Entrevista sobre la situación del Ecuador

30 de abril de 2019


Me entrevistó Xavier Lasso sobre la desastrosa situación del Ecuador, este afán de revancha disfrazado malamente de re-institucionalización. Nunca pensé que serían unas tortas de Mickey Mouse las que pudieran explicar nuestra situación tan claramente:

De Payaso Amigable a Muñeco Macabro: El tránsito de una desilusión llamada Moreno.
Este es el video de la entrevista, hecha en la plataforma Kolectivoz:

Nixon, James Bond y la Pepsi Cola en la historia del vodka en la Yunái

28 de abril de 2019


En los años cincuenta del siglo pasado se dice que varios bartenders protestaron en la Quinta Avenida de Nueva York contra el vodka: “Down with the Moscow Mule – We don’t need Smirnoff vodka*, se llegó a leer supuestamente en sus carteles (hay quienes dicen que la historia fue un invento de John Martin, para avivar el interés por el vodka).

Pero si hubo esta postura contra el vodka en las calles de NYC, al amparo del macartismo y del sentimiento anti-URSS de la época, no duró mucho, pues un actor oriundo de Escocia se les interpuso en el camino a los opositores. Todos los eventuales bartenders de NYC en la Quinta Avenida son pizza mojada después de que en el primer film de James Bond, Dr. No, protagonizado por Sean Connery (Edimburgo, 1930), aparecieran estas famosas palabras, “shaken, not stirred”, a fin de caracterizar a un Martini hecho con vodka Smirnoff. Sucedió en 1962. La frase representó una ruptura: pum pa’ arriba, la demanda de Smirnoff se disparó en el mercado de la Yunái.

Imagen del Notario Trujillo en un receso de las sesiones, disfrutando de un buen Smirnoff con las representantes de los tres poderes tradicionales del Estado. Buena decisión, pues el vodka no deja olor.
 
Pero el verdadero triunfo del vodka pasó por la política exterior del gobierno de Richard Nixon, quien personalmente viajó a la Unión Soviética para apaciguar las tensiones entre las dos potencias, a inicios de los setenta. De resultas, Nixon le concedió en 1972 a su amigo Donald Don Kendall, CEO de PepsiCo, la autorización para entrar en negociaciones con los soviéticos**, por las que su compañía estableció en la URSS una fábrica con capacidad para producir 74 millones de botellas de cola al año, usando la fórmula de la Pepsi. Y como los rusos no tenían efectivo, PepsiCo les permitió pagarles con vodka. Así que PepsiCo instaló una subsidiaria llamada “Monsieur Henri Wines” para distribuir en los Estados Unidos de América el vodka “Stolichnaya” con el que los rusos les pagaban. (Era el vodka estatal y centralista par excellence: “Stolichnaya” es algo así como “capitalino” en ruso)

A lomos de la Pepsi, las ventas del vodka se treparon en un cohete. En 1975, el vodka llegó a convertirse en la bebida alcohólica más consumida en los Estados Unidos de América, con el 18.7% del mercado, según los datos de Patricia Herlihy, autora de “Vodka. A Global History” (p. 71). Y sigue yéndole muy bien, en la Yunái y en el mundo.

* Moscow Mule”, la “Mula de Moscú” (the drink with a kick), fue una combinación surgida en 1940 de dos excedentes: un empresario con mucho vodka y otro empresario con mucha ginger beer (cerveza de jengibre) casera, en asocio con la heredera de una fábrica de cobre con muchas dificultades para vender sus productos. Juntaron los excedentes y empezaron a vender su mezcla en el nuevo recipiente. Nada pasó, por supuesto, salvo cuando alguien en Columbia, North Carolina, empezó a promocionar la bebida como el “whisky blanco” asociado a un eslogan: “No smell, no taste”. La gente le empezó a encontrar la gracia a poder beber en público sin resultar, al menos, obvio. Encontrada esta veta, el vodka fue un éxito arrollador (y eventualmente, la publicidad del vodka Smirnoff se acomodaría a esto, con la campaña “Smirnoff leaves you breathless”).
** No debe haber sido difícil para Don Kendall llamarlo a Tricky Dick Nixon. Él (Tricky) fue uno de los abogados de Pepsi en los años en que Don Kendall fue su vicepresidente. En 1959, Don acompañó a Tricky a una visita oficial a la Unión Soviética: nacido en 1921 y, a la fecha aún vivo con 98 pirulos, Kendall es uno de los testigos que presenció el famoso “Kitchen Debate” entre Nixon y Krushchev ocurrido durante esa visita oficial, tal vez el único que todavía come y caca.

Salazar me lo recordó a LFC

25 de abril de 2019


La actuación, en estos primeros días, de la nueva Fiscal del Ecuador, Lady Diana Salazar, me recordó la humorada de León Febres-Cordero sobre el Gobierno de Oswaldo Hurtado, de quien decía el Ingeniero que podía hacerse todo un Plan de Gobierno para su reemplazo tras las elecciones del año 1984, únicamente haciendo lo contrario de lo que había hecho el pendejo de Oswaldo Hurtado durante su Gobierno, palabras más, palabras menos. En este caso, si se pregunta cómo se podría convertir a la Fiscalía del Ecuador en una entidad protectora del derecho a la libertad personal en vez de ser su animosa conculcadora serial, se podría parafrasear a este célebre expresidente y decir que un gran programa para ello es hacer exactamente lo contrario de lo que se ha propuesto Lady Diana Salazar en sus primeros días de gestión. El caso de Patiño la ha puesto en evidencia.

