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Paul, fumón viejo

2 de noviembre de 2019


O como diría John, “give weed a chance(?).

Fuente: Diario Extra. Informa primero y mejor.

La caída de un débil

12 de enero de 2019


Esta anécdota hace quedar a Mahuad como un débil, no únicamente mental.

De acuerdo con lo que ha contado el exvicepresidente Gustavo Noboa, el presidente Jamil Mahuad dolarizó el país por la fuerza de las circunstancias. Y describió la siguiente escena: en un momento de la crisis, el Secretario de Mahuad (que era Jaime Durán Barba) llamó desde el despacho presidencial a Jaime Nebot, quien en un momento de la conversación telefónica le dijo a Durán: “O Mahuad dolariza o se cae”. Durán le replicó: “Díselo tú mismo”. Y conversaron, y luego se dolarizó.

Bye-bye, Narizón.

Mahuad dolarizó a las puteadas (o a las veladas amenazas, si contó con suerte), pero igual se cayó. Lo más gracioso de esta anécdota es que a Jamil Mahuad, Jaime Nebot le pintó dos opciones: o caerse, o no caerse. La segunda, sólo si Mahuad dolarizaba. Mahuad dolarizó, e igual se cayó. Dio lo mismo, siendo la única diferencia entre las dos alternativas dadas a Mahuad que la escogida (dolarizar) le dio la chance a Mahuad de estirar su hoja de servicios como tonto útil de la derecha.

Según creo, Mahuad ha despabilado desde entonces porque conoció el cannabis, esa planta hermosa. Ojalá así fuera.

Nos gana hasta Zimbabue

8 de julio de 2018


El único proyecto presentado sobre la legalización del cannabis en el Ecuador duerme “el sueño de los justos” en la Asamblea Nacional. Me refiero al proyecto de ley que presentó la legisladora Gabriela Rivadeneira Burbano en el período anterior (cuando ella era la Presidenta de la Asamblea) que lleva por título “Proyecto de Ley Orgánica para el Uso del Cannabis con Fines Médicos y Terapéuticos”. El 16 de junio del 2016 este proyecto de ley recibió la calificación del Consejo de Administración Legislativa (“Resolución CAL-2015-2017-155”), presidido por Rivadeneira en ese entonces… ese día, el CAL lo remitió a la Comisión del Derecho a la Salud y ahí se quedó. No se ha movido desde ese día de junio, hace más de dos años.

La sociedad civil ecuatoriana, fiel a su tradición de resemblar un páramo cultural, ha sido incapaz de articular una plataforma que luche por una salud pública que incluye al cannabis. Esto, a pesar de que existe una abrumadora evidencia a favor de su uso medicinal.

A fecha de hoy, el cannabis para uso medicinal se ha legalizado en 31 de los 50 estados (además del Distrito de Columbia) de los Estados Unidos de América, en Alemania, en Australia (en varios estados), en Canadá, en Croacia, en Chipre, en Finlandia, en Grecia, en Jamaica, en Israel, en Italia, en Macedonia, en Países Bajos, en Polonia, en República Checa, en Rumania… en nuestra América del Sur, además del luminoso Uruguay, también está legalizada en todos los países de su costa del Pacífico (Colombia, Perú y Chile), salvo en el nuestro. Se ha legalizado en nuestros países vecinos… ¿qué le pasa entonces al Ecuador? Mudo mismo está.

A mayor inri: en materia de legalización del cannabis de uso medicinal, Lesotho lo hizo el año pasado y Zimbabue lo acaba de hacer a fines de abril. Zimbabue: el país en el que una barra de pan llegó a costar 100 millones de dólares (esa cifra era un billete), que llegó a tener la inflación más alta del mundo y que no hace mucho dolarizó su economía en unas circunstancias similares (tal vez peores) a las que en 1999-2000 orillaron a Ecuador a adoptar la misma medida, es decir, son dos países, Ecuador y Zimbabue, que han preferido resignar una competencia estatal (su política monetaria y cambiaria) debido a su notoria y patética incapacidad para administrarla (hay que agradecerle al Dr. Mahuad esta observación). Es este país africano, caótico e incompetente, Zimbabue, el que acaba de legalizar el cannabis para uso medicinal.

En pocas: hasta Zimbabue nos gana. Somos el subdesarrollo en carne viva.

Diálogo cannábico entre Mahuad y Hurtado

9 de junio de 2018


I. Seguridad

- “Mind if I do a J?

La pregunta de Jamil era retórica. Nadie le discute su capacidad para armar los porros: es la tecnología alemana hecha manualidades. “Mi lado Witt”, decía a veces, “a J is for Jamil”, decía en otras. Esta vez usó un blunt sabor babana split y extra-large, el muy goloso. Además, era retórica porque Hurtado no entiende inglés.

