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Vinelli tiene algo que decirnos

31 de julio de 2018


En el libro ‘Rielando en un mar de recuerdos’, de Carlos Saona, se cuenta la historia del “señor Vinelli” (nunca sabemos su nombre, sólo sabemos que era el Vinelli socio de la empresa ‘Vinelli & Pérsico’) quien, a principios del siglo XX, en una sociedad donde estaba vigente una creencia absurda que impedía a los guayaquileños bañarse en el estero Salado el día Viernes Santo (en el sector que se conocía como ‘El Corte’, en lo que hoy es el Malecón del Salado) por el temor a convertirse en pescados, caminó la distancia desde el centro hasta esa entonces periferia (por ser Viernes Santo, el transporte público estaba suspendido) para tomar sus baños en el estero, como lo hacía todos los días. 

Así, Vinelli le demostró al pueblo de Guayaquil que era una soberana estupidez pensar que si se bañaban en Viernes Santo se convertirían en pescados: él era la viva prueba de que aquello no era cierto.

El señor Vinelli plantó cara a la estupidez religiosa y triunfó. Un claro mensaje para estos tiempos que corren, tan llenos de estupidez religiosa y tan necesitados de gente que se anime a desafiarla.

Nebot y los esteros: nace un héroe póstumo

1 de julio de 2018


La entrevista de Radio Sucre (¡guau, guau!) del 27 de junio depara más sorpresas todavía: el alcalde le entró con enjundia a la limpieza del estero Salado.

* La evolución del PSC

El alcalde Nebot explica lo que él llama la “evolución” de la limpieza del estero Salado:

1) 15 años atrás: Se empieza a recoger la basura en el estero. De acuerdo con el propio Alcalde, en los tiempos de Febres-Cordero no se hizo nada para remediar la contaminación del Estero.

2) La próxima semana (o “esta misma”): Se va a iniciar “un operativo”. El alcalde le ha dicho al director de Ambiente, Bolívar Coloma, que “clausure irreversiblemente las empresas, no me importa si grandes, pequeñas y medianas, que no entienden que tienen que mitigar y que siguen con este asunto contaminante”. Y reiteró: “Vamos a poner más empeño del que le hemos puesto”.

La evolución del PSC es como sigue: durante la administración de Febres-Cordero no se hizo nada, durante los primeros tres años de Nebot tampoco, en los últimos 15 años de su administración se empezó a recoger la basura, aunque sin mayor efectividad, pues se ha seguido contaminando. Por eso, recién esta semana (al PSC le tomó 26 años darse cuenta y tomar medidas) va a iniciar unos implacables “operativos” para detener la contaminación.

* Los contaminantes de los esteros

Nebot explica también quiénes son los contaminantes, a los que va a combatir de manera tan implacable:

1) La gente: según Nebot, ahora son menos.
2) Los negocios intermedios y grandes, desde los que se descargan químicos y “cuestiones contaminantes”.
3) Las empresas de la construcción que ponen escombros a las orillas de los esteros.

* El negocio de la recolección

Por diseño, el negocio de la recolección de basura en el estero Salado se paga por tonelada recogida. Así que el negocio, tal como lo plantean los del PSC (piénsalo, no te comas los amagues) es conservar los esteros contaminados: Ahí está la plata.

* El héroe póstumo

Nebot, como héroe contra la contaminación de los esteros, ha nacido muy tarde: a los 18 años de su administración se le ocurre lo que es lo mínimo, esto es, hacer cumplir la ley. (El periodismo lambiscón de Guayaquil se lo celebra, por supuesto). No es difícil prever que Ramita es un héroe más efectivo que nuestro Alcalde.

El Salado, sin control municipal

20 de marzo de 2017


Este sábado 18, diario Expreso publicó una noticia titulada “Casi la mitad de empresas del Salado, sin permiso ambiental” (1). Puesto en números: 312 de las 640 empresas situadas a orillas del estero Salado carecen de los permisos ambientales obligatorios de la Alcaldía de Guayaquil (2).

El Subsecretario de Gestión Marina y Costera del Ministerio del Ambiente, Nelson Zambrano, es la autoridad del Gobierno central encargada de la recuperación del estero Salado. Después de las investigaciones de técnicos a su cargo, Zambrano declaró: “La contaminación no se ha erradicado. Y menos aún si esas empresas no se encuentran regularizadas y están en el aire ambientalmente hablando. Posiblemente viertan al estero y no sabemos qué”.

Fuente: Diario Expreso


¿La respuesta de la Alcaldía de Guayaquil? El miércoles pasado, el alcalde Jaime Nebot reconoció la existencia de empresas que vierten sus residuos tóxicos al estero Salado. En la noticia del 18, el Director de Medio Ambiente, Bolívar Coloma, se ofreció a cumplir con su responsabilidad de control para que las empresas cumplan con obtener los permisos ambientales. Coloma afirmó que, “a petición del ministerio”, regularizará los 312 permisos ambientales de las empresas incumplidas a lo largo de este año.

Este ofrecimiento de control de la Alcaldía de Guayaquil tiene toda la pinta de convertirse en un futuro incumplimiento (3). Si en 15 años de competencias ambientales no se han decidido a controlar a las empresas contaminantes del Salado (actuando contra norma expresa), es improbable que empiecen ahora.

(1) Gorka Moreno, ‘Casi la mitad de empresas del Salado, sin permiso ambiental’, Diario Expreso, 18 de marzo de 2017.
(2) La Alcaldía de Guayaquil tiene competencias ambientales desde el 12 de abril de 2002, cuando suscribió el Convenio de Transferencia de Competencias, que le transfirió varias competencias ambientales. El año 2014, el Concejo Cantonal aprobó la “Ordenanza que regula la aplicación del subsistema de manejo ambiental, control y seguimiento ambiental en el cantón Guayaquil”, en cuyo artículo 7 se atribuye a la Alcaldía, entre otras responsabilidades, “realizar el seguimiento y control del cumplimiento de parte de los regulados, respecto de las obligaciones previstas en la presente ordenanza, normas técnicas, Planes de Manejo Ambiental, obligaciones contenidas en las autorizaciones administrativas ambientales o incluidas en ellas y las demás previstas en las ordenanzas vigentes en el cantón Guayaquil”. La existencia de 312 empresas incumplidas da una perspectiva para entender cuán poco le ha importado a la Alcaldía esta norma. Sobre esto, v. '7 horas sin agua en Guayaquil, ¿por qué es culpable el operador?', Xavier Flores Aguirre, 12 de agosto de 2016.
(3) La ineficacia de los controles es moneda común en la Alcaldía de Guayaquil. Además de la ineficacia de los controles ambientales, está el grave y preocupante caso de la falta de control en las construcciones de la ciudad, v. ‘Guayaquil: el terremoto de 1942 y nuestra situación actual’, Xavier Flores Aguirre, 2 de agosto de 2016.