Así de mal anda la nueva Fiscal, pero qué esperaban ustedes con ese concurso.

Un dios compasivo

24 de abril de 2019


YHWH (castellanizado como Yavé, sabrosonixado como “Yatuvé”) es el Dios de los judíos, un Dios celoso y violento que, en ocasiones, podía ensayar la virtud de la compasión. Guardando las distancias*, Diego Maradona también ha sido un Dios iracundo, de lo que ha dado muchos destellos a lo largo de su vida. Fue épico su regreso a Boca Jrs. en 1995, cuando se enfrentó con el “Sabalero Colón de Santa Fe, que contaba en sus filas con el “Huevo” Toresani. Hubo un encontronazo entre D10S y Toresani, a éste lo echaron de la cancha y él después atribuyó su expulsión a Maradona y dijo que el Diego no se atrevería a decirle en su cara lo que declaró después del partido. Diego le respondió con su divina insolencia: “A Toresani, Segurola y Habana 4310, séptimo piso, y vamos a ver si me dura 30 minutos”.

Fuente
Toresani, por supuesto, nunca acudió al llamado castigador de Maradona, pero 10 meses después de este incidente lo contrató Boca Juniors, donde todavía la 10 la portaba el Diez por antonomasia. Toresani admitió tener “incertidumbre”, los muchachos lo cargaban. Fue al primer entrenamiento y Maradona lo trató como corresponde a un moderno Yavé, una deidad a la que también le cabe ensayar la compasión, que también puede ser generosa con su prójimo (si le da la gana): “Huevo, ya pasó, bienvenido a Boca. Te felicito y no hay rencores”.

Palabra de D10S. R: Te alabamos, Diegol.

* Saldadas a favor del Diego, claro, pues él cuenta con el increíble beneficio de existir.

Patiño y la política del periodismo nacional

23 de abril de 2019


¿Qué posibilidades tiene Ricardo Patiño, figura asociada a Rafael Correa, de recibir un trato justo del periodismo nacional? Casi nulas, como lo demuestra esta bajeza de Bonil que se publicó en el diario El Universo del día de ayer:


Si algo desnuda esta caricatura es que la defensa de los principios se supedita a los intereses de la política. Si Bonil fuese consecuente con el derecho a la libertad de expresión que dice defender, debería denunciar el abuso que soporta Patiño por emitir su opinión en temas de interés político. Pero es evidente que pesa más en Bonil la política editorial del diario en el que hace sus trazos: en esta política, criticarlo a Patiño no matter what es lo de rigor, a fucking no-brainer. Así es como la política reduce a cenizas la defensa de los principios, incluso en una persona de probado ingenio.

Son necesarias dos explicaciones. La primera: el caso de Patiño es una grosera vulneración de los derechos a la libertad de expresión y a la libertad personal. Patiño es un político que expresó, ante un auditorio de militantes del movimiento político del que él forma parte y en octubre del año que pasó, que “tenemos que tomarnos las instituciones públicas, tenemos que tomarnos los caminos”. Advirtió también, en otra parte menos difundida de su intervención, que estos hechos no deberían hacerse de manera violenta. Sin embargo, por los dichos de Patiño de ese 27 de octubre del 2018 en Latacunga, la Fiscalía del Ecuador le ha iniciado un proceso penal por un supuesto delito de “instigación”, contemplado en el artículo 363 del Código Orgánico Integral Penal, en los siguientes términos:

Art. 363.- Instigación.- La persona que públicamente instigue a cometer un delito contra una persona o institución y no pueda ser considerada legalmente como copartícipe, será sancionada con pena privativa de libertad de seis meses a dos años.

Es decir, le han iniciado un proceso penal por un discurso dicho hace un semestre, por el que expresó a militantes de su movimiento la necesidad de tomarse instituciones y caminos sin recurrir a la violencia. El detalle principal, en el campo del derecho, es que este discurso de Patiño es un discurso que está especialmente protegido por el derecho a la libertad de expresión. De acuerdo con el “Marco jurídico interamericano sobre el derecho a la libertad de expresión” elaborado por la Relatoría para la libertad de Expresión de la CIDH el año 2009, “las expresiones, informaciones, y opiniones atinentes a asuntos de interés público, al Estado y sus instituciones, gozan de mayor protección bajo la Convención Americana, lo cual implica que el Estado debe abstenerse con mayor rigor de establecer limitaciones a estas formas de expresión” (Párr. 35).

De manera concreta, la CIDH ha proscrito el uso de un tipo penal como el usado por Lady Diana Salazar de “instigación” a la violencia pues, en razón de su vaguedad y ambigüedad, resulta un tipo penal violatorio del principio de legalidad y de estándares interamericanos del derecho a la libertad de expresión (Informe 2017, Párr. 1245). ¿Hablaban de que Correa quería venezuelizar el Ecuador? Pues la Fiscal Lady Diana Salazar ha contribuido en mucho a nuestra venezuelización con el uso de este tipo penal, pues el mismo se utilizó también en el abusivo régimen chavista para meterlo preso a Leopoldo López. Y es el mismo que se usa en la Argentina de Macri para tenerla presa a Milagro Sala. Es decir, nos hemos hermanado con Venezuela y Argentina en represión penal. Vaya logro en sus primeros días para la nueva Fiscal.

