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La base (endeble) del autoritarismo

2 de abril de 2026

Es sencillo atribuir a las autoridades la responsabilidad por el déficit democrático del Estado. Pero eso es tramposo: la responsabilidad la tenemos los ecuatorianos. Los políticos son un reflejo de nuestras miserias como sociedad*.

En el informe 2024 del Latinobarómetro, los ecuatorianos somos la población de América latina y el Caribe con el más alto porcentaje de habitantes (un 54%) que concuerda con la siguiente afirmación: “está bien que el presidente pase por encima de las leyes, el parlamento y/o las instituciones con el objeto de resolver los problemas”. 

Por eso, el presidente ha podido decir que, si llega el caso, él saca de la cárcel a un ministro que se haya saltado la Ley. Este artículo de María Sol Borja lo explica claramente, y a él los remito: “Yo te saco de la cárcel”.

El presidente Daniel Noboa puede ostentar su autoritarismo y el pueblo ecuatoriano, dada su gran vocación autoritaria** se lo puede soportar, o incluso, celebrar. Por ello, el presidente Noboa es el hombre del momento. Aunque no vocaliza mucho su autoritarismo (difícil, muy toscamente, puede hilvanar oraciones con sentido), él lo encarna a la perfección. 

Pero los momentos cambian. Y la justificación de que un presidente pueda saltarse las leyes (para sacar a sus amiguitos de la cárcel, o para cualquier otra cosa) depende de esto: “resolver los problemas”. Van casi dos años y medio de gobierno de Noboa, y sólo un oligofrénico o un lobotomizado podría decir que en este gobierno se han resuelto los problemas: todos los números indican lo contrario. Y, siendo una pandilla de aniñados bobos, no hay visos de que ello el gobierno lo pueda variar.  

Así, la base del autoritarismo es el pueblo ecuatoriano y su gran vocación autoritaria. Pero esa base es endeble y depende de algo que el gobierno no está en capacidad de darle al pueblo. Y es por eso, porque el gobierno no podría cambiar, que tal vez se cambie al gobierno. Amanecerá, después de esta noche oscura y un pueblo hastiado, y veremos.

*

* En el primer artículo que publiqué en un medio de comunicación masiva, éste fue justo mi argumento, v. “A nosotros, los culpables”. Este déficit democrático del Estado nos acompaña desde el inicio de la República del Ecuador. Su primer presidente, Vicente Rocafuerte, lo advirtió claramente, v. “Edificio en ruinas”.

** Para una mirada sobre la proverbial vocación autoritaria del pueblo ecuatoriano, v. “La vocación autoritaria”.

La vocación autoritaria

27 de diciembre de 2024

            Publicado en diario Expreso el viernes 27 de diciembre de 2024.

El informe 2024 de la corporación Latinobarómetro lleva por optimista título “La democracia resiliente”, fue publicado en su página web (www.latinobarometro.org) el viernes 20 de diciembre y es un exhaustivo estudio de opinión pública que mide actitudes, valores y comportamientos, para lo cual aplica alrededor de 20.000 entrevistas en 17 países de América latina, representando a más de 600 millones de habitantes.

El informe 2024 de Latinobarómetro, entre otras cosas, reveló un reclamo por una solución autoritaria en el Ecuador, de una intensidad sin parangón en la región.

“Actitudes hacia el autoritarismo” se denomina el capítulo 4.6 del informe 2024 de Latinobarómetro, que presenta “los indicadores específicos de autoritarismo” para los 17 países latinoamericanos cuyos habitantes son entrevistados. El capítulo se compone de la respuesta a tres afirmaciones. La primera afirmación es: “No me importaría que un gobierno no democrático llegara al poder si resuelve los problemas”. 

Entre las respuestas “muy de acuerdo” y “de acuerdo” a esta primera afirmación, el Ecuador registra por encima del 60% de personas que coinciden con ella, siendo el cuarto porcentaje más alto de América latina (en conjunto con Honduras) y apenas por debajo de Paraguay, Guatemala y El Salvador. Seis de cada diez ecuatorianos no tendrían problema con la llegada de una dictadura, siempre que resulte efectiva para resolver problemas.   