La visión de Nebot

30 de enero de 2017


Revista Vistazo, edición No 838, Julio 18/02, p. 40


El año 2002, revista Vistazo entrevistó al alcalde Jaime Nebot para un reportaje especial titulado “Guayaquil está de moda”. El alcalde expuso allí su “visión del futuro”. Quince años después de esta exposición, tres de sus principales ideas han fracasado. Su visión del futuro ha resultado una farsa.

Una de las principales ofertas de campaña del alcalde Nebot en su primera elección, el lejano año 2000, fue la “recuperación” del Estero Salado, el que todavía está tan podrido como lo dejó su predecesor Febres-Cordero, o casi. Para el único que ha cambiado el Estero Salado es para ese recurrente hacedor de fantasías disfrazado de historiador, llamado Melvin Hoyos (1).

La visión del futuro de Nebot incluía una ciudad “competitiva”, en capacidad incluso de atraer un “corredor tecnológico”. Quince años después, Guayaquil es una ciudad no competitiva, sino rezagada (2) y lo del “corredor tecnológico” es apenas una quimera: a día de hoy, Guayaquil es una de las peores ciudades de América latina para hacer negocios (3).

(1)El estero de la fantasía’, Xavier Flores Aguirre, 6 de agosto de 2016; por contraste, véase ‘El estero de la realidad (de baños curativos a vertedero de desechos)’, Xavier Flores Aguirre, 7 de agosto de 2016.
(2) Así lo ha advertido un economista guayaquileño honesto y suficientemente valiente como para llamar a las cosas por su nombre, como lo es Walter Spurrier: v. Walter Spurrier Baquerizo, ‘Guayaquil se rezaga’, Diario El universo, 22 de febrero de 2015.
(3) Guayaquil ocupa el puesto 38 de entre 51 “ciudades para hacer negocios” en América latina, en el ranquin que elabora la revista América Economía. Ha bajado 4 puntos desde la medición anterior.

El estero de la realidad (de baños curativos a vertedero de desechos)

7 de agosto de 2016

En un post anterior he contado la historia del “señor Vinelli, héroe local” (1). En nuestra Guayaquil, fue él quien desafió la convención imperante en su tiempo (en una sociedad conservadora y católica) según la cual los que se bañaban en Viernes Santo se convertían en pescados. El “señor Vinelli” (la fuente de esta historia, el libro ‘Rielando en un mar de recuerdos’, de Carlos Saona, no precisa otro detalle para identificarlo como no sea su sociedad con un señor de apellido Pérsico) era la viva prueba de que esa creencia era absurda, pues cada Viernes Santo “iba y venía a pié todo ese largo camino” en lo que constituía un acto de valentía, según lo reseña Saona:

No es esto lo más admirable, sino su valor para desafiar la creencia general de que las personas que se bañaban en viernes santo se convertían en pescado” (2).

Tan admirable como el valor de Vinelli, es el hecho de que alguna vez las aguas del estero Salado eran consideradas “medicinales”. En la historia de Vinelli, ese “héroe local”, la motivación para desafiar a la convención católica de la conversión en pescados (que de chico la escuché de boca de mi abuela, por cierto) era tomar su “baño medicinal”. El escritor Jorge Martillo Monserrate rememoró en las páginas de El universo cómo los ciduadanos de Guayaquil se relacionaban con su brazo de mar:

Sus aguas eran tan limpias que algunos tomaban baños medicinales. Las sesiones curativas consistían en siete baños, sin faltar un solo día. El tratamiento se iniciaba en las mañanas cuando el Salado estaba en pleamar” (3).

Que a principios del siglo pasado, las aguas del estero hayan sido no sólo de uso recreativo (como lo fue para mis abuelos, de hecho) sino incluso “medicinal” es algo impensable para generaciones de guayaquileños que se han acostumbrado a la contaminación del estero Salado, al hecho de que la mayoría de guayaquileños tenemos una relación de asco con los esteros de la ciudad por su alto nivel de contaminación y su hediondez. La permisividad para pasar de un estero de carácter “medicinal” a uno putrefacto dice mucho de la sociedad de Guayaquil como dócil y desarticulada, incapaz de resistir y preservar los recursos naturales de su ciudad frente al afán irresponsable de lucro de algunas industrias contaminantes y empresas constructoras, así como frente a la incapacidad, desidia o complicidad (según el momento histórico) de las autoridades municipales, que en los últimos cincuenta años han permitido su contaminación al punto tal de convertir a los esteros en lo contrario de lo que eran: de baños medicinales a riesgos para la salud.

El guayaco, que en materia política está acostumbrado a muy poco (ajeno como está a experiencias de excelencia) no supone merecer más que esta podredumbre. En otras partes del mundo, estos niveles de contaminación llaman la atención. Por ejemplo, en un artículo del periódico inglés The Guardian:

Fuente: Twitter de Frederika Whitehead.
    
En el artículo Ecuadorians tired of waiting for a cleanup of Guayaquil’s filthy waters’ ['Ecuatorianos cansados de esperar por la limpieza de las sucias aguas de Guayaquil'], de Frederika Whitehead, se señala una cuestión que aunque resulta evidente, la mayoría de los guayaquileños no se ha detenido a pensar: los servicios de agua potable y alcantarillado (de responsabilidad de Interagua desde el año 2001) no son provistos a una porción significativa de la población. En la nota de prensa publicada en el periódico inglés, la compañía Interagua explicó su modus operandi: “Los que no tienen títulos legales no tienen derecho a recibir los servicios” (4). El alcalde ha sido enfático en este punto y lo ha hecho ver, en una sesión del Concejo Municipal, como una decisión que él ha tomado por cuenta propia:

“Yo he tomado la decisión de que aquí no vamos a legalizar un terreno ni vamos a poner una volqueta de cascajo ni un metro cuadrado de asfalto ni un metro de tubería de alcantarillado de agua potable más allá de la Sergio Toral” (5) 

Esto quiere decir que cientos de miles de personas, por decisión expresa del alcalde, son privadas de recibir servicios y obras públicas. Su marginación es un vivo ejemplo de “desigualdad estructural” que el socialcristianismo no sólo no revierte sino que agrava con su legislación y sus políticas públicas. Esas personas, víctimas de esta desigualdad estructural que ha “naturalizado” la sociedad guayaquileña, son gentes abandonadas a su suerte por el “pecado” de vivir en la extrema pobreza y por la ausencia de canales para hacer oír su voz (6).

El diario inglés The Guardian informa que “las peores muestras [recogidas en el estero Salado] tienen 100 veces más material fecal que el límite legal”. Desde el crecimiento no planificado de la ciudad en los años cincuenta (maldición que parece no tener fin) lo que antes eran “aguas limpias” de uso recreacional e incluso medicinal, hoy son un líquido putrefacto y contaminante.

La fantasía del “sueño guayaquileño” de tener una Alcaldía eficiente y una ciudad próspera omite, por supuesto, toda referencia a que el brazo de mar de la ciudad (una característica singular que, bien explotada, traería enormes réditos turísticos), aún después de casi un cuarto de siglo de administración socialcristiana, se mantiene pútrido y hediondo. Esto, a pesar de haber sido su recuperación integral una de las promesas del alcalde Nebot cuando presidió las primeras Fiestas Julianas (7).

