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La manumisión

25 de julio de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 25 de julio de 2025.

La primera Constitución del Ecuador que incluyó una provisión favorable a los esclavos fue la quinta, producto de una convención reunida en Quito desde el 8 de diciembre de 1850 y que entró en vigor el 27 de febrero de 1851 tras su promulgación por el presidente Noboa. En su capítulo XIX “De las garantías”, el artículo 108 de la Constitución de 1851 dispuso: “Nadie nace esclavo en la República, y ninguno de tal condición puede ser introducido en ella sin quedar libre”. Esta misma asamblea lo eligió presidente de la República al guayaquileño Diego Noboa el 26 de febrero de 1851.

El presidente Diego Noboa debió gobernar (según la disposición transitoria segunda de la Constitución de 1851) hasta el 25 de febrero de 1855. Pero duraron poco, el presidente y la Constitución: no completaron su primer año. El 17 de julio de 1851 ocurrió un incruento golpe de Estado, perpetrado por el general pillareño José María Urbina, que lo elevó a Urbina a la Jefatura Suprema de la República. 

Fueron malas noticias para Noboa, que fue tomado preso y enviado al exilio, pero buenas noticias para los esclavos de la República porque el Jefe Supremo José María Urbina dictó su decreto feliz, apenas asumida su nueva condición. El 25 de julio de 1851, por considerar en su decreto “que los pocos hombres esclavos que todavía existen en esta tierra de libres, son un contrasentido a las instituciones republicanas que hemos conquistado y adoptado desde 1820”, el Jefe Supremo Urbina estableció el financiamiento y creó una institucionalidad (las juntas protectoras de libertad de los esclavos) a fin de que la manumisión se haga realidad. Esta materialidad era justa y necesaria, puesto que la solitaria y etérea norma constitucional contenida en el 108, por sí misma, nunca lo lograría.

El Jefe Supremo Urbina convocó a una convención para que dicte una nueva Constitución y lo elija a él presidente de la República. Ambas cosas ocurrieron en 1852. En su Mensaje a la Convención, Urbina insistió en las bondades de su decreto e instó a los diputados a erradicar “la institución bárbara de la esclavitud incompatible con el sentido humano del siglo, y con los principios liberales proclamados por la revolución de 1845”.

La convención reunida en Guayaquil correspondió a su llamado. Se nombró una comisión exclusivamente para la redacción de la ley de manumisión, presidida por el abogado Francisco Xavier Aguirre Abad. En el debate, Aguirre se pronunció: “No he oído hasta ahora un argumento que pruebe que el hombre puede ser propiedad del hombre; no creo que un delito puede perpetrarse a título de antigüedad”. 

La ley de manumisión se aprobó el 27 de septiembre de 1852, con una votación de 19 a favor y 17 en contra. Además de establecer más fondos y fortalecer la institucionalidad, también dispuso un plazo fatal en su artículo 38: “la manumisión definitiva se hará en el seis de Marzo de 1854 y de esta fecha en adelante no habrá más esclavos en el Ecuador”. El haber escogido el 6 de marzo para la erradicación de la esclavitud fue en homenaje a la revolución marcista originada en Guayaquil en 1845, justamente en esa fecha.

De esta ley puso el ejecútese el presidente Urbina el 28 de septiembre de 1852.

182 varones

27 de septiembre de 2024

            Publicado en diario Expreso el viernes 27 de septiembre de 2024.

Rocafuerte, García Moreno y Alfaro: tres héroes políticos del siglo diecinueve (en el caso de Alfaro, hasta entrado el siglo veinte). El dato curioso: ninguno llegó a la presidencia por la voluntad popular.

Rocafuerte ocupó la presidencia por un único período, entre 1835 y 1839. Su período de gobierno fue consecuencia de haber triunfado su ejército en la batalla de Miñarica, el 19 de enero de 1835. El triunfo en esta primera guerra civil entre ecuatorianos produjo la reunión de una Asamblea Constitucional, la primera que estableció en la Constitución que el Ecuador era una república y ya no parte de una tan deseada como extraviada confederación. Esa Asamblea, el 8 de agosto de 1835 y por 25 votos (de 39 posibles) lo designó a él Presidente de la República.

García Moreno ocupó la presidencia en dos períodos no consecutivos, primero entre 1861 y 1865, después entre 1869 y 1875. Su primera presidencia surgió como fruto de la guerra civil de 1859-1860 y tras la organización de una Asamblea Constitucional, que dictó la sexta Constitución de la República del Ecuador y que lo designó a él, el 2 de abril de 1861 y por 37 votos (todos los diputados, menos uno) Presidente de la República.

La segunda presidencia de García Moreno ocurrió por un golpe de Estado. Para evitar que en las elecciones a celebrarse en mayo de 1869 triunfe la opción liberal que Francisco Xavier Aguirre representaba, García Moreno produjo un Golpe de Estado el 17 de enero de 1869. Convocó una nueva Asamblea Constitucional, que dictó una nueva Constitución (la séptima). Esta Asamblea lo designó Presidente de la República, el 9 de agosto de 1869 y por 28 votos (de 30 posibles). El magnicidio del 6 de agosto de 1875 concluyó con su período presidencial, cuatro días antes de terminar el período.