La segunda afirmación de este capítulo es: “Está bien que el presidente pase por encima de las leyes, el parlamento y/o las instituciones con el objeto de resolver los problemas”. Entre las respuestas “muy de acuerdo” y “de acuerdo” con esta segunda afirmación, el Ecuador registra el porcentaje más alto de América latina con el 54%, que es un porcentaje casi 20 puntos superior al promedio regional del 35% y demostrando a las claras que un dictador no requiere encumbrarse a través de un golpe de fuerza. Un dictador puede emerger también en el marco de una democracia vaciada de contenido, como la ecuatoriana. 

Porque la democracia ecuatoriana es un cascarón vacío y los datos de este informe 2024 (de manera muy preocupante) así lo evidencian. El Ecuador es el Estado de América latina que registra el mayor porcentaje de su población que considera posible que la democracia puede funcionar sin estos tres elementos: el 58% considera que puede funcionar sin partidos políticos, el 57% que puede funcionar sin congreso y el 50% que puede funcionar sin oposición. Cifras que están muy por encima de su promedio regional del 42%, 39% y 37%, respectivamente. Vaciar a la democracia de todo lo que la constituye, pero seguir llamándola democracia: tal cosa es el ideal ecuatoriano. 

Por eso es lógico que en la respuesta a la tercera afirmación contenida en el capítulo 4.6 del informe 2024 de Latinobarómetro, “Deberíamos deshacernos de las elecciones y del parlamento y dejar que los expertos tomaran las decisiones por la gente”, el Ecuador también registre el porcentaje más alto entre los países de América latina. Un 50% de la población está “muy de acuerdo” o “de acuerdo” con esta tercera afirmación.

Estas cifras revelan la vocación autoritaria del pueblo ecuatoriano.

Guayaquil, bastión de la derecha autoritaria

8 de octubre de 2019


Es 8 de octubre de 2019, víspera de las fiestas de independencia de la ciudad, y Guayaquil es la capital de un país dividido y el bastión de un gobierno impopular.

Con el Decreto Ejecutivo No. 888 del día 8 de octubre, el Presidente Lenin Moreno decretó el traslado de la “Sede de Gobierno a la ciudad de Guayaquil”. Así, Guayaquil se ha convertido en la capital administrativa del Ecuador mientras dure el estado de excepción (o visto desde otro ángulo: Quito se convirtió transitoriamente en Machachi in the parlance of la Guadalupe). El Presidente Lenin Moreno y su Gabinete sesionan desde el Gobierno Zonal en Guayaquil, en el opulento edificio que perteneció al Banco del Progreso y que Ricardo Patiño adecuó para el servicio público. Allí se reúnen las principales autoridades de las cinco Funciones del Estado ecuatoriano.

La historia es larga pero para hacerla corta, desde que los guayaquileños empezamos a elegir por voto popular al alcalde de nuestra ciudad (es decir, desde 1947), Guayaquil ha sufrido de tres populismos: el del CFP, el del PRE y el del PSC. Este último populismo es de carácter autoritario y de derechas, y está enquistado en la Alcaldía desde 1992.

Como a Guayaquil la democracia no le ha sentado bien, a fines de los ochenta y principios de los noventa la ciudad se hallaba en la mala: llena de basura, por fuera y por dentro del Palacio Municipal. El PSC se hizo fuerte frente al notorio fracaso del populismo del PRE, pues se erigió como la facción que “recuperó” a Guayaquil de esa etapa mala, con un caudillo autoritario y carismático como León Febres-Cordero a la cabeza.

Por este relato “heroico” del PSC es que creo que la facción de la derecha autoritaria (AKA “el fascismo”) en Guayaquil pudo emerger tan victoriosa frente al descalabro de los hermanos Bucaram, elegidos para el Sillón de Olmedo en 1984 (Abdalá) y 1988 (Elsa), pero incapaces de completar sus períodos. En la siguiente elección para la Alcaldía, en 1992, le llegó su turno al PSC, cuando ocurrió lo que según el filósofo italiano Norberto Bobbio justificó la emergencia del fascismo en la Italia de los años treinta: “la conquista del poder por parte del fascismo fue el resultado de una fecunda alianza entre precisos intereses de clase y turbios ideales, favorecidos por la crisis moral, social y económica que atravesaba un [cantón] como el nuestro, por larga tradición más acostumbrado a la opresión que a la libertad”. Donde se lee cantón, se leía (en el texto original de Bobbio) “país”… pero este reemplazo no altera un ápice el sentido de la frase, tan real en un caso como en el otro. En Guayaquil, fue la crisis de la ciudad por el gobierno del PRE lo que favoreció al emergente PSC, el partido de la derecha autoritaria de Guayaquil.