Porque de esto se trata el “sueño guayaquileño” de las supuestas Alcaldía eficiente y ciudad próspera, que sólo existen como recursos retóricos, transmitidos por una prensa complaciente: de que, parafraseándolo al genial George Carlin, “debes de estar dormido para creértelo” (8).

(1)Pescaditos’, Xavier Flores Aguirre.
(2) Ibíd.
(3)De baños curativos al Malecón del Salado’, Jorge Martillo, 30 de mayo de 2006.
(4)Ecuadorians tired of waiting for a cleanup of Guayaquil’s filthy waters’, Frederika Whitehead, 26 de mayo de 2016.
(6)Extrema y permanente desigualdad en Guayaquil’, Xavier Flores Aguirre, 13 de junio de 2016.
(7) La fantasía se alimenta de relatos escritos por funcionarios incompetentes: ‘El estero de la fantasía’, Xavier Flores Aguirre, 6 de agosto de 2016; para la promesa del alcalde, v. ‘Promesas incumplidas (15 años después)’, Xavier Flores Aguirre, 25 de julio de 2016.
(8) George Carlin – ‘El sueño americano’ [Extracto subtitulado del video ‘Life is worth losing’ (2005)], You Tube; sobre la sociedad guayaquileña durmiente, v. 'Ciudad dormida', Xavier Flores Aguirre, 

El estero de la fantasía

6 de agosto de 2016

En una de esas zalamerías tan comunes en las entrevistas de los miércoles al alcalde de Guayaquil, uno de sus entrevistadores afirmó que este “Nebot eterno” era “una especie de Presidente de esta provincia [del Guayas]” (1). En realidad, por la forma en que hace lo que le da la gana en su jurisdicción cantonal y por cómo resiste a cualquier cosa que identifique como un “abuso” del mundo exterior (el resto del Ecuador, situado tras el perímetro cantonal de Guayaquil) bien puede decirse que el alcalde Nebot, en su cantón, actúa como dentro de las fronteras de un país: como un Presidente de un territorio de fantasía que ocupa 345 kilómetros cuadrados.

Los constructores de la opinión pública (esto es, los medios serviles al poder local por acción o por omisión, casi la totalidad de los medios guayaquileños) han creado la fantasía de que el Municipio de Guayaquil es una entidad eficaz que beneficia a los pobres. Pero el Municipio, ni es eficaz, ni beneficia a los pobres (2). Las dos ideas son falsas pero, ¿qué es la veracidad o la falsedad de un hecho cuando se quiere creer en él? El guayaquileño quiere creer, y aunque no quisiera hacerlo, cuenta con muy pocas herramientas para dejar de hacerlo. La incesante creación de fantasías para la opinión pública confunde su juicio.

Un ejemplo de esta creación de fantasías se verifica en un libro de lujo pagado por nuestros impuestos en el que se cuenta la increíble y cándida historia de una supuesta “recuperación” del estero Salado. En el ‘Libro de Guayaquil’ (versión de cuatro tomos encuadernados en pasta dura, costo de 100 USD) consta esta imagen, con una caradura leyenda sobre fondo negro:
  
Fuente: 'El libro de Guayaquil', Tomo IV, p. 113.
 
Es increíble esta afirmación: “que hizo de él lo que es hoy”. ¿Y qué es hoy el estero que resulta diferente de lo que era ayer? Copio la parte correspondiente:

“Debe destacarse, también, la enorme preocupación por recuperar integralmente el Estero Salado, un brazo de mar proveniente de las aguas del Golfo de Guayaquil que ingresa con muchas bifurcaciones al continente, y que lamentablemente, causaba una alta contaminación.

Nebot tomó la decisión de rehabilitarlo, y para lograrlo se dieron una serie de pasos, advirtiéndose que su remedio era muy complejo y, por lo tanto, la solución definitiva demandaría un buen tiempo, pues debieron definirse las mejores alternativas y encontrar el necesario financiamiento.

Inicialmente se determinaron las principales fuentes de contaminación (descargas de aguas servidas domésticas y residuales industriales sin tratar, así como de desechos sólidos de la población asentada en las riberas o espejo de agua), por lo que con un préstamo del Banco del Estado, se realizaron los estudios y diseños definitivos.

En fin, en esta materia se trabajó intensamente y con la seguridad de que contaría nuevamente con un Estero Salado totalmente recuperado y convertido en un sitio turístico de especial interés para propios y extranjeros” (3).

Estos son cuatro párrafos que demuestran una impactante capacidad para no decir nada. Es cosa de la fantasía que sea el estero el que “causaba una alta contaminación”, cuando es exactamente lo contrario, pues son a los esteros a los que se los ha contaminado por la irresponsabilidad en el control de viviendas e industrias por parte de la autoridad municipal (4). Es notable también el uso de las conjugaciones verbales para aparentar una inexistente eficacia: “debieron definirse” (¿no se definieron?) y “contaría nuevamente” (¿no cuenta ya?) son sutiles maneras de evadir la mención del incumplimiento de la decisión tomada por el alcalde de rehabilitar el estero, con la promesa implícita de hacerlo de la mejor manera en un futuro incierto.

En limpio, sin embargo, lo único que se tiene como afirmación de hechos por parte de esta historia oficial es lo siguiente: 1) que el acalde “tomó la decisión de rehabilitarlo”; 2) que se “trabajó intensamente” para hacerlo; 3) que se realizaron “los estudios y diseños definitivos” para ello. Pero en ejecución, nada.

En conclusión, hoy el estero, a pesar de la promesa de Nebot de recuperarlo (5), sigue igual de contaminado como lo estaba ayer. Sin embargo, en ese libro tramposo pagado con nuestros impuestos se respira la dicha ficticia de la eficacia en la recuperación del estero Salado. Esto, aunque sólo se mencionan unos “estudios y diseños” que no han llevado a ninguna parte en términos prácticos (salvo, quizá, a engrosar las cuentas de alguna consultora ambiental).

En la “historia oficial” del país de la fantasía que preside Jaime Nebot se tiene un estero rehabilitado, cortesía de ese torpe redactor de ficciones que es el funcionario M. Hoyos.

