado el memo: con el purito anti no va a llegar adonde quiere. Y entonces se tiene que abrir a postular el voto “con esperanza”, pero lo hace con un tono tan desesperanzado, tan mecánico, que conduce a la desidia: “Ya nada, presi”. 

Cuando chico, “ayora” era el nombre popular de la moneda de un sucre. El presidente Noboa fue poco más que eso.

Contra el voto obligatorio

18 de octubre de 2024

            Publicado en diario Expreso el viernes 18 de octubre de 2024.

Durante 116 años y catorce Constituciones, el voto fue facultativo en el Estado del Ecuador. Así, para el experto Ernesto Albán Gómez: “La tradición constitucional y política del país consideraba que el sufragio era un derecho de los ciudadanos”. 

Pero nuestra Constitución número quince, aprobada el 31 de diciembre de 1946, rompió esta tradición, torció la idea de derecho y convirtió el voto en obligatorio (pasando así de ser un “derecho de los ciudadanos” a convertirse en un deber). Según Albán Gómez, el propósito de esta reforma fue bueno: se trató de fortalecer las instituciones democráticas a través de involucrar a todos los ciudadanos en los procesos electorales.

Pero se ha hecho evidente que, casi ocho décadas después de haberse implementado el voto obligatorio, este propósito de fortalecer las instituciones democráticas ha fracasado de forma grosera. En el curso de los años hemos llegado a una situación en la que los partidos y movimientos políticos suelen definirse por la oposición de unos a otros (su lema no oficial: “no somos buenos, apenas somos menos peores que el siguiente”), en un juego de suma cero. En este contexto, la gran mayoría de los participantes en el proceso electoral compiten para ocupar un lugar en la administración del Estado, a fin de repartirse un botín: puestos, contratos, comisiones, privilegios, corruptelas varias… 

El resultado de este juego de suma cero es una competencia electoral que carece de ideología, de militancia, del sentido de servicio al ciudadano. En este escenario, el voto obligatorio cumple el propósito de sostener un sistema electoral perverso, que funciona en contra del obligado votante. Y en una definición atribuida a Albert Einstein, “locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes”.

Entonces debemos abandonar el voto obligatorio para obtener unos resultados diferentes. 

Si se vuelve a la “tradición constitucional y política” del voto facultativo, primero, se respetará la libertad de los ecuatorianos, pues ella implica que seamos libres para decidir si deseamos participar en el proceso electoral. Si esto ocurre, dejaremos de ser uno de los 21 territorios en el mundo que obligan a votar a sus habitantes y pasaremos a integrar la inmensa mayoría de países que respetan la voluntad de sus habitantes.

Segundo, e incluso de mayor relevancia, si volvemos a adoptar el voto facultativo, podemos obtener unos resultados diferentes a la perversión actual. Los políticos ya no tendrían un voto cautivo y deberían empezar a buscar mecanismos para atraer a un electorado que, a día de hoy, desconfía de ellos y los desprecia. Así, el voto facultativo ofrece la posibilidad de procurar una mejora sustancial en la calidad de los discursos y las propuestas de los políticos, de manera tal que empiecen a merecer el depósito de confianza que se expresa en el voto que se ejerce en libertad. 

Esto implicaría un giro copernicano: serían los políticos los que se tendrían que ganar nuestro respeto, no nosotros estar obligados a sostener su sistema perverso.

Pero no creo que este cambio del voto obligatorio al facultativo ocurra, pues no le conviene a la clase política. Los ratones cuidarán su queso.

Ecuador fue la esperanza

26 de mayo de 2023

            Publicado en diario Expreso el 26 de mayo de 2023.

Ecuador tiene un récord: fue el primer país del mundo en presentar un informe de cumplimiento del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC) el 9 de septiembre de 1977. Este hecho quedó como un testimonio de la inestabilidad política ecuatoriana, porque la aprobación ecuatoriana del PIDESC se hizo bajo el imperio de la Constitución de 1967, el primer informe de cumplimiento del PIDESC se hizo bajo el imperio de la Constitución de 1945 (puesta en vigor tras el golpe de Estado de los triunviros) y la defensa de este informe en la sede de la ONU se hizo bajo el imperio de la Constitución de 1979, el 15 de abril de 1980. Tres momentos, tres Constituciones. En apenas doce años y pico.

Ecuador es un país de esperanza: esa fue la idea que el representante ecuatoriano Miguel Albornoz Ruiz quiso transmitir al Comité de Expertos que se reunió esa mañana de abril de 1980 en Nueva York para conocer el informe del Ecuador. Él afirmó el compromiso del Ecuador “con la defensa de la democracia y los derechos humanos, y con la promoción del desarrollo económico en un clima de justicia social y del pluralismo ideológico”. Hermoso.