Alfaro también ocupó la presidencia en dos períodos no consecutivos, primero entre 1897 y 1901, y después entre 1906 y 1911. La primera presidencia de Alfaro surgió como fruto de una guerra civil en la que triunfó la revolución liberal y se convocó a una Asamblea Constitucional, que elaboró la décima Constitución de la República del Ecuador y lo designó a Alfaro Presidente de la República el 17 de enero de 1897, por 51 votos (de 63 posibles). 

La segunda presidencia de Alfaro se originó por un golpe de Estado. El 31 de diciembre de 1905, el presidente Lizardo García recibió un telegrama en el que se le deseaba un feliz año y se le informaba de una insurrección que proclamaba Jefe Supremo a Alfaro. En cosa de veinte días, el golpe de Estado estaba consolidado. Luego, lo típico: una Asamblea Constitucional, que dictó una nueva Constitución (la décimo primera de la república) y que lo designó Presidente de la República a Alfaro el 23 de diciembre de 1906, con 41 votos (de 60 posibles). Lo que empezó con un golpe de Estado, concluyó con otro, consumado el 11 de agosto de 1911, que lo sacó a Alfaro al exilio veinte días antes de que concluya su período.  

En resumen, tres presidentes relevantes de nuestra historia y un total de cinco períodos de gobierno, pero en ninguno de ellos se llegó a ocupar el cargo por la voluntad popular directa (en cinco asambleas de representantes, los votaron 182 varones).

El frustrado gobierno de Aguirre

29 de septiembre de 2023

            Publicado en diario Expreso el viernes 29 de septiembre de 2023.

Cuando se fundó el Estado del Ecuador en 1830, éste fue la reunión de tres territorios que eran muy diferentes entre sí. Eran tres regiones que tenían unas economías no integradas y que tuvieron unas administraciones propias. Durante los años españoles fueron las provincias ultramarinas de Quito, Guayaquil y Cuenca (Gobernaciones desde 1540, 1763 y 1777, respectivamente) y durante los años colombianos fueron los departamentos del Ecuador, de Guayaquil y del Azuay. Desde que se fundó el Estado del Ecuador, esta división por departamentos se mantuvo para la determinación de una representación igualitaria de las tres regiones en los órganos legislativos (Congreso y Senado).   

Fue recién en 1861, cuando una Asamblea Constitucional aprobó la séptima Constitución del Estado que se eliminó la representación igualitaria de las regiones (aunque, claro, no su importancia para la política nacional). Esta Asamblea Constitucional lo designó como Presidente de la República al conservador guayaquileño Gabriel García Moreno. Tras su tránsito por la Presidencia, García Moreno llegó a concluir que “las leyes que tenemos son insuficientes para impedir el mal y hacer el bien”, en referencia al marco constitucional con el que le tocó gobernar.

García Moreno debió abandonar la Presidencia en 1865, pues la Constitución indicaba que sólo se podía reelegir a un Presidente después de un período. En 1865, él se lanzó para diputado por Pichincha, pero perdió. Maniobró para establecer a sus peones en la Presidencia en 1865 y 1867, pero ni Jerónimo Carrión ni Javier Espinosa fueron buenos a sus ojos y ninguno concluyó su período de gobierno por su directa incidencia. Era él quien debía regresar a la Presidencia de la República para implementar su plan de gobierno conservador, en un nuevo marco constitucional. 

Pero en 1868, García Moreno enfrentaba la posibilidad de que una coalición interregional de Guayaquil y Cuenca lo pueda derrotar en las urnas en mayo de 1869, justo en las elecciones a la Presidencia en las que se lo podría volver a elegir. En octubre de ese año, algunos cuencanos ilustres postularon a un connotado liberal guayaquileño, Francisco Xavier Aguirre, como su candidato. A principios de noviembre, Aguirre aceptó.

Como lo destacó Ana Buriano en su artículo “Ecuador 1868: la frustración de una transición”, el candidato Francisco Xavier Aguirre “tenía perfil de estadista, concitaba la adhesión de tendencias opositoras de varias regiones y se presentaba con un programa escrito y definido”, de un hondo liberalismo.

Pero el muy conservador, pío y brutal García Moreno no podía aceptar este desenlace, así que decidió ganar por la fuerza y organizó un golpe de Estado que se ejecutó la madrugada del 16 de enero de 1869. Los notables de Quito lo apoyaron, y más importante, lo hizo el ejército. Tras el éxito de su maniobra, lo usual: una Asamblea Constitucional que lo designó a él Presidente de la República y una nueva Constitución, la octava, que pasó a la historia como la “Carta Negra”, por su hondo conservadurismo.