(1) ’18 MAYO 2016 Enlace radial del Alcalde Jaime Nebot’, Alcaldía de Guayaquil, YouTube, 18 de mayo de 2016 (30:43).
(2) El Municipio es ineficaz porque su “modelo de desarrollo” es ineficaz desde su diseño. Tómese el caso de las inundaciones en Guayaquil, una de las ciudades más vulnerables del mundo a este fenómeno (más vulnerable todavía, en tanto inconsciente de los riesgos). El modelo de desarrollo impulsado por la administración de Jaime Nebot es construir obras de canalización que aumentan la capacidad para conducir el agua. Según un informe técnico especializado que la propia Alcaldía de Guayaquil solicitó a la Corporación Andina de Fomento (CAF) y que tres expertos internacionales (el venezolano Abel Mejía Betancourt, el brasileño Carlos Eduardo Morelli Tucci y el argentino Juan Carlos Bertoni) elaboraron en junio del año 2013, esta opción de construcción cuesta alrededor de US$7 millones por kilómetro cuadrado, mientras que las soluciones que incorporan el uso de los recursos naturales a la planificación del crecimiento urbano son mucho más eficaces, sustentables y económicas, porque se calcula que cuesta alrededor de US$1 millón por kilómetro cuadrado. Sin lugar a dudas, la opción aconsejada por los expertos internacionales es mejor, pero no es la opción que escoge la Alcaldía de Guayaquil, porque su modelo de desarrollo busca beneficiar a las empresas de construcción antes que beneficiar a los habitantes de la ciudad. Así, una gran mancha gris es el mejor de los negocios para los empresarios amigos: v. 'La posibilidad de una ciudad verde', Xavier Flores Aguirre, 18 de enero de 2016. En relación con el supuesto beneficio a los pobres: el alcalde Jaime Nebot ha decidido, por sí y ante sí, sin que se lo discuta en lo más mínimo ni su obediente Concejo Municipal ni en la durmiente opinión pública, que todos los que viven detrás de una frontera que él arbitrariamente ha determinado (“al oeste de la Sergio Toral”), donde exclusivamente viven personas en extrema pobreza, no recibirán “ni un metro cuadrado de asfalto ni un metro de tubería de alcantarillado” por parte de la administración municipal. Esta declaración del alcalde releva de mayores comentarios: v. ‘Extrema y persistente desigualdad en Guayaquil’, Xavier Flores Aguirre, 13 de junio de 2016.
(3) Hoyos, Melvin & Efrén Avilés, ‘El libro de Guayaquil. Tomo IV. La revolución silenciosa’, s/e, s/f, p. 113.
(4) En el relato histórico del ‘Libro de Guayaquil’ se determinaron las fuentes de contaminación del estero (viviendas e industrias) pero la única respuesta que se ha dado frente a ello es elaborar “estudios y diseños” (¡como los kikuyos!). Como en otras áreas de su administración (la construcción de edificaciones, p. ej.) las deficiencias para controlar la contaminación son generalizadas, razón por la cual los esteros se mantienen podridos hoy tanto como lo estaban antes del año 2000. Sobre la contaminación en el río Daule (de donde Guayaquil obtiene su agua potable), el caso de Balsadud S.A. evidenció la falta de control del Municipio de Guayaquil: dicha empresa no contaba siquiera con permiso ambiental. Así las cosas, ¿cuántas de las industrias ribereñas del Daule lo contaminan, mientras el Departamento de Ambiente incumple con sus obligaciones de control? Si Guayaquil tuviera un periodismo responsable, lo sabríamos.
(5) No sólo porque así consta en esta historia oficial del municipio (“Nebot tomó la decisión de rehabilitarlo”) sino porque fue incluso una de sus promesas hechas por el alcalde durante las primeras fiestas julianas que presidió (en julio del 2001): ‘Promesas incumplidas (15 años después)’, Xavier Flores Aguirre, 25 de julio de 2016.

Promesas incumplidas (15 años después)

25 de julio de 2016


Esta fotografía captura las promesas hechas (o mejor dicho, publicadas) un día como hoy, 25 de julio, pero de hace quince años.  

Fuente: Diario El universo (25 de julio de 2001).
Diario El universo publicó estas promesas del alcalde Nebot el 25 de julio de 2001, en las primeras fiestas julianas que el alcalde presidió. Varias de ellas se mantienen incumplidas, quince años después: el estero Salado continúa sin ser “rescatado” (es decir, continúa pudriéndose a vista y paciencia de los guayacos), las soluciones “inmediatas y mediatas en materia de transporte público” han sido ineficaces (su proyecto estrella, la ‘Metrovía’, está fallido) y el transporte acuático “por el río Guayas y el estero Salado” es inexistente.

Guayaquil es una ciudad sin memoria, donde la autoridad (siempre que sea socialcristiana) puede fracasar en aquello que prometió y nadie reprochárselo: tal es la enorme ventaja de tener una prensa servil. Tan sin memoria es Guayaquil, que festeja cada 25 de julio una fundación que nunca existió (1), al tiempo que su Alcalde, para justificar el despilfarro de millones de dólares en una estatua, no duda en alimentar una leyenda creada por Pino Roca, indicando que esos son “nuestros orígenes” y que “de allí venimos” (¡?).

Fuente: El Twitter de este vendehumo.
(1)El azar de un nombre’, Xavier Flores Aguirre, 3 de noviembre de 2016.

El ecologismo histérico-opositor

1 de abril de 2016


Hay algunos “ecologistas” en Guayaquil (en esencia, un elenco de papanatas con acceso a Internet) que únicamente defiende causas ecologistas cuando (¡oh, sorpresa!) coincide que son causas de la oposición. A estos papanatas, por ejemplo, el que los esteros que rodean a Guayaquil (que, por cierto, no es únicamente el estero Salado: están también el estero Santa Ana, Mogollón, del Muerto, Palanqueado, Las Ranas, Puerto Lisa, etc.) se encuentren podridos desde hace décadas y que ninguna autoridad de la Alcaldía se haga responsable de ello, no le molesta en lo más mínimo a su cómodo “ecologismo” (1).

Fuente: Diario El telégrafo.
 
Ojalá que en el futuro este elenco de papanatas guayacos haga sus reclamos sumergido en las aguas del estero Las Ranas, con consecuencias tan predecibles como merecidas (2).

(1) Jimmy Tapia, ‘Las descargas de aguas residuales aún envenenan el estero Salado’, Diario El telégrafo, 20 de marzo de 2016.
(2) Jimmy Tapia, ‘Áreas contaminadas del brazo de mar’, Diario El telégrafo, 20 de marzo de 2016.

La 'mágica' ineficacia del turismo en Guayaquil

23 de marzo de 2016


El apelativo ‘Perla del Pacífico’ es bastante común en América. No solo lo utilizan Mazatlán y Cartagena como indicó un funcionario municipal, sino también Acapulco y Tumaco, Puntarenas en Costa Rica y Callao en el Perú, lugar este último donde la denominación ‘Perla del Pacífico’ se registra desde 1542, decenas de años antes de que empezara a caracterizar al puerto de Guayaquil (1).

Durante un tiempo la Alcaldía de Guayaquil pretendió cambiar la tradicional denominación de ‘Perla del Pacífico’ por una advenediza ‘Magia del Pacífico Sur’. En el titular de una noticia publicada por ese incondicional amiwi de la Alcaldía que es diario El Universo se destacó claramente esta pretensión: “Guayaquil es ‘magia’ y no ‘perla’” (2). El contenido de esta noticia explica las razones que animaron este cambio.