Albornoz elogió al Presidente Jaime Roldós, a la Constitución de 1979, al Plan Nacional de Desarrollo 1980-1984 “cuyo propósito era dirigir los esfuerzos del país y sus recursos hacia la justicia social, una distribución de los ingresos más equitativa y la eliminación del desempleo y el subempleo, de manera tal que toda la población tenga acceso a la salud, educación, vivienda y seguridad social”. Nos íbamos al desarrollo en aerosilla.

Ecuador es un país recursivo: en el mar de elogios de los representantes internacionales tras tan esperanzadora exposición (hablaron de “excelente reporte”, de estar “impresionados con el informe”) emergió el áspero alemán occidental Vollers para criticar algunos aspectos. Pero el ecuatoriano no se arredró: fue entonces que empezó a hablar de una “filosofía ecuatoriana”, que se asentaba en tres bases: “desarrollo económico del país, justicia social y producción”. Le espetó a Vollers: “como sin producción no puede haber desarrollo económico ni justicia social, el trabajo era considerado un deber patriótico”. Toma ahí, teutón. 

Ecuador es un país con personalidad: cuando el representante ruso Bykov quiso impedir que el representante de una organización internacional (la OIT) formule preguntas al representante del Ecuador, el ecuatoriano Albornoz dijo que con gusto contestaría lo que tuviera a bien preguntarle el señor Samson de la OIT y que el ruso al vodka. Y respondió, y destiló frases como “principios inscritos en la Constitución” y “república que respeta los derechos humanos”. De crack.

La reunión del Comité de Expertos concluyó por la tarde. Al caer el sol de ese 15 de abril, me lo imagino al ruso Bykov, pletórico de vodka, tropezándose torpe por las anchas aceras de Manhattan. Por contraste, al ecuatoriano Albornoz, galante y sonriente, caminando con paso grácil por las calles de la Gran Manzana mientras se goza la íntima convicción de haberle convencido al mundo de que su país era uno donde vivía, oronda, la esperanza.

Luego fuimos el mismo desastre, ya casi bicentenario.

El patrón de Lasso

24 de marzo de 2023

            Publicado en diario Expreso el viernes 24 de marzo de 2023.

La derrota que encajó el Presidente Lasso tras la consulta popular del 5 de febrero de 2023 siguió un patrón. Antes de la emergencia de Guillermo Lasso como representante de la derecha ecuatoriana en la Presidencia de la República, desde el retorno a la democracia en 1979, dos gobernantes de derecha, ya desgastados en su popularidad, hicieron una consulta al pueblo. Fueron Febres-Cordero y Durán Ballén. Ambos perdieron. Lasso es el tercero de esta lista. 

El primero de junio de 1986, a mitad del período de León Febres-Cordero, el Presidente le preguntó a sus mandantes lo siguiente: “Compatriota: ¿Quiere usted que los ciudadanos independientes tengan pleno derecho a ser elegidos sin necesidad de estar afiliados a partido político alguno, confirmando así la igualdad de todos los ecuatorianos ante la ley?”. 

El asunto preguntado era un reclamo social de la época y fue redactado con un claro sesgo (“confirmando así la igualdad”). A pesar de ello, el Presidente Febres-Cordero sufrió una grosera derrota: el Sí obtuvo 781.409 votos (24.96%) mientras que el No obtuvo 1.779.697 votos (56.85%). 

El 26 de noviembre de 1995, a menos de un año de concluir el gobierno de Sixto Durán-Ballén, el Presidente le preguntó a sus mandantes sobre varios temas: descentralización, derecho a escoger el régimen de seguridad social, distribución equitativa de recursos, prohibición de paralizar servicios públicos, disolución constitucional del Congreso Nacional por el Presidente de la República, elecciones distritales y uninominales y período legislativo de cuatro años, elección del presidente del Congreso Nacional cada dos años, reestructuración de la Función Judicial, eliminación de privilegios en el sector público y creación del Tribunal Constitucional y su regulación. 

Fueron un total de once preguntas. En todas y cada una de ellas ganó el No. El Sí siempre se mantuvo en la franja del 30% de los votos, mientras que el No se mantuvo en la franja del 40% de los votos. Fue una derrota contundente.

Febres-Cordero y Durán-Ballén tenían una baja popularidad al momento de hacer las consultas populares en 1986 y 1995, que funcionaron como una evaluación al gobierno del Presidente postulante. Evaluación que perdieron.