García Moreno no terminó su período sombrío. Unos días antes de concluirlo, en agosto de 1875, lo mataron a tiros y machetazos al pie del Palacio de Carondelet.

El ensueño breve de García Moreno

20 de enero de 2023

            Publicado en diario Expreso el 20 de enero de 2023.

La séptima Constitución del Estado del Ecuador, adoptada en 1861, prescribía un período presidencial de cuatro años y prohibía la reelección consecutiva del presidente, habilitándola después de un período (Art. 62). La octava Constitución, adoptada en 1869, prescribía un período presidencial de seis años y autorizaba la reelección consecutiva del presidente, prohibiendo una siguiente reelección (Art. 56). Bajo el imperio de la primera Constitución, Gabriel García Moreno gobernó un período completo de gobierno. Bajo el imperio de la segunda, murió en el intento.

La Constitución de 1861 fue el fruto de una guerra civil que casi despedaza al Ecuador. El bando triunfador convocó a la reunión de una Asamblea Constitucional que produjo esa Constitución y que eligió Presidente Constitucional a Gabriel García Moreno. Pero la Constitución de 1861 le pareció a él insuficiente para gobernar y le impuso una pausa forzosa a su gobierno. García Moreno concluyó su período en 1865 y recién podría volver a gobernar en 1869.

Para la elección de 1869, una alianza interregional de Guayaquil y Cuenca había postulado la candidatura a la Presidencia de Francisco Xavier Aguirre, “un guayaquileño muy poderoso y enraizado en la sociedad costeña, capaz de arrastrar tras su figura el voto mayoritario”, como lo definió Ana Buriano. Frente a la posibilidad de perder la elección, subido en una ola de popularidad por su gestión exitosa en Imbabura tras el terremoto de agosto de 1868, García Moreno sublevó el 16 de enero de 1869 a la guarnición de Quito y obtuvo el apoyo de un acta firmada por los notables quiteños. Elegido por ellos Presidente “provisional”, también eligieron Vicepresidente a su cuñado, el quiteño Manuel Ascázubi. 

En su nuevo cargo, García Moreno organizó las elecciones para una Asamblea Constitucional a la que pobló de adictos suyos. Ella produjo la Constitución de 1869, la que daría forma a su proyecto católico, aquel que la Constitución de 1861 le impedía concretar porque según él decía, “las leyes que tenemos son insuficientes para impedir el mal y hacer el bien”. García Moreno sometió la Constitución de 1869 a referéndum (volvería a ocurrir en 1978 y 2008) y ganó con una aplastante mayoría del 96.36% (de un universo de 14.154 votantes).

La Asamblea Constitucional de 1869 lo eligió Presidente Constitucional a García Moreno. En esos casi seis años gobierno, García Moreno llevó a cabo su ambicioso proyecto conservador para “hacer el bien”. Y ahora que podía, buscó la reelección. 

Del 3 al 5 de mayo de 1875 se celebraron elecciones para la Presidencia (período 1875-1881). El aplastante triunfador fue García Moreno con el 99.1% de los votos (de un universo de 22.726 votantes). Él debía empezar su nuevo período el 10 de agosto pero machetazos y balazos acabaron con su vida, el 6 de agosto, al pie del Palacio de Carondelet. 

En 1875, ya estando a toque, Gabriel García Moreno no pudo concretar la reelección. Nuevamente, el héroe conservador no pudo continuar su obra. En 1865 se lo impidió la ley, en 1875 se lo impidieron manos asesinas. 

Y su obra fue efímera. Una nueva Constitución, la novena, adoptada en 1878 tras un nuevo golpe de Estado, desmontó su sistema conservador.  

Héroes por la fuerza

19 de mayo de 2021

El imaginario político ecuatoriano, en los primeros años de vida independiente del Ecuador durante el siglo XIX e inicios del siglo XX, registra a tres héroes políticos en la Presidencia de la República: Vicente Rocafuerte, Gabriel García Moreno y Eloy Alfaro. El dato curioso es que ninguno de ellos llegó a la Presidencia por la voluntad popular.

 

Vicente Rocafuerte ocupó la Presidencia en un único período presidencial entre 1835 y 1839. Su período de gobierno fue consecuencia de haber triunfado su ejército en la batalla de Miñarica, el 19 de enero de 1835. El ejército de Rocafuerte estuvo comandado por el general y precedente Presidente Juan José Flores, que venció al ejército de José Félix Valdivieso, comandado por el general Isidoro Barriga (sobre esto, v. ‘La loca historia del lojano Valdivieso y Valdivieso y sus dos derrotas’). El triunfo en esta primera guerra civil entre ecuatorianos produjo la reunión de una Asamblea Constitucional, la primera que estableció en la Constitución que el Ecuador era una república y ya no un apéndice de una deseada confederación (sobre esto, v. ‘Ecuador, República desde 1835’). Esa Asamblea, el 8 de agosto de 1835 y por 25 votos, lo designó Presidente Constitucional al acaudalado hacendado guayaquileño Vicente Rocafuerte (1).

