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Carrión renuncia

21 de febrero de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 21 de febrero de 2025.

El primer Presidente Constitucional elegido por la voluntad popular fue el lojano (natural de Cariamanga, nacido en 1804) Jerónimo Carrión Palacio. En su vida pública, él había sido diputado a las convenciones nacionales de 1845 y 1852, gobernador del Azuay durante la presidencia del guayaquileño Vicente Ramón Roca Rodríguez y vicepresidente durante la presidencia del guayaquileño Francisco Robles García (1856-1859) para luego convertirse en su detractor por integrar el triunvirato de gobierno que surgió en Quito (conformado, además, por el guayaquileño Gabriel García Moreno y el riobambeño Pacífico Chiriboga Borja) en los tiempos de la guerra civil de 1859-1860.

De aquella guerra civil emergió una figura que dominó la época hasta su muerte en 1875: Gabriel García Moreno. Una convención nacional, convocada por García Moreno en calidad de jefe supremo, se reunió en Quito entre el 10 de enero y el 3 de abril de 1861. Esta convención dictó una Constitución que reemplazó a la promulgada en 1852 en los tiempos del general Urbina y eligió Presidente Constitucional de la República a García Moreno para que gobierne hasta el 30 de agosto de 1865. 

Bajo el imperio de la Constitución de 1861, unos días antes de concluir el período presidencial de García Moreno, el 15 de mayo de 1865, se celebró la primera elección presidencial directa en la historia de la República del Ecuador, a fin de elegir a su reemplazo (la Constitución impedía la reelección). El reemplazante fue el candidato auspiciado por el gobierno nacional (dando inicio a una larga tradición), elegido de una forma arrasadora (más del 70% de la votación, aunque el universo de votantes era de alrededor del 3% de los ecuatorianos). Ese hombre fue Jerónimo Carrión. 

Carrión empezó su período de gobierno el 7 de septiembre de 1865 pero no lo concluyó. García Moreno lo había elevado a la presidencia y García Moreno intervino para sacarlo a Carrión de ella. 

García Moreno era persona dominante y autoritaria, mientras que Carrión era su opuesto, de carácter débil y timorato. Para García Moreno, el que Carrión haya pretendido un gobierno del Ecuador respetuoso de la Constitución y las leyes, de las instituciones y las garantías de las personas, que haya permitido la libertad de prensa, eran errores que debían ser corregidos.

Hacia finales de 1867, Gabriel García Moreno se trasladó de Guayaquil a Quito para maniobrar y proponerle a Jerónimo Carrión que renuncie a la presidencia, por la falta de apoyo que tenía y como único remedio para salvar a la República. De acuerdo con Benjamín Carrión, en su biografía de García Moreno “El Santo del Patíbulo”, publicada en 1959, un militar de apellido Sáenz le dejó al presidente Carrión un recado: “manda a decir el señor García Moreno que desocupe la presidencia de la Republica, porque él la necesita para otra persona”.  

Le hizo caso. Quien fuera el primer Presidente Constitucional de la República elegido por la voluntad popular, fue también el primero en desentenderse de tan alto cargo. Carrión envió su renuncia al Congreso el 6 de noviembre de 1867 y se retiró de la vida política para siempre.

Carrión murió en Quito, en tiempos todavía garcianos, el 5 de mayo de 1873.  

Reelecciones presidenciales consecutivas

24 de enero de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 24 de enero de 2025.

En la historia política del Ecuador existen cuatro casos de presidentes que han sido reelectos para gobernar de forma consecutiva: el venezolano Flores, Velasco Ibarra, García Moreno y Correa. Únicamente Correa logró concluir los períodos de gobierno para los que fue reelecto.

En el caso de Juan José Flores, los dos períodos de gobierno consecutivos debieron abarcar doce años, entre 1839 y 1851. Sin embargo, ninguno de sus períodos de gobierno concluyó como previsto en la Constitución. Durante el período de gobierno entre 1839 y 1843, Flores acometió, en octubre de 1842, un autogolpe de Estado para convocar a una convención nacional que dicte una nueva Constitución, a su gusto. 

Se reunió la convención en 1843 y Flores la pudo poblar de adictos suyos; la convención decidió su reelección y determinó que el presidente debía demorar ocho años. Flores empezó su segundo período en 1843 y debió gobernar hasta 1851, pero la revolución marcista truncó su período de gobierno: lo sacó de circulación en junio de 1845 y lo mandó al exilio.

En el caso de Gabriel García Moreno, él no sólo no pudo completar ningún período de gobierno; el segundo no pudo siquiera empezarlo. García Moreno hizo un golpe de Estado en enero de 1869 y en seguida convocó a una convención nacional para que dicte una Constitución a su gusto.

La convención se reunió en 1869 y García Moreno la pudo poblar de adictos suyos; ella determinó que el presidente debería demorar seis años en el ejercicio del poder y lo eligió presidente a García Moreno. Él debió gobernar hasta el 10 de agosto de 1875. 

La reelección consecutiva de García Moreno se votó entre el 3 y el 5 de mayo de 1875. Resultó elegido con un avasallador 99.1% de los votos. Pero el presidente García Moreno no pudo empezar este segundo período, porque lo mataron antes de iniciarlo. A cuatro días de concluir su período de gobierno, el 6 de agosto de 1875, García Moreno fue asesinado a la vera del Palacio de Carondelet.