Ahora, no contenta la Fiscalía del Ecuador con que la sola imputación de este absurdo delito sea una vulneración del derecho a la libertad de expresión, ha actuado de manera tal de añadirle a esta grave vulneración, otra relativa al derecho a la libertad personal. Los hechos son casi asombrosos (no lo son porque esto es Ecuador, país marca “Carabina de Ambrosio”) y son como sigue: la Fiscalía a cargo de Lady Diana Salazar le solicitó la prisión preventiva en contra de Ricardo Patiño a una Jueza en Quito el día lunes, pero esta Jueza no se la dio. Ahora a ella, la Fiscalía de Salazar le inició una investigación por no haber ordenado la prisión preventiva que se le había pedido, al tiempo de volver a la carga: solicitó de nuevo la prisión preventiva en contra de Patiño, pero esta vez ante una Jueza en Latacunga, una que seguramente valoró más la estabilidad en su cargo que el derecho que se comprometió a aplicar cuando asumió la responsabilidad de ser Jueza, pues le dio a Lady Diana Salazar lo ella quería a toda costa: la orden de prisión preventiva en contra de Patiño. Sólo que lo consiguió tarde, cuando ya Patiño estaba fuera del país.

Pero estos hechos casi asombrosos pintan de cuerpo entero a nuestra nueva Fiscal: ella considera que la prisión preventiva debe ser la norma y no la excepción, que se la puede ordenar por simples “sospechas” y que se debe investigar a los jueces que no ordenen las prisiones preventivas que les solicita la Fiscalía que ella dirige. Lady Diana Salazar es una Fiscal con alma de carcelera (¡cómo haría carrera en la Yunái esta mujer!) cuya actuación es furibundamente contraria a los estándares interamericanos sobre el derecho a la libertad personal. Pero por cómo argumentó en el concurso en el que tanto la premiaron, no creo que tenga mucha noticia de ellos, ni sepa para qué sirven, ni que le importen un carajo.

Porque es como la Tabla del 1: los estándares del derecho a la libertad personal son todo lo contrario a las políticas pro-prisión preventiva que ha emprendido la Fiscal Lady Diana Salazar por estos días. Los estándares en esta materia requieren que la prisión preventiva sea una medida de carácter excepcional, cuya justificación debe ser muy estricta. Está de recomendarle a la Fiscal que se lea el Capítulo III del informe de la CIDH sobre “el uso de la prisión preventiva en las Américas”, del año 2013 (pp. 56-87). Será como una advertencia muy didáctica de las razones por las cuales su actuación pro-carcelaria podría llegar a ser demandada ante los órganos del Sistema Interamericano de Protección de los Derechos Humanos.

Ahora, estos abusos suceden, se violenta la libertad de expresión y se trapea con el proceso penal en un claro plan de persecución política, pero el periodismo nacional, pobre, está siempre en otra. Mejor es su rol de pago. Y sacarle la lengua a un Patiño ahora en desgracia porque lero lero él lo hizo antes (?).

Por ello, he aquí la segunda explicación necesaria: la labor del periodismo en el Ecuador no será nunca aclarar esta situación jurídica de Patiño; todo lo contrario, buscarán oscurecer sus antecedentes (vincularlo a todo lo malvado posible) para justificar todo lo que le puede llegar a pasar a él en el presente. Es el clásico “envenenamiento del pozo”, una práctica casi consustancial al hecho de defender una opinión polémica en este país. De esto es horrendo testimonio la caricatura de Bonil.

Así, la política del periodismo local en este caso fue acompañar lo inmediato: el proceso de prisión preventiva dirigido contra Ricardo Patiño. Y lo hicieron con sus herramientas de imbecilización habituales, por supuesto. Patiño se les terminó por escapar a su México lindo y querido, pero es igual una victoria para ellos: es sacarlo del territorio, exiliarlo con chanfle.

El problema de fondo, como pasó con la entrega de Julian Assange a la policía británica, es que los procedimientos que utilizan son estúpidos y terminarán en el mediano plazo por producir un efecto distinto al que buscan: lo que no mata al correísmo, lo terminará por fortalecer.

Y de aquí a unos años, Rafael Correa (acompañado de Patiño, una especie de Robin de este Batman) volverá con fuerza para iniciar (tras el fracaso de la derecha) un nuevo ciclo en nuestra saga política de continuos fracasos y resurrecciones.

El periodismo y la opción presidencial de Nebot

22 de abril de 2019


Es de ver cómo el periodismo nacional (es decir, los grandes medios de desinformación y subinformación que tenemos en este fatigado país) harán dos cosas por estos días: A) Posicionar a Jaime Nebot como un líder experimentado que se ha movido de la derecha al centro, eficiente en su gestión y volcado a la obra social (todas ellas metidas de dedo monumentales al elector) y colocarlo a Guillermo Lasso a la derecha de Nebot; B) Atacar todo lo que sea, o puede reputárselo ser, “correísta”.

El propósito es apurar las elecciones para que quede un escenario con los siguientes tres actores: un lento de derechas, un sabido de centro, un impedido de izquierdas. Y ganará el sabido. ¿Por qué? Porque: 1) Tiene al CNE, y no tenía el PSC un CNE hace mucho; 2) De esos tres actores, su gran contrincante de izquierdas (Correa) está fuera de juego, por lo que la izquierda está anulada (el resto de este segmento son inútiles o peseteros). Los otros dos actores son políticos guayacos de derecha. Uno es Nebot. El otro, su punching-ball.