 

Gabriel García Moreno ocupó la Presidencia en dos períodos presidenciales no consecutivos, primero entre 1861 y 1865, después entre 1869 y 1875, hasta que se lo llevó la chingada el 6 de agosto de 1875. La primera Presidencia de García Moreno surgió como fruto de la guerra civil que resistió a la partición del país en 1859 y 1860, y por una posterior Asamblea Constitucional, que dictó la séptima Constitución del Estado del Ecuador y que designó, el 2 de abril de 1861 y por 37 votos (todos los asambleístas, menos uno), a García Moreno como Presidente Constitucional. Como había ocurrido con Vicente Rocafuerte un cuarto de siglo antes, el guayaquileño Gabriel García Moreno pasó de Jefe Supremo a Presidente Constitucional, en el contexto de una guerra civil.

 

La segunda Presidencia de García Moreno introdujo una variante: el golpe de Estado. En octubre de 1868, liberales de Cuenca apoyaron la candidatura de Francisco Xavier Aguirre, cuñado del expresidente Urbina. Para evitar que en las elecciones a celebrarse en mayo de 1869 triunfe la opción liberal que representaba Aguirre, el conservador García Moreno consumó un Golpe de Estado el 17 de enero de 1869. Desde entonces y hasta que entró a funcionar una nueva Asamblea Constitucional, García Moreno asumió la Jefatura Suprema del Ecuador. Renunció a ella ante la Asamblea, que nombró Presidente Interino a su cuñado, Manuel de Ascázubi (2). Esta Asamblea dictó una nueva Constitución (la octava), que fue conocida como ‘La Carta Negra’, porque establecía un estado confesional en el que sólo era ciudadano quien profesaba la religión católica (3). Esta Asamblea designó Presidente Constitucional de la República, el 9 de agosto de 1869 y por 28 votos (de 30 posibles), a Gabriel García Moreno. El magnicidio del 6 de agosto de 1875 concluyó con su período presidencial, cuatro días antes de que su período concluya legalmente (4).

 

Eloy Alfaro también ocupó la Presidencia en dos períodos presidenciales no consecutivos, primero entre 1897 y 1901, y después entre 1906 y 1911. La primera Presidencia de Alfaro surgió como fruto de la guerra civil en la que triunfó la ‘Revolución Liberal’ y por una posterior Asamblea Constituyente, la que elaboró la undécima Constitución del Estado del Ecuador y designó Presidente Constitucional, el 17 de enero de 1897 y por 51 votos (63 votantes, 12 fueron en blanco), al general Eloy Alfaro. Como había ocurrido con Vicente Rocafuerte y con Gabriel García Moreno, el manabita Eloy Alfaro pasó de Jefe Supremo a Presidente Constitucional, en el contexto de una guerra civil.

 

La segunda Presidencia de Eloy Alfaro reiteró la variante introducida por García Moreno en 1869. El 1 de enero de 1906, el Presidente Lizardo García recibió un telegrama en el que se le deseaba un feliz año y le informaban de una insurrección que proclamaba Jefe Supremo a Eloy Alfaro. En cosa de 20 días, el golpe de Estado a García estaba consolidado. Empezó a funcionar una nueva Asamblea Constitucional, la que dictó una nueva Constitución (nuestra décimo segunda) y que lo designó a Eloy Alfaro como Presidente Constitucional el 23 de diciembre de 1906. El ‘Viejo Luchador’ obtuvo 41 votos, frente a 16 votos que obtuvo su contendor, Carlos Alberto Aguirre, y 3 votos en blanco. A diferencia de García Moreno, Alfaro sí pudo concluir su período de gobierno fruto del golpe de Estado. La muerte, sin embargo, lo alcanzó poco después, cuando quiso intentar una nueva toma del poder por la fuerza en 1912, pero la jugada le salió rana y se perpetró contra Alfaro en Quito el que debe ser el crimen más ‘gore’ de la historia política latinoamericana (v. ‘Quito gore’).

 

En resumen, tres Presidentes relevantes de nuestra historia y un total de cinco períodos de gobierno, pero en ninguno de ellos se llegó a ocupar el cargo por la voluntad del pueblo. Siempre fue primero por la violencia (sea en formato de guerra civil o de golpe de Estado) y luego por el procedimiento de una Asamblea ad hoc que ratificaba lo hecho por el Jefe Supremo triunfante en la guerra civil o el golpe de Estado. En total, a estos tres los votaron para ocupar la Presidencia de la República el reducidísimo número de 182 identificables varones, participantes en cinco Asambleas Constitucionales celebradas en el curso del siglo XIX e inicios del XX (i.e., por alrededor de 80 años).

 

(1) Rocafuerte obtuvo 25 votos de 39 posibles. Los restantes se repartieron 8 en Juan José Flores, 4 en José Joaquín de Olmedo y 2 en Francisco Xavier Aguirre. Este último es el mismo Aguirre que fue la víctima del golpe de Estado de 1868 perpetrado por García Moreno, por el que se tumbó al Presidente Espinosa al cuadrado (el quiteño Javier Espinosa y Espinosa) para impedir que Aguirre llegue a la Presidencia en las elecciones de mayo de 1869.