Ese es el patrón que siguió la consulta popular de Guillermo Lasso el 5 de febrero de 2023. Un gobierno de derecha, con una baja popularidad (una encuesta comparativa publicada en estos días lo ubica a Guillermo Lasso como el Presidente peor evaluado de América latina, con el 17% de aceptación a su gestión), que convocó a una consulta popular para legitimar su actuación en el resto del período. Ocho preguntas el Presidente presentó, en todas las ocho preguntas perdió. Aunque muchas eran preguntas tentadoras: tal es el tamaño del desafecto popular a la gestión presidencial.

En el Ecuador, desde 1979, se han convocado un total de doce consultas populares. Éstas tres, de Febres-Cordero, Durán-Ballén y Lasso, son las únicas que el pueblo ha negado.

En el caso de Lasso, esta derrota lo coloca a él en la situación de gobernar por más de dos años, sin apoyo del arco político y sin respaldo popular. 

Una posición difícil de afrontar, más parecida a languidecer que a gobernar.

Viteri mató el discurso del "éxito"

27 de enero de 2023

            Publicado en diario Expreso el viernes 27 de enero del 2023.

En estas elecciones 2023 la alcaldesa Cynthia Viteri, por ser una candidata lanzada a la reelección, representa la continuidad. En estos días, esa es una posición incómoda porque esta ciudad, dado lo mal que se vive en ella, necesita un cambio.

Guayaquil necesita un cambio en su división administrativa para una mejor atención con obras y servicios a su población. La actual división por parroquias es heredera de una ordenanza de febrero de 1956. El desfase entre esta ordenanza de 1956 y el crecimiento de Guayaquil ha producido unas gigantes parroquias de expansión urbana, con enormes cinturones de miseria y un alto índice de necesidades básicas insatisfechas, que son el caldo de cultivo de la violencia (de lo mal) que se vive hoy en Guayaquil.

Guayaquil requiere una nueva división por parroquias y que éstas sean lo más homogéneas posible en territorio y población. Una mejor provisión de obras y servicios a las parroquias será la consecuencia de acopiar una información precisa sobre sus necesidades insatisfechas y sus requerimientos para enfrentar el cambio climático. Con esta información, se podrán  diseñar y aplicar políticas públicas para una provisión digna de las obras y servicios en cada parroquia, con un enfoque verde, inclusivo y sostenible. Esto implica el abandono, de una vez por todas, de la ideología socialcristiana que dice que la provisión de las obras y servicios se debe hacer según la capacidad económica del beneficiario.

Es decir: lo que se tiene que hacer en Guayaquil es el exacto contrario de lo que se ha hecho en Guayaquil en los últimos cuatro años. 

De lo anterior se sigue que la continuidad de la alcaldesa de Guayaquil es indeseable. Ella empezó sus andanzas siendo la desorientada alcaldesa de los tiempos del Covid, mientras la gente moría en las calles y no había ni dónde enterrarla. (El clímax de su desorientación fue bloquear la pista del aeropuerto para impedir el aterrizaje de un vuelo humanitario.) La alcaldesa ha sido testigo impávido del descenso a los infiernos de la violencia en Guayaquil y como torpe consuelo ha insistido en echarle la culpa a otros. Ha sido el suyo un período de gobierno municipal sin ninguna obra de relevancia, ni tan siquiera ha podido completar una troncal de la Metrovía (la última se entregó hace 10 años; faltan cuatro que debieron estar el 2020).
  
Pero su notoria ineficacia es poco frente a la vuelta a las corruptelas y al populismo. En su administración abundan las sospechas de corrupción: por los terrenos del exmarido en los alrededores del nuevo aeropuerto, por el negocio de las vallas fantasmas y la aromaterapia, por el sobreprecio en la pintura del proyecto “Letras vivas” y la nómina inflada, suma y sigue. Pero peor ha sido su caída al populismo del gas, el pollo y la cerveza, amparada en un discurso digno del más rancio roldosismo: “El dinero del Municipio es del pueblo, por eso se lo devolvemos al pueblo”. En realidad, estas dádivas son sus manotazos de ahogado. 

Entonces, si algo encarna la alcaldesa Viteri, eso es la muerte del modelo “exitoso” de desarrollo, tanto por su notoria ineficacia como por su triste descenso a las corruptelas y el populismo del que se quiso escapar en 1992. 

Premiar la mediocridad

11 de octubre de 2022


En el programa de ayer de Carlos Vera se dedicaron a difundir una idea tan absurda como canalla. Una presentadora que hace los cierres para salir a la pausa comercial leyó con convicción y por tres ocasiones lo siguiente: “Los grandes alcaldes que antecedieron a Cynthia Viteri no tuvieron una crisis mundial como el Covid que a ella le tocó enfrentar. Si logra un segundo período sin Covid, recién se podrá evaluar a profundidad”. Al final del programa, en sus conclusiones, Vera retomó esta idea, se proclamó votante de Viteri y apoyó que sea reelegida para que finalmente ella pueda demostrar, en un nuevo período de gestión, sus dotes de administradora. Unos minutos antes Vera había defendido las camionetas que mandó a poner Viteri en la pista del aeropuerto para evitar el aterrizaje de un avión, una acción tan ilegal y autoritaria que su defensa pinta de pequecuerpo entero a su emisor.