Ahora, ¿por qué digo que el PSC es de derechas? Porque el negocio de la Alcaldía del PSC, en la planificación y en la ejecución de las políticas públicas, es satisfacer a los intereses de las empresas constructoras. El crecimiento de Guayaquil, horizontal y de cemento, cuesta seis veces más que un crecimiento vertical y ambientalmente sostenible: es decir, el llamado “modelo exitoso” del PSC despilfarra una fortuna en hacer las cosas mal, siendo Guayaquil una de las ciudades más vulnerable a las inundaciones que hay en el mundo.

En otras palabras, el crecimiento de Guayaquil es económicamente estúpido… salvo que seas parte del negocio de la construcción (de cuyas filas emergió el Alcalde Nebot, boca abierta). Pero lo peor no es el despilfarro de los recursos (que te embuten como éxito para todos, cuando lo es para pocos), lo peor es el riesgo real que corre Guayaquil debido a las inundaciones en un futuro no muy lejano (una o dos generaciones más), sobre lo que nada efectivo se ha hecho.

Y luego, ¿por qué el PSC es autoritario? Pues por la forma vertical de su administración, en la que se ejecuta lo que ha decidido la cúpula. La concreción legal de esta verticalidad ocurrió en la “Ordenanza que regula el sistema de participación ciudadana del cantón Guayaquil”, que es una burla a la idea de gobierno democrático pues habilita a participar en la Asamblea Cantonal de Guayaquil únicamente a los 117 “representantes de la sociedad” que están mencionados en la Ordenanza. Pero si con acotar el número era insuficiente, la Alcaldía le ha repartido dinero de forma generosa a varios (acaso la mayoría) de estos 117 privilegiados en una ciudad de casi 3 millones de habitantes.

Y por si no quedaba claro quién mandaba, la Ordenanza en cuestión le reservó al Alcalde y un concejal un voto calificado en la Asamblea Cantonal del 51%. Como que esta norma se la hizo durante la Alcaldía de Jaime Nebot, sólo podía aspirarse con ella a que se haga su voluntad. O como lo advirtió quien entonces era Secretario del Municipio, Vicente Taiano, la norma debía diseñarse “para evitar intromisiones en las gestiones del Alcalde”.

Entonces, en estos días la Guayaquil del PSC ha llegado a una cúspide: se ha erigido como la capital administrativa del Ecuador. Como Guayaquil es la casa de la derecha autoritaria desde 1992, es natural que sea la sede de un gobierno nacional que ha adoptado unas medidas tan favorables a las empresas y tan perjudiciales para el ciudadano común.

Y, por supuesto, a la derecha autoritaria de Guayaquil le sienta muy bien el racismo que se pone en evidencia en un país dividido, así que es apenas natural que se adopte su tono para la marcha de mañana (pues su telón de fondo es, no nos engañemos: “aquí no pasarán estos indios brutos” –con palabras un poco más elegantes, claro).

Es por eso, conciudadanos de Guayaquil, que la marcha de mañana 9 de octubre más que una resistencia, es una celebración. Es la celebración de la derecha autoritaria y de los áulicos del Presidente más impopular e infradotado de los últimos tiempos. Y un triste papel, siendo ya el 2019.

Un autoritario, ¿fracasado?

26 de junio de 2018


Digamos que me asalta la duda.

Partamos de este hecho: años atrás, cuando publicaba una columna semanal de opinión en diario El Universo, un periodista me escribió para hacerme unos comentarios sobre ella y decirme que una vez entrevistó a Jaime Nebot y que éste, off the record, le había dicho que el régimen que él más admiraba era el chino. Esto, en esencia, porque mantenía un riguroso control de la sociedad combinado con una apertura a los negocios.

Recordé ese comentario mientras miraba un documental de la Deutsche Welle sobre la “Nueva Ruta de la Seda” que está desarrollando China. Entre otras cosas, el documental destaca estos dos puntos: primero, China tiene un pensamiento estratégico que los occidentales, en general, no tenemos, y, segundo, que un gobierno autoritario como el chino puede ejecutar sus planes. Para decirlo de otra manera: un gobierno autoritario como el chino no está sujeto a los vaivenes auto-destructivos de una política democrática con actores fundamentalmente oportunistas, imbéciles o pillos, con todas sus nefastas variantes y combinaciones (AKA “políticos latinoamericanos, casi sin excepción”).