Para el singular Velasco Ibarra, su reelección ocurre en las únicas dos elecciones en las que no intervino la voluntad popular. La revolución gloriosa de mayo de 1944 lo condujo al poder y el 10 de agosto fue designado presidente por una convención nacional para el período 1944-1948. Velasco interrumpió el período por un autogolpe de Estado en marzo de 1946, tras el cual convocó a una convención nacional que hizo una Constitución a su gusto y que lo eligió presidente (en liza con Manuel Elicio Flor) el 11 de agosto de 1946. Debió completar el período 1944-1948, pero en esta segunda oportunidad tampoco lo concluyó, pues en agosto de 1947 lo interrumpió la sublevación del coronel Mancheno Cajas.  

Rafael Correa era presidente en funciones, electo por la voluntad popular para el período 2007-2011, cuando lo interrumpió para convocar a una convención nacional a fin de que dicte una Constitución a su gusto, que entró en vigor el 20 de octubre de 2008. Bajo este marco constitucional se postuló a la reelección en 2009 para el período 2009-2013, que ganó con el 51.99% de los votos, y nuevamente en 2013 para el período 2013-2017, que ganó con el 57.17%. Rara avis: Concluyó los dos períodos de gobierno para los que fue reelecto.

Paradoja de Velasco Ibarra

11 de octubre de 2024

            Publicado en diario Expreso el viernes 11 de octubre de 2024.

Nadie en la historia del Ecuador ha sido tan aclamado y exitoso como líder democrático, como el quiteño José María Velasco Ibarra (1893-1979). También: Nadie en la historia del Ecuador intentó tantas veces ser dictador y tantas veces con éxito, como él. 

Entre las décadas de los treinta y los setenta, Velasco Ibarra fue la figura estelar de la cartelera democrática. Participó en cinco elecciones para la Presidencia de la República y fue elegido en cuatro oportunidades (únicamente perdió la elección de 1940, frente a Carlos Arroyo del Río). Por la vía democrática, nadie ha sido elegido tantas veces como él.

En su primera elección para la Presidencia de la República, en diciembre de 1933, Velasco Ibarra triunfó. Empezó su administración el 1 de septiembre de 1934 y la concluyó el 20 de agosto de 1935, cuando se precipitó “sobre las bayonetas” según su propio decir. Fue la primera vez que buscó la dictadura, la única en que fracasó en el intento.

La segunda vez que Velasco Ibarra ejerció la Presidencia de la República no llegó por la vía electoral pues en su segunda elección popular perdió frente a Carlos Arroyo del Río, quien no terminó su período porque se lo impidió la Revolución Gloriosa de mayo de 1944, que lo condujo a Velasco Ibarra a la Jefatura Suprema y, después, a la Presidencia de la República, bajo la consigna “Todo el poder a Velasco”.

Fruto de la Revolución Gloriosa se organizó una Asamblea Constitucional que designó el 10 de agosto de 1944 presidente a Velasco Ibarra y que produjo en marzo de 1945 una Constitución. A Velasco Ibarra le disgustó la idea de gobernar co esta Constitución, por lo que el 30 de marzo de 1946 tentó la dictadura nuevamente. Esta vez con éxito. 

Como dictador, Velasco Ibarra convocó a una nueva Asamblea Constitucional, que lo volvió a designar a él presidente el 10 de agosto de 1946 y que produjo a fines del año 1946 otra Constitución, que sí fue del agrado del dictador. Velasco Ibarra gobernó hasta que el golpe de Estado del coronel Mancheno Cajas lo obligó a renunciar el 23 de agosto de 1947.

La siguiente presidencia de Velasco Ibarra, entre 1952 y 1956, fue el fruto de una elección popular celebrada en junio de 1952 y fue el único período que Velasco Ibarra logró concluir en su dilatada vida política. 

La tercera vez que fue elegido presidente por elección popular fue en junio de 1960. Empezó a gobernar el 1 de septiembre de aquel año y concluyó su período por un golpe de Estado militar el 7 de noviembre de 1961. 

La cuarta y última vez que Velasco Ibarra fue elegido presidente por la vía electoral fue en junio de 1968. Volvió a tentar la dictadura, nuevamente con éxito. El 22 de junio de 1970, Velasco Ibarra se declaró dictador y gobernó por poco menos de dos años. El 15 de febrero de 1972 los militares lo sacaron del poder en un golpe de Estado que pasó a la historia como el “Carnavalazo”.

En materia de dictadura, Velasco Ibarra la intentó tres veces (líder máximo de la categoría) y consiguió ser dictador en dos oportunidades (más que cualquiera).

El saldo de cinco décadas de vida política arroja la paradoja de Velasco Ibarra: el más exitoso líder democrático del Ecuador es el mayor practicante de la dictadura. 

El tercer período

28 de junio de 2024

            Publicado en diario Expreso el viernes 28 de junio de 2024.

Una de las cosas que más molestaba a Gabriel García Moreno de la Constitución de 1861, bajo cuyo imperio tuvo que gobernar durante su primera presidencia (1861-1865), era la imposibilidad de la reelección inmediata. Su artículo 62 decía: “El Presidente y Vicepresidente no podrán ser elegidos sino después de un período”.