 

Pero es el argumento del Covid como excusa para reelegir a Viteri el que resulta tan canalla como absurdo. El argumento parte de la premisa absurda de que, si ocurre un hecho extraordinario como la pandemia del Covid, el período de un político no vale para evaluar su gestión. Cuando es TODO lo contrario: son los hechos extraordinarios, como una pandemia, los que ponen a prueba la madera de la que está hecho un liderazgo, la capacidad de gestión de una autoridad. Lo que ocurre es que la Alcaldesa Viteri, frente a la pandemia, simplemente no dio la talla. En Guayaquil los muertos fueron por centenas, se los abandonaba en las calles a los cadáveres, se la libró la ciudad a su maldita suerte. Lo único que atinó a hacer la Alcaldesa en esos tiempos de horror fue buscar excusas como que a Guayaquil le cayó una bomba y que Esparta y otros divagues más, y por supuesto, poner las famosas camionetas en la pista del aeropuerto en su atolondrada “defensa” de la ciudad.

 

En otras partes he abundado en argumentos de porqué a Guayaquil la jodió tanto el Covid, como en este artículo publicado en Revista Común: ‘Guayaquil, o el modelo que tocó fin’, o en este otro que pronto saldrá publicado en una obra colectiva sobre los tiempos de la pandemia: ‘Monte Sinaí’. En esencia, es un problema estructural, que se arrastra por decenas de años, en que los 30 años que ha ocupado el PSC el Sillón de Olmedo, lejos de resolver el problema estructural, lo ha agudizado.

 

Pero lo que me interesa es que este argumento del programa de Vera, asentado en una premisa absurda, toma un giro canalla, porque se utiliza la mediocre actuación de Viteri en tiempos de la pandemia como una excusa para validar que ella continúe. Es decir, ella lo hizo mal, su liderazgo fue flojo, la ciudad se fue a la mierda en número de muertos llamando la atención del mundo entero, pero esa es la razón por la que ella debe mantenerse en el poder. Este argumento es un ridículo, casi insolente premio a la mediocridad.

 

Si este es el mejor relato que sus áulicos pueden poner para sostener la mediocre gestión de Viteri, es porque están perdidos.     

El banquero Arosemena

16 de septiembre de 2022

 

            Publicado en diario Expreso el 16 de septiembre de 2022.



La revolución Juliana la hicieron en 1925 oficiales jóvenes del Ejército ecuatoriano para derrocar el régimen político que defendió los intereses de la banca guayaquileña por encima de los intereses colectivos. El producto jurídico de la revolución, la Constitución de 1929, cambió el sistema de gobierno de presidencialista a semiparlamentario. Bajo su imperio, ningún Presidente pudo concluir su período de cuatro años.

 

El rol del Congreso ecuatoriano fue clave para la inestabilidad política. A Neptalí Bonífaz, elegido Presidente en las elecciones de octubre de 1931, el Congreso lo descalificó por peruano. A Juan de Dios Martínez Mera, elegido Presidente en las elecciones de octubre de 1932, el Congreso le impidió gobernar, pues le destituyó varias veces su gabinete de gobierno y, finalmente, el Congreso lo destituyó. Velasco Ibarra, elegido Presidente en diciembre de 1933, quiso declararse dictador para desconocer la Constitución y evitar así los controles del Congreso, pero las tropas no lo apoyaron y fue orillado a renunciar.

 

A partir de este momento, fines de 1935, el Ecuador empezó a ser gobernado por dictaduras (el ingeniero Páez, el general Enríquez) y breves gobiernos civiles de encargo (Pons, Borrero, Mosquera, Arroyo del Río, Córdova, Moreno). La Constitución de 1929 ya no rigió. Se reunió una Convención Constitucional en 1938, pero la Constitución que produjo no entró en vigor. El Ecuador volvió a realizar una elección popular en enero de 1940. Triunfó Arroyo del Río, quien tampoco concluyó su período de gobierno por la irrupción de la revolución Gloriosa.

 

Volvió entonces Velasco y, por aclamación popular, empezó un gobierno de facto el 31 de mayo de 1944. La Asamblea Constitucional que se reunió tras el triunfo de la Gloriosa lo declaró Presidente el 10 de agosto de 1944 y elaboró una nueva Constitución, de cuño liberal. Velasco se negó a gobernar con esta Constitución y se declaró dictador y organizó una nueva Asamblea Constitucional, que lo eligió Presidente el 10 de agosto de 1946 y que elaboró otra Constitución, de cuño conservador y a gusto suyo. Velasco tampoco terminó su período, pues lo destituyó un golpe militar.