(2) Era la segunda vez que este zanguango ascendía a la Presidencia (v. ‘Guayaquil frente a Quito y el síndrome de Ascázubi’).

(3) La octava de 1869 fue la primera Constitución del Ecuador sometida a referéndum. El 11 de agosto de 1869 su alternativa triunfó de una manera aplastante, con el 96.36% de los votos. En una historia que abarca un total de 19 Constituciones, sólo tres han sido sometidas a referéndum: la de 1869, la de 1979 y la actual (v. ‘Tres Constituciones vía referéndum, tres’). 

(4) García Moreno es el único de los tres que participó en una elección popular, en la que triunfó holgadamente obteniendo el 99.1% de los votos. Así, cuatro días después de su muerte, el 10 de agosto de 1875, iba a ocurrir la primera reelección consecutiva de la historia del Ecuador, la que resultó impedida por los balazos y los machetazos al pie del Palacio de Gobierno. Rafael Correa fue el primer Presidente (y hasta la fecha el único) que ha tenido reelecciones consecutivas. En total fueron tres períodos y dos reelecciones (2007-2009, 2009-2013 y 2013-2017).

El historiador se escribe

1 de mayo de 2017

Francisco Xavier Aguirre Abad (1808-1882) fue político e historiador. En esta última calidad escribió un libro de historia del Ecuador (“Bosquejo histórico de la República del Ecuador”) en el que Aguirre figuraba como político.

A inicios de 1850 el Presidente de la República designado por el Congreso Nacional era el Dr. Manuel de Ascázubi y Matheu (1804-1876), primer quiteño en ocupar la presidencia y vicepresidente de Vicente Ramón Roca, que gobernó entre 1845 y 1849. Ascázubi llegó de chiripa a la Presidencia: ante la imposibilidad de decidir a un sucesor de Roca entre los guayaquileños Antonio Elizalde y Diego Noboa, el Congreso Nacional de 1849 decidió designarlo a Ascázubi, como una alternativa frente a esta indecisión.

Pero Ascázubi no iba a durar. Empezó a gobernar el 16 de octubre de 1849 y, desde el vamos, en Guayaquil se concertaron planes para deponerlo. Es sobre una de esas tratativas, por las que Aguirre se escribe:

“Con este objeto se volvió a pensar en un Gobierno Provisorio y para componerlo llamó Urvina a su concuñado, el Dr. Aguirre, que había sido uno de los más opuestos a la revolución. Díjole, que consumada la revolución, los buenos patriotas debían interesarse en dirigirla; que un Gobierno compuesto del General Elizalde, del Sr. Novoa [sic] y del mismo Aguirre, inspiraría confianza a toda la población, con lo cual la República marcharía en el mejor orden, y para persuadir a su concuñado, quiso halagarle diciéndole que en el Gobierno podía contar con la amistosa deferencia del General Elizalde, lo que le daría siempre la mayoría en las deliberaciones. Aguirre se negó rotundamente, con lo cual quedó frustrado el proyecto del Gobierno Trino” (1).

Fuente: Bosquejo histórico de la República del Ecuador



Aguirre Abad se negó rotundamente, pero la “revolución” finalmente se hizo el 20 de febrero de 1850 y proclamó a Diego Noboa como Jefe Supremo. Esto, al historiador Aguirre no le extrañaba, pues era “cosa que debía esperarse de un hombre [Noboa] que siempre había aspirado a Gobernar la República, o al menos Guayaquil, y que no reparaba en la inmoralidad de semejante revolución” (2).

A Noboa se le puede aplicar el dicho “Quien a hierro mata, a hierro muere”, porque él a su vez fue depuesto por José María Urbina al año siguiente. El 17 de julio de 1851, cuando pretendía desembarcar en Guayaquil, lo recibieron…

“…dos esquifes armados a los comandantes Cornejo y Torres, para que lo aprendiesen [al Presidente Noboa] en el río y lo depositasen en el barquito de Guerra, que estaba frente a la ciudad. Los comisionados ejecutaron estas órdenes con toda puntualidad. Seguidamente le hicieron partir a Centro América en el mismo buque, en vez de recibirle con los arcos triunfales que su sobrino el Gobernador Carvo [sic] le tenía preparados” (3).
 
De la narrativa de estos hechos, de los que Aguirre fue parte, extrae como historiador una moraleja en relación con el triunfo fugaz de Noboa:

“La Historia no debe omitir la relación de hechos, que pasados en la oscuridad de la familia, sirven para hacer conocer la verdad y para formar un juicioso concepto del carácter y conducta de los hombres que por medios tortuosos y mezquinos logran elevarse al poder” (4).