Nebot competería con un árbitro a favor (todo un “safety net” para sus propósitos) y frente a Lasso, un rival al que suele vencer con pasmosa facilidad, al que ya discursivamente lo va a situar en el lugar perdedor de esta historia, como el derechista duro que Nebot dejó de ser. Es la vieja táctica de la “piel de cordero”, que Lasso nunca ha podido atacar realmente, porque nunca se ha sabido jugar la boca para hacerlo. Y ya es tarde para eso.

Segundo semestre de 2019, segunda vuelta electoral, Nebot-Lasso, Nebot Presidente. Con esos amigos en el periodismo, el camino está bastante allanado.

Ahora, en este plan, the bomb is ticking y nunca falta alguien que sobra: ese alguien es Lenin Moreno, un ser que hace rato apesta a muerto. Esta es la palmada que le dará Nebot, cual Leslie Nielsen se la dio a O. J.:

 
Kaputt Moreno, Otto Presidente. Nebot coming soon.

Mauricio Yépez (Naipe Centralista)

 
“Nació, creció y vivió en el Banco Central”, JAJAJAJA.

"Esa negrita": una aclaración

21 de abril de 2019


Los que me conocen, saben que no soy racista. Mi intención cuando escribí “esa negrita” en una columna que publiqué esta mañana, no fue un acto de racismo en contra de la Fiscal General del Estado, aunque sí fue (lo admito) un acto de desprecio. Me explico.

El caso es que desprecio a Lady Diana Salazar, la Fiscal General del Ecuador, pero no por su raza sino por la forma de su designación. Sobre esto ya me he explayado en un artículo titulado “Lo de la futura fiscal Salazar hiede a corrupción”. Creo que este antecedente convierte a Salazar en una autoridad ilegítima. Creo, también, que su opinión sobre el uso generalizado de la prisión preventiva es peligrosa y que su actuación en el caso de Ricardo Patiño es un motivo de alarma.

Ahora, ¿cómo manifiesto mi desprecio a la Fiscal Salazar? Sin mencionarla en mi texto. No escribo su nombre y manifiesto mi desprecio con el uso del diminutivo, para acentuar que no puedo tomármela en serio.

Y la neta, no hice más que describirla como ella se ha descrito a sí misma. Ella se inscribió como negra en el concurso para fiscal, donde obtuvo un punto de acción afirmativa por ser negra. Y ella misma ha destacado su negritud: a la Revista Vistazo le pidió que escriba en la nota que le hicieron “Soy la primera fiscal negra, dígalo con esas palabras”. Es decir, describir a Salazar como negra es correcto.

Por lo demás, así se describen los propios negros. Así lo hace, por ejemplo, la asociación que defiende sus derechos:

Caso concreto: la Asociación de Negros apoya a Luis Ávila. [Por cierto: Suerte, Lucho.]

Salvo que se quiera convertir a la expresión “negro” en una expresión que sea exclusiva de ellos (a la manera de “nigger” en la Yoni) pero esta es una pretensión que rechazo y que me parece tremendamente ridícula en un país que tiene una cadena de restaurantes que se llama “Las Menestras del Negro” (impensable resulta un “Nigger’s beans” en la Yoni).

Por lo demás, hay muchas razones que tienen los negros para estar orgullosos de su raza. Simplemente, Lady Diana Salazar no es una de ellas.

N.B.: En el mismo post denominé “basura” a María Paula Romo, “decrépito” a Julio César Trujillo y “Mojón en la Marea” a Lenin Moreno. Nadie se inmutó.

Caretas


Se les han caído las caretas, se reboza el país de mediocridad y de injusticia. Esa es la plena. (Hay que hacer una mención especial para la basura en que se ha convertido María Paula Romo: si tuviera decencia, hace rato se hubiera botado de este basural.) Los que reemplazaron en el poder a Correa, con la excusa de perseguirlo, no lo han hecho mejor que él: no han avanzado el país, lo han retrocedido a los noventas, ochentas. Han resucitado a muertos como Juanita Vallejo, Marcelo Merlo y el “Notorious NCP” Julio César Trujillo, tremendo anciano decrépito que por decenas de años había dicho que era de respetar el Estado de Derecho para venir en el ocaso de su existencia a trapear con él, al mando de un Consejo Transitorio de notoria actuación inconstitucional.

Son tantas las cosas que este Gobierno ha hecho mal, pero lo más grave es el abandono de sus dos más importantes causas, las que pudieron hacer pensar a algunos imbéciles que a esta gente la animaba alguna aspiración noble. La primera, el abandono de la defensa del Estado de Derecho por la concentración de poder: estaba malo cuando Correa concentraba el poder, pero es de aplauso cuando el decrépito Trujillo lo hace. El segundo: la libertad de expresión es lo más sagrado, pero ya no. Dicen que Correa la censuraba, pero cuando lo hace el Gobierno del Señor Mojón en la Marea ya no pasa nada. Todas esas marionetas del sistema pagadas desde afuera (Fundamedios et al.), demuestran que son eso y poco más.