- “Si tu habilidad para introducir la marihuana en un receptáculo para su consumo hubiera sido equivalente a tu capacidad para gobernar el país”, apuntó un Osvaldo Hurtado a quien le estaba empezando a patear un happy brownie que se había comido de postre al almuerzo, “este país sería distinto”.
- “Pero si yo habría salvado al país, no hubiera podido ser nunca de la DP, pues Osvaldito. Una cosa es incompatible con la otra. Simplemente no fuimos ese partido.”
- “¿Qué dices, ve?”
- “Te digo que una tarde de lluvia en Harvard, ni me preguntes cómo, terminé viendo The Big Lebowski. Y no sé cómo explicarlo, pero simplemente la película caló en mí a un punto que… it really tied the room together, ¿cachas? A partir de entonces, veo mi paso por la DP de una manera distinta, no como datos, justificaciones o argumentos, pero como una cuestión de sensibilidades. Es decir, siento (acentuó esta palabra) que si prometimos gobernar a favor de la gente, le fallamos de manera horrible.”*
- … [Osvaldo estaba en un unicornio. Brownie kicked in]
- “¡Osvaldo!”
- “¿Ah?” [Osvaldo se descolgó gentilmente de su unicornio]
- “¿Cómo llegaste a la marihuana?”
- “Una vez, por error, me comí un happy brownie en una primera comunión y dije: ‘se me quitó lo idiota, ¿qué pasó?’. Ahí supe: ‘Estuviste drogado’, me dijeron, ‘y muy feliz’. Desde entonces tengo afición por los happy brownies. Porque, bueno, cumplen lo que prometen. Dicen happy y te ponen happy.
- “Entonces nosotros como partido fuimos menos que un happy brownie.”
- “Objetivamente hablando, si la DP fue una droga, fuimos un Valium.”

Hurtado esperó haber sido gracioso. Pero ni drogado le pasó.

- “En materia de drogas, Osvaldito”, lo reconvino Mahuad, “más que un Valium, fuimos activos represores. Durante mi gobierno estaba en vigor la represiva Ley 108, que metió a decenas de miles de personas a la cárcel con graves violaciones a su derecho al debido proceso y un abuso sistemático de la prisión preventiva.”
- “Lo recuerdo. Esa ley fue adoptada durante el gobierno de Borja, en 1990. Desde ahí se dispararon todos los abusos, judiciales y policiales.”
- “El problema real eran los incentivos para cometer esos abusos. Con el paso del tiempo, se convirtió en beneficioso para los cuerpos de seguridad y de justicia la captura de un mayor número de personas por temas de drogas. El Estado llegó incluso a firmar un convenio con los Estados Unidos para financiar a la Policía Nacional, a condición de que se incremente el número de personas detenidas y la cantidad de droga incautada. Así, el incentivo ya no era hacer justicia, era sumar presos. Esto, lógicamente, terminó por provocar la perversión del sistema y el hacinamiento en las cárceles, pero ninguna solución real, porque los que ganaron, ganan y siempre ganarán en estos sistemas represivos son los que comercian las drogas en el mercado negro, pues la prohibición eleva de una manera artificial los precios. Este sistema termina por perjudicar a los débiles que no pueden enfrentar este sistema represivo y por beneficiar a los poderosos en las sombras, que pueden corromper el sistema a su favor. Todo este desastre, lleno de violencia y de corrupción, auspiciado a nombre de la seguridad.”
- “Y esos abusos en nombre de la seguridad hoy le cuestan al Estado millones de dólares en sentencias condenatorias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.”.
- “A mí, Osvaldo, realmente me produce más angustia la situación de los presos. Es escalofriante la cantidad de gente que durante tu gobierno y el mío estuvieron en la cárcel por años, por tener en sus manos menos de la mitad de la marihuana que yo me he fumado esta tarde escuchando el Mediterráneo de Serrat.”
- “Chucha. Piensa, Jamil: ¿Cómo una estrategia de comunicación puede cambiar las ideas de una sociedad sobre la marihuana?”
- “¿Te lo digo en una palabra?”
- “Dale.”
- “Pérate…”

Mahuad se aplicó unos segundos a concluir el porro y hacerle unos retoques. El resultado, magnífico, calificaba para artesanía cannábica.

- “Ahora sí”, dijo Mahuad, sosteniendo el magnífico porro entre los dedos de su mano derecha. “Esa palabra es: Seguridad.”
- “Pero si en nombre de…”
- “Por seguridad”, interrumpió Mahuad a Hurtado, “se debe debatir un marco legal que favorezca un negocio, en vez de estigmatizar a sus clientes, a partir de hacer notar que este negocio es lucrativo, que aquí hay billete en serio. Esto no es ciencia ficción, Osvaldito, hay modelos exitosos. En Colorado, el primer estado de los Estados Unidos en legalizar el consumo recreativo de la marihuana, es decir, en darle seguridad jurídica a su tráfico y a su consumo, la medida ha sido exitosa en términos económicos y sociales. El resultado en cuatro años de experiencia de legalizar la marihuana en Colorado es un mercado de 4.5 mil millones de dólares que genera más de 200 millones anuales en impuestos y la creación de miles de nuevos empleos. Además, en Colorado, el consumo de marihuana ha disminuido en los adolescentes.”
- “Asombroso.”
- “Más asombroso aún: ¿Sabes cuál fue la clave de la campaña para llegar a legalizar la marihuana en Colorado, Oswaldo? Por increíble que te parezca, promocionar que la marihuana es una sustancia más segura que el alcohol. Marijuana is safer. ¿Puedes creerlo? Ganaron apelando a la seguridad. No apelaron a la libertad de drogarse, apelaron a la seguridad. Y tenían razón, porque la marihuana es mucho más segura: está demostrado que la marihuana es 114 veces menos peligrosa que el alcohol. Ahora tú y yo sabemos eso por experiencia, que lo peor que nos puede pasar es una siesta demasiado larga. Pero el alcohol sí que te pone muy bruto. ¿Te acuerdas de esa vez que tomamos 101 botellas de Zhumir en una Convención de la DP en Pimampiro?”
- “Lo recuerdo. Se rompieron como cuatro vajillas, hubo veintidós contusos y siete carros estrellados contra el portal, incluido un Trooper que luego terminó en la piscina. El pelado Rivera vomitó en cuatro maceteros y un mesero. La delegación de Cotopaxi usó de orinal a un representante de El Oro. La cosa se descontroló.”
- “Fue un desastre. Realmente el consumo de alcohol sí es un problema social y de salud en todas partes, no se diga en este país. Pero por otra parte, la legalización de la marihuana en Colorado, ahora en California, que por sí misma es una economía más grande que todo el Reino Unido, en nuestro sudamericano Uruguay, es evidencia de que esto es una tendencia que crece y que es irreversible. Lo que se necesita es que cambiemos de chip mental, con información y debate, para entender que la prohibición de la marihuana es un costo muy alto a pagar por no obtener nada a cambio, como no sea violencia, miedo e inseguridad, así como para entender que su legalización es una gran oportunidad para construir una sociedad más segura y más productiva, menos prejuiciada y más creativa. Y es la propia sociedad, los que defendemos el libre mercado y los emprendedores, los que debemos exigir este cambio en el enfoque de la seguridad y pasar de una seguridad represiva e ineficaz, a una seguridad jurídica para el emprendimiento y el consumo, e incluso a una mayor seguridad asociada al menor consumo de alcohol reemplazado por otra sustancia recreativa, menos dañina. Mucho menos dañina.”
- “Puta, brillante.”
- “People forget the brain is the biggest erogenous zone.”
- “¿Qué?”
- “Jackie Treehorn.”
- “¡Ah!”

Obviamente, Hurtado no tenía idea de quién era Jackie Treehorn.

- “¿Qué piensas, Osvaldito? ¿Crees que una estrategia así funcionaría?”.
- “Creo que apunta a un objetivo idóneo para abrir una conversación en una sociedad conservadora como la nuestra: la seguridad. Es en nombre de la seguridad que cometimos tantos errores en el pasado, es por la seguridad por la que debemos enmendar las políticas sobre la marihuana de cara al futuro. Por la seguridad de emprender, de cuidar de uno, de consumir en libertad. Porque si seguimos insistiendo en políticas represivas, costosas e inútiles, que únicamente han fracasado, ¿qué chucha, somos masoquistas? Es un buen momento para pensar por fuera de la caja… creo que tus argumentos me hubieran persuadido aunque yo no hubiera consumido jamás marihuana. Porque… es de puro sentido común, ¿no? Pero claro, eso es fácil decirlo ahora que estoy drogado… ¿Y?”

Este último “¿Y?” incluía un gesto con la jeta que aludía a la pieza de artesanía cannábica que Mahuad ostentaba en su mano derecha.

- “Es de banana split”, dijo orgulloso.
- “Solo una caladita, que más temprano me comí un brownie.”

Osvaldo Hurtado aspiró como si de menospreciar a Correa se tratara, y casi se rompe los pulmones.

- “Solo una caladita, qué hijopu…”, y se desató un torrente de risas entre ambos. Mahuad había fumado la tarde escuchando a Serrat y a Hurtado le pegó ahora sí el brownie como un zurdazo de Jimmy Izquierdo. Cualquiera que haya estado en circunstancias como esas (a mí me pasó una vez en el Bolocentro), sabe que uno simplemente no para de reírse hasta el dolor de panza, y que sigue.

Y así estaban, agarrándose las barrigas, partidos de la risa, los dos presidentes que la DP le dio al Ecuador.

*

P.S.- Esta versión alternativa de la DP drogada me gusta 795.684 veces más que su versión original. Que es, tristemente, la verdadera.

* Sobre The Big Lebowski y el sentido zen de la vida, v. ‘The Dude and the Zen Master’. Los enlaces asociados a las palabras del expresidente Mahuad constantes en este escrito conducen a elementos para sostener (a efectos de que este sea informado y razonable) un debate acerca de la legalización del uso recreativo de una… planta.

Las lecciones de Mahuad

17 de mayo de 2018


Iba en mi carro por la calle Pedro Carbo, cuando lo veo a Jamil Mahuad en la que era la esquina de la casa de mis bisabuelos, donde ahora venden batidos, parado, como el vohue, con un batido de mango casi vacío en su mano derecha. Sudaba como suelen sudar los serranos en la costa: ostentosamente.

Bajé la ventana y le grité: “Jamil, suba, que tengo algodón de azúcar. Y aire acondicionado”.

No terminaba de decir “…nado” que ya estaba Mahuad abriendo la puerta de mi carro. Una vez sentado, puso su cara frente a la rejilla del aire acondicionado por unos segundos, refrescándose el ostentoso sudor, para luego exclamar:

- “¡Qué fresquiticidad!”
- “¿Fresquiticidad?”
- “Perdón, me emocioné”.

Me reí.

- “Antes que nada quiero que sepa, expresidente Mahuad, que siempre he deseado a usted la misma suerte que tuvo Alfaro.”
- “¿Que en el futuro me reconozcan los esfuerzos que hoy me niegan?”
- “No, morir incinerado por una turba.”

Hubo un silencio, que interrumpió un sorbo del batido. Calmo, Mahuad me dijo:

- “Deberías escucharme antes”.
- “Okey, hable”.
- “Te voy a explicar algo”, me dijo asumiendo un cierto tono profesoral, “que te ayudará a entender la situación en la que yo me encontraba”. Y añadió, no desprovisto de sorna: “Y tal vez te haga pensar que no merezco la muerte por el fuego, o la muerte del todo, o quizás, incluso, que merezca tu clemencia”.
- “Dígalo, Jamil”.
- “Mi explicación será práctica. Hazme el favor de respetar a rajatabla las leyes de tránsito. Cuando llegues a la intersección con la calle Clemente Ballén, detente en el semáforo y muévete únicamente cuando éste te lo indique”.

Llegué a la luz roja y la respeté. Algunos me pitaban para que aproveche y me mueva, porque había espacio delante. Varios me rebasaron por la derecha para ocuparlo. Total, cuando se puso en verde, el espacio para avanzar estaba bloqueado.

Mahuad habló:

- “Una primera observación: en este país, como puedes apreciar, el respeto a la legalidad es una desventaja. Esto explica a nuestra sociedad”.

Yo era el único que no avanzaba. Se puso de nuevo en rojo y no me moví. Los carros volvían a rebasarme por derecha y los que viraban desde Ballén bloqueaban la intersección. Era un caos.

- “Una segunda observación: hay reglas, los semáforos, pero no hay quién las haga cumplir. Y créeme, esto es muy común, hay demasiadas personas interesadas en que las reglas no se cumplan. Palabra de presidente.”

Iba a hacerle un comentario sobre su período de gobierno, cuando arremetió de nuevo:

- “Una tercera observación: si no ocupas un espacio, otro lo ocupará por ti. Esto explica a nuestra clase política”. 
- “¿A qué se refiere?”
- “A su canibalismo. Solo están preocupados en hacerse daños unos a otros, sin proyectos en común. Fíjate que su gran éxito en políticas públicas, que lo firmé yo, orillado por las circunstancias, es la dolarización. De todas las cosas hechas en decenas de años, es esto lo que quieren conservar. Pero, ¿qué es la dolarización? Es la renuncia a una de las facultades del Estado, la de dictar política monetaria. Es decir, lo que quieren conservar es la imposibilidad del ejercicio de una facultad, una que es normal y consustancial a todos los Estados del mundo. Y la quieren conservar, porque saben por experiencia que es mejor para este país ser incompetente que competente: sin competencia, no tienes la posibilidad de cagarla, lo que con competencia, invariablemente sucedería, porque esto es Ecuador. La dolarización no hace más que poner en evidencia que Ecuador es un país tan, pero tan pobre, que se celebra ser un subnormal”.

Me quedé sin palabras. Siempre había visto a la dolarización como una ventaja, no como la demostración de una celebración de la subnormalidad.

- “Ahora”, me dijo, “actúa normal. Como un guayaquileño al volante”

Hice lo que tenía que hacer. Atravesé mi carro, me impuse. No pasaron ni 20 segundos, un par de conductores a quienes corché reaccionaron un poco mal, pero normal, ya estaba del otro lado, casi a la altura de la agencia de CNT. En este punto, Mahuad volvió a intervenir:

- “La última observación: en este país, gana el que se impone. Todos sabemos que el juego está arreglado, pero la mayoría piensa que tiene cómo ganarlo, que tiene padrino, billete, fuerza, el cómo usar las mañas a su favor para imponerse. Eso es exactamente lo que tú acabas de hacer. Ganaste porque no respetaste las normas, porque fuiste como el resto, sin respeto a tu prójimo, sacando ventajas y aprovechándote de la impunidad. Eso es este tráfico, esta ciudad, este país”.

Las observaciones de Mahuad eran filosas. Pero no estaba dispuesto a darle la razón tan fácil.

- “Tu campaña decía ‘Sé lo qué hay que hacer y cómo hacerlo’. Y claramente no tuviste idea”.
- “Las circunstancias me sobrepasaron. Pero es lo normal en el Ecuador. Hoy estamos viviendo lo mismo con Moreno”.

Caí entonces: el Ecuador de finales del siglo pasado está de vuelta. La presidencia como un mojón en la marea de los poderes tribales y caníbales. Necesité a otro presidente que fue un mojón en la marea de los poderes tribales y caníbales para verlo claramente. Quise ahondar por allí:

- “¿Qué opina de Moreno?”
- “Meh.”
- “Moreno es una marioneta que le allana el camino al líder de los socialcristianos”.
- “Ah, esos fascistas de fachada democrática” dijo, y atacó a lo que quedaba del algodón de azúcar.
- “Epa, buena definición ahí, Majahuad”.

Me miró de reojo con el ceño fruncido cuando escuchó su apellido en versión original, pero relajó de inmediato. Lamió lo que quedaba en el palito del algodón de azúcar. Acto seguido, sorbió el resto del batido de mango. Se volteó a mí, y me preguntó:

- “¿Tú fumas marihuana?”
- “Sí señor.”
- “No me preguntes cómo lo sé, pero tómate uno de estos batidos de mango y fúmate un blunt tres horas después. Luego me lo agradeces.”
- “Es la cosa más rara y grata que me ha dicho un expresidente en 40 años. Gracias, presi.”

Mi imagen de Jamil Mahuad Witt ha cambiado en unos pocos minutos, en menos de dos cuadras de tránsito caotizado. Lo sentí como a un tipo a quien la historia le pasó por encima, más víctima que actor de un desastre, en un país compuesto por hordas de caníbales. Y en lo personal, lo sentí como a un fellow stoner. Un tipo que pasó por todas esas turbulencias, lotta ins, lotta outs, que ahora disfruta de las cosas sencillas de la vida. Del algodón de azúcar, de un café, de la amistad de Dussan Draskovic.

- “Aquí me bajo”, me dijo cuando llegamos a la intersección siguiente, con la calle Aguirre. “Tengo una cita para tomar café con Dussan en el Doral y ya voy tarde. No me había dado cuenta de la hora”.
- “Ha sido un gusto Jamil. No pensé que de querer quemarlo pasaría a querer quemar uno con usted”.
- “Gracias a ti por el algodón de azúcar y el aire acondicionado. Pero sobre todo por el aire acondicionado”.
- “¿Fresquiticidad?”
- “Fresquiticidad total”.

Nos reímos. Se botó del carro y empezó a caminar por la calle Aguirre rumbo al Doral.

Marcha cannábica y prensa pituca

6 de mayo de 2018


Diario El Universo es la señora pituca de la prensa de Guayaquil. La construcción de su noticia sobre la “marcha promarihuana” que publicó el día de hoy es un ejemplo de su defensa del orden burgués y de la forma cómo narra a quienes lo desafían (obviamente, en su acotada visión del mundo, los integrantes de la “marcha promarihauana”).


Eso es todo. Una nota de cinco párrafos, que se titula, con tono amarillista, “Dos retenidos y disturbios en marcha promarihuana en Guayaquil”. El redactor de la noticia es tan perezoso que escribe “Los asistentes indicaron que estas marchas se realizan…” en vez de él hacer un trabajo de investigación sobre ellas y darse cuenta de su alcance mundial. Nunca hay un interés en explicar el propósito de la marcha, como no sea con una cita anónima (no textual) que dice que lo que se busca es “la implantación de marihuana para evitar que persista el narcotráfico” (?) y su promoción “como método curativo a enfermedades”. Nuevamente, la explicación de un contexto del porqué se marcha está fuera de rango para nuestra señora pituca de la prensa y su redactor perezoso.

Pero lo peor está por venir: la señora pituca que es El Universo narra la represión policial de manera gozosa: cuenta que la Policía “retiró a los asistentes”, pero no explica nunca lo que anunció en su título, la suerte de los “dos retenidos” por la policía. Es lo de siempre: en la narrativa de la violencia policial en Guayaquil, El Universo la suele contar como si de un hecho de la naturaleza se tratara, como si ello debía pasar y punto, sin necesidad jamás de averiguar sus consecuencias. De los “retenidos” por la Policía no sabemos nada. Más bien, tenemos la justificación que da nuestra señora pituca: “además, los transeúntes se sentían atemorizados por los consumidores”.

Porque sin redondear su nota con algo de reefer madness y paranoia, El Universo no habría sido todo lo señora pituca que puede ser, y que invariablemente, es.
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Cannabis: Vancouver y Guayaquil

29 de abril de 2017


En Vancouver, Canadá, plantas de cannabis crecen en el jardín comunitario de la Alcaldía y a nadie se le ocurre removerlas (1). Vancouver es una ciudad famosa por su relajada y positiva actitud ante el consumo público de cannabis (2).

En Guayaquil, sucede exactamente lo contrario: existe una prohibición de consumo público de cannabis (cuyo test será el próximo 6 de mayo, durante la marcha) y no hay un jardín comunitario de la AlcaldJAJAJAJAJA.

 
En Guayaquil, el alcalde es un sheriff, estamos gobernados como en los años cincuenta, y a la gente le gusta. Es decir, todo lo que es, y viene siendo, el subdesarrollo.

(1) Ian Young, ‘Someone has been illegally growing cannabis at the Vancouver City Hall Community Garden’, Cannabis Culture, 27 de abril de 2017. 
(2) Fiona Morrow, ‘Vancouver becomes first Canadian city to regulate growing marijuana market’, The Guardian, 24 de junio de 2015.

Mensaje para los pacientes de glaucoma

29 de octubre de 2016

En marzo, la presidenta de la Asamblea Nacional, Gabriela Rivadeneira, presentó un “Proyecto de ley orgánica para el uso del cannabis con fines médicos y terapéuticos”. El proyecto de ley merece un análisis por cuerda separada, pero el solo hecho de su discusión en el foro de representantes de los ecuatorianos es un paso adelante para la legalización del cannabis en el país (1).

La aprobación de este proyecto de ley autorizaría, entre otros, el uso del cannabis para tratar a las personas con glaucoma. En la historia del cannabis, el glaucoma fue la primera enfermedad que un gobierno se vio obligado a tratar con una provisión de porros. El gobierno de los Estados Unidos de América estuvo en la obligación legal de proveer 300 porros mensuales, confeccionados en el campus de la Universidad de Mississippi. Una ración de diez porros por día, por razones médicas.

El personaje central de esta historia es Robert Randall, “el Rosa Parks del movimiento por la marihuana medicinal”, en la precisa frase acuñada por Martin A. Lee en su libro ‘Smoke Signals(2). Su historia empezó cuando a Randall (Sarasota, 1948) en septiembre del año 1972 le diagnosticaron un glaucoma del que le advirtieron que a los 30 años lo iba a dejar ciego. Una tarde de 1973, Randall fumó un porro y descubrió un hecho singular: los halos que se formaban en una fuente de luz ya no se le formaban. Esos halos eran síntomas del glaucoma, que desaparecieron mientras Randall sintió los efectos del porro. Randall hizo una asociación inmediata. Y fue una asociación correcta.
 
Randall estaba en lo correcto. Se fumó 300 porros al mes por estarlo, por razones de salud.

A partir de este “momento Eureka”, Robert Randall se empeñó en un ejercicio de “prueba y error” por espacio de seis meses para asegurarse de su hallazgo. En 1975, debido a los altos costos del cannabis por la prohibición vigente, Randall empezó a cultivar unas plantas de cannabis en su casa en el Distrito de Columbia para auto-satisfacer sus necesidades médicas. Un día de agosto de ese mismo año, regresó de unas vacaciones para encontrarse conque sus plantas de cannabis habían sido confiscadas y su departamento registrado. Una citación demandaba su presencia en tribunales para defenderse de una acusación por el crimen de cultivar plantas.

Robert Randall estaba seguro de tener la razón y se aplicó a preparar su caso. Se dedicó a obtener información científica, que lo llevó a ponerse en contacto con un oftalmólogo de la UCLA, Robert Hepler, quien fue el autor del primer estudio científico sobre los efectos del cannabis para tratar el glaucoma, publicado el año 1971 en el American Journal of Ophtalmology. Además, Randall se sometió a experimentos en el Jules Stein Eye Institute de la UCLA y en el Wilmer Eye Institute de la John Hopkins University para comprobar los beneficios del cannabis en el tratamiento de su glaucoma. Por los resultados de estos estudios, obtuvo de su doctor (el Dr. Fine, el mismo doctor que le había diagnosticado la enfermedad en 1972) la conclusión de que “médicamente no sería ético privar [a Randall] del acceso terapéutico a la marihuana” (3).

Armado con estas herramientas, Robert Randall se presentó en los tribunales del Distrito de Columbia para defender su argumento de consumo de cannabis por “necesidad médica”. Su argumento triunfó. Randall admitió que cometía un crimen (cultivar las plantas) pero que lo hacía por su propio bien. La Corte Superior del Distrito de Columbia aceptó su argumentación: “El mal que buscaba evitar, la ceguera, es mayor que el mal que provocaba por buscarlo, el cultivo de marihuana en su residencia en violación del Código del Distrito de Columbia” (4). En consecuencia, desechó totalmente los cargos presentados en contra de Randall por el gobierno. Como la prohibición general se mantenía, Randall solicitó al gobierno federal que le proveyera a él, por su “necesidad médica”, lo que le negaba a todos los demás. Aupado en su victoria judicial, nuevamente su tesis volvió a triunfar. A Randall, desde 1976, el gobierno lo empezó a proveer de 300 porros mensuales. Salvo un impasse administrativo por unos meses en 1978, nunca dejó de recibirlos hasta su muerte.

Por su esfuerzo pionero y su éxito, Robert Randall se convirtió en una figura pública y en un activista por la legalización del cannabis medicinal. En unión de su compañera, Alice O’Leary, fundó el año 1981 la Alliance for Cannabis Therapeutics (ACT), una organización sin fines de lucro dedicada por entero a la legalización del uso médico del cannabis y con la que se mantuvo vinculado hasta el día de muerte.

Robert Randall falleció en junio de 2001, a la edad de 53 años. Desde mayo de 1978, nunca dejó de recibir su provisión mensual de porros del gobierno federal de los Estados Unidos de América. Nunca encegueció.  

Conclusión.

El uso del cannabis para tratar el glaucoma está fuera duda. Desde esa victoria pionera de Robert Randall en el sistema judicial de los Estados Unidos de América, los estudios científicos alrededor del mundo han confirmado y profundizado los beneficios de consumir cannabis para combatir el glaucoma.

Si en Ecuador hubiera una sociedad civil organizada y empática con el dolor de los pacientes de glaucoma y de los demás pacientes (migraña, cáncer, epilepsia, etc.) que se beneficiarán con el acceso a un consumo medicinal del cannabis que hoy está prohibido, los reclamos para la pronta aprobación de esta ley no se harían esperar. El Proyecto de Ley presentado no se ha movido en el trámite legislativo desde su calificación por el CAL en junio. Ni lo ha impulsado quien lo presentó, ni reclama por su trámite la sociedad civil, a pesar de tratarse de una excelente iniciativa para que las organizaciones vinculadas a la legalización del cannabis planteen sus exigencias y sus propuestas. 

(1) Proyecto de Ley Orgánica para el Uso del Cannabis con Fines Médicos y Terapéuticos’, presentada por la asambleísta Gabriela Rivadeneira el 24 de marzo de 2016. El proyecto fue calificado al trámite por el Consejo de Administración Legislativa el 16 de junio de 2016. Desde entonces, su trámite se ha mantenido inmóvil.
(2) Lee, Martin A. 2012, 'Smoke signals. A social history of marijuana -medical, recreational, and scientific', Simon & Schuster, New York, pp. 140-3. El relato de esta entrada se construye principalmente a partir del extraordinario libro de Lee y del artículo ‘Glaucoma: A patient’s view’, de autoría de Robert Randall.
(3) El doctor Robert Hepler empezó a investigar los efectos del cannabis en la dilatación de los ojos, pagado al efecto por el gobierno de los Estados Unidos (que quería obtener un mecanismo de identificación de los consumidores). Pero lo que encontró, en vez de eso, fue que el consumo de cannabis reducía la presión intraocular. Procedió a aplicar este hallazgo en pacientes de glaucoma, con resultados exitosos. Publicó los resultados de su investigación en una de las revistas más prestigiosas en materia oftalmológica.
(4) United States v. Randall, Super-Ct. D.C. Crim. No 65923-75 [24 de noviembre, 1976], en: The Daily Washington Law Reporter [28 de diciembre, 1976], p. 2253.

"Grifa locura"

8 de octubre de 2016

¿Quién habría dicho que la traducción más literal de ese clásico de la cultura cannábica que es “Reefer madness” sería “Grifa locura”?

El término “reefer”, según un libro de historia de la marihuana escrito por un profesor de la Universidad de North Carolina en Chapel Hill, John Charles Chasteen (1955), es probable que venga del término “grifo”, que era una forma común para denominar a la marihuana en México. También en Ecuador (1).

Murder! Insanity! Death!
REEFER MADNESS son 68 minutos de humor involuntario que recomiendo ver competentemente grifo (con el propósito de reírse más todavía).
  
Eso sí: aún hay gente que cree en sandeces como ésas ("Murder! Insanity! Death!).

El mayor enemigo de la legalización de la cannabis es la ignorancia.

(1) “…sometimes the Mexicans called the stuff grifo, which is the probable the origin [sic] of the ‘reefer’ in Reefer Madness”: Chasteen, John Charles 2016, ‘Getting high: Marihuana through the ages’, Rowman & Littlefield, Lanham, EE.UU, p. 16.

"Nada mal para un pacheco, ¿eh?"

19 de agosto de 2016


Pacheco es el tronado de los mexicanos, el estado en el que se entra después de fumar marihuana. En este simpático video, el exministro de Relaciones Exteriores de México, Jorge Castañeda Gutman, reflexiona sobre los efectos de la marihuana en Michael Phelps, el atleta que más medallas de oro ha acumulado en toda la historia de los Juegos Olímpicos.

 
Phelps ha admitido que ha fumado mucha marihuana, pero como advierte Castañeda, “no parece haberle hecho mucho daño. Habría que ir pensando, realmente, si todo lo que nos han dicho de qué daño hace la marihuana, realmente lo hace”. Porque como lo recuerda Castañeda, Michael Phelps en su carrera olímpica (2004-2016) ha acumulado más medallas de oro que todo México en su historia olímpica. Y 23 veces más que las medallas de oro que Ecuador ha conseguido, por cierto. Nada mal para un fumón, ¿no? (1)

(1) Mejor aún: nada mal para desmontar prejuicios en relación con el cannabis, porque hay siempre que recordarlo: la ignorancia es el mayor enemigo de la legalización.

Reefer madness en Ecuador

1 de julio de 2016


Al doctor Jorge Hurel Cepeda (1912-2008) la Casa de la Cultura Ecuatoriana le publicó en 1958 el libro ‘Estudio biológico sobre el campesino ecuatoriano’ (1). El año anterior este libro había obtenido el primer premio en un concurso promovido por el Núcleo del Guayas de la institución fundada por Benjamín Carrión en 1944, nacida para convertir al Ecuador en “una gran potencia de la cultura, porque para eso nos autoriza y nos alienta nuestra historia” (2).

En su libro, el doctor Hurel Cepeda (quien fue alcalde de Guayaquil [Presidente del Concejo Cantonal, in the parlance of those times] en los años 1964-65, nombrado por la Junta Militar) (3) expuso alarmado:
 
“En los últimos años, en el campesinado de la Costa, se observan casos felizmente poco numerosos de una nueva toxicomanía: la marihuana. En general, los toxicómanos tiene un pasado psicopático en su mayoría, o refieren un hogar desintegrado durante la niñez, o con padres de baja moral, o tiene a su haber una pesada historia policíaca, variando desde la embriaguez hasta crímenes.

La embriaguez con esta planta, que habitualmente preparan las hojas bajo la forma de “cigarrillo” para fumarlo, es ruidosa y peligrosa (la palabra Haschischin ha formado etimológicamente la de Asesino), durante la cual pueden cometer los más horrendos crímenes o perversiones sexuales” (4).
 
En 1937, Harry Jacob Anslinger, director del ‘Federal Bureau of Narcotics’ de los Estados Unidos de América sostuvo frente a los legisladores de su país una similar asociación entre el consumo de cannabis y la violencia (con un twist racista, dada la procedencia de la droga [México] y sus consumidores habituales en esa época [los negros]) (5). Como lo haría Hurel Cepeda en su laureado libro veinte años después, el funcionario federal Harry Anslinger argumentó entonces la relación entre el hachís (un derivado del cannabis) y el origen del término “asesino” (en inglés “assassin”) para persuadir al Congreso estadounidense de la aprobación de la Marihuana Tax Act.

Si bien el argumento es débil (6) no deja de ser interesante rebatirlo, por la perspectiva histórica que ofrece. El término árabe hashishiyya (que significa “consumidores de hachís”) fue utilizado por los sunitas para referirse a una secta disidente (chíita), la de los Nizari Ismailis, que provenía de Persia, una región conocida por su producción de hachís (7).

Así, la asociación hecha por los sunitas era simple: los Nizari Ismailis provienen de Persia, de Persia proviene el hachís, ellos consumen hachís. Un procedimiento similar a insultar hoy a los colombianos asociándolos con la drogadicción: “colombiano drogadicto” es una asociación fácil, por la alta producción de drogas de nuestro país vecino. Más de una vez la he escuchado, dicha de una manera profundamente despectiva.

Sin embargo, por mayor que sea la agresividad con la que se la diga, ello no convierte a las palabras hashishiyya dicha por un imam sunita o a la afirmación “colombiano drogadicto” en boca de un ecuatoriano clasemediero, en más o menos verdaderas. Esas afirmaciones, en cualquier época, son falacias, descalificaciones, insultos sin contenido real. No vale derivar de ellas ningún tipo de legislación (como la propuesta por Anslinger, aprobada por el Congreso de los Estados Unidos de América y promulgada por el presidente Franklin D. Roosevelt en 1937) ni creer que tienen validez científica; acaso sirvan para descubrir el placer de una etimología (8).

Volvamos al doctor Hurel Cepeda. Al terminar su exposición sobre los horrores de la marihuana, el doctor Hurel no se privó de ofrecer un consejo:
 
“Los accidentes tóxicos pueden cesar rápidamente suministrando una bebida ácida, jugo de limón por ejemplo” (9).
 
Yo no recomendaría tanto el limón, como el mango (10).

En todo caso, que la máxima institución dedicada a la cultura (encargado de convertir al paisito en una “potencia cultural”) haya premiado un libro con afirmaciones tan ligeras como éstas, es porque en una sociedad como la guayaquileña, esto es lo que había. No es de extrañar que muchas de estas evidencias de ignorancia sobre el cannabis se mantengan incólumes en la cabecita dura de muchos guayaquileños y ecuatorianos (11).

Una vez más, el mayor enemigo de la legalización de la cannabis es la ignorancia.

(1) En un post anterior me he referido a este libro, v. 'Sobre el indio serrano', Xavier Flores Aguirre, 14 de junio de 2016.
(2) 'Benjamín Carrión', Casa de la Cultura Ecuatoriana. Carrión tuvo oportunidad de desengañarse de su wishful thinking cuando escribió en el prólogo a la tercera serie de sus ‘Cartas al Ecuador’ que Ecuador era un país de "mestizaje inconcluso y honda desconfianza mutua" y sentenció lapidario: “ociositos y tristes, eso es lo que somos”. De gran potencia cultural, ya nada, v. 'Cara a cara al diablo', Xavier Flores Aguirre, 2 de julio de 2012.
(3) 'Murió galeno Jorge Hurel Cepeda', Diario El universo, 11 de febrero de 2008.
(4) Hurel Cepeda, 'Estudio biológico sobre el campesinado ecuatoriano', Casa de la Cultura, Quito, 1958.
(5) El proceso de aprobación de la Marihuana Tax Act es descrito detalladamente en 'Smoke signals", el extraordinario libro de Martín A. Lee sobre nuestra planta favorita. Lee relata el episodio en la sección titulada 'Voodoo Pharmacology', v. Lee, Martin A. 2012, 'Smoke signals. A social history of marijuana -medical, recreational, and scientific', Simon & Schuster, New York, pp. 48-54. Al final de la sección, Lee concluye lo siguiente: "Periodismo amarillo, sesgo racial, y oportunismo político, triunfaron sobre la ciencia médica y el sentido común" (p. 54).
(6) El origen de una palabra es de interés histórico, pero no límita su interpretación. Tiempo atrás argumenté (poniéndolo en boca de una Estéfani Espín cumplidora de sus obligaciones como periodista) con relación al uso de este argumento por una activista pro-vida: “si los derechos se determinaran por la etimología, en razón del término ‘patrimonio’ las mujeres no podríamos tener ni administrar bienes, pues solamente los varones (por aplicación del término ‘pater’) estarían ‘etimológicamente’ capacitados para hacerlo. Entonces, ¿por qué atarnos a la etimología para la determinación de derechos?”v., 'Periodismo y discriminación', Xavier Flores Aguirre, 17 de junio de 2013. Aplicado a este caso, ¿Por qué atarnos a la etimología para privarnos de derechos? 
(7) La historia se cuenta con mucha gracia en el capítulo 'The assassin legend' de un muy didáctico libro titulado: 'Getting high: Marijuana through the ages', de John Charles Chasteen. La principal ocupación de Mr. Chasteen es ser un historiador especialista en América latina, profesor de la materia en la Universidad de North Carolina en Chapel Hill, v. Chasteen, John Charles 2016, ‘Getting high: Marihuana through the ages’, Rowman & Littlefield, Lanham, EE.UU, pp. 94-99.  
(8) Jorge Luis Borges, ‘Los justos’.
(9) Ibíd.
(10) 'El efecto del mango en un colocón de cannabis', royalqueenseeds.es, 9 de marzo de 2015.
(11) En comparación por el alcohol (en particular por la violencia asociada a su consumo) el cannabis es una mucho mejor alternativa de consumo recreativo, v. 'Alcohol vs.Grifa', Xavier Flores Aguirre, 13 de mayo de 2016.