(1) Aguirre Abad, Francisco Xavier, Bosquejo histórico de la República del Ecuador, Corporación de Estudios y Publicaciones, Guayaquil, 1972, p. 366. En el libro se coloca una nota al pie después de la primera mención del apellido en la que explica: “Es el autor mismo”.
(2) Ibíd., p. 363.
(3) Ibíd., p. 375. El problema de la estrategia de Noboa era su congénita debilidad: “Buen vecino, inmejorable padre de familia, habría sido verdaderamente feliz si su invencible ambición no le hubiese descarriado. La pretensión de mandar era en él una especie de monomanía. Hombre mediano, se creía grande sin tener para serlo ni malas ni buenas cualidades. Impelido por su manía nunca reparaba en los medios de satisfacerla. Se ligó con jóvenes militares calaveras, para subir a la Presidencia, no comprendiendo, que sólo les servía de biombo, pues mal podía pensar que esos jóvenes le guardaban lealtad, como a Presidente de la República, cuando habían sido desleales al Vicepresidente constitucional Ascázuvi [sic] elevado legítimamente a ese puesto, por la voluntad nacional y no como él por revoluciones de cuarteles. No debía pues extrañar, que esos mismos cuarteles lo destituyesen, puesto que él mismo había dado a los Caudillos militares el derecho de hacer y deshacer Presidentes”. Tras su destitución, Noboa se retiró de la vida política de manera definitiva. Murió en Guayaquil en 1870.
(4) Ibíd., p. 373.

38 muertos y una mentira (excusable) de Yei Yei

8 de noviembre de 2016

Si uno lee el mensaje que el cabildo del Guayaquil republicano remitió a José de San Martín acerca de su independencia, redactado y firmado por José Joaquín (‘Yei Yei’) de Olmedo, a nombre de la provincia declarada independiente, uno se encuentra con lo siguiente:

“Al amanecer del día 9, brilló para nosotros la aurora de libertad. El pueblo, unido a la tropas de esta plaza, ha proclamado la Independencia de esta Provincia. Este plausible acontecimiento, tanto tiempo há suspirado por todos los buenos vecinos de esta ciudad, se ha verificado con tal orden, que ni una sola gota de sangre ha salpicado el estandarte de la libertad. Nuestros puertos, como nuestros brazos, están abiertos para nuestros hermanos y amigos, que deben ayudarnos a mantener nuestra revolución, que se ha realizado, no con tumultos ni muertos, sino con una fiesta pública” (1).

El Municipio de Guayaquil ha admitido (de manera implícita) que Olmedo mintió en este mensaje a San Martín. En rigor, siempre se tuvo noticia de que en los hechos iniciados en la madrugada del lunes 9 de octubre de 1820, que desembocaron en la independencia de Guayaquil, hubo cuando menos un muerto, el militar español Joaquín Magallar, hecho que de por sí invalidaba la afirmación hecha por Olmedo de “ni una sola gota de sangre” (2). Unos documentos del Consejo de Guerra realizado en España en 1823 por la pérdida de Guayaquil (encontrados por el historiador Enrique Muñoz Larrea en el Archivo Militar del Alcázar de Segovia, el año 2010) revela que hubo más muertos: fueron 38 en la asonada del 9 de octubre. El municipio de Guayaquil se ha comprometido a publicar estos documentos a partir del año 2017 (3).

La historia del Guayaquil revolucionario le ha dado la razón a Cioran, quien decía que en las “proclamas de la época, muy bien”, pero que lo clave era la lectura de “las memorias de los que vivieron esos acontecimientos” para darse cuenta “de que fueron espantosos”, no una “fiesta pública” como sugirió nuestro bardo par excellence. Este hallazgo sobre del Consejo de Guerra y los 38 muertos ocurridos durante la gesta de octubre contradicen la fiesta de la libertad dibujada por la pluma de Olmedo (4).

En eso de las proclamas falaces, nuestro bardo revolucionario no fue excepción.

(1) Guevara, Darío 1958, Olmedo. Actor y cantor de la gran epopeya libertadora de América’, Editorial Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, p. 163.
(2) El venezolano Urdaneta fue quien le dio chicharrón a Magallar.
(3) Hallazgo de documentos dan giro a relatos de independencia de Guayaquil’, Diario El universo, 17 de octubre de 2016; ‘Texto municipal sobre Guayaquil omite relevantes hechos históricos’, Diario El telégrafo, 20 de octubre de 2014. De interés resulta la respuesta de Calvin Huecos a esta última publicación, escrita en su habitual estilo aparatoso (es como un Pocho Harb de la narrativa histórica): ‘Falsedades, desinformación y desatinos, en un artículo que se pretendió usar con fines políticos nuestra historia’ (con errores básicos en su redacción, evidenciados desde el título, o en el uso de “concejo” por “consejo” [referido al Consejo de Guerra de 1823] o de “adefecio” por “adefesio”. O sea, un auténtico adefesio).
(4) 'Los espantos de la independencia de Guayaquil', Xavier Flores Aguirre, 24 de enero de 2016. En ese 1820, un día como hoy, 8 de noviembre, se organizó la Provincia Libre de Guayaquil y cesó en sus funciones Gregorio Escobedo. En palabras del historiador Aguirre Abad: “Organizado el Gobierno cesó la tiranía de Escobedo, que se había mostrado sanguinario, haciendo fusilar a un fraile de San Juan de Dios y dos y tres españoles más, sospechados de conspiraciones realistas”: Aguirre Abad, Francisco Xavier 1972, 'Bosquejo histórico de la República del Ecuador', Corporación de Estudios y Publicaciones, Guayaquil, p. 182. Es una lástima que no existan tantas “memorias de los que vivieron esos acontecimientos” como para recrear el clima de la ciudad en esos días revolucionarios. Un intento de recuperar memorias de esa época ha sido hecho desde la interesante perspectiva de una esclava, Angela Batallas: v. Townsend, Camille, ‘“Half my body free, the other half enslaved”: The politics of the slaves of Guayaquil at the end of the colonial era’.