Teniendo esto como antecedente, se puede discutir si de acuerdo con su propio combo para el desarrollo, Nebot ha fracasado. Seguro, logró una primera parte: ha aplicado desde el año 2000 un gobierno autoritario (cada vez más atenuado, valga decirlo). Ha tenido la capacidad para ejecutar su agenda a placer: unos concejales sometidos a su comando, una participación ciudadana de pacotilla, una prensa obsecuente. Obediencia y temor y una verticalidad incuestionable. Pero fracasó en la segunda parte de su combo, en el desarrollo económico y social de la ciudad.

Mejor dicho: lo que lo diferencia de los chinos es que la Alcaldía socialcristiana de Jaime Nebot jamás tuvo pensamiento estratégico. En consecuencia, Guayaquil es una ciudad a la deriva, que ha sido incapaz de implementar una receta para el desarrollo que la convierta en una ciudad próspera e inclusiva, como lo sugiere ONU Hábitat (por la obvia razón de que hacemos exactamente lo contrario de lo que sugiere ONU Hábitat).

La neta: Guayaquil es una variante tropical del Capitalismo de Amigos (“crony capitalism”). En lo principal, su “modelo de desarrollo” es un modelo de negocios funcional a los intereses privados vinculados a la Alcaldía, en los que el concepto de bien común resulta secundario, casi anecdótico.

Esos intereses privados son los que realmente han ganado en los últimos 18 años de gestión de la ciudad y no lo perdamos de vista: eso es lo que desde la Alcaldía se ha querido todo un siempre. Visto así, el autoritarismo de la Alcaldía de Nebot no ha fracasado. Todo lo contrario: ha triunfado. A pesar de la ciudad y en su claro perjuicio.

País de la fantasía

25 de junio de 2018


Hay una fantasía que recorre el Ecuador: la fantasía del “correísmo”. En este relato fantástico, el “correísmo” es el equivalente ecuatoriano del Holocausto*. Antes de él, éramos buenos en este país, después de él (de la mano del PSC) volveremos a serlo. Un exponente de este género fantástico es el columnista de El Universo, Pedro Valverde (Los defensores del correato...”).

Según Valverde, el neologismo “descorreizar” significa “erradicar prácticas autoritarias y corruptas, que lejos de mirar el interés ciudadano estuvieron enfocadas en satisfacer egos y bolsillos, perseguir opositores, alcahuetear a los afines”… como si en el único período de la historia política del Ecuador en el que eso pasó fue el gobierno de Rafael Correa. En realidad, ese es el modus operandi de la política ecuatoriana: así, para cumplir con lo que dice Valverde de “erradicar prácticas autoritarias y corruptas” habría que “desecuatorianizar” la política, porque esas prácticas las había antes de Rafael Correa (podrían usarse como una definición precisa del gobierno de otro presidente autoritario y originario de Guayaquil, León Febres-Cordero) y se las mantiene y mantendrá todavía después de Correa, a no engañarse.

Es más: Valverde, si no fuera el columnista sesgado al PSC que es, podría identificar esas mismas prácticas políticas en el gobierno de la ciudad en la que reside.

* En realidad, no se coman ustedes los amagues: este uso del “correísmo” es apenas una coartada para justificar nuevos abusos.

Crecimiento urbano: Guayaquil y Singapur

7 de julio de 2017

El guayaquileño tipo “tonto de derechas” (1) suele entusiasmarse con Singapur y lamentarse de que no se hayan adoptado unas políticas orientadas a parecerse a esta isla soñada.

Pero un detalle que se le suele escapar a este “soñador” es que si Guayaquil hubiese adoptado unas políticas como las singapurenses, el entorno en que vive sería muy diferente, puesto que Guayaquil y Singapur son dos ciudades de crecimiento urbano diametralmente opuesto. Mientras en Guayaquil los empresarios de la construcción son los que determinan el crecimiento de la ciudad (2) en Singapur la intervención del Estado en su crecimiento es tan brutal que el Estado dispone de tu dinero y determina con quiénes vas a vivir.