Cuando pudo (y García Moreno pudo en 1869, tras un golpe de Estado en enero de ese año) cambió las normas de la reelección en una nueva Constitución que se adoptó en Quito por adictos suyos (tan adictos suyos, que varios asambleístas eran incluso funcionarios de su administración) y hecha a la medida de sus deseos delirantes. A esta Constitución (la novena para un Estado fundado en 1830) se la motejó como la “Carta Negra” y es recordada porque supeditaba la condición de ciudadano (el ámbito civil) a la profesión de la fe católica (el ámbito religioso). 

La nueva Constitución estableció un período largo de gobierno (un sexenio) y la posibilidad de reelegirse de manera inmediata. El artículo que reemplazaba al anterior era el 56, que decía: “El Presidente de la República durará en sus funciones seis años y terminará en el día señalado por la Constitución. Podrá ser elegido para el período siguiente; mas para serlo por tercera vez, deberá mediar entre ésta y la seguida elección el intervalo de un período”. El día señalado por la Constitución era el 10 de agosto de 1875. 

La asamblea constitucional de adictos suyos lo escogió presidente y García Moreno gobernó entre 1869 y 1875 y, en este último año, optó por aplicar lo dispuesto en el artículo 56 y lanzarse a la reelección inmediata. Las elecciones se celebraron entre el 3 y 5 de mayo de 1875 y el pueblo decidió de manera avasalladora (99.1%, sumando 22.529 votos -el segundo lugar, el lojano José Javier Eguiguren obtuvo 89 votos) que el conservador García Moreno debía continuar siendo el presidente de la República para un nuevo sexenio (1875-1881). Su período concluía el 10 de agosto de 1875 y empezaba uno nuevo a día siguiente. Iba a ser su tercero. Si lo llegaba a cumplir, Gabriel García Moreno habría gobernado, sumados todos sus períodos de gobierno, por un total de dieciséis años.

Pero uno de los tres presidentes del Ecuador reelegidos de manera consecutiva (los otros son J. J. Flores y Correa), no llegó siquiera a asumir ese tercer período. Un puñado de liberales decidieron que no iba y lo mataron el 6 de agosto de 1875, al pie del Palacio de Carondelet.

Así, ningún presidente ecuatoriano ha podido completar tres períodos enteros de gobierno, ni consecutivamente ni de ninguna otra forma (la lista de presidentes que han gobernado por tres períodos o más es exigua: J. J. Flores, García Moreno, Velasco Ibarra y Correa). Un magnicidio, el advenimiento de una asamblea constituyente, la revolución marcista de 1845, o los constantes y variopintos golpes de Estado… Nunca se ha podido completar tres períodos presidenciales enteros. Siempre, en el Ecuador, pasa algo. 

A García Moreno le pasó que él no pudo siquiera empezar el tercer período diseñado en la Constitución que se hizo a su medida. Lo mataron a escasos cuatro días de intentarlo, poniéndole fin a su delirante sueño conservador.  

Los años sin el presidente García

8 de marzo de 2024

            Publicado en diario Expreso el viernes 8 de marzo de 2024.

El cariamanguense Jerónimo Carrión debió ocupar la presidencia de la República entre 1865 y 1869. Tal responsabilidad era agravada pues, tras la entrada en vigor de la séptima Constitución del Estado en 1861, se eliminó el voto censitario para la elección de las autoridades y es así que Carrión fue el primer presidente elegido por (aunque sea una ínfima porción de) la voluntad popular. Empezó su período de gobierno en septiembre de 1865. 

Pero Carrión ocupó la presidencia poco más de la mitad de su período de gobierno, pues en noviembre de 1867 fue también el primer presidente que decidió renunciar a su cargo. Tras un breve interinazgo y la celebración de elecciones en enero de 1868, a Carrión lo reemplazó para el resto de su período presidencial el quiteño Javier Espinosa. Él empezó a gobernar en enero de 1868, pero duró menos que el anterior: a Espinosa lo tumbó un golpe de Estado perpetrado en enero de 1869, antes de cumplir un año en el ejercicio del cargo.

Para entender la suerte de Carrión y Espinosa, se debe considerar la guerra civil de 1859-1860 y la emergencia en ella de la figura señera del guayaquileño Gabriel García Moreno, quien dominó la escena política desde entonces hasta su muerte en 1875. La suerte sufrida por los presidentes Carrión y Espinosa ocurrió en los años del período “garciano” en los que García no fue la máxima autoridad. Allí se perdieron. 

En mayo de 1859, García apareció como el presidente de la Junta de Notables constituida en Quito para tumbar al gobierno constitucional del guayaquileño Francisco Robles, compuesta también por Jerónimo Carrión y Pacífico Chiriboga. Robles debió gobernar entre 1856 y 1860, pero cometió el error de trasladar la capital de Quito a Guayaquil. Ardió Troya.

Tras la caída de Robles y el triunfo del bando de García en la guerra civil, se reunió en Quito una convención nacional que dictó la Constitución de 1861 y eligió a García como presidente de la República para el período 1861-1865.