El 2 de agosto de 1810

2 de agosto de 2016

En una columna que publicó en diario El comercio con ocasión del bicentenario del 2 de agosto de 1810, Jorge Salvador Lara (el historiador por excelencia de la derecha serrana conservadora) repitió la sospecha frecuente sobre la masacre que esa fecha conmemora: el que las autoridades españolas “al parecer planearon eliminarles” (1).

Esta sospecha, sin embargo, la ha rebatido un historiador informado como Aguirre Abad (1808-1882). En su ‘Bosquejo histórico de la República del Ecuador’, Aguirre subraya la injusticia de atribuirle este crimen atroz a los españoles (“No por esto debe creerse, que en las matanzas del 2 de Agosto tuvo el Gobierno directa ni indirectamente la menor parte, como lo han pretendido algunos escritores patriotas, que dominados por el espíritu de partido no siempre han sido justos con los españoles”) y señala un culpable concreto de la masacre del 2 de agosto:

“Rescatado de este modo el cuartel de los limeños, entró el oficial Galud, y el primer objeto que se le presentó a la vista fue el cadáver de su padre muerto por los patriotas en el momento en que trató de rechazarlos. Este espectáculo excitó, como era natural, en el joven Galud la indignación, a tal punto, que ciego de furia dio la orden de matar a los presos, que se ejecutó inmediatamente. Aquello fue una carnicería horrible hecha a hombres indefensos, encadenados todavía muchos de ellos” (2).

Aguirre Abad exaltó el significado de esta fecha para la historia: “Salinas, Morales, Quiroga, Arenas, el presbítero Riofrío, Dn. Juan Vinueza, Dn. Juan Larrea, Guerrero, Dn. Manuel Cajiao, Dn. Mariano Villalobos, Dn. Anastacio Olea, Dn. Vicente Melo, un tal Tobar y una esclava de Quiroga fueron las primeras víctimas que con su sangre pusieron los cimientos de la Independencia de Sur América” (3). Pero se preocupó de señalar que sus muertes no fueron un designio de las autoridades españolas que todavía dominaban esta región del extremo Occidente, sino obra de un oficial menor, ofuscado por la muerte de su padre (muerto en la refriega que intentó liberar a los presos luego masacrados), con la voz de mando suficiente para poner en marcha una reacción desproporcionada y sangrienta (4).

(1) Jorge Salvador Lara, ‘2 de agosto de 1810’, Diario El comercio, 2 de agosto de 2010. Nótese cómo los serranos, ni cuando historiadores, se salvan del leísmo. El eliminarles hace referencia al supuesto plan español de darle chicharrón a los presos políticos, los mismos que ese día se buscó (sin éxito) liberar. Sobre Salvador, v. 'Jorge Salvador Lara (Naipe Centralista)', Xavier Flores Aguirre, 24 de julio de 2016.
(2) Aguirre Abad, Francisco Xavier 1972, Bosquejo histórico de la República del Ecuador, Corporación de Estudios y Publicaciones, Guayaquil, pp. 160-163.
(3) Ibíd., p. 161.
(4) El 2 de agosto se dio una sublevación fallida para rescatar a quienes estaban presos por razones políticas de su presidio (del “cuartel de los limeños”, que estaba situado “en el antiguo edifico de los jesuitas que hacía esquina a la Plaza Mayor, y daba frente por un costado al Palacio del Presidente”) cuyo fracaso se debió “a la mala combinación de los que la prepararon, pues no se atacó el cuartel de los santafereños como se había convenido, ni los pelotones del pueblo llegaron a tiempo, como tampoco llegaron las partidas que de los campos vecinos se dirigían a la ciudad y que se retiraron cuando, supieron el mal resultado de la revolución”: Ibíd., pp. 160, 163. Una acción mal hecha, con una reacción peor.