Así como se lo lee: el Estado dispone de tus ganancias para colocarlas en un fondo a cargo del Housing & Development Board (un órgano estatal) para el único propósito de que compres una vivienda, que una vez adquirida, sólo podrías vender para adquirir otra vivienda. El Estado no sólo que está emperrado en que tengas una vivienda, te guste o no (pues la libertad del que aporta el patrimonio para comprar la vivienda no interesa mayormente en esta decisión) sino que determina también con quiénes vas a vivir, con el propósito de asegurar la armonía racial de esta pequeña isla tropical. Así, en Singapur, en las viviendas públicas en las que vive el 80% de su población se tiene que reproducir la diversidad racial existente en la sociedad singapurense (3). 

Porque la vivienda pública también puede ser de excelencia. 50 y pico de años, en fotos.

Me imagino a los “tontos de derechas” de Guayaquil viviendo en una de las casas colectivas que tanto abundan en Singapur en la obligatoria compañía de los cholos, negros e indios que componen la diversidad racial de Guayaquil: sería gente en permanente y manifiesto horror por esa macabra dictadura impuesta por alguna variante guayaca del líder singapurense Lee Kuan Yew (1923-2015), artífice principal del cambio operado en el diminuto territorio que administró por 31 años como Primer Ministro (4).

(De hecho, Nebot es una variante guayaca de Lee Kuan Yew: un político autoritario de derechas de larga duración. La diferencia sustancial: mientras Lee Kuan Yew fue exitoso, Jaime Nebot se vende como exitoso. La diferencia entre ambos líderes es la misma que existe entre la realidad efectiva y la mera delusión, entre un líder visionario y un vendehumo).

En resumidas cuentas: mientras el crecimiento urbano en Guayaquil sigue la estricta lógica del mercado, que favorece a las empresas constructoras y fomentan las “distinciones odiosas” entre ciudadanos (con los adinerados encapsulándose para evitar interacciones con los de una condición social distinta), en Singapur el crecimiento urbano se lo hizo con una fuerte intervención gubernamental, a tal punto que el gobierno tiene la atribución de disponer no sólo de los dineros de los singapurenses sino también de determinar quiénes viven alrededor suyo.

Y al “tonto de derechas”, eso no le gustaría nadita.

(1) Tipo los que se dejan persuadir por los argumentos escolares de Gloria Álvarez, v. ‘Tonto de derechas: tuya es la Gloria’, Xavier Flores Aguirre, 17 de febrero de 2016.
(2)Guayaquil a la deriva’, Xavier Flores Aguirre, 28 de febrero de 2016.
(4) Se puede decir sin faltar a la verdad que a Lee Kuan Yew le importaba un soberano carajo si a los singapurenses no les llegaba a gustar estas, u otras de sus medidas, pues en su opinión: “Nosotros decidimos lo que es correcto, no importa lo que la gente piense”. No era lo que se dice un demócrata, Mr. Lee.

Travestismo electoral

8 de enero de 2017

En campaña, Viteri ha pasado de ser “el hombre” a ser “la única mujer” (1).

Vacilando como "Hombre" un mostacho socialcristiano. Cortesía: Jorge Cabezas

 
Así, ha pasado del machismo autoritario (especialidad de Nebot) al oportunismo feminista (especialidad de Viteri). Dos claves para entender cómo opera el PSC.

(1) Jorge González, 'La cuña de Cynthia Viteri 'Soy la única mujer en la papeleta' genera rechazo de dos candidatas a la Vicepresidencia', Diario El comercio, 6 de enero de 2017. 

Paja y Rusia

19 de diciembre de 2016


El liderazgo vertical, corporativista y autoritario de Vladimir Putin lo tiene con una popularidad superior al 80% de la población, en un país de más de 143 millones de habitantes y una cultura milenaria como Rusia. Aquí también, un liderazgo vertical, corporativista y autoritario como el de Jaime Nebot mantiene una popularidad superior al 80% de la población, en la ciudad más poblada del Ecuador. El éxito del liderazgo autoritario funciona para grandes y chicos. Es un éxito transversal, con una condición previa: el colapso (URSS, Bucaram) es el escenario propicio para que triunfe el "hombre fuerte" (1).