García cumplió su período de gobierno, pero siempre consideró que la Constitución de 1861 y las leyes vigentes eran “insuficientes para impedir el mal y para hacer el bien”. Cuando concluyó su período en 1865, García procuró el triunfo del candidato del oficialismo, es decir, de Jerónimo Carrión, su compañero en la Junta de Notables y vicepresidente de Robles hasta que saltó a la Junta. Cuando el presidente Carrión se hartó de las presiones de García y sus conmilitones, puso su renuncia. 

Se convocó a elecciones en enero de 1868 y nuevamente una ínfima porción del electorado designó al presidente. Resultó elegido Javier Espinosa, que empezó a gobernar en enero de 1868 y duró hasta el enero siguiente, cuando García se decidió por un golpe de Estado para evitar el triunfo del liberalismo (con la candidatura de Aguirre Abad) y para conducir al Ecuador por los caminos de su delirio conservador.

García organizó una convención nacional en Quito, que dictó la Constitución de 1869 y lo eligió presidente de la República para el período 1869-1875. Entre las presidencias de García, Carrión y Espinoza gobernaron supeditados a él. Al período de gobierno “garciano” sólo lo podía, y sólo lo pudo acabar, la muerte de su demiurgo.

Alfaro en Quito

12 de enero de 2024

            Publicado en diario Expreso el viernes 12 de enero de 2024.

Cuando Eloy Alfaro entró en Quito el 4 de septiembre de 1895, ello significó el triunfo de la revolución liberal. Él había dicho en una proclama a inicios de ese año que únicamente “a balazos dejarán vuestros opresores el poder que tienen únicamente por la violencia. […] Marcho, pues, en vuestro auxilio para participar en las penalidades de la campaña y tener la honra de conduciros al combate y a la victoria”. (Proclama de Managua, 5 de febrero). Alfaro triunfó a balazos, gobernó como Jefe Supremo y convocó a una Asamblea Constitucional que lo eligió primero Presidente interino (el 9 octubre de 1896) y después Presidente Constitucional (el 17 de enero de 1897). 

Cuando terminó su primera Presidencia Constitucional (1897-1901), Alfaro impuso a otro militar manabita como su sucesor, el general Leónidas Plaza. Cuando Plaza concluyó su período presidencial (1901-1905) impuso a su sucesor, el comerciante y banquero Lizardo García, quien debía gobernar entre 1905 y 1909. Pero Alfaro no estuvo de acuerdo con esta elección y le tomó los primeros diecisiete días del año 1906 para concluir un golpe de Estado y entrar nuevamente en Quito, el 17 de enero de 1906, para imitar el proceso de 1895: tras el triunfo por las armas convocó a una Asamblea Constitucional que lo eligió primero Presidente interino (el 9 de octubre de 1906) y después Presidente Constitucional (23 de diciembre de 1906).  

Fue en esta segunda Presidencia Constitucional (1906-1911) que Eloy Alfaro concluyó la emblemática obra del ferrocarril, por la que es recordado por todo ecuatoriano. Alfaro había decidido que, una vez concluido su período, lo sucedería el comerciante y banquero Emilio Estrada, pero luego se arrepintió por la frágil salud de éste. 

Estrada empezó su período de gobierno el 1 de septiembre de 1911 y 111 días después estaba muerto de un infarto. El 22 de diciembre de 1911 lo reemplazó en el ejercicio de la máxima autoridad ejecutiva Carlos Freile Zaldumbide, pues la Constitución de 1906 ordenaba que en caso de faltar el Presidente Constitucional lo subrogaría el “último Presidente de la Cámara del Senado” (Art. 71).

A inicios del año 1912, Eloy Alfaro se hallaba en Panamá, desterrado por el gobierno de Freile Zaldumbide. Pero el 4 de enero, Alfaro volvió al Ecuador para intentar un nuevo Golpe de Estado que lo conduzca a Quito para gobernar. 

Nuevamente corrió sangre en el Ecuador: tras bravos enfrentamientos en Huigra, Naranjito y Yaguachi, el número aproximado de muertos de la guerra civil de enero de 1912 ascendió a unos 3.000. Un número alto, incluso para un país acostumbrado a las imposiciones por la fuerza como el Ecuador.

Alfaro volvió a entrar en Quito, pero a encontrar la muerte. Perdedor en la guerra civil, se lo trasladó de Guayaquil a Quito en su emblemática obra. Una vez allá, fue reducido a prisión en el Panóptico y en una de sus celdas fue vilmente asesinado. El 28 de enero de 1912 sus despojos fueron arrastrados, burlados y humillados, para terminar incinerados en un parque de la capital, en un episodio conocido como “la hoguera bárbara”. 

Quito, ciudad en la que Alfaro entró victorioso en dos ocasiones, cuando su tercer intento, cobró su venganza de él y en él.

Elogio de un político conservador

27 de octubre de 2023

            Publicado en diario Expreso el viernes 27 de octubre de 2023.

Eloy Alfaro y sus huestes perpetraron el 1 de enero de 1906 un golpe de Estado contra el gobierno del Presidente Lizardo García (cuyo gobierno había empezado el 1 de septiembre de 1905). Tras una campaña fulminante que concluyó el 17 de enero con la entrada de Alfaro y su personal en Quito, este golpe de Estado significó, entre otras cosas, la eliminación de la Vicepresidencia de la República por cuarenta años. 