Los espantos de la independencia de Guayaquil

24 de enero de 2016


“Si uno lee los grandes estudios abstractos, las teorías, las proclamas de la época, muy bien; pero cuando se leen las memorias de quienes vivieron esos acontecimientos, se da uno cuenta de que fueron espantosos.”
(Emil Cioran) 
Esta idea de Cioran se aplica a las narrativas oficiales de la historia de la independencia de Guayaquil. Si se lee, por ejemplo, el libro Historia de Guayaquil financiado con nuestros impuestos (que califica para “gran estudio abstracto”) (1), o si se leen las proclamas de la época, que no en vano las escribió el poeta Olmedo. En ellas, uno se encuentra con un proceso de independencia libre de mácula. Una historia de gente feliz.

Por eso, hay que tener claro que esos dos documentos están orientados a falsear la verdad, porque no sirven a los hechos, sino a un mensaje que quieren transmitir: en el caso de la historia oficial de Guayaquil pagada por la Alcaldía de la ciudad es un propósito de adoctrinamiento político a mayor gloria del PSC/MdG; en el caso de las proclamas de la época, el propósito es lisonjear la gesta para mayor gloria de la idea de libertad.

Por eso, como dice Cioran, lo que revela la época realmente es la lectura de “las memorias de quienes vivieron esos acontecimientos” para darse cuenta “de que fueron espantosos”. Hay tres relatos de quienes vivieron los acontecimientos del 9 de octubre de 1820: los de José María Villamil y Joly, Manual Antonio Fajardo y Vicente Ramón Roca (puesto en limpio por su hijo Juan Emilio). Y, al menos, un reputado historiador guayaquileño, Francisco Xavier Aguirre Abad, fue contemporáneo de esos hechos y tuvo trato personal con muchos de sus participantes. A partir de sus narrativas, de sus impresiones en primera persona de un período clave de la historia de la ciudad, se puede construir un relato de los espantos de la época de la independencia. Vaya en adelanto el que Aguirre consideraba al peruano Gregorio Escobedo, quien fuera el primer presidente de la Junta de Gobierno del Guayaquil independiente, “hombre dispuesto a todo lo que pudiera darle medios para satisfacer sus vicios” (2).

(1) Guayaquil, la aldeana’, Xavier Flores Aguirre, 26 de diciembre de 2015.
(2) Aguirre Abad, Francisco Xavier 1972, Bosquejo histórico de la República del Ecuador, Corporación de Estudios y Publicaciones, Guayaquil, p. 178. Al arequipeño Gregorio Escobedo, Guayaquil lo recuerda con una calle en cuya intersección con Junín (y sobre esta última) quedaba la ya extinta picantería ‘Mini-Rico’, en la que a mediados de los noventa acometí por vez primera ese constitutivo acto de guayaquileñidad que es la jama de encebollado.

El negocio de las drogas (ft. 'el Coco')

11 de enero de 2016


Para triunfar en el negocio de las drogas debes tener nulos escrúpulos (1). Eso incluye, por supuesto, a los notorios narcos como ‘el Chapo’ Guzmán, de quien se conoce su frialdad para dispararle un tiro en la cabeza a quien haya cometido un error en un envío de las sustancias (2).

Pero en el negocio de las drogas, los que menos escrúpulos tienen son los que las mantienen ilegales. Porque, a diferencia del vulgo, que es manipulable a través del miedo, los que sostienen la prohibición son personas que no pueden no darse cuenta del fracaso de su iniciativa y de que la misma produce más muertes de las que contribuye a evitar, además de un profundo deterioro institucional y una corrupción rampante. Todo eso, por razones de mercado. Prohibition is profit.

La derrota de la razón en una sociedad es cuando se normaliza el que esto, o sea, el fracaso de la iniciativa, el número brutal de muertos que causa, el deterioro de las instituciones y la corrupción generalizada, sea preferible a una hipótesis de libertad (debidamente regulada) de consumo y comercio. Porque esa hipótesis es el Coco (3).

(1) Como fue el negocio de la conquista de América. Aguirre Abad se pregunta en su Bosquejo histórico, en relación con esa época: “¿Cuándo ha sido, sino muy rara vez, y para oprobio de la especie humana, que la audacia, la perfidia y la crueldad, no han triunfado en este mundo, de la moderación, la buena fe y la humanidad?”: v. Aguirre Abad, Francisco Xavier 1972, Bosquejo histórico de la República del Ecuador, Corporación de Estudios y Publicaciones, Guayaquil, p. 101. Como cualquier implacable capitalista lo sabe por experiencia (y cualquier observador informado puede acreditarlo) esa es la lógica de muchos emprendimientos comerciales, en particular, en países con un capitalismo de privilegiados. Al final del día, ‘El Chapo’ opera como un empresario self-made man, un implacable e hijo de puta empresario.
(2) Sean Penn, El Chapo speaks, Rolling Stone, 9 de enero de 2016. Una traducción al español de la entrevista, en: Entrevista completa de Sean Penn a ‘El Chapo’ Guzmán, El Diario de Yucatán, 11 de enero de 2016.
(3) “¿Sabes tú, niño / qué quiere el coco?: / que tengas miedo / ni mucho ni poco”: Folklore infantil.