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Manuel Zambrano explica cosas (a los historiadores)

22 de octubre de 2019


Tiene nombre de hondo Manabí, pero correspondió al de un regidor del Cabildo de Quito en el año de N. S. de 1809, y no de origen manaba, sino pastuso. Este territorio que hoy pertenece al Sur de la República de Colombia como parte del Departamento de Nariño, durante los años que estuvo la administración del Reino de España a cargo de estos pagos, forjó intensos vínculos con la capital de la Audiencia de Quito. Estos vínculos se echaron a perder de forma definitiva el año 1832, tras la derrota del naciente Estado del Ecuador en la guerra contra la Colombia de la que ese nuevo Estado se había segregado y la consecuente firma del Tratado de Pasto el 8 de diciembre de 1832.

El regidor Manuel Zambrano participó de manera activa en la Junta de Gobierno de Quito originada a raíz del 10 de agosto de 1809. Unos meses después, Zambrano, todavía regidor, manifestó en el Cabildo de Quito dos opiniones que resumen el sentido de lo actuado por dicha Junta de Gobierno.

En su primera opinión, dada en la sesión de Cabildo del 29 de enero de 1810 que lleva por título “Que se borre y descarte el título de Excelentísimo dado por la Junta, porque ella no tiene facultad para expedir títulos”, Zambrano advirtió “que el pueblo soberano había instalado la Junta sin tener necesidad de contar con el Cabildo, porque había reasumido en sí, todas las facultades reales” (“Actas del Cabildo de San Francisco de Quito, 1808-1812”, p. 115).

Y su segunda opinión, dicha en el mismo acto, fue que existió gente confundida en Pasto, por lo que él quiso “hacerles ver y conocer los santos fines con que se había instalado la Junta, cuáles eran la religión, el Rey y la Patria, y que si no fuera así, no habría entrado en ella” (Ibíd., p. 115).

La primera opinión describe lo que pasó y su justificación: pasó que un grupo de personas formó una Junta de Gobierno contra las autoridades reales y por fuera de las del Cabildo. A los primeros (con el Conde Ruiz de Castilla a la cabeza) los retiró del poder y pretendió el reemplazo en sus funciones; a los segundos, no los necesitó para hacerse del poder (“sin tener necesidad de contar con el Cabildo”).

La justificación de la Junta de Gobierno de Quito se hallaba en la teoría de la retrocesión de la soberanía, implícita en esta idea de “pueblo soberano” convertido en tal dada la situación de los reyes españoles. Ellos (Carlos IV y Fernando VII) estaban desprovistos de su capacidad de reinar por la invasión de las tropas de Napoleón a la España peninsular, por lo que el pueblo quiteño reasumió la titularidad de la soberanía, a través de esta Junta.

La segunda opinión evidencia que la Junta de Gobierno de Quito ejerció dicha soberanía a fin de seguir siendo monárquica y española. Su independencia no era del Reino de España, ni su postura era contraria a la existencia del sistema monárquico. Su independencia era frente al gobierno de las autoridades nombradas desde España, pero con total sumisión al Rey Fernando VII El Deseado. Se trató de una junta autonomista, que en el mejor de los casos buscó liberar a Quito del “yugo” impuesto por el Virreinato de Nueva Granada.   

En este contexto y para informar a la gente “confundida” de Pasto por encargo de las autoridades de la Junta de Gobierno de Quito, el pastuso Zambrano viajó hacia allá para repartir las buenas nuevas a sus paisanos, pero no fue bien recibido por ellos. (El episodio se narra muy bien en este artículo: “Revolución y diplomacia: el caso de la primera Junta de Quito” [pp. 350-352], de Daniel Gutiérrez Ardila.) De hecho, ninguno de los que viajó desde Quito a alguna parte a repartir el evangelio de la revolución fue recibido de buenas maneras. Todo lo contrario: sobre la reacción que desencadenó esta asumida primacía quiteña (pues eso suponía su autonomía: asumir a Quito como la primus inter pares entre las ciudades de las provincias que componían la entonces Audiencia de Quito) se acabó por erigir la masacre del 2 de agosto de 1810, perpetrada por tropas enviadas desde el Virreinato del Perú a instancias del Gobernador de Guayaquil, Bartolomé Cucalón. Del rechazo de los enviados por la Junta de Gobierno de Quito a Guayaquil, Cuenca, Pasto y Popayán, da muy buena cuenta el citado artículo de Gutiérrez Ardila.

A todo esto, este pastuso Zambrano es un todoterreno de la “ecuatorianidad”: además de ese agitado año de 1809, después participó en la vida política del Ecuador como Estado independiente. Fue diputado por Pichincha a la Asamblea Constitucional de 1835 y a los Congresos Nacionales de 1831 y de 1839. En este último Congreso llegó a postularse para Presidente de la República, justo en la ocasión en que se eligió al general Flores de manera arrolladora (la primera reelección de nuestra historia). Zambrano cosechó un chulla voto en ese Congreso. Flores, 29.