En este período sin Vicepresidente de la República (1906-1946) ocurrieron el período más estable de la política ecuatoriana hasta ese momento (los gobiernos consecutivos de Plaza, Baquerizo y Tamayo entre 1912 y 1924) y el período más inestable de la política ecuatoriana de todos los tiempos (1924-1948), con más de treinta máximas autoridades del Poder Ejecutivo (incluidas dos juntas de gobierno) en 24 años, en los que ningún presidente elegido por la voluntad popular concluyó su período (fueron cinco, y uno ni siquiera llegó a posesionarse).

Esta columna es la muy breve historia de cómo el retorno de la Vicepresidencia de la República en 1946 permitió que concluya el período de mayor inestabilidad política del Ecuador. 

Velasco Ibarra fue elegido Presidente Constitucional en seis ocasiones: cuatro por la voluntad popular y dos por Asambleas Constitucionales. En la segunda ocasión que una Asamblea Constitucional eligió a Velasco Ibarra, ese órgano aprobó el 31 de diciembre de 1946 una Constitución que recuperó la Vicepresidencia de la República. Esta Asamblea Constitucional fue conservadora y eligió para Vicepresidente de Velasco Ibarra a Mariano Suárez Veintimilla, presidente del Partido Conservador.

Velasco Ibarra fue designado Presidente para el período 1946-1948, pero el 23 agosto de 1947 se sublevó una parte del Ejército comandada por el coronel Mancheno, Ministro de Defensa de Velasco Ibarra, que lo obligó a renunciar. Cuando el golpe de Estado de Mancheno fracasó, como Velasco Ibarra ya había renunciado, debió asumir la Presidencia Suárez Veintimilla. Y entonces la institución de la Vicepresidencia probó su utilidad.

Siendo el primer conservador que asumía la Presidencia desde que Alfaro entró en Quito en 1895, Suárez empezó su gobierno el 3 de septiembre de 1947 con el compromiso de renunciar en seguida, para permitir a un Congreso Extraordinario la designación de un Vicepresidente de consenso quien, concretada la renuncia del Presidente Suárez, debía reemplazarlo y conducir un período de transición para desembocar en la primera elección popular organizada por un órgano electoral independiente. Ese Vicepresidente de consenso fue Carlos Julio Arosemena Tola. El período presidencial de Suárez concluyó el 16 de septiembre, para un total de trece días de gobierno.   

Tras el retorno de la Vicepresidencia en 1946, ella fue la pieza de sacrificio que permitió destrabar un escenario de conflicto. Este gesto del otavaleño Mariano Suárez Veintimilla, quien en su mensaje al Congreso Extraordinario del 15 de septiembre afirmó que esperaba pasar “a la Historia con caracteres de honor”, impulsó un período de estabilidad en la política ecuatoriana. 

En una política tan emponzoñada como la nuestra, este gesto de Suárez luce extraño, casi surreal.    

Una playa boliviana

13 de octubre de 2023

            Publicado en diario Expreso el 13 de octubre de 2023.

Mientras la República del Ecuador casi se disolvía en el vértigo de la guerra civil ocurrida entre los años 1859-1860, el expresidente José María Urbina salió del país y se exilió en Cobija, un puerto de mar de Bolivia que durante un tiempo se llamó Puerto La Mar (como homenaje al gran Mariscal cuencano José Domingo de La Mar). Mirando una playa de mar boliviano, el expresidente Urbina debió recordar su encumbramiento al poder una década atrás, en 1851. 

En aquel tiempo, el general Urbina capitaneó la tercera interrupción exitosa de un gobierno en la breve historia del Ecuador (casi 21 años de malvivir como Estado). Justificó su golpe de Estado en un supuesto apoyo del Presidente en funciones a un exPresidente, el general Juan José Flores. Urbina empezó a gobernar como Jefe Supremo, organizó una Convención que lo eligió Presidente Constitucional en 1852 y dictó una Constitución que fue, en esencia, la de 1845 reformada. 

Urbina gobernó como Presidente Constitucional por cuatro años. En 1856, lo sucedió su compadre el general Francisco Robles, a quien el país se le fue para el carajo allá por 1859. 

Durante esos meses que el general Urbina permaneció en Cobija, él habrá pensado (orquestado, maquinado) su retorno al Ecuador. Por esos mismos días empezaron a administrar el Ecuador los conservadores, pues tras la guerra civil emergió el liderazgo autocrático de Gabriel García Moreno y su primera presidencia constitucional (1861-1865). Urbina desafió por las armas al gobierno de García Moreno en varias oportunidades. 

Combatiendo una de las invasiones de Urbina, murió el exPresidente Juan José Flores, de quien Urbina había sido su edecán, y luego fue su enconado enemigo. 

El exagerado temor a que vuelva el exPresidente Urbina fue la justificación que ofreció García Moreno para ejecutar un nuevo golpe de Estado en enero de 1869. De esto se pasó a una Convención que lo eligió Presidente a García Moreno y que dictó una Constitución motejada como la “Carta Negra”, que requería ser católico para ser ciudadano. A su proyecto delirante sólo lo pudo detener su muerte, a tiros y machetazos, en agosto de 1875.