No puedo hablar por la inmensidad rusa, pero sí puedo referirme a nuestras pajas administrativas, a todo lo que desde la administración pública y desde mucho tiempo antes del socialcristianismo, se viene haciendo mal en el desarrollo de la ciudad. Pero, en rigor: ¿Qué es Guayaquil para oponerse a un liderazgo autoritario que en estos últimos 16 años ha construido una ciudad con “lotes pequeños para las viviendas, aceras y accesos estrechos, limitadas áreas verdes, y en general una clara tendencia hacia la impermeabilización del suelo urbano”? (2). Guayaquil es una ciudad con una historia de debilidad institucional, un crecimiento urbano inarticulado y una sociedad civil apática, ¿con qué energía cívica podría resistir un liderazgo de esta naturaleza? Al contrario: lo bienviene y lo admira (3).

(Otrosí: su cooptación de los medios de comunicación de la ciudad también le ha resultado muy útil [4]).

(1) El colapso de Guayaquil durante la administracón de los Bucaram et al. (1984-1992) fue el discurso que apalancó al socialcristianismo en el poder político de Guayaquil. Con eso afanaron hasta hace poco, pero 24 años después es ya un discurso insostenible.
(2) Así describen a Guayaquil los expertos internacionales solicitados por el alcalde Nebot a la CAF: v. Mejía Betancourt, Abel, Morelli Tucci, Carlos Eduardo, Bertoni, Juan Carlos, Cabezas Vélez, Gabriel 2013, La inundación de Guayaquil en marzo 2013. Opinión de expertos internacionales, Cooperación Técnica de CAF, Informe gerencial [17 de junio de 2013].
(3) El autoritarismo explica el ascenso de Donald Trump: ‘Authoritarianism: The political science that explains Trump’, Vox, YouTube. Y este video (en inglés): esto es periodismo del bueno. En nuestro país, algo así no existe.
(4)Para cuando el periodismo guayaquileño pierda el miedo…’, Xavier Flores Aguirre, 6 de febrero de 2016.

Litro x Mate 3 - Alcaldía 0 (temporada 2016)

23 de agosto de 2016


Urdesa Norte, en los alrededores del templo mormón.

Esta es la buena gente de Litro x Mate, con Daniel Adum Gilbert al centro. Y esta es la tercera pared que Litro x Mate ha pintado en Guayaquil, y todavía no hay represión municipal. Las otras dos paredes son:

Urdesa, Av. Olmos. 

Escuela fiscal en la calle Los Ríos

Y se vienen más, porque cada vez se suma más gente. Muy pilas, el personal de Litro x Mate: haciendo aquello que se reprime desde el autoritarismo local (porque “aunque sea mi casa, tengo que pedir un permiso”, según dice Nebot) en tiempo de elecciones, cuando revivir la imagen represiva no conviene.

Porque cuando no es de su estricta conveniencia “la pantomima de guardar la compostura”, las huestes del abogado Nebot no perdonan el color (1).

(1) Para la cita del alcalde de Guayaquil sobre la necesidad de pedir un permiso municipal para pintar la casa propia, v. ‘Nebot: El gran Guayaquil abarca a Durán, Daule y Samborondón’, Diario El universo, 9 de octubre de 2011. La frase “la pantomima de guardar la compostura”, misma que se le acabó al punto de querer miccionar sobre un colega socialista de un cojudo imbabureño, la dijo Nebot en septiembre de 1990 cuando empezó su experiencia en el Congreso Nacional, en su puteada épica al bloque socialista (compuesto por Víctor Granda, Enrique Ayala y Raúl Patiño). Finalmente, sobre la represión municipal a Litro x Mate y, en particular, sobre Daniel Adum Gilbert, por pintadas similares hace casi cinco años, v. ‘Lo feo, lo malo, lo bueno’, Xavier Flores Aguirre, 16 de septiembre de 2011.

De vuelta / We're back / Voltamos

27 de julio de 2016


Litro x Mate ha vuelto. Esta es su obra, entregada este 25 de julio a Guayaquil:



Me pregunto que hará la Alcaldía de Guayaquil frente a los cuadrados de colores pintados sin su permiso. Esto, porque su autoritario alcalde ha dicho que en Guayaquil “todo el mundo tiene que pedir permiso” para pintar una casa. Según Nebot, esto es tan estricto, que “aunque sea mi casa, tengo que pedir un permiso” (1).