Según el director de turismo de la Alcaldía de Guayaquil de aquel entonces, Joseph Garzozi, él escogió este nombre “porque con él se identifican lugares turísticos de renombre internacional como la isla Tahití, la Polinesia Francesa, los arrecifes en Australia y las mismas islas Galápagos” (3). O sea, lo hizo por imitación de destinos exitosos a nivel mundial. Por otro lado, su razón para abandonar el uso de ‘Perla del Pacífico’ es porque “a ciudades como Mazatlán, en México, y Cartagena, en Colombia, también se las conoce como perlas” (4). Así, para la más alta autoridad de turismo en el gobierno local del Guayaquil de esa época, la elección de lo que él llamaba “una nueva estrategia de comunicación y no [un] eslogan” (5) se reducía a la imitación del nombre de lo que a él le parecía más exitoso.

El momento cómico de esta iniciativa le correspondió a Melvin Hoyos:
 
“si la intención es promocionar a Guayaquil en Asia o en Europa, este se identifica en esos continentes con ciudades asiáticas como Shangai [sic] en China que es [sic] denomina la Perla de Oriente” (6). 
 
Melvin Hoyos supone que la ciudad china de Shanghái se puede confundir con Guayaquil, porque ambas se denominan ‘Perla’, una del Pacífico y otra de Oriente. La idea es tan torpe como la gramática en la que está expresada. Business as usual for good old Melvin (7).

Pero el que se llevó el premio al razonamiento random fue el director de turismo Joseph Garzozi. Para fundamentar el uso de la palabra “magia” no recurrió a argumentos basados en estrategias de mercadeo, sino a la esfera espiritual: “la magia de la ciudad rodeada por el agua de su río y el estero, una magia mística, metafísica que ha sido reconocida incluso por las principales religiones” (8).

De esta manera, el agua podrida de los esteros y la contaminación de los ríos son cosas ‘mágicas’ para este funcionario municipal (9). En vez de procurar la reversión de estos daños ambientales (para abonar a la imagen turística de su ciudad, dicho sea de paso) a la máxima autoridad de turismo del gobierno local de la época se le ocurría la peregrina idea de considerarlos como “mágicos”: una demostración palmaria del hiato que separa a las palabras vacías de su discurso en materia de turismo (“mágico”, “místico”, “metafísico”) de sus magros resultados en esta materia, como lo refleja el resultado de investigaciones serias sobre el turismo en Guayaquil (10).

Este hiato únicamente puede salvarse por la complicidad de la prensa privada guayaquileña. Porque esta idea, nacida enteramente del capricho y los devaneos esotéricos de un funcionario de turismo y de los razonamientos absurdos de un funcionario de cultura, es un ejemplo de lo que en una investigación sobre el turismo en Guayaquil se caracterizó como práctica habitual de la Alcaldía de Guayaquil en materia de promoción turística: “hacer campañas de difusión sin replantearse lo que realmente se desea y se espera en materia de turismo” (11)

El destino natural de este tipo de esfuerzos sin orden ni concierto es precisamente el que obtuvo ‘La magia del Pacífico Sur’: el más completo fracaso, reflejo de la ineficacia que caracteriza el accionar de la Alcaldía de Guayaquil.
 
(1) Marcelo Díaz Vidal, ‘¿A qué ciudades se les denominan la perla del pacífico?’, Blog culturacienciaysaber.blogspot.com [Última visita el 23 de marzo de 2016].
(2) Guayaquil es ‘magia’ y no ‘perla’’, Diario El universo, 26 de marzo de 2008 [Última visita el 23 de marzo de 2016].
(3) Ibíd.
(4) Ibíd.
(5) Ibíd.
(6) Ibíd.
(7) Melvin es un auténtico ‘Melvin’: “A dorky, slow-thinking male” (un subnormal torpe), v. ‘Melvin’, The Online Slang Dictionary [Última visita el 23 de marzo de 2016].
(8)Guayaquil es ‘magia’ y no ‘perla’’, Diario El Universo, 26 de marzo de 2008 [Última vistita el 23 de marzo de 2016]. Según afirma Garzozi en esta noticia, se le debe a esta ‘magia’ el que “budistas, evangélicos y mormones han puesto aquí sus principales templos”. Seriously dude, WTF????
(9) Acerca del estero Salado, este excelente trabajo de investigación de diario 'El telégrafo' de reciente publicación ofrece un panorama de su situación actual: un completo desastre, v. Jimmy Tapia, ‘Las descargas de aguas residuales aún envenenan el estero Salado’, 20 de marzo de 2016 [Última visita el 23 de marzo de 2016]. 
(10) Ingrid Susana Villafuerte Holguín 2012, ‘Análisis del uso del espacio turístico en Guayaquil. Enfoque de su modelo de desarrollo turístico’, Universidad Internacional de Andalucía. Este trabajo elaborado para la obtención de una maestría en esta universidad española concluyó que “[e]l problema del desarrollo turístico en Guayaquil, es que se está desarrollando sin una planificación específica” (p. 110). Esta ausencia de planificación es la marca registrada de la Alcaldía de Guayaquil.
(11) Ibíd., p. 110. 

Pescaditos

9 de junio de 2013


Publicado en GkillCity el 9 de junio de 2013

In memoriam del señor Vinelli, héroe local.

I

En un libro de historias del Guayaquil antiguo, Rielando en un mar de recuerdos, se cuenta que durante buena parte del siglo diecinueve y principios del veinte fue costumbre de los guayaquileños dirigirse en “carrito urbano” al sector El Corte del Estero Salado (donde hoy es el Malecón del Salado) para bañarse con propósitos medicinales en sus aguas marinas. El relato es de autoría de Carlos Saona:
 
“Hubo aquí un devoto de esos baños; dábase 365 al año y aun 366 cuando éste era bisiesto. Era el señor Vinelli, socio de Pérsico (Vinelli & Pérsico). A las seis ya estaba instalado en el carrito. Como en esos dichosos tiempos –que como las golondrinas de Becquer, no volverán- el viernes santo no solo morían las campanas, pero también se suspendía el tráfico de vehículos, el señor Vinelli, por no perder su baño iba y venía a pié todo ese largo camino. No es esto lo más admirable, sino su valor para desafiar la creencia general de que las personas que se bañaban en viernes santo se convertían en pescado”.
El señor Vinelli desafió una “creencia general” del Guayaquil antiguo por la que todavía se aceptaba posible el que echarse aguas marinas en fecha que rememora una crucifixión acontecida decenas de siglos atrás, podría convertir al infractor en pescado. Por supuesto, Vinelli se bañó en viernes santo y no le pasó nada. Comprobó que la “creencia general” sostenida por la mayoría de sus coterráneos era absurda. Pasó el tiempo, la gente perdió el miedo, se atrevió… y sucedió que empezaron a bañarse en viernes santo, como si nada, como si fuera cualquier otro día. Lo normal. Sin convertirse en pescaditos.

Al día de hoy, la “creencia general” otrora desafiada por Vinelli, nadie se la toma en serio.