Urbina lo había sobrevivido a Flores, y ahora sobrevivió a García Moreno. Y estaba presto a volver al Ecuador cuando se presente la ocasión. A fines de 1875 se eligió, por voto popular, Presidente a Antonio Borrero; no había pasado ni un año de su gobierno, cuando se sublevó la Comandancia Militar de Guayaquil a cargo del general Ignacio de Veintemilla, con el apoyo del Municipio de la ciudad. 

Se presentó entonces la ocasión: Urbina regresó al Ecuador a apoyar este nuevo Golpe de Estado. Triunfó sobre las tropas del Presidente Borrero en la batalla de Galte en diciembre de 1876.

Formó parte del gobierno, pero se desilusionó cuando Veintemilla se declaró dictador (esta vez por auto-Golpe de Estado) en marzo de 1882. La política ecuatoriana era incorregible, una sucesión de vilipendios y violencias, de abusos sin cuento, un chuchaqui sin fin. Y su tiempo había pasado. Urbina se retiró a la tranquilidad de su residencia, en el centro de esta ciudad.

Unos treinta años después de su exilio en una playa boliviana, en 1891, murió en Guayaquil el Presidente Urbina. 

Los campeones del subdesarrollo

28 de diciembre de 2021

 

Los otros días, buscando una referencia para un trabajo, tropecé con esta simpática ‘Compilación de observaciones finales del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales sobre países de América Latina y el Caribe (1989-2004)’. Para el caso ecuatoriano, el arco temporal del título abarca gobiernos de izquierda (Borja), de derecha (Durán-Ballén), populista (Bucaram), cinturista (Alarcón), medio-descerebrado (Mahuad), humorista rancio (Noboa) y cualquier-cosa-que-Lucio-Gutiérrez-sea (Gutiérrez). Un cóctel variopinto de siete varones (en el medio anduvo también Rosalía Arteaga, pero ella no cuenta salvo como estadística graciosa) que no lograron sacar el país adelante. Mejor dicho, que fracasaron estrepitosamente (si alguna vez lo intentaron) en sacar el país adelante. Porque hasta el 2004, si algo decía la observación final sobre el Ecuador en esta simpática compilación, es que este país era el summun del atraso, los campeones del subdesarrollo.

 

La lectura de la observación final que el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales realizó sobre el Ecuador el año 2004 (pp. 123-132 de la Compilación...es muy instructiva para entender el país pre-correísta. El Comité encontró dos dificultades por parte del Ecuador para el cumplimiento de las obligaciones del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (que es el instrumento que interpreta el Comité). Una de las dificultades no depende de nosotros, pues son los ‘varios desastres naturales, como el fenómeno de El Niño’ [Párr. 8]. Pero la otra dificultad sí depende de las políticas gubernamentales: ‘El Comité nota de que las políticas de ajuste estructural han repercutido negativamente en el goce de los derechos económicos, sociales y culturales de la población, en particular de los grupos de la sociedad marginados y desfavorecidos. Toma nota especialmente del alto porcentaje del presupuesto público anual (cerca del 40%) que se asigna al servicio de la deuda externa, factor que limita fuertemente los recursos disponibles para el logro del goce efectivo de los derechos económicos, sociales y culturales’ [Párr. 9]. Las ‘políticas de ajuste estructural’: ese cuco ha vuelto y calza zapatitos rojos.

 

Pero la parte sabrosa de la observación final es su sección ‘D’, titulada ‘Principales motivos de preocupación’. Es una letanía de fracasos que se extiende varias páginas. Empieza con algo muy de actualidad: ‘El Comité siente preocupación por la falta de independencia del poder judicial y por los presuntos abusos de los derechos humanos cometidos por la magistratura’ [Párr. 10]. Y continúa con una larga serie de cosas que también lo ‘preocupan’ al Comité: la situación de discriminación que sufre la población indígena y el irrespeto de su derecho a la propiedad comunal [Párrs. 11-12], la discriminación en contra de la población afroecuatoriana [Párr. 13], el alto porcentaje de discapacitados y la falta de recursos para atenderlos [Párr. 14], la desigualdad de facto que existe entre hombres y mujeres a pesar de las leyes que garantizan la igualdad [Párr. 15], el alto porcentaje de desempleo [Párr. 16], el hecho de que el salario mínimo sea insuficiente para permitir una vida digna [Párr. 17], la insuficiente tasa de aplicación de normas de higiene y seguridad de los trabajadores [Párr. 18], las restricciones al derecho a la asociación en el Código del Trabajo y la gran cantidad de contratos temporales y subcontratos [Párr. 19], la ‘aguda falta de recursos’ del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social y el que sólo un escaso porcentaje de la población tiene derecho a prestaciones de la seguridad social [Párrs. 20-21], la ‘alta tasa de abusos sexuales, prostitución de menores de 18 años en las zonas urbanas, explotación de niños y la falta de una amplia estrategia para hacer frente a estos problemas’ [Párr. 23], la trata de menores [Párr. 24], el hecho de que la violencia en el hogar sea generalizada y no esté tipificada como delito [Párr. 25], el nivel creciente y persistente de pobreza [Párr. 26], las malas condiciones y la considerable escasez de vivienda y la carencia de viviendas sociales [Párr. 27], el desalojo forzoso de la población indígena de sus tierras ancestrales [Párr. 28], la ‘escasa cobertura, la baja calidad y los insuficientes recursos’ del sistema de salud pública y la falta del goce de las personas de su derecho a la salud [Párrs. 29-30], la alta tasa de analfabetismo y de deserción escolar [Párr. 31], la desaparición de los idiomas indígenas [Párr. 32]. Y deplora (es la única vez que usa ese verbo) el trabajo infantil [Párr. 22]. Son en total 23 párrafos y cuatro páginas para demostrar que el Estado del Ecuador es una verdadera miseria humana con símbolos oficiales.