Con ocasión del Litro x Mate del año 2011, el alcalde Nebot hizo aprobar a sus obedientes alzamanos (esto es, a su Concejo Municipal) una “Resolución normativa que establece el pago de recompensa dineraria por las denuncias que inequívocamente identifiquen la comisión de ciertas acciones dañosas”, en la que equiparó el pintar una pared sin permiso con el robo de tapas de alcantarilla (una poderosa estupidez) e instituyó la práctica de la delación a través de la recompensa de US$1000.00 para quienes denuncien a los que están “agrediendo con pintura –ofensiva o no- o manchando propiedad privada o pública” así como una sanción penal para quienes sean descubiertos brocha en mano “de hasta siete días y los trabajos comunitarios reparando el daño causado” (2).

Jaime Nebot incluso persiguió penalmente a Daniel Adum (organizador de esta iniciativa) pero fue ineficaz en su persecución (3). Me pregunto si persistirá en su autoritario proceder, de restricciones a las libertades y persecuciones penales. Porque lo realmente inteligente sería aceptar esta contribución y encausarla en beneficio ciudadano. Mucho me temo que aquel que es autoritario como Jaime Nebot, morirá autoritario (“morirá en su ley”). Porque desde su perspectiva falocéntrica, no hacerlo sería amariconarse frente a unos pintores de brocha y sus colores. Y ese no es Nebot.

Peor para él.

(1)Fascismo municipal’, Xavier Flores Aguirre, 13 de enero de 2012. Las declaraciones de Nebot se registraron en esta entrevista de su entrañable diario amiwi, El universo: ‘Nebot: El gran Guayaquil abarca a Durán, Daule y Samborondón’, Diario El universo, 9 de octubre de 2011.
(2) Resolución normativa que establece el pago de recompensa dineraria por las denuncias que inequívocamente identifique la comisión de ciertas acciones dañosas’, Concejo Municipal de Guayaquil, 18 de agosto de 2011.
(3) El Municipio vs. Daniel Adum Gilbert’, Redacción GkillCity, 13 de septiembre de 2011; ‘Municipio de Guayaquil pidió prisión para artista urbano quien asegura sufrir persecución y acoso’, Fundamedios, 16 de septiembre de 2011.

¿Qué es ser autoritario?

30 de marzo de 2010


Carlos Vera se lo pregunta y ensaya, de inmediato y ante la prensa internacional, su vehemente respuesta: “¿Autoritario? Los Gobiernos autoritarios son firmes, verticales, duros y rígidos, pero dentro de la ley”. Ups, Wrong answer, Charlie. Ya la mera definición del diccionario de la RAE contradice al ex periodista, porque sostiene en la acepción correspondiente: “Dicho de un régimen o de una organización política: Que ejerce el poder sin limitaciones”, lo que, por supuesto, excluye cualquier sujeción a la ley. Más todavía, cualquier diccionario de teoría política desmiente semejante sandez (hágase random pick al respecto); tómese, por ejemplo, el de Borja, que sostiene en la voz correspondiente que esa palabra “denota la tendencia a imponer un poder abusivo e ilimitado en la sociedad” y lo asocia “con la arbitrariedad, la ilegitimidad y la antidemocracia”; o tómese el clásico diccionario de Bobbio, Matteuci y Pasquino, en cuya voz puede leerse lo siguiente: “… se habla de regímenes autoritarios para indicar toda la clase de regímenes antidemocráticos […] La oposición política es suprimida o invalidada; el pluralismo de los partidos, prohibido o reducido a un simulacro sin incidencia real; la autonomía de los demás grupos políticamente relevantes, destruida o tolerada mientras no perturbe la posición del jefe o de la élite gobernante”. Así, lo que para Carlos Vera está “dentro de la ley” debería asustar a cualquier mínimo demócrata.

La respuesta que ensayó Vera es útil para demostrarnos un par de cosas, ligadas entre sí: la primera, que tiene un escaso conocimiento de teoría política; la segunda, evidente consecuencia de lo primero, que el uso alegre de términos como “totalitarismo” o “dictadura” en sus discursos es producto de este escaso conocimiento de teoría política y de (acaso) una no menor cuota de endeble oportunismo retórico.

¿Totalitarismo? Pffff. Hannah Arendt, sacúdete en tu cripta.

Imagen: Hannah piensa: "Poor Charlie, you're in the oven"