El caso de Ricardo Patiño pone en evidencia este segundo hecho. El dipsómano violento de Andrés Páez amenazó con “incendiar” Quito (una de las paradojas de la historia es que un serrano vocalice el sueño de muchos guayacos independistas to the extreme) pero eso era protegido por la libertad de expresión. Alfonso Pérez dijo que había que hacer con Correa lo que una masa enfurecida hizo con el bisabuelo de Andrés Páez, Ulpiano Páez: arrastrarlo por las calles y quemarlo en El Ejido. Con la variante de que había que introducirle en la lengua un anzuelo de pez espada (debe ser un aficionado a la pesca, este señor). Nadie se incomodó con eso, lo tomaron como ejercicios díscolos de la libertad de expresión.

Que es lo que eran. Ambas cosas son imbecilidades, pero no pasa nada. La democracia ecuatoriana (for whatever purpose is wrong) puede soportar estas imbecilidades, son casi su rutina de stand-up. Pero de repente se toma una frase dicha por Patiño en octubre y se la convierte en objeto de persecución política. Patiño dice en el video por el que se le imputa un delito cosas muy inferiores a las dichas por los serranos Páez y Pérez sobre Quito y Correa. Pero a él sí está bien perseguirlo, ¿no? No serán tan jueputas (o malitos, como dicen por allá).

Pero lo son. Y ponen al Estado a perseguir, a esa negrita que ganó el concurso de Fiscal con esa cifra de vergüenza, 10/20. Así la estrenan, pobre de ella. Si al escarnio de su selección tramposa se le añade la vergüenza de iniciar persecuciones tan palurdas, sólo un triste final puede esperarle a la Fiscal de Ébano. El mismo que al Gobierno de Moreno.

La historia se ocupará de este basural, que se apropió de causas nobles y de personas que se reputaban correctas (como Romo y el Notario Trujillo) y las tiró a la marchanta.

N. B.: Sobre el uso del término negrita”, es necesaria una aclaración.  

Arthur Schopenhauer, la raza blanca y el frío

19 de abril de 2019


Para los que celebran el orgullo de ser zapallentos, una crítica, cortesía del acerbo filósofo alemán Arthur Shopenhauer (1788-1860):

“Permítaseme exponer aquí, de pasada, mi creencia de que la piel blanca no es connatural al hombre, sino que éste tiene por naturaleza la piel negra o marrón, como nuestros antepasados, los habitantes de la India; que, por lo tanto, la naturaleza jamás dio a luz hombre blanco alguno; que la raza blanca, por mucho que se hable de ella, no existe; y que un hombre blanco no es más un hombre pálido. Forzado a emigrar al norte, donde sólo podía sobrevivir como las plantas exóticas y donde, al igual que éstas, necesitaba de un invernadero, el hombre, con el correr de los siglos, empalideció”*.

El hombre blanco como cara pálida: un ser empalidecido por el discutible mérito de haber padecido mucho frío durante muchas generaciones.

* Schopenhauer, Arthur, ‘El arte de insultar’ [Die Kunst zu beleidigen], Alianza editorial, Madrid, España, 2018 [Primera edición: 2005], p. 57. (Edición e introducción de Franco Volpi.)

Notre-Dame et moi

18 de abril de 2019


[NO PICTURE AVAILABLE]

Never been to Paris, pero de haberlo hecho, habría tenido unas buenas dos millones de cosas más interesantes que hacer que visitar una pinche iglesia, aunque sea esta súper-dúper-archi-famosa. He entrado a varias a lo largo de mi vida en muchos países de América y Europa, para encontrar en ellas un común denominador: en arquitectura son, para mí, lo que en literatura es Paulo Coehlo: una bonita y rentable pendejada, de la que resulta mejor prescindir. Y esto va para todas las pinches iglesias católicas del mundo mundial, sin discriminación alguna.

Así, en un plano estrictamente personal, que se queme la iglesia de Nuestra Señora de París me vale un “oh, qué lindas son las iglesias cuando arden”.

Y fue ocasión propicia para contestar, como en Gone with the wind (apropiado título) y en bilingüe rima:

- “Oye, Xavi, que se quema Notre-Dame”
- “Frankly, my dear, I don’t give a damn”

La Patria, habladas de borrachos

17 de abril de 2019


El último traspaso de poder entre los militares en el Ecuador se celebró en un casino de madrugada. Qué lugar más conveniente para escribir un pedazo de nuestra historia Patria, jalonada de hechos que parecen conformar el relato de un dipsómano delirante (desde Abdón Calderón en adelante, somos como un continuo delírium tremens). El hecho es que diario El Comercio recogió el traspaso del poder de “Bombita” a los triunviros en su edición del domingo 11 de enero de 1976, a un precio de s/. 2,40 y en los siguientes términos:

Fuente:Centuria. Las noticias de los 100 años’, El Comercio, 2006, p. 269.

Es interesante destacar que, como buenos ecuatorianos, empezó este nuevo episodio con una especialidad de la Casa Ecuatoriana: una promesa temporal, que terminó en fracaso. Los milicos dijeron, en un primer comunicado madrugador dirigido al país, que entregarían el poder a fines de 1977.

Fuente: Ibíd.

Pero el año 1978 se celebró el referéndum sobre la Constitución que regularía el retorno a la democracia y el poder finalmente se lo entregó a la sociedad civil casi dos años después de lo ofrecido por los militares esa madrugada de enero de 1976, recién el 10 de agosto de 1979. Volvimos a la democracia, eso sí, con el Presidente más joven que ha tenido la Patria en sus casi 190 años de vida republicana (o de estas habladas de borrachos que han sido la Patria en los 188 años y pico que al día de hoy tiene): Jaime Roldós, quien tenía 38 años cuando llegó a la Presidencia de la República. Dentro de poco lo sacará a Roldós de este récord un aún más joven Otto Sonnenholzner, hoy vicepresidente, quien cuenta apenas con 36 años. 