 

Luego, el Comité se fatiga explicándole al Ecuador las cosas que tiene que hacer para mejorar ese colosal desastre administrativo que es la poza en que ese chancho institucional se goza, en una sección ‘E’ titulada ‘Sugerencias y recomendaciones’. Una sección que contiene 31 párrafos a lo largo de seis páginas, en las que ‘exhorta’, ‘recomienda’, ‘insta’, e incluso ‘pide encarecidamente’ al arisco Estado ecuatoriano que realice una serie de acciones que uno tiene la diáfana certeza de que a las autoridades del Estado le entraron por una oreja y le salieron por la otra.

 

La observación final que cito es el testimonio de que el pre-correísmo era un colosal desastre. Y tiene toda la pinta de ser un mal augurio para el post-correísmo del ‘ajuste estructural’, en el país de los campeones del subdesarrollo.

1979

18 de septiembre de 2021

1979 es un claro parteaguas en la historia política ecuatoriana. 1979 es el año del retorno a la democracia después del período dictatorial más extenso en la ya casi bicentenaria historia de este maltratado(r) Estado. 1979 es el año en que la República del Ecuador hacía reset: se estrenaba una nueva Constitución y a un Presidente joven y progresista, el abogado guayaquileño Jaime Roldós Aguilera.

 

En la política ecuatoriana anterior a 1979 y estas novedades, la democracia fue escasa e inestable. Escasa, porque en los 20 años anteriores al año 1979 y su nueva Constitución y su joven y progresista Roldós, apenas se realizaron dos elecciones presidenciales, que concluyeron en un mismo ganador. En las elecciones de 1960 y de 1968 ganó quien ya había triunfado en las elecciones presidenciales de 1952 y de un lejano 1934, el quiteño José María Velasco Ibarra.

 

E inestable, porque Velasco Ibarra no pudo culminar ninguno de sus períodos de gobierno. El de 1960-1964 lo interrumpió un golpe de Estado en 1961 y el de 1968-1972 lo interrumpió otro golpe de Estado en 1972. En el primer caso, hubo la sucesión del vicepresidente (hasta que un nuevo golpe de Estado encumbró a cuatro milicos en 1963), mientras que en el segundo, un militar tomó el poder para sí, nuestro capocómico Bombita Rodríguez (a Bombita, a su vez, le hicieron un intra-golpe de Estado, que encumbró a otros tres milicos en 1976).

 

A su vez, el propio Velasco Ibarra se había declarado dictador en 1970. Nuestro máximo ícono de la libertad de sufragio, el ostentador del récord de Presidente más veces ganador en las urnas*, el hombre que inauguró la política de masas y que dominó la política electoral del Ecuador por casi cuatro décadas, era un aficionado incurable a la dictadura. En su última Presidencia volvió a procurársela y gobernó el país por espacio de 603 días sin contrapesos políticos oficiales. Fue nuestro último dictador civil (hasta que llegó el receptor post-mórtem de la orden de San Lorenzo, Julio César Trujillo, or the Notorious NCP).

 

En total, en los 20 años precedentes a la organización de los procesos que desembocaron en nuestra décimo séptima Constitución y en el Presidente joven y progresista, el Ecuador había tenido dos golpes de Estado contra un único Presidente elegido en sendas elecciones, una Asamblea Constituyente y una nueva Constitución de la República (nuestra décimo quinta), dos Presidentes de apellido Arosemena, al bueno y barcelonés de Clemente Yerovi y alrededor de doce años de dictadura (v. Tabla I). Casi dos años de dictadura corresponden a un dictador civil, que ocurre que es nuestra gran figura democrática del siglo XX. El resto del tiempo en dictadura gobernaron militares, compuestos en variada forma (junta militar, triunvirato, o en plan Solitario George, como el caso de nuestro capocómico Bombita).

 

Previo a los tiempos de esperanza de 1979 hubo 20 años de derrotas de la democracia, en los que ningún período presidencial se concluyó, el líder demócrata resultó un traidor y la dictadura campeó.

 

Tabla I. Años de dictadura entre 1959 y 1979

Autoridad(es)

Carácter

Duración

Ramón Castro Jijón [presidente], Marcos Gándara Enríquez, Luis Cabrera Sevilla y Guillermo Freile Posso

Militar

11 de julio de 1963-29 de marzo de 1966 [992 días -2 años, 8 meses y 18 días]

José María Velasco Ibarra

Civil

22 de junio de 1970-15 de febrero de 1972 [603 días -1 año, 7 meses y 22 días]

Bombita Rodríguez

Militar

15 de febrero de 1972-11 de enero de 1976 [1426 días -3 años, 10 meses y 25 días]

Alfredo Poveda Burbano [presidente], Guillermo Durán Arcentales, Luis Leoro Franco

Militar

11 de enero de 1976-10 de agosto de 1979 [1307 días -3 años, 6 meses y 28 días]

 

 

Por eso el año 1979 fue una época de esperanza para el pueblo ecuatoriano, con su nueva Constitución votada por el pueblo y por su joven Presidente comprometido con su pueblo. La política ecuatoriana, por supuesto, no tardó nada en arruinarlo todo.