 

El golpe militar resultó un “blooper”, pues duró pocos días. Asumió la Presidencia el Vicepresidente de Velasco y se reunió en seguida un Congreso Extraordinario para nombrar un nuevo Vicepresidente de la República, designación que recayó en el banquero guayaquileño Carlos Julio Arosemena Tola. Entonces el Presidente renunció para que el Vicepresidente Arosemena asuma la Presidencia, con el propósito de reestructurar las finanzas del agobiado país y organizar unas elecciones libres.

 

Justo es decir que en su casi año de gobierno (16 de septiembre de 1947-31 de agosto de 1948) el Presidente Arosemena cumplió dignamente su encargo. Las elecciones que en su gobierno se organizaron, inauguraron desde 1948 un nuevo período de estabilidad política en el Ecuador.

 

La revolución Juliana abrió una etapa de inestabilidad política que duró 23 años y se hizo para derrocar un sistema que beneficiaba a la banca guayaquileña. Paradójicamente, este período de inestabilidad política por ella abierto, un banquero guayaquileño lo clausuró.     

 

~*~

 

Fuentes:

* Para una perspectiva de la revolución juliana y su lucha contra la “bancocracia”, v. Paz y Miño, Juan, “La revolución juliana. Nación, ejército y bancocracia” (2002), en especial, pp. 7-11 (“Introducción”).

* El cambio de presidencialismo a semiparlamentarismo en la Constitución de 1929 recibió numerosas críticas, como ésta, hecha por el político e historiador Alfredo Pareja Diezcanseco: “Esta nueva Constitución resultó un curioso y fracasado ensayo de régimen seudoparlamentario, inoperante en nuestro país. Según la Constitución de 1929, aunque no consagraba el régimen parlamentario, el poder legislativo prácticamente era omnímodo (…). Un país como el nuestro, con otros problemas, sin cultura política esencial entre el pueblo, con otra tradición en su estructura administrativa, no podía ser gobernado con la Constitución de 1929. El Poder Ejecutivo, independiente de la influencia del legislativo y bastante fuerte, es la tradición americana, proveniente de la Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica…”, en: “Los gobiernos de la plutocracia y las nuevas ideas” (pp. 66 y 68), artículo publicado en el tomo VII de la “Historia del Ecuador” impresa por Salvat en 1982 (Juan Salvat y Hernán Crespo Toral, editores).

* Sobre la descalificación de Bonifaz y la destitución de Martínez Mera, v. Raúl Martínez Torres y Héctor Martínez Torres, “Martínez Mera. Las verdades que no quiso decir” (dos tomos, 1983). Para la descalificación de Bonifaz, pp. 66-80 (tomo I, “I, El origen”), para la destitución de Martínez Mera, pp. 216-226 (tomo I, “IX. El congreso de 1933”). Los autores también criticaron a la Constitución de 1929, llamándola “nefasta Constitución Política que tantos males hizo al país; producto híbrido del régimen presidencial y parlamentarismo incompleto, que trajo tantas y tan graves consecuencias para la normal marcha administrativa; que ataba indefenso al Poder Ejecutivo para entregarlo maniatado a la demagogia y ambición política” (tomo I, p. 54).

* Sobre la caída de Velasco Ibarra en 1935 y sus dos Presidencias nombrado por una Asamblea Constitucional en 1944 y 1946, v. Norris, Robert, “El gran ausente” (2004), pp. 227-245 del primer tomo, para su caída en 1935, y pp. 9-109 del segundo tomo, para sus dos Presidencias entre 1944 y 1947 (i.e., el Capítulo VI “El gobierno revolucionario, 1944-1947”).

* Sobre la Constitución de 1938 y su falta de eficacia, v. Gómez López, David, “La Constitución perdida. Una aproximación al proyecto constituyente de 1938 y su derogatoria” (2012), pp. 158-159. De acuerdo con el autor del artículo: “El problema es que el texto constituyente no estaba redactado del todo, y no se publicó en el Registro Oficial” (p. 159). En la práctica, nadie se sintió obligado a respetar lo ordenado por la Constitución. El propio Mosquera diría que “él juró como Presidente en base a la Constitución, vigente según él, de 1906, y no de 1938” (p. 158).

* Un buen resumen del “Manchenazo” y su gobierno inane, disponible en línea: “Carlos Mancheno”, publicada por Ecured.

* Para una semblanza biográfica del Presidente Arosemena disponible en línea, v. “Carlos Julio Arosemena Tola”, escrita por Rodolfo Pérez Pimentel. Agradezco a Guillermo Arosemena por el envío de varias notas de prensa de época para la redacción de esta columna.