La postura de quienes se oponen al matrimonio de las parejas gays y lesbianas comparte con la que fue  “creencia general” de los guayaquileños de no bañarse en viernes santo la raíz del problema y su sencilla solución. En ambos casos, la raíz del problema son los prejuicios, esto es, ideas a priori, no basadas en evidencia empírica contrastable sino fundadas en encuadrar el comportamiento humano (el propio, pero sobretodo el ajeno) en categorías de lo “moral”: si el acto que se juzga encuadra en sus preconcebidas ideas morales es “bueno”, y si no, es malo. En ambos casos, la sencilla solución es poner a prueba el prejuicio. En el caso del señor Vinelli, se lo hizo con una sencilla comprobación física (“¡mira, pueblo de Guayaquil: no soy un pescado!”); en el caso de quienes se oponen al matrimonio igualitario, la solución es conocer la realidad de las personas cuyas decisiones se quiere legalmente impedir y tratar de ponerse en sus zapatos.

II

Acabo de leer el libro de Bruno Bimbi, Matrimonio igualitario. Intrigas, tensiones y secretos en el camino hacia la ley, publicado en Buenos Aires en diciembre del 2010. El libro es un documento extraordinario para comprender el proceso de aprobación de la Ley de Matrimonio Igualitario en la Argentina y su contexto histórico.

El contexto histórico era que en el año 1994 la máxima autoridad de la religión católica, mayoritaria en la sociedad argentina, el cardenal primado y arzobispo de Buenos Aires Antonio Quarracino, en un programa que mantenía en la televisión pública de su país se permitió expresar su opinión sobre lo que debería hacerse con los homosexuales, en los siguientes términos:
 
“Yo pensé si no se puede hacer acá una zona grande para que todos los gays y lesbianas vivan allí; que tengan sus leyes, su periodismo, su televisión y hasta su Constitución; que vivan como una especie de país aparte, con mucha libertad. Podrán hacer manifestaciones día por medio, podrán escribir y publicar. Yo sé que me van a acusar de propiciar la segregación. Bueno, pero sería una discriminación a favor de la libertad, con toda caridad, con mucha delicadeza y misericordia. También tengo que añadir que así se limpiaría una mancha innoble del resto de la sociedad”.
Es difícil concebir una mayor falta de respeto a una persona que decirle que el resto de la sociedad tiene derecho a discriminarlo a él y a los que son como él hasta el punto de sugerir que deberían vivir en un “país aparte” y, todavía más, justificar su postura en que esta discriminación se debe considerar “positiva” para el resto de la sociedad, pues así se extirpa de ella “una mancha innoble”. La máxima autoridad religiosa de Argentina proponía como una idea libertaria y caritativa el que un grupo de personas, en razón de tener una orientación sexual distinta, vivieran en un guetto.

La aprobación de una ley que establezca la igualdad de acceso a las oportunidades de la institución matrimonial con independencia de la orientación sexual era todo lo contrario a estar confinado a vivir en un guetto. Por eso la iglesia católica se opuso tanto a la Ley de Matrimonio Igualitario. El senador Luis Juez, en su intervención en el debate legislativo, contó a la audiencia el tipo de presiones que recibió:
 
“He soportado lo que no aguanté en veinticinco años de militancia política: agravios, injurias, ofensas, lastimaduras, magullones; al límite de quebrarme, les confieso, porque un tipo que te dice: «Dios te va a castigar, te vas a quemar en la hoguera del infierno…» Yo me la banco, yo soy así. Seré el bonsái de la Mole Moli, pero me la banco. Tengo una hija por la que todos los días le pido a Dios por su salud. Entonces, cuando me dicen: «Te va a castigar con tu hija…». Ay, me quema el cuerpo. ¿Por qué? ¿Y puede ser cierto? ¿Dios me podrá castigar a mí por asignar derechos? ¿La Virgen me bajará el pulgar por entender que tengo la obligación de mirar a mis compañeros con caridad cristiana? ¿A qué Cristo le rezo yo? El Cristo al que le rezo yo tiene un corazón inmenso…”
El corazón de las altas autoridades y los activistas católicos no era igual y estaba “en guerra de Dios”, según supo comunicarlo en una misiva el cardenal primado y arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, hoy papa Francisco. Este afán de guerra estuvo presente a lo largo del debate legislativo, pues muchos de los opositores al proyecto de Ley de Matrimonio Igualitario profirieron ideas ofensivas sin sustento alguno, como que las parejas homosexuales son “treinta veces más violentas”, así como mucho más inestables, promiscuas y negativas, que las parejas heterosexuales. Decían estas cosas con la certeza de tener “la Verdad en medio de las tinieblas del error”, para decirlo con palabras de Bergoglio. Ante tanta agresión, en una de las sesiones en la Cámara de Diputados, la activista María Rachid tuvo que pedirles paciencia a los asistentes:
 
“No está bien no reaccionar ante el dolor y la bronca de ser discriminados y discriminadas como lo fuimos hoy en esta sala. Ninguna sociedad plantearía al pueblo judío que discuta una ley de negación del Holocausto escuchando las voces de grupos antisemitas. Entonces, pido disculpas por estar solicitando que no gritemos, que no reaccionemos ante la discriminación y la violencia. Y a la vez les pido que entiendan que se trata de una cuestión estratégica que estoy seguro que comparten las diputadas, quienes pidieron que no reaccionemos ante esos argumentos. Ellas también comparten que es por una cuestión estratégica que tenemos que estar presentes escuchando estas expresiones que dentro de unos años van a ser consideradas aberrantes”.  
Ese grupo opositor y fanático, sin embargo, era minoritario en la sociedad argentina. Ya el año 2008 las encuestas indicaban que la mayoría de los argentinos, el 66.3%, estaba a favor de la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo; que el 57% de los católicos estaban en desacuerdo con la oposición de su iglesia al proyecto de ley; que el 39% cambiaría su voto si se enteraba que su candidato estaba en contra de la igualdad de derechos para gays y lesbianas, mientras que solamente el 14% lo haría si su candidato se encontraba a favor. En una entrevista de prensa, Vilma Ibarra, presidenta de la Comisión de Legislación General de la Cámara de Diputados, una de las dos comisiones que conocieron del proyecto de Ley de Matrimonio Igualitario, se mostraba optimista de su trámite:
 
“- Te cuento algo… Hace unos días, me invitaron a una escuela a hablar con los chicos para una clase en la que estaban aprendiendo cómo se votan las leyes. Entonces, se me ocurrió contar, como ejemplo, que este jueves, en la comisión que yo presido, se iba a debatir un proyecto de ley para que las parejas de dos hombres o de dos mujeres pudieran casarse como hoy se pueden casar las parejas de un hombre con una mujer. Y la reacción de los chicos fue muy significativa…
- ¿Qué dijeron?
- No entendían por qué la ley no lo permite. Me preguntaban, querían que yo les explicara por qué los homosexuales no se pueden casar, porque les parecía incomprensible.”
III

El libro de Bruno Bimbi, Matrimonio igualitario, cuenta los detalles de la estrategia seguida para la aprobación de la ley. Cuenta cómo se decidió incidir en los tres poderes del Estado argentino: el legislativo, con la presentación del proyecto de ley; el judicial, con la presentación de recursos de amparo para declarar la inconstitucionalidad de las normas que prohibían el matrimonio a parejas del mismo sexo (los artículos 172 y 188 del Código Civil), y el ejecutivo, con el reclamo de su apoyo hacia una legislación igualitaria. Cuenta también el festejo del triunfo.