Manuel Zambrano ya debe estar muerto (a menos que sea Don Alfonso) pero ignoro cuándo acaeció ese hecho.

Nebot vs Rodas (Durán Barba contra Quito)

1 de julio de 2019


En Quito, es posible que después de Rodas aparezca Yunda, esa bofetada a la burguesía.

Electoramente, una bofetada a la burguesía es imposible en Guayaquil. La pregunta es: ¿por qué? ¿Qué hace que Nebot tenga una alcaldía considerada exitosa, mientras que Rodas –un cachorro PSC que participó por SUMA- tenga como saldo un desastre?

De entrada, es injusto comparar a un aniñado bobo con quien estuvo por casi 19 años en el poder en Guayaquil (agosto 2000-mayo 2019): el primero, como ya fue dicho, es bobo, mientras que el otro es sabido, sabidísimo. (De esos que antes se decía: “fuma debajo del agua”).

Y como es sabidísimo, Nebot cubrió de mejor manera que Rodas dos frentes que son claves para triunfar en la política: controlar al periodismo y controlar la intervención de la sociedad en la gestión pública.

Con los periodistas, Nebot gozó de la casi total obsecuencia de los medios de comunicación que lo entrevistaron los miércoles y de la complacencia de los medios de alcance nacional (por simpatías de derecha). En los medios guayaquileños, hay la evidencia de un claro con$en$o. En todo caso, esto de repartir guiso no es algo que el alcalde Mauricio Rodas no haya practicado: por ejemplo, le repartió billete a la radio de Diego Oquendo y desde entonces ese otrora punzante crítico (lo sé, pues lo escuché un tiempo) se nos pasmó. El Comercio era complaciente con Rodas, pero bastante menos que El Universo con relación a Nebot. En todo caso, como Nebot es sabido, supo forjar un mejor con$ens$o con el periodismo y, cosa muy importante, dar menos papaya que Rodas (por ejemplo, no ir borracho a eventos públicos –a Nebot, esa maña se le quitó en los 90).

Pero es el control de la participación social lo que Nebot controla de una manera que resulta imposible hacer en Quito. Por razones de constante bronca con la ineficacia del Estado, presumo que el quiteño está mucho más acostumbrado a manifestar sus quejas, exponerlas en público y criticar a las autoridades (nacionales y de la ciudad). En Guayaquil, la respuesta es simple: triunfó el fascismo. Es decir, esa alianza que Norberto Bobbio describió para el caso italiano como “una fecunda alianza entre precisos intereses de clase y turbios ideales, favorecidos por la crisis moral, social y económica que atravesaba un país como el nuestro, por larga tradición más acostumbrado a la opresión que a la libertad” (‘Ensayos sobre el fascismo’, p. 80), en la que con el solo reemplazo de la palabra “país” por “cantón” se describe de manera precisa lo que pasó en Guayaquil, una sociedad que desde los años cuarenta ha devenido en conservadora y, durante un tiempo en particular (los años ochentas), estuvo corrompida por “la crisis moral, social y económica” del roldosismo, cuyo superación devino en una ocasión perfecta para el triunfo de una burguesía conservadora y autoritaria (i.e., fascista), que en Guayaquil tiene expresión en la tienda socialcristiana.

Sobre esta base, como alcalde, Nebot ha hecho cosas que en Quito son impensables: aprobó una ordenanza por la cual legisló sobre la participación ciudadana (“Ordenanza que regula el sistema de participación ciudadana del cantón Guayaquil”, aprobada el 29 de septiembre de 2011) que es una burla a la participación, porque sólo habilita a participar en la Asamblea Cantonal de Participación Ciudadana a los 117 “representantes de la sociedad” que están expresamente mencionados en su texto. La mayoría de estas 117 entidades, que son las únicas habilitadas para el ejercicio del derecho a la “participación ciudadana”, han recibido dinero de la corporación municipal; algunas, de hecho, millones de dólares. Es el derecho de admisión, pero aplicado a la participación social de toda una ciudad.

Esta forma autocrática de disposición de fondos en las alcaldías de Nebot tampoco era de recibo para el alcalde Rodas, pues mientras en Guayaquil Nebot gozó siempre de mayoría en su Concejo, el de Rodas en Quito estuvo partido. Y sin poder distribuir la riqueza a placer, el político se vuelve medio cojudo a los ojos del personal (“político pobre, pobre político”).

Finalmente, está el tema del clientelismo. El PSC tiene redes aceitadas de años, con punteros en las zonas populares que aseguran lealtad a cambios de beneficios (dinero, empleos, prebendas). El partido de Rodas (SUMA se llamaba, ¿o se llama?) no tiene nada salvo un bobo con triste final, un Maruri interandino.