Corran por su vida

20 de abril de 2022

 

El informe que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos publicó el 17 de marzo de 2022 sobre ‘Personas privadas de libertad en Ecuador’ es una elocuente descripción de la derrota del Estado ecuatoriano en la administración de los 36 centros de detención que tiene en su territorio. El primer párrafo del Resumen ejecutivo del informe irrumpe así:

 

Ecuador atraviesa por una grave crisis penitenciaria de naturaleza estructural, caracterizada por niveles de violencia y corrupción sin precedentes dentro de las prisiones, y que responde al abandono del sistema penitenciario por parte del Estado desde hace años atrás, así como a la ausencia de una política criminal integral’. (Párr. 1)

 

O sea, el Estado es como un gran nuay, el naiden de la institucionalidad.

 

Más adelante en su informe, la Comisión Interamericana enumera los factores que han causado la actual crisis penitenciaria en el Ecuador: ‘debilitamiento de la institucionalidad del sistema penitenciario; aumento de penas y del catálogo de delitos que privilegian el encarcelamiento; la política contra las drogas; uso excesivo de la prisión preventiva; obstáculos legales y administrativos para la concesión de beneficios e indultos; y deplorables condiciones de detención’. (Párr. 12)

 

La suma de estos factores produce una consecuencia nefasta: ‘el Estado ecuatoriano está colocando a la población penitenciaria en una situación inminente y permanente de riesgo, y exponiéndola a altísimos actos de violencia carcelaria sin precedentes, que está resultando en que cientos de personas pierdan la vida aún estando bajo la custodia del Estado’. (Párr. 65)

 

Y he aquí la cereza de este pastel catastrófico:

 

En particular, llamó la atención de la Comisión que durante su visita al Centro Guayas No. 4, al consultar sobre la existencia de protocolos de actuación en casos de violencia, la autoridad penitenciaria indicó que no habría una política, y en ese sentido, las personas privadas de libertad debían correr hacia las oficinas administrativas en busca de refugio’. (Párr. 71 –el resaltado no es del original)

 

No hay imagen más perfecta para escenificar el fracaso del Estado ecuatoriano.

El Sur ganó

13 de abril de 2022

En el Ecuador, el Estado siempre ha estado capturado. Lo tradicional es que lo hayan capturado delincuentes de cuello blanco. Pasa ahora que hay nuevas personas que han capturado al Estado: es la gente del Sur, que vive y opera en las cercanías del Puerto Marítimo.

 

Los delincuentes de cuello blanco, esencialmente, roban a la población. Son altos funcionarios y grandes empresarios, que han capturado al Estado para administrarlo a su gusto, para repartirse el dinero público a través de contratos, prebendas y variopintas corruptelas (además de comprar u ordenar impunidad). Ello va de Dhruvs a medicinas, en un país que tiene junto a Paraguay (sede de la Conmebol, que ya es mucho decir) el triste título de ser los más corruptos de Sudamérica. 

 

La captura del Estado hecha por los del Sur es diferente. Son (como fueron los conquistadores) unos empresarios de altísimo riesgo. Pero tienen unas enormes ventajas frente a los delincuentes de cuello blanco. Tienen dinero a millares surgir (por obra de inversores mexicanos y de su negocio boyante), burocracia flexible y ningún escrúpulo (si tienen que trocear a alguien, lo hacen). Frente a ellos, tienen a un Estado que ha sido sometido bajo la conocida consigna Pabloescobariana: plata o plomo. Con esa sencilla/sangrienta consigna han sometido a autoridades administrativas, de la Fuerza Pública y judiciales, representantes de un Estado torpe y esclerótico-burocrático.

 

Un reconocimiento oblicuo del triunfo de los del Sur es la alerta que emitió, en septiembre del año pasado, la Embajada de los Estados Unidos de América a sus funcionarios de que se abstengan de circular al Sur de la avenida Portete, porque allí es un sector inseguro [hic sunt leones]. Es una manera de decirle a su gente que el Estado en el que se encuentra no está (ni en su versión local ni en la nacional) en la capacidad de garantizar su seguridad en ese sector de Guayaquil. Es una zona de otros.

 

El del Ecuador es un Estado siempre capturado, rumbo raudo a convertirse en un narcoestado.  

El loco, loco, loco año del Padre Tuárez [ft. Pdte. G. Lasso]

7 de noviembre de 2021

 

El año 2019 fue el año del auge y la caída del Padre Tuárez. La singularidad de un sacerdote en la política de un país que por definición constitucional es laico no le impidió a este señor vestido con espantaputas participar como candidato a integrar el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, ni tampoco le impidió tomar posesión de su cargo una vez que con 961.681 votos el Padre Tuárez triunfó como el más votado de los candidatos. El Padre Tuárez fue elegido el 13 de junio de 2019 como Presidente del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social y este momento fue la cúspide de su loco, loco, loco año 2019. Era the man of the hour.