Es decir, él será el primero de los Presidentes que aún no había nacido cuando se celebró la borrachera en el Casino de Oficiales que parió el retorno de la Patria Ecuatoriana a la democracia. 

No sé qué chuchas signifique esto, pero es al menos un “Fun Fact”.

Julian Assange y la libertad de expresión

16 de abril de 2019


Situemos el asunto en su justa perspectiva: el caso de Julian Assange es un caso sobre libertad de expresión.

Para algunas personas, resulta fácil auto-convencerse de que Assange se puso fuera de la Ley por sus propias acciones y que por ello está bien que se lo haya expulsado de la Embajada del Ecuador en foquin Londres. Conviene introducir, entonces, la Gran Alf:


Porque este auto-convencimiento únicamente puede provenir de impedir que nuevos datos puedan afectar nuestro juicio previo: es decir, razonar, para la gran mayoría, es un intento consciente de confirmar un pre-juicio, la idea que se tenía desde antes de empezar la discusión y que realmente no se busca cambiar, sino sostener a toda costa, incluso al punto de ignorar la nueva evidencia (es por ello que los “argumentos no convencen a nadie”, como decía Ralph Waldo Emerson y lo demuestra la psicología). Por eso, quien cree que Assange es un “hacker” y, por ello, malvado y criminal, y con ello, se auto-convence de que no es periodista y no merece la protección de la Ley del país que lo asila (y del que fue declarado “nacional” durante el Gobierno de Lenin Moreno), es porque se niega a entender el significado del derecho a la libertad de expresión. Es el peor tipo de ignorante, de acuerdo con Karl Popper: es aquel que se rehúsa a aprender. 

Porque el derecho a la libertad de expresión contempla la protección de los datos que filtró la plataforma de Assange, oh sí, a pesar de lo que digan los periodisto-pelotudos del Ecuador (esa gente que no piensa más allá de su paga). ¿Saben quién sí sabe? El Gobierno de los Estados Unidos de América, el que quiere que Julian Assange llegue a su territorio para filetearlo a piacere.

Este Gobierno, en su solicitud de extradición de Assange cursada al Reino Unido (de la que la alegre comparsa de sub-normales que han manejado este caso en la opinión pública no sabía nada de nada, como corresponde a su condición) omite toda referencia a hechos que pudieran convertirlo en un caso sobre la Primera Enmienda de la Constitución de la Yunái. Esto, porque allá en la Yunái la gente, en la administración pública y en la opinión pública, sí se toma muy en serio el derecho a la libertad de expresión de los ciudadanos estadounidenses. Ellos sí tienen el derecho a saber lo que acá se ha llegado a ningunear con tantísima facilidad por autoridades y periodistas, este tándem en tan alegre comparsa sub-normaloide y desinformativa.

Por ello, la solicitud de extradición a Assange del Gobierno de la Yunái se la hace sobre cargos exclusivamente cubiertos por la Ley de Espionaje (“Espionage Act”). Es que allá en la Yunái, hay dos cosas, amigos, que acá no hay: 1) Un precedente; 2) Un sistema judicial serio que lo hace respetar. El precedente es el caso de los “Pentagon Papers”, uno muy famoso de la justicia de la Yunái por el que la Corte Suprema de ese país protegió la filtración de documentos (a lo Assange) y esto sirvió como ariete para bajarse al gobierno del Presidente Richard Nixon, quien se vio obligado a renunciar el año 1974 (caso único en la bicentenaria historia del republicanismo de esta gran nación). La Justicia de la Yunái dijo en este caso emblemático que las filtraciones de documentos (así, como las del Assange mismito) son una actividad protegida por el derecho a la libertad de expresión (véanlo con sus propios ojos, periodisto-pelotudos del Ecuador, por ejemplo, en este enlace tan fácil de acceder). Tanto lo han sido, que en razón de su inconstitucional entrega a la policía de un tercer país, el Relator para la Libertad de Expresión, Edison Lanza (que cuanto lo atacaba al Presidente Correa era buenísimo y merecía mucha cobertura) ha dicho que esta entrega de Assange fue una afrenta contra el derecho a la libertad de expresión (por eso, Edison Lanza es ahora malísimo, y por ende, olvidable). Es que eso es lo de Assange, en puro y simple: un atentado contra la libertad de expresión, aunque mucho les pese esto a los periodistas que únicamente llegan a pensar a la medida de sus pagas.

Porque desde el punto de vista de un país poblado de periodistas tan mediocres como los nuestros, esta filtración de documentos de Julian Assange ha sido una razón para celebrar al Gobierno de un Presidente también mediocre y, en este caso, violador craso de derechos.

Esta es la honda y puerca miseria de nuestra opinión pública: tenemos voceros, no realmente periodistas. Son gente que resulta indigna de ejercer el oficio con el que se llenan la boca.