 

* El récord electoral en la carrera a la Presidencia de la República del candidato Velasco Ibarra es 4-1. Ganó en 1934, 1952, 1960 y 1968, pero sólo concluyó el período presidencial 1952-1956. Perdió en la elección de 1940 frente al abogado guayaquileño Carlos Alberto Arroyo del Río. Velasco fue cinco veces Presidente, porque en 1944 fue designado como tal por una Asamblea Constituyente fruto de la llamada ‘Revolución Gloriosa’ que sacó a Arroyo del Río del poder (la venganza de Velasco). En esta oportunidad ocurrió el segundo intento dictatorial de Velasco Ibarra y su primero exitoso, pues desconoció la Constitución de 1945 que había sido el fruto de la Asamblea Constituyente que lo había designado a él como Presidente. El 31 de diciembre de 1946, una nueva Asamblea Constituyente, compuesta por conmilitones suyos, aprobó una nueva Constitución a su gusto. Ya en su quinta Presidencia, Velasco Ibarra gobernó como dictador por un total de 603 días, los días que fueron el culmen dictatorial (cruel paradoja) de nuestra más insigne figura democrática del siglo XX.  

Aguirre contra Velasco Ibarra

4 de septiembre de 2021

El lojano Manuel Agustín Aguirre era el Secretario del Partido Socialista en los tiempos de la ‘Revolución Gloriosa’. En 1943, cuando el expresidente José María Velasco Ibarra representaba la opción frente a la continuidad del gobierno liberal, Aguirre no dudó en saludar a Velasco como ‘un hombre de fuerte raigambre popular, ascendrado patriota, honrado y progresista, cuya lucha continental por la defensa de los principios democrático y los más altos derechos humanos, será una garantía efectiva de libertad y democracia(1)

 

La ‘Revolución Gloriosa’ produjo una Asamblea Constitucional que empezó a funcionar el 10 de agosto de 1944 con el propósito de producir la décimo cuarta Constitución del Estado ecuatoriano (décimo tercera de la República del Ecuador). Aguirre fue el Vicepresidente de esta Asamblea Constitucional que lo designó Presidente Constitucional a Velasco ese 10 de agosto de 1944 (debió gobernar hasta el 1 de septiembre de 1948) y que promulgó la Constitución que se había propuesto redactar el 6 de marzo de 1945.

 

Esta Constitución de 1945 duró poco, porque no fue del gusto de Velasco. El 30 de marzo de 1946, Velasco se declaró dictador. Al poco rato, Velasco organizó unas nuevas elecciones para elegir a los representantes a una nueva Asamblea Constitucional que nuevamente lo designó Presidente Constitucional y que dictó una nueva Constitución el 31 de diciembre de 1946, ahora sí a gusto de Velasco. Para 1946, la opinión de Aguirre había variado de manera radical. Ahora lo consideraba a Velasco ‘el traidor número uno, introducido como caballo de Troya en la revolución(2). Traidor, porque encumbrado en el poder por la ‘Revolución Gloriosa’, buscó destruir el fruto de la revolución, esto es, la Constitución de 1945. Cosa que Velasco logró: dictadura mediante, obtuvo una Constitución conservadora, que era de su agrado y que era el símbolo de su traición. (3)

 

La desazón de Aguirre con Velasco, pasado el tiempo, se convirtió en una ácida crítica que lo sitúa a Velasco como el tonto útil de las oligarquías que siempre fue:

 

No existe ningún político ecuatoriano que haya prestado más eficientes y mejores servicios a la clase dominante, que el doctor Velasco Ibarra; pues debido a sus capacidades demagógicas, a su falta absoluta de responsabilidad y escrúpulos, a su constante escamoteo ideológico, que va del azul al rojo, ha podido mantener tras de sí, que es decir tras de las oligarquías dominantes, a un pueblo maniatado, enceguecido, humillado, desorientado, desviado mucho tiempo del verdadero camino de su liberación. Ningún hombre por lo mismo, ha hecho tanto daño a las masas trabajadoras del País, ha impedido el desarrollo de su conciencia de clase y ha retardado su auténtica marcha revolucionaria hacia la conquista de su propio destino’. (4) 

 

~*~

 

(1) De la Torre Espinosa, Carlos, 'La seducción velasquista', Ediciones Libri Mundi y FLACSO, Quito, 1997, p. 220.

(2) Ibíd.

(3) La Constitución de 1946, fruto de la traición velasquista como era, fue la única que rigió en un período de estabilidad política durante el período central del siglo XX, que va desde la Revolución Juliana en 1925 hasta el regreso a la democracia en 1979, pues es la Constitución que estuvo vigente durante los gobiernos de Plaza Lasso entre 1948 y 1952, de Velasco Ibarra entre 1952 y 1956, y de Ponce Enríquez entre 1956 y 1960. Ninguna otra Constitución de ese período (1929, 1945, 1967, y menos la de 1938, que jamás se promulgó) rigió sobre un período completo de gobierno.

(4) De la Torre..., pp. 233-4.