 

Padre Tuárez luciendo espantaputas.


The man of the hour went the fuck down. La jauría política lo devoró al Padre Tuárez. En un juicio político que se le inició a los pocos días de haber empezado el ejercicio de su cargo, lo acusaron, entre otras cosas, por su condición de sacerdote debido a unas afirmaciones hechas en una declaración juramentada de los tiempos de su candidatura. El Padre Tuárez duró 62 días como Presidente del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, pues el 14 de agosto de 2019 una mayoría de 84 asambleístas decidió que él, y otras tres integrantes del Pleno del CPCCS (Rosá Chalá, Victoria Desintonio, Walter Gómez) cesen en sus funciones. At his finest, la Asamblea Nacional del Ecuador opera como un Castro en la historia del billete del trillón de dólares (Los Simpson, Temp. # 9).

 



Si la Asamblea Nacional se pone en plan Castro, un cargo, un día lo tienes, pero el día siguiente ya no, como con el dichoso billete de un trillón. It doesn’t matter you’re President, or whatever. Es cosa simple de contar los votos en el foro (y de un buen reparto, obvio). Pero, en todo caso, el loco, loco, loco año 2019 del Padre Tuárez no concluyó con su caída del cargo de Presidente del CPCCS. En octubre, el Padre Tuárez quiso liderar una protesta y los protestantes lo agredieron, sacándolo de ella sin ninguna consideración. Después, el Estado activó su músculo penal y en noviembre se obtuvo de un juez que dicte en su contra una de esas prisiones preventivas expeditas/punitivas que son la especialidad del sistema penal ecuatoriano y el pobre Padre Tuárez, entonces, fue a parar a Canadá. Así concluyó su loco, loco, loco año 2019: tras las rejas. Fue candidato, autoridad, celebrity, fiasco y presidiario. Vaya 2019 para el Padrecito.

 

El escenario actual del Presidente Lasso es, curiosamente, similar al que vivió el Padre Tuárez como Presidente del CPCCS en su loco, loco, loco año 2019. Que Lasso tenga su mismo final depende de la correlación de fuerzas en esa Carabina de Ambrosio recargada que es la Asamblea Nacional del Ecuador (quiero decir con esto: puede pasar en cualquier momento). Como el Padre Tuárez (aunque en menor medida), el Presidente Lasso es débil frente a la Asamblea Nacional, en la que tiene un grupo propio insuficiente, unas alianzas con la ID y Pachakutik tan endebles que apestan a oportunismo y unos enemigos jurados, que son el personal UNES y el senséi Nebot y su gente, que querrán ver sangre. Como al Padre Tuárez entonces, le puede ocurrir al Presidente Lasso que él no haya empezado a ejercer mucho su cargo y la Asamblea Nacional, en plan Castro, lo tumbe vía un juicio político por un hecho ocurrido en los tiempos de la inscripción de su candidatura y que es particularmente grave, como es el escándalo de los Pandora Papers.

 

Así, el futuro del Presidente Lasso parece ser el recorrer el mismo camino del Padrecito Tuárez, al menos en cuanto a la ruta en la Asamblea Nacional se refiere. El suyo parece que será un loco, loco, loco período como Presidente de la República del Ecuador. Loco, loco, loco, y también breve.

La República del Ecuador (enero de 1842 a enero de 1942)

10 de octubre de 2021

En enero de 1842, el Gobernador de Guayaquil Vicente Rocafuerte y Rodríguez de Bejarano, hombre de 58 años de edad, todavía soltero (1), podía pensar en un futuro brillante para la República del Ecuador que él había contribuido a fundar en 1835.

 

En enero de 1842 el Ecuador era una joven república, dejando atrás un pasado borrascoso de insurrecciones y de guerra civil, además de una sui géneris figura jurídica de ser, entre 1830 y 1835, un Estado dentro de una República de Colombia que, en la práctica, lo ninguneó (2). Vicente Rocafuerte, hombre adinerado e ilustrado, viajero y cosmopolita, había llegado a Guayaquil en 1833, después de residir en el extranjero por 14 años, y tras varias escaramuzas, se terminó por aliar con el hombre fuerte de esos años bisoños, el general venezolano Juan José Flores, para gobernar el Ecuador. De esta alianza entre un ilustrado y un bruto surgió el triunfo militar en los arenales de Miñarica y emergió, después, una Constitución (la ambateña de 1835) que fue la primera que declaró al Ecuador como una República, ya no como el aborto de Estado que había sido en el diseño anterior.