Pero lo más fascinante del libro de Bimbi es la posibilidad de conocer voces en primera persona, e intentar entender, a partir de ellas, el camino seguido para aprobar la ley. Voces de políticos, de académicos y de activistas, pero sobre todo voces de personas de carne y hueso, cuyas historias nos pueden hacer reflexionar sobre cuán absurda resulta la discriminación a otro por ser aquel que es y que no podría dejar de ser.

Una voz, por ejemplo, como la de Juan Manazzoni, asesor en la Cámara de Diputados, quien les dirigió a los diputados un correo electrónico para solicitarles su apoyo a la aprobación del proyecto de Ley de Matrimonio Igualitario:
 
“Le cuento que nací en una familia de provincia, muy religiosa, donde nada me faltó. Una familia que me lo garantizó todo. Pero donde me costó experimentar la alegría de la libertad: crecí con las nociones de «bien», «mal» y «culpa» tan presentes como el oxígeno en el aire. Nociones que tiñeron mis decisiones de vida por varios años.
Por aquel tiempo, yo también fui de aquellos que hablan del «amor ordenado», de la «educación en el amor», y de un etcétera largo y bastante hipócrita, por cierto. Durante aquel tiempo, descreí de la posibilidad de que dos personas del mismo sexo pudieran amarse, con todas las letras. «La sociedad» (sólo una parte, obviamente) me había convencido de que «el amor gay es un amor egoísta», por «no estar abierto a la procreación y a la vida», y muchos argumentos similares.
Señor senador: gracias a la vida, hoy ya no pienso así. El tiempo y su experiencia, que sabe mucho más de comprender que de argumentar, cambiaron mi corazón. Ya nadie podrá inculcarme «la culpa de ser libre». También yo me he enamorado, mi corazón ha encontrado sentido, haciéndome feliz: por ser quien soy, por mí y por el otro. «Otro» que también es sujeto pleno de derechos, que no es un objeto de mera satisfacción, como quieren señalar quienes desdoblan «un amor egoísta» de «un amor generoso». Al amor, cuando es amor, los adjetivos le sobran. Que mi relación prospere o no, el tiempo dirá. Pero mientras yo esté con la persona que me señale el corazón, quiero que el Estado nos posibilite lo mismo que al resto de la sociedad posibilita. Así de simple”.
 
El proyecto de Ley de Matrimonio Igualitario se presentó en la Cámara de Diputados en mayo del 2007. Pero el primer éxito que se obtuvo en este proceso provino del poder judicial. La jueza Gabriela Seijas, del Juzgado de Instrucción No 15 de lo Contencioso Administrativo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, dictó sentencia el 13 de noviembre del 2009 en un recurso de amparo presentado por Alex Freyre y José María Di Bello. En su sentencia, la jueza Seijas reflexionó:
 
“Un paso importante al que una decisión judicial puede tender es al reconocimiento público de la existencia de la estigmatización y del sufrimiento inflingido, y la ilicitud de las discriminaciones en que se apoyan. No se trata de saber si son posibles otras formas de vida familiar y afectiva distintas de la tradicional. Porque las tenemos delante nuestro y sabemos que existen. Se trata de saber si es posible un marco legal suficientemente genérico para adaptar sus institutos a estas realidades”.
La jueza Seijas consideró en su fallo que ese marco legal “suficientemente genérico” era posible y declaró inconstitucionales los artículos 172 y 188 del Código Civil que obstaculizaban la celebración del matrimonio de Freyre y De Bello. Su aspiración era que la institución del matrimonio igualitario sea “fuente de nuevas curas para las viejas enfermedades sociales, como el miedo, el odio y la discriminación”.

La sentencia de Seijas fue un gran avance, pero era solo el principio. Su sentencia solo beneficiaba a las dos personas que presentaron el recurso de amparo. En palabras de uno de ellos, Alex Freyre:
 
“La igualdad jurídica no puede ser sólo para dos personas y no es posible que sea necesario ir a la justicia para tener los derechos que la Constitución nos garantiza a todos y todas. Por eso hace falta que los diputados voten la ley antes de fin de año, para que todas las parejas tengan los mismos derechos con los mismos nombres”.
El matrimonio de Alex Freyre y José María De Bello no se pudo realizar en Buenos Aires por un fallo dictado en contra por otra jueza. Finalmente, se pudo realizar en Ushuaia, en la provincia de Tierra del Fuego. La gobernadora del territorio, Fabiana Ríos, así lo autorizó. La gobernadora comentó las razones para su autorización: 
“Yo soy química, nada que ver con las ciencias jurídicas. Pero cuando leí el fallo de la jueza Seijas, me pareció tan clara la arbitrariedad del impedimento por el que las parejas homosexuales no se podían casar que, aunque sabía que tenía que evaluar el impacto público que iba a tener mi decisión, me di cuenta de que no podía hacer otra cosa que no fuera autorizar el matrimonio”.
Por su decisión, la gobernadora Ríos fue atacada por grupos conservadores, se le formó un escándalo mediático y se la demandó penalmente. Su respuesta a todo esto fue lacónica: “A algunas personas les resulta inverosímil que una persona que es heterosexual y católica pueda entender como naturales otras formas de ser. Lo lamento por ellos”.

En todo caso, el matrimonio de Alex Freyre y José María Di Bello fue el primero de varios. Tiempo después se casó la primera pareja de lesbianas: Norma Castillo y Ramona Arévalo, quienes tenían ambas 67 años al momento de celebrar su enlace. En las sentidas palabras de Norma:
 
“Esperamos este momento por 30 años, 5 meses y 12 días. No quería desaparecer de esta vida sin que se reconociera este amor que lleva más de 30 años. […] Hubo muchos que se murieron sin poder decir a cielo abierto: «Te amo»”.
El debate en la Cámara de Diputados continuaba. La jueza Gabriela Seijas asistió a una de las sesiones en el que se debatía el proyecto de ley y resumió el mensaje que propuso en su sentencia:
 
“Un país donde no se humille al otro. Yo usaría –aunque sea una palabra religiosa- otra palabra. Diría «un país más piadoso», un país donde no se lastime a otro”. 
 