La neta, el alcalde Mauricio Rodas siempre remó en dulce de leche y cuesta arriba. No tenía los recursos, ni el talento para imponerse. Este cachorro PSC fue apenas una broma de mal gusto del Durán Barba, jugada en contra del pueblo de Quito.

Y por eso mientras que en Guayaquil el alcalde Nebot pudo colocar a su designada como su sucesora, en Quito lo tienen a Yunda.

Timing ("nunca falta un período que sobra")

13 de mayo de 2019


Recuerdo que iba en un carro cuando en la radio escuché a Correa decir, en el cierre de campaña de Augusto Barrera para la Alcaldía de Quito, que voten por Barrera porque era como votar por él. Tal vez en la efervescencia del momento ésta pudo parecer una decisión acertada, pero fue sustancialmente estúpida. El pueblo se le rió en la cara a Correa y votó por un auténtico y emergente bobazo: Mauricio Rodas, un cuarto puesto en unas elecciones presidenciales recientes, con ambiciones y la asesoría de Durán Barba*.

Tras escuchar esta plegaria del Presidente Correa pensé: “Es el principio del fin” (intuí que a Barrera le pasarían por encima, como sucedió). Era claro que fue la desesperación la que habló a través de Correa, pues las plegarias no proceden cuando hay el dominio de sí y de la situación. Dada su desesperación, Correa personalizó la política hasta un nivel extremo: instó a que se vote por otro porque era como votar por él, una movida que entrañaba poner en riesgo su propio capital político si Barrera perdía en la capital, pues sería como decirle NO al mismísimo Correa, que finalmente fue lo que pasó: a Barrera le terminó por ganar, no Rodas (que en política era, es y será un palurdo) sino el anti-correísmo azuzado por los medios de comunicación… y por el propio Correa, con esta movida de principiantes.

Esta derrota de Barrera marcó el tono de la época por venir: un Presidente dispuesto a comprarse todos los pitos en nombre de su administración hasta que no sea posible hacerlo más (en cuyo caso los fusibles pasaban a engrosar una creciente lista de “traidores”). Este proceder le acumuló un fastidio generalizado que fue convenientemente azuzado por unos mercachifles medios de comunicación… Con un resultado final que fue favorable a ellos: del Presidente creador de sus primeros seis años, lo pasaron a la resistencia (Correa se peleó hasta con Twitter, por Jebús), a soportar un creciente y triste desgaste. Alcanzó Correa eso sí, antes de irse, a nombrar a un sucesor: hoy es un nombre maldito que engrosa la lista de los traidores.

Tal vez ahora es fácil concebirlo, pero la administración 2013-2017 de Rafael Correa fue un exceso que nunca debió ser. Debió soltar el poder y dejar abierta la posibilidad de perder, que de eso va la democracia. Los cuatro años del 2013 al 2017, con el Ecuador en las manos de la derecha, nos íbamos a la mierda de bajada y sin frenos. En un escenario así, Correa hubiera mantenido su capital político intacto y habría vuelto el año 2017 como una tromba a gobernar cuatro años (N.B.: en este escenario Nebot no pinta nada), no desde la resistencia inútil, sino en la creación de reformas urgentes en este país casi invariablemente de mierda.

Era cuestión de timing, de saber retirarse y de volver al ring cuando correspondía (mérito que sí ha tenido Nebot –de allí que hoy sea su hora). Pero apreciar esto requiere tener perspectiva. Y en la personalización extrema de la política en la que se embarcó Correa, el margen para fracasar se amplía de una manera considerable, pues conduce a vivir de reacciones a ataques en una constante y aburridora división del mundo entre los “buenos” y los “malos y traidores”: es decir, queda perdida la perspectiva para crear y se empieza a resistir el asedio de la maldad (o de la “maldak”, que diría L. Roldós).

Hasta que sucede la derrota de los “buenos”, que acaso no sea definitiva**. 

* Dicho en crudo: Durán Barba imbecilizó esas elecciones para Alcalde de Quito, porque detectó un surplus de imbéciles motivados por el odio. Él simplemente moldeó el barro.
** A pesar de los denodados esfuerzos del Consejo Transitorio por extirpar de las instituciones y borrar de la memoria a estos “buenos”, los que desde su perspectiva (tambien maniquea) son, a su vez, los “malos”.

La caída de Rodas

12 de junio de 2018


Detrás del ascenso de Rodas hay un nombre: Jaime Durán Barba, el consultor político. Durán es un tipo con dos atributos: ser eficaz en su trabajo y ser un hijo de puta. Esta combinación ha resultado letal para la pobre Quito, porque su consecuencia fue tenerlo a Rodas por Alcalde de esa ciudad.