Tándem de fracasados


El Contralor del Ecuador es Pablo Celi, paisano y viejo amigo del otrora Gallo Hervido hoy devenido en feliz locura al filo de su muerte en el Notario Cabrera de la Política, con quien Pablo Celi actúa en tándem como los más potentes arietes para la destrucción de la institucionalidad de este pobre país durante el “régimen de transición” que nos ha tocado en suerte vivir. Esta vieja amistad de Celi y Julio César Trujillo, dos izquierdistas serranos fracasados, la testimonia esta foto del partido Liberación Nacional, del año 1994:


Dos izquierdistas fracasados de 1994 devenidos en perros de la derecha conservadora que le allana el camino a Jaime Nebot 25 años después. En 1994 era de rigor combatir a Jaime Nebot, veinticinco años después se le hace comedidamente la corte. El fracaso de estos tipejos no es de tipo electoral (aunque no hayan, ni en este partido Liberación Nacional ni en ninguna otra plataforma política, obtenido más allá de un puñado de votos, insuficientes para dignificar su paso por las lides electorales), es de corte ideológico. Porca miseria.

La Contraloría ecuatoriana contra los derechos

15 de abril de 2019


El título es, de adrede, del estilo El Santo contra las Momias de Guanajuato, porque es como la adaptación de este tipo de humor fantástico a nuestro convivio político ecuatoriano, en el que la sucesión de acciones descabelladas y absurdas no nos da respiro. La Contraloría General del Estado es el nuevo actor de este sainete político llamado “República del Ecuador (established in 1.830 for whatever purpose is wrong)”. En rigor, la Contraloría es un viejo conocido en todo este desmadre (established in 1.927 for whatever purpose is wrong) con un nuevo rol que desempeñar en él.

La cosa es que la Contraloría (in short, CGE) se ha dado a la ingrata tarea de convertirse en nuevo árbitro de la estabilidad de otros actores políticos, incluso aquellos que son elegidos por votación popular.

La norma que faculta a la CGE a destituir a las autoridades públicas es imprecisa* (podría decirse que su redacción es torpe y burocrática –como un informe de la CGE, precisamente) pero las normas que limitan la actuación de los servidores públicos vía la Constitución del Ecuador no lo son. Estas normas limitan, de una manera clara y precisa, su actuación: “Las personas que actúen en virtud de una potestad estatal ejercerán solamente las competencias y facultades que les sean atribuidas en la Constitución y la ley” (Art. 226 Cons.).

Es decir, ni la CGE, ni nadie, puede inventarse “competencias y facultades” para actuar: TODO lo que hagan tiene que estar ordenado por la Ley (es decir, en norma aprobada por un Parlamento o por un órgano debidamente delegado por éste). Y no cualquier Ley, pues todas las leyes que no cumplan con los requisitos de ser “previas, claras, públicas y aplicadas por las autoridades competentes” (Art. 82 Cons.) son violatorias del derecho a la seguridad jurídica de los administrados (es decir, de todos los sujetos a la jurisdicción del obeso e ineficaz Estado ecuatoriano).

Quiso una vez la CGE pasarse de salsa con sus facultades, pero la Corte Constitucional la paró en seco. Wagner Mantilla, el director de patrocinio de la CGE, presentó una Acción Extraordinaria de Protección contra una sentencia de la Corte Nacional de Justicia en casación, por supuestamente vulnerarse con esta sentencia los derechos de la CGE a la motivación y a la seguridad jurídica.

¿Qué supuestamente afectaba a los derechos de la CGE, según el Wagner? Que la Corte Nacional de Justicia haya mantenido el criterio de los tribunales inferiores de que el plazo en el artículo que regula la aprobación de los informes de auditoría de la CGE (en ese entonces, de un año; ahora, de ciento ochenta días**) era un plazo fatal, pues la CGE sostenía que “no se trata de un plazo fatal, más aún, si se toma en consideración que dentro del campo de auditoría los informes requieren del tiempo suficiente para su análisis y aprobación”, que es una forma burocrática de decir “no se trata de un plazo fatal, porque no tenemos la capacidad para hacerlo en dicho plazo –a veces, ni la voluntad”. Es decir, la CGE quería que el plazo quede como un plazo indeterminado, para así acomodar la redacción de sus informes de auditoría al tamaño de su habitual negligencia.

Por cierto, este Caso No 1897-17-EP de la Corte Constitucional, resuelto en Sentencia No.157-18-SEP-CC del 25 de abril de 2018, es clave para todo exfuncionario público: la importancia de que la CGE tenga que actuar dentro del plazo fatal (hoy, de ciento ochenta días “improrrogables”, por aplicación del artículo 26 de la Ley Orgánica de la CGE) es que el incumplimiento del plazo implica que la facultad de control de la CGE ha caducado. Es decir, todo informe de la CGE fuera de este plazo se convierte en nulo. Y es común en la CGE, es su práctica habitual, es el tamaño titánico de su negligencia, la aprobación de los informes fuera del plazo. Es lo que hay.   

Por eso iba el Wagner al rescate, pero la Corte Constitucional le dijo que nones, que estaba en el horno en materia del derecho a la seguridad jurídica pues la Corte Constitucional interpretó que los jueces de la Corte Nacional de Justicia “tutelaron la vigencia del derecho constitucional a la seguridad jurídica, en razón que garantizaron la previsibilidad de las actuaciones del ente de control, al asegurar que observen la normativa previa, clara y pública establecida en la Ley Orgánica de la Contraloría General del Estado”. Es decir, la Corte Constitucional entendió que el disponer de un plazo fatal respetaba “la normativa previa, clara y pública” que debe expresar el ordenamiento jurídico, por lo que declaró que no existía una violación de derechos constitucionales y negó la acción presentada por el Wagner.