 

La Constitución de 1835 era moderna (p. ej., establecía normas para la protección de la propiedad intelectual) y bajo su imperio ocurrió la conclusión del período de gobierno de Rocafuerte entre 1835 y 1839, y la transmisión del poder ejecutivo a Flores. En enero de 1842, bajo la Presidencia de Flores y la vicepresidencia de Aguirre, Rocafuerte podía pensar que la Constitución que él moldeó en julio y agosto de 1835 garantizaba la estabilidad de los gobiernos en el territorio que el Ecuador tenía entonces, que era de alrededor de más de un millón doscientos mil kilómetros cuadrados, y que era limítrofe, por el Este, con el Imperio del Brasil. A Rocafuerte le pudo parecer en enero de 1842 que el Ecuador era una tierra promisoria para la prosperidad.

 

Pero si Rocafuerte abrigó este pensamiento, la realidad no tardó en arrebatárselo. Primero, la fiebre amarilla, que asoló a Guayaquil ese mismo 1842. Luego, la ‘Carta de la Esclavitud’ de 1843 y el primer golpe de Estado exitoso con el triunfo de la revolución marcista en 1845 y la expulsión de Flores del territorio del Ecuador en julio de ese año. Entre 1843 y 1845, el ideal de estabilidad de los gobiernos se había hecho trizas. Rocafuerte murió en 1847 y se perdió la sucesión de golpes de fuerza que se acomodaron con nuevas Constituciones.

 

Porque, después de la revolución marcista, el Ecuador fue de tumbo en tumbo, creando Constituciones para justificar variopintos golpes de Estado, con más pena que gloria y sin producir una sucesión de Presidentes de la República como la ocurrida entre Rocafuerte y Flores hasta la próxima unión de un hacendado guayaquileño muy adinerado y un Flores, casi al final del siglo XIX (3).

 

La sucesión de constituciones y golpes de Estado, sumada a la errática política diplomática y la debilidad del Estado en el concierto de las naciones, hicieron que en enero de 1942, en Río de Janeiro, el representante del Ecuador, Julio Tobar Donoso, firme un Protocolo que redujo el territorio de la República del Ecuador a los aproximadamente 280.000 kilómetros cuadrados que actualmente (mal)administra. Así, entre enero de 1842 y enero de 1942, la República del Ecuador perdió alrededor de un millón de kilómetros cuadrados de territorio y resignó su vecindad con el inmenso Brasil. Perdió toda guerra en la que participó y casi tuvo más Constituciones que períodos presidenciales concluidos (4). Vencido en el exterior e inestable en lo interior, es fama que el representante del Brasil, Oswaldo Aranha, le espetó a un atribulado Tobar en la Conferencia de Río de Janeiro un ‘aprendan a ser país, y luego reclamen sus derechos(5).   

 

Entre enero de 1842 y enero de 1942 pasaron cien años y no hicimos un país en serio. Y parece claro, en esta tierra de perpetuos desacuerdos, que seguimos sin atisbo de serlo.

 

*

 

(1) Se casó con su sobrina Baltazara Calderón Garaycoa (hermana de Abdón Senén) el 10 de febrero de 1842.

(2) Así pasó cuando Roberto de Ascázubi, tras la derrota en Miñarica y por resolución de una Asamblea Constitucional que se reunió en Tulcán, fue a Bogotá a ofrecer la anexión de la Sierra ecuatoriana a Colombia, país que en ese entonces operaba bajo el alias de ‘la Nueva Granada’. En Bogotá se cagaron de la risa le negaron su propuesta a Ascázubi y lo mandaron con viento fresco de vuelta.

(3) La otra ocasión del siglo XIX en que se sucedieron dos Presidentes de la República que terminaron sus períodos de gobierno ocurrió entre 1884 y 1892, cuando gobernó entre 1884 y 1888 el guayaquileño José María Caamaño y Gómez-Cornejo, hacendado adinerado que fue sucedido por el gobierno del quiteño Antonio Flores Jijón, hijo del general Flores, que se llevó a cabo xentre 1888 y 1892.

(4) Desde 1835 hasta el año 1942 de la pérdida territorial frente al Perú, la República del Ecuador tuvo un total de catorce períodos de gobierno concluidos durante la vigencia de doce Constituciones (si contamos las Constituciones desde que el Ecuador es Estado independiente, serían trece). 

(5) El diplomático norteamericano Sumner Welles, que representó a los Estados Unidos de América en la Conferencia de Río de Janeiro, escribió una memoria sobre cinco países andinos y argumentó que, de todo lo que andaba mal con la América andina, la República del Ecuador era lo peor, un remedo de país.