María Lenz es lesbiana y fue diputada hasta el año 2009. No alcanzó a votar la ley en la Cámara de Diputados, pero sí a conversar con todos sus excolegas para persuadirlos de votar a favor del proyecto de ley. Su comentario es un reconocimiento a la fuerza de la empatía, del tratar de ponerse en los zapatos del otro:
 
“Los que modificaron su voto tenían como denominador común en su argumentación el reconocimiento de la existencia de vidas diferentes: sobrinos, amigos, en fin, gente cerca de cada uno de ellos y ellas. Los que votaron en contra, el argumento esgrimido era que su arzobispo les había pedido que presentaran un proyecto de «unión civil», que les parecía «mucho» igualar, que en el interior es distinto, en fin…”.
En este proceso de obtención de votos la acompañó Teresa García, compañera de su bloque político, una persona de profunda fe católica: 
 
“Voy a hacerte una infidencia: Teresa es una compañera muy peronista y muy católica. Hizo un esfuerzo de reflexión, de puesta en valor de su ética y sus convicciones, que le agradeceré por siempre. Sumó realidad a su profunda fe y creció, como todas nosotras”.
Llegó el esperado día de la votación. Es fama que el discurso que más abrió las cabezas esa noche fue el de Ricardo Cuccovillo:
 
“Tengo tres hijos: dos varones y una mujer. Uno de mis hijos varones es gay, un ser humano que yo considero que tiene igualdad de derechos y de sentimientos que el resto de mis hijos.
El señor diputado Solá habló de hipocresía; por eso sentí que me identificaba mucho con su pensamiento y emociones. En general trato de no ser duro porque creo que las cuestiones culturales son muy difíciles de transformar, y entiendo a quiénes no están de acuerdo con este proceso. Pero conversando con algunos de mis compañeros les decía que la verdad es que hubiese querido que quienes hoy están en desacuerdo con este proyecto tuvieran mayores fundamentos desde lo científico, es decir, fundamentos concretos. Reconozco en muchos de mis colegas, quizás en todos, una gran sinceridad y una gran militancia en sus convencimientos, pero entiendo que no hay elementos científicos concretos ni emotivos que avalen su posición en la vida cotidiana. Este hijo mío tiene los mismos derechos que el resto de la sociedad. Seguramente habrá muchos hijos, hermanos y padres que están en su misma situación. Cuando nos turnamos para cuidar a mi nieto, mi hijo mayor no piensa que el que irá a cuidarlo en los días que tenemos asignados es un tío gay que puede contagiar o deformar al niño. La verdad es que no siento que piense así”.
 
Algunos, como el diputado Rossi, dijeron que el debate debió haber terminado con las palabras de Ricardo Cuccovillo. La suerte estaba ya echada: la empatía había vencido a los prejuicios y se pudo alcanzar lo que antes parecía un imposible. El proyecto de Ley de Matrimonio Igualitario se terminó por aprobar el 5 de mayo del 2010 con un total de 126 votos a favor, 110 en contra y 6 abstenciones.

IV

Argentina tiene un sistema bicameral, por lo que el asunto pasó a discutirse en el Senado de la Nación. La encargada de conducir la Comisión de Legislación General que conocería del proyecto de ley fue la senadora Liliana Negre de Alonso, miembro del Opus Dei.

Pero ni la abierta animadversión de la senadora Negre de Alonso al proyecto fue suficiente para impedir su aprobación. El matrimonio igualitario ya había ganado un espacio de relevancia en la opinión pública. Se lo empezaba a considerar como parte de un necesario desarrollo histórico.

Así lo demuestra esta opinión (que constituyó un espaldarazo) del expresidente Néstor Kirchner:
 
“En el siglo XIX solo existía el matrimonio eclesiástico. La ley de matrimonio civil constituyó una ampliación de los derechos civiles. La que permitió el divorcio vincular un siglo después también. El matrimonio entre personas del mismo sexo será otra profundización equivalente. Esto no tiene nada que ver con ninguna religión, solo con establecer la igualdad de todas las personas ante la ley”.
 
En el debate en el Senado de la Nación, la senadora María Eugenia Estenssoro avanzó sobre esa misma idea, con énfasis en la evolución de la situación de la mujer, a partir de su propia condición de divorciada, madre soltera y concubina:

“Y me gusta decir esto con orgullo, pero también porque muestra la evolución de la mujer en la sociedad de las últimas décadas. Antes, decir esto públicamente hubiera sido una deshonra. Hubiera tenido que ocultarme por divorciada, por ser madre soltera y por convivir con un hombre con quien no estoy casada legalmente. Sin embargo, hoy puedo decirlo públicamente en el Senado de la Nación, ser senadora, y no por eso soy una mujer de mala vida. Esto es lo que ha cambiado en nuestra sociedad.
 
En su discurso, la senadora Beatriz Rojkés sostuvo que cualquier medida que se adopte que no sea la igualdad en derechos resultaba inadmisible:
 
“es un retroceso inadmisible sostener el argumento de «separados pero iguales», que justificó la segregación racial en Estados Unidos; o el de la supuesta diferencia natural, que privó del voto a la mujer; o el de plebiscitar los derechos, que derivaron en las leyes del exterminio judío”.
 
La aprobación del matrimonio igualitario ya estaba instalada en la sociedad. La revista Veintitrés se puso de frente en campaña por su aprobación, el diario Clarín publicó una editorial (“Tolerancia y diversidad”) en la que expresamente concluía que “el matrimonio igualitario debe ser aprobado” y el periodista Jorge Lanata, en su programa televisivo, cargó tintas contra un monseñor de la iglesia católica:
 
“Usted, monseñor, es un bruto y un ignorante. Vuelva al colegio, haga aunque sea la escuela nocturna, trate de leer un poco y después hable. Mientras tanto, cuídese y nunca se agache a agarrar un jabón en la ducha del obispado”.
 
Todo eso por haber dicho el monseñor cosas como aquellas por las que María Rachid, líneas atrás, al principio de las discusiones en la Cámara de Diputados, había pedido paciencia a la audiencia.

V

Llegó el día de la discusión definitiva del proyecto de ley, el 14 de julio del 2010. Los debates se extendieron hasta la madrugada siguiente y se tomó, finalmente, votación: 33 votos a favor y 27 en contra. Acto seguido, el presidente del Senado, José Pampuro, declaró “definitivamente sancionado el proyecto de ley”.

Miles de personas que seguían la sesión del Senado por audio en la plaza del Congreso estallaron en gritos, se fundieron en abrazos y empezaron un largo festejo. Coreaban exultantes: “Y ya lo ve / Y ya lo ve / es para Bergoglio que lo mira por TV”. Fue un momento de euforia, de soltar la bronca frente a la “guerra de Dios” invocada por el cardenal primado y sus acólitos.

Pero lo realmente importante de toda esta historia fue la derrota de los prejuicios. Pasarán los años y llevará razón Sean Penn, quien al momento de recibir un premio Óscar el año 2009 por su actuación en Milk, declaró: “creo que es un buen momento para que quienes votaron por la prohibición del matrimonio gay se sienten a reflexionar y anticipen la gran vergüenza que habrá para ellos mismos y ante los ojos de sus nietos, si continúan con este tipo de apoyo. Todos debemos tener los mismos derechos”.

Es altamente posible que no tengan que pasar ni dos generaciones, como sugirió Penn, para que se considere ridículo el que una persona postule en una sociedad democrática la posibilidad de negarle derechos a otra en razón de su orientación sexual. Tan ridículo, e inaceptable, como si al día de hoy algún despistado propusiera la prohibición del divorcio, o reinstalar la esclavitud.

Ridículo, lo habrá pensado Vinelli, como esa antigua creencia guayaca de convertirse en pescaditos.