Perdida en materia de seguridad jurídica, la CGE ha dejado claro que tampoco sabe de derechos políticos, pues pretende que con una resolución suya se destituya a una autoridad elegida por voluntad popular, el asambleísta Hermuy Calle, por supuestamente cometer la infracción de usar una instalación de una universidad para un acto de proselitismo político. Es decir, para la CGE, ella como una autoridad administrativa (a la que no se la escogió por voluntad popular -en el caso de Celi es aún más grave, porque él no podría mostrar ni un documento habilitante serio) puede atreverse a decidir la suerte de otra autoridad pública a la que votaron en elecciones abiertas varias decenas de miles de personas. Que una autoridad administrativa tenga esa potestad, o mejor dicho, que crea tenerla (porque no está ordenada por la Ley, y es contraria a normas de la Constitución del Ecuador y de convenios internacionales) constituye una clara perversión del sistema democrático… pero qué va a saber la CGE de democracia. Está en otra, sin bozal ni control, deambulando por pagos ecuatorianos.

Porque en otros pagos, por supuesto, de cosas como la destitución ordenada por la CGE se cagan de la risa no opinan bien. Por ejemplo, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, ya ha sido muy clara que en el caso de una autoridad administrativa que destituye a una autoridad de elección popular se comete una violación a los derechos políticos de la autoridad de elección popular. El juicio de proporcionalidad de la CIDH debería resultar a prueba de imbéciles:

“… la sanción de destitución e inhabilitación de un funcionario de elección popular por infracciones meramente administrativas que no constituyen delitos, no satisface el estándar de proporcionalidad estricta en tanto el grado de afectación que tiene en los derechos políticos tanto de la persona destituida e inhabilitada como de la sociedad en su conjunto, es especialmente intenso, frente a un mediano logro de garantizar la idoneidad de las personas para ejercer la función pública cuando estos pudieron haber cometido infracciones administrativas que si bien pueden revestir cierta gravedad, al no llegar a la entidad de un delito, no logra justificar la afectación intensa a los derechos políticos en los términos explicados” (Caso Petro, Párr. 122).

¿Y cuáles eran “los términos explicados”? Unos párrafos antes, la CIDH había destacado la importancia de los derechos políticos y la necesidad de tomarse la destitución de las autoridades públicas de elección popular muy en serio:

“La CIDH considera que el derecho a ser elegido a un cargo de elección popular, así como a completar el respectivo mandato, constituye uno de los atributos esenciales que integran los derechos políticos, por lo que las restricciones a dicho derecho deben estar encaminadas a proteger bienes jurídicos fundamentales, por lo que deben ser analizadas cuidadosamente y bajo un escrutinio riguroso. En un caso como el presente, de una persona elegida a un cargo de elección popular, debe tomarse en cuenta que una restricción al derecho al sufragio activo mediante destitución e inhabilitación, puede afectar no solamente a la persona en cuestión sino también a la libre expresión de la voluntad de los electores a través del sufragio universal. De esta manera, una restricción arbitraria de los derechos políticos que impacte en el derecho de una persona a ser elegida popularmente y a terminar su mandato, no afecta únicamente los derechos políticos de la persona en cuestión, sino que implica una afectación en la dimensión colectiva de dichos derechos y, en suma, tiene la virtualidad de incidir significativamente en el juego democrático” (Caso Petro, Párr. 117).

Por supuesto, el Contralor Celi se caga de la risa se toma los derechos políticos de una manera distinta y poco seria. Por eso es que puede Celi destituir a una autoridad de elección popular por cometer la infracción de usar una instalación de una universidad para un acto de proselitismo político la mañana de un sábado. En rigor, esta infracción constituye una pendejada de mínima gravedad por la que no cabría destituir a nadie, pero que Celi ha llevado a convertirlo en tema de debate en la Asamblea Nacional. 

Donde tampoco le terminó por ir bien a la CGE. La vicepresidenta del CAL, Viviana Bonilla, lo dejó claro: “Nosotros a lo mucho podemos sancionar administrativamente con lo que establece la Ley, como multas; nosotros no somos competentes para destituir; eso sí podría acarrearnos consecuencias legales”.

Tampoco por ahí, CGE. Todo les sale mal.

En resumidas cuentas:

1) Si eres exfuncionario público y tienes abierto un examen de la CGE que ha pasado más de 180 días, deberías alegar la caducidad de la facultad de la CGE para realizar el examen. Es necesario castigar a estos incompetentes por su inutilidad.
2) La CGE debería calmarse y no pretender que puede destituir a autoridades de elección popular, pues es contrario a los derechos políticos de quienes dice que quiere destituir.

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* Es el artículo 46 de la Ley Orgánica de la Contraloría General del Estado el que faculta a la CGE, de manera amplia e imprecisa, la facultad de destituir a servidores públicos. Por su vaguedad e imprecisión, esta norma debería ser declarada inconstitucional.
** El artículo 26 de la Ley Orgánica de la Contraloría General del Estado antes disponía: “…[los informes] serán tramitados en los plazos establecidos en la ley y los reglamentos correspondientes, los mismos que desde la emisión de la orden de trabajo de la auditoría, hasta la aprobación del informe, como regla general, no excederán de un año”. Hoy, la norma es incluso más enfática: “Estos informes serán tramitados desde la emisión de la orden de trabajo de la auditoría, hasta la aprobación del informe en el término máximo de ciento ochenta días improrrogables”.