Durán no es literalmente un “hijo de puta”, por supuesto: únicamente es tal por las consecuencias sin responsabilidad de su oficio. Como consultor político, Durán fue eficaz en su asesoría para la campaña de Rodas, lo que significa que fue eficaz al momento de manipular las emociones de la población quiteña a fin de hacerla pensar que este Bobo Alegre podía ser un Alcalde a la medida de una ciudad tan compleja como Quito. Durán dejó la cagada hecha y se largó. Un auténtico hijoputa (por derecho propio).

El truco de Durán fue pasmosamente sencillo: mucho Quito votó en contra del candidato del oficialismo y el rebote de este sentimiento de rechazo fue la principal razón para favorecerlo a Rodas. Por supuesto, rechazar a X no quiere decir de ninguna manera que Y sea bueno, lo que Cabeza de Canguil Dulce ha comprobado hasta la saciedad durante sus casi 5 años de gestión, que han sido, sustancialmente, un desastre.

Esta mañana Rodas anunció que no se lanzará a la re-elección como Alcalde, que no lo hará por su familia blablá. Pero es obvio: su momentum ya pasó, ya muy pocos se dejarían embaucar por este pelmazo de cabello acanguilado.

Uno más para el club de cadáveres políticos (cuyo Presidente es Maruri).

El liberalismo de Alfonso Reece

11 de agosto de 2017

El artículo de Alfonso Reece Dousdebés publicado unos días atrás en diario El Universo titulado “Blasfemia barata” es interesante porque ilustra bien la postura liberal de su autor. Y ofrece la oportunidad de un contrapunto.

1) La postura de Reece

Reece es un liberal que defiende el derecho a la libertad de expresión con gran vehemencia. Es una persona consciente que “el derecho a la libertad implica el derecho a escuchar lo que no queremos oír”, como aseguraba el inglés George Orwell. En esto, estoy totalmente de acuerdo con él.

Sin embargo, el liberalismo de Reece se corta en el rol del Estado frente a la libertad de expresión. Su postura liberal entiende que el rol del Estado frente a la libertad de expresión es un rol de abstención. Se indigna del uso de sus impuestos para obras como la del Centro Cultural Metropolitano: “Si esto se hubiese desplegado en una galería privada, allá cada cual con su mal gusto, pero no en un edificio público”.

2) El contrapunto

El liberalismo puede tener una postura distinta frente a la libertad de expresión. A diferencia de Reece, creo en un activo rol del Estado frente al ejercicio de la libertad de expresión en su comunidad y creo que tiene la obligación de fomentarla (1).

Por ejemplo, a contramano de otros agnósticos/ateos, estoy de acuerdo con que el Estado apoye (bajo ciertas condiciones) actividades religiosas, como por ejemplo la procesión del Cristo de Consuelo. Por supuesto, el espectro de acción del Estado para fomentar la libertad de expresión es mucho más amplio que las actividades de carácter religioso, e incluye polémicas exhibiciones de arte (sí, como aquella exhibida en el Centro Cultural Metropolitano de Quito).

Por supuesto, resulta irrelevante que a Alfonso Reece no le guste la obra exhibida en el Centro Cultural Metropolitano. Llama a esta obra de “calidad ínfima, manifestaciones feas, sin gracia, con un chambón y gratuito afán de provocación”. Pero no es el arte que no le agrada a Reece el que debe prohibirse (él no ha sugerido esto, su artículo es mucho más inteligente), es el arte que cuestiona ideas en nuestra sociedad aquel que debe permitirse y fomentarse.

La obra del colectivo “Mujeres creando” en el Centro Cultural Metropolitano de Quito es polémica: hace alusiones a la iglesia católica, pues “recrea nuevas vírgenes que representan los abusos de la Iglesia Católica (pedofilia o corrupción) y de los Estados que atentan contra los cuerpos de las mujeres al penalizar el aborto”. No son alusiones gratuitas: son problemas contemporáneos abordados de manara crítica. Es decir, para lo que sirve el arte.

Así, con las debidas restricciones de tiempo, modo y espacio, una obra como ésta no viola de ninguna manera la libertad de expresión. En el marco de una sociedad democrática y abierta, con las restricciones de forma antedichas, la obra del colectivo “Mujeres creando” es parte de la libertad de expresión que las instituciones públicas pueden financiar con mis impuestos y con los del señor Reece (mal que a él le pese).

3) Conclusión: por una mejor defensa del pluralismo

En mi opinión, el liberalismo se defiende mejor cuando se lucha por la pluralidad de ideas en la esfera pública. Si eso requiere que el Estado ecuatoriano apoye ideas y obras que no gustan a una porción de su comunidad (en este caso, a la influyente porción católica), pues ese es el precio de vivir en democracia. 

(1) Una argumentación inteligente en este sentido: ‘El efecto silenciador de lalibertad de expresión’.

Censura en el Centro Cultural Metropolitano de Quito

3 de agosto de 2017

Esto es claro: en el derecho a la libertad de expresión no se le concede ningún privilegio a la iglesia católica de manera tal que se le reconozca una protección especial. Todo discurso sobre ella, incluidos los hirientes u ofensivos, encuentran amparo en el derecho a la libertad de expresión.

En Ecuador, la iglesia católica sigue siendo muy poderosa. Se mosquea su plana mayor y a Roditas tal vez y le da hasta diarrea. A Canguil le ha quedado inmensa la alcaldía de Quito. Lo confirma la censura de la obra “Milagroso altar blasfemo” expuesta en el Centro Cultural Metropolitano.

El saldo, vía alcalde autoritario o mangoneado, es que el arte en el Ecuador sigue siendo sometido a tutelaje por la autoridad. Ellos son los que determinan qué podemos ver los ciudadanos. Así sucede en Guayaquil en el Salón de Julio desde el año 2011 por disposición del tardo-franquismo socialcristiano y así sucede en Quito en una exposición del Centro Cultural Metropolitano porque la Conferencia Episcopal se mosqueó y el alcalde es un papanatas.

Qué “ama la vida” ni qué ocho cuartos. El lema de este país bien podría ser: “Ecuador: un Estado colonial vive en ti”. ¿La razón? Porque en este país la iglesia católica sigue siendo poderosa en la política civil y se caga cuanto puede en el derecho a la libertad de expresión, con permiso (incluso indisimulado apoyo) de las autoridades civiles.

En triste conclusión: el Ecuador es tan laico como Rodas es un alcalde exitoso. 

La historia de dos fracasos, expuesta en una sola censura.

Rodas: pop y descontrol

15 de junio de 2017

Es probable que la administración de Mauricio Rodas en Quito tenga los días contados. A un gobierno muy torpe, lo torpedea además las imputaciones de corrupción a su círculo cercano por el caso Odebrecht.

En realidad, Mauricio Rodas como Alcalde de Quito es un producto del márquetin político. Para acceder a un cargo de elección popular, se logró vender a Rodas como una alternativa fresca frente a su contrincante, Augusto Barrera. Pero una vez en el poder, Rodas resultó ser una autoridad sin sustancia. Nunca la tuvo. Todo era maquillaje.

This is what happens, Larry* cuando, sin escrúpulos, la gente de márquetin político trata a los votantes de una jurisdicción como si fueran subnormales. Y realmente el problema no es ese (eso parece ser casi una hipótesis de trabajo en ese gremio), el problema es cuando le aciertan. Como le sucedió al cantón Quito en las elecciones del 2014. 

* Larry, el auto rojo es Quito.

El derecho a la protesta en los tiempos de Rodas

6 de abril de 2017


1. El primer derecho

El derecho a la protesta no es un derecho cualquiera. En palabras de Roberto Gargarella es “el primer derecho”, pues se trata de uno “que nos ayuda a mantener vivos los restantes derechos” (1). El derecho a protestar, según lo advirtió la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, “reviste un interés social imperativo, lo que deja al Estado un marco aún más ceñido para justificar una limitación de este derecho” (2).

2. Quito protesta

En esta ocasión, las personas que ejercen su derecho a protestar tienen una condición económica distinta a la que tienen los grupos que suelen tomarse las calles para protestar. Esta protesta frente al CNE la ejercen (principal, no únicamente) representantes de una porción adinerada de la sociedad quiteña, que defienden los intereses de un político y banquero guayaquileño (3).

3. Una necesaria distinción

En el marco del derecho a protestar, los grupos desaventajados merecen un “resguardo especialísimo, sobre todo si estos sufren, como en nuestros países, injusticias graves, y cuentan con dificultades especiales para acceder al foro público, por razones ajenas a su propia responsabilidad” (4).

Por contraste, los representantes de la clase media y alta que protestan en las afueras del CNE suelen contar con muchas “facilidades especiales” para visibilizar sus reclamos, sea por su ocupación de las calles o por el acceso a medios de comunicación privados. Sus reclamos suelen ser escuchados y procesados por las autoridades. Por ello, la protección de su derecho a protestar es menor que la que deben tener los grupos desaventajados.

Este es un punto a considerar en un caso de colisión de derechos.

4. Tres edificios

Los habitantes de los edificios Torres del Norte, Torre Bossano y Torre Blanca son los más afectados por las protestas frente al CNE. Ellos han presentado un reclamo a la Alcaldía de Quito, en el que solicitan los siguientes cuatro puntos:

“Que las manifestaciones no se realicen durante las 24 horas, sino que respeten las horas de descanso de los moradores; que cumplan con el límite de decibeles permitidos (50) en la ciudad, que se permita el tránsito normal de los vehículos y que mantengan limpios los alrededores” (5).

Los reclamos de los habitantes de los edificios Torres del Norte, Torre Bossano y Torre Blanca pueden reconducirse a la exigencia de que se respeten sus derechos a la paz social y al libre tránsito. Estas exigencias se enfrentan, de manera directa, con el derecho a protestar frente al CNE. En un caso como este, las autoridades necesitan “hacer el máximo esfuerzo por acomodar todos los derechos en tensión entre sí, pero debemos aceptar a la vez que, de forma habitual, el conflicto de derechos se resuelve recortando algunos de los derechos en juego” (6).

La colisión de derechos está planteada: los derechos a la paz social y a la libertad de tránsito de los residentes de tres edificios versus el derecho a protestar de los adherentes a un movimiento político frente a las instalaciones de una institución pública. ¿Cómo resuelven esta colisión de derechos las autoridades de Quito? ¿Cuáles derechos y, sobre todo, los derechos de quiénes, irán ellos a recortar?

5. Respuesta institucional

La Alcaldía de Quito podría responder estas preguntas, si tuviera alcalde. Pero es un mojón en la marea.

*

(1) Roberto Gargarella, ‘El derecho a protestar’, Diario El país (España), 21 de mayo de 2014. Este artículo de opinión es un sólido resumen de cómo entender el derecho a la protesta.
(3) Años atrás, a los banqueros de Guayaquil los defendía León Febres-Cordero; ahora de esto se ocupa la clase media y alta de Quito.
(4) Roberto Gargarella, Ibíd. El concepto de “grupos desaventajados”, de acuerdo con la CIDH: “Los sectores más empobrecidos de nuestro hemisferio confrontan políticas y acciones discriminatorias, su acceso a la información sobre la planificación y ejecución de medidas que afectan sus vidas diarias es incipiente y en general los canales tradicionales de participación para hacer públicas sus denuncias se ven muchas veces cercenados. Ante este escenario, en muchos países del hemisferio, la protesta y la movilización social se han constituido como herramienta de petición a la autoridad pública y también como canal de denuncias públicas sobre abusos o violaciones a los derechos humanos”, v. CIDH, Ibíd, Párr. 1.
(5)Los vecinos del CNE reclaman a Rodas por la protesta de Lasso’, Diario El telégrafo, 6 de abril de 2017.
(6) Roberto Gargarella, Ibíd.

Un canguil desorientado

25 de enero de 2017

El alcalde Mauricio Rodas está para caso de estudio: resulta más incompetente mientras más explicaciones se anima a dar. Las razones que ofreció sobre el rol de su asesor Mauro Terán fueron un desastre. En resumidas cuentas, el alcalde considera que tener un asesor que no consta en la nómina de funcionarios públicos con el propósito de realizar gestiones en razón de su “experticia política” (1) no solo que es una cosa que no debería preocupar sino que incluso resulta un “gesto de delicadeza a la ciudad” (2).

Habría que explicarle al pobre Rodas que: a) los asuntos que se relacionan con la “política” son parte del día a día de una administración municipal, por ende, deberían ser resueltos por sus propios funcionarios y no por personas ajenas a la administración; b) trabajar para una institución del Estado, como lo hizo Mauro Terán, en el manejo de “temas puntuales” de millones de dólares, sin constar en la nómina de funcionarios municipales, no es una forma de contribuir al ahorro o de ser “delicado”, sino de hacer las cosas opacas e intentar librar las responsabilidades en el eventual caso de… bueno, de un caso como éste.
 
Así, Mauricio Rodas está en una situación realmente incómoda, producto de su manifiesta incompetencia: si se queda callado se hunde, y si habla, se hunde aún más. El alcalde Rodas ha querido pasar de agache, como que no era con él. Su “estrategia” no le resultó.

Y Quito, mala la hora para Rodas, no es tampoco una ciudad cualquiera: tiene la suficiente energía cívica como para enfrentar a su alcalde y romperle la canguilera.   

(1) Pacheco, Mayra, ‘Explicación del alcalde Mauricio Rodas no desactivó lapolarización’, Diario El comercio, 20 de enero de 2017.
(2)Rodas: “Ni yo ni el municipio pagábamos a M. Terán’, Últimas noticias, 17 de enero de 2017.

Dotti no tiene sentido

30 de noviembre de 2016


Debería sorprender que un tipo que fue basureado en la radio colombiana por su obvia incapacidad de razonar gramática simple, llegue a ganar lo que una institución pública (la radio de la institución que preside Cabeza de Canguil Dulce, Distrito FM) le paga: 33.000 dólares (1).
 
Fuente: Diario El Telégrafo.
 
Pero no sorprende, entre tantas otras cosas, porque los estándares de nuestro periodismo son tan bajos como que para esta basureada épica cobre importancia alguna. Esta "arrastrada a lo Alfaro" queda únicamente como un documento anecdótico para recordar los "razonamientos" de este exdiputado socialcristiano (se desafilió del PSC hace diez años, en noviembre del 2006 [2]) y cagarse largamente de la risa.

(1) 'Marcelo Dotti, humillado por periodistas colombianos. Marcelo Dotti. Ecuador', EcuatorianosEnElRing, YouTube, 29 de febrero de 2012. La periodista, hastiada de escuchar las sandeces de Marcelo Dotti, termina por decirle: "No señor, según las reglas de la gramática, su interpretación no tiene ningún tipo de sentido, lo siento mucho y se lo digo con mucho respeto". Dotti balbuceó algo más y se fue. La parte sabrosa de la entrevista empieza a los 9:29, cuando Dotti dice "perdóneme" y va de largo hasta el final.
(2) 'Marcelo Dotti se desafilia del PSC', El diario, 16 de noviembre de 2006.

ONU Hábitat: inicio desastroso

14 de octubre de 2016

Hoy empezó la III Conferencia de ONU Hábitat en Quito. Una conferencia que se lleva a cabo cada veinte años (Vancouver 1976, Estambul 1996, Quito 2016), cuya relevancia es extraordinaria, pero cuya ejecución hoy ha sido paupérrima. En el primer día de inscripciones, Quito demostró no estar en capacidad de organizar un acto de esta envergadura.

La desorganización reinó: filas enormes que no mostraban ningún progreso por varias horas. Algunas autoridades laxas, que permitían que se salten la fila algunos “apadrinados”. Tarde se les ocurrió traer agua para refrescar a la gente del sol canicular que pegaba sobre nosotros por su incompetencia, pero no se les ocurrió traer donde recoger los desechos. Más tarde aún, recién llegaron las baterías sanitarias que envió el Municipio de Quito (¡en manos de estos incompetentes está el futuro de esta ciudad). 


La desorganización que produjo la incompetencia. Fuente.

Lo peor fue el trato de algunos funcionarios públicos, que decían tratar de ayudar. A una supuesta subsecretaria de turismo, que vino a portarse condescendiente para a la primera de recibir una queja, alzar la voz, se la mandó zumbando. Respetos guardan respetos: optó por retirarse antes de pasarlo mal esta fulana, tan rubia platino como completa inútil. Pero peor fue el caso de un imbécil de la “organización”, quien quiso poner orden a los gritos y que terminó por decir que “el que no quiera estar, que se vaya”. A ese cretino sí que le cayó su buena puteada. Obvio, su “plan” no prosperó. Una raya más al tigre. Toda la organización fue un gran fracaso, realmente.

Hoy sentí vergüenza ajena por mi país, que espero que sea pasajera. Ojalá se recupere.

De las verbenas al Funka Fest

25 de junio de 2016


Al César lo que es del César, y a Jebús lo que es de Jebús (1): que se haya organizado el Funka Fest en Guayaquil es más que un paso adelante, un salir del hoyo en materia de política cultural para la Alcaldía de Guayaquil (2). Y no me refiero sólo en oferta musical, pues traer a Plastilina Mosh y a Babasónicos significa hacer una evidente excepción en el entendimiento de la cultura como la recreación ridícula del pasado (muy melvinhoyescamente, típico caso de las verbenas) y la apelación sin imaginación a lo popular (la música salsa, para toda celebración en la ciudad).

Me refiero, principalmente, a la inversión de las reglas en un espacio público de Guayaquil. Sin cacheo, ni seguridad excesiva, el Funka Fest fue una zona libre de consumo de grifa, un espacio de comercio para vendedores informales de cigarrillos y manzanas acarameladas, un lugar donde grupos tradicionalmente discriminados en su acceso a los espacios públicos de la ciudad (travestis y roqueros, por ejemplo) circulaban sin ningún problema (3). El Funka Fest es una muestra de que ese conservadurismo rancio (sacado del discurso de la “moral y de las buenas costumbres” propio de la “gente decente”) que ha sido característico del poder político local en la administración de los espacios públicos, está al caer. Es el simple paso del tiempo, en un mundo híper-conectado: el elogio de la diversidad cultural pasando por encima de los viejos prejuicios. O lo que significa una sociedad democrática, ni más ni menos.  

La excepción a la regla represiva.
Hay una razón para esta excepción en la política cultural de la Alcaldía de Guayaquil y la inversión de las reglas en un espacio público: la necesidad de apelar a un electorado joven y urbano a quienes, por ejemplo, una apelación al roldosismo (uno de los miedos clásicos del PSC para manipular mentes débiles) ya no le dice nada: es una mera abstracción, una idea vaporosa, como decir la Guerra de las Termópilas. La Alcaldía de Guayaquil tiene claro que a este electorado joven y urbano no se lo va a atraer ni con una política cultural de corte melvinhoyesco (“verbenas y salsa”, digamos) ni con las prohibiciones y castigos en los espacios públicos.

Por estricta necesidad, tímidamente, la Alcaldía de Guayaquil se empieza a asomar al siglo XXI. 

(1) O al Flying Spaguetti Monster, lo que es del Flying Spaguetti Monster. En el libro ‘God’s lunatics. Lost souls, false prophets, martyred saints, murderous cults, demonic nuns and other victims of man’s eternal search for the divine’ de Michael Largo se encuentran muchas otras de estas obras de la imaginación: es un catálogo de humor.
(2) Podría discutirse el cobro de la entrada: artistas de similar calibre han tocado en Quito, en el Quito Fest, sin costo alguno. Son dos formas de entender el acercamiento de la cultura al ciudadano: la misma exhibición de dinosaurios, la Alcaldía de Quito la ofreció sin costo alguno a su ciudad, mientras que en Guayaquil se cargó cuatro dólares a sus visitantes, v. ‘En Quito, dinosaurios se vieron gratis; aquí, por cuatro dólares’, Diario El universo, 26 de septiembre de 2013.
(3) Un tema estudiado a profundidad por X. Andrade: ‘Guayaquil: Renovación urbana y aniquilación del espacio público’.

Caída libre

6 de abril de 2016


Esta es una evidencia del tránsito de un tipo competente a un pendejo de discurso vacío en la administración de una ciudad: mientras que al exalcalde de Quito que mantenía una ciudad “perfecta” participa en una de las reuniones preparatorias para Habitat III en Barcelona (1) al actual alcalde de Quito se lo acusa de no conocer ni la ciudad que administra (2).

(1) David F. Guerrero, ‘Recetas para que las ciudades cuenten con espacios comunes’, Diario El país (España), 6 de abril de 2016. Lo de la ciudad “perfecta” fue la opinión de uno de los titiriteros de Mauricio ‘The Puppet’ Rodas (Cabeza de Canguil Dulce, para los panas), v. ‘Durán Barba: “Barrera fue un gran alcalde. Hizo un Quito perfecto”’, Diario El telégrafo, 22 de marzo de 2016.
(2) De nuevo es una cita de Durán Barba, uno de los titiriteros de este inútil, v. ‘Jaime Durán Barba dijo la estrategia que usó para que Mauricio Rodas gane la Alcaldía de Quito’, Diario El comercio, 22 de marzo de 2016.

La manipulación a los quiteños

24 de marzo de 2016


Según Jaime Durán Barba, el pueblo de Quito convirtió en alcalde a un candidato que, por no conocer, no conocía ni la ciudad que buscaba administrar. Y sin embargo, con este sujeto simplón y una estrategia diseñada para el efecto, pudo vencer a un tipo que hacía una Alcaldía de Quito que Durán Barba calificó de “perfecta” (1).

Pasar de una supuesta perfección a ser administrado por un pendejo: ese es el increíble tránsito del pueblo de Quito, fruto de la manipulación orquestada por Durán Barba (2). Porque, al final del día, eso es lo que él  describió orondo en esta entrevista: cuán fácilmente manipulables resultaron los quiteños (3).

 
Siempre me ha causado gracia el que por su contribución a la inestabilidad política capitalizada por los mismos de siempre se pinte a Quito como una ciudad con la que “no se juega”. Esta contribución nefasta ha sido el derrocamiento de presidentes elegidos por votación popular (lo que se inició con la caída de Bucaram en febrero de 1997, en la cual el “bravo pueblo” de Quito resultó funcional al guion escrito por León Febres-Cordero). Y ahora viene Durán Barba y explica lo obvio: que aquel “bravo pueblo” es un peón útil de un ajedrez mayor, en el que son otros jugadores los que mueven las piezas.

Algunos, como se ha visto, hasta el punto de convertir a un pendejo en alcalde de una ciudad capital.

(1) 'Durán Barba: "Barrera fue un gran alcalde. Hizo un Quito perfecto"', Diario El telégrafo, 22 de marzo de 2016; para una aguda crítica del entorno que permite que Rodas esté donde está, v. Orlando Pérez, '"Rodas casi no conocía Quito... y Barrera era un alcalde tan perfecto"', Diario El telégrafo, 24 de marzo de 2016.
(2) A quien Rodas, en tiempo de campaña, no tenía ningún empacho en mentir para negar su asesoría, v. 'AUDIO REVELADOR. ¿Quieres escuchar mentir al alcalde de Quito?', Ecuatorianos En El Ring